¡Hola de nuevo! Bienvenidos a mi tercera entrega de Semana Shipping HoL Music Box.

Hoy subo capítulo más temprano, porque voy para el estreno de Harry Potter and the Half Blood Prince… ¡Wiiiii!

Como siempre, antes de empezar agradezco por sus comentarios a: Esciam (2 veces), Paris, Saku, Rashel y Kahia-chan.

Antes de empezar, mi disclaimer: Ni Avatar ni cualquiera de los personajes que aparezcan en esta historia me pertenecen. Sólo los uso por diversión y sin fines de lucro. El título tampoco me pertenece, es de una canción de Ricky Martin, que pueden encontrar en su disco A medio vivir, de 1995.

Fuera de eso… No me queda más que decir: ¡Disfruten!

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III Edad Media

Revolución

A Zutara Story

Estaba resignada a su destino, pero era incapaz de aceptarlo.

Eran tiempos de guerra, lo sabía. Siempre habría bajas en ambos bandos; planes que funcionaban, estrategias que no funcionaban; aquellos que se salvaban y aquellos que, como ella, eran capturados y convertidos en prisioneros de guerra.

Sabía que lo que venía no sería fácil. Se rumoreaba que una vez que se entraba en las mazmorras del palacio de la Nación del Fuego era imposible salir con vida. Los verdugos de aquella horrible Nación conocían espeluznantes métodos de tortura: quemaban extremidades; fragmentaban partes del cuerpo; daban latigazos; ataban a los prisioneros al potro o vertían aceite hirviendo sobre sus cuerpos y dentro de sus bocas… Además, los encerraban en oscuras y estrechas celdas, donde no entraba la luz del sol ni un rayo de luz de luna.

Todo eso sería suficiente para coartar las esperanzas y hacer hablar a cualquier prisionero… pero no a ella. No sabían con quién se estaban metiendo. Capturar y destruir al Pez Ángel del Sur significaba una inminente revolución de toda su gente.

El puente levadizo de la gran fortaleza se cerró a sus espaldas y las de tantos otros guerreros de su tribu. Había llegado el momento de ser fuertes. No podían dejarse vencer.

Pero era difícil recordárselos mientras los encaminaban hacia la torre del homenaje, de donde muy pocos saldrían con vida. En esos momentos no era fácil dejar de pensar en cómo habían llegado hasta ahí.

*** FLASHBACK***

Las batallas por evitar la dominación de sus territorios por parte de la Nación del Fuego se volvían cada vez más crueles y largas. Pequeños grupos se organizaban para atacar en caminos y bosques, para así evitar que los refuerzos de la armada de fuego alcanzaran los puertos para embarcarse hacia sus gélidas tierras.

Ahí era donde se encontraban su hermano y ella. En ese mismo lugar había surgido su sobrenombre de Pez Ángel del Sur, no sólo por ser la única maestra agua en las filas de su tribu, sino también por ser quien les daba una luz de esperanza en medio de aquellos horribles tiempos.

Sin embargo, esa noche los emboscados fueron ellos…

Los caballeros de la Nación del Fuego, con sus pesadas armaduras color marrón, a los que atacaron no eran maestros fuego… Los verdaderos maestros fuego venían vestidos de civiles, detrás de ellos. ¡Ese era un movimiento que nadie de la resistencia esperaba!

Por más que intentaron defenderse, los maestros fuego eran muchos, y aunque la luna estaba de su lado, en poco tiempo habían sido vencidos. Muchos jóvenes habían caído muertos por profundas quemaduras; otros fueron capturados para ser torturados; los que tuvieron suerte, como su hermano, pudieron escapar…

*** FIN DEL FLASHBACK ***

Seguramente ya estarían planeando una manera de sacarla de ahí. Su hermano no podría dejarla…

Un estrecho y oscuro pasillo… los gritos de grandes cantidades de prisioneros, encerrados todos juntos en celdas estrechas… todo empeoró cuando los guardas abrieron una celda y los encerraron a todos ahí.

Su propia gente comenzó a desesperarse.

-¡Basta!- exclamó, llamando la atención de todos. –Si nos desesperamos ahora, estamos dejando que ellos ganen.

-Eso es inútil- dijo la voz de un muchacho desde un rincón oscuro de la celda. –Una vez que llegas hasta aquí, ellos ya ganaron.

-No es cierto…

-Espera y verás.

***

¿Cuántas horas habían pasado?

No podía saberlo con certeza. Bien podían haber pasado incluso un par de días…

El encierro, la oscuridad perpetua y el hecho de que sólo hubieran recibido un par de mínimas raciones de comida (que tuvieron que repartir para que todos pudieran comer) la mantenían desubicada.

Ese horrible… ¿día?, los guardas llegaron a sacarla de su celda. Seguramente habían descubierto su importancia en el liderazgo de aquella gente. Si lograban quebrarla, acabarían con las esperanzas de todos; podría asegurar que se la llevaban por eso.

