ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

2

Un Amigo Antipático

Los rayos solares se filtraban a través de las ventanas del dormitorio de los del primer curso, que al llegar éstos a tener contacto con la cara de un chico de cabeza alborotada, hicieron que abriera los ojos. Jimmy, al darse cuenta que era el único que estaba en ese dormitorio, se sobresaltó y se apresuró en cambiarse; maldiciendo mentalmente a su hermano James por no haberlo levantado temprano. Salió corriendo del dormitorio y de la misma forma bajó las escaleras. El castillo era enorme y al parecer, él era el único que corría por los pasillos buscando el comedor. Mientras seguía maldiciendo por sus adentros a su hermano mellizo, no se dio cuenta que una chica de cabello castaño también iba en dirección opuesta a él, leyendo un libro. Ambos cayeron al piso cuando chocaron.

—¡Auch! —masculló Jimmy frotándose la parte adolorida de la cabeza—. ¡Fíjate por donde pasas!

—¡Tú te atravesaste! —se quejó la niña buscando algo en el piso sin éxito—. Mis gafas... ¿Dónde están?

Era Ann McCainer. Por el choque, la niña se había caído al piso y sus gafas habían caído por la pared. Al verla pudo darse cuenta que tenia los ojos cafés, algo que con las gafas no se notaba muy bien.

Jimmy iba a coger las gafas pero Annie también trató de cogerlas y sus manos se chocaron.

—¡Pero que tierna escena de novatos!

Ambos se volvieron avergonzados y se volvieron a su interlocutor. Peeves los miraba desde el techo del pasillo.

—¡El enano y la cuatrojos son novios! —empezó a canturrear Peeves, alejándose del lugar.

—¡Ella no es mi novia! —gritó Jimmy muy molesto—. ¡Demonios! ¡Teníamos que encontrarnos con Peeves! —cogió las gafas de la niña y se las dio—. Toma, pero en tu lugar le echaría una maldición a quién te los vendió. No ves nada con ellos. Por culpa de ello, el odioso de Peeves nos vio.

Annie se los quitó muy molesta.

—No es mi culpa! —replicó ella mirándolo fijamente. Jimmy se perturbó. Sus ojos cafés brillaban con intensidad cuando se enfadaba—. ¡Ya no voy a molestarte más!— se puso las gafas—. ¡Diablos! ¡Se rompieron! —las lunas de las gafas estaban rajadas.

Jimmy sacó su varita y le apuntó la cara. Annie se asustó y antes que pudiera sacar la suya...

¡Oculus Reparo!

Las rajaduras de las lunas de los lentes se unieron. Annie miró asombrada como sus gafas quedaron como nuevas.

—¡No me agradezcas! —dijo Jimmy antes de que Annie pudiera hablar—. Sólo trata de ver bien por donde pasas.

Dicho esto se levantó y se fue rápidamente, dejando a la niña extrañada.

¿Por qué la había ayudado?

Esa era la misma pregunta que se hacia Jimmy.

No lo sabía, pero lo único que sabía es que el motivo estaba en sus ojos cafés.

Claro que era estúpida la sensación que sintió al verla sin los lentes (antes que viniera Peeves). Él era un niño. Los niños no piensan que las niñas se ven lindas. Además, Ann McCainer no era linda, solo era una tonta niña fea con un carácter insoportable.

Pero... Tenía unos ojos lindos.

Se sacudió la cabeza de un lado para otro. ¡Claro que no!

Al llegar al comedor, vio a su hermano sentado tranquilamente con Sirius, Remus y Peter en la mesa de Grynffindor. Se acercó a James, quien estaba a punto de comer su plato de avena en ese momento; y le empujó la cabeza al plato. La cara de James quedó cubierta de avena. Sirius, Remus y los demás alumnos se rieron a carcajadas, inclusive Peter se rió pero se calló al ver la mirada asesina de James. Molesto, se dirigió a su hermano:

—¡¿Por qué hiciste esto?!

—¿Yo? ¿Yo te hice eso?— preguntó, fingiendo indignación—. ¡Oh, lo siento! ¡Solamente estaba vengándome de mi "reloj de despertador" con avena!

—¡Muy gracioso!

James fulminó con la mirada a su hermano mientras se limpiaba con una servilleta la cara, mientras Sirius y Remus se mataban de la risa.

En ese momento, alguien más llegó a la mesa. Sin prestarles atención y concentrado en la lectura de un libro, Thomas se sentó al lado de ellos. Jimmy lo miró con recelo mientras que John Parker le hablaba.

—¡Buenas días, Ryddle! ¿Para que te llamó la profesora ayer?

Sin desviar la mirada del texto, contestó secamente:

—Nada que debería incumbirte, Parker.

