¡Hola a todos! Aquí viene mi sexta entrega de Semana Shipping HoL Music Box. Les pido que, por favor, la lean con tiempo: es una de mis favoritas y es un tanto larga, pero les aseguro que no se van a arrepentir.
Como siempre, agradezco por sus comentarios a: Hinoiri-san (2 veces), Kahia-chan (2 veces), Sakura Freya (2 veces), Paris y avatar_kataaang_4ever (Gracias por el review; esta ya es la penúltima historia de esta colección, pero ahí sigo subiendo otras cosillas de vez en cuando. Vas a tener que mandarme tu correo otra vez, porque no me llegó; ponlo con espacios en medio de cada cosa, para que aparezca completo).
Como siempre, les dejo mi disclaimer: Ni Avatar ni cualquiera de los personajes que aparezcan en esta historia me pertenecen. Sólo los uso por diversión y sin fines de lucro. El título y el epígrafe tampoco me pertenecen, son de una canción de la agrupación nacional Tango India, que se puede encontrar en su disco ¿Dónde estás si no es aquí?, de 1999.
Ahora sí, espero que esta les guste tanto como a mí:
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VI Futurista
¿Dónde estás si no es aquí?
A Yuokka Story
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"Si no eras real, ¿por qué viniste?
(Tango India, 1999)
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Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo.
Había crecido viendo la colonización espacial, los automóviles voladores, las tecnologías que podían prolongar la vida y mejorar su calidad, la clonación, los androides de apariencia cuasi humana… Sin embargo, no sentía que hubiera un lugar para él en ese mundo. Un guerrero estratega no tenía cabida en un lugar donde una máquina podía hacer su trabajo un millón de veces más rápido que él.
Tal vez si abandonaba su hogar en el polo y viajaba a las colonias espaciales…
Con esa idea en mente, dejó su casa, tras despedirse de su hermana y su abuela. Buscaría a su padre y le pediría que lo dejara ser parte de su flota espacial.
El camino era largo y solitario: primero, del polo hacia el puerto de transbordadores espaciales, y de ahí hacia la nave de su padre. Pero nunca se sentía más acompañado que en las noches, cuando manejaba su moto-trineo FXV535 iluminado por la luna llena.
Algún día, él sería el re-conquistador de los territorios lunares y todos lo reconocerían por eso: Sokka Kuruk, conquistador de la luna.
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo… y entonces apareció ella.
Recién había bajado del transbordador espacial que lo dejó en uno de los hangares de la nave de su padre, el Tu y La 1: un largo pasillo en cuyos extremos se formaban dos hileras de aviones-nave de guerra de diferentes modelos. Fue entonces que vio a una chica de cabellos blancos, piel oscura y hermosos ojos celestes, asomada por la ventana de una valkiria… y no quitó sus ojos de ella, aunque por eso terminara tropezando con cuanto objeto se interpusiera en su camino.
Así, entre tropezones, finalmente llegó a la puerta. De ahí tomó el pasillo que lo llevaba hasta la sala de control, donde su padre esperaba.
El capitán Hakkoda lo recibió efusivamente, pues llevaban mucho tiempo sin verse, desde la última vez que había salido de casa hacía unos años. También prometió ponerlo a prueba para valorar sus capacidades como piloto de guerra, porque ciertamente una cosa era que pudiera manejar una nave acuática o terrestre, y otra muy distinta, era una valkiria espacial. Finalmente, ordenó que le mostraran la nave y el que sería su camarote, ya que sus ocupaciones no le permitían hacerlo él mismo.
Una vez que se acomodó, salió a recorrer las salas comunes, con la esperanza de encontrar algún rastro de la chica misteriosa. Había pocas mujeres en la nave, pero ninguna se parecía a ella… ¿Dónde podría estar?
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo… ¡pero no había manera de que una persona pudiera esfumarse así!
Llevaba ya días aburrido, sin nada qué hacer mientras no lo dejaran probarse como piloto, y no había visto a la chica misteriosa desde que llegó. No podía evitar preguntarse si se la había imaginado. El Tu y La no era tan grande como para no haber tenido un encuentro casual con ella.
