Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
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Solo es Sexo
12
Lo Difícil de Ignorar al Elefante en Medio de la Habitación
Escuchaba su respiración entrecortada mientras le recorría el vientre saboreando lujuriosamente cada centímetro de su piel. Pasó el límite del monte de Venus y la sintió clavar los dedos en su cuero cabelludo, pero esto no lo detuvo: llevaba demasiado tiempo muriendo por probar el más dulce néctar que manaba directamente del centro de su ser como para que algo pudiera persuadirlo a claudicar. Besó el borde divisorio entre la piel del pubis y el pliegue de la vulva.
—Oh dios, Ron—gimió ella retorciéndose de placer. Con deleite introdujo su lengua hacia el clítoris y… fue entonces cuando despertó.
—Mierda—gruñó Ron frustrado mirando al techo con reproche. No le hacía falta mirar hacia su zona sur para saber que su boxer parecía una carpa: su cuerpo temblaba sobreexcitado por lo que había estado haciéndole a Hermione en su sueño.
Y durante los últimos días sólo en sus sueños…
Gruñó con fastidio y se levantó de la cama para ir al baño.
De alguna manera el peso del cartel imaginario que seguramente Luna iba pegar en su frente con un llamativo 'te lo dije' hacía sus penurias más difíciles de sobrellevar.
—Estúpido contrato—refunfuñó golpeándose internamente mientras se quitaba la ropa. Ahora hasta se sentía de verdad un completo estúpido por encadenarse al dichoso contrato que en su momento consideró 'simple y coherente'.
Nadie podía acusarlo de pecar de inocente, las cláusulas en verdad eran bastante básicas: ser discretos con 'lo-que-sea-que-hubiera-entre-ellos', no echar indirectas comprometedoras en público, no muestras de afecto en frente de testigos potenciales, estaba por supuesto prohibido aparecerse en el lugar de trabajo del otro para tener sexo, así como intervenir en los períodos que sus respectivas ocupaciones exigieran para los mismo propósitos y en lo posible era mejor evitar encontrarse en cualquier zona en la que corrieran peligro de ser vistos, lo cual le había asegurado el glorioso hecho de tenerla en su cama por lo menos tres veces a la semana.
Hasta aquel fatídico Martes en el que de repente había descubierto cual era el enorme elefante sentado en medio de la habitación.
Abrió la llave de la regadera dejando que el agua helada corriera por su piel mientras recordaba los sucesos.
La mañana del martes, mientras George, Ginny y él desayunaban en el restaurant de Pete (al que usualmente iban una vez por semana), Maison se había aparecido para interceptar a Ginny e informarle que el dueño de las Harpies había decidido tomar acciones legales si continuaba negándose a entrenar con el equipo. La menor de los Weasley, por supuesto, había saltado como una bestia rabiosa a la yugular del pobre hombre siendo únicamente la oportuna intervención de George la razón por la que se había mantenido en una pieza. Mientras Ginny le gritaba a Maison hasta de lo que se iba a morir intentando arrebatarse del agarre de George, Ron se había mantenido de pie mirando la escena como un mueble más en el lugar ya que en ese momento hacía un esfuerzo por refrenar el impulso de besar a Maison; no era lo suficientemente suicida como para dejar escapar una mínima muestra de emoción con Ginny dispuesta a repartir su ira a lo primero que se moviera, sin embargo a penas abandonó el local una enorme sonrisa estúpida se había instalado en su rostro y no lo había abandonado en todo el trayecto hasta su apartamento. Con las manos casi temblando de la emoción había tomado un pedazo de pergamino y escrito una breve nota que rezaba '¿En tu casa?'.
—Breve y conciso—había pensado con aprobación mientras la repasaba una última vez antes de atarla a la pata de la endemoniada lechuza hiperactiva que Sirius, el padrino de Harry, le había regalado el año pasado porque durante las vacaciones de verano cuando Luna, él y Harry habían ido a visitarlo se había olvidado de cerrar la puerta al salir y Scabbers, la vieja rata de Ron, había terminado en el enorme pico del hipógrifo de su vecino.
La respuesta de Hermione había sido casi inmediata y al grano: 'voy a quedarme en la oficina a revisar unos papeles. Tal vez mañana'.
Sintiendo como el entusiasmo se le desinflaba como un globo, se había consolado a sí mismo pensando en que no se iba a morir por un día.
Y de eso ya iban dos semanas y media…
Bufó salpicando el agua que escurría por su rostro.
La ansiedad lo estaba matando.
Desde el día de la boda de Bill y Fleur había decidido dejar de romperse la cabeza pensando en las posibilidades que tenía o no con Hermione y en lugar de eso tomar cartas en el asunto. Ahora, ¿Cómo carajos iba a hacer eso si ya jamás podía verla por culpa de su endemoniado trabajo?
Suspiró apoyando las manos en la pared de la ducha mientras inclinaba la cabeza debajo del agua que caía directamente de la regadera y una vez más comenzaba a repasar las cláusulas. Debía haber algo que se pudiera hacer para salvar su caso, a fin de cuentas todos los sistemas tenían sus fallas y definitivamente el de Hermione no era diferente, sólo era cuestión de comenzar a ponerse creativo…
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—Esto es una tontería—refunfuñaba Hermione mientras leía el periódico de esa mañana. Al parecer las cosas se le estaban comenzando a salir de las manos y prueba de eso era la enorme fotografía que adornaba la primera plana, en la cual se veía al ministro de magia salir huyendo de una conferencia de prensa debido a que los periodistas y sus preguntas sensacionalistas con respecto al tema internacional con Rusia habían hecho imposible continuar con el evento tal y como lo habían planeado.
Adoraría tener el nombre del engendro a quien tenía que mandar una bomba fétida por el periodicazo.
—¿No crees que te va a hacer mal el desayuno si haces bilis tan temprano?—comentó Ginny sentándose frente a ella en la mesa.
—Skeeter—masculló sin prestar atención a la pelirroja y con brusquedad pasó las páginas hasta la prometida plana con detalles del sucio manejo de influencias que el Ministerio Inglés esconde a sus ciudadanos. Debió haberlo sospechado desde un principio; siempre que esa clase de basura se publicaba, esa mujer estaba generalmente detrás. Rita Skeeter era la principal razón de que Hermione le tuviera tanto desprecio a la prensa en general.
