Disclaimer: Todo lo que puedan reconocer no me pertenece, es de nuestra diosa Jo Rowling... todo lo demás es producto de mi traumada y viciosa mente...
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Antes de comenzar me gustaría dar la bienvenida a los nuevos lectores y agradecer de todo corazón a todas aquellas personas que siguen la historia desde el inicio y que con paciencia infinita esperan a que las estrellas se aliñen y me sea posible actualizar.
Son lo máximo.
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Solo es Sexo
13
Nunca hagas cosquillas a un dragón dormido
Neville caminaba a zancadas a través del campo con el corazón en la garganta y los oídos casi zumbándole. Definitivamente esto no podía estar ocurriendo. Salvó los metros restantes casi saltando hacia la pequeña choza y con la mirada fija en la puerta de madera algo vieja y enmohecida levantó el puño para aporrearlo un par de veces en ella.
—Que no sea cierto—pensó abrumado, pero tan pronto la puerta se abrió y el rostro azorado y nervioso del guardabosques se asomó, supo que definitivamente no había escuchado mal.
—¿Dónde está, Hagrid?—preguntó Neville empujando la puerta para obligar al semi gigante a hacerse a un lado.
—No puedes hacer esto, me necesita—suplicó el guardabosques plantándose frente a la zona de la chimenea.
Neville miró hacia el fuego con sospecha y dio un paso certero para aproximarse, sin embargo el semi gigante se lo impidió extendiendo las manos a sus costados como una enorme barrera.
—¡Esto no es un juego, pueden enviarte a Azkaban!—exclamó el castaño airado, sacando la varita de su túnica.
—Guarda esa cosa, sé que no serías capaz de usarla—dijo Hagrid de forma obstinada.
—No me pongas a prueba amigo—replicó Neville apuntando hacia el pecho del enorme hombre que tenía en frente.
—Neville, es tan pequeño…¡Norberto no tiene más familia que yo!
—¿Norberto, Hagrid? ¿Le pusiste nombre a esa cosa?
El enorme hombre pareció sonrojarse.
—Me pareció que necesitaba uno.
Neville se llevó ambas manos a la cabeza en señal de desesperación.
—¡Hagrid, no te lo vas a quedar!
—¡Pues tendrás que pasar sobre mí cadáver para llevártelo!
—¡¿Qué?! ¡¿Estás loco?! ¡Es un maldito dragón, no una mascota!—exclamó incrédulo ante lo que acababa de escuchar.
—Es un bebé dragón, y es mi nueva familia, no una mascota—corrigió Hagrid indignado.
Neville abrió la boca para replicar, pero se escucharon un par de quejidos agudos antes de que una enorme llamarada de encendiera a espaldas del guardabosques que pegó un salto palmeándose el trasero que ahora humeaba chamuscado. El castaño miró hacia el pequeño animal que ahora extendía las alas asustado por el alboroto y saltó justo a tiempo antes de que la mesa de madera que se encontraba a su lado comenzara a arder en llamas.
—¡Norberto!—chilló Hagrid con preocupación e intentó acercarse a la pequeña criatura, pero el animal nuevamente abrió el hocico y echó un flamazo que fue a parar justo a las tupidas barbas del hombre.
—¡Será mejor que salgamos de aquí!—gritó Neville por encima del caos y de una patada derribó la puerta.
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Sentía su corazón latir acelerado zumbándole en los oídos y el cuerpo vibrándole de cansancio, pero su enojo aún no había reducido un solo gramo, así que no veía razón para detenerse.
—Estás fuera de la lista—dijo la voz de Watson retumbándole una vez más en los oídos.
Fuera de la lista.
Fuera.
Meneó la cabeza para deshacerse del exceso de sudor que le estorbaba la visión y aceleró el ritmo una vez más para contrarrestar el aplastante sentimiento de derrota que arremetía como un maremoto en su interior.
Era la mayor estupidez que jamás hubieran cometido. Todos sabían que era la mejor cazadora de la liga inglesa y que ese puesto en la selección nacional era suyo.
—Estúpido comité y sus pendejas reglas de conducta.
Era esa la puñetera razón por la que no había entrado a la lista de preselección. El maldito comité y su obsesión por tapar el asunto de Sarah.
Resopló como un toro furioso apunto de embestir mientras sentía como los músculos en sus pantorrillas se le tensaban de forma dolorosa; fue solo cuestión de minutos para que la necesidad de parar la venciera obligándola a desacelerar el paso para detenerse.
—Sarah—pensó tomando una bocanada de aire para recuperar el aliento. Todo esto era su culpa. Tiró el botellón de agua que llevaba en la mano y le dio una patada descargando su frustración.
Un flash acompañó esta acción llamando su atención hacia unos arbustos que se encontraban a un de metros. Entonces notó que un hombre con una enorme cámara le sonreía preparándose para sacar otra fotografía.
—Jodidamente genial—pensó irritada y se dio media vuelta para salir del lugar sin más numeritos públicos. Pero un par de hombres con plumas de ave en la mano corrían hacia ella.
Desconcertada con la escena la pelirroja echó a correr una vez más activando una ola de flashes que se iban disparando a su paso mientras más sujetos con cámaras se sumaban a la persecución.
—Este es un parque muggle—pensó comenzando a sentirse desesperada ante la imposibilidad de escapar por medio de la desaparición del despliegue público de reporteros. Habían suficientes testigos como para que aquello empeorara su situación en el ministerio.
Sacando fuerza de donde no tenía aceleró la velocidad y con las piernas apunto de explotarle saltó hacia la pequeña colina que bordeaba la pista.
—Va hacia la avenida—gritó uno de sus persecutores adivinando su movida, por lo que se vio obligada a saltar el terreno a zancadas y aventarse al tráfico en movimiento para ganar algo de tiempo.
—¡¿Eres idiota?!—gritó alterado un hombre que acababa de dar un frenón para evitar atropellarla.
La pelirroja miró hacia el parque con desesperación y vio que el séquito de reporteros también se dirigía a la calle. Sin pensarlo dos veces saltó al capo del auto y se aventó del lado donde se encontraba la puerta del copiloto. El dueño del automóvil la miró abordar con los ojos apunto de salirse de sus cavidades.
—Si te callas y me llevas al centro te pago tres veces tu día de trabajo—dijo la pelirroja colocándose el cinturón de seguridad.
El hombre comenzó a balbucear cosas sin sentido, pero cuando el auto se sacudió debido a que un fotógrafo había saltado al capo, tomó el volante como un maniaco y metió la velocidad para arrollar al intruso.
