Solo es Sexo
14
Relájate y disfruta
—¿Estas seguro que este es el camino?—preguntó Hermione por centésima vez mientras bajaban las escaleras y se adentraban aún más en el subsuelo del castillo.
—No tienes porqué susurrar, te juro que si algún prefecto nos descubre no va a pasar nada.
Hermione dejó salir un profundo suspiro.
—No puedo evitar sentir como si no debiéramos estar aquí.
Ron bufó divertido ante su expresión culposa.
—Haces ver la situación como si nos estuviéramos escabullendo a tener sexo a la oficina de Mcgonagall ¡ou!—se quejó cuando sintió el manotazo de la castaña en el hombro.
—No es gracioso, además me dieron permiso de quedarme para consultar material de la biblioteca, no para andar deambulando por ahí.
—Vamos, tú misma reconociste que necesitabas descansar porque sentías que estabas dando vueltas en círculos—rebatió aún sobándose y entonces se detuvo frente al cuadro de un frutero.
—¿Por qué nos detenemos?—preguntó Hermione nerviosa.
—Porque ya llegamos—respondió y estiró la mano para hacer cosquillas a una pera que se encontraba en la parte inferior del recipiente. La fruta comenzó a carcajearse ante la mirada fascinada de Hermione que de manera inconsciente dio un paso hacia adelante para observarla más de cerca.
Cuando estaba apunto de llorar de la risa, la pera se sacudió bruscamente y entonces se deformó para dar paso a una manija de bronce.
—La pera…—musitó Hermione encorvada a la altura del objeto. Ron posó la mano sobre la recién aparecida manija haciéndola sobresaltar.
—¿Te vas a quedar ahí o vas a venir conmigo?—bromeó ganándose una mirada algo áspera y abrió la puerta extendiendo la mano caballerosamente para invitarla a pasar primero.
La visión de aquel imponente lugar lleno de torres de cacerolas que se apilaban en las paredes, utensilios de cocina extendidos a lo largo de las cuatro enormes mesas que ocupaban todo el espacio central y las dos chimeneas que servían de calefacción para mantener la temperatura agradable lograron que Hermione se quedara pasmada mirando.
—¿Joven Weasley?—preguntó tímidamente un elfo de aspecto peculiar atrayendo la atención de la castaña.
—Dobby—saludó Ron sorprendiendo a Hermione cuando se encorvó a la altura del elfo para estrecharle la mano. La enorme cubre tetera que la pequeña criatura traía en la cabeza llegaba casi a cubrirle los enormes ojos y hacía que sus orejas se doblaran ligeramente hacia abajo—que bueno verte camaradilla, por cierto bonitos zapatos—elogió el pelirrojo haciendo referencia al par de botines rojos que calzaba.
—Dobby los rescató de un basurero del colegio—dijo el elfo luciendo halagado.
—Por cierto, Harry te envía saludos.
—¿El señor Harry Potter envió saludos a Dobby?—la emoción que se reflejó en el rostro del pequeño elfo hizo que Hermione se enterneciera.
—¡Con un demonio que si!—rió Ron enderezándose.
Dobby se acomodó la cubre tetera con un gesto jovial antes de preguntar.
—¿Y qué puede Dobby hacer por el joven Weasley y por su amiga?—la pregunta sorprendió a la castaña que hasta ese momento se había mantenido mirando embelesada la manera en la que Ron y el pequeño elfo interactuaban.
—¿Podrías por favor preparar un plato de lo más delicioso que hayas servido en la cena? Es que estamos celebrando la primera incursión de Hermione a las cocinas.
El elfo hizo una reverencia y se dirigió hacia la mesa. Al instante aparecieron cuatro elfos más para ayudarlo con su tarea.
—¿Te vas a sentar o te vas a quedar ahí de pie mirándolos trabajar como una acosadora?
Hermione parpadeó notando que lo que decía Ron era verdad y aceptó sentarse en la silla que le ofrecía.
—¿De donde lo conoces?—preguntó profundamente intrigada.
—¿A Dobby?—corroboró Ron—bueno, salvó una vez la vida de Harry y en agradecimiento él lo liberó porque sus amos lo trataban muy mal.
—Pero sólo el amo puede liberar a los elfos.
Ron se encogió los hombros restándole importancia.
—Bueno, nos las arreglamos para que así fuera.
Por la forma en la que había dicho aquello Hermione intuyó que no quería hablar de ello, así que no continuó indagando más sobre el tema y prefirió centrarse en el asunto que en realidad le importaba.
—¿Entonces le pagan por trabajar aquí?
—Un galeón a la semana—confirmó Ron—le estaban ofreciendo diez al mes pero consideró que no quería ser tan rico.
Aquel dato hizo a Hermione reír.
—Merlín, él es justo lo que necesito para comprobar que la ley es efectiva—comentó mirando a los elfos trabajar.
—Creí que ya se había aprobado—inquirió Ron extrañado.
—Si, de manera provisional, pero como se armo mucho revuelo a nivel internacional debido a las protestas en contra decidieron revocarla para someterla a una nueva consulta con el Wizengamot.
—Como si a las familias que poseen elfos domésticos realmente les afectara—refunfuñó el pelirrojo—¿Si quiera se molestaron en preguntarle a los elfos su opinión?
Aquel comentario tomó a Hermione desprevenida.
—Ehm… bueno, el problema es que los pocos casos de elfos que habíamos logrado reunir en realidad no se tratan de elfos libres, y sus amos les prohibieron tener contacto con nosotros.
—Entonces puedes pedirle ayuda a Dobby, él conoce a una comunidad de elfos libres al sur de Lituania que definitivamente no la está pasando nada bien con los trabajos que los fuerzan a realizar.
—¿Crees que accedería a colaborar con el ministerio?
Ron bufó como si su pregunta fuese absurda.
—Claro que si, Dobby es un miembro activo del grupo de apoyo y reincorporación que Luna dirige desde hace un par de años. Seguramente te ayuda encantado.
—Grandioso—dijo con entusiasmo, sin embargo la extraña alarma que le había provocado el nombre de la mujer que había mencionado le impidió disfrutarlo por completo.
—Dobby espera que todo sea del agrado del joven Weasley y de su amiga—dijo el elfo al momento que él y sus compañeros acomodaban varios platos llenos de comida de todo tipo sobre el espacio en la mesa que ellos ocupaban.
—Esto es demasiado—dijo Hermione mirando asombrada la exhibición culinaria frente a ella.
—Está bromeando—aclaró Ron ufano tomando el plato de pasteles de carne—toma algo—le susurró.
La castaña parpadeó confundida por la petición, pero ante la mirada insistente tanto de Ron como de los cinco elfos frente a ella levantó la mano tímidamente y tomó un caldero de chocolate.
—Si el joven Weasley desea algo más, Dobby va a estar aquí señor.
—¿No van a comer con nosotros?—preguntó Hermione escandalizada provocando que los elfos la miraran sorprendidos.
—Si la joven amiga del joven Weasley desea que así sea.
Hermione le dedicó una mirada de duda a Ron que sonrió divertido y se encogió los hombros.
—Donde come uno comen siete—declaró extendiendo los brazos para invitar a los elfos a sentarse.
Las pequeñas criaturas se miraron entre sí sobrecogidos, siendo Dobby el único que se ajustó la cubre tetera y jaló una silla para encaramarse en ella.
—¿Qué ocurre?—le susurró Hermione a Ron.
—No están acostumbrados a comer en la misma mesa que los magos—respondió él también en un susurro.
Aquella información provocó una llamarada de indignación crepitara en Hermione.
—Pero son libres—masculló.
—Si quieres obligarlos sólo tienes que ordenárselos—replicó él mirándola de manera significativa.
Arrugó los labios enojada, pero se resignó a respetar las absurdas costumbres de aquellos elfos.
—Si no desean cenar pueden retirarse—dijo con el tono más amable que pudo.
Los cuatro pequeños elfos se inclinaron en una respetuosa reverencia y antes de desaparecer le dedicaron una mirada de desaprobación a Dobby que por fin estaba sentado.
—¿Qué ocurre con esos elfos?—soltó Hermione enojada.
—Dobby no es visto con buenos ojos porque mantiene amistad con el señor Harry Potter y sus amigos.
—Son unos idiotas—opinó Ron ganándose una mirada reprobatoria por parte de Hermione—¿Qué? es verdad—replicó.
—Bueno, sé que hay cosas que van en contra de sus costumbres, pero deberían comenzar a acostumbrarse a vivir fuera del yugo de sus amos; no todos los magos y brujas de la comunidad somos tan mezquinos.
