¡Hola a todos! Aquí les traigo la última entrega de Semana Shipping HoL Music Box. Espero que la disfruten.
Antes de empezar, como siempre, agradezco a: Esciam (4 veces… Sí, había una mención a vos… En agradecimiento por la ayuda en el cap 4… y, sí, me di cuenta de que te inspiraste un poco en ella para hacer tu tercera, pero no hay problema…), Paris (sí… debería desarrollarse más el Sokka-Yue… ¡tan lindo que era!), Saku (yo sé que es triste, pero ¡no te deprimas!) y Kahia-chan (sí… su inevitable destino es morir… aunque podría jugar a inventar una en la que no pase).
Ahora, esta última historia es especial y diferente: 1- Porque es la única historia de esta Music Box que es un song-fic de verdad. 2- Porque fue mi primer intento fructífero de escribir Maiko (¿por qué? Porque esta última es una categoría Rompecanon, pero en nuestros términos: "irnos fuera de nuestra religión avatariense con los shipping y escribir lo que nunca habíamos pensado sobre la pareja que menos nos agrade").
En fin… Les dejo mi disclaimer: Ni Avatar ni cualquiera de los personajes que aparezcan en esta historia me pertenecen. Sólo los uso por diversión y sin fines de lucro. La canción tampoco me pertenece, es de Sergio Dalma (compuesta por Alejandro Soler Gallego, Luis Gómez Escolar y José Llobell Oliver) y la pueden encontrar en su disco Sintiéndonos la piel, de 1991.
Ahora sí, todo suyo:
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VII Aleatoria/Rompecanon
Galilea
A Maiko Story
¡Por fin viernes!
Las clases finalmente habían terminado y ahora se dirigía a su dormitorio rápidamente. Había sido un día largo y estaba cansado, pero eso no era lo importante. Tenía que llegar, cambiarse de ropa, arreglarse un poco (a pesar de su muy rebelde cabellera)…
Era viernes y esa noche tenía una cita.
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Vestida de rojo, en punto a las diez
Podré conocerte al fondo del bar
Después de escribirnos quince cartas al mes
En tu última carta por fin, una cita a ciegas
Frente al espejo no me veo tan guapo
Te he dicho que soy un poquito más alto
Y sé que tu nombre no es Galilea
Si guapa, si fea, a mi me da igual
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Releyó aquella carta un par de veces más, para estar seguro de que no se equivocaría cuando la viera.
Diez de la noche… Bar Amateratsu (que se encontraba en una esquina a la salida del campus universitario)… La mesa del fondo del bar había sido reservada para que finalmente pudieran conocerse… Ella iría vestida de rojo.
Realmente era muy gracioso cómo empezó todo. Esos últimos tres meses había tomado de su tiempo para leer y escribir una carta de día de por medio, alrededor de quince por mes, y no había sido para nada tedioso.
Aunque, en realidad, aquello de las cartas había comenzado por accidente.
*** FLASHBACK ***
Llegó a su habitación después de un arduo entrenamiento para el próximo torneo inter-universitario de maestros elementales.
Entonces, encontró una carta bajo su puerta.
¿Una carta?
Era extraño. Nadie le escribía. Apenas consiguió aquella beca y un dormitorio en el campus universitario, abandonó su casa, sin dejar mención de hacia dónde se dirigía.
Abrió el sobre con curiosidad y encontró una simple hoja de papel con cinco líneas escritas en ella, con una letra hermosa y clara, a pesar de la aspereza de sus palabras:
Señor del dormitorio 16-F:
Considero una total falta de respeto el escándalo que salía de su habitación anoche. Hay personas en esta universidad que venimos a estudiar, así que… evítelo o tendré que tomar medidas más drásticas.
Galilea.
Ignoró la carta, tirándola a la basura. No era para él, de todas maneras. Debía ser para cualquiera de sus vecinos, que realmente eran bastante escandalosos.
Sin embargo, tuvo que volver a darle importancia a las cartas cuando recibió una segunda un sábado por la noche. Esta vez venía en un paquete más grande y un poco más pesado. Al abrir el sobre, lo primero que salió de él fue una afilada sai:
Señor del dormitorio 16-F:
Ya me estoy aburriendo de sus tontos juegos de adolescente. La última vez que escribí, dije que yo misma tomaría medidas más drásticas si no evitaba ese escándalo. Así que sabe lo que podría pasar si tengo que escribir otra vez.
Galilea.