—Si esa vieja rata está metida en el asunto no creo que mucha gente vaya a prender antorchas para incendiar las oficinas del ministerio—opinó Ginny mientras se servía cereal.
—Te sorprendería lo ingenua que suele ser la gente cuando se trata de temas de política donde la prensa sensacionalista mete las narices—apuntó la castaña cerrando el periódico de mala gana para recoger sus platos. Lo último que le hacía falta era que por culpa de ese maldito artículo se le hiciera tarde.
—Sin aclaraciones, que nadie mejor que yo sabe la maldita patada en los ovarios que suele ser la prensa—dijo la pelirroja con la boca llena. Hermione tuvo que morderse la lengua para abstenerse de hacer comentarios al respecto. Definitivamente una discusión con Ginny no era la mejor forma de aligerar el estrés que traía encima. Dejó su tazón en el fregadero y se llevó la mano al cuello. Odiaba toda la maldita tensión que, literalmente, se le acumulaba en los hombros y el cuello, a veces sentía que se iba a ahogar si los músculos se le continuaban contrayendo por culpa de sus preocupaciones. Con un suspiro miró distraídamente a través de la ventana hacia la acera de enfrente.
Si tan sólo pudiera escaparse por un par de horas y relajarse…
Buena falta hace—reprochó aquella molesta vocecilla que últimamente asaltaba sus pensamientos con bastante frecuencia.
—Tal vez no llegue a cenar—dijo Ginny cortando de tajo la batalla moral interna que se avecinaba—Maison nos va a hacer entrenar en la tarde—agregó de mala gana.
—Entonces creo que voy a comer fuera, no tengo muchas ganas de cocinar de todas formas—O de caer en la tentación de otra clase de cena completó para sus adentros y de inmediato se reprimió a sí misma por este pensamiento. Definitivamente debía recordarse que las prioridades debían siempre estar por encima del comportamiento hormonal y primitivo que a últimas fechas se había mal acostumbrado a seguir.
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—Maldigo la hora en la que se ocurrió abrir mi bocota—dijo Luna dejando sus platos en el fregadero.
—Pero dijiste que necesitabas ayuda—suplicó Ron plantándose en la cimera para bloquearle el paso. Luna lo miró con fastidio mientras hacía un puchero infantil.
—Mierda, no sé cómo aun me puedo seguir llevando contigo—resopló esquivándolo.
—Hey, se supone que entendías la situación después de lo que te conté de su ex novio.
—Si, pero jamás dije que quería hacerla de celestina, ya suficiente tuve con la primera vez, y créeme, no va a haber una segunda.
Ron soltó el aire desanimado y se sentó en una de las sillas que estaban en la barra.
—Sólo necesito una excusa para infiltrarme a verla, y si no me ayudas sabes que no tengo a nadie más con quien pueda contar…
Luna se detuvo en seco. Conocía perfectamente ese tonito y sabía perfectamente lo que iba a ocurrir a continuación. Tomó aire por la nariz y odiándose a sí misma giró de regreso.
—…ya que nunca puedo ver a Harry porque siempre trabaja hasta tarde…
Sip, ahí estaba: la maldita cara de perrito apaleado. Era un recurso tan viejo y barato que le sorprendía que aun surtiera efecto.
—Pero me vas a deber una bien grande—accedió de mala gana—Y vas a tener que ayudar porque en realidad necesitamos voluntarios.
—¡Hecho!—celebró el pelirrojo saltando de su silla para abrazarla eufóricamente.
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La semana pasada le había llegado el aviso de que aquello iba a ocurrir, pero definitivamente mientras más pasaba el tiempo menos preparado se sentía. Una vez más revisó los papeles mientras salía de recursos humanos.
—Vaya Potter—dijo Mathews dándole un par de palmadas en el hombro—hay gente que simplemente va por la vida con el camino iluminado, en un sendero aparte de los otros mortales—este comentario no hizo más que instalar un pesado yunque en el fondo de su estómago; sin embargo hizo una mueca simpática al comentario y continuó su camino.
Esto era horrible.
Se llevó el pulgar y el índice a la altura de los lagrimales e hizo presión. Ahora no sólo debía andar por la vida con el corazón roto y sintiendo ganas de aventarse por un precipicio cada vez que escuchaba a alguien hablar emocionado de lo maravilloso que iban a ser esas semanas con la fabulosa 'furia pelirroja' transitando los pasillos del ministerio, sino que además iba a tener que tragárselas y aparentar que nada había ocurrido mientras supervisaba que la antes mencionada cumpliera con su labor social.
Él.
Harry James Potter.
Tomó aire nuevamente y levantó la vista componiendo una expresión plana para mantener el tipo, había resuelto que debía al menos dejar intacta su imagen dentro del ministerio y no andar divulgando (mientras lloraba como una magdalena) que había sido el fulano en turno en la cama de Ginevra Weasley; lo último que quería era que el mundo se enterara que lo había tratado como un prostituto barato.
El trayecto que faltaba para su oficina lo hizo caminando a paso seguro, hasta que un par de aurores pasaron a su lado como misiles. Extrañado, dio vuelta a la esquina y entonces se encontró con todo el departamento de aurores arremolinado en la puerta de su oficina.
Sin poder evitarlo un horrible sentimiento de pánico se disparó en su interior.
Tienes que estar bromeando, ¿No tienes dignidad?—pensó enojado imponiendo una barrera para poder poner cara de valiente a la situación.
Tomó aire por la nariz y se aproximó a la enorme concurrencia.
—Si pudieran ser tan amables de darme paso a mi oficina—dijo con voz firme provocando que la veintena de hombres en el pasillo lo miraran aturdidos e inmediatamente le abrieran camino. Sin darle importancia a las enormes sonrisas sinvergüenzas que algunos de ellos le dedicaban, el moreno atravesó la multitud. Tan pronto entró a su oficina cerró la puerta y levantó los papeles que tenía en la mano para fingir que estaba revisando su contenido.
—Buenas tardes—saludó de modo impersonal y sin detenerse caminó hacia su silla al otro lado del escritorio.
—¿Potter?—preguntó sorprendida la voz que a últimas fechas protagonizaba sus pesadillas. Harry se obligó a tragarse el creciente e invasivo hongo del pánico y en nombre de su dignidad levantó la mirada para finalmente encararla.