Ante la pasión que Hermione imprimió a su discurso Dobby dedicó una mirada insegura hacia Ron que soltó una carcajada.
—A veces se deja llevar un poco por el tema—explicó el pelirrojo disculpándola—por cierto camaradilla, te quiero pedir un favor.
El elfo abrió los ojos con ilusión.
—¿Recuerdas a esos elfos que tú y Luna convocaron para el grupo?—Dobby asintió entusiasmado—verás, Hermione está intentando contactarlos para un asunto de la ley de retiro que Luna comentó la última vez que se vieron; entonces yo me preguntaba si pudieras hacerle el favor de localizarlos para que ella pueda pedirles una audiencia.
—¡Dobby lo hará con gusto!—aseguró el elfo con tanta elocuencia que su cubre tetera estuvo a punto de caer—¡si la amiga del joven Weasley necesita ayuda con su ley, Dobby definitivamente ayudará!
El rostro de Hermione se iluminó con una sonrisa radiante mientras miraba a Ron con tanto agradecimiento reflejado en aquellos ojos marrones que por un momento el pelirrojo sintió la cara caliente y piernas débiles y temblorosas.
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Harry sentía su corazón latir como un tambor en su pecho mientras luchaba por recuperar el aliento. Aspiró una vez más y el aroma a hierba fresca mezclado con alguna especie de cítrico que despedía el cabello de Ginny le llenó los pulmones embriagándolo una vez más. Con delicadeza rozó su nariz contra la piel tersa del cuello femenino provocando que el pecho de la pelirroja se inflara apretando sus perfectos senos contra su propio pecho. Tal vez se debía al espectacular orgasmo que acababa de experimentar o a la extraña sensación de bienestar que le proporcionaba aquella pequeña burbuja de calma que sucedía comúnmente a sus explosivos encuentros sexuales, pero en éste momento se encontraba tumbado boca arriba sobre el escritorio con la mujer que minutos antes lo había desecho a sus anchas convirtiéndolo en un guiñapo incapaz de moverse.
Ginny fue la primera en reaccionar apartándose lo suficiente para mirarlo a los ojos. Harry apartó la cortina de cabello rojo que enmarcaba su rostro para llevar algunos mechones detrás de la oreja de la joven que le dedicó una sonrisa radiante.
—¿Esto significa que ahora tu dignidad también me pertenece?—preguntó divertida.
Harry suspiró un poco fastidiado.
—Por qué no me extraña que salgas con un comentario de ese tipo.
La pelirroja rodó los ojos y apoyó las manos sobre el pecho masculino para ayudarse a sentarse sobre el vientre del moreno dejándole sentir su sexo aún tibio y húmedo en contacto directo con su piel provocando que una corriente eléctrica le recorriera la espina.
—¿Cuál es tu afán por complicar el sexo?—soltó exasperada—es bastante obvio que ambos nos divertimos mucho cuando nos acostamos, no veo la razón de tanto drama.
Harry colocó las manos en las caderas femeninas acariciándolas suavemente con el pulgar mientras pensaba que 'divertido' no sería precisamente la palabra que él utilizaría para describirlo. Cuando habló lo hizo sin apartar la mirada del movimiento de su yema sobre la piel blanca que envolvía las curvas de la pelirroja.
—Créeme, lo último que buscaba era caer en algo así. Siempre pensé que la primera mujer con la que estuviera iba a ser muy probablemente aquella con la que planeara compartir mi vida.
La pelirroja soltó una suave risa nasal mientras se llevaba el anular y el medio al entrecejo con un gesto burlón.
—Merlín, comienzo a temer que la próxima vez que nos acostemos voy a despertar con un anillo en la mano.
El comentario provocó que un sabor amargo se esparciera por el paladar del moreno.
—El hecho de que a ti no te interese comprometerte con nada no quiere decir que el resto tenga que pensar de la misma manera—respondió de forma severa retirando las manos mientras apartaba el rostro enfadado.
Ginny rodó los ojos y retiró la pierna del costado del moreno para bajar del escritorio.
—¿Por qué tienes que salir con tus estúpidos arranques de anciano del siglo pasado?—refunfuñó mientras se encorvaba para tomar su brasier del montón de ropa que estaba esparcida por el suelo.
Harry bufó enojado y se sentó sobre el escritorio apoyando las manos sobre el borde.
—No te preocupes, estoy consciente de que para ti soy un acostón más.
La pelirroja resopló irguiéndose nuevamente con la prenda en la mano.
—¿Ves? Ahí vas de nuevo a complicar las cosas—de mala gana se colocó el brasier y comenzó a batallar para cerrarlo—el hecho de que me guste coger contigo no quiere decir que tenga que atarme a ti ¿Por qué no puedes ser un maldito hombre normal y simplemente aceptar la situación?
—Esto fue un error—masculló el moreno y acto seguido se puso de pie para comenzar a recoger su ropa.
—Ay Potter, no me salgas con arranques de dignidad que ambos sabemos que no existe—picó Ginny admirando descaradamente la vista que le proporcionaba. Repentinamente consciente de este hecho, el moreno se olvidó de buscar su boxer y se colocó directamente el pantalón de manera brusca.
—No voy a discutir contigo—espetó sacando ahora la camisa del resto de su ropa.
—Fantástico, me ahorras gastar saliva innecesaria—dijo ella de manera cínica y se terminó de colocar los mallones de entrenamiento.
Con una violenta sacudida el moreno extendió su túnica y se la colocó con rabia. Se sentía el ser más estúpido del planeta ¿En qué momento se le había atrofiado el cerebro lo suficiente como para olvidar qué clase de persona era aquella mujer?
Sin decir una palabra más tomó los pergaminos que estaban tirados junto a la puerta y salió como un enajenado del lugar.
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Honestamente, Ron no sabría decir con exactitud cómo aquello había ocurrido, pero una cosa había llevado a la otra, y ahora fungía de supuesto juez en la batalla en la que Dobby y Hermione se habían enfrascado para determinar quien de los dos era más versado en el gobbledegok, que si bien no era el idioma materno del primero, tenía mucha similitud con el lenguaje élfico. Aunque intentaba ser lo más imparcial que podía (¿A quien demonios se le ocurría poner a alguien que no hablada ni siquiera su propio endemoniado idioma de manera endemoniadamente decente de juez?) el pelirrojo no podía evitar reír como enano escuchando los extraños ruidos que uno y otro profería mientras soltaban fluidas oraciones.
—Dobby.
Dictaminó Ron fallando el actual punto disputado a favor del elfo que había recitado un poema a los galeones que casi provoca que se orine encima.
—Ok, una más—dijo Hermione luchando por contener la risita necia para poder defender el título— Umme arya mavoite anta, nekte masta helma tinde halya keanor luuke.
Dobby, como buen contrincante aplaudió maravillado pidiendo que se le diera el punto a Hermione, pero Ron levantó la mano para calmar las aguas ya que ahí su decisión era la que contaba.
—¿Traducción?—pidió Ron divertido.
—No siento mi rostro, los pastelillos tienen un extraño sabor a poción relajante.
El pequeño elfo aplaudió con más fervor.
—La joven amiga del joven Weasley es muy inteligente, reconoció la poción que Dobby incluyó a los pastelillos de la cena.
Al pelirrojo se le paralizó la sonrisa e inmediatamente regresó la mirada a la castaña que ahora sonreía con una mirada soñadora mientras asentía corroborando la información.
Joder.
Eso no se suponía que sucediera, sólo era una pequeña incursión a las cocinas y luego la iba a regresar a su biblioteca. Merlín, en éste estado no estaba seguro que pudiera siquiera leer una sola línea sin caer dormida o en un ataque de risa… ¡oh, por los malditos y asquerosos pantalones sudados de Merlín!, ¡estaba seguro que lo iba a asesinar después de esto… o peor aún…
Abstinencia.
—¿Exactamente de qué cantidad por porción estamos hablando?—preguntó repentinamente aterrado. Si él había comido solo un par de esos endemoniados pasteles y ahora notaba que estaba un poco atontado, no imaginaba la cantidad que debió ingerir Hermione para llegar a su estado.
—Dobby sólo agregó doce cucharadas soperas al relleno porque todos los estudiantes parecían muy estresados—la información hizo que Ron agarrara su vaso de jugo de calabaza sintiendo la garganta repentinamente seca.