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—Esto es el colmo—refunfuñó Hermione para sus adentros mientras abandonaba el elevador.
Tras diez minutos de su recorrido para salir del ministerio, por fin se encontraba en la calle muggle en la que estaba ubicada la cabina telefónica que protegía la entrada del mundo no-mágico al recinto y emprendió de nuevo el camino hasta el estacionamiento donde normalmente dejaba su auto.
Cuando llegó hasta el vehículo, echó una mirada a su alrededor para asegurarse de que no había nadie más y entonces subió.
—No tardaste nada—dijo la voz masculina de Ron desde la puerta del copiloto sonando divertida.
—No conozco a nadie más en Londres que espere que decodifique la palabra 'auto' de un sobre sin remitente.
El pelirrojo sonrió ampliamente y subió al vehículo.
—Dijiste que necesitabas hablar conmigo—comentó con simpleza y colocó una mano en el respaldo del asiento del conductor. Hermione rodó los ojos y la apartó.
—Es acerca de lo que ocurrió la otra noche—explicó la castaña sacando una carpeta color manila del pequeño bulto que llevaba en la muñeca.
—Tienes que estar bromeando—exhaló Ron con fastidio.
—Si mal no recuerdo tú fuiste el que dijo que iba a respetar todo lo que yo incluyera—puntualizó Hermione sacando un pergamino del interior.
—¿Y qué fue lo que hice ahora?
—¿Te parece poco que tu hermana casi nos descubriera?—expuso Hermione de forma reprobatoria.
—No, no, no, a mi no me vas a cargar tus muertos—replicó Ron incrédulo.
—¿Mis muertos?—repitió la castaña con ambas cejas levantadas en un gesto cómico.
—Eso fue tu culpa—acusó él cruzándose los brazos a la altura del pecho—después del segundo round te dije que no iba a poder mover un solo músculo fuera de la cama si continuábamos, pero no me hiciste caso.
El rostro de Hermione adoptó una expresión abochornada.
—Pues en primer lugar fuiste tú el que no debió aparecerse así como así en mi apartamento—se defendió fingiendo que echaba un vistazo al contenido del pergamino.
—Si mal no recuerdo eso no va en contra de ninguna de tus preciosas reglas—objetó Ron—estabas en casa, no había nadie y era la hora de la comida; además estaba preocupado por tu salud—agregó con descaro.
—Ambos sabemos que esa es una mentira—apuntó Hermione con una sonrisa astuta.
—Me haces ver como un monstruo—replicó el pelirrojo aproximándose de forma juguetona.
Hermione dio un respingo y le dio con el pergamino en la cabeza.
—¡Merlín Ronald, estamos en un estacionamiento!—le reprendió nerviosa.
—¡Hey, no es mi culpa que uses ese condenado tono conmigo!—se defendió llevándose una mano a la zona afectada.
Antes de que Hermione pudiera replicar su celular comenzó a sonar. Ignorando las quejas de Ron se dispuso a escarbar en su bolso para poder atender.
—¿Neville?—preguntó extrañada cuando escuchó la voz alterada al otro lado de la línea—a ver, espérame, no te estoy entendiendo. Si, si, escuché lo que dijiste de Hagrid y un tal Norberto… ah, si, si, su mascota—se apretó más el aparato contra la oreja intentando escuchar mejor, pero la señal era pésima, así que salió el auto para ver si mejoraba.
—Que oportuno—murmuró el pelirrojo acomodándose sobre su asiento y recostó la espalda apoyando la nuca contra el respaldo.
—¡¿Cómo?!—gritó Hermione tras unos minutos provocando que Ron se incorporara alerta—No, no, si entiendo la situación… ¿En qué estaba pensando?—aquella frase le dio mala espina, pero cuando se decidió a salir para ver que ocurría la puerta del conductor se abrió y una muy alterada Hermione abordó.
—Maldición—musitó dejando caer su espalda sobre el respaldo de su asiento.
—Bueno, la cosa va muy mal—pensó Ron sorprendido de que aquella palabra hubiese salido de los labios de Hermione. Es decir, la había escuchado maldecir antes, pero normalmente estaban desnudos y él se encontraba en su interior apunto de llevarla al orgasmo. Esta situación era nueva.
—¿Paso algo malo?—preguntó.
La castaña suspiró profundamente antes de responder.
—No tienes ni la menor idea—el tono mortificado que envolvía su voz tomó a Ron desprevenido.
—¿Puedo hacer algo para ayudarte?
Hermione giró el rostro hacia a él mirándolo con algo de reticencia.
—Contactar a tu hermano Charlie lo antes posible.
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Harry revisó una vez más su reloj corroborando la hora y bufó con fastidio.
Ahora resultaba que iba a tener que esperar hasta que su majestad decidiera aparecerse. Se dejó resbalar enfurruñado sobre su silla y se cruzó los brazos.
Aún no sabía cómo se las iba a ingeniar para lidiar con ésta situación. La suerte había corrido de su lado los días anteriores debido a que la situación entorno al amparo que el club de las Holyhead Harpies había sometido a juicio estaba bloqueando las actividades, pero muy en el fondo sabía que aquello no duraría para siempre y ya había probado lo que era compartir la misma oficina con ella.
Se llevó una mano al cabello y se lo revolvió intranquilo.
Su sola presencia lo corrompía.
Un par de golpes en la puerta pidiendo permiso para entrar rompieron con el hilo de pensamientos.
—Potter, te buscan en conciliación—anunció Mathews.
—Voy para allá, gracias.
El hombre desapareció tras la puerta antes de que Harry se pusiera de pie.
—Que habrás hecho ahora—pensó mientras se acomodaba la túnica, suponiendo la razón por la que lo llamaban.
Salió de su oficina sin muchas ganas de llegar a su destino, pero a medio camino alguien lo llamó deteniendo su trayecto.
—¿Llevas prisa?—preguntó Cho cuando volteó hacia ella.
—Si, pero nada de qué preocuparse—respondió Harry mecánicamente, era la primera vez que se encontraban después del incidente en la sala multiusos y casi se podía palpar la incomodidad que llenaba el ambiente—voy a conciliación.
—Está en mi camino, si quieres te acompaño para hacer más ameno el recorrido—ofreció luciendo extrañamente aliviada; Harry supuso que se debía a que no iba a tener que caminar sola.
—Me parece bien—accedió sintiéndose un poco más tranquilo ante el pensamiento de que tal vez Cho ya se hubiera olvidado del asunto.
La joven se adelantó para emparejarse.