Cubrieron su rostro mientras la trasladaban a donde fuera que la llevaban… otra manera común de infundir miedo. Cuando le quitaron la venda, se encontraba atada a una especie de silla, en una habitación llena de instrumentos de tortura, muchos de los cuales tenían aún marcas de la sangre de los prisioneros en quienes habían sido utilizados.

-Será mejor que cooperes con nosotros, niña- le decía un hombre, cuyo rostro estaba cubierto por una máscara negra. –No te lastimaré… mucho… si colaboras.

-¡Jamás!

Un fuerte grito llenó el lugar en cuanto recibió el primer golpe de un látigo, con afiladas puntas de hierro.

***

Con costos podía moverse cuando la lanzaron de vuelta a su celda. Los demás prisioneros, al ver lo que le habían hecho, alabaron su fuerza y valentía, comprometiéndose aún más en su causa de no dejarse vencer por más que la tortura fuera dolorosa. La estrategia de los verdugos de la Nación del Fuego había surtido el efecto contrario.

Sin embargo, había una persona que se mantenía al margen de todo lo que ocurría, siempre observándolo todo desde aquel oscuro rincón, oculto bajo una pesada capa negra.

-Eres muy valiente o muy tonta- le dijo, cuando ya todos se hubieron calmado.

-¿Por qué?- preguntó extrañada. -¡Si a la gente le ayuda!

-Pero quién se preocupa por ti- inquirió él con seriedad. -¿Acaso alguien se ha preocupado por hacer algo por tus heridas? ¿Acaso alguien ha intentado sacarte de aquí? ¿Acaso alguien va a recordarte si mueres aquí?

-Mi hermano va a sacarnos de aquí…- aseveró con seguridad, pero algo de resentimiento en su voz. –Y nuestra gente es agradecida… Si muriera aquí, sabrían cómo recordarme.

-Eso no responde a mi primera pregunta- continuó él, al ver que guardó silencio.

Se alzó de hombros. Realmente no sabía cómo responder a eso. Le dolía, y mucho, pero trataba de permanecer fuerte por todos sus compañeros. Además, sabía que no había agua alrededor, como para evitar que las heridas se infectaran o hacer agua control para sanarlas.

-Voy a hacerte un favor- dijo él, ayudándola a sentarse en el suelo. –Esto va a doler mucho, pero ayudará a que tus heridas mejoren… Ya lo he probado con las mías. Sólo… promete que no vas a gritar.

-¡Por supuesto que no voy a gritar!- le dijo, indignada de que la tratara como a una niña.

El desconocido comenzó a masajear suavemente su espalda, ejerciendo especial presión sobre cada una de sus heridas, provocando que ardieran como cuando habían sido hechas. Mordió sus labios con fuerza para no gritar, pero no pudo evitar derramar algunas lágrimas.

Un par de horas después, sin embargo, sus heridas dejaron de arder y pudo moverse con la misma facilidad que antes.

***

Seguía sin saber exactamente cuánto tiempo pasaba entre una sesión de tortura y la siguiente. Lo único de lo que estaba segura era de que eran cada vez más frecuentes, y también era más frecuentes sus sesiones de sanación con aquel muchacho.

-¿Ahora sí te darás por vencida?- preguntó él alguna vez.

Los verdugos habían pasado de sólo flagelar a quemar sus brazos y piernas hasta dejarlos en carne viva, pero no habían logrado quebrantar su voluntad ni la de su gente… aún.

-¡Por supuesto que no!- gritó indignada.

-¿Por qué insistes tanto? Sería más fácil darte por vencida…

-¿Por qué insistes tanto tú…- devolvió la pregunta. –…y después estás aquí para ayudarme?

-Porque…- el muchacho pareció meditarlo por un momento. -… tal vez; sólo tal vez… Podrías tener razón.

Sonrió satisfecha. Por primera vez le estaba diciendo que tenía la razón, aunque aún dudara de ello.

Su felicidad no duró mucho, sin embargo. En ese preciso momento, uno de los guardas llegó con el aviso de que, por órdenes del Señor del Fuego, ella sería quemada en la hoguera a la tarde siguiente, por ¿bruja?

¡Otro invento de ellos! ¡Ella no era una bruja y todos lo sabían! Pero que la asesinarían la siguiente tarde… ¡eso sí era seguro!

Muchos de sus compañeros comenzaron a desesperarse. Con ella muerta, cualquiera de ellos podría ser el siguiente.

-Eso no va a pasar- les aseguró.

-¿Cómo sabes?- preguntaron varios.

-Porque para la tarde de mañana, habremos escapado de aquí.

***

Pensaba. No podía hacer otra cosa mientras la guiaban por aquellos estrechos y oscuros pasillos.

*** FLASHBACK ***

En un principio, la gente se había negado a escucharla: amotinarse podía resultar en la muerte de muchos de ellos… Pero no habían contemplado que no hacerlo podía resultar mucho peor.