No hay que perder la esperanza—se dijo para sus adentros—si al menos puedo ponerla a dormir y despertarla mañana temprano antes de que Charlie llegue, entonces no todo va a estar perdido.
—Supongo que cuando Mcgonagall se entere le va a dar un infarto—opinó Hermione risueña y el pelirrojo casi escupe el jugo debido a una carcajada salvaje que tuvo que contener para no ahogarse.
—Oh, no, Dobby tiene consentimiento del profesor Longbottom, señor.
—¿Qué?—soltó Ron con la voz un poco ahogada.
Hermione bufó con una sonrisa floja y extendió la mano para tomar un caldero de chocolate más, pero el pelirrojo le tomó delicadamente el brazo para cortar el recorrido.
—Me temo que usted señorita ya tuvo suficiente—dijo poniéndose de pie en una invitación a que ella hiciera lo mismo. Si iba a escoltarla a su habitación prefería que fuera con ella en plena conciencia, así no lo iba a poder acusar de haberla obligado a hacer nada en contra de su voluntad.
—¡Pero si aún no estoy cansada!—se quejó Hermione haciendo un puchero que al pelirrojo se le antojo demasiado adorable, así que tuvo que golpearse internamente para obligar a su autocontrol a negarse a ceder y buscar una tangente.
Ok aquí vamos—pensó inseguro de qué iba a resultar de aquello.
—Si vienes conmigo te voy a mostrar una fabulosa sala que se convierte en lo que tú quieras.
Los ojos de la castaña se abrieron brillando de emoción.
—Mentiroso—acusó poniéndose de pie con cierta cautela.
Ron levantó ambas cejas fingiéndose ofendido, aunque por dentro celebraba su asalto corroborando que al menos la pasión por el conocimiento seguía siendo el talón de Aquiles de Hermione.
—Dobby mismo fue el descubridor de la susodicha—aseguró con tono de negocios mientras le hacía un gesto con la cabeza al elfo para que corroborara la información.
—Dobby mismo—aseguró Dobby entrecerrando los ojos mientras se inclinaba un poco sobre la mesa para infundir más misterio al asunto.
Por un momento Ron temió que aquello en lugar de alentarla fuera a obligarla a dar marcha atrás, sin embargo mantuvo su expresión observando como la mirada de Hermione pasaba del elfo a él.
De la nada la chispa de entusiasmo regresó a los ojos marrones haciéndolos ver como un par de enormes bengalas.
—¡Guía el camino!—exclamó jovial Hermione mientras se colgaba del brazo del pelirrojo—¡Si hay una sala que se transforma en lo que yo quiera definitivamente tengo que conocerla!
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Después de estar sentado en la esquina frente a su edificio sin reunir el suficiente valor (o la suficiente falta de vergüenza) para subir a su apartamento y encontrarse con su mejor amigo, decidió que en realidad lo último que quería era llegar a su casa a sentirse miserable, así que vagó durante algunas cuadras hasta que por fin decidió tomar el autobús noctámbulo e ir al caldero chorreante.
Y aquí estaba. Siendo miserable en la barra de un bar, rodeado de desconocidos.
Resopló rabioso asentando los codos sobre la barra y hundió la cabeza en las manos sintiendo ganas de golpearse salvajemente.
¿Qué clase de retrasado mental se acostaba nuevamente con la mujer que representaba la mayor hecatombe en su existencia?
Apretó más los parpados con fuerza intentando acallar los gemidos de placer que se reproducían en su mente mientras se recordaba en su cálido interior.
—¡Harry! ¡Hace tiempo que no te veíamos por aquí!—dijo un hombre mulato haciéndolo sobresaltar cuando le palmeó la espalda con camaradería—¿Por qué no te vienes a sentar a nuestra mesa? Solo somos Seamus, Collin y yo.
El moreno parpadeó aturdido por un momento ante la mirada expectante del hombre, al que reconoció como Dean Thomas de la División de Reclutas para Aspirantes a Auror.
Mierda, justo lo que le hacía falta: los tipos que se habían encargado de esparcir por el ministerio que durante una borrachera había confesado que era virgen.
Se rascó la nuca nervioso. Definitivamente no iba a sentarse con ellos en el estado en el que se encontraba.
—Ok, pero déjame pedir una cerveza de mantequilla primero y te alcanzo—dijo esperanzado en que con eso podría zafar el suficiente tiempo para aprovechar y escapar. Si se negaba sólo iban a seguir con sus malditos rumores de que se encontraba con hombres en bares.
—Obvio hombre—dijo Dean con una carcajada, pero en lugar de marcharse simplemente se sentó en la barra a esperar a que lo atendieran.
A-regaña-dientes Harry pidió su bebida al bar tender y sin más remedio siguió al mulato mientras se adentraba en el mar de gente que abarrotaba el bar con extravagantes camisas de colores y banderas con animales y criaturas mitológicas. Después del tramo donde se tuvieron que apretujar con algunos desconocidos vestidos de verde que hacían el baile de la victoria, por fin llegaron al área de mesas.
Bueno, al menos me voy a distraer un rato—pensó Harry en un intento optimista cuando divisó en medio del mar de gente las cabezas rubias de Sean y Collin que parecían enfrascados en una acalorada discusión.
—¡Dean! ¡¿Por qué carajos te tardaste tanto?!—gritó Seamus por encima del bullicio cuando levantó el rostro y se topó con el hombre que guiaba a Harry, que tuvo que morderse la lengua para no soltar una carcajada cuando notó que tanto Seamus como Collin traían la cara pintada con rayas de color verde y negro.
—Me encontré con éste en la barra—dijo el mulato girando un poco hacia Harry para poder rodearle los hombros con el brazo—pensaba embriagar su patética existencia solo.
—¡Hombre!¡Eso es deprimente!—dijo Collin poniéndose de pie para saludar a Harry con un abrazo y unas bruscas palmadas en la espalda.
—¿Y qué me perdí?—preguntó Dean cuando tomaron asiento.
—Aún no empieza—informó Seamus antes de darle un trago a su cerveza.
—¿Qué?—preguntó Harry mosqueado.
—¡¿Qué?!—repitió Collin extendiendo la mano hasta casi posarla frente a las narices del moreno con un gesto exagerado—¡La repetición del partido de las Harpies contra los Pogrebins de Moscú*!
Sintiendo como se le bajaba la presión Harry se giró hacia la dirección en que apuntaba el brazo extendido de Collin.
Tiene que ser una broma—pensó mientras veía un holograma de diez metros proyectado en la pared del local donde se mostraba un enorme campo de Quidditch con miles de fanáticos y tomas inconexas de algunas mujeres con protectores y bates vestidas de un verde muy parecido al que portaban los hombres que momentos antes bailaban eufóricos.
—Este fue el último partido que la furia pelirroja jugó en la liga—comentó Seamus con solemnidad—de ahora en adelante estamos solos…
—Creo que mandarla a la banca por el asunto con McDonald fue una reverenda estupidez—opinó Collin asentando la botella cerveza que traía en la mano con tanta fuerza que salpicó un poco de su contenido sobre la mesa—pero si Weasley tiene razón, a ella ya no van a poder mantenerla por mas de tres meses en los partidos porque no va a ser capaz de montarse en una maldita escoba ¡¿Qué vamos a hacer en la final?!
—¡Ja! ¿la final? ¿Te preocupa la final?—preguntó Seamus de forma dramática—todas las malditas apuestas del país estaban puestas en la selección inglesa porque 'la furia' iba a estar seleccionada para los mundiales, ahora vamos a ser medianamente afortunados si logramos pasar a la etapa de grupos.
—Bueno, a ustedes les encanta escupir al cielo—intervino Dean con un gesto ambiguo—¿La vieron en los pasillos del departamento de aurores cuando iba a firmar sus horas de sentencia?—infló las mejillas con un gesto apreciativo (y rayando bastante en lo obsceno)—Creo que cuando el hijo de McDonald nazca todos los hombres del ministerio van a enviarle enormes regalos de agradecimiento.
Harry se puso de pie abruptamente.
—¿Estas bien viejo?—le preguntó Seamus y tuvo que morderse la lengua para no gritar una grosería cuando los danzantes de verde comenzaron a ovacionar la salida al campo de su máxima estrella.
—Tanta gente me saca de quicio—masculló con la mandíbula tensa. Sus tres acompañantes lo miraron como si acabara de informar que se iba a cambiar de sexo. No era algo común que él perdiera los estribos.