—¿Mucho trabajo?—le preguntó al parecer intentando iniciar una plática cuando reanudaron la marcha.
Harry simplemente se limitó a encoger los hombros con un gesto vago. No encontraba el tema del papeleo de la sentencia de Ginny particularmente cautivador como para hablar todo el trayecto de él.
—¿Y tú?—preguntó devolviendo el gesto. Cho pareció apreciarlo porque respondió un poco más relajada.
—Lo rusos continúan dándonos algunas dificultades…—Harry no puso mucha atención a los siguientes datos; ya había escuchado antes la información, así que simplemente se limitó a asentir cuando lo consideraba oportuno y a agregar a momentos algunas frases escuetas.
Cuando estaban a unos pasos de llegar a la puerta de conciliación Cho se detuvo y lo encaró. Fue un gesto tan espontáneo que Harry casi pegó un salto atrás.
La joven lo miró directamente a lo ojos y posó una mano en su hombro.
—¿Estás bien?—preguntó provocando que Harry se sintiera repentinamente entumecido.
—Ehm… no sé a que…—balbuceó nervioso.
—El otro día que te vi en la sala multiusos lucías bastante mal—dijo Cho sin rodeos. Harry sintió como las entrañas se comprimían en su interior. Era con la última persona con la que quería hablar de ese tema.
Apartó la mirada rehuyéndole.
—¿Tiene algo que ver con el asunto complicado por el que me rechazaste?—insistió Cho.
—¡Potter, ahí estás!—dijo la voz de la auror Mitchel salvándolo de tener que responder—estaba a punto de mandar de nuevo a buscarte.
—Te veo luego—dijo Cho a manera de despedida y retiró la mano de su hombro para continuar su camino dejando a Harry intranquilo. Sabía que aquello no iba a terminar ahí.
—¿Vas a pasar?—preguntó la auror Mitchel llamando su atención una vez más.
El moreno se disculpó de modo apresurado y se dirigió a hacia el interior de la oficina.
—¡Nos la volvió a hacer!—explotó la mujer tan pronto cerró de un portazo—¡Una vez más Weasley se salió con la suya!
Harry se giró hacia la auror Mitchel mirándola sin comprender.
—¿Aprobaron su amparo?—preguntó de manera tentativa.
—¡JA!—bramó la jefa de conciliación de manera sarcástica—¿Qué si aprobaron su amparo?—de un movimiento brusco aporreó sobre su escritorio lo que parecía ser un ejemplar del profeta—¡lo único que les faltó fue quemar en una plaza pública su historial delictivo y darle una orden de Merlín!
Harry se inclinó para poder ver mejor el periódico.
—¡Los estúpidos reporteros cerebro de estiércol persiguieron a la princesita adorada del quidditch por una de las avenidas más transitadas del Londres muggle!—escupió la auror Mitchel dejándose caer sobre su asiento al otro lado del escritorio—¡Y ahora no va a poder llevar a cabo ninguna clase de servicio social!
—¿Cómo?—preguntó Harry sorprendido.
—Así es, como su valiosísima persona corre peligro, los abogados de las Harpies lograron que su sentencia se cambiara y ahora simplemente se va a encargar de acomodar archivo muerto; claro, siempre y cuando su alteza no tenga entrenamiento por las tardes.
—¿Y qué va a pasar con los días que tiene entrenamiento?
La auror Mitchel sacó unos pergaminos del cajón de su escritorio y se los entregó a Harry.
—Vas a tener que alcanzarle los papeles para corroborar que sea así y que ella te firme sus horas.
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—Listo, ahora solo falta esperar a que responda—informó Ron entrando a la pequeña oficina que estaba en el segundo piso de la tienda de bromas.
—¿Crees que se tarde mucho?—preguntó Hermione preocupada.
Las entrañas de Ron se encogieron ante este gesto.
—Pues depende de cuanto tarde la lechuza en llegar hasta ahí—respondió sentándose en la silla que estaba junto a ella.
—Seguramente van a ser horas—dijo mortificada y se llevó las yemas de los dedos a las sienes—si alguien descubre que Hagrid está guardando un dragón en los terrenos de la escuela pueden echarlo, y a Neville también por encubrirlo.
—Bueno, tranquila, eso no va a pasar. Tal vez mañana ya Charlie esté ahí.
—Pero aun así yo también tengo que estar ahí para resolver el papeleo del traslado—dijo la castaña poniéndose de pie—en momentos como éste realmente aborrezco a Ginny y a su fiesta.
—Si necesitas una chimenea podemos utilizar la de la tienda de bromas, está conectada a la sucursal de Zonko, en Hogsmeade.
—¿Me harías ese favor?
Ron sintió sus orejas calentarse por la expresión de alivio en el rostro de Hermione.
—Claro—respondió incómodo.
—Entonces cuanto antes mejor.
El pelirrojo asintió y se dirigió al escritorio mientras Hermione se adelantaba hacia la chimenea.
—Esto tiene que ser una broma—pensó la castaña cuando se giró hacia donde él estaba y se lo encontró colocándose una de sus famosas sudaderas azules.
—El clima de Escocia no me da confianza—explicó Ron rodeando el escritorio para aproximarse.
Hermione siguió su recorrido con la mirada hasta que lo observó tomar un puñado de polvos flu de una pequeña maceta ubicada en una repisa encima de la chimenea y pensó en que parecían haber pasado siglos desde la última vez que lo había visto correr por su cuadra con aquella indecente prenda.
—Nos dirigimos a Zonko—le dijo ajeno a sus cavilaciones cuando se colocó en posición para soltar los polvos—te veo ahí.
Y acto seguido abrió el puño para que su cuerpo se cubriera de intensas llamas verdes que lo consumieron hasta que desapareció.
—Es una emergencia—se recordó reprimiendo las situaciones que en innumerables ocasiones había recreado su mente con aquella sudadera e imitando el proceso que Ron había seguido momentos antes se colocó en la chimenea para dejarse envolver en la llamarada verde; lo siguiente que supo era que se encontraba en medio de una cortina de humo en medio de un cuarto en penumbras.
—Pisa con cuidado—advirtió Ron tomándola de la mano para guiarla fuera de la chimenea.
—Creí que dijiste que era la otra sucursal—dijo apartando el polvo de su rostro con la mano.
—Si, pero aún está en remodelación—explicó el pelirrojo y acto seguido ondeó la varita para disipar la polvareda permitiéndole a Hermione apreciar que aquel lugar era una réplica casi exacta de la oficina en la que momentos antes habían estado.
—Supongo que quieres ponerte en camino—dijo Ron llamando su atención.