Al planteárselos así, muchos recapacitaron y se pusieron de su lado, ayudándola a convencer a los demás.

-¿Qué dices?- preguntó, acercándose al muchacho y tendiéndole la mano, como en señal de trato.

-Si realmente existe una manera de salir de aquí, no tengo nada que perder- replicó él, tomando su mano. –Pero si no llegara a funcionar…- haló su mano para acercarla a él y la besó.

Fue un beso largo, profundo, pero suave a la vez. Se dejó llevar por él, y respondió con vehemencia, hasta que finalmente llegaron por ella.

-¿Por qué lo hiciste?- preguntó al separarse de él, mientras el guarda la tomaba con fuerza por los hombros.

-Porque eres la única persona que ha podido devolverme un poco de la esperanza que había perdido- retiró un poco la capucha que le cubría el rostro y salió a la poca luz que llegaba a la celda por las antorchas de los guardas, revelando un par de ojos dorados, uno de ellos rodeado por una horrible cicatriz. –Gracias.

*** FIN DEL FLASHBACK ***

¡Era de la Nación del Fuego! ¡No podía creerlo!

Sin embargo, no podía odiarlo… No podía evitar sentir compasión por él, más bien. ¿Cómo podía el Señor del Fuego hacer eso a su propia gente? No podía imaginarlo.

La sacaron de la gran torre al patio de armas. La cantidad de luz que recibía tras tanto tiempo de encierro la cegaba, pero percibía el aroma de la madera que conformaba la pira en la que iba a arder.

La ataron a un gran poste, justo en medio de las ramas. Sin embargo, no encendieron la hoguera, ya que antes que pudieran hacerlo, se oyó la voz de alarma:

-¡Estamos bajo ataque nuevamente!

Trató de enfocar su vista un poco mejor. Creyó ver la bandera de su tribu izarse sobre la gran muralla que rodeaba el palacio… No. Tal vez sólo se lo imaginaba.

-¡Larga vida al Pez Ángel del Sur!- fue el grito de guerra que se levanto desde afuera, haciendo retumbar las paredes.

¡Lo sabía! ¡Sabía que su gente no le fallaría!

Los maestros fuego lanzaban grandes bolas de su elemento hacia afuera. Sin embargo, la gran puerta levadiza del castillo se desplomó, dando paso a los guerreros de su tribu, acompañados por los de la Tribu Agua del Norte y algunos maestros tierra.

Un maestro fuego encendió la hoguera que la rodeaba, pero ésta no estuvo mucho tiempo encendida, pues los maestros agua la apagaron con facilidad, usando su agua control.

Su hermano llegó hasta ella y la desató, usando su espada. Después le entregó una cantimplora llena, para que hiciera lo que mejor sabía.

Apartó a varios maestros fuego con sus látigos de agua; atrapó a otros tantos en columnas de hielo, mientras poco a poco los otros guerreros iban mermando sus números.

¿Cómo le estaría yendo a los otros prisioneros?

Su pregunta fue respondida cuando vio caer a uno de los guardas de la mazmorra, justo en medio de la plaza, amoratado por la gran cantidad de golpes que había recibido, mientras desde las profundidades de la torre del homenaje se les unían los antiguos prisioneros de guerra.

Así fue como su gente, con algo de ayuda, logró tomar aquel castillo, bastión de la Nación del Fuego.

Una vez tomados como prisioneros los pocos maestros fuego que quedaban en pie, los guerreros victoriosos comenzaron a reunirse en la plaza de armas, lugar que simbolizaría su victoria.

-¡Tras largos meses de asedio, por fin le enseñamos a la Nación del Fuego el poder de las otras naciones!- exclamó su hermano y la gente a su alrededor vitoreó. ¿Así que realmente habían sido varios meses los que había pasado ahí encerrada? –Porque supimos permanecer fuertes, porque siempre hubo alguien que nos mantuvo esperanzados.

-¡Larga vida al Pez Ángel del Sur!- exclamaba la gente.

Al final del grupo, una sombra encapuchada se alejaba, tomado rumbo hacia la desplomada puerta levadiza.

Se separó de su hermano y corrió hacia él.

-¿Te vas?

-Tengo que recuperar lo que es mío- dijo él simplemente. Luego, se acercó a ella y la besó nuevamente, justo como había hecho aquella vez. –Agni guarde al Pez Ángel del Sur.

Lo vio alejarse lentamente, hasta que lo perdió de vista por completo.

Poco tiempo después, volvió a escuchar noticias de él: Un nuevo Señor del Fuego se levantaba, con la promesa de una nueva guía para su gente, basada en una sola palabra: esperanza.

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¡Dios! ¡Cómo me costó este capítulo!

Por favor, si tienen algún comentario, crítica, tomatazo… Ya saben… Háganmelo llegar.

Se despide nuevamente, la Mod Felina del País de Agni, ¡NYA!

¡Los veo mañana!