Sin esperar algún otro comentario se dio la media vuelta y a toda prisa se infiltró por el maremoto de fanáticos enardecidos para abrirse camino hacia la puerta.
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—Último escalón—anunció Ron mientras con los brazos alrededor del cuerpo de Hermione evitaba que la joven se balanceara mientras subía las escaleras platicándole animadamente de los cuadros que saludaba en un impresionante despliegue de su religioso estudio de la historia de Hogwarts.
—¿Cuánto falta para llegar?—se interrumpió como cayendo en cuenta de que llevaban rato dando vueltas.
—Estamos a punto de llegar—respondió él echándole un vistazo al pasillo para cerciorarse de que había seguido bien las indicaciones del mapa.
—¡Mira, es sir Cadogan!—señaló Hermione emocionada—En el Centro de Investigaciones de Dragones de Rumania también tienen una pintura suya porque él solía alardear que mató a un dragón con su propia…—se detuvo en seco y de manera brusca se arrebató del agarre del pelirrojo—Tú…¡Me mentiste!
Ron sintió cómo se le subieron los testículos a la garganta mientras la miraba aterrorizado.
—No, no, déjame explicarte…
—¡Este pasillo lleva a las oficinas de los profesores!—le cortó de manera acusadora—¡lo reconozco de mis rondas!
Estaba hablando del pasillo—pensó Ron sintiendo como el alma le regresaba al cuerpo (y los testículos a su respectivo lugar).
Entonces notó el estúpido fallo en su plan de conducirla al despacho de Neville sin que se diera cuenta: había olvidado que fue prefecta.
—Hermione, necesitas descansar—le dijo de manera conciliadora—sé que en este momento no te interesa, pero te prometo que mañana que Charlie llegue me vas a hacer lamentar la escapada a las cocinas…
Ella lo miró aparentemente sin comprender.
—¿La biblioteca? ¿tu investigación?—se aventuró a recordarle.
Hermione negó con una sonrisa.
—En realidad ya no tenía nada que hacer ahí; notarás que a veces suelo ser un poco paranoica con ciertos asuntos de mi trabajo—explicó sin darle importancia—ahora… ¿Vamos? esa sala nos espera…
Lo tomó de la mano para retomar el camino pero Ron no se movió, lo que la hizo regresar la vista a él.
—Necesitas descansar—repitió el pelirrojo intentando sonar determinado.
—No estoy cansada—replicó Hermione con rabieta.
—Pero el papeleo…
La castaña soltó un suspiró dejado caer su mano libre de manera floja contra su costado.
—Ron, no arruines mi última oportunidad para vagar por los pasillos del castillo con trabajo.
La frase lo golpeó con la fuerza de una bludger por el tono de fastidio con el que la había dicho. Él era consciente que ningún mago o bruja común sería capaz de seguir su ritmo de vida con tanta disciplina; durante los días que habían pasado juntos siempre la veía ir de un lugar a otro con el tiempo contado, con la agenda planeada; sin embargo nunca la había escuchado quejarse…
Parpadeó un poco aturdido y miró hacia sus manos unidas.
Ella se lo estaba pidiendo.
A él.
No podía defraudarla.
—Está bien—dijo levantando la mirada hacia ella con decisión—¡Demonios, es Peeves!—soltó alarmado cuando notó un punto flotante a la distancia que acababa de dar vuelta hacia el pasillo en el que ellos se encontraban.
Para su sorpresa Hermione no se inmutó, sino que simplemente giró tranquilamente la cabeza mirando a ambos lados del pasillo.
—Ven conmigo—le indicó dirigiéndose con calma hacia una puerta a su costado. Ron la siguió sin hacer preguntas y ambos entraron a lo que parecía ser un armario de escobas.
—¿Cómo…
—Mis rondas—explicó la castaña de manera casual antes de que pudiera concluir su pregunta—tengo un mapa mental bastante preciso de la ubicación de los armarios de escobas en cada nivel del castillo; siempre son los puntos de encuentro preferidos de las parejitas—concluyó arrugando la nariz en un gesto cómico.
Ron sonrió ampliamente. No podía dejar de maravillarse cada vez que tenía la oportunidad de descubrir estos pequeños destellos de lo poco que Hermione parecía haber cambiado después de todo el tiempo que había pasado.
—¿Qué?—le preguntó ella con una sonrisa nerviosa.
—Nada.
El ruido de un bote de metal al caer les alertó que Peeves estaba cerca. Ron clavó la mirada en la pared con un gesto tenso mientras esperaba alguna señal de que había pasado de largo, pero por el contrario, se escucharon un par de golpes más de la cubeta y unas risotadas.
—Puedo escucharlos—canturroneó el poltergeist provocando que una risa necia atacara a Hermione.
—No, no, no, no—susurró Ron alarmado mientras se llevaba el dedo índice a los labios para indicarle que hiciera silencio.
—Eso es una sucia mentira, en realidad no puede—aclaró ella sin dejar de reír tontamente.
—Por las malditas barbas de Merlín que no quiero comprobarlo—imploró tomándole el rostro con ambas manos en un intento desesperado por ayudarla a tranquilizarse. Pero se arrepintió casi al instante cuando se encontró con aquella mirada traviesa en los ojos de la castaña.
—La poción sólo afecta mi capacidad de reacción—dijo acercándose un poco más a él con el mentón ligeramente levantado en pose altiva—no mis conocimientos.
Ron inspiró nervioso sintiendo como una sensación caliente comenzaba a abarcarlo.
No Ron, hoy no, hoy es tu única oportunidad de pasar tiempo con ella y le hiciste una promesa, así que no lo arruines—le gritó una voz de alerta, pero su estúpido cuerpo se mantenía paralizado mientras la miraba hipnotizado. Con un demonio, si por lo regular sólo le bastaba parpadear para tenerlo como loco, esta versión de Hermione era mucho más de lo que su pobre e insignificante voluntad de mortal podía soportar.
—ehm…uhm…—balbuceó torpemente y haciendo acopio del casi inexistente control que le quedaba sobre su entumecido cuerpo retiró de manera robótica las manos del contacto con la tersa piel de las mejillas femeninas—ha-hay que esperar a que Peeves se vaya, la sala de los menesteres no está muy lejos.
Acto seguido se giró hacia la puerta para darle la espalda mientras fingía escuchar atentamente si había actividad en el pasillo.
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Con un largo bostezo Ginny cargó su maleta y abrió la puerta del auto que Watson había contratado para que fuera por ella a las instalaciones del club deportivo.
—Señorita Weasley, ¿mañana a las diez esta bien que pase por usted?—preguntó el chofer antes de que saliera.
—Si, si, mañana tengo que ir al ministerio así que sé puntual—pidió de forma medianamente amable y salió por fin del vehículo que arrancó casi al acto.
Caminó a paso flojo hacia la entrada a su edificio sintiendo que sus cosas pesaban una tonelada. Moría por tirarse de una buena vez en su cama y entrar en coma hasta el día siguiente.
—Señorita Weasley—saludó el encargado de mantenimiento cuando cruzó el umbral.
—Ben—respondió sin detener su andar.
—Acabo de acomodar su correspondencia ¿Está todo bien?—la pregunta provocó que la pelirroja se detuviera en el primer escalón y dirigiera su atención hacia el hombre canoso que lucía preocupado—Es que parece que la mayoría son globos de condolencias y muestras de apoyo.
Ginny apretó la mandíbula sintiendo la ira acumulándose en su pecho.
—Quémalo todo—ordenó de mala gana y continuó subiendo sin esperar respuesta.
Putamente fantástico—refunfuñó pisando los escalones como si fueran los culpables de su situación.
Si lo que Harry había dicho era cierto, Watson se iba a tener que comenzar a buscar otro trabajo. Ella había sido bastante explícita cuando le dijo que no quería ni una sola palabra del incidente en el parque en ninguno de los malditos periódicos. No estaba de humor para soportar el despliegue de compasión, lástima e hipocresía. Metió la llave por el cerrojo y la giró de forma brusca para abrir la puerta con una patada.
Entonces una especie de espesa lava comenzó a arder en su estómago.
Dentro, apostadas por toda la casa que ahora estaba tapizada de sobres, habían unas treinta lechuzas que inmediatamente reconoció (debido a las placas) como propiedad de los diferentes diarios y revistas devolviéndole la mirada con ululidos somnolientos.
Este era el puto colmo.