—Si, si; hay que llegar al castillo lo antes posible —respondió algo atolondrada cuando sus ojos se posaron en él y recordó que aquella sudadera azul viajaba con ellos.
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—Es trabajo—se dijo inspirando profundo para reunir aplomo ya que el sentimiento de anticipación comenzaba a ocasionarle problemas para respirar. Hacía mucho tiempo que no estaba en un estadio de Quidditch y jamás imaginó que volviera a pisar uno en su vida.
Resopló alejando los pensamientos que comenzaban a inundar su mente. Lo último que le hacia falta era romperse justo aquí y en este momento.
La luz al final del pasillo proyectaba un enorme rectángulo alargado en el suelo y conforme se iba acercando a esa zona pudo apreciar a un par de figuras cruzar a toda velocidad provocando que su corazón diera un vuelco antes de comenzar a palpitar con brusquedad. Apretó los puños para obligarse a continuar; no había recorrido la ciudad de un lado al otro para nada.
Apenas dio un paso fuera del túnel la voz amplificada (muy probablemente debido a un sonorus) de un hombre corpulento que estaba a unos cuantos metros de él llenaron el ambiente.
—¡Thompson! ¡Stuart! ¡Bloquéenla!—ordenaba impaciente señalando hacia un punto a su izquierda. Harry siguió con la mirada el lugar que el hombre había indicado e inmediatamente reconoció la furiosa mata de cabello rojo fuego que volaba por el medio campo hacia los postes de gol. Un par de mujeres se alinearon a toda velocidad intentando alcanzarla, pero con una acelerada impresionante Ginny llevó la escoba un metro hacia abajo haciendo una finta para quitarse a los bloqueos de encima y después dio un par de giros sobre su eje evitando una bludger que iba directo a ella.
—¡Estoy sola!—gritó una muchacha que estaba muy cerca del área de anotación, sin embargo la pelirroja continuó su recorrido dirigiéndose con la velocidad de un misil hacia la joven morena que estaba plantada frente a los aros de gol, al parecer intentando medir el mejor momento para atacar.
—¡Con un demonio Weasley! ¡Wright está desbloqueada!—gritó el entrenador justo en el momento en que la guardiana arremetió contra Ginny. La pelirroja simplemente tomó la quaffle con una sola mano y de un brusco giro alineó su escoba en una posición horizontal, paralela a los aros de gol, para lanzar al que estaba ubicado justo al otro extremo de la capitana.
El hombre, al que Harry ahora pudo reconocer como el entrenador al que había visto en el holograma de la terminal de trasladores, resopló una grosería y se llevó la mano hacia el bigote para cepillárselo con impaciencia.
—¡De nuevo!—gritó la guardiana a la que recién había anotado el tanto Ginny. La pelirroja giró de forma insolente y voló directo a su posición justo en medio del campo. Las otras jugadoras se alinearon detrás de ella, pero nadie se atrevió a decir nada del reciente tanto.
La guardiana arrojó la quaffle hacia una de las cazadoras a su izquierda y Harry vio que las otras dos se colocaban ligeramente por debajo de ella. Por un momento el moreno contempló la posibilidad de que la vista lo engañara debido a la distancia a la que se encontraban, pero Ginny también pareció notarlo porque echó una mirada hacia una y otra de las jugadoras que la flanqueaban. La cazadora en posesión de la quaffle se inclinó ligeramente hacia delante y sin previo aviso aceleró estampándose contra Ginny. La cazadora del equipo de la pelirroja dio un peligroso giro invertido y embistió contra la jugadora que ahora se encaminaba a los postes de gol sorteando entre el fuego cruzado de las blugers. Harry se sorprendió al notar que esa jugadora era quien ahora llevaba la quaffle y fue poco lo que le faltó para aplaudir como un fanático enardecido cuando Ginny ascendió de la nada robándole la pelota de las manos para inmediatamente mandarla hacia su otra compañera que intentaba escapar de la jugadora que la bloqueaba. Con una pirueta impresionante la cazadora del equipo de la pelirroja recibió el pase al vuelo para inmediatamente lanzarla hacia el otro extremo donde su otra compañera la esperaba.
—¡Bloqueen a Weasley!—volvió a gritar el entrenador, y fue justo en ese momento en el que Harry notó que a ras del suelo la pelirroja serpenteaba esquivando las bludgers de las golpeadoras del equipo contrario.
—¿Qué planea?—pensó Harry intrigado, sólo para un segundo después recibir la respuesta cuando la quaffle volaba libre hacia los postes de gol en un claro mal calculo de distancias. El balón de madera estaba casi en las manos de la guardiana cuando de la nada el pie de Ginny impactó contra la quaffle haciéndola subir unos metros justo para que la tal Wright le diera un puñetazo que la mandó al interior del aro central.
—¡Con una mierda!—gritó rabiando la guardiana.
—¡Cuida tu vocabulario Snow!—le reprendió el entrenador, aunque en esta ocasión Harry notó que lucía complacido—desciendan, se terminó la práctica.
Las figuras en el aire relajaron la posición sobre sus escobas y, entre comentarios de las jugadas y bromas, comenzaron a descender. Ginny fue la única que descendió casi en picada, sin dirigirle la palabra a nadie y desmontó de inmediato tan pronto estuvo en contacto con el pasto.
—¡Weasley, te buscan!—anunció el entrenador haciendo a Harry sobresaltar cuando la mirada intrigada de Ginny se posó sobre él—¿Vienes por ella no es así auror?—dijo el hombre sonriendo—¿Qué hizo esta vez?
—No puedo dar esa información—respondió el moreno de manera formal y elevó la mirada hacia los postes de gol evitando mirar más de lo debido las entalladas mallas de entrenamiento que cubrían las bien marcadas curvas de la mujer de sus pesadillas.
—Potter, ¿A qué debo el honor?—dijo la pelirroja con sarcasmo cuando estuvo lo suficientemente cerca.
—Asuntos oficiales—dijo Harry cortante. La pelirroja apretó los labios en una mueca mordaz que pretendía aparentar impresión.
—Bueno auror, soy toda oídos—se burló.
—Debe ser en privado—informó y pudo ver claramente cómo una sonrisa cínica tiró de la comisura de sus labios.
—Claro—dijo llevándose la escoba al hombro y se adelantó hacia el pasillo por el que media hora antes Harry había ingresado al campo.
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—Por aquí—le indicó Ron dirigiéndose hacia la única puerta por cuyos cristales se colaba la luz tenue del atardecer que bañaba una pequeña área del piso inferior del local que no estaba cubierta por cajas de envío y estanterías estibadas contra las paredes.
