¡Hola de nuevo!

Aquí les traigo la segunda entrega de Semana Shipping HoL Music Box… Antes de empezar, agradezco por sus comentarios a: Lilu, 'cezz, Saku, Paris, Kahia-chan y Hinoiri.

Ahora sí, la historia de hoy está inspirada en las leyendas indígenas costarricenses (incluso me basé en un par de ellas…), así que les voy a dejar las referencias a los nombres de los dioses y otras criaturas:

*sikua: gente blanca.

*Sibö: Dios supremo de la creación.

*Naítmi: Madre de la Tierra.

*Mulurtmi: La Señora del Mar; Mujer Mar.

Antes de empezar, mi disclaimer: Ni Avatar ni cualquiera de los personajes que aparezcan en esta historia me pertenecen. Sólo los uso por diversión y sin fines de lucro. El título tampoco me pertenece, es de una canción de Malpaís, que pueden encontrar en su disco Historias de Nadie, de 2004.

Sin nada más qué decir: ¡Disfruten!

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II Edad de oro

Historia de Nadie

A Tokka Story

Podía escuchar su risa resonar en el espacio entre el muro de piedra y el acantilado, aquella risa alegre e infantil que la caracterizaba.

¡Pero era de madrugada! ¿Qué hacía ella despierta a esas horribles horas?

Abrió los ojos, salió de su saco de dormir y se incorporó inmediatamente.

-¡Toph!- la llamó, mientras trataba de ubicarla con la vista; la única respuesta fue una corta risilla, proveniente desde uno de los pilares de la entrada del Paso de la Serpiente. –Esto no es gracioso. ¡No es hora de jugar, es para dormir! Además, sabes lo que diría Katara si te adentraras sola en el Paso de la Serpiente…

Nuevamente, la única respuesta que recibió fue la risa de la niña.

Siguiendo el sonido, cruzó el pilar de la entrada, pero no la encontró… porque no estaba ahí, sino del otro lado... ¿En qué momento había vuelto a pasar por aquella columna, para salir del camino sin que él lo notara?

-¿Toph?- preguntó extrañado, tras restregar sus ojos.

Ahí, del otro lado de lo que antes había sido uno de los pilares de entrada al Paso de la Serpiente y ahora era sólo simple roca sin tallar, se encontraba la chica. Pero no era la misma que había visto hacía unas horas, antes de ir a dormir: su cabello negro, ahora largo, estaba recogido en dos trenzas, y su acostumbrada ropa verde del Reino Tierra ahora era un corto atuendo de piel de animal color café, que no dejaba mucho a la imaginación.

Para su horror, notó que él también había cambiado: su torso desnudo estaba recubierto con garabatos de color azul, que semejaban las pinturas que se decía que los antiguos guerreros solían hacer en sus cuerpos, y vestía algo muy parecido a su ropa interior, pero de piel café.

Se restregó los ojos, se pellizcó varias veces… ¡Eso no podía ser más que un sueño! Era un sueño terriblemente bizarro, pero sueño, a fin de cuentas.

Si no fuera un sueño, su campamento seguiría ahí; su hermana y Aang estarían durmiendo cómodamente en sus sacos de dormir… ¡Pero no había nadie más que ellos dos!

Ella rió una vez más.

-Debemos irnos, señor "Gran guerrero del Sur"- replicó ella finalmente, en su usual tono sarcástico. –A no ser que quieras tener problemas.

¡Ahora sí que no entendía nada!

-¿Irnos a dónde?

-A casa, por supuesto- respondió ella, señalando un pueblo que se levantaba a unos cuantos metros de distancia… Podría jurar que no estaba ahí cuando llegaron.

A sus espaldas, el Paso de la Serpiente había desaparecido por completo.

***

El sueño inicia

La aldea estaba compuesta por pequeños ranchos de piedra, recubiertos por techos de paja y hojas secas. No eran casas como las que se construían habitualmente. Parecía que pertenecían a una época muy lejana, distinta.