—Oye, ¿no podrías ser mas amable?— le dijo Sirius enfadado— ¡Sólo te estamos preguntando algo que puedes responder!

Los ojos claros del muchacho, se posaron en Sirius.

—¿Y tú no podrías dejarte de meterte en asuntos que no te conciernen, Black?— le respondió seriamente— No te metas en mis asuntos.

—¡Se ve que quieres pelear!— saltó de su asiento Sirius.

—¿Estás seguro de poder?

—¿Qué pasa aquí?— dijo una voz detrás de Sirius.

Un profesor de mirada fría los miraba inquisitivamente. Sirius se calmó.

—Profesor...

—Veinte puntos menos para Grynffindor por estar peleando— interrumpió el profesor.

—¡¿Qué?! –exclamó James—. Pero si ni siquiera se han tocado.

—Entonces que sean treinta puntos –contestó el profesor sonriendo malignamente—. Diez por los señores aquí presentes y diez por ti.

—¡¿Y yo que hice?!

—Contradecir a un profesor.

Los niños lo miraron molestos, mientras que los Grynffindors murmuraban entre si. El profesor, al notar la mirada de Thomas, añadió:

—¿Usted también se va a poner en mi contra?

—Sí, profesor —respondió Thomas mirándolo con seriedad—. ¿No cree que es demasiado? Ni siquiera nos hemos llegado a poner un dedo encima y nos baja puntos. Además...— le dijo en voz baja—... no creo que le conviene molestarme y usted sabe muy bien el porqué.

El profesor expresó temor ante el comentario por lo que dijo:

—Sólo por esta vez, no bajaremos puntos a Grynffindor.

Se acomodó la capa mirando a Thomas con incomodidad, mientras el niño esbozaba una sonrisa malvada.

—¿Qué le dijiste al profesor para que no nos bajara puntos, eh? —preguntó Sirius cuando el profesor se fue.

—¡Ya te dije que no te metieras en mis asuntos, Black!

Se incorporó y se fue. Sirius y los demás vieron como un chico de cara puntiaguda llamado Piers Carrey se levantaba de la mesa de Slytherin y lo llamaba.

—No tiene amistad en Grynffindor y a ahora los tiene con un Slytherin—dijo Sirius al ver como Thomas y Piers se iban juntos—. ¿El sombrero seleccionador no se habrá equivocado al momento de ponerlo aquí?

—Déjalo— dijo Jimmy—. Eso no importa ahora. Mira que nos toca ahora.

Sirius cogió su horario y vio que Pociones tocaba justamente a la primera hora. Sirius se molestó por esto. Dejando a Peter, para que terminara de comer tranquilo su desayuno. Los cuatro bajaron hacia las mazmorras y encontraron el salón del profesor. Al entrar los cuatro sintieron escalofríos. El salón era tétrico y hacia más frío que en el patio. El profesor se incorporó y se paró frente de ellos. Los niños se sentaron juntos, luego voltearon y vieron a Thomas, quien se sentaba al lado de Piers.

—Oigan, ¿nos tocaban con los de Slytherin?— preguntó James.

—Creo que sí— contestó Remus mirando su horario.

—De haber sabido, no hubiera venido— dijo Sirius— ¡Miren a ese idiota!— dijo mirando a Thomas—. Solamente se sienta con sus amigos de Slytherin.

—Pues, quien sabe las cosas que se dirán— dijo Jimmy.

El profesor sacó de su pupitre la lista de alumnos, pero antes pasar lista, vio el nombre de James y Jimmy.

—¿Quiénes son James y Jimmy Potter?— pregunto.

Jimmy y James levantaron el brazo

—Nosotros.

—¡Ah, claro! El que se atrevió a contradecirme en el desayuno y su hermano— dijo el profesor—. Al igual que la generación pasada, los Potter siguen siendo unos enanos despeinados.

Todos los de Slytherin se rieron. El profesor siguió término de pasar lista y dijo:

—Bueno, espero que sus lindas y huecas cabecitas estén capacitadas para retener las enseñanzas de mi asignatura. No seré flexible a la hora de corregir trabajos, no toleraré una malacrianza de su parte— dijo mirando a Thomas—, y mucho menos su desinterés y burlas hacia mi clase— dijo mirando a Jimmy, James, Remus y Sirius—. Mi nombre ya lo saben, soy el profesor Damian Selwyn y no mostrare piedad a la persona que llegue tarde a mi cla...

En eso tocaron la puerta y un niño de cara redonda entro tímidamente. Era Peter Pettigrew. El profesor Selwyn lo miro. El niño preguntó tímidamente:

—¿Puedo... pasar?

—Entra— respondió fríamente—. Bueno, empecemos la clase...