Quizás debía dejar de pensar en eso…
Llevaba un encargo a la zona de embarque del Hangar 14. No había nadie alrededor, así que iba a dar media vuelta cuando la vio de nuevo.
Ahí estaba su chica misteriosa, al otro lado del hangar, de pie junto a una valkiria.
Esta vez no la dejaría escapar.
-Hola- dijo, acercándose a ella lentamente, para no asustarla.
-Hola- respondió ella, aunque sonó más a pregunta que a respuesta.
-¿Quién eres?
-Mi nombre es Yue.
-Yue… Es un lindo nombre- se acercó aún más. –Soy Sokka, hijo del capitán de la nave- dijo, dándose aires de importancia. –Me mandaron a traer para que piloteé una valkiria, porque saben de mis talentos como piloto.
-¿Ah, sí?- preguntó ella, mientras lo examinaba con la mirada. -¿Qué tal si me llevas a dar una vuelta en… esta, tal vez?
Tragó una gran cantidad de saliva… ¿Cómo iba a salir de ese embrollo?
-Aún no me han dado los códigos de navegación- respondió, lo más seguro posible.
De un momento a otro, el avión se activó y la cabina del piloto se abrió. La chica subió hasta la nave, caminando como si casi no tocara el suelo, etérea, y se sentó en el puesto del copiloto. Después, le señaló con la cabeza que subiera también.
Corrió torpemente hasta arriba y cayó sentado en el asiento del piloto. Tal vez no era tan buena idea… Conocía bien los controles, su padre se los había enseñado de niño, pero salir sin que nadie supiera era otra cosa.
Sin embargo, en pocos segundos estuvo afuera, piloteando aquella nave en el oscuro espacio. Estaba feliz: sentía como si la valkiria supiera lo que pensaba hacer y lo estuviera ayudando.
Entonces, decidió impresionar a Yue, navegando entre una serie de asteroides, lo cual le permitió practicar velocidad, giros y alguna que otra voltereta. Pero, al llegar a cierto punto del camino, vio una llamarada pasar cerca del ala derecha: un caza de la Nación del Fuego salió desde atrás de una de las grandes rocas espaciales y comenzó a seguirlos a toda velocidad.
Trató de perderlo, pero era demasiado rápido. Sólo le quedaba una opción: obligarlo a retroceder para no chocar contra un asteroide.
Voló entre las rocas rápidamente. Más que por sí mismo, temía por la seguridad de la chica que lo acompañaba. Dejó que el caza lo siguiera por entre las rocas y esquivó sin dificultad sus ataques, pero su oportunidad para perderlo no llegaba... Tendría que arriesgarse más.
Aceleró para pasar entre un par de rocas que estaban a punto de colisionar. Con algo de suerte, pasaría entre ellas sin un rasguño, pero el caza no tendría el mismo privilegio.
Sin embargo, no contaba con que los asteroides chocarían de esa forma, golpeándose primero hacia el frente y luego hacia atrás de ellos, dejando en el centro un espacio por el cual aún podían volar. Sólo le quedaba una opción antes de que el choque fuera inminente: ser más rápido y salir por arriba.
Ascendió lo más rápido que pudo y tuvo que dar un giro de ciento ochenta grados para salir por el espacio que se estrechaba cada vez más. Todo duró apenas un corto instante, pero fue suficiente para hacer que su corazón latiera a una velocidad que nunca antes hubiera creído posible; Yue, al parecer, estaba bastante sorprendida.
El caza no tuvo la misma suerte, y quedó atrapado, estallando en el lugar.
Regresaron al hangar de inmediato; la adrenalina al máximo, la emoción también… Pero, a pesar de su alegría, el recibimiento no fue alentador.
-¡Yue!- un hombre corrió hacia ellos y lo separó bruscamente de ella. -¿Estás bien?
-Padre…
-Vamos… Tenemos que revisar que estés bien- le dijo a Yue. Luego, se volvió molesto hacia él. –No quiero verte cerca de ella otra vez.
Rato después, fue llamado para hablar con su padre, quien le habló muy preocupado por lo irresponsable que había sido. También le dijo que, aunque después de que vieron lo que había hecho, no podía negarle el convertirse en piloto, no podía ponerlo en la flota del comandante Arnook, el padre de Yue.