Toph lo guió hasta el que parecía ser el más grande de aquellos ranchos. Ahí estaba el señor Lao Bei Fong, de rodillas en el suelo, ante una gran fogata.

-Sabes que no me gusta que salgas tan tarde en tus condiciones- dijo el hombre, dirigiéndose a la chica. –La última vez tuviste suerte de que este extranjero te encontrara.

-No vayas a decir nada- escuchó a la chica murmurar, dirigiéndose a él. –Padre…- volvió a decir, esta vez en voz alta. –Escuché el tono despectivo con el que te referías a él, de nuevo… Creí que ya habíamos hablado al respecto…

-¡Porque él es diferente a nosotros! ¡Tú no lo sabes, porque no puedes verlo! Pero él debe ser un sikua, como los que cuentan que han llegado a otras tierras vecinas. Es… distinto.

-Tal vez es porque tengo este velo sobre mis ojos que entiendo mejor que tú que él es simplemente otra criatura de Sibö, al igual que nosotros. No he sentido que haya algo mal en él.

-Tal vez es porque eres una niña inocente y no conoces el mal del mundo- continuó el hombre, mirándola enternecido; una mirada que ella odiaría si pudiera notarla. –Ahora, déjanos a solas. Hay cosas que necesito hablar con este… individuo.

La chica abandonó la choza no muy convencida. ¿Qué iba a hacer él si no tenía idea de qué era lo que estaba pasando?

-Primero que nada, quiero dejar claro que no tengo la menor idea de qué está pasando aquí- aclaró antes de que el hombre comenzara a hablar.

-Es fácil hacerse el inocente, extranjero- dijo el señor Bei Fong. –Pero sé quién eres y lo que haces…- ¡esa era una explicación que quería escuchar! –Eres un sikua, de esos que destruyen todo a su paso en búsqueda de conocer y conquistar… Y te aprovechas de la inocencia y vulnerabilidad de mi hija para así poder quedarte con mi tribu cuando muera.

-¿Qué?- se quedó mirándolo con incredulidad. -¿Que soy qué y trato de qué? No, señor… Soy Sokka, de la Tribu Agua del Sur y no estoy interesado en nada de aquí. Es más, ni siquiera sé qué es este lugar. Su hija me trajo hasta aquí…

-Cuando la encontraste perdida en el bosque. No tienes por qué contar toda la historia. Ya la sé- dijo el hombre, restándole importancia. –De todas maneras, eso no te da derecho a sentirte libre de hacer lo que quieras en mis tierras.

-Pues, bien. Si no me quieren aquí, me voy- dijo indignado.

-Eso era precisamente lo que esperaba escuchar.

***

La huída:

Comenzó a caminar con dirección al Paso de la Serpiente. No podía entender lo que pasaba… ¿Dónde estaban los demás?

No se había alejado mucho cuando una pared de piedra se levantó delante de él. Al voltearse, se encontró frente a frente con Toph, quien aguardaba con una expresión de pocos amigos dibujada en su rostro.

-¿Ibas a alguna parte, señor escurridizo?

-A buscar a los otros…

-Entonces voy contigo.

-¡Claro!

-¡Porque prometiste que cuando regresaras a tus tierras me llevarías contigo! ¡Además, puedo cuidarme sola y… Espera… ¿dijiste que sí?!- preguntó, al tiempo que se sonrojaba intensamente.

-Ni siquiera una jaula de metal podría detenerte- respondió a manera de broma. No iba a preguntarle por aquello de prometerle llevarla con él… Sabía que en este sueño parecía haber dicho y hecho cosas que no recordaba.

-Cierto- dijo la chica, aún sonrojada. –Además, apuesto a que te aburrirías mucho sin mí- le dio un fuerte golpe en el hombro, de aquellos que eran característicos en ella.