El profesor comenzó a escribir en la pizarra el tema del cual iban a tratar. Empezó a dar preguntas para que respondieran al instante, pero la única que lo hacia era Lily, Annie y su amigo Severus. Sirius estaba a punto de bostezar cuando el profesor le pregunto:

—¡Black! Dime lo que acaba de decir la señorita Evans...

—¿Quién? ¿Yo?— dijo Sirius—. Este... bueno... yo...

—¿Este...Bueno...yo...?— repitió el profesor— ¡Eso no fue lo que dijo Evans, Black! Dímelo... ¿Oh es que crees que tus amiguitos pueden responder por ti?! ¡A ver, que tal, Potter!

—¿Cuál de los dos?— dijo Samantha Armstrong.

—¿Qué dijo, señorita Armstrong?

—Que ¿cual de los dos?— le dijo Samantha—. Hay dos Potter en esta clase: Uno que tiene gafas y el otro que no tiene.

—Señorita Armstrong. ¿Quiere dejar de estar interrumpiendo?

—Sí, profesor— dijo Samantha sentándose ofendida

—A ver, ¿en qué íbamos?— preguntó el profesor— ¡Ah, si! ¡James Potter! ¿Quieres decirme que es lo que acababa de decir Evans?

—Discúlpeme Profesor, pero no estuve atento a lo que acaba de decir la señorita Evans— dijo James resuelto.

El profesor lo miró como si el niño le hubiera gritado groserías en su cara. Mientras los demás niños murmuraban asombrados por la osadía de James. Inclusive Lily, que no podía creer como ese niño pudiera ser tan atrevido. Por su parte, Severus miraba a James con indignación por la falta de respeto al profesor y a Lily. Se supone que cuando alguien habla, los demás escuchan.

—¡Pero que honesto, señor Potter!— dijo el profesor con sorna—. Admiro su honestidad. Pero eso no me temo que eso no le sirve en mi clase. Por lo tanto, diez puntos menos a Gryffind...

—Pero, con todo respeto profesor, ¿no podría la señorita Evans repetir lo que acaba de decir?— dijo James con una mirada de falsa inocencia. Lily lo miró extrañada—. ¿Podrías repetirlo, Lily?

El rostro de Lily se volvió como su cabello al escuchar su nombre por parte de ese chico.

—Pero... ¿cómo te atreves a tutearme? —le dijo Lily más roja que indignada—. Yo no te he dado derecho de tutearme.

—¡Yo creo que Evans debió de estar en Slytherin! ¡Tiene su amiguito Quejicus allí!— le murmuró Sirius a sus amigos, quienes asintieron.

—¡Silencio!— exclamó el profesor—. ¿De qué se trataba la poción de la cual estaba hablando la señorita Evans, Potter?

—¿Cuál de los dos?— preguntaron Jimmy y Sirius riéndose.

Los demás alumnos también se rieron pero al mirar al profesor, se callaron de inmediato.

—¡Están castigados los cuatro!— les gritó el profesor Selwyn —. ¿Acaso creen que son capaces de verme la cara de idiota a mí? —los niños asintieron haciendo que los demás niños se rieran— ¡Se quedaran castigados, hoy, después de clases!

—Si me permite hablar, profesor— dijo Thomas repentinamente y levantándose de su asiento—. No creo que debería castigar al señor Potter, perdón, quiero decir, al señor James Potter y a sus nada idiotas amigos por lo que acaba de decir. Puesto que ellos tienen razón, profesor. Potter le estaba respondiendo que no escuchó a Evans y le pidió amablemente que repitiera lo que acaba de decir. El hecho que a Evans no le gusto que le tutearan, no es problema de Potter— Lily lo miró escandalizada—. Además, los amigos de Potter tienen razón, usted no dijo la pregunta a James Potter, sino a Potter, que podría haber sido cualquiera de los hermanos Potter.

—¡Lo que usted esta diciendo es una falta de respeto hacia mi persona, señor Ryddle!— contestó molesto el profesor.

—Bueno, quizás debería acusarme con mi padre, profesor— contestó el niño con una mirada desafiante.

Por unos momentos el profesor iba a protestar pero se quedó callado y perdonó a los alumnos el castigo. Ordenó que hicieran la poción que de la que estaba hablando Lily, sin equivocación alguna. Los niños miraron a Thomas, tratando de que les explicara, aunque sea con la mirada, porque los había ayudado. Pero Thomas simplemente cogió sus materiales y empezó a hacer la poción en silencio.

—¿Esos niños son idiotas o qué?—preguntó Severus Snape a Lily y a Annie—. Como me hubiera gustado ver a esos tarados de Grynffindor fregar los pisos del castillo como muggles, ¿no lo creen?

—A mí no me llama la atención ver a esos niños hacer esas cosas— contestó Lily moliendo colmillos de serpientes.