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo; ni siquiera el padre de Yue, cuando se veía con ella a escondidas en el Hangar 14.
Llevaban varias semanas viéndose a escondidas, disfrutando de un tiempo juntos, aunque no pudieran moverse de aquel lugar, para que no los descubrieran. Con Yue podía hablar libremente de cualquier cosa. Ella lo escuchaba atentamente y se divertía con los chistes que le contaba, aunque no riera de ellos.
Sin embargo, él era el único que hablaba sobre su vida. Yue nunca le había contado al respecto, excepto por alguna referencia a su padre. Tampoco se acercaba a más de un par de pasos de él, y retiraba su mano cada vez que intentaba siquiera acercar la suya.
No podía entenderlo: ¿Realmente le gustaba?
A veces pensaba que sí. Otras… no estaba tan seguro. Era esa incertidumbre la que a veces le hacía preguntarse si todo eso realmente valía la pena, pero aún y así seguía haciéndolo.
Ese día no habían podido verse. Su padre había mandado a llamar a todos los pilotos para informarles los últimos acontecimientos y su plan de acción: Las flotas de la Nación del Fuego, dirigidas por el Señor del Fuego Ozai, estaban ganando terreno sobre las bases lunares. Por lo tanto, todas las naves de las Tribus Agua debían presentarse como refuerzos, así que el Tu y La 1 iría a apoyar la resistencia.
Terminada la reunión, su padre lo llamó aparte para que se quedara por un momento; decía que tenía algo importante que hablar con él.
-Durante las últimas semanas hemos tenido problemas con uno de nuestros sistemas de navegación- le dijo seriamente. –Los controles de la nave se niegan a funcionar a menos que seas tú quien la piloteé.
-¿Yo?- preguntó extrañado. –Pero…
-Es un sistema de navegación especial, desarrollado por el comandante Arnook hace unos cuantos años; un sistema de inteligencia artificial, programado con un proyector holográfico de imagen, que apoyan al piloto como un segundo al mando dentro de la cabina. Creo que hace algunos días tuviste la oportunidad de conocer al YUE722.
-YUE722…- repitió lentamente, tratando de asimilar aquello.
Fue entonces que su mundo se vino abajo.
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo… No era real. ¿Cómo no se había dado cuenta?
No podía dejar de pensar en eso. Se sentía como un tonto, traicionado y nuevamente vacío. Pero tenía que escucharlo de boca de ella…
-Llevas varios días sin venir- dijo ella al escucharlo llegar. –Creí que te habrías olvidado…
-No eres real, ¿cierto?- preguntó de una vez, sin mirarla fijamente... No podía hacerlo.
-Tan real como eres tú, no- una amarga sonrisa se dibujó en sus labios. –Sólo tan real como puede ser la luz de una estrella que llega a la Tierra- finalmente, dejó que una mano se acercara a la suya, pero sólo la atravesó.
Lanzó un fuerte golpe de frustración contra la valkiria, lastimándose un poco, pero no le importaba.
Al instante, comenzó a sonar la alarma de ataque en el hangar. Todos los pilotos se dirigieron hacia allá para tomar sus puestos: La Nación del Fuego había mandado a atacar a cualquier nave que se dirigiera a apoyar la resistencia.
El Tu y La 1 estaba bajo ataque; había llegado la hora de pelear en serio.
Iba a abordar la nave que siempre había utilizado durante los entrenamientos cuando su padre lo detuvo: quería que cambiara de nave… y que Yue lo acompañara en aquella misión.
¿Por qué ella? ¿Por qué ahora? ¡Ahora sabía que era cierto que al Universo le encantaba jugar con él! ¡No podía desobedecer una orden directa!
Subió de mala gana a la cabina del piloto, donde la chica esperaba por él y, aunque trató de hablarle varias veces (¡como si un holograma necesitara dar una explicación o una disculpa!), la ignoró so pretexto de que tenía otras cosas en qué concentrarse.
Recibió un comunicado urgente: a ellos les tocaría evadir el conflicto que se ceñía en torno al Tu y La y dirigirse directamente a la luna. Obtendrían la ayuda que necesitaban para llegar allá sin mayores contratiempos.