Con la furia recorriéndole cada rincón del cuerpo, tomó la correa de su maleta con fuerza y como una desquiciada comenzó a aporrearla contra sus muebles espantando a las aves que descansaban ahí, provocando que comenzaran a revolotear alteradas alertando a las demás que, aterradas, levantaron el vuelo en todas direcciones estampándose contra las paredes mientras armaban un remolino de plumas y heces en su desesperación por salir del alcance de la furia de la pelirroja.
—¡Larguense!—gritó aventando su maleta contra la mesa del comedor.
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—¿Eso es un tutú?—preguntó Hermione luchando por no llorar de la risa.
—Supongo, si les está enseñando a bailar ballet parece lo más lógico—dijo Ron en el mismo estado mientras observaban como el viejo Barnabás tomaba delicadamente de los brazos a un enorme trol que intentaba hacer puntitas. Definitivamente no bromeaban cuando decían que estaba chiflado—Bueno… ya… ya estamos aquí, ahora… piensa en el lugar que desees con todas tus fuerzas—indicó haciendo un esfuerzo por domarse.
—¿Es algo como la fruta del cuadro de las cocinas?—preguntó Hermione mirando la pintura con cierta aprehensión.
—No tienes que hacer cosquillas a ningún trol—se apresuró a aclarar el pelirrojo.
Se hizo un silencio en el cual ambos se miraron de manera cómplice y al segundo siguiente estallaron en un nuevo ataque de risa.
—De acuerdo, de acuerdo—dijo la castaña después de unos minutos tomando aire para calmarse un poco antes de mirar con concentración al cuadro, pero en ese preciso momento los trols comenzaron a dar saltitos torpes ondeando los brazos en el aire de una forma ridícula que tiró por la borda su intento obligando al pelirrojo a girarla para evitar que continuara mirando la escena que se desarrollaba en el cuadro.
—Lo-lo lamento—se disculpo con la voz temblorosa mientras se tomaba el estómago controlando medianamente su arrebato.
—Si quieres puedes cerrar los ojos—le dijo Ron forzándose a no caer de nuevo contagiado por su infecciosa risa.
—Bien—dijo la castaña tomando aire dispuesta a seguir el consejo y entonces se giró nuevamente.
Después de diez intentos Ron comenzó a tener dudas de que en realidad fuera a lograrlo debido a que no podía evitar soltar algunas risitas necias tan pronto como cerraba los ojos.
—Es inútil—se quejó Hermione exasperada—¿Por qué tiene que ser precisamente el retrato más ridículo de toda la escuela?
—Porque sino sería demasiado fácil entrar—explicó él parándose frente a ella mientras la tomaba de los hombros—vamos Hermione, piensa en un lugar donde te mueras por estar.
La castaña se mordió el labio inferior con cierta duda y cerró los ojos fuertemente antes de girarse de nuevo para hacer frente al cuadro.
—Tú puedes—le susurró Ron que se mantuvo a su espalda mientras apretaba ligeramente sus hombros para infundirle ánimo.
Durante unos instantes el pelirrojo vio como la escena dentro de la pintura continuaba sin que ninguno de sus integrantes pareciera notar su presencia, hasta que de repente Barnabás detuvo su discurso de postura en punta y por fin giró el rostro hacia ellos. De manera educada se inclinó en un gesto de cortesía y el cuadro comenzó a fusionarse con la pared en lo que se transformó en una enorme puerta de roble con acabados que simulaban enredaderas y flores.
—Ya puedes abrir los ojos—le indicó Ron retirando las manos de ella impresionado por lo que acababa de presenciar.
—Esto es asombroso—murmuró la castaña caminando hacia la puerta como si temiera que se tratara de una ilusión.
—Vamos, ábrela.
Con la mano temblando de emoción, Hermione tomó el pomo y lo giró con el corazón palpitándole acelerado debido a la expectación.
Entonces al empujar la puerta la calidez que emanó del lugar fue lo primero que los golpeó antes de que se revelara ante ellos un enorme cuarto con mesas redondas, sillas de madera, y tres sillones escarlata adornados con mullidos cojines que se encontraban dispuestos frente a una chimenea.
—La sala común de Gryffindor—musitó Ron mirando maravillado los estandartes escarlatas en las paredes que ostentaban al orgulloso león en pose de ataque mientras avanzaba al interior del lugar.
—¿Cómo lo sabes?—preguntó Hermione.
—Bueno, dudo que exista algún Gryffindor que no reconozca la sala común—respondió como si fuera obvio.
—¿Estuviste en Gryffindor?—soltó extrañada—¿Por qué no te recuerdo?
Como si aquellas palabras se trataran de un crucio, cada músculo del cuerpo de Ron se tensó dolorosamente.
¡Pendejo!—pensó mientras comenzaba a barajar las posibilidades de echarse un avada kedavra por animal. ¿Cómo carajos se le había escapado?
Tienes que arreglar esto YA mismo.
Apretó los puños sintiéndose a punto de una embolia cerebral debido a la velocidad con la que sus neuronas trabajaban.
—Bueno—dijo de la forma más casual que pudo—tú, tú eres… meses mayor que yo—se aventuró tanteando el terreno.
—¿Cómo sabes eso?—preguntó Hermione luciendo impactada.
¡Eres un puto genio Weasley! ¡un puto genio! ¿podrías cavar más profundo el maldito hoyo en el que te metiste?
—Ginny… ehm… comentó el día que nos conocimos que entraste un poco atrasada porque tu fecha de nacimiento es meses después de la fecha de ingreso ¿No te acuerdas?—mintió rogando a Merlín que Hermione se lo tragara.
—Bueno, no, lo que recuerdo fue que comentó que tú dejaste la escuela… —dijo ella al parecer esforzándose por hacer memoria.
—¡Exacto!—soltó el pelirrojo con tanto entusiasmo que sobresaltó a Hermione—ehm… es decir, si, si, dejé la escuela un tiempo, debe ser por eso que yo tampoco te recuerdo—remató con el corazón apunto de salírsele del pecho por la violencia con que latía contra sus costillas.
Ok, técnicamente eso era una mentira porque en realidad la que había abandonado era la academia de aurores, pero Hermione no sabía eso.
La castaña lo miró de forma suspicaz por un instante que le pareció eterno antes de hablar nuevamente.
—Debe ser por eso—dictaminó al parecer decidiendo aceptar su versión de los hechos.
—Entonces—dijo Ron desesperado por desviar la atención de manera definitiva—El lugar que más deseas en el mundo es la sala común.
Para su enorme alivio Hermione centró su atención en los muebles frente a la chimenea.
—Bueno, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve aquí—dijo con aire nostálgico—supongo que extrañaba el raro ambiente de hogar que se siente dentro de la torre.
Una punzada de remordimiento atacó al pelirrojo mientras contemplaba la tristeza que había en la expresión de Hermione y con un sabor amargo invadiéndole el paladar recordó que si bien estaban aquí, la razón era precisamente porque él la había metido en esto sin importarle la horrible situación que había en su familia, ni lo difícil que una estupidez del tamaño de su 'inocente' plan le ponía las cosas en el trabajo. Este pensamiento sólo lo hizo sentirse la peor alimaña que jamás había caminado por la faz de la tierra. Odiaba verla de esa forma, y odiaba aún más ser el causante. La tomó de la mano con delicadeza y con el pulgar comenzó a frotarle cariñosamente el dorso.
—Entonces vamos a disfrutar nuestra última oportunidad de tenerla exclusivamente para nosotros—dijo cálidamente provocando que la atención de Hermione regresara a él.
—Parece una buena idea—aceptó con una enorme sonrisa abriéndose paso en su rostro.
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Despertar después de lo que al parecer eran segundos de haber cerrado los ojos siempre era un crudo despertar. Pero despertar para darte cuenta que la pesadilla apenas iba a comenzar era mucho mas crudo y cruel.
Tamborileó sus dedos contra el borde del archivero donde se encontraba recargado y dirigió su atención una vez más al techo cuando el sonido de otra pesada caja al caer sobre el suelo le indicó que su peor pesadilla iba a iniciar con su tercera sección. Llevaba aproximadamente dos horas plantado en la esquina más alejada del cuarto de archivo muerto mientras evitaba por todos lo medios mirar a la hecatombe de su existencia desempolvar (a la muggle) enormes cajas de pergaminos añejos para reacomodarlos por fecha y relevancia dentro de su nueva ubicación. Comúnmente le ofrecería ayuda para bajar el archivo, a final de cuentas puede que la mujer en cuestión fuera una horrible y dolorosa tortura, pero eso no significaba que él hubiera perdido la educación. Sin embargo dos poderosas razones lo detenían de actuar de acuerdo al protocolo de caballerosidad: en primera estaba el terror a que una mirada bastara para que los pensamientos inapropiados que lo habían estado atormentando durante toda la noche se alzaran rebeldes en contra de su voluntad, y en segunda estaba el hecho de que no quería ser blanco del humor de los mil demonios que parecía poseer a la 'furia pelirroja'.