Severus la miró por un momento antes de decir:

—Entiendo. Los defiendes sólo porque son de tu casa ¿no?

—No es eso— contestó Lily pasando lo ya molido a Annie que lo metía al caldero—. Simplemente no me causaría gracia. Nosotras siempre lo hemos hecho.

—Pero ya no lo harán —repuso Severus cortando unas ramitas—. Ahora podrán solucionar sus problemas con magia.

—Tal vez— respondió Lily mirando de reojo a James que te arrojaba pedacitos de los colmillos de serpientes a John Parker—. Tal vez...

Severus siguió la mirada de Lily y se molestó cuando se dio cuenta que miraba a James.

—¿Me puedes decir que tanto miras a Potter?

—¡No lo estoy mirando! —contestó ella con las mejillas rosadas—. Sólo estaba pensando en que ese niño es demasiado atrevido. Ni siquiera me conoce y ya me tutea.

—Pues si es como el desadaptado de su hermano —dijo Annie señalando a Jimmy que empezaba a hacer malabares con los frascos vacíos para guardar la poción antes que Selwyn le gritara—, yo creo que eso viene de familia.

Mientras, en el grupo de James murmuraban porque Thomas se había comportado de esa forma. Nunca pensaron que él los iba a ayudar a que les levantara el castigo. Ellos sabían que Thomas era un niño del cual no se podía fiar, pero con esto, no sabían de qué lado estaba.

—Es muy raro que Ryddle los haya ayudado de esa forma— dijo Remus cortando algunas hierbas.

—Sí, pero muy raro es como se dejó convencer el profesor para que nos bajara el castigo— comentó James mientras cogia esas hierbas y se las tiraba a Timothy Carter.

—Da la impresión que Ryddle sabe algo de este profesor— opinó Peter.

—Gracias, Peter, sí no lo decías no nos dábamos cuenta —dijo Jimmy con sarcasmo.

—Lo que a mí me da más curiosidad es por qué le dijiste esas cosas al profesor, James— le dijo Sirius a un sonriente James—. ¡Por poco y nos hacen fregar los pisos del baño sin magia, por tu culpa!

—Bueno, lo hice para fastidiar al profesor y a la "pasiva" de Evans— dijo James sonriendo—. ¡Se ve que le agrado a Evans como un excremento de doxy!

—¡Hey! ¿Y fue para eso que te ayudamos?— exclamó Sirius.

—¡Yo no les pedí que lo hicieran!— dijo James sonriéndoles.

Las demás clases, fueron un poco más buenas que las clases del profesor Ryddle. Herbologia les tocó después del almuerzo, quien les enseñaba la profesora Sprout, una bruja recorgeta que los llevo a los invernaderos. Astronomía, los martes a la medianoche, aunque hacían esfuerzos para no dormirse sobre sus libros. James y los demás se interesaron más por Transformaciones, aunque no por ello no dejaban de hacer sus comentarios irónicos en la clase. La profesora McGonagall, quien era la profesora encargada de la asignatura y también jefa de Grynffindor, era muy estricta en su clase. Al igual que el profesor Ryddle, ella no toleraba ninguna travesura en su clase.

Las clases de Historia de la Magia eran repartidas por un fantasma, el profesor Binns. Jimmy escuchó el rumor que el profesor Binns se había quedado dormido y cuando se despertó para dar clases, se dio cuenta que se había salido de su cuerpo. Los chicos trataban de no bostezar en su clase porque, al igual que todos los niños (a excepción de Lily, que se había ganado el titulo de aguafiestas para Sirius), opinaban que eran aburrida.

Las clases de Defensa Contra Las Artes Oscuras les tocaban los miércoles, era la clase que mas les interesaba. El profesor que las repartía era un viejo brujo que era un auror, brujos que se encargaban de capturar magos tenebrosos o como los llamaba John Parker, cazadores de magos tenebrosos. Pero no era muy de fiar, puesto que cuando vio a Peter, lo acuso como un terrible mago.

—Esa mirada es muy maliciosa jovencillo— le decía a Peter, quien lo miraba aterrorizado.

—Ya lo creo— le murmuro Sirius a Jimmy—. Si Pettigrew es capaz de hacer explotar el colegio en minutos cuando tenemos clases de Pociones.

Los jueves en la mañana les tocaba Encantamientos que la repartía un pequeño brujo llamado el profesor Flitwick. El viernes en la tarde les tocaba hora libre, así que todos estaban en la Sala Común de la torre de Grynffindor. Algunos, haciendo las tareas y otros hablando, como los Potter y sus amigos sobre el fin de semana, y que al parecer ya tenían planes.

—Bueno, ¿qué les parece el plan?— preguntó James.