Salió de su habitación y preguntó a todas las personas de su piso si habían visto a alguien cerca de su dormitorio. Nadie parecía haber notado algo, hasta que un muchacho le dijo que había visto a la chica del dormitorio 3-F, del piso de abajo, colocar un paquete bajo su puerta. Pero no pudo darle algún dato sobre ella que le diera una pista de quién era.
Bajó hasta el primer piso y llamó a la puerta del dormitorio 3-F, pero no recibió respuesta, y nadie llegó en los siguientes quince minutos. Cansado de esperar, arrancó una hoja de la pizarra de anuncios que decoraba la pared frente al dormitorio y, tras sacar del bolsillo de su jeans uno de los bolígrafos que siempre llevaba, le dejó una pequeña nota:
Galilea:
Lamento decirle que ha estado escribiendo a la habitación equivocada. Es la habitación 15-F la de las fiestas interminables, pero estoy completamente de acuerdo con su idea de que hay que hacer algo respecto a eso. Los demás también tenemos derecho a estudiar y descansar.
Al día siguiente, obtuvo su primera respuesta… una respuesta corta, intrigante, que lo obligó a escribir de vuelta, en busca de qué tenía en mente aquella chica… y así siguió recibiéndolas hasta ahora.
Nunca había visto a la chica. Tenían una especie de pacto tácito sobre de dejar las cartas cuando el otro no estaba en casa.
*** FIN DEL FLASHBACK ***
En la carta que había recibido la semana anterior, la chica había propuesto que, tal vez, podrían conocerse… ¡Una cita a ciegas!
Se miró en el espejo: ¡Esa estúpida cicatriz sobre su ojo! Por más que tratara de disimularla, seguía viéndose horrible. Eso restaba ya bastantes puntos a su presentación personal, más cuando ella no sabía al respecto, porque no había querido tener que contarle toda la historia… Además, juraría que en sus cartas le había dicho que era más alto de lo que en realidad era…
Salió de su habitación rumbo al bar.
Galilea…
¿Quién sería?
Podría jurar que ese no era su nombre. Si lo fuera, ya lo habría escuchado en alguna parte, o lo habría encontrado en algún lugar…
¡Daba lo mismo! De la misma manera que daba igual cómo fuera… Por eso había procurado no hacerse una imagen mental de ella.
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Galilea,
Que fortuna la mía
He quedado contigo
Con la chica más dulce, mi amiga por vía postal
Galilea,
Que fortuna la mía
Voy a verte de veras
Y por fin conocer tu mirada y tu nombre real
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Era una situación terriblemente extraña y no sabía cómo había acabado metido en eso… Pero ciertamente se sentía afortunado.
Siempre había creído que su vida universitaria sería terriblemente aburrida: limitarse a ir a clases, sacar notas lo suficientemente altas como para mantener su beca… Todo lo demás quedaba en un segundo plano.
Ahora, había quedado de encontrarse con ella: Galilea, quien sólo por medio de la escritura se había convertido en consejera, confidente, amiga… Sabía que ella debía ser así: A pesar de que a veces en sus afirmaciones podía percibirse oscura, pesimista, incluso sarcástica y agresiva, podía llegar a tener un lado dulce y empático, especialmente para-con él. En parte, hasta podría decir que lo comprendía… Su vida tampoco había sido fácil.
Se sentía extrañamente afortunado: ¡Por fin la vería, después de tres meses de sólo tener sus cartas!
Conocería sus ojos, su piel, su cabello, su sonrisa… Finalmente sabría cuál era su nombre y su historia: ¡Todo!
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La marea
Me está subiendo fuerte por la espalda
No me falles las cosas buenas pasan sólo una vez
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El gran rótulo del bar Amateratsu brillaba con sus grandes letras rojas, anaranjadas y amarillas en la esquina de la calle principal, a las afueras del campus universitario.
No era uno de los lugares más de moda entre los estudiantes, pero era mejor así: a ninguno de los dos le gustaban las grandes aglomeraciones de gente, donde no se podía mantener una conversación decente sin tener que dar gritos para que te escucharan.
Se detuvo por un momento antes de abrir la puerta… de por sí, aún era temprano.
Un escalofrío recorrió toda su espalda, hasta atacar su mente: ¿Y si no llegaba?
No. Seguramente no le fallaría… Seguramente para ella esta también era una de esas oportunidades que se presentan una sola vez en la vida.