Esta mañana, cuando se encontraron en la entrada al archivo, había sido víctima de la mirada gélida y el silencio tenso que provocaba el aura asesina que emanaba. No era que se estuviera quejando, por el contrario, para haber pasado la noche en vela sumergido en su miseria por la horrible ansiedad que le provocaba el solo pensar en que iba a volver verla y que iba a ser víctima de sus sádicas burlas, esto realmente había sido un magnífico panorama. De hecho comenzaba a considerar contactar al perpetrador para enviarle un enorme regalo de agradecimiento.
Consultó su reloj por milésima vez y notó con alivio que por fin era la hora de la comida. Tomó aire antes de aventurarse a hablar, preparándose para el contacto obligatorio. Bueno, iba a poder respirar libertad durante unos preciosos minutos, así que el sacrificio valía la pena.
—Ya es hora de la comida—anunció con tono formal.
—¿Y me voy a poder sentar en el comedor? ¿O me vas a tirar un tazón sobre un cartón?—dijo Ginny de forma ácida.
Harry rodó los ojos y sin pronunciar palabra le dio la espalda para dirigirse a la puerta.
Para su desgracia cuando abordaron el elevador eran los únicos pasajeros, así que Ginny se colocó en la parte trasera y Harry, por el simple hecho de poner distancia, decidió quedarse junto al tablero. No se dirigieron la palabra durante el tiempo de espera, pero en más de una ocasión el moreno había escuchado un par de risas mordaces mal disimuladas porque él cambiaba el peso de una pierna a la otra incómodo por el presunto escrutinio al que se sentía expuesto. Cuando las puertas del elevador se abrieron tuvo la cortesía de esperar a que ella saliera primero, y podía jurar que la escuchó musitar un 'ridículo' cuando pasó a su lado; pero la vio regresar a su estado de mal humor tan pronto iniciaron su recorrido y las miradas curiosas comenzaron a acosar cada uno de sus pasos.
—Bu-buenos días—saludó un hombre escuálido con apariencia de estar apunto de sufrir un infarto fulminante interceptándolos justo a unos pasos de ingresar al comedor.
—Buenos días—respondió Harry de forma educada al notar que Ginny lo miraba con fastidio y sin la menor intención de responder.
—¿T-t-tú e-eres Gi-Ginevra We-Weasley?—tartamudeó el hombre ignorando la respuesta de Harry que se cruzó los brazos soltando el aire con incredulidad.
Entonces de la nada la expresión de la pelirroja cambió.
—¿Quieres un autógrafo?—preguntó con una mueca divertida notando que llevaba un pedazo de pergamino que ahora estaba prácticamente empapado con el sudor nervioso que cubría sus manos.
El hombre asintió tímidamente y Ginny tomó (o más bien casi arrebato, porque el pobre en ese preciso momento parecía haber quedado petrificado) la pluma y el pedazo de pergamino que traía.
—¿A quien va dedicado?
—E-Ernie, E-Ernie Mcmillan—se apresuró a responder el intento de ser humano temblando como una maraca.
—Tienes un nombre interesante—comentó Ginny con humor mientras firmaba.
—Mu-mu-muchas gracias—tartamudeó Ernie cuando la pelirroja le regresó el pedazo de pergamino y la pluma.
—Es un placer E-Ernie—dijo ella con una sonrisa encantadora y el escuálido cuerpo de Ernie se tambaleó un poco al enredarse con sus propios pies mientras retrocedía para despejarles el paso con una sonrisa estúpida cruzándole la cara. Harry apartó el rostro repentinamente enojado. ¿Por qué a nadie parecía importarle que ella pasara sobre ellos a su voluntad? Merlín, el tipo ese parecía fascinado de tener el honor de ser su bufón.
—Que patético—murmuró la pelirroja provocando que el moreno rechinara los dientes pensando con amargura en lo dolorosamente obvio que resultaba cuan insignificante debía lucir todo el mundo a los ojos de la grandiosa Ginevra Weasley.
—El pobre no puede ver más allá de la carátula—escupió sin poder evitarlo.
Los ojos de Ginny se posaron en él con un gesto malicioso.
—¿Qué pasa Potter? ¿Estamos ardidos?—se burló con pulla—¿o es que ya decidiste que E-Ernie va a ser el primer integrante de tu grupo de apoyo?
El moreno se mordió la lengua furioso consigo mismo por haber caído una vez más en sus provocaciones, pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello, ya que una voz femenina lo saludó haciendo que su corazón diera un brusco vuelco.
Mátame Merlín—pensó desesperado cuando Cho Chang apareció frente a ellos.
—Ahora veo la razón por la que no te eh podido encontrar en todo el día—dijo de forma simpática—por fin Ginevra Weasley se unió a las filas del ministerio.
—Es sólo servicio comunitario—corrigió la pelirroja con hastío.
—Bueno, aún así vamos a tener el placer de tenerte por aquí ¿no es así Harry?
El moreno se tensó ante la mención de su nombre. ¿En qué demonios estaba pensando Cho? ¿No se daba cuenta de que lo estaba metiendo a las fauces del león? Las miradas de ambas mujeres estaban puestas sobre él, así que tomó valor y respondió del modo más educado que consiguió un escueto.
—Si.
De inmediato pudo sentir a Ginny saborearse aquella respuesta como un depredador apunto de cobrar a su presa.
—No me mal interpretes, no es que no aprecie el hecho de tener que ser esclava del sistema, digo, si todos los aurores fueran tan complacientes como el auror Potter podría acostumbrarme al trato—soltó con todo el descaro del mundo y el moreno tuvo que apretar los dientes para intentar mantener el semblante neutro.
Cho hizo un gesto curioso y miró a Harry con extrañeza.
—Siempre suele ser muy profesional con todo lo que hace.
—No tienes ni la menor idea—aseguró cínicamente la pelirroja.
Harry se cruzó los brazos incómodo.
—Justo es la hora de comida de la señorita Weasley—dijo en un intento desesperado de cortar con su suplicio—si quieres podemos vernos después.
Ginny soltó una risa mordaz.
—Agradezco la intención, pero no necesito que me críen—dijo con sarcasmo y sin decir más se adelantó para seguir su camino bajo la atenta mirada de las personas (en su mayoría hombres) que se habían detenido a presenciar la platica.
—Al parecer tiene un carácter algo especial—comentó Cho con una mueca incómoda después de asegurarse que hubiese entrado al comedor.
—Es una pesadilla—suspiró Harry irritado.
—Entonces supongo que si será mejor que te vea luego para no ocasionarte problemas—inquirió la joven sorprendida. Harry no era de los tipos que iban expresándose así de las mujeres, no importa que tan horribles fueran.
—¿Por qué habrías de ocasionarme problemas?—preguntó el moreno aún sin controlar el tono.
Cho se encogió los hombros.
—Escuché hace un rato a la auror Mitchel decir que su representante está vigilando todo lo que gira en torno a la sentencia como un halcón, así que será mejor no darles armas. No quiero tener que verles otra vez las caras a los abogados de su club—agregó con una mueca de desagrado.
Fue entonces que Harry recordó que Cho era la que se encargaba de los asuntos de su amparo.
—Lo lamento—dijo revolviéndose el cabello incómodo.
—No te preocupes, aunque espero que tu propuesta haya sido en serio y no solamente la desesperación por zafarte de 'la furia pelirroja'—le dijo Cho haciendo obvio una vez más lo estúpidamente transparente que era.
—De acuerdo—accedió terriblemente avergonzado.
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Una agradable mezcla de aromas que no supo reconocer fue lo primero que notó cuando la conciencia fue poco a poco abriéndose paso entre el manto de somnolencia que la envolvía aún. Sus parpados temblaron cuando hizo un intento por abrirlos y la luz del día le tocó violentamente las retinas expuestas a través del resquicio que había provocado. Los apretó fuertemente para adecuar sus ojos a los rayos solares que bañaban el lugar y después de un momento por fin los abrió por completo siendo un intenso azul lo primero que captaron.
Parpadeó intentando enfocar mejor y entonces cayó en cuenta que pertenecía a la prenda que aparentemente le cubría el cuerpo.