—¡Oh, muy bien ingeniado mi querido James Potter!— contestó Sirius sonriendo sarcásticamente— ¡Muy bien ingeniado! Pero yo tengo una duda... ¿Cómo diablos vamos hacer para que no nos vean?

—Bueno, mi querido Sirius sólo hay una respuesta a esa interrogante— respondió Jimmy—. Sígannos.

Remus y Sirius siguieron a James y a Jimmy hacia el dormitorio de los Primer Año. Al llegar, los Potter se fijaron que no hubiera nadie. Mientras cerraban la puerta, Sirius sé seguía quejando; pero James lo calló cuando Jimmy sacó una capa plateada del baúl de James.

—¡Aquí está la respuesta a tu pregunta, Sirius! –dijo Jimmy.

—¿No se que para que puede servir una capa en esto?— preguntó Sirius mirando con recelo la capa.

—Yo opino lo mismo que Sirius, chicos— comentó Remus—. Esto no sirve

—¡Atrás incrédulos!— dijo James fingiendo indignación junto con Jimmy—. No merecen estar presentes para ver algo tan bueno, tan grandioso, algo que será como una luz en nuestro camino para ser los merodeadores de este colegio.

—Así es, hermano mío— corroboró Jimmy—. Ahora verán lo que esto puede servir.

—Pero sólo es una tela.

—¿Sólo una tela? ¿Cómo te atreves a decir eso, Remus?— dijo James indignado—. ¿Cómo te arriesgas en insultar esta grandiosa capa?

—¡James! ¡Deja de estar halagando a esa capa y muéstranos lo que ustedes dos planean hacer con ella! –vociferó Sirius.

—Mira y arrepiente de tus insultos, pecador— dijo Jimmy.

Jimmy se puso la capa y desapareció. Remus y Sirius, quienes se quedaron pasmados, pronunciaron un gran ¡OH! James miraba satisfecho el lugar donde Jimmy desapareció.

—Es una...

—Una capa invisible— explicó James quitándole la capa a Jimmy y haciéndolo visible—. Nuestro padre nos la dio, a escondidas de nuestra madre... ¡Es nuestro mayor éxito!— dijo fingiendo que sollozaba

—¡Nuestro mayor orgullo! –añadió Jimmy acariciando la capa—. Esta capa es una gran herencia de la familia Potter.

—Entonces... ¡Perdonadme por ver insultado vuestra grandiosa capa!— dijo Sirius contento.

—Con esta capa podremos ir al bosque prohibido mañana en la noche— dijo Remus admirándola.

—Elemental, mi querido Remus— contestó Jimmy—. Estoy seguro que ningún alumno de Hogwarts ha atravesado el bosque prohibido. Seremos historia.

.Muy bien, entonces ya esta decidido— declaró Sirius con una sonrisa de oreja a oreja— ¡Mañana, sábado en la noche, haremos nuestra primera pero no ultima excursión por el bosque prohibido!

—¡Sí!— exclamaron los tres niños emocionados.

—Pero primero –dijo Sirius mirando a los Potter—. Hagan una prueba.

—¿No te basta con lo que te acabamos de mostrar? –contestó James.

—Sí, pero pruébalo con "señorita inteligente" –sugirió Sirius mirando maliciosamente a su amigo.

—¿Quién? –preguntaron los tres.

Sirius salió del dormitorio seguido por los tres niños. Se acercó a la baranda que daba la vista a la Sala Común señalando con el dedo la cabellera escarlata de una niña que estaba al lado de John Parker, Deborah Dawson y Tim Carter. Al ver de quien se trataba James sonrió maliciosamente y se puso la capa.

Mientras tanto en la mesa, Annie y Lily hacían su tarea con John y Tim. Los dos niños le habían pedido a Lily que los ayudara. Después de un rato, Annie se estiró perezosamente.

—¡Termine!— exclamó contenta—. Voy a pasear por el lago ¿Y ustedes? ¿Ya terminaron?

—Sí–dijo John sonriendo y cerrando su libro—. Iré a recostarme un rato antes de la cena. Muchísimas gracias, Evans.

—Sí, gracias, Lily –dijo Tim sonriendo.

—No es nada –sonrió Lily.

—Yo también estoy cansada –declaró Deborah cerrando el libro—. Te acompaño, Annie.

—¿Vienes, Lily?

—No, quiero argumentar más mis respuestas— contestó Lily mojando la pluma—. No te preocupes por mí, Annie. Ve con Debbie. Yo tengo que terminar de hacer esta tarea.

—Bueno...

John y Tim se fueron; y cuando Annie y Debbie recogían sus libros, Lily se volteó de repente.

—¿Qué te sucede, Lily?— le preguntó Annie.

