Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...

Sólo es Sexo

11

Todo depende del cristal con el que se mire

(Parte II)

El aroma a tocino recién hecho había trazado el camino de Hannah guiándola hacia la cocina. Con cautela bajó la escalera temerosa, ya que, aun que el delicioso aroma tenía todo el sello de Neville, podría tratarse de un señuelo de la señora Longbottom; sin embargo cuando llegó a la puerta de la cocina no pudo evitar reír divertida: la imagen frente a ella valía más que un millón de galeones.

—Buenos días—saludó Neville girándose para mirarla mientras se limpiaba las manos en el delantal floreado que traía puesto—¿Gusta probar el platillo del chef esta mañana?

—Tu abuela va a matarte—dijo la rubia riendo mientras le rodeaba el cuello para plantarle un beso.

—Hay cosas por las que vale la pena morir—dijo Neville en un tono de adoración que casi provocó un sonrojo en Hannah.

Casi.

—Buenos días—saludó la voz seria de Augusta Longbottom irrumpiendo en el lugar. Ambos jóvenes de separaron como si hubiesen recibido toques eléctricos.

—¡Abuela!—dijo Neville a manera de saludo—espero que tengas hambre porque hice algo de huevos con tocino—su abuela simplemente miró a uno y al otro antes de apretar sutilmente los labios y darse la media vuelta.

—La comida se sirve en el comedor—comentó con tono monótono antes de comenzar a alejarse.

El castaño exhaló el aire sonoramente.

—Te lo dije—soltó Hannah casi en un susurro, sintiéndose extrañamente nerviosa. Neville soltó una carcajada que le valió un golpe en el brazo.

—Te dije que era una persona horrible—dijo riendo bajito.

—¡Estas hablando de tu abuela!—le reprendió la rubia.

—¿Y? Eso no la hace menos macabra—ambos soltaron una risita necia.

—No seas injusto, eres su único familiar—dijo Hannah aun sonriendo y Neville la miró con un gesto de falso y exagerado asombro.

—¿Y de donde vino eso?—ella se encogió los hombros.

—Anoche mientras caminaba hacia mi cuarto no pude evitar notar lo largos y silenciosos que son los pasillos—la observación borró todo rastro de la sonrisa que antes se encontraba en el rostro del castaño.

—Cuando mis padre vivían, la casa siempre estaba llena de risas y animadas pláticas—su mirada de pronto pareció enfocada en algún punto de un pasado muy remoto. Hannah posó sus manos suavemente en su rostro para lograr que sus ojos se encontraran con los suyos.

—Lo lamento, no fue mi intención…

Neville negó con la cabeza impidiéndole terminar.

—Creo que es muy probable que tengas razón—admitió cálidamente—soy todo lo que le queda…

—¡Neville!, ¡¿Piensas acaso servir la mesa en algún momento?!—vociferó Augusta matando el momento; una brillante sonrisa se extendió por el rostro del castaño.

—Creo que es hora de desayunar.

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Jamás había sido de la clase de personas que solían ser melindrosas con la comida, y definitivamente odiaba a las mujeres que ponían en lo más alto de sus prioridades cuidar todo el contenido calórico de lo que se llevaran a la boca; pero era una labor casi estoica el hecho de que su garganta se las arreglara para tragar los minúsculos bocados que de rato en rato ingería. Más aun mientras intentaba mantener su rostro lo más neutral que la vergüenza de tener que compartir el desayuno con Charlie Weasley, el hermano de Ginny, le permitía. No es que fuera masoquista, sólo era una mujer con muy mala suerte.

Tan pronto como llegaron al jardín la señora Weasley le había obligado a servirse comida del buffete, y había esperado a que se sentara en una mesa para al fin retirarse a revisar que los otros invitados estuvieran bien atendidos. Hermione había mirado hacia su comida sintiéndose casi asqueada, pero cuando estaba a punto de ponerse de pie para marcharse apareció Ginny haciéndola tensarse en su lugar.

—¡Hey! Te estuve buscando por todos lados—le dijo sentándose en la mesa, sin embargo eso no fue en realidad lo que había provocado el estado de tensión, sino el hecho de que estuviese acompañada de su hermano Charlie—¿Dónde te metiste?—le preguntó la pelirroja al parecer ajena al leve rictus que su pregunta le provocó. Merlín ¿en verdad esto era necesario? Ella estaba conciente de que nada de lo que hacía con Ron a espaldas de su mejor amiga era algo por lo cual dieran puntos extras en cuanto a karma se refiere, pero definitivamente con todo lo bueno que suponía había hecho antes de las últimas semanas podría compensarse un poco este desliz.

O claramente no—pensó con amargura sintiendo la mirada curiosa de Charlie como una clara indicación de que no era así.

Con el pretexto de picar el contenido de su plato movió el tenedor jugueteando un poco con él.

—Me quedé dormida por ahí—dijo evasivamente centrando su mirada en la comida que tenía enfrente como si fuera la cosa más interesante del mundo.

—¡Una suerte que mi mamá no te encontrara ebria entonces!—bromeó Ginny; esto sólo hizo peor el sentimiento de culpabilidad—Por cierto, él es mi hermano Charlie—la introducción le indicó a Hermione que ya no podía seguir evitando el contacto visual así que reuniendo cada mínima onza de aplomo levantó el rostro para mirar al hombre pelirrojo.

—Ya nos conocíamos—comentó él haciendo que esas onzas de aplomo se convirtieran en pesadas rocas que se le atoraron a lo largo de todo el esófago—e-en el Centro de Investigaciones de Dragones de Rumania, el año pasado—aclaró rápidamente al parecer notando que su rostro comenzaba a quedar verde.

—Charlie se dedica a la crianza y estudio de dragones—dijo Ginny con tanto orgullo que más bien parecía estar diciendo que se dedicaba a salvar al mundo.

Hermione tragó pesadamente intentando liberar un poco las cuerdas bucales para poder responder un educado:—Si, recuerdo esa visita, iban a trasladar algunos especimenes a Gales—el estomago se le había convertido en un manojo de nervios.

—Excelente memoria; espero que no te moleste que me una a ustedes para desayunar—dijo Charlie luciendo realmente apenado.

—¿Qué dices?—dijo Ginny con una sonrisa burlona—a Hermione no le molesta ¿o sí?—preguntó dirigiéndose a la castaña en lo que parecía ser una pregunta mas bien retórica.

—Para nada—había respondido fingiendo naturalidad.

Y aquí se encontraba atrapada.

Mientras escuchaba a Charlie platicarle a Ginny sobre un molesto hombre con el que había tenido que compartir traslador tomó otro bocado.