—¿Es tuyo?—preguntó la castaña cuando salieron del establecimiento y se encontró con aquel automóvil azul turquesa estacionado justo en la entrada.
—No, es de mi papá—aclaró él abriendo la puerta del copiloto para indicarle que abordara—está obsesionado con los Ford Anglia del 67'.
Hermione echó un vistazo al interior maravillada de lo bien cuidado que estaba para tratarse de un clásico que dejó de manufacturarse unos treinta años atrás. Estiró la mano para tocar el tablero.
—Abstente de hacer eso cuando lo encienda—advirtió Ron cuando se sentó en el asiento del conductor—tiene muy mal carácter.
La castaña lo miró sorprendida.
—¿Está hechizado?
—Es por eso que sólo lo utilizamos aquí—dijo Ron a manera de respuesta y entonces procedió a girar el contacto de la llave.
—¿Y qué es lo que hace?—preguntó intrigada.
El pelirrojo metió la velocidad antes de responder.
—Papá le instaló un mecanismo de invisibilidad porque se supone que la quinta velocidad lo hace volar.
—¿Y vuela?—preguntó Hermione mirando el parabrisas fascinada.
—Aún no está perfeccionado, así que opto por no arriesgarme.
—Oh—soltó la castaña sonando como una pequeña desilusionada.
Aquella reacción hizo que en el interior de Ron se despertara un sentimiento cálido y sin poder evitarlo una sonrisa idiota se abrió paso en su rostro. Pero solo duró un instante porque Hermione lo miró de reojo, aparentemente consciente de su mirada, y se enderezó en su asiento recobrando la compostura.
—¿No podrías ser más endemoniadamente obvio?— se regañó Ron internamente y regresó la atención al frente para iniciar con el trayecto.
Cuando llegaron al colegio, Hermione se dirigió inmediatamente a la oficina de Neville. Ron, que le había seguido el paso con relativa facilidad debido a que sus piernas eran varios centímetros más largas, entró tras ella y cerró la puerta.
—¿Cómo está Hagrid?—preguntó Hermione preocupada después de abrazar a su amigo.
—Bien, madam Pomfrey se encargó de la quemadura de su trasero, aunque fue difícil evadir su interrogatorio; Hagrid estuvo a un paso de revelar lo que realmente ocurrió.
La castaña se llevó una mano a la frente.
—¿Y el dragón?
—Norberto—corrigió Neville con un tonillo sarcástico—está encadenado en el bosque prohibido; tuve que convencer a un par de clientes del bar de Hannah a que me ayudaran con el traslado. Mcgonagall está furiosa.
—¿Ya lo sabe?—preguntó Hermione mortificada.
—Obviamente—respondió el castaño molesto.
—¿Y qué dijo?
—Que quiere hablar contigo tan pronto llegues, así que creo que lo mejor será que te vayas poniendo en camino.
Hermione asintió al parecer no muy emocionada por ver de nuevo a la directora bajo estas circunstancias.
—Disculpa, pero te voy a tener que dejar un momento—dijo dirigiéndose a Ron.
—No te preocupes, ve a ver a la directora y yo te espero aquí—aseguró él con tono tranquilizador.
—Gracias—dijo la castaña antes de dar la media vuelta y encaminarse a la puerta.
Tan pronto como Hermione abandonó la oficina Neville se recargó sobre el borde de su escritorio y se cruzó los brazos mirando a Ron con un gesto inquisitorial.
—Supongo que Hannah ya habló contigo—dijo el pelirrojo con culpabilidad.
—¿Tú crees?—soltó Neville ácidamente.
—El plan no era que Hagrid lo adoptara—se excusó—no sé cómo demonios se topó con él…
—¡Es un maldito dragón! ¡¿Tú cómo crees que se topó con él?!—explotó el castaño.
—No, era un maldito huevo, te juro que era un maldito huevo.
—Oh, si, claro, ¡un maldito huevo que chilla, vuela y tira fuego!
Ron se rascó la nuca contrariado.
—Supongo que Hagrid debe haberlo encubado.
—¡Por supuesto que lo encubó!—exclamó Neville—¡Es exactamente lo mismo que haber dejado a uno de primero encerrado en Honeydukes por una semana y sorprenderse de que le dé un coma diabético!
—Diablos, te juro que no pensé que algo así ocurriera—dijo Ron golpeando ligeramente una de sus palmas con el puño en un gesto nervioso—bueno, en realidad no estaba pensando muy claro cuando lo hice… yo, ehm…solo quería un poco de tiempo con Hermione.
Neville lo miró con el rostro desencajado.
—Todo esto…
—No tiene nada que ver con sexo—se apresuró a explicar. Por el tono del castaño estaba seguro que si lo dejaba continuar con su conclusión toda su descendencia peligraba.
—Por tu bien espero que no—amenazó mirándolo con desconfianza.
Ron tragó sonoramente y agachó la cabeza en un gesto que sorprendió mucho al castaño debido a que no encajaba para nada en la imagen de macho alfa que proyectaba.
—No, no—balbuceó incómodo—en realidad quiero pasar tiempo con ella… uhm… fuera de la alcoba.
Aquella respuesta tomó a Neville desprevenido. Hannah le había comentado algo de esto, pero escucharlo en vivo y en directo era otra cosa totalmente diferente.
—Vaya forma de comprarte tiempo—opinó el castaño inseguro de si quería continuar escuchando.
—Estoy desesperado—dijo Ron encogiéndose los hombros en un gesto mas bien avergonzado—vi una buena oportunidad cuando le reportaron el huevo a mi hermano.
—¿Y cómo diablos te las ingeniaste para convencerlo de hacer semejante estupidez?
El pelirrojo levantó el rostro confundido por la pregunta.
—Es mi hermano, sabe que no le estaría pidiendo algo así a menos que en realidad se tratara de algo importante.
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Caminaron un tramo largo antes de que la pelirroja se detuviera frente a una puerta y la abriera indicándole de mala forma que pasara.
—¿Ahora si me vas a decir a qué debo el honor?—preguntó sin abandonar el sarcasmo mientras cerraba la puerta tras ella. Harry respiró profundo contando hasta veinte.
—Vengo para que firmes tus horas—le dijo sin rodeos. La pelirroja levantó las cejas con interés.
—¿Ah si? ¿Y cómo es que un burócrata déspota y opresor como tú se dignó a viajar hasta aquí?—Harry rodó los ojos con fastidio y acomodó los papeles sobre la mesa.