—Sentí que alguien me hacia cosquillas en la mejilla— dijo Lily mirando hacia sus costados sin mirar a nadie.

—¿Cómo?– exclamó Debbie extrañada

—No lo se… Serán alucinaciones mías— dijo aún confundida.

—Yo creo que necesitas salir un rato –comentó Annie mirándola preocupada.

—No, no es nada…

—Nada de eso –dijo Annie recogiendo los libros de Lily—. Descansar te hará muy bien. Vamos a pasear.

Mientras las tres chicas salían de la Sala Común, James Potter se quitaba la capa delante de sus amigos, quienes le aplaudieron por lo que acababa de hacer:

—¡Esto es una de las muchas ventajas de esta capa: Hacer lo que quieras sin que nadie te vea!

—Si... ¡Como hacerle cosquillas a Evans! ¿no?— le susurró Jimmy a su hermano mirándolo maliciosamente.

Thomas estaba caminando por los pasillos cuando la profesora McGonagall lo llamó. Lo llevó a la sala de profesores en donde estaba Tom esperándolo.

—¡Oh, no! ¡Tú otra vez!

La profesora los miró extrañada.

—¿Qué le ocurre Ryddle? ¿No le da gusto volver a ver a su padre?

—¿Quiere la verdad? –preguntó Thomas con sarcasmo. Pero Tom interrumpió.

—¿Nos podrías dejar un momento a solas con mi hijo Minerva? Te lo pido.

La profesora sintió y se fue. Tom se acercó a Thomas.

—¿Quién demonios te has creído como para chantajear a Selwyn como lo hiciste en el desayuno? —dijo Tom muy furioso.

—¿Ah, así que el cobarde de Selwyn ya te fue con el chisme?

Tom lo miró fijamente y de repente le dio una bofetada. El niño no hizo otra cosa más que dirigirle una mirada fulminante.

—¿Acaso crees que puedes jugar a Tú mandas y él obedece?

—¿Y tú quien te has creído como para golpearme de esa forma, Tom?— contestó el niño furioso—. ¿Mi padre? ¡Pero que descaro de tu parte!

—El sabe que no te puede hacer nada porque eres mi hijo. Pero yo sí

—Eso me causa mucho miedo como me causó Selwyn esta mañana –respondió con sorna.

—¡Escúchame, so pedazo de engendro!— respondió su padre agarrándolo del cuello de la camisa. Este gesto violento hizo que el niño se asustara, pero se atrevió a seguir mirándolo desafiante— ¡Una mas de tus tonterías y lamentaras el día de tu nacimiento!

—¡Eso lo hago todos los días desde que te conocí!— Tom lo soltó, y mientras que él se acercaba a una silla, Thomas se acomodaba el cuello de su camisa. Preguntó:

—¿A que diablos has venido?

—Tranquilo, muchacho —contestó Tom más calmado—. Dentro de poco y no me veras la cara, así que aguanta mis vistas.

—¿Me lo juras? –respondió Thomas con sorna.

—Escucha, el sábado en la noche empezaremos con lo que te dije ayer.

******************************Flash Back*******************************

¿De que se trata?— le preguntó Thomas sentado en su silla.

Se trata de un mago que vivió hace muchos años, el mas poderoso que haya podido existir— empezó Tom Ryddle con la mirada fija en él—. El junto con otros tres magos fundaron este colegio. Pero sin que sus compañeros se entraran construyó un lugar donde solo sus descendientes sabemos donde se encuentra. El nombre de este mago es Salazar Slytherin y el lugar del cual estoy hablando es su cámara: La Cámara de los Secretos.

Thomas guardó silencio.

Salazar Slytherin era un mago muy poderoso que junto con Godric Grynffindor, Helga Hufflepuff y Rowena Ravenclaw, habían fundado Hogwarts para enseñar a todos los magos jóvenes que quisieran estudiar magia. Pero Salazar no estaba muy de acuerdo con que los hijos de muggles también estudiaran magia.

No veo el porque no puedan.

¡No seas estúpido!—dijo Tom—. Los muggles son inferiores a nosotros. No poseen poderes mágicos y no saben nada de nuestra existencia. En fin, Salazar dijo no deberían estudiar en este colegio pero Godric Grynffindor se opuso. Godric decía que todos podían estudiar magia, sean magos o sean muggles. ¡Era una estupidez! Por ello, Salazar abandonó el colegio.

¡Ve al grano!— le contestó Thomas— ¿Qué quieres que haga?

Quiero que tú cumplas con la tarea de Salazar Slytherin, la cual es limpiar el colegio de los sangre sucia.

¿Por qué debería hacerlo yo?

Porque por tus venas corre la sangre del que hace tiempo fue Salazar Slytherin.

¿Quieres decir que Slytherin era mi antepasado?