¿Cómo se le había salido tanto de control el asunto?

Mientras masticaba algunas imágenes inconexas de la noche anterior comenzaron a flotar en su mente, pero para ser honesta nada parecía tener sentido, y el hecho de que algunas partes estuvieran borrosas debido al manto de adrenalina que las rodeaba no ayudaba mucho a la causa. Era claro que lo que sea que fuera, lo que tomó la noche anterior definitivamente traía algo más que simple alcohol; estaba segura de que antes de ese vaso no había ingerido nada 'por seguridad'.

Y definitivamente nada de lo que había ocurrido la noche anterior era seguro.

—que seamos exclusivos—dijo la voz de Ron saltando de la nada entre sus pensamientos; soltó un pesado suspiro debido a la electrizante sensación que le provocaba. Merlín, si en sus cinco sentidos el tenerlo cerca provocaba estragos en su conciente, imagina que no hacía cuando estaba bajo quien sabe que clase de sustancia alterándole las hormonas.

¿Qué voy a hacer?—pensó mortificada.

—Hermione ha estado trabajando en ello—comentó Ginny y la sola mención de su nombre la hizo levantar la mirada de manera automática, pero esto no hizo más que encender como pólvora la culpabilidad y el remordimiento cuando vio al hombre cuya imagen la atormentaba día y noche caminando hacia la mesa donde se encontraba.

—Creo que voy a poner en orden mis cosas—anunció levantándose de la silla como impulsada por un resorte.

Ginny la miró extrañada.

—¿Te sientes bien?

—Ehm… si, si—aseguró dando un paso al costado. La mirada de Ginny se intensificó al parecer intentando leerla. Esto sólo elevó el nivel de su nerviosismo.

—Si te sirve tengo un poco de poción en mi maleta—le dijo claramente refiriéndose a la poción anti-resaca. Hermione decidió que el caminó rápido para salir de ahí sin que su amiga le hiciera más preguntas era simplemente seguirle la corriente.

—¿Entre tu ropa?—preguntó comenzando a apartarse de la mesa. Ron estaba peligrosamente cerca.

—Si—respondió Ginny relajando el gesto y entonces Hermione asintió torpemente dándose la media vuelta para emprender la huida.

Ron detuvo brevemente su trayectoria cuando la vio pasar como un cohete en dirección a la casa evitando mirarlo, sin embargo se obligó a arrastrar los pies hacia su destino.

¡Por las malditas bolas sudadas de Merlín! ¿Por qué demonios siempre ocurría lo mismo? Era como si cada vez que lograba dar un maldito paso adelante el muy bastardo se encargara de retrocederlo diez.

Con una creciente frustración burbujeando en su interior asentó su plato sobre la mesa y se dejó caer sobre una silla; inmediatamente advirtió la mirada de su hermano sobre él.

Genial, eso sólo significaba que probablemente iba a ser sometido a un interrogatorio cuando Charlie tuviera la oportunidad de acorralarlo. Resopló internamente. A veces odiaba tener tantos hermanos, su vida privada definitivamente nunca tenía nada de privado con todo un comando de gente metiendo las narices donde nadie los llamaba.

Era deprimente.

—Así que el prestigiado domador de dragones al fin nos hizo el honor de contar con su presencia—dijo Bill en un tono jovial cuando se acercó a la mesa—Creí que a estas alturas iba a tener que buscarme un padrino de repuesto.

—¡Blasfemo! ¿Crees que iba a dejar que te llevaran a la horca sin estar ahí para ser testigo?—bromeó Charlie poniéndose de pie para darle un abrazo a su hermano.

—Bájenle dos rayitas a sus cursilerías, estamos desayunando—refunfuñó Ginny con una mueca de desagrado, pero sus hermanos parecieron no escucharla porque platicaban animadamente de la ceremonia que se avecinaba con una velocidad que a la pelirroja se le antojaba vertiginosa.

—¡Ahí estás!—dijo Tonks sentándose en la mesa; traía el cabello desordenado y lucia algo ansiosa—¡Tenías razón! ¡Lavender es una maldita zorra!

—Perra, es una maldita perra—aclaró en automático (Ron negó con resignación), para a continuación preguntar sintiéndose fuera de contexto—¿Me estoy perdiendo de algo?

—¡Las bebidas de anoche! La muy astuta les puso un Potenciador, eh estado buscando a Hermione para ver cómo está—la sola mención hizo que una chispa de interés se encendiera en el interior de Ron.

—¿Hermione?—preguntó Ginny con curiosidad.

—Si, después de que te fuiste llegó a la mesa y se tomó el vaso sin saber.

Y esto fue lo último que el cerebro de Ron pudo registrar de la plática.

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El desayuno había transcurrido en silencio; aunque eso no impedía que Neville y Hannah se lanzaran miradas furtivas cuando creían que Augusta estaba distraía e inmediatamente sonrieran de manera cómplice regresando su atención a sus platos.

Pero Augusta no había perdido detalle, porque una mujer como ella nunca se distraía; por lo mismo era también una persona difícil de engañar.

Se aclaró la garganta para llamar la atención y se limpió la comisura de los labios con la servilleta de tela que descansaba en su regazo.

—Supongo que traen ropa adecuada para asistir a la boda de William Weasley y esa joven francesa—dijo en tono condescendiente. Dando un respingo Neville se irguió sobre su asiento.

—Abuela… ehm… no tienes que… Hannah y yo ya hablamos acerca de ello-

—Idioteces—dijo la anciana cortando con su balbuceo incómodo—quiero que todos conozcan a mi nieta, ¿Le vas a negar ese placer a tu abuela?—en medio de la extraña mueca de asombro que predominaba en el rostro de Neville, una enorme sonrisa fue irrumpiendo hasta extenderse a lo largo de sus labios.

—Por supuesto que no, claro, siempre y cuando ella acepte—agregó mirando hacia Hannah que le devolvió la mirada con una hermosa sonrisa en los labios.

—Excelente—dijo la señora Longbottom poniéndose de pie—entonces creo que lo más prudente será que comiencen a alistarse o vamos a llegar tarde.

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Cuando terminó de colocarse el vestido salió del baño y se miró en el espejo de cuerpo completo que estaba en la habitación para corroborar que todo estuviera en su lugar.

Genial—pensó bufando sonoramente mientras observaba el vestido rojo cuyo corte tipo chanel hacía que la falda llegara un centímetro por encima de sus rodillas—definitivamente el karma es un vil sádico—internamente comenzó a rogar porque esto se terminara lo antes posible o estaba segura de que no iba a salir viva.