—No tengo tiempo para tus niñerías, da gracias a que tu amparo se aprobó y no vamos a tener que soportarnos más de lo necesario, así que firma.
Ginny lo miró honestamente confundida.
—¿Mi amparo se aprobó?
Harry levantó la mirada un poco exasperado.
—¿Vamos a seguir jugando a que te haces la que no sabía o vas a firmar?
—¿Watson sobornó al incorruptible Ministerio?—inquirió con una sonrisa divertida.
—Entonces realmente no sabías—suspiró Harry con resignación.
—Le voy a tener que dar un aumento—bromeó la pelirroja dejando su escoba apoyada contra el escritorio para quitarse los guantes protectores.
—Tu representante no sobornó al Ministerio—aclaró el moreno tachando la conclusión de absurda—el amparo lo aprobaron porque tus abogados alegaron que tu persona corría peligro por el tumulto que ocasionaron los reporteros esta mañana; situación que, por cierto, muy hábilmente publicaron en todos los medio antes de llegar al tribunal. Ahora tu sentencia se cambió y vas a tener que cumplir tus horas acomodando el archivo muerto del ministerio.
Por alguna razón la noticia pareció caerle a la pelirroja como una patada en el hígado.
—¿Y entonces tú que demonios haces aquí?—preguntó de manera seria.
—A menos que tengas entrenamiento—agregó—en ese caso debo venir a supervisar que sea cierto. Ahora, firma.
—Genial—dijo Ginny sin pizca del humor que la acompañaba al principio y tomó por fin la pluma para firmar el pergamino.
De manera instintiva Harry dio un paso a su costado para cortar con todo contacto y se cruzó de brazos para esperar a que terminara. Después de estampar su firma Ginny se incorporó y le devolvió la pluma sin hacer comentario alguno.
—Mañana debes presentarte al ministerio—informó Harry antes de recoger el documento.
—Esta bien—dijo la pelirroja agarrando su escoba y sus protectores para dirigirse a la puerta—si no queda nada más que tratar supongo que ya me puedo ir—agregó abriendo, pero tan pronto dio un paso fuera de la habitación saltó de regreso y cerró de un portazo soltando una maldición.
—¿Qué paso?—preguntó Harry sorprendido por su reacción.
Ella hizo una mueca de desagrado antes de responder.
—Hay un grupo de reporteros en el pasillo.
—Lo que me faltaba—dijo para sí el moreno ácidamente.
—¿Algún inconveniente?—preguntó Ginny picada evidenciando que había dicho aquello más alto de lo que había pensado. Grandioso, justo ahora que estaban encerrados en aquella diminuta oficina le iba a dar armas para que se aprovechara de lo incómodo que lo ponía.
—Bien Potter, con esto le vas a demostrar lo superado que está el asunto—pensó molesto consigo mismo y se irguió dispuesto a salvar la situación lo mejor que pudiera.
—Bueno, que esto no debería resultar sorprendente tratándose de la reina del escándalo.
El brillo peligroso que cruzó por los ojos de Ginny le indicó que aquella línea definitivamente no había sido la más inteligente de sus ideas.
—Vaya Potter, quien te viera ahora tan digno ¿Tan pronto se te olvidó cómo te andabas revolcando conmigo en la alacena de tu casa?
El rostro de Harry se tornó serio e incómodo. La pelirroja sin embargo, se relamió aquella pequeña victoria y se preparó para estacar una vez más.
—¿Qué pasa muñequito? ¿Te da miedo de que se enteren que perdiste tu virginidad con 'la reina del escándalo'?
El moreno apretó la mandíbula mirándola con reproche.
—¿Por cuánto tiempo más vas a seguir torturándome con eso?—masculló.
—Lo dices como si no te murieras de ganas de repetirlo—replicó Ginny con un gesto soberbio.
—Tengo la suficiente dignidad como para ir a cometer la misma estupidez—espetó sonando sorprendentemente parecido a un chiquillo despechado.
Ginny curvó los labios en una mueca insolente y en un rápido y sorpresivo movimiento lo jaló de la corbata y comenzó a devorarle los labios tomándolo completamente con la guardia baja. Los labios de Harry tomaron voluntad propia para comenzar a corresponder de manera descontrolada, iniciando un violento intercambio mientras sus manos se aferraban a la espalda femenina apretándola más contra sí. No sabía si se debía al corrosivo deseo que palpitaba salvaje a través de sus venas o a la enfermiza manera que tenía Ginny de deshacerlo de aquella forma, pero en ese preciso momento su cerebro se había pagado dando paso a una versión de sí mismo que desconocía.
Con un brusco empujón la pelirroja lo apartó lo suficiente para mirarlo con ferocidad mientras con ambas manos se encargaba de arrancarle la camisa rompiéndole todos los botones. Un deseo corrosivo golpeó a Harry provocando no midiera su fuerza cuando la tomó de la cintura y la levantó del suelo para la colocarla contra la superficie del escritorio antes de abalanzarse nuevamente contra su boca.
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Ron estiró los pies con pereza y apoyó las manos en el suelo de cantera de las escaleras en las que estaba sentado. Había logrado su propósito, y diablos, cómo lo había hecho. Ahora el problema era que no sabía cómo demonios iba hacerle para mirar a Hermione a la cara sin sentirse como una sucia rata que le estaba arruinando la vida a una de las persona que más quería.
Exhaló largamente y miró hacia el cielo estrellado recordando la cara de preocupación que invadía el rostro comúnmente serio y sereno de Hermione desde que se enteró del asunto del dragón. La única vez que la había visto tan agobiada había sido aquella vez que se enteró del divorcio de sus padres.
Este pensamiento sólo lo hizo sentir peor.
Era increíble la cantidad de problemas que le había ocasionado sólo por el endemoniado deseo egoísta y estúpido de obligarla a darle un poco de espacio en su apretada agenda.
—Todo sería mucho más fácil si ella realmente quisiera estar conmigo—pensó desanimado y de inmediato el enfermo sentimiento de inseguridad que llevaba casi un mes bloqueando comenzó a oprimirle el pecho.
—Luna tiene razón, te estas convirtiendo en una endemoniada niñita llorona.
Se levantó de un salto enojado consigo mismo y sacó el viejo mapa del merodeador que había tomado prestado de las cosas de Harry para echarle un vistazo. No iba a permitirse desaprovechar la oportunidad sólo porque sus métodos no fueran los más honestos del mundo. Después vería cómo lidiar con su conciencia. Abrió el pergamino y paseó la vista por la zona donde se encontraba la oficina de Neville, pero no había rastros ni de él ni de Hermione, así que revisó la oficina de la directora y después la cabaña de Hagrid nuevamente sin obtener éxito.