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Un hueco vacío en el fondo del bar
Unos nervios a tope y que suenan las diez
La puerta se abre y una sombra me mira
Es ella, no es ella, lo sé, no lo sé
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Entró en el local, habló con el bartender por un momento y éste le señaló la única mesa que había sido reservada para esa noche.
Se sentó a la mesa y esperó con ansias. Cada ligero ruido lo alertaba y lo hacía dirigir la mirada hacia la puerta: personas entraban y salían del local, pero nadie de los que entraba se dirigía a su mesa.
Las diez de la noche… Así lo anunciaba la alarma de su reloj de pulsera y las campanadas del reloj de la torre del edificio más antiguo del campus. Fue entonces que la puerta se abrió. Entre la oscuridad del local y las luces de la calle, sólo pudo distinguir una sombra que parecía dirigirse hacia su mesa.
¿Sería ella? Tal vez… Tal vez no. No podía estar seguro.
De lo que sí estaba seguro era que conocía esa silueta.
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Galilea,
Que fortuna la mía
He quedado contigo
Con la chica más dulce, mi amiga por vía postal
Galilea,
Que fortuna la mía
Voy a verte de veras
Y por fin conocer tu mirada y tu nombre real
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-¿Tú eres Galilea?
No pudo evitar que esa pregunta escapara bruscamente de sus labios apenas la chica llegó a la mesa.
Ahí, frente a él, en un vestido color rojo oscuro (muy cercano al color de la sangre) estaba aquella chica extraña que asistía a una ó dos de sus clases... La que siempre se sentaba en la esquina del aula; siempre la primera en llegar y la primera en irse; siempre con un comentario sarcástico ante las estupideces de los profesores, cuando los ponían a hacer idioteces para sus trabajos como si fueran niños de kínder…
-¿Esperabas a alguien más, señor del dormitorio 16-F?- dijo ella en su usual tono aburrido. –Porque puedo irme, si es así…
-No…- se corrigió inmediatamente. –Yo sólo decía…
"Afortunado, definitivamente" pensaba para sí mismo con ironía. "La más dulce de las chicas…"
Comenzó a hablarle, pero no lograba que la expresión de la chica cambiara en lo más mínimo de ese perpetuo estado de aburrimiento…
Estuvo a punto de darse por vencido cuando un grupo de jóvenes irrumpió en el bar, como una estampida.
-¡Bartender! ¡Un tequila aquí para nuestro amigo Chang, que está de cumpleaños!- gritaba uno.
-¡Fondo blanco! ¡Fondo blanco!- gritaban los demás.
Mientras aquel pobre imbécil, que ya estaba demasiado ebrio para poder mantenerse en pie, se tomaba de un solo trago el shot de tequila que le habían servido, sus amigos comenzaron un nuevo escándalo.
-Montón de idiotas…- se sorprendió diciendo al mismo tiempo que ella.
Fue entonces que su mirada se cruzó con la de ella; una mirada de total complicidad que la hizo sonreír levemente. ¡Por un momento había olvidado que tenían eso en común!
Ahora lo recordaba: ¡Por eso mismo habían empezado a enviarse aquellas cartas!
-Entonces, Ga…- comenzó a decir.
-Puedes llamarme por mi nombre- lo interrumpió ella. –Soy Mai.
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La marea
Me está subiendo fuerte por la espalda
No me falles las cosas buenas pasan sólo una vez
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Finalmente, la cita resultó mejor de lo que había pensado cuando se encontró con ella. El nerviosismo que sentía, poco a poco se fue aplacando…
Ella no le estaba fallando. Se había mostrado tal cual era, tal como la había conocido a través de sus cartas.
Había valido la pena.
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¡Listo! ¿Qué les pareció?
Antes de que pregunten: ¿por qué Galilea? Bueno, pues… Si estás amenazando a alguien por correspondencia, o no das nombres del todo o das un alias, y eso fue lo que Mai hizo.
Espero que les haya gustado.
Me despido, agradeciendo nuevamente a todas las personas que dejaron review en esta historia: Lilu, 'Cezz, Saku, Paris, Kahia, Hinoiri, Esciam, Rashel, avatar_kataaang_4ever…
Y a todos los que participaron con al menos una historia para este reto, contribuyendo a que fuera exitoso.
¡Nos leemos pronto! O nos vemos en el País de Agni.
¡Saludos desde Costa Rica!
Ruby, la Mod Felina del País de Agni… ¡Nya!