—¿Me puedes ayudagr con mi ciegre?—preguntó Gabrielle entrando a la habitación de improviso sosteniendo con una mano la parte trasera de su vestido dorado. Hermione dirigió la atención a ella mosqueada—disculpa pogr integrumpigrte, pegro no había nadie mas que me ayudagra.

—No te preocupes—dijo la castaña por cortesía.

—Excelente—la rubia suspiró con alivio y caminó hacia ella refunfuñando—a veces odio que Lavendegr se desapagrezca cuando la necesito—por alguna extraña razón este dato hizo que las entrañas de Hermione se contrajeran.

—Supongo que se debe haber adelantado—comentó como quien no quiere la cosa. Normalmente no era una persona que hablara de más sobre temas tan triviales, sin embargo el nudo en sus entrañas comenzaba a reclamar respuestas.

—Oh, apuéstalo, Gronald Weasley es un pez gogrdo bastante difícil de pescagr a solas con una familia tan grrande—contando hasta diez para no desquitar su repentina e irracional furia con la hermana menor de Fleur, subió el cierre lentamente. Gabrielle había sabido todo este tiempo que entre Lavender y Ron había algo, por eso la había traído.

Esa sucia arpía lo planeó todo desde un principio.

—Listo—indicó cuando llegó al tope del zipper, luchando contra la fuerte tensión en su mandíbula para no abandonar su tono neutral.

—Grracias—dijo Gabrielle girándose hacia el espejo para darse un vistazo—pogr ciegrto, ese vestido grojo te favogrece mucho—comentó con un tono coqueto que le puso a Hermione los pelos de punta.

—Ehm… tu vestido también te sienta de maravilla—dijo la castaña regresando el cumplido lo más cordial que le fue posible; sin embargo su expresión seguramente gritaba a los cuatro vientos lo incómoda que estaba porque Gabrielle simplemente le sonrió ampliamente antes de decir con humor:

—Ustedes las hetegrosexuales son tan adogrables.

Para suerte de Hermione, Ginny entró en el momento justo vistiendo el mismo modelo y color de vestido que Gabrielle traía.

—Hermione, mi mamá pregunta que…—la pelirroja se interrumpió ante la presencia de la joven Delacour—¿Se te perdió algo?—le preguntó de mala gana.

—Le estaba ayudando con su cierre—explicó Hermione de manera apaciguadora.

Gabrielle rió melodiosamente.

—Me agrrada más esta faceta tuya, la hipocgresía hace que tu encanto natugral piegrda un poco de chispa—Ginny que rodó los ojos con fastidio—un placegr gresibigr tu ayuda—dijo dirigiéndose a Hermione y entonces caminó hacia la puerta.

—Espegragré ansiosa a caminagr hacia el altagr contigo—agregó de manera juguetona al pasar junto a Ginny y después salió por la puerta.

—Enferma—masculló la pelirroja sin moverse de su sitio.

—Decías que tu mamá estaba preguntando…—dijo Hermione en un intento de tranquilizar a su amiga.

—Oh, que si ya estás lista, tu asiento está en la zona de la familia, así que debes ir a la enorme y exagerada carpa que montaron para el circo antes que todos los invitados terminen de acomodarse en sus respectivos lugares—informó con un toque sarcástico. Hermione rodó los ojos: definitivamente Ginny no tenía remedio.

—Entonces mejor vamos para allá—la pelirroja negó torciendo la boca con una mueca de desagrado.

—Yo entro con la caravana, tú ve con mis hermanos—Hermione tragó pesadamente sintiendo como la presión se le bajaba.

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Su cabeza era un desastre y como no había podido terminar de comer porque además se le había revuelto el estómago, su estado de ánimo subía y bajaba conforme algún nuevo pensamiento se instalaba para que su mente paranoica continuara alimentando el maldito desastre dentro de su cerebro.

Potenciador.

Se aflojó la corbata y se liberó los dos primeros botones de la camisa.

Él no era ningún idiota, sabía perfectamente lo que esa clase de pociones provocaba en las personas que las ingerían. Una nueva oleada de ansiedad lo inundó.

Mierda, mierda, carajos, carajos.

Estaba a un paso de volverse loco.

El potenciador lo explicaba todo.

Todo.

Una vez más sintió como su rostro se entumía sin saber si lo que le provocaba era reír o echarse a llorar.

—¿Por qué tan solitario?—dijo una voz femenina y al segundo siguiente Lavender estaba sentada a su lado en el sillón.

—No puedo dejar de pensar—admitió. La rubia frunció el ceño extrañada.

—Es la peor frase que te eh escuchado para deshacerte de mi—dijo divertida. Ron se pasó una mano por el cabello.

—No Lav, no estoy intentando deshacerme de ti; en realidad mi mente es un desastre en este momento.

—¿Y se puede saber que es lo que ocupa esa cabezota?—Ron sonrió ante el tono de niña pequeña que la rubia había utilizado.

—Ehm…—la boca se le paralizó.

Hermione acababa de entrar a la sala de estar y lucía imposiblemente más hermosa de lo que la había visto antes. Con cara de idiota se apresuró a ponerse de pie.

—Lamento interrumpir, pero tu madre me envió a reunirme con tus hermanos—explicó la castaña completamente seria.

—Bueno, entonces creo que es momento de ir con los Delacour—dijo Lavender poniéndose también de pie—Te veo luego guapo—le dio un coqueto beso en la mejilla a manera de despedida y salió por la otra puerta que estaba en el lado opuesto a donde Hermione se encontraba.

Cuando la rubia abandonó el lugar, la tensión que llenó el ambiente podía prácticamente cortarse con un cuchillo.

El corazón de Ron se aporreaba salvajemente contra sus costillas mientras observaba a Hermione cruzarse los brazos a la altura del pecho y elevar la mirada al techo; se notaba que estaba enojada, pero no pudo evitar que la manera en la que el corte del vestido marcaba suavemente cada una de sus curvas lo distrajera. Sintió la boca seca.

Contrólate—se reprendió mentalmente mientras respiraba profundamente. No podía simplemente quedarse parado como un idiota.

—Ehm…—se rascó la cabeza dudando cómo continuar—lo que viste…yo estaba esperando y Lavender…

—No tienes por que darme explicaciones—le cortó Hermione bruscamente y un feo sentimiento de miseria se expandió por el pecho de Ron.

¿Cuántas maneras de cagarla existían? Porque estaba claro que su destino era transitarlas sin escalas.

Inspiró profundo antes de continuar.

—Bueno, anoche acordamos…

—Mira—le interrumpió nuevamente la castaña—lo de anoche simplemente… simplemente no debió suceder—agregó de forma rígida sonando más enojada de lo que pretendía.

Ron irguió la cabeza sorprendido.

Esa era una enorme mentira.