—¿Se habrán ido del castillo?—pensó repasando ahora los pasillos del castillo temiendo que iba a tener que viajar hasta Hogsmeade.
—Decidió quedarse a investigar algunos casos parecidos al de Norberto—dijo la voz de Neville haciéndolo levantar la mirada del mapa.
—¿Investigar?—preguntó Ron confundido y entonces sus ojos se posaron por inercia en la zona del mapa donde se hallaba la biblioteca provocando que su corazón diera un vuelco cuando el pequeño letrero con el nombre 'Hermione Granger' apareció estático en el interior del recinto.
—Voy a ir un momento a Hogsmeade para avisarle a Hannah que me quedo esta noche en el castillo—informó Neville consciente de que no le estaba prestando mucha atención.
El pelirrojo parpadeó un par de veces antes de caer en cuenta de que aquello era real y sin poder hacer nada más que asentir anémicamente a lo que sea que el castaño hubiera dicho, mal dobló el viejo pergamino para guardárselo en la bolsa trasera del pantalón de mezclilla y se puso en marcha hacia su destino.
—Espero no estarme equivocando—suspiró Neville para sí mirando con cierta preocupación la espalda de Ron mientras se perdía entre las sombras del pasillo.
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—Merlín—musitaba el pelirrojo una y otra vez mientras atravesaba los pasillos sintiendo como el corazón le palpitaba con furia retumbándole en la garganta y en las sienes. Si no fuera porque estaba completamente seguro de que el asunto era real, podría jurar que se trataba del efecto de hongos alucinógenos. Por un instante el temor a lo que pudiera ocurrir cuando llegara y la viera ahí lo detuvo a mitad del camino.
¿Qué iba a hacer? ¿Correr hacia ella como hacían en esas endemoniadas películas muggles que Luna lo obligaba a ver y besarla como si no hubiera mañana mientras le declaraba su amor eterno? ¿Y que tal si ella le pedía que se fuera porque necesitaba trabajar? A fin de cuentas era por eso que se había quedado, porque necesitaba investigar cosas relacionadas con el problema que él mismo le había ocasionado. Se pasó una mano por la boca con impaciencia ya que estaba seguro que si eso ocurría no iba a ser capaz de ocultar su decepción, y para lo salado que estaba las probabilidades de que esa situación se diera eran altas.
—Entonces vas a tener que amarrarte las malditas bolas y aguantarte—se dijo de forma testaruda y con el corazón en la mano salvó los metros que le faltaban mientras contenía la respiración para no comenzar a hiperventilar como una condenada niñita histérica cuando dio un paso dentro de la biblioteca. No tuvo que pasar la mirada por el lugar para saber donde estaba Hermione: su mesa preferida era aquella que durante el día tenía la mejor iluminación debido a un enorme ventanal que se encontraba justo en ese punto. Caminó entre las mesas con las manos temblándole debido al extraño vértigo que comenzaba a invadirle y se dirigió hacia las estanterías que se encontraban al fondo de la sección de consulta principal. Sin detenerse a revisar la letra de los apartados atravesó varias estanterías hasta que por fin dio con unas mesas ocultas entre la sección de historia de la magia y la sección de hechicería.
—Brillante Ronald, eres un puto genio—se reprochó contemplando con decepción las mesas vacías—¿Qué esperabas? ¿Que después de todo este-
—¿Ron?
El pelirrojo pegó un salto e inmediatamente se giró hacia su costado para encontrarse con la figura de Hermione cargando una pila de libros en brazos.
Sin poder evitarlo una enorme sonrisa se extendió por su rostro.
—Estás aquí—le dijo extasiado.
Hermione le dedicó una mirada incómoda antes de responder de forma cautelosa.
—Eso parece.
Ante este gesto el pelirrojo se golpeó internamente y se obligó a borrar su sonrisa bobalicona. Lo último que quería era que ella saliera corriendo del lugar porque él no era capaz de controlar sus malditas hormonas revolucionadas.
—Neville me dijo que estabas aquí—comentó para disipar un poco lo incómodo del momento y se adelantó para ayudarla con los libros que traía en brazos.
—Gracias—dijo ella claramente evitando mirarlo—en realidad le pedí que si te veía por el pueblo te dijera que me voy a quedar en el castillo, como ya no te vi cuando salí de la enfermería—explicó mientras tomaba asiento.
—¿Y cómo estuvo la junta?—preguntó Ron dejando los libros sobre la mesa antes de ocupar el lugar que estaba junto a ella que al acto cuadró los hombros de manera tensa e inmediatamente tomó uno de los libros de la pila que recién había traído.
—Obviamente no está feliz con la situación—respondió comenzando a pasar las páginas—y no es para menos. Lo que Hagrid hizo es terrible, mira que traer un dragón a los terrenos del colegio.
Un remordimiento asesino hizo que las entrañas de Ron se encogieran.
—¿Van a despedirlo?—preguntó sintiéndose la peor de las porquerías.
Hermione lo miró sorprendida por su pregunta.
—Claro que no, la profesora Mcgonagall sabe que Hagrid no lo hizo con ninguna mala intención y yo me voy a encargar de dejarlo en claro en el acta—aseguró con un gesto de fiera determinación que provocó que una ola de alivio y orgullo se entremezclaran en el interior del pelirrojo.
—Es por eso que estas investigando—concluyó más para sí que para ella—para asegurarte de proteger a Hagrid.
El comentario hizo a Hermione ruborizarse.
—Bueno, si, y no le veo nada de malo—replicó a la defensiva mientras fingía centrar su atención en el texto que tenía en frente.
Ron sonrió ante su reacción y apoyó un brazo sobre la mesa inclinándose ligeramente hacia ella.
—¿Por qué tú y yo nunca podemos tener una conversación civilizada?
—¿Conversación civilizada?—repitió Hermione levantando la vista de su lectura para mirarlo con una expresión descolocada.
—Bueno, nos vemos desde hace dos meses y por lo poco que sé de ti bien podrías ser una psicópata—explicó encogiéndose los hombros con aire casual.
—No soy una psicópata—replicó Hermione sonriendo ante lo absurdo del comentario—además, creo que en todo caso yo debería estar más preocupada ¿llevas la cuenta del tiempo que hemos estado viéndonos?
A Ron se le congeló la sonrisa mientras comenzaba a barajar las posibilidades de hechizarse por ser tan endemoniadamente imbécil.