En cierto punto, tenía razón: Si ella no estuviera, una parte de él extrañaría su muy particular manera de demostrar afecto.

Llegaron hasta donde se suponía que estaba el Paso de la Serpiente, pero no había más que una montaña gigante y escarpada, que llegaba hasta el agua. No había camino por ninguna parte…

¡Eso sí era imposible! ¿Cómo podía desaparecer algo tan grande?

-Alguien se acerca- lo previno ella.

Como si no tuvieran ya suficientes problemas, por el camino se acercaba el señor Lao Bei Fong, seguido por una gran cantidad de hombres; la mayoría de ellos eran arqueros.

-¡Toph! ¡Necesito algo de ayuda aquí!- exclamó, mientras esquivaba un par de flechas.

La chica se colocó entre él y la gente que se acercaba y levantó una pared de piedra en el medio. Después, se volvió nuevamente hacia la montaña y comenzó a palparla con sus manos.

Él siguió quejándose… ¡Esas flechas se acercaban cada vez más a ellos!

-Eso los mantendrá ocupados por un momento, así que puedes dejar de preocuparte, chico quejumbroso. Tenemos suerte: Sibö y Naítmi apoyan nuestro escape.

Ante la tierra control de la chica, la montaña comenzó a ceder, construyendo el angosto camino que ya conocía.

No pasó mucho tiempo antes de que el padre de Toph y sus hombres volvieran a seguir sus pasos. La maestra tierra estaba ocupada abriéndose camino entre la montaña como para poder detenerlos. No obstante, siempre que las flechas de los arqueros comenzaban a alcanzarlos, éstas se desviaban de alguna manera: pasaba una fuerte ráfaga de viento; aparecía algún obstáculo inesperado en el camino que recibía el golpe por ellos… Cosas simplemente maravillosas.

-¡Gracias, Universo!- exclamaba para sí mismo cada vez que se salvaban milagrosamente.

Pero como al Universo le gustaba tanto contradecirlo, su suerte no duró mucho más. Las flechas comenzaban a acercarse cada vez más. Empezaba a preocuparse por la chica, que no podía ver ni sentir las flechas que se acercaban.

-¡Cuidado!- gritó al ver que una flecha se aproximaba peligrosamente a la maestra tierra.

Casi inconscientemente, la apartó de la trayectoria del proyectil, pero no tuvo oportunidad de moverse a tiempo. Sintió el dolor punzante de la flecha clavada en su estómago y después otra, y otra, y otra… hasta que el dolor fue tanto que le fue imposible soportarlo.

No lo entendía… ¿Realmente podía doler tanto en un sueño?

-¡No!- Toph corrió hacia él y se puso a su lado de rodillas. Usó la tierra control para colocar una barrera entre ellos y sus perseguidores. –Vas a estar bien, ¿cierto?

-Toph… Sal de aquí. No creo que ellos vayan a detenerse sólo por mí. Anda.

-No seas tan dramático- decía ella, tratando de sonar de la misma manera que hacía normalmente, pero sus ojos velados decían otra cosa. –Vamos a sacarte de aquí.

-Anda. Termina el camino… Te garantizo que algún día será importante.

-Pero…

-Corre… Este muro no va a detenerlos por mucho tiempo.

Tomó algo de tiempo, pero supuso que las vibraciones de la tierra en las que ella tanto confiaba le habían dicho que debía hacerle caso.

La vio irse con una menor velocidad que antes, hasta que la perdió de vista.

Ahora, sólo le quedaba esperar… Y no fue por mucho tiempo.

Los hombres escalaron el muro con dificultad y, poco a poco, fueron acumulándose en torno a él.

-Todavía está vivo- dijo uno.

-No por mucho tiempo…- escuchó al padre de Toph en algún lugar detrás de todos ellos. –Arrójenlo al agua y que sea Mulurtmi quien decida qué hace con él.

Por más que trató de resistirse con las fuerzas que le quedaban, los hombres lo tomaron por los brazos y lo lanzaron por el acantilado.