Y él lo sabía.

Esta nueva realidad lo tomó por sorpresa. Era como si de repente, el saber que la noche anterior había actuado bajo los efectos de un potenciador lo hiciera inmune a sus ataques; porque de alguna manera sabía que anoche había tenido el privilegio de probarla en toda su plenitud, y ella había disfrutado cada segundo a su lado porque también lo había deseado tan desesperadamente como él.

Este pensamiento lo hizo sentirse poderoso.

—¿Ah no?—preguntó avanzando tentativamente hacia ella; la sensación que en este momento lo asaltaba era embriagadora y lo hacía incapaz de reprimir la sonrisa radiante que tiraba de la comisura de sus labios—¿Exactamente qué fue lo que no debió suceder?—la expresión de Hermione perdió aplomo tras esta pregunta, situación que sólo hizo que Ron saboreara con más deleite sus siguientes palabras—¿La manera en la que disfrutaste cada momento que estuve dentro de ti?

La castaña apretó la mandíbula mirándolo como si fuera a asesinarlo ahí mismo; pero esta vez Ron no se iba a dejar amedrentar. Con una sonrisa casi depredadora se pavoneó hacia ella notando como la tensión en su rostro aumentaba.

—Esto. Esto nunca debió pasar—soltó furiosa, sin embargo él aguantó el golpe sin detenerse y se aproximó hasta rebasar peligrosamente la distancia que era considerada adecuada entre dos personas que se suponía no se conocían.

Hermione sintió como su cuerpo se sensibilizó inmediatamente ante la cercanía.

—Pero aún así anoche estabas en mí cama, disfrutando de mis caricias—el tono que Ron utilizó había sido casi un susurro para que sólo ella pudiera escucharlo, pero a sus oídos había llegado como una potente descarga de calor que provocó que su pecho se inflamara con una deliciosa sensación. La calidez que impregnaba a la voz masculina se expandió como un virus despertando cada célula de su cuerpo, provocando que se extendiera hasta tocar su vientre. Era dolorosamente vergonzosa la manera en la que conseguía desarmarla. Pareciendo notar cómo la determinación de Hermione comenzaba a flaquear Ron acercó su rostro unos centímetros más permitiendo que su aliento acariciara delicadamente la piel de su rostro. De manera automática los labios de la castaña se entreabrieron sintiendo como el aire se tornaba difícil de respirar; pero el sonido de pasos aproximándose la despertaron de su aletargamiento y retrocedió dándole la espalda.

Esto aun no termina—pensó Ron un poco frustrado.

—¿Ya están listos?—preguntó la señora Weasley cuando estuvieron en su campo de visión. Hermione aprovechó para alejarse un poco más antes de nuevamente girar para mirar hacia donde la madre de Ron estaba.

—¿Dónde están tus hermanos?—dijo Molly dirigiéndose a Ron.

—No tengo idea—respondió él encogiéndose los hombros.

—Merlín, necesito a Percy para que acompañe a la tía Muriel. El pobre es el único con la suficiente paciencia para aguantarla—la señora Weasley hablaba de manera apresurada sin prestar atención al extraño ambiente que aun envolvía el lugar—George y Angelina ya están ahí evitando que la tía Muriel tenga contacto con alguien de la familia de esa muchacha, ya sabes cómo se pone de pesada cuando le recuerdan que va a emparentar con una francesa; tú vas a tener que acompañar a Hermione a su lugar, porque…

Hermione dejó de prestar atención a la perorata en este punto.

Instintivamente miró hacia donde el pelirrojo estaba de pie observando a su madre. El verlo ahí, luciendo tan tranquilo, la hizo sentirse extraña; su cuerpo aun vibraba ligeramente por la situación en la que habían estado envueltos sólo momentos antes.

—¡Ronald! acomódate bien la corbata que pareces un mamarracho—reprendió Molly. El pelirrojo obedeció y se cerró los botones que hacían falta para después recomponerse la posición de la corbata; mientras lo hacía llevó la mirada hacia Hermione y una sonrisa petulante se extendió por su rostro cuando la encontró mirándolo. Con un gesto casi obsceno se movió el nudo de un lado al otro subiéndolo al nivel adecuado, para su enorme satisfacción la castaña parpadeó incómoda y apartó la mirada luciendo abochornada.

—Hermione, querida, ve con Ron, él te va a mostrar tu lugar—dijo la señora Weasley palmeándole ligeramente el hombro—Ronald, será mejor que te comportes—advirtió severa jalándolo del brazo para acercarlo a Hermione.

El pelirrojo le ofreció el brazo de manera caballerosa a la joven, que con resignación enlazó el suyo.

—Apresúrense—indicó la matriarca de los Weasley antes de murmurar algo sobre afinar algunos detalles.

Hermione inspiró intentando mantener la compostura.

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—Hey, Harry—llamó George atrayendo su atención. Toda la mañana se la había pasado escondiéndose de la familia, pero llegada la hora de la boda le había resultado imposible continuar su aislamiento; al menos Ron parecía muy inmerso en lo que sea que ocupara su mente en ese momento porque apenas intercambiaron palabras mientras se cambiaban de ropa. Caminó a paso lento para retrasar lo más posible su llegada a la zona en la que se iba a sentar toda la familia Weasley.

—¿Éste es el dueño de la casa?—preguntó la mujer mayor que estaba sentada junto a George y su novia Angelina, en lo que tal vez pretendía ser un discreto murmuro, pero que había fallado estrepitosamente. Aunque por la manera descarada en que la mujer lo mirada de pies a cabeza dudaba que hubiera sido un accidente.

—Si tía, es el dueño de la casa—respondió George con cansancio.

Harry estaba a punto de acomodarse en una silla delante de donde el extraño trío estaba cuando la mujer volvió a hablar.

—Hijo, ¿Por qué no te sientas junto a mí?—un retortijón precedió al asentimiento de Harry.

—¡Perro sucio!—rió George con el cuello torcido completamente hacia un punto a sus espaldas. Harry llevó la mirada hacia lo que fuera que atrajera la atención del joven Weasley y entonces vio a Ron caminando hacia ellos del brazo de Hermione Granger.

—¡Delegada!, luce usted radiante—dijo George a manera de bienvenida en un tono rimbombante.

—Muchas gracias, tú también luces muy apuesto—respondió la castaña sintiéndose un poco incómoda por la forma en la que Muriel la miraba examinándola.

—¡Hermione! no creí encontrarte por aquí—dijo Angelina a manera de saludo poniéndose de pie para saludarla de beso. Situación que le dio la oportunidad perfecta a Hermione para apartarse del contacto con Ron. Sus piernas temblaban como gelatina.