Salieron del hangar, y rodearon el Tu y La para evitar los cazas de la Nación del Fuego que atacaban de frente. Los acompañaban, a cada lado, otras dos naves: la de Bato, el amigo de su padre, y la de Arnook, el "padre" de Yue, quienes vigilarían que llegaran a salvo a su destino. Sin embargo, eso no sería fácil. Los pilotos de la Nación del Fuego tampoco eran estúpidos, y no pasó mucho tiempo antes que los siguieran.
Lo más difícil de viajar a toda velocidad por el espacio mientras se es perseguido es no poder contraatacar mientras el enemigo te tiene en la mira y lanza grandes llamaradas, pero no podía detenerse… Su trabajo era llegar a salvo a la base lunar; el de Bato y Arnook era protegerlos.
Una luz brillante, proveniente de algún lugar a sus espaldas, se reflejó en el vidrio de la cabina.
-Caza uno destruido, quedan dos- escuchó a Bato decir triunfante. ¡Así que eso era el brillante resplandor que acababa de ver!
Poco después, vio la valkiria de Arnook volando justo frente a ellos. Bato venía atrás, seguido de cerca por los dos cazas restantes. Era una posición defensiva básica que hacía más difícil que lo atacaran a él. Segundos después, la nave de Bato volaba detrás de uno de los cazas y lo hacía desaparecer de su radar, pero su nave también desapareció por completo.
No podía creerlo. Llamó varias veces por el intercomunicador… Nada. Había desaparecido.
-Yue… quiero que hagas esto- le dijo a la chica, tratando de evitar que notara el estado de tristeza y frustración que lo había embargado. –Cuando ese caza esté lo suficientemente cerca, lo evadimos y lo derribamos.
-Pero las órdenes eran…
-Tú puedes cambiarlas- le aseguró, interrumpiéndola. -¿De acuerdo?
-De acuerdo.
Disminuyó gradualmente la velocidad, dejando que Arnook se adelantara y que el caza fuera alcanzándolo. Esquivó varios ataques, maniobrando hacia un lado u otro y, cuando la nave se hubo acercado lo suficiente, hizo una pequeña señal a Yue. La valkiria se elevó sobre el caza, dando una voltereta, y se colocó justo detrás de éste, dándole la oportunidad de disparar por primera vez sus recién cargadas balas de hielo.
El último caza estalló justo frente a ellos.
-Esa fue la razón por la que te elegí, Sokka- dijo ella, sonriendo ante su expresión de satisfacción por haber derribado al enemigo.
-¿Perdón?- preguntó sin entender.
-Me enseñaste cómo siente un ser humano… Así eres tú.
Aquella expresión lo hizo sonreír satisfecho, aunque no sabía muy bien por qué.
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo, pero eso era más de lo que esperaba.
El viaje hasta las bases lunares fue largo y turbulento; sin embargo, no volvieron a tener fuertes encuentros con naves de la Nación del Fuego.
Entonces la vieron: la imponente nave imperial del Señor del Fuego. Aquel buque de guerra podía medir tres veces el tamaño del de su padre, y su tecnología (robada de sus colonias en el Reino Tierra) era mil veces más avanzada. Era una pieza magnífica, pero su brillo dorado frente a la luna era un espectáculo siniestro.
Se reportó con la base lunar y las naves que apoyaban la resistencia. No había estrategias, no había formaciones de ataque: Sus números se habían visto reducidos hacía algún tiempo. Todos atacaban erráticamente, esperando no morir en el intento. Las esperanzas de su gente habían mermado por completo.
Observó con cuidado el estado de las cosas: varios cazas de la Nación del Fuego rodeaban el buque de guerra, pero no eran tantos como para no poder acabar con ellos. El mayor problema eran los grandes cañones láser que salían de la nave más grande y destruían todo a su paso en los cuatro puntos cardinales.
Entonces tuvo un plan.
-Yue… Tú me ayudarás con esto, ¿cierto?
-Por supuesto- respondió ella con una sonrisa.