Se sentó de un brinco jalando la sudadera que descansaba sobre sí de forma superficial con una mano e inmediatamente se encontró en el mueble escarlata de la sala común de Gryffindor.
¿Qué hacia en la sala común de Gryffindor?
El movimiento de un cuerpo a su costado la alertó de que tenía compañía.
—¿Ron?—preguntó sorprendida cuando el pelirrojo reveló su rostro de entre los cojines.
—Buenos días—saludó sentándose a su lado.
—Oh, por Merlín—soltó la castaña mortificada.
—¿Qué sucede?—preguntó Ron espantado.
—¡Nos escabullimos a la sala común de Gryffindor a tener sexo!—exclamó exaltada y a continuación enterró la cara en las manos. Oh dios, esto estaba tan mal.
Una sonora carcajada interrumpió su resaca moral.
—¡Quieres bajar la voz!—le reprochó al hombre a su lado echándole una mirada asesina—¡No sé tú pero yo no quiero público!
—¿Por qué no mejor echas un vistazo a tu alrededor antes de continuar gritando como una lunática?—dijo entre risas mientras se restregaba los ojos intentando contrarrestar el ardor que le provocaba la luz del cuarto.
La castaña parpadeó sin comprender y entonces giró el rostro hacia su costado donde se alzaban seis enormes estanterías (con una semejanza sobrecogedora a las de la biblioteca) llenas de libros.
—¿Qué…
—¿Quieres la versión completa o la censurada?
Hermione arrugó el rostro en una expresión mortificada provocando que una ola de insano gozo atacara a Ron.
¿Que si iba a soltar detalles embarazosos de la noche anterior?
Definitivo.
—Bien, anoche, después de nuestra pequeña incursión a las cocinas en la que comiste calderos de chocolate con poción relajante (y en la que por cierto venciste a Dobby en un duelo a muerte por el título de amo y señor del Gobbledegok)—acotó provocando que Hermione cerrara los ojos luciendo como si quisiera que la tierra se la tragara—me chantajeaste para que te trajera a la sala de los menesteres—ok, esto no era exactamente así, pero estaba disfrutando bastante la manera en que el rostro de la castaña lucía apunto de explotar de la vergüenza. ¿Y qué si sazonaba un poco las cosas?
—¿Sala de los menesteres?
—¿La maravillosa sala que se convierte en el lugar que quieras?
—Y por qué iba a 'chantajearte' para llevarme a un lugar que no conozco, y que por cierto suena más falso que el cuento del hada de los dientes.
Ron no tenía ni la más mínima idea de quien demonios era esa tal hada de los dientes, pero se cruzó los brazos en gesto ofendido.
—¿Quieres volver a echar una vistazo a tu alrededor cariño? Por que creo que te estas perdiendo de un maravilloso escenario.
La castaña se mordió el labio inferior luciendo avergonzada.
—La sala común de Gryffindor, las estanterías…
—Es todo obra de tu mente perversa—interrumpió a punto de un ataque histérico de risa por la mirada de reproche que le dedico la castaña—si, verás, al parecer tu pequeño discurso sobre esa señora de los dientes te impulsó a comprobar qué tan poderosa era la sala, así que decidiste aparecer los dormitorios (mi espalda y yo podemos dar fe de la exactitud con la que recreó el maldito tobogán que se forma en las endemoniadas escaleras para evitar el paso al cuarto de las chicas).
—¿Y para qué querías subir al cuarto de las chicas?
—Bueno, sueles ser muy insistente cuando se te mete una idea en la cabeza—dijo deleitándose con la expresión atormentada de Hermione haciendo eco a sus palabras.
—Yo te obligué a…
—¿Conocer tu habitación? si, estabas empeñada en mostrarme la 'pequeña' colección de medallas por excelencia académica que tienes junto a tu cama.
Hermione se tapó la cara sintiéndose a un paso de morir de la vergüenza. Todo comenzaba a regresar a su mente envuelto en un manto de caos y ruidos estridentes que no podía decidir si eran hechos o parte de alguna alucinación. Ahora su anterior sospecha de que se habían escabullido a tener sexo sonaba millones de veces más atractiva.
—¿Y las estanterías?
—No comas ansias, ya casi llegamos ahí—aseguró Ron intentando mantener a raya la enorme sonrisa que luchaba por explotar en su rostro—Bien ¿en qué estaba? Oh, si, tus medallas de excelencia académica. Tienes el ego muy inflado—sentenció mirándola con falsa reprobación—digo, sé que eres buena en tu trabajo, en la cama—este dato fue acompañado por una fea mirada amenazante, pero el salvaje sonrojo en sus mejillas le dijo una historia diferente—y que tienes una mente privilegiada, ¿pero decir que eres capaz de patearme el trasero en el ajedrez?—chistó un par de veces mientras negaba con la cabeza en un gesto resignado.
—¿Ajedrez?—repitió ella confundida.
—Bueno, al parecer mi deducción de que a las dos semanas de engendrada comenzaste a estudiar para tus futuros ÉXTASIS no te cayó muy bien que digamos, y entonces me retaste a elegir algo en lo que fuera bueno para comprobarme que podías, y aquí te cito textualmente, patearme el trasero con tus talentos de superdotada. Como supuse que no te referías al sexo—de nuevo la mirada hostil se hizo presente, pero las mejillas (a quienes de ahora en adelante llamaría sus fieles aliadas) nuevamente brillaron en un rojo escarlata que no tenía nada que envidiarle al sillón en el que se encontraban—entonces elegí el ajedrez.
La castaña giró el rostro hacia la mesa frente al mueble y notó un enorme tablero de madera con las fichas aún colocadas en posición de jaque mate.
—No llevas muy bien eso de perder—comentó Ron respondiéndole la pregunta no formulada de cuales eran sus fichas.
—Una partida no dice nada—replicó de manera engreída.
—Dirás veinticinco—corrigió divertido.
—Pero eso no responde el asunto de las estanterías—dijo cortando el tema.
—Ah, si, claro, las estanterías... Si, bueno, lo que pasa es que después de tus desastrosas derrotas (y eso que se trata de un tablero muggle, porque según tú estás en contra de las barbáricas muestras violencia, sino podría decir literalmente que te hice pedazos)—aclaró con el pecho ligeramente inflado en orgullo; no todos los días uno tenía la oportunidad de descubrir que la grandiosa Hermione Granger no era la mejor en algo, y definitivamente iba a alardear de ello hasta que su ego se cansara—caíste rendida sobre el mueble, y entonces comentaste algo acerca de que siempre habías soñado con tener una biblioteca que fuera la réplica exacta de la sala común, así que las apareciste para comprobar como se vería.
—Oh dios—soltó atormentada; no podía creer que le hubiese confesado a Ron uno de sus más oscuros secretos. Ni siquiera a sus mejores amigos les había contado acerca de su vergonzosa fantasía de la biblioteca.
—Por cierto, ¿Cómo llegaste a la conclusión de que tuvimos sexo?
Hermione dirigió la mirada hacia la sudadera azul que tenía en la mano.
—No lo sé—le dijo regresándosela.
Ron le dedicó una mirada suspicaz notando a sus fieles aliadas alojar un sospechoso rubor.
—Voy a fingir que te creo sólo porque Charlie ya debe haber llegado.
—¡Merlín, es verdad!—exclamó Hermione poniéndose de pie de un salto antes de comenzar a acomodarse el uniforme del ministerio que aún llevaba puesto del día anterior.
Ron la imitó metiendo los brazos en la sudadera y subió el cierre hasta antes de llegar al pecho, dejando a la vista la camisa blanca que llevaba debajo. No pudo evitar pensar, mientras la miraba en su ataque de histeria, lo que había dicho la noche anterior sobre su trabajo.
¿Sabría alguien más de aquello?
A simple vista todo parecía como siempre, pero él hecho de que sabía que no era así le provocó una extraña sensación.
—No puedo creer que lo haya olvidado—musitó la castaña azorada rehaciéndose el lazo en el cabello.
—Hermione—dijo una voz que Ron podría jurar que se parecía a la suya, pero que definitivamente no parecía controlar, haciendo que la joven frente a él se detuviera mirándolo mosqueada. Sin decir palabra le tomó el rostro con delicadeza y depositó un suave beso en sus labios.
—Espero que hayas podido olvidar tus problemas aunque sea por un momento—le susurró con calidez mirándola a los ojos en un gesto íntimo.