—Ginny me convenció de venir—mintió.

—Supongo que entonces que eres el pretexto para que no haya matado aun a Fleur—rió la muchacha. Hermione correspondió al comentario con una sonrisa cordial.

El cese de los murmullos a su alrededor. Les hizo saber que era momento de acomodarse.

Con resignación Hermione permitió una vez más que Ron la escoltara hacia las sillas de la fila detrás de donde todos estaban sentados.

—¿Esa es la novia de Ronald?—preguntó la mujer en un nuevo murmuro nada discreto. Hermione se tensó en su silla.

—No tía, ella es amiga de Ginny—aclaró George.

—No es fea, pero le falta gracia—murmuró nuevamente la mujer—al menos la francesa esa es medianamente simpática, sino jamás hubiese dado el consentimiento de que se usara mi tiara. Que por cierto, querido Harry, fue fabricada por goblins—el moreno asintió incómodo.

—Un encanto la tía Muriel—comentó Ron divertido.

—Debe ser herencia de familia—replicó Hermione con sarcasmo. El pelirrojo no respondió a la provocación, simplemente se limitó a esbozar una de esas sonrisas que la ponían a sudar.

—¿Les molesta que nos sentemos aquí?—preguntó Neville apareciendo junto con Hannah—si dejo un segundo más a Hannah junto a mi abuela y sus amigas creo que van a terminar adoptándola—bromeó provocando que la rubia rodara los ojos.

—¡No, claro que no me molesta!—respondió Hermione sonando demasiado aliviada. Fue entonces que Neville notó con quien estaba sentada. Hannah saludó a ambos de manera rápida y tomó asiento junto a Hermione, porque en ese momento acababan de pasar por el pasillo Bill y Charlie.

El ambiente se llenó repentinamente de un extraño halo de expectación cuando ambos hermanos Weasley se posicionaron al frente de la carpa en una especie de escenario hermosamente decorado por columnas blancas cubiertas de flores doradas y globos en el mismo tono de dorado. Minutos después fue el turno de los señores Weasley para encabezar la entrada del cortejo y realizar el mismo recorrido para posicionarse en sus asientos en la primera fila. A pesar de que Hermione sabía que la señora Weasley no estaba mucho más feliz que Ginny por la unión, al parecer había decidido que la felicidad de su hijo era mucho más importante porque ostentaba su elegante túnica de gala (que momentos antes había fallado en notar debido a que su mente había estado ocupada con otras cosas) con una sonrisa orgullosa.

Detrás venían Gabrielle y Ginny. La primera parecía tener la cara dividida en dos por la enorme sonrisa que la atravesaba mientras que Ginny caminaba a su lado con un gesto un tanto áspero.

—¿Es mi imaginación o al vestido de Ginevra le falta tela?—comentó la tía Muriel con un tono reprobatorio—Tu madre debería tener más cuidado o un día de estos no dudes que viene a la puerta con la noticia de que algún mago mal viviente le hizo una cría—una gota de sudor frío recorrió la espalda de Harry.

—Ahí viene la novia—murmuró Angelina con una risita emocionada dirigiendo la atención de todos una vez más hacia el otro lado de la carpa.

Acompañada del señor Delacour, Fleur caminaba por la alfombra morada que adornaba pasillo luciendo tan radiante que parecía emanar un ligero brillo. Cuando su padre la entregó a Bill, el joven Weasley parecía haber mágicamente rejuvenecido varios años mirando embelesado a su futura esposa.

—Señoras y señores—dijo con tono cantarín la voz masculina del mago que ahora se encontraba de pie frente a Bill y Fleur—estamos aquí reunidos en este día para celebrar la unión de estas dos fieles almas…

—Wow, no mencionaste que era así de guapo—comentó Hannah por lo bajo haciendo que Hermione se sintiera un poco abochornada cuando recordó que la rubia sabía de la situación que había entre ella y Ron. Este hecho no hizo más que hacerla más consciente de que el hombre estaba junto a ella.

Excelente Hermione, simplemente excelente—pensó mortificada.

Harry por su parte no podía dejar de mirar hacia el sitio en el altar nupcial donde se encontraba Ginny.

—¿Ese mago es quien oficia todas las bodas en la comunidad mágica?—preguntó Angelina al parecer fascinada por la retórica tan poco ortodoxa de aquel hombre.

—No, son solamente los Weasley que tienen una extraña fascinación por los druidas—comentó Muriel de mala gana, como si el simple hecho de tener que mencionarlo le causara alguna clase de malestar físico.

Curiosamente este dato sólo hizo que la imaginación de Harry volara hacia un mundo en el que su vida no corría peligro de que Ron o alguno de sus enormes hermanos le saltara encima para asesinarlo con sus propias manos, y en el que él era quien ocupaba el lugar de Bill y a su lado se encontraba Ginny tomándolo de las manos como Fleur lo hacía en este momento mientras el mismo mago oficiaba su propia boda.

—Esa…—masculló George sacándolo de su ensoñación, pero Angelina lo tomó de la mano para evitar que continuara.

Internamente Harry se abofeteó.

—William Weasley, tomas a Fleur Isabelle…

Con una sensación incómoda Hermione vio a Neville y a Hannah entrelazar dedos en un gesto que le pareció demasiado íntimo. Inconscientemente miró hacia donde estaba Ron, pero se arrepintió al momento que sus ojos se encontraron atrapados en aquel par de orbes azules que la observaban con ese mismo extraño brillo que habían tenido esa mañana.

—…anoche estabas en mí cama, disfrutando de mis caricias—el recuerdo de las palabras de Ron hizo que una especie de relámpago cruzara por su espalda polarizando cada célula de su cuerpo e hiper sensibilizándola.

—…los declaro ahora unidos para toda la vida—dijo la voz del mago que oficiaba la ceremonia sonando lejana, sin embargo las luces doradas que había conjurado para que rodearan a Bill y Fleur sellando sus votos se reflejaron tenuemente en el rostro masculino y comenzaron a danzar delicadamente en la superficie azul dándole a su expresión un toque extrañamente íntimo.

Sin saber exactamente por qué, Hermione apartó la mirada con una urgencia por salir huyendo de aquel sitio que comenzaba a crecer desde la boca de su estómago.

—Damas y caballeros—continuó el hombre—si pudieran ahora ponerse de pie…

Todos se levantaron de sus sillas y acto seguido él ondeó su varita e hizo que las sillas se removieran para dar paso a lo que creció bajo sus pies como una superficie dorada que seguramente era la pista de baile. En un parpadeo descendieron enormes mesas redondas con manteles blancos y de igual maneras las sillas aparecieron enmarcándolas.