Mierda—pensó sintiéndose a un paso de temblar como una gelatina cuando se topó con el par de ojos marrones que lo miraban de forma entretenida.
—Señorita Weasley—dijo como si no hubiese sabido desde un principio que era ella y de nuevo apartó los ojos hacia los papeles—sus horas de servicio inician en quince minutos, así que necesito que firme algunos documentos para dar constancia de que se presentó en el tiempo y la forma acordada en el tribunal—el moreno deslizó los papeles por la superficie del escritorio para colocarlos a la altura de la pelirroja.
—Que serio—dijo Ginny con humor y tomó la pluma que él le ofrecía para firmar—espero que tengas un poco de consideración conmigo porque no tengo mucha experiencia en esto de lidiar con la ley—agregó en una confesión aparentemente inocente, pero que a Harry hizo que el estómago se le revolviera.
—Eso lo va a determinar su desempeño en las actividades que se le asignen—respondió repentinamente nervioso por la conrta distancia a la que la pelirroja se encontraba—ahora, le voy a pedir que me acompañe al área de servicio comunitario.
La pelirroja le regresó la hoja con una sonrisa cínica.
—Desprograma tu chip robot, no suelo mezclar trabajo con placer.
Harry parpadeó con cara de idiota.
—Lamento la demora—dijo Watson abriendo la puerta repentinamente. Ambos se incorporaron mientras el representante de Ginny continuaba hablando sin notar la situación—Weasley, necesitamos pasar a la oficina de Conciliación para tratar el asunto de tus horarios.
—Las horas de servicio están a punto de dar comienzo—informó Harry fingiendo un temple que no tenía, ya que por dentro estaba molesto consigo mismo por no ser capaz de simplemente ignorar aquella sonrisa cínica que tiraba de la comisura de los labios de la mujer frente a él.
—Hemos pedido una reprogramación—aclaró Watson—pero usted también nos va a acompañar auror—Harry apretó la mandíbula incómodo.
—Entonces no los hagamos esperar—dijo Ginny poniéndose de pie para dirigirse hacia la puerta, dejando a Watson perplejo con su actitud tan civilizada. Nadie creería que sólo minutos antes había estado haciendo rabieta por tener que presentarse al Ministerio.
—Vaya, supongo que tiene razón—comentó el representante de la pelirroja dirigiéndose a Harry con el asombro aún dibujado en sus facciones. El moreno asintió y se resignó a salir por la puerta con las mismas ganas de un niño que se dirige a la oficina del director para recibir detención.
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Hermione apoyó la espalda contra la pared metálica del elevador suspirando agotada; hasta este momento su mañana iba perfectamente encaminada a ser un desastre y ni siquiera Merlín iba a salvarla de que su cabeza rodara si no conseguía que las cosas se mejoraran en las siguientes horas. Inspiró profundo sintiendo como el estrés provocaba que los músculos de su cuello se tensaran una vez más mientras el timbre del elevador anunciaba que las puertas se abrirían para dejar pasar a un nuevo ocupante.
—Pero si es nada más y nada menos que la famosísima Hermione Granger—dijo Tonks con humor dando un paso al interior del aparato antes de que las puertas se cerraran nuevamente.
—Hola Tonk—saludó con fatiga.
—Uy, parece que por una vez en la vida lo que cuentan las malas lenguas del asunto con los rusos es cierto.
Hermione suspiró.
—Y no creo que esté cerca de resolverse.
—Mierda ¿Y Shacklebolt no piensa hacer nada?—preguntó Tonks sintiendo un poco de compasión por la horrible situación en la que estaba metida su amiga.
—El Ministro Ruso no lo quiere ver ni en pintura. Toda la semana ha intentado concertar una reunión con él, pero siguen regresando vociferadores con toda clase de groserías (nada más impropio para un asunto oficial a mi parecer)—opinó de mal humor por las letanías que había tenido que soportar durante toda la semana.
—Vaya, suerte con eso entonces; los soviéticos suelen ser un poco celosos con el asunto del tráfico ilegal y el hecho de que el Ministerio Inglés haya intentado pasar por encima su autoridad no los debe tener muy felices que digamos—la joven miró hacia el reloj de pulsera que llevaba e inmediatamente después miró el tablero.
—¿Llevas prisa?—preguntó Hermione notando la extraña actitud.
—Hay una visita escolar y todos están como locos.
—Neville no me comentó nada—Tonks resopló un poco impaciente por la lentitud del aparato.
—Es que él no viene, estos son de primero.
—Ah, eso debe ser entonces.
El timbre del elevador anunció por fin que habían llegado a su destino. Mientras las puertas se abrían un hombre vestido de policía muggle pasó de largo.
—¿Un policía en el ministerio?—preguntó Hermione sorprendida.
—Es parte de la actividad, ya sabes, mezclar un poco de aquí y de allá… Te veo luego—dijo Tonks a manera de despedida y caminó apresuradamente tomando el rumbo que el hombre vestido de policía había tomado.
—Un policía—musitó Hermione para sí mientras reía discretamente ante lo absurdo de la idea, pero no le dio mucho tiempo de pensar en ello ya que inmediatamente una mujer la interceptó para informarle que el jefe del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles estaba esperándola. La castaña le agradeció la información y de inmediato se encaminó hacia el pasillo que llevaba a las oficinas de dicho departamento.
Esto era un verdadero caos, y comenzaba a resultarle más y más difícil tener que dividirse entre el asunto de los rusos y los malditos traficantes de alfombras que cada vez estaban más desatados. Consultó preocupada su reloj de pulsera tratando de predecir cuanto tiempo le llevaría la junta y esto provocó que no notara a un transeúnte que iba en dirección contraria sino hasta que colapsó de lleno contra él.
—Mil disculpas—se apresuró a decir mientras ambos se inclinaban para recoger los papeles que se le habían caído.
—No te preocupes, no planeo demandarte por los daños—Hermione levantó la cabeza de forma tan rápida que por un momento temió haberse ocasionado alguna esguince en el cuello.
Ahí, devolviéndole la mirada a tan sólo unos cuantos centímetros de distancia con aquellos ojos aterradoramente azules, se encontraba el otro asunto en el que había estado evitando pensar toda la mañana.
—¿Qué haces aquí?—preguntó sin ninguna cortesía incorporándose casi de un respingo. Ron sonrió ampliamente.