¿Qué sucede cuando se muere en un sueño? ¿Así se sentía morir realmente?

Era una sensación extraña: No se estaba ahogando, no le dolía… Su cuerpo se notaba más bien libre entre las aguas que lo azotaban. Tal vez debería dejarse llevar por ellas pero… ¡Toph! ¡No podía dejarla ahí, sabiendo que aún la perseguían!

Abrió los ojos y nadó rápidamente para llegar hasta ella. Nadar se le hacía más fácil ahora: Podía respirar bajo el agua, ya no tenía que utilizar sus brazos ni sus piernas…

Se detuvo por un momento. ¡Ya no tenía que usar sus brazos y piernas porque no los tenía! Su cuerpo era una extensa prolongación desde su cabeza hasta la punta de su… ¿cola?, totalmente cubierto de verdes escamas: Era el cuerpo de una serpiente de mar.

Se quedó horrorizado… ¿Cómo era posible? Bueno… Ya sabía que de todas maneras ese sueño no tenía mucho sentido. Pero, si tenía ese cuerpo ahora, era porque el Universo de su sueño quería que hiciera algo con él.

Nadó a toda velocidad hacia donde podía ver que iba la construcción del camino y, justo cuando los perseguidores parecían estar a punto de alcanzar a la chica, sacó la mitad de su cuerpo del agua y se levantó unos cuantos metros por encima del camino.

Pudo escuchar las exclamaciones aterrorizadas de varios hombres, semejantes a pequeñas hormigas ante sus ojos, que salieron huyendo al verlo. Los que no lo hicieron, sucumbieron bajo el peso de su cuerpo, al destruir una parte del camino.

Mientras tanto, la chica se alejaba más y más, hasta que la perdió de vista.

***

¿Fin del sueño?

El fuerte golpe de las rocas bajo su espalda al moverse lo obligaron a despertar.

-Es hora de levantarse, chico vagabundo- la inconfundible voz de la bandida ciega lo sacó del sueño más rápido que su golpe. -¿No que empezaríamos el viaje temprano? Te estamos esperando.

Abrió los ojos y, levantándose, examinó el campamento: ahí estaban su hermana y Aang, terminando de recoger sus cosas… Sus ropas azules eran las mismas con las que se había acostado la noche anterior, y también la apariencia de Toph era la misma de siempre.

¡Entonces sí había sido un sueño!

Caminaron por un momento en completo silencio por el Paso de la Serpiente; sin embargo, éste se rompió con las palabras de la niña ciega.

-¿Sabes?- preguntó, sonrojándose ligeramente. –Creo que anoche, por primera vez en mucho tiempo, tuve un sueño, y salías en él… Fue un sueño muy extraño. Huíamos y yo abría una especie de camino y luego tú…

-¿Te salvaba?- terminó, al ver que ella no continuaba.

-¿Cómo lo supiste?- inquirió la chica, sonrojándose aún más.

¿Era posible que dos personas pudieran tener el mismo sueño?

-Una vez, hace muchos años, escuché una antigua historia sobre el Paso de la Serpiente- oyó decir a Aang, quien caminaba unos pasos más atrás, junto con Katara. –Decía que este camino surgió de la huída de una pareja de enamorados de tribus distintas que querían estar juntos, a pesar de la negativa del padre de ella. El joven murió en la huída, pero, gracias al espíritu del océano, se convirtió en la serpiente que ronda estas aguas con el fin de proteger a su amada de cualquiera que se acerque…

No.

Tal vez no tener el mismo sueño…

Tal vez el Universo simplemente tenía una manera muy extraña de hacerlos recordar…

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Espero que les haya gustado (y que hayan entendido algo…)

Ya saben: por favor, por favor, por favor… ¡Dejen review!

Se despide nuevamente de ustedes, la Mod Felina del País de Agni… ¡Nya!

¡Saludos!