Los invitados comenzaron a aplaudir mientras una hermosa balada lenta inundaba el lugar. Bill tomó a Fleur de la mano y la guió hacia el centro del pasillo; la gente fue dejando un espacio circular para permitirles moverse mientras comenzaban a balancearse suavemente en su primer baile como marido y mujer. No tardó mucho tiempo para que otras parejas se les unieran.

—¿Quieres bailar?—le preguntó Neville a Hannah ofreciéndole una mano en gesto caballeroso. La rubia aceptó sin decir palabra.

Cómo una premonición apocalíptica, el obvio rumbo que tomaría la situación si se quedaba ahí alertó a Hermione.

—Necesito ir al baño—se excusó apresuradamente y acto seguido salió huyendo.

Ron la miró marcharse algo desencantado. No esperaba que ella aceptara bailar con él (sería tentar demasiado a su suerte), pero tampoco creyó que le resultara tan desagradable simplemente estar a su lado observando a otros hacerlo.

Su anterior seguridad se vio un poco opacada. No sabía cómo interpretar su actitud.

Harry miró atentamente a su alrededor en busca de Ginny; pero era una tarea algo difícil entre el mar de cabezas pelirrojas arremolinándose en la pista de baile. Después de varios intentos se decidió a hacer un recorrido por la zona y al fin la vio al otro lado de la pista platicando con un hombre rubio. Supuso por las finas facciones que se trataba de algún familiar de los Delacour. Sin saber por qué avanzó un poco más hasta estar lo suficientemente cerca cómo para escuchar un poco de lo que conversaban.

—Podríamos celebrar a costillas de la estupidez de Maison—decía el joven rubio algo incitante—¿No extrañas los viejos tiempos?—Ginny rodó los ojos y miró hacia la pista de baile. Harry se paralizó cuando los ojos de la pelirroja brillaron en reconocimiento cuando se toparon con él.

—¡Harry!—exclamó sonando exageradamente emocionada y sin darle explicación alguna al hombre con el que platicaba se abrió camino hacia el moreno.

Este acto provocó que miles de mariposas se liberaran en el estómago de Harry. Ella lo había preferido.

—¿Me concedes esta pieza?—preguntó la pelirroja de manera juguetona. Asintió sintiendo cómo las mejillas se le coloreaban un poco.

No podía evitarlo, ella era demasiado increíble como para acostumbrarse.

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Ron caminó hacia la barra de bebidas y se apoyó flojamente sobre la superficie con los brazos cruzados delante.

—¿Me das un whisky de fuego?—le dijo al hombre de traje blanco que se encontraba en la barra sirviendo. A diferencia de la noche anterior, Bill había contratado servicio de meseros para la fiesta. El hombre sacó un vaso y sobre la barra le sirvió a Ron lo que había pedido.

—No te vayas—pidió el pelirrojo y de un largo trago se bebió todo el contenido—necesito otro—el barman le llenó nuevamente el vaso con el líquido ámbar. Esta vez simplemente dejó el vaso descansar en la superficie mientras lo observaba.

¿Cómo maldita sea iba a hacerle para lograr que Hermione dejara de huirle? Era una endemoniada misión imposible adivinar lo que estaba pasando por su mente; gracias al potenciador sabía con toda seguridad que ella disfrutaba estar con él, y algo en su instinto le decía a gritos que por encima de esa enorme barrera que interponía entre los dos ella sentía algo por él.

Lo difícil era que ella le dejara acercarse lo suficiente para poder comprobarlo.

—Una cerveza de mantequilla—pidió una mujer a su costado, pero el pelirrojo no prestó atención hasta que sintió la mirada fija sobre él. Entonces notó que se trataba de la joven rubia que había llegado con el amigo de Hermione.

—Vaya, eso es un montón de whisky—observó la muchacha de manera simpática—¿Mala noche?

Ron se encogió los hombros.

—Eh tenido mejores—respondió girando el rostro hacia ella. Extrañamente los ojos de Hannah se entrecerraron al parecer dilucidando lo que le acababa de decir. Con desgana Ron regresó la vista al frente.

—¿Conoces a Luna Lovegood?—preguntó sorpresivamente. Ron regresó su atención a ella.

—Es mi mejor amiga—respondió inseguro de si se trataba de algo bueno o malo.

—¡No lo puedo creer!—exclamó después de soltar una carcajada—¡¿Bibliotecario?!

Ron parpadeó descolocado. Hacía siglos que nadie lo llamaba así.

—¿Nos conocemos?—Hannah asintió sin dejar de sonreír.

—¿Hannah Abbott?¿Hufflepuff?—dijo ella y el rostro del pelirrojo mutó de color a uno un tono más pálido.

—Oh—fue todo lo que alcanzó a articular. Recordaba perfectamente quien era Hannah Abbott; era una de las chicas del grupo avanzado de estudios muggles.

Maldición—pensó sudando frío. Esto no era nada bueno.

—¿Te pasa algo? Parece que viste un fantasma—preguntó la rubia sin abandonar su tono simpático.

—m-me sorprendiste, eso es todo—mintió.

—Hermione no lo sabe—inquirió Hannah mirándolo suspicazmente.

Algo en la expresión de aquella mujer le hizo saber a Ron que estaba acorralado, así que sólo le quedó bufar como globo desinflándose y negar con la cabeza.

—Joder, Luna me pidió alguna vez que no le dijera que eras tú el que atendía el buzón de quejas (imagino que quería que terminaras la escuela en una sola pieza), pero esto… ¡Imagina que va a decir cuando se entere de que se acuesta con su antiguo némesis!

—¡Sshhh!—le calló Ron mirando espantado a su alrededor—¿Podrías bajar la voz? Las cosas ya son lo suficientemente difíciles con ella sin que eso esté en la mesa.

Hannah lo miró en silencio al parecer meditando sus palabras.

—Estás intentando amarrarla con sexo—dictaminó seria y al no recibir señal de lo contrario suspiró con un gesto reprobatorio—¿Qué Luna no te ha enseñado nada?

Genial, lo que le hacía falta. Una mujer que hace años que no veía de repente aparecía en su vida para burlarse de él en su propia cara.

—Mira, no quiero ser grosero, pero no estoy de humor…

—Tengo información que te puede servir—le cortó.

—Dudo mucho…—comenzó a replicar, pero ella nuevamente lo interrumpió.

—¿Has escuchado de Viktor Krum?

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Llevaban rato bailando entre la multitud de gente que, después de que los novios se retiraron, habían abarrotado la pista. Ginny bromeaba con Harry acerca de los extraños estilos que algunos magos adoptaban en sus movimientos de baile para cortejar a sus parejas.