—Soy un bombero muggle—explicó de forma casual y entonces Hermione desvió automáticamente su mirada hacia el enorme chaquetón semi abierto que traía.
Oh grave error.
Ahora recordaba claramente por qué había estado evitando pensar en él. ¡Merlín! ¡Ese disfraz era un insulto a los bomberos del mundo! Estaba completamente segura de jamás haber visto a un honrado y valiente bombero portar el uniforme de una manera tan… obscena.
—Estrés sexual innecesario a la orden—se burló la vocecilla en su cabeza provocando que apartara los ojos del atuendo como si lo que estuviera haciendo fuera un pecado.
Bueno, técnicamente lo es—se recordó tomando aire discretamente para controlar el bochorno.
—¿Ocupada?—preguntó él sobresaltándola.
—¿Q-Qué?—preguntó temiendo que hubiese notado que se lo estaba comiendo con la mirada.
—Que si estas muy ocupada—repitió Ron señalando con la mirada los papeles que llevaba en las manos.
—¡Oh! ¡Si, si, claro que estoy ocupada!—confirmó aliviada.
—Que mala suerte—dijo él con una mueca de desilusión, sin embargo cuando dirigió sus ojos azules hacia ella pudo ver exactamente a qué se estaba refiriendo—entonces ya no te distraigo más—agregó de una forma tan sugerente que hizo que Hermione se tensara debido al estremecimiento que la había recorrido de pies a cabeza.
—Tengo que salir de aquí ahora mismo—pensó desesperada, pero él reaccionó más rápido y se despidió primero.
—Hasta luego—le dijo con una sonrisa traviesa a la que ella respondió con un asentimiento torpe antes de que el pelirrojo continuara su camino en dirección contraria a la suya dejándola parada en medio del pasillo mientras lo veía marcharse.
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Hannah frunció el ceño profundamente mientras releía una vez más la extraña carta que le había llegado esa misma mañana. Su fuerte no era leer entre líneas, así que tenía que contentarse con tomarse lo expuesto en el papel tan literal como que la lluvia cae.
Y ahí residía el problema.
Nunca había sido una buena mentirosa.
Sin vergüenza. Tal vez. Pero nunca una mentirosa.
Se llevó la mano a la parte posterior del cuello y suspiró contrariada. Ella sola se había metido en esto, e incluso podría casi asegurar que había prometido participar con todas las de la ley. Pero eso había sido muchas semanas atrás, ahora no se sentía tan segura de poder engañar a Neville en su propia cara.
—¿Dónde pongo estas cajas de hidromiel?—preguntó el lava lozas llamando su atención.
A menos que no tenga que hacer el trabajo sucio directamente—pensó mientras su ingenio maligno comenzaba a correr desatado.
—Kyle, ¿Te quieres ganar un dinero extra?
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¿Después de semanas sin vernos lo único que se le ocurre hacer es aparecerse de la nada con ese monstruoso traje?—refunfuñó enojada mientras atravesaba la puerta de entrada al Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles.
—Señorita Granger, buenas tardes—saludó la secretaria del jefe de departamento—el señor Doolittle está resolviendo un asunto rápido, pero ahora le atiende.
—Gracias Nancy—dijo la castaña de manera educada y tomó asiento en las sillas de espera dispuestas frente al escritorio de Nancy.
Además no tiene nada que hacer aquí ¿No se suponía que habíamos acordado no aparecer en el lugar de trabajo del otro? Esto…
¿Podrías parar?—se dijo irritada mientras una vez más reprimía la frustración que el encuentro con Ron le había provocado—¡Por Merlín Hermione, estás trabajando!—soltó aire ofuscada y con el ceño profundamente fruncido abrió la carpeta que contenía el reporte que estaba a punto de discutir con Doolittle. Si quería irse rápido de ahí y atrincherarse tras las montañas de trabajo que aún le hacía falta en su oficina lo que restaba de la tarde, lo mejor sería que fuera al grano.
Claro, siempre y cuando las molestas risitas y los cuchicheos de la plática del pequeño grupo de mujeres reunidas cerca de donde ella se encontraba tuvieran la amabilidad de callarse.
En el nombre de Merlín, ¿Para ser secretaria era un requisito ser chismosa y escandalosa?
Con un resoplido la castaña se acomodó en su asiento y se dispuso a ignorarlas, pero definitivamente iba a tomar de toda su concentración porque al parecer su propósito era hacer a todos en el departamento partícipes de su amena charla.
—Me lo topé cuando iba a preguntarle a Luna sobre el programa de los oficios muggles—escuchó que una de ellas contaba a sus interlocutoras—casi me desmayo cuando abrí la puerta y me lo encontré en la oficina.
La información encendió una alerta en Hermione.
—A mi me saludó hace un momento cuando venía para acá—comentó otra de las asiduas participantes de la plática—les juro que sólo pude quedarme mirándolo como una idiota cuando me sonrió…
—¿Tú crees que se lo esté tirando?—interrumpió la primera mujer que había hablado antes, provocando que Hermione se tensara en su lugar teniendo la ligera sospecha de hacia donde iba aquello.
—¿Quién?—respondieron las otras tres a coro.
—Luna—señaló como si fuera obvio.
—Pues por lo que yo escuché el otro día lo dudo—dijo la mujer a la que había interrumpido con su pregunta (de muy mal gusto por cierto).
—¿Y qué escuchaste?—la apremiaron.
—Que…—la mujer vaciló por un momento deteniéndose y Hermione podía jurar que sintió su mirada posarse discretamente sobre ella.
—Tonterías, sí escuché ese chisme, pero hazme el favor—intervino otra de sus escuchas con burla provocando que un extraño sentimiento ácido comenzara a inundarle el pecho—yo creo que dicen eso sólo porque su hermana y ella son amigas…
—Pues qué lástima, porque en lo que a mi concierne con una situación así de por medio definitivamente no se me escapaba con vida…
—O al menos morías en el intento—se burló una de ellas.
—¿Crees que esté bien dotado?—preguntó intrigada la mujer que antes había mirado hacia Hermione. La castaña apretó los papeles con fuerza ¿Qué demonios les importaba eso?
—Señorita Granger—saludó la voz afable del jefe del Departamento Contra el Uso Incorrecto de los Objetos Muggles obligándola a apartar la atención de las cuatro chismosas arrastradas.