Ron deseaba más que nada en el mundo que ella supiera que él estaba ahí, a su lado, y que lo iba a estar siempre que lo necesitara. Quería que pudiera confiar en él.
—Gracias—musitó Hermione con una sonrisa tímida asomándose en sus labios.
El pelirrojo inspiró apartando las manos del contacto con su piel. Si no lo hacía posiblemente ella iba a sentir el maldito temblor que comenzaba a invadirlo. ¡Maldita sea, estaba a un paso de terminar su mutación de pene a vagina!
—Supongo que ahora si debemos irnos sino a Mcgonagall de verdad va a darle un infarto—bromeó intentando llevar la situación a terreno conocido y recibió un golpe juguetón en respuesta.
Durante todo el camino se dedicó a rememorar (para enorme disfrute de Hermione) el divertido tour que le había dado la noche anterior por los pasillos del colegio ganándose un nuevo golpe cuando llegó a la descripción (por supuesto adulterada) de su visita al armario de escobas.
—No es mi culpa que tengas una mente tan sucia—bromeó mientras se sobaba la zona afectada.
Cuando llegaron a la salida del castillo se encontraron con que efectivamente la comitiva rumana ya había llegado. Las primeras miradas que Ron notó fueron las de Neville y su hermano Charlie, el primero con cierto recelo y el segundo con una enorme sonrisa. Hermione se desvivió en disculpas por su tardanza y entonces los condujo hacia la oficina de la directora para discutir el acta que se debía llenar.
—Entonces…—dijo Charlie pasándole un brazo alrededor de los hombros cuando se rezagaron un poco—¿Tengo que preparar de nuevo mi traje de padrino?
Las orejas de Ron se encendieron en un rojo intenso.
—Estoy trabajando en ello—aseguró encogiéndose avergonzado. Merlín en verdad no se sorprendería de que la menstruación le llegara en cualquier momento.
—Pues más te vale asegurarte de que así sea—amenazó Charlie dándole un par de bruscas palmadas—porque mi jefe estuvo a punto de cortarme las bolas cuando se enteró de que no había enviado a nadie por el huevo.
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*Debo confesar que el gobbledegok que utilizo en este capítulo, en realidad es el lenguaje élfico de Tolkien, fue por eso que mencioné que supuestamente no era tan diferente el uno del otro. ¿La razón? No existe un diccionario de gobbledegok. En serio, intenté buscarlo. La frase que dice Hermione en realidad la armé de la traducción aproximada de las palabras que se utilizarían. A continuación presentaré la traducción cruda:
Umme: No hacer o no estar.
Arya: tener control de…
Anta: rostro.
Nekte: miel (para motivos de la oración la manejé como dulce).
Masta: hacer pan o postres.
Helma: piel, caer. (para motivos de la oración lo utilicé como sentir o sensación).
Tinde: destello, centello o reflejo.
Halya: ocultar.
Keanor: miedo (en este caso estrés).
Luuke: encantamiento (en este caso se me hizo algo muy adecuado que no llamaran a las pociones de alguna manera diferente a los encantamientos, porque en realidad no los utilizan y para ellos el efecto es el mismo).
(Fuente: )
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Hola de nuevo por estos lares del fandom ¿Cómo están?
Bueno, espero que bien… ¿Yo? aquí portándome bien con mi actualización :D.
Si, si, ya sé que no es equinoccio o solsticio o alineación de los cuerpos celestes, pero en realidad me eh esforzado mucho este mes para poder tener el capitulo a tiempo, así que quiero que sepan que fue hecho con mucho cariño (no es que los demás hubieran sido concebidos sin él… es decir… a éste nada más le tocó ser algo así como el producto de planificación familiar :D) y que espero que les haya gustado; Ah, si, y que no lleguen vociferadores porque si, ya sé que el asunto va lento entre Ron y Hermione, y que el cabellos de fuego ya debería comenzar a cosechar los frutos de su endemoniadamente largo proceso de conquista, pero yo creo que va seguro…
Como en cada actualización, quiero dedicar este espacio para agradecer enormemente a todas las personas que siguen pendientes del fic y muy en especial a todas aquellas personas que me hacen el honor de dejar reviews (porque si no esta actualización posiblemente no hubiese visto la luz… digo, no es por querer insinuar nada ¿eh? *guiña dos veces con sonrisa inocente*).
Espero que hayan disfrutado mucho las vacaciones (aquellas personas que aun no hayan regresado de ellas… ¿sienten mi envidia emanando?).
Bueno, y ahora le paro a mi kilométrico testamento, y solo quiero mandarles muchos besos no-rupertianos (ositos cariñositos para mi estimada Gaby guest), muchos abrazos y nuevamente mi más sincero y devoto agradecimiento por continuar en esta aventura conmigo.
CIAO.
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Aquí aprovecho a responder a aquellos lectores que no tengan cuenta:
Paqui:
PAQUI! NO SABES LO MUCHO QUE ME ALEGRA QUE ESTES DE REGRESO SE TE EXTRAÑA HORRORES :D
Pasando al review…
Ron es un bobo, un amor y todo, pero aún así es un bobo jejejejje; aunque no te voy a negar que adoré tener la oportunidad de escribir sobre Hagrid y Norberto. Neville y su faceta sobre-protectora lograron sacar el lado más tierno de Ron, pero con respecto a que esta jugosa verdad llegue a oídos de Hermione… ehm…no sé que tan cerca esté de desear una castración por parte de la futura madre de sus hijos jajajajjajajjaja.
Ginny en este momento es un huracán de confusión, furia y definitivamente falta de razón… a ver cuantos topes habrá que darle a esa cabeza dura para que adopte el camino del bien.
En fin mi querida Paqui, en verdad es una agradable sorpresa leerte por aquí, y quiero que sepas que te tengo pendiente aunque mis actualizaciones y mis respuestas a tus muy apreciados reviews no lleguen tan puntuales como me gustaría.
Espero que el nuevo capitulo te haya gustado.
CIAO.
Guest (Gaby):
Un enorme placer saludarte de nuevo mi estimadísima Gaby guest ;D, también de este lado se les ha extrañado mucho :D, pero ya ves, aquí estoy de nuevo portándome bien para acumular puntos por todas las veces que posiblemente vaya a pasar que… bueno, no pueda actualizar a tiempo :P
Tu acotación del puño en el aire me hizo visualizarte como aquel chico de la película 'The breakfast club' jejejejjejejjejejjeje… Por el asunto de tu compu: ¡por supuesto que comprendo y me solidarizo con la causa! Es horrible verse expuesta a una situación así, por eso mismo mandé mis malas vibras al tipo (o tipa) que se la haya robado… si no has podido conseguir justicia terrenal, ¡entonces apelaremos al karma!
Jajajajajjajajajja mi querida guest nunca puse en tela de juicio tu salud mental jajajajja, sólo la emocional… esa que te altero cuando no llega actualización del pelos de fuego en meses (por cierto el asunto del boxer sigue en proceso…).
Pasando al review…
Ron estaba definitivamente pensando con la otra cabeza (recuerda esas semanas de abstinencia obligatoria) cuando hizo este embrollo, pero bueno, algo bueno podremos sacarle a la situación con nuestra querida y (buena descripción) paranoica de Hermione. La escena del auto con los papeles del acuerdo fue de las primeras que escribí de ese capítulo… moría de ganas de utilizarla ;D.
Y no te creas que disfruto mucho tener a nuestro hermoso pelos de fuego en este bache emocional de tener al amor de su vida en frente y no poder gritarle lo mucho que la ama; en realidad el que sufre de mi frustración ante este hecho es el pobre Harry, que con él si me desquito xD.
Bueno mi querida Gaby guest, definitivamente es un placer leerte por aquí y me hace el día saber que la historia sigue gustándote tanto :P (es la segunda vez en las actualizaciones que leyedo un review me viajo a mis cinco minutos milky way con unicornios y pelos de fuego en traje de bombero :D)… siempre es una inspiración para continuar poniendo lo mejor de mi. En verdad lectoras como tú lo valen…
Te mando un fuerte abrazo, muchos besitos… ehm… ositos cariñositos y espero tener la oportunidad de leerte de nuevo por aquí en la próxima actualización.
CIAO.
P.D. Con respecto a tu media naranja y la compatibilidad con un cabellos de fuego como el nuestro… ¿Qué mujer no caería por un hombre así? Es decir, hay que estar ciega para no ver el corazón de oro que se carga, y definitivamente mujeres como nosotras (que babean completamente por él :D) estarían dispuestas a tratarlo como se merece.