Así es. Veras, Salazar construyó una cámara, de la cual nunca supieron los demás magos y esa cámara es tu herencia.

*******************************Flash End*******************************

—¿Cuál? ¿Ese cuento sobre ese viejo loco de Slytherin y su cámara secreta? –preguntó Thomas—. ¡Por favor, Tom! ¡Ya estás demasiado grande como para creer viejas leyendas!

—¡No es una leyenda!— exclamó Tom incorporándose de golpe—. ¡Escucha, mocoso malcriado, tú y yo somos los únicos que podemos entrar en ese lugar y dominar a la bestia que se encuentra dormida esperando a que yo le muestre a su nuevo dueño!

—¿Nuevo dueño? –preguntó el niño—. ¿Por qué no lo haces tú?

—Porque por si no lo sabias, yo no soy ningún alumno y tampoco un profesor que vive en este colegio.

—Entonces ¿por qué no mandas a Selwyn?

—¿Qué parte de "solo tú y yo podemos dominar a la bestia" no has entendido? –respondió Tom mirándolo con furia—. Tú, aunque no te guste la idea, eres el nuevo dueño del poder que esconde la Cámara de los Secretos.

—¡Oh, Tom! ¡Todo lo que me dices es muy bello! —contestó Thomas con sorna—. Pero hay un problema: Albus Dumbledore. Estoy seguro que Dumbledore no va a permitir que un mocoso malcriado deje suelta a una bestia para que asesine a los hijos de muggles.

—Pues de eso es tu problema —respondió Tom.

—Querrás decir el tuyo porque es la "misión" que me estas mandando.

—Lo harás si no quieres que tu cabeza flote en el lago de este colegio.

—No podrías… Soy tu hijo.

—¡Ahora si dices que eres mi hijo! ¿No? —sonrió ante la mirada atemorizada de su hijo—... No te preocupes, podrás hacerlo. Dumbledore no sospechara de ti.

—¿Por qué crees que Dumbledore no sospechara de mi?

—Porque eres un niño de aspecto inocente. Eso lo heredaste de Sylvia, es algo que debo agradecer.

—No nombres a mi madre.

—¿No te gusta hablar de ella?

—No, es que no tolero oír de tus labios su nombre.

Tom frunció el ceño.

—Escucha, el sábado vendré en la noche a hablar con Selwyn y de pasada te mostraré la cámara. No quiero cruzarme con Dumbledore así que lo haremos rápidamente.

—¿Por qué no quieres encontrarte con Dumbledore?

—Selwyn y yo saldremos a hacer un asunto pendiente esa noche y no quiero que Dumbledore sospeche.

—¿Qué cosa?

—Eso a ti no te importa—contestó Tom—. ¡Ahora, el sábado en la noche irás al despacho de Selwyn a las diez y procura que no te vea nadie! ¿Te quedó claro?

Thomas se quedó mirándolo en silencio. Tenía una mirada fría que le causaba miedo cuando lo miraba.

—¿Te quedó claro?— repitió Tom.

—Si, Tom...

—Bien, entonces hasta el sábado. Ahora vete.

Thomas cogió su mochila y se fue cerrando la puerta fuertemente.

La noche del sábado llegó, Thomas se levantó de su cama y prendió una lámpara. Observo a su alrededor y vio que sus compañeros dormían. Se cambió de ropa y salió del dormitorio. Bajó las escaleras y salió por el retrato de la señora gorda. Mientras caminaba por el pasillo, se preguntaba porque tenía que hacer lo que Tom le mandara. Desde que era muy pequeño nunca tuvo amigos en quien poder confiar, a nadie le parecía agradar aquel niño que le gustaba estar solo. Pero eso nunca le importó, porque tenía a alguien a quien amaba y era bien correspondido. Su madre.

Sylvia Smith adoraba a su pequeño Thomas. Su padre, el mal nacido que nunca quiso hacerse cargo de ellos, fue el hombre que siempre quiso y aunque nunca quiso ayudarla ni siquiera para tener el bebe, nunca dejó de amarlo. Aunque mil veces ella se lamentara de haberlo conocido delante de su hijo. Thomas siempre estuvo ligado a su madre y muchas veces se preguntaba como pudo cambiar las cosas tan repentinamente. ¿Cómo pudo convertirse la vida tranquila que tenia con su madre a una pesadilla cuando reapareció Tom?

Nunca conoció a Tom hasta que ella murió repentinamente. No supo de que murió, lo único que recordaba era a su madre que yacía en el piso, sin ninguna herida pero si con una expresión de terror en el rostro. Fue la noche mas funesta de su vida, porque no sólo perdió a su madre, sino que también conoció a Tom Ryddle y tuvo que irse a vivir con él. Vivió con él un año, pero en ese poco tiempo le bastó para saber que era un martirio tener que vivir con su padre.