—Señor Doolittle—respondió Hermione de manera formal poniéndose de pie con la mano estirada para estrechar la del hombre.
—Espero que la espera no le haya causado inconvenientes—dijo Doolittle con una cómica cara de disculpa a la que la castaña no correspondió con ninguna clase de cortesía—pero, por favor, pase a mi oficina.
Hermione caminó hacia donde el hombre había indicado con los puños apretados.
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—Los demandantes entrenamientos de la liga profesional impedirían que los días antes acordados sean viables en el tiempo y condiciones que usted impone Madam—dijo Watson revisando los documentos que estaban sobre la mesa.
—Tal vez la señorita Weasley debió haberlo pensado antes de organizar una fiesta clandestina en un edificio lleno de Muggles.
—Que pendejada—murmuró la pelirroja por debajo, pero fue lo suficientemente audible para que Harry, que estaba parado a un par de pasos, lo captara, y el moreno estaba seguro de que todos en la oficina lo habían escuchado ya que la auror Mitchell, representante de la oficina de conciliación, apretó los labios en una mueca reprobatoria y se acomodó los enormes anteojos de fondo de botella.
—Si las normas del Ministerio no son lo suficientemente serias para usted, considero que su compañera de separos estará más que encantada de hacerle cambiar de parecer—la pelirroja hizo una mueca sarcástica a la mujer agradeciendo falsamente a su sugerencia.
—La señorita Weasley–intervino Watson con énfasis dedicándole una mirada significativa a Ginny que se cruzó de brazos y se dejó resbalar un poco en su asiento—entiende su situación y por supuesto que acatará la ley por las acciones perjudiciales que ha perpetrado contra el estatuto para la conservación del anonimato del mundo mágico, pero considero que es imperativo que lleguemos a alguna clase de acuerdo con respecto a los horarios de servicio comunitario que resulte beneficioso para ambas partes.
—El ministerio no pretende negociar los dictámenes que se ejecutan o no—sentenció la mujer perdiendo un poco la paciencia—si lo que la señorita Weasley necesita es tiempo, entonces que reacomode sus horarios pidiendo un mes de adición a su sentencia.
—¡Y una mierda!—explotó Ginny provocando que Watson la mirara una vez más a modo de advertencia.
—Si me permite auror Mitchell—dijo Harry interviniendo por primera vez en lo que iba de la reunión—considero poco viable que el tribunal apruebe la adición de un mes, lo mejor sería que la señorita Weasley cumpliera con lo que ya está estipulado.
La mirada de Ginny se posó sobre él con las cejas levantadas de una forma intimidante.
—¿Algún problema con tenerme un mes más por aquí auror?—preguntó de un manera tan ponzoñosa que hizo a Harry tragar en seco.
—Sólo opino que todos deben respetar la ley sin importar rango, profesión o posición social—replicó intentando mantenerse firme en su postura. Lo último que le hacía falta era que su suplicio se extendiera por más tiempo.
—Buen punto auror Potter—señaló Mitchell con una sonrisita autosuficiente—y si mal no recuerdo señorita Weasley, usted ya le debe varias al ministerio; si yo fuera usted me sentiría agradecida de que le hayan dado si quiera a elegir cumplir sus horas de sentencia en servicio comunitario.
—Oh si, estoy tan agradecida—dijo la pelirroja con agrio sarcasmo—a veces se me olvida lo duro que puede llegar a ponerse el cuerpo de aurores con un infractor.
Harry cambió el peso a su pierna izquierda sintiéndose terriblemente incómodo.
—Si me disculpa auror… ¿Potter verdad?—dijo Watson a manera de confirmación—como representante de la señorita Weasley es mi deber velar por sus intereses, y considero que su punto de vista está un poco fuera de contexto. Lo que se está buscando aquí es llegar a un acuerdo, no evitar que la ley se cumpla.
—No te preocupes Watson, el auror aquí presente tiene una especie de manía por confundir las cosas—espetó la pelirroja clavándole la mirada como un dardo.
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—Éstas endemoniadas botas del diablo me están matando—se quejó Ron dejándose caer sobre la silla del comedor.
—No tienes derecho a quejarte, te apareciste casi la mitad de la maldita presentación de las profesiones muggles—dijo Luna con cierto reproche.
Mientras Ron se desabrochaba los seguros de la bota izquierda un grupo de niños pasó corriendo a un lado de donde estaba sentados gritando '¡Adiós señor bombero!'.
—Creo que haber cargado a los cuarenta para el maldito simulacro te deja con una deuda a mi favor—contraatacó el pelirrojo astutamente.
—Lo pensaré—concedió Luna antes de dar un trago a su jugo de calabaza—¿Y sirvió de algo?
Ron torció el gesto por el esfuerzo de quitarse la condenada bota.
—Sólo alcancé a verla por un par de míseros segundos y ahora parece que se la tragó la tierra.
—Puedo preguntar si no la han visto—ofreció Luna—¡No!, no quiero que le de un infarto a tu recién formado club de fans—Ron frunció el ceño extrañado y se volvió a cerrar el chaquetón.
—Eres una loca paranoica.
—Y tú un maldito exhibicionista—replicó la rubia antes de levantarse—¡hey, Tonks!
La mujer de cabello morado que se encontraba a dos mesas de la suya levantó el rostro mosqueada hasta que por fin reconoció a Luna y a Ron.
—Ron, no sabía que también estabas aquí—dijo Tonks caminando hacia ellos.
—¿También?—preguntó el pelirrojo extrañado.
—La furia pelirroja Weasley está en horas de servicio comunitario—informó con un tono algo teatral—Y tú, ¿Al fin decidiste sacarle provecho a tanto músculo?
—Soy una endemoniada caja de sorpresas—dijo haciendo esfuerzo mientras tiraba de su otra bota para sacársela. Tonks soltó una risa limpia y entonces dirigió su atención a Luna.
—¿En qué te puedo ayudar mi estimada Lovegood?
—¿Sabes si Hermione Granger está en su oficina?—Tonks dirigió una mirada de interés a Ron antes de responder.
—No, al parecer la visita escolar no le permitía concentrarse en su trabajo y pidió permiso para retirarse temprano—el guía de la excursión llamó a la joven de cabello morado para que lo apoyara con el acomodo porque los pequeños diablillos comenzaban a armar una trifulca por ocupar la mejor mesa.