-De acuerdo- dijo satisfecho. Después, activó el intercomunicador de la nave y contactó a la base lunar para que diera la orden. –Este es el YUE722. Tengo un plan de ataque, pero necesito refuerzos… Si funciona, podemos equilibrar un poco las cosas… Sí. En alrededor de quince minutos, tendremos el poder de la luna de nuestro lado. Tiene que haber dos de nuestras naves por cada caza de la Nación del Fuego, así que se puede atacar de dos en dos, porque el resto de sus naves están deteniendo nuestros refuerzos, que se supone que venían, pero no pueden llegar y… Perdón. Yo me encargo de los cañones del buque, pero necesito al menos tres naves que me cubran… ¡Sólo comuníqueles!
Diez minutos después, tenía la autorización completa. No sabía si funcionaría, pero tenía el poder de la luna de su lado y el tener a Yue junto a él lo hacía sentir un tanto más tranquilo. Ella había probado que lo comprendía mejor que muchas personas reales, que no creían ya que él fuera una pieza imprescindible para cualquier cosa.
El ataque comenzó como había planeado: la gente comenzaba a organizarse en torno a su plan. Los cazas comenzaban a caer poco a poco mientras él sobrevolaba la gran nave del Señor del Fuego, acompañado por tres naves más, buscando el mejor punto para atacar.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes que un largo caza de élite se pusiera tras su pista. ¡Debió haber sospechado que el Señor del Fuego estaría bien resguardado! ¡Ya le extrañaba que resultara tan fácil!
Aumentó la velocidad, mientras sus compañeros se dedicaban a cuidarle las espaldas. Se movía rápidamente en medio de aquella vertiginosa danza de fuego y hielo, pero ni toda una vida de entrenamiento lo habría preparado para eso: el fuerte golpe en una de sus alas, que desbalanceó su valkiria, y la voz de Yue diciéndole que había problemas con el motor izquierdo, que pronto dejaría de funcionar.
Molesto, decidió contraatacar. Le pidió a Yue que lo ayudara a girar y, apenas lo hizo, disparó, pero a la vez recibió un fuerte golpe proveniente de una estela de fuego que lo sacó de su curso.
Tomó los controles con fuerza e hizo lo posible por estabilizarse de nuevo. Sentía un dolor punzante en su hombro derecho; probablemente se lo había dislocado.
Apenas pudo estabilizar la nave, se volvió hacia Yue, quien aparecía ante sus ojos como una imagen cuando hay interferencia en el sistema que la proyecta.
-¿Estás bien?- le preguntó.
-Ese último golpe está causando problemas en el sistema de navegación. Sokka… El motor izquierdo ha dejado de funcionar. Debes salir de aquí.
Negó con la cabeza.
–Aún podemos lograrlo. Sólo… debemos destruir aunque sea uno de los cañones.
-Lo siento, Sokka- dijo ella, al tiempo que se abría la cabina y su asiento salía disparado de la nave, dándole apenas tiempo para colocarse la mascarilla para poder respirar.
Mientras era rescatado por uno de sus compañeros, observó con impotencia cómo Yue se estrellaba contra uno de los cañones del buque de guerra de la Nación del Fuego, haciéndolo explotar al tiempo que volaba en pedazos.
***
Ya nada podía sorprenderlo en aquel mundo.
A su corta edad, había sido soldado, peleador por los territorios lunares; había visto la muerte de cerca, pero su turno no había llegado aún… Se había enamorado de una ilusión, de una chica inexistente. ¿Qué podía ser más sorprendente que eso?
A su regreso a casa fue recibido como héroe, aunque no habían logrado derrotar al Señor del Fuego. Su plan había funcionado, sin embargo, para alejarlo de las bases lunares por el momento.
No obstante, no era aquel recibimiento lo que dibujaba esa sonrisa melancólica en su rostro, sino el mensaje que siempre llevaba en su bolsillo; la última comunicación que Yue había enviado antes de estrellarse y que él la perdiera para siempre:
"Hasta siempre, Sokka Kuruk, conquistador de la luna"
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¡Listo!
¿Qué les pareció? ¿Qué les pareció? ¡Quiero comentarios!
Sin más qué decir. Me despido por ahora.
¡Saludos desde Costa Rica!
Ruby, la Mod Felina del País de Agni.