—¿Yo?—dijo con un gesto de fingida petulancia y bufó de manera sobreactuada en un intento desesperado por tachar sus suposiciones de absurdas.
—Merlín, si llevas la cuenta—concluyó la castaña riendo abiertamente.
Sin poder evitarlo Ron sonrió también dejándose contagiar por su repentino buen humor.
Entonces su traidor estómago decidió hacer acto de presencia con un feroz gruñido que exigía alimento.
—Diablos—masculló avergonzado provocando que a Hermione se le escapara una risa estrangulada.
—L-Lo lamento—se disculpó luchando por reprimir la sonrisa que tiraba de sus labios—¿Por qué no comiste a la hora de la cena? A esta hora no vas a conseguir nada.
El pelirrojo se encogió los hombros restándole importancia.
—Sólo pasaré por las cocinas.
—¿Sabes cómo entrar a las cocinas?—preguntó Hermione asombrada.
—No me digas que nunca has estado ahí—dijo él con una sonrisa incrédula que provocó que un leve rubor se expendiera por las mejillas de la castaña.
—Está prohibido ir a las cocinas—se defendió.
—Corrección, estaba prohibido: tú ya no estudias aquí—le dijo con una sonrisa traviesa.
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Hola de nuevo. Sé que han pasado casi tres meses desde mi última actualización, pero definitivamente creo que en casos tan extremos como el mío podría llegar a aplicar aquella misericordiosa frase que dice mas vale tarde que nunca...
bueno, o al menos tengo la esperanza de que así sea :D.
Nuevamente quiero agradecer enormemente a todos aquellos lectores que siempre se dan un momento para seguir comentando a pesar de mis terribles retrasos con las actualizaciones, y también a quienes a pesar de no dejar un review siempre están pendientes del proceso del fic. Juro que en los últimos días (y madrugadas) eh pasado horas completas frente a la computadora intentando terminar con este capitulo lo más pronto posible y sé que muy probablemente no sea lo que se esperaban, pero necesitaban reacomodarse muchas cosas en la trama para que nos pudiéramos por fin encarrilar hacia la recta final.
No, no estoy diciendo que el fic ya se termina, pero estamos entrando a la zona en que todo va a comenzar desenmarañarse poco a poco.
No puedo negar que siento que el capitulo va a quedar a deber mucho, pero prometo hacer mi mejor esfuerzo para que los próximos sean mejores.
Les mando un enorme saludo, un caluroso abrazo y unos besitos no-rupertianos (por la integridad emocional de mi estimada Gaby-guest).
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En la actualización anterior dije que iba a responder reviews de aquellas personas que no tuvieran cuenta, pero por desgracia el tiempo simplemente no jugó a mi favor, pero quiero que sepan que siempre aprecio mucho todos sus comentarios y aunque a veces se me pase responder, siempre les tengo en cuenta.
Marissa:
Hola buena lectora :D
Antes que nada me disculpo por la horrible persona que soy, ya que debí responder a este review en la actualización pasada y por azares del destino el tiempo jugó en mi contra :C.
En fin.
Bienvenida a este humilde panel de reviews :D y agradezco que te hayas dado tiempo de leer todos los capitulos de la historia seguidos, incluso me diste mis cinco minutos milky way en mi nube personal de ponys y pelirrojos cuando leí esa línea :D es muy halagador que la historia te haya atrapado a ese grado.
En cuanto a Hermione y su resistencia a la máquina del amor Weasley... bueno, sólo te puedo decir que ahí hay heridas profundas que no han sanado del todo... pero Ron poco a poco va a ir ganándose su espacio, eso tenlo por seguro.
Te mando un enorme saludo y espero tener la oportunidad de leerte de nuevo por aquí.
pirilu:
Solo una palabra: GRACIAS :D
Inmaru: Muchísimas gracias por tu apoyo, en verdad me hace sentir muy mal no poder actualizar al ritmo de antes, pero el fic continuará hasta que llegue el capítulo final, lo prometo.
Te mando un enorme saludo y espero poder seguirte leyendo por aquí.
Guest (GABY): hombre, a una se le suben los colores al rostro cuando lee reviews como el tuyo mi querida guest.
Primero que nada de verdad me disculpo por el horrible sentimiento de frustración que mi falta de actualizaciones te provoca, me gustaría prometer que van a mejorar mis tiempos pero eso sería dar falsas esperanzas, así que sólo queda esperar a que las estrellas se aliñen más seguido para que mis tiempos de descanso se mutipliquen :D.
Aunque sé que yo también debo tener un lugar en las sillas del infierno junto a mi estimada Hermione por tanta zumbada de oído que me ataca últimamente :D.
Y si, los besitos rupertianos regresaron en el capítulo anterior... Merlín, Gaby guest, ¿Qué te puedo decir? la carne es débil y a una se le escapa por cada poro el amor al hermoso cabellos de fuego. Pero amor es compartir, así que no me molesta compartir a mi hermoso pelirrojo mientras esperas mis actualizaciones de a cada lustro :P.
JAJAJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJAJJAJAJAJJAJA casi me matas de la risa con tus alucinaciones entre deshidratación y pelos de fuego en traje de bombero xD. En éste capítulo te quedé a deber el detalle del boxer porque no hubo cosa cachonda, pero prometo una descripción detallada con pelos y señas la próxima vez que la oportunidad se presente.
Bueno mi queridísima Gaby, tu review me hizo el día. Te mando muchísimos saludos, abrazos y besitos ruper... espera... borra eso... muchos... ehm... ¿Ositos cariñositos? para que resistas hasta mi próxima actualización.
CIAO.
P.D. lamento mucho lo que ocurrió con tu computadora, ¡ojalá al que se la robó le den hemorroides y se le revienten!
lukita:
Hola, antes que nada muchísimas gracias por tomarte la molestia de dejar un review en el panel, prometo que hiciste mi corazón saltar de alegría porque creí que a esas alturas lo único que iba a llegar a mi cuenta de eran maldiciones y bombas fétidas. Lo que me lleva al siguiente punto en la lista: disculparme por adelantado de toda la racha de actualizaciones que a últimas fechas se han convertido casi casi en una cada eclipse lunar... el trabajo me consume mucho más tiempo del que debería a últimas fechas y me impide ponerme al día con tanta regularidad como me gustaría, pero quiero que sepas que tengo el compromiso con todos los lectores de la historia de continuarla hasta el final... ejem... no importando cuanto tiempo me lleve :S.
Te mando un enorme saludo y espero que la actualización haya sido de tu agrado.