—Bueno, el deber me llama—se excusó de manera apresurada mientras caminaba hacia el tumultuoso grupo.
Luna rodó los ojos cuando la enorme sonrisa de triunfo se abrió paso en el rostro del pelirrojo.
—La visita escolar no le permitía concentrarse—repitió Ron radiante y se puso de pie.
—¿Al menos vas a comer?—preguntó Luna sabiendo por sentado la respuesta.
El pelirrojo se enfundó las botas tal y como si no se hubiera estado quejando solo minutos antes de que le dolían los pies.
—Estoy a punto.
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Algunas veces pensar en que huir es de cobardes resultaba arbitrario y parcial, ya que en algunas ocasiones este signo de aparente cobardía resultaba la única forma de supervivencia cuando todos los demás recursos se habían agotado y sólo quedaba ese momento decisivo en que sucumbir no era una opción.
Porque definitivamente no pensaba sucumbir.
Exhaló todo el aire que traía en los pulmones antes de nuevamente inspirar profundo para apaciguarse. Ginny Weasley definitivamente era una arpía en toda la extensión de la palabra, y por alguna razón tenía la terrorífica sensación de que apenas comenzaba a indagar qué había debajo de su horrible superficie.
¿Cómo no se había dado cuenta del monstruo que se escondía debajo de aquella cara angelical? ¡Merlín! era imposible que después de que ella lo mandara al diablo de una manera tan cruel y despiadada aún se diera el lujo de jugar con él a placer. Se sirvió un poco más de agua y se tomó el vaso de un trago.
Por todos los demonios, no podía ser tan patético.
—Carajos—musitó sirviéndose agua de nuevo.
—Veo que estas sediento—dijo una voz femenina a su espalda que lo sobresaltó provocando que tirara el vaso.
—Cho—dijo aliviado cuando se giró hacia la fuente y se encontró con la oriental.
—¿Mal día?—inquirió la joven ondeando la varita para limpiar el agua del suelo.
—Algo así—reconoció Harry. Cho le sonrió de forma encantadora.
—No imagino que te tiene tan errático, pero por la cara que traes supongo que debe ser un lío grande—comentó dejando el vaso a un lado para tomar ella uno nuevo y llenarlo con agua. Harry se acomodó la corbata nervioso, pensando en que era tan ridículamente transparente que incluso Cho era capaz de leerlo fácilmente.
—En realidad es una tontería sin sentido—dijo el moreno evitando su mirada. La joven enmarcó una ceja intrigada y levantó su vaso.
—Entonces salud por eso—bromeó y se llevó el vaso a los labios.
La larga historia que tenían juntos le permitió a Harry saber que esa era la manera en que Cho le daba la opción de abrirse o continuar evadiendo el tema. Siempre había sido así durante su relación, ella no era de las personas que forzaban su camino de entrada a la vida de las personas. Sin poder evitarlo, de pronto se encontró a sí mismo pensando en lo diferentes que hubieran sido las cosas si simplemente hubiera tenido su primera vez con Cho aquella tarde antes de que todo entre ellos se volviera más complicado. Siempre le había gustado que fuera más madura que las chicas de su edad y eso posiblemente hubiera conllevado al compromiso que para él merecían las relaciones sexuales.
—¿Estás ahí?—preguntó Cho mirándolo extrañada.
—L-lo lamento, por un momento…—Harry se calló de inmediato cuando se dio cuenta de la magnitud de la estupidez que estaba a punto de decir. Por la manera en la que lo miraba Cho pareció tan bien darse cuenta de hacia donde iba el asunto.
—Lo lamento—repitió Harry agachando la cabeza y sin decir nada más se alejó del servidor de agua para cruzar la el lugar a toda prisa.
¿Qué carajos estaba pasando por tu mente?—se regañó enojado consigo mismo—¿Pretendes usar a tu ex novia como rebote?
—¿Un viejo fuego?
Harry se detuvo en seco tras cruzar el marco de la puerta y levantó el rostro para encontrarse a Ginny apoyada contra la pared adyacente que la mantenía fuera del campo de visión del interior de la sala multiusos donde se encontraba el servidor de agua.
—¿Estabas espiando?—preguntó Harry con desconfianza y la pelirroja bufó rodando los ojos.
—No quería interrumpir el momento, así que decidí esperar en el pasillo a que terminaran sus asuntos—dijo con sorna haciendo comillas con los dedos.
—Cho no es como tú—espetó el moreno molesto.
—Auch Potter—se burló con malicia—cualquiera pensaría que me odias, pero si lo piensas bien, aún así sigo siendo la dueña de tu virginidad.
Una mezcla de ira y fuego recorrió a Harry de los pies a la cabeza.
—No puedo creer que en algún momento consideré que tenías algo de decencia—escupió el moreno.
—No te lo tomes personal, tú y la cuarta parte de la población masculina de Londres van a necesitar terapia para superarlo—tras decir esto la pelirroja se separó de la pared y caminó hacia el interior de la sala multiusos.
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Hermione acababa de terminar de comer cuando alguien llamó a la puerta. Miró su reloj extrañada y caminó a atender a su inesperada visita.
—¿Qué haces aquí?—preguntó sorprendida tan pronto como abrió la puerta y la figura de Ronald Weasley, enfundado en su obsceno traje de bombero, apareció del otro lado apoyado despreocupadamente sobre el marco de la puerta.
—Escuché que no te sentías bien y quise venir a ver cómo estabas—mintió con descaro y Hermione rodó los ojos consciente de ello.
—Estoy ocupada—dijo deslizando la mano hacia la superficie de la puerta barajando la posibilidad de una improvisada salida de emergencia.
Ron sonrió juguetonamente y se inclinó un poco hacia delante.
—¿No me vas a invitar a almorzar?—preguntó de forma sugerente provocando que una corriente eléctrica recorriera la espina dorsal de Hermione.
—Acabo de terminar, lo lamento—dijo intentando sonar indiferente. Ron torció el gesto en una falsa mueca de desilusión y se irguió para dar un paso hacia ella, que se mantuvo clavada en su sitio extrañamente incapaz de moverse.