—Es como mirar a los animales del zoológico—se burló Harry mientras analizaban a un hombre de mediana edad dar saltos de avestruz alrededor de su pareja.

—Espero que no estés pensando en imitar la técnica—bromeó la pelirroja y ambos resoplaron con una risa nasal.

—Lo dudo—dijo Harry con una risa necia; pero Ginny ya no le siguió el ritmo.

—Estoy un poco cansada ¿Te importa si vamos a dar una vuelta?—su tono era apresurado.

—Seguro—dijo Harry extrañado, y cuando se giró para abrirse paso entre la gente vio al mismo rubio que había estado hablando con Ginny al inicio de la recepción. Sin dedicar mucho tiempo a pensar en ello desvió el camino hacia su izquierda y se las arregló para escabullirlos a ambos entre un improvisado túnel humano por el cual pasaba un trenecito de personas que bailaba en línea.

—¡Por aquí!—indicó Ginny jalándolo del brazo hacia el sentido opuesto hacia donde Harry había estado caminando. Antes de desviarse completamente Harry pudo notar la inconfundible figura de Ron sentado en la barra platicando con una chica rubia.

Dejándose guiar como un pequeño, Harry siguió a Ginny que los guiaba hacia la puerta al costado de la casa donde se habían encontrado por accidente la primera noche que llegaron.

—Zona segura—suspiró la pelirroja sentándose en el escalón. Harry no supo cómo interpretar ese comentario, así que una vez que estuvo sentado a su lado se aventuró a preguntar.

—¿Crees que Ron reaccione muy mal cuando sepa?—Ginny lo miró como si de pronto le hubiese crecido otra cabeza con apariencia particularmente perturbadora.

—¿Qué es exactamente de lo que se tiene que enterar?—preguntó con cautela.

—Bueno, de lo nuestro, supongo.

—¡Wow!—soltó Ginny poniéndose nuevamente de pie para alejarse de él como si tuviera alguna clase de poción venenosa encima—creo que será mejor que le bajes un poco la velocidad a tu escoba.

—Ehm… no entiendo.

Ginny se frotó la frente con una expresión incómoda.

—Bueno, lo que parece es que aquí hay un malentendido—tomó aire antes de continuar—admito que nos divertimos bastante, y espero no te lo tomes personal; pero eso del compromiso…—hizo una mueca de incomodidad—no me malinterpretes, pero de verdad, tú no eres mi tipo.

Los bocadillos que Harry había ingerido comenzaron un proceso de condensación en su estómago.

—M-me…—balbuceó atolondrado y fue entonces cuando la comprensión lo golpeó de lleno—me utilizaste—concluyó temiendo que en cualquier momento vomitaría.

—Oye, debo recalcar que has estado muy cooperativo—replicó la pelirroja en su defensa.

—¿Qué clase de persona hace algo como esto?—soltó el moreno poniéndose de pie sorprendido de encontrar su voz. Un corrosivo sentimiento comenzaba a crecer en su pecho.

—Corta el drama. Pasamos un buen rato, y te juro que no estoy negada a repetirlo alguna vez, pero no fue mi culpa que te hayas hecho fantasmas en la cabeza.

Con la mano entumecida Harry se frotó la zona de la boca.

—El tipo de antes…—murmuró—¿Él también fue uno de tus juguetes?

Ginny puso casa de hastío.

—Potter, todos somos lo suficientemente adultos para saber lo que pasó aquí; la verdad fue un placer coger contigo, pero supongo que esto simplemente ya se acabó—dando la conversación por terminada con esto último, se dio la media vuelta alejándose a paso seguro.

Y por segunda vez en la vida, Harry sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos.

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Ron soltó un profundo suspiro preparándose para lo que estaba a punto de hacer. Se encontraba en la pared contraria a una puerta blanca, a la cual vigilaba como un halcón.

Hannah había convencido a Neville para que se unieran a la pista de baile y él había esperado pacientemente a que Hermione se moviera a un lugar menos público. Había tomado un rato, pero entonces la había visto dirigirse al baño.

Las manos le temblaban ligeramente debido al nerviosismo. No podía evitarlo; si quería tener aunque sea una mínima oportunidad con la mujer de sus sueños debía jugar muy bien sus cartas.

Pendejo—masculló maldiciendo internamente al imbécil de su ex novio.

Posiblemente si ese pelmazo no se hubiese comportado como un verdadero grano en el culo, él no tendría que estar en esta situación y probablemente a estas alturas no estaría jugándose su última carta, sino que estaría a un paso de convertirla en la futura señora Weasley.

Pendejo—repitió apretando los puños.

Tomó aire y se relajó las manos: el pomo acababa de girar vaticinando que era momento de actuar. Lentamente la puerta se abrió para dar paso a la imagen de una distraída Hermione Granger. El pasillo era bastante angosto, así que fue sólo un instante lo que se demoró en notar la presencia del pelirrojo.

—¿Qué quieres?—preguntó Hermione sin ninguna cortesía.

Bueno, iniciamos con el pie izquierdo—pensó el pelirrojo, sin embargo esbozó una sonrisa y se despegó de la pared dando tentativamente un paso al frente.

—Tenemos una plática pendiente—respondió sin rodeos. Ella lo miró como si midiera la posibilidad de que estuviera hablando en serio.

—No es ni el momento ni el lugar adecuado—replicó al parecer llegando a la conclusión de que era así.

El pelirrojo arqueó las cejas en un gesto condescendiente.

—Bueno, contigo eso no existe así que prefiero arriesgarme—dijo dando un paso más hacia ella, fingiendo una confianza que en realidad luchaba porque luciera convincente.

—Ya te dije que lo que hagas me tiene sin cuidado, no le veo motivo a hablar de algo que no me interesa—espetó Hermione impaciente, al parecer intentando matar por lo sano el tema. El golpe dio certero en el orgullo de Ron, pero dejó que se le resbale; en este momento jugaba con cierta ventaja y no podía perder los estribos.

Ok, aquí vamos—pensó reuniendo valor para lo que estaba a punto de hacer. Era muy probable que ella lo rechazara, pero tenía que intentarlo.

—Excelente, así podemos pasar al tema verdaderamente importante—opinó él con una sonrisa casi depredadora mientras miraba con lujuria los labios femeninos. Para su enorme satisfacción, la jugada surtió el efecto deseado.

—¿Qué quieres de mí?—cuestionó Hermione con ansiedad, el hecho de que él continuara acortando la distancia la ponía de los nervios; el perfume masculino comenzaba a inundar el ambiente viciándolo.

¿Por qué demonios tenía que oler así de bien?