—Pues es una lástima—dijo el pelirrojo en un tono que Hermione solo podía catalogar como peligroso mientras avanzaba un paso más—porque yo me estoy muriendo de hambre—agregó clavando la mirada de una manera casi depredadora en los labios de la castaña que se pasó la lengua por ellos con nerviosismo.
—¿Ah si?—preguntó sintiendo como una intoxicante ola de deseo se alzaba en su interior.
Ron asintió acercando su rostro hasta permitir que sus alientos se entremezclaran mientras sus manos se deslizaban hacia las caderas femeninas de forma casi posesiva.
Y fue todo lo que bastó para que la agobiante necesidad rompiera el dique que por semanas había mantenido a Hermione inmune al corrosivo deseo que la recorría mientras le devoraba los labios a Ron con una urgencia salvaje.
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El molesto martilleo de algún pájaro ocioso que llevaba un rato fastidiando la obligó a despertarse. Con pereza abrió los ojos y al encontrarse con la oscuridad que reinaba en su habitación se sorprendió ¿Cuánto tiempo, exactamente, se había dormido?. Apartó las sábanas para incorporarse, pero un brazo que se encontraba firmemente aferrado a su cintura se lo impidió. Inmediatamente dirigió la mirada hacia esa zona y notó que estaba desnuda.
Oh no.
Se giró con cuidado para comprobar sus sospechas y, cuando efectivamente se encontró con el hombre pelirrojo que descansaba a su lado, soltó una maldición.
Se habían quedado dormidos.
—¿Hermione, estás ahí? Necesito hablar contigo—dijo la voz de Ginny a través de la puerta provocando que el pánico se apoderara de ella.
Merlín.
—Ron—susurró desesperada mientras sacudía al pelirrojo para que despertara. Él sin embargo, simplemente se removió con pesadez y la apretó más contra su cuerpo enterrando el rostro en la almohada.
—¡No me hagas esto Ron, despierta!—insistió sacudiéndolo de nuevo.
—Cinco minutos más—pidió el pelirrojo con la voz amortiguada por la almohada.
—¿Cinco minutos?—soltó Hermione en un chillido ahogado—¡Tu hermana está al otro lado de la puerta esperando a que le abra!
Como impulsado por un resorte Ron se sentó sobre la cama con el cabello luciendo como si acabara de salir de un tornado. La imagen hubiera hecho reír a Hermione sino se encontraran en su actual situación. La castaña salió rápidamente de la cama para ponerse las bragas.
—Mierda—soltó Ron aterrado.
—Exactamente—apuntó Hermione nerviosa mientras se colocaba la parte inferior de su pijama de manera apresurada.
—¿Hermione?—volvió a llamar Ginny al otro lado de la puerta.
—¿Qué vamos a hacer?—preguntó Ron entrando en pánico. Hermione sacó su blusa de entre las sábanas.
—Tú escóndete en el armario—indicó pasándose el cuello de la blusa por la cabeza—yo me hago cargo de Ginny.
Obediente, Ron salió de la cama a trompicones y abrió la puerta del armario para enterrarse entre la ropa.
—¡Hey!—le llamó Hermione antes de que cerrara la puerta y le aventó su boxer. El pelirrojo lo atrapó al vuelo y sin perder más el tiempo se encerró en su escondite.
La castaña inhaló y exhaló un par de veces intentando controlar los nervios mientras se aproximaba a la puerta.
maldición—pensó regresando inmediatamente sobre sus pasos para patear debajo de la cama el chaquetón y las botas de bombero que estaban tirados en medio de la habitación. Echó un rápido vistazo en busca del pantalón, pero rápidamente descartó que estuviera en algún lugar visible; sin demorar más caminó hacia la puerta y la abrió encontrándose de frente con su amiga apunto de tocar nuevamente.
—¡Al fin!—dijo Ginny a manera de reproche—¡llevo siglos intentando despertarte!.
—Lo lamento, me quedé profundamente dormida—explicó fingiendo una voz adormilada—¿Cómo sabías que estaba en la casa?—preguntó tratando de no sonar muy interesada.
—Tus cosas están en la mesa de la cocina—señaló la pelirroja.
—Claro, cuando Ron llegó estaba trabajando—recordó. Él y su estúpida excusa los tenía metidos hasta el cuello…
—Bueno, a lo importante—dijo Ginny cortando el hilo de sus pensamientos—hay un asunto con el que quiero que me ayudes—Hermione la miró con suspicacia.
—¿De qué se trata?
—El estúpido de Maison...
—Ginny…
—No espera, ni siquiera sabes todavía de qué se trata—se defendió la pelirroja.
Hermione soltó un largo suspiro y pasó a un lado de Ginny para cerrar la puerta del cuarto.
—No te puedes dar el lujo de seguir arriesgando tu carrera por una situación que no tiene nada que ver precisamente con algo profesional—dijo caminando por el pasillo; aquello iba a llevar tiempo y no era seguro tenerla tan cerca de su cuarto.
—Y no lo voy a hacer, pero es que esta semana inicia mi servicio comunitario y mis horarios de los días que entreno en la tarde coinciden—aclaró Ginny siguiéndola.
—Ah, ya veo—dijo Hermione sospechando para qué quería su ayuda—¿Ya hablaste con Watson acerca de esto?—cuestionó desviándose hacia el refrigerador. Hasta ese preciso momento no se había dado cuenta de que estaba sedienta.
—Si, pero el muy inútil no consiguió que me redujeran la sentencia—refunfuñó la pelirroja con un gesto infantil que hizo a Hermione rodar los ojos.
—Y dado tu historial jamás lo va a lograr—opinó tomando un vaso de cristal de la cimera para servirse de la jarra que tenía en la mano. Ginny levantó una ceja mirándola con un gesto significativo—sabes que no sólo me refiero al favor que me hiciste (el cual está mas que pagado)—se apresuró a aclarar cuando terminó con su tarea y regresó el recipiente al refrigerador.
—No estas siendo de mucha ayuda—se quejó la pelirroja cerrando la puerta por ella.
—Bueno, la reducción no es algo legalmente factible—opinó Hermione antes de beber un poco del contenido de su vaso—pero sí puedes acomodar tus horas en un plazo de cuatro meses en lugar de tres…
—¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?!—clamó Ginny—¡Eso precisamente es lo que quiero evitar!
—No le veo otra forma para que puedas balancear tus horarios sin faltar a ninguno de tus compromisos—apuntó Hermione con naturalidad. Ginny cruzó los brazos enfurruñada.
—¿Por qué no puedes simplemente hacerte de la vista gorda con una que otra regla y ayudarme?—se quejó haciendo rabieta—¡Nunca le sacas provecho a tu posición! Si tú necesitaras algo que estuviera en mi mano o en las de mi familia sabes que lo haría.
A Hermione casi se le atraganta el agua. Tragó con cuidado ahogando la sensación de remordimiento que comenzaba a nacer en su pecho antes de hablar.
—Ginny, ya hemos hablado del asunto como un millón de veces—rebatió Hermione manteniendo el tipo—hay muchísima gente que espera que haga exactamente eso para tenerme en sus manos; y precisamente es la razón para cuidarme más. Brincarse las reglas siempre trae consecuencias—concluyó sintiéndose una enorme y asquerosa Judas.
—Demonios, sabía que no iba a llegar a nada contigo, pero tenía que intentar—refunfuñó la pelirroja—¿Tienes mucho trabajo?—preguntó sorprendiendo a Hermione con el cambio de tema.
—Algo ¿Por?—se apresuró a responder. Ginny se encogió los hombros de manera casual.
—Dijiste que ibas a cenar fuera—comentó. Una nueva ola de culpa y remordimiento se alzó en el interior de Hermione amenazando con ahogarla.
—Ya sabes, el asunto con los rusos—improvisó. Aunque no era del todo mentira.
—Oh—dijo la pelirroja—entonces supongo que sí debí dejarte descansar—las entrañas de Hermione se comprimieron con culpabilidad, sin embargo mantuvo su expresión lo más natural posible.
—No, esta bien—aseguró.
Ginny asintió y soltó un suspiro de cansancio.
—Voy a darme un baño antes de dormir—anunció—¿Necesitas entrar?
La castaña negó con la cabeza.
—Ok, entonces me voy a apoderar de él por un par de horas—bromeó caminando hacia el pasillo.
Hermione esperó a escuchar el sonido de la puerta al cerrarse para dejar salir todo el aire que llevaba conteniendo.
—Eres una persona horrible—pensó con el remordimiento aun punzando en sus sienes mientras cruzaba el pasillo e hizo una nota mental para agregar una cláusula más a su contrato. Ronald Weasley no podía simplemente andar apareciéndose de la nada.
Cuando entró a su habitación lo primero que hizo fue encender la luz y echarle un breve vistazo a su cama, que estaba hecha un desastre, mientras se dirigía a su armario para avisarle a un semidesnudo (Merlín, rogaban porque se hubiera puesto la ropa interior) Ronald Weasley que había ganado algo de tiempo para idear algún plan de escape.
El problema fue que al abrir las puertas del mueble, lo encontró completamente vacío.
—¿Dónde…—el sonido de una pequeña piedra impactando contra su ventana cortó la pregunta atrayendo su atención hacia el exterior.
Tan pronto como se asomó por el marco vio la imagen de Ronald Weasley, de nuevo enfundado en su traje de bombero, observándola desde la acera de su edificio. El pelirrojo se llevó la mano derecha a la altura de la oreja fingiendo que era un teléfono y después se señaló esbozando una sonrisa traviesa.
Sin poder evitarlo Hermione también sonrió.
—Estas loco—gesticuló negando con la cabeza, pero con la sonrisa aun intacta en el rostro—¿Cómo bajaste?—Ron se encogió los hombros y le envió un beso volado antes de comenzar a retroceder hacia el lado opuesto de la calle para cruzar hacia un discreto callejón que estaba a la vuelta de la esquina.
Antes de rodear la esquina y desaparecer a su apartamento, Ron miró una última vez hacia el edificio desde el cual la castaña lo observaba, y con la determinación renovada sonrió ampliamente.
Ahora sólo le faltaba asegurarse de que las cosas siguieran el curso que había planeado.
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*La expresión 'el elefante sentado en medio de la habitación' es una traducción personal que eh hecho de la expresión inglesa 'The elephant in the room', la cual se utiliza para metaforizar una verdad obvia que tal vez se ha estado ignorando o que ha tomado a una persona por sorpresa. La expresión también aplica para referirse a un problema o riesgo obvio que nadie quiere notar o discutir, y está basado en la idea de que un elefante en la habitación sería imposible de ignorar a menos que la gente dentro de la habitación decida pretender que el elefante no está ahí evitando lidiar con el inminente problema.
(fuentes: dictionary. cambridge. org y Wikipedia)
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Hola… ¿Me recuerdan? Soy esa autora que antes solía actualizar cada mes, pero que ahora tiene menos vida que un esclavo y menos inspiración que el autor de las letras de las canciones de Redfoo…
¿Ya me recordaron?
Excelente, ahora solo diré:
Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento Lo siento
Sé que soy una horrible persona por haberme tardado casi un siglo en actualizar y que merezco una bomba fétida directo a la cara por aparecerme con este pequeño capítulo. Prometo que no sólo se debe a lo mucho que padecí con la inspiración para poder terminarlo, todo en él tiene una razón de ser y debía ocurrir del a manera en la que ocurrió…
Un especial agradecimiento a:
rosebenson19, Paqui, pirilu, lNoxl, keisi-san, Marissa, Guest (Gaby), DarcyGuess, RodriguezGranger, R. Malina Westerna, Reyna80, mary_freedom, NaruHamisaki, lilithmei y lollipop990 y aprovecho el espacio para disculparme enormemente porque en este momento no tengo mucho tiempo para responder a los reviews (ya saben, una excusa mundana de una empleada para no llegar tarde al trabajo xD), pero prometo darme algo de tiempo el fin de semana y reeditar para responder a todas (os) aquellas (os) lectoras (es) que no tienen cuenta y que muy amablemente (y milagrosamente para el tiempo que tardé en actualizar) se han dado tiempo para dejar un review. Saben que agradezco de todo corazón que estén aún pendientes de la historia y por supuesto también agradezco enormemente sus valiosos reviews que son mi principal combustible para continuar con esta historia a pesar de lo complicado que se han vuelto mis horarios…
Espero leerlos en la próxima actualización (la cual por el momento no sé cuando exactamente será, pero que me esforzaré para que no sea en el próximo milenio) y les mando muchísimos abrazos y besitos rupertianos…
CIAO.