—Lo mismo que tú de mi—respondió él en un tono profundo y con un paso más cerró completamente la distancia. Hermione tuvo que levantar el rostro para poder mirarle el rostro, sintiéndose repentinamente consciente de lo pequeña que era a su lado.

¿Siempre había sido así de alto?

—Ron—suspiró Hermione suavemente y unas cosquillas locas se arremolinaron en el estómago del pelirrojo.

Enfócate, estás en medio de algo importante—se reprimió Ron internamente.

—Mira, esto…—tomó aire para continuar porque comenzaba a sentirse un poco sofocada—esto está mal—murmuró.

Internamente Ron hizo el baile de la victoria. Reconocía esa reacción: el marcador comenzaba a estar a su favor.

Soltó una risa nasal.

—¿Qué? ¿El hecho de que estemos teniendo esta plática en medio del pasillo? ¿o el hecho de que compartamos la cama?—preguntó de manera descarada.

—¿Por qué contigo todo tiene que ser por el lado difícil?—preguntó enervada.

—Todo podría ser mucho más sencillo si tú quisieras—comentó él en un tono que a Hermione se le antojo demasiado incitante.

—Teníamos un acuerdo, el cual te recuerdo, tú rompiste—apuntó.

—Tienes mi palabra de que no va a volver a pasar—aseguró acercando su rostro un poco más al de ella. Podía sentir que estaba tan cerca de su objetivo…

—No es suficiente—murmuró Hermione intentando sonar firme.

Ron inspiró reprimiendo un gruñido de frustración. Vaya, iba a tener que acabar con toda su moral y ofrecerse en bandeja de plata si quería que su caso tuviera alguna remota oportunidad.

—No tienes nada que perder—insistió suavizando su voz mientras acariciaba suavemente con su nariz la de la castaña, mordiéndose internamente las ganas de devorarle los labios—sé que no quieres ninguna clase de compromiso conmigo, y te juro que para mí no es problema. Podemos seguir con lo que tenemos hasta que alguno de los dos decida que ya no funciona.

La castaña se mojó los labios indecisa.

—Esta vez incluso podemos hacer una lista de reglas y te prometo firmarla—ofreció. Hermione lo miró sorprendida.

—¿Lo dices en serio?

—Cada palabra—confirmó cálidamente, inseguro de si esto era algo de lo que más adelante se arrepentiría.

—De acuerdo—accedió Hermione alejando el rostro del contacto con el del pelirrojo—pero no quiero sorpresas—advirtió. Ron asintió reprimiendo la enorme sonrisa que amenazaba con extenderse en sus labios.

Con cuidado Hermione llevó una mano al pecho masculino y sin poder reprimirlo más besó a Ron con todas las ganas que conscientemente se había estado aguantando desde hacía varios días.

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Hola hola, de nuevo estoy por aquí reportándome como cada mes. Tenía intenciones de que el capítulo estuviera en la página el 14 de febrero, pero debo confesar que la escena final me ha dado muchísimos dolores de cabeza y es hasta este momento en que después de la milésima corrección la eh dejado en paz. Como siempre, saben que gracias a su apoyo es que esta historia sigue en pie; sus magníficos reviews y su apoyo en general agregando esta historia a sus favoritos y dándoles follow son la gasolina para mi motor creativo (ejem…el cual anda un poco oxidado a últimas fechas por exceso de trabajo…).

Espero de todo corazón que el nuevo capítulo les haya gustado; me hubiese gustado abarcar algunas cosas que aparecen en el capítulo un poco más, pero iba a demorar mucho más y a final de cuentas no afectaban la trama principal.

Les mando un enorme abrazo de oso (mi estimada Gaby [guest] me ha pedido que no envíe besitos rupertianos porque le crea ansiedad al no tener los reales, así que cumpliré con no hacerlo :D… al menos en este capítulo).

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Ahora a responder los review de aquellas lectoras que no tienen cuenta:

PAQUI:

Jejejejje, paqui! Estas de regreso! Estrañé mucho tu review en la actualización anterior… incluso me preguntaba a mi misma si era un catigo divino por haber hecho un capítulo tan malo… :C pero que bueno que estas de regreso, y es un honor saber que gozo de exclusividad jajajajajja…

Leyendo tu review me siento muy mal por lo que pasó con Harry y Ginny… debía ocurrir, pero la escena en la alacena fue demasiado buena como para que esa pelirroja loca hiciera de las suyas…

Hermione y Ron… jajajajjajajaja a veces sucede que mientras más intentas ocultar algo más público se vuelve… creo que esa es la maldición de esta pareja jejejejjejeje. Por otra parte, a partir de éste capítulo viviremos en el edén de Romione… al menos por unos capítulos jajajjajajajjaa… pero no puedo decir más o voy a empezar a soltar spoilers…

En cuanto a Neville y Trevor….

JAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJ

Eres la segunda persona que me dice que fue la mejor escena de todo el capítulo, y que superó por mucho su escena con Hannah jajajajajajja… debo decir que mientras la escribía no podía dejar de desternillarme de la risa; porque admitámoslo, Trevor tiene su encanto…

Paqui, siempre es un placer leerte en el panel de Reviews, y prometo hacer todo lo posible por continuar con un ritmo regular en mis actualizaciones mensuales…

Te mando muchos saludos y espero leerte de nuevo… (claro, claro, si Merlín no corta el internet jajajajajjajajja…).

GUEST:

Mi estimada Gaby, por supuesto que te recuerdo; te tengo pendiente cada vez que planeo una escena de tensión entre Ron y Hermione jajajajajjaja… tus observaciones me hacen mantener el balance para que estos dos no terminen matándose.

Me siento muy muy honrada de leer tus felicitaciones y de que la historia te siga gustando. Lo digo en serio, una pone el mayor esfuerzo posible, pero nunca es seguro que lo que visualiza se cumpla… al menos por ahora siento que ha sido una misión cumplida y espero poder continuar así; lectoras como tú lo valen…

Pasando a tu petición Romione:

Sé que la diferencia entre las situaciones intensas entre Ron y Hermione son un poco menos detalladas y abundantes que con las otras parejas, pero eso es porque hasta este capítulo la situación siempre se da desde un solo lado: el de Ron. Este capítulo es un importante parte aguas para lo que se avecina… y espero estar a la altura de las expectativas… *Se persigna y cruza los dedos*

Bueno querida Gaby (la guest 100% Romione), como podrás comprobar párrafos arriba, no eh mandado ningún besito rupertiano jejejejejjeje, porque comprendo el sentimiento y me solidarizo como buena fan del hermoso cabellos de fuego…

Te mando entonces un muy afectuoso saludo y espero poder leerte de nuevo por aquí.

CIAO.