Mientras estaba sumergido en sus pensamientos, repentinamente se chocó con algo, o mejor dicho con alguien.

—¿Pero qué demonios...?— dijo una voz

Thomas se asustó, por lo que cayó al piso enredando sus pies con algo suave como una capa. Y de pronto, se descubrieron de la nada, cuatro niños que al descubrir que estaban visibles se volvieron a él asombrados.

—¿Potter? ¿Black? ¿Lupín?— preguntó Thomas perturbado.

—¡Ryddle!— exclamaron en coro los cuatro.

—¿Qué haces aquí, Ryddle?— preguntó Jimmy.

—Es lo que yo debería preguntarles a ustedes. ¿Qué diablos hacen aquí?

—¡Nada que te importe!— contestó Sirius molesto—. Será mejor que te vayas de aquí.

—¡Tú no eres nadie para decirme que me vaya o no, Black!— saltó Thomas—. ¿Cómo es posible que estén hasta estas horas jugando y con una capa invisible? Si Flich... — pero en ese momento los cinco oyeron unos pasos que se acercaban

—¡Rápido, la capa!— sugirió James y Thomas le devolvió la capa, que los cubrió a los cinco.

La gata de Flich pasó por los muchachos sin verlos. Mientras que Jimmy le tapaba la boca a Sirius para que no se quejara de que porque Ryddle estaba con ellos, los demás contenían la respiración para que ningún traicionero suspiro pudiera delatarlos ante la gata del conserje. Cuando la gata se fue, se sacaron la capa.

—Con que una capa invisible ¿eh?.... mmm... Muy inteligente de su parte— comentó Thomas.

—¿Adónde te diriges?— preguntó Remus.

—Me temo que no les importa— contestó Thomas cogiendo la lámpara y dándose media vuelta. Cuando ya se estaba yendo, Jimmy lo agarró del hombro.

—Ah, no. Tú vienes con nosotros.

—¿Qué?— exclamó Sirius pero en susurros para que nadie mas los oyera por si Filch andaba cerca— ¿Estás loco? ¿Para qué tenemos que llevar a este idiota?

—Piensa Sirius— contestó Jimmy—. Si lo dejamos ir, capaz que le vaya con el cuento a McGonagall y la que nos espera.

—¡Yo no soy ningún maldito soplón!— exclamó Thomas molesto.

—Aun así— contestó James—. No nos queda de otra que ir contigo o que tú vengas con nosotros.

Thomas los miró con el ceño fruncido. Si ellos lo seguían, se enterarían de que tenía alguna relación con Tom. Así que los siguió debajo de la capa, imaginando como se aburriría al escuchar a ese cuarteto de revoltosos. Eso era lo que él creía.

Al llegar a las afueras del castillo se quitaron la capa y la dejaron entre los matorrales. Luego se prepararon para adentrarse al bosque prohibido. Thomas paró su caminata a lo cual los cuatro lo vieron extrañados.

—¿Qué te pasa?

—¿Se quieren ir al bosque prohibido? ¡Es una locura!

—¿No me digas que tienes miedo, Ryddle?— dijo Sirius con sarcasmo.

—Yo no tengo miedo— dijo Thomas.

—Pues vamos— dijo James sacando su varita— ¡Lumos!

Una luz salió de la varita de James, iluminando el camino del bosque. Mientras se adentraban, Thomas notó que Remus llevaba una mochila por lo cual preguntó.

—¿Qué llevas en esa mochila, Lupín?

—Cosas que nos servirá para cuando encontremos un lugar especial— contesto Remus sonriendo.

Cuando llegaron a la parte mas espesa del bosque, James, Jimmy, Sirius y Remus se sentaron en el oscuro césped junto con Thomas. James le dijo a Remus que sacara lo de la mochila. En la mochila había toda clase de dulces. Thomas se sentó junto con ellos, mientras que ellos se disponían a comer lo que habían traído.

—Déjenme adivinar— dijo Thomas— ¿Trajeron eso para hacer un día de campo en el bosque?

—Si, no hay nada mejor que la oscuridad de la noche— sonrió Jimmy cogiendo un pastel—, pero sírvete, no vas a estar sin comer.

—Gracias—contestó Thomas recibiendo el pastel— ¿Es la primera vez que hacen esto?

—Sí—confirmó Remus con un pedazo de pastel en la boca—. Y no será la única.

—Claro—añadió James—. Pero creo que la próxima vez será solamente los cuatro, a ti te tomamos como rehén por esta noche. ¿Con quien te ibas a encontrar esta noche?

—¿Yo? ¡Con nadie en especial!— evadió Thomas la pregunta.

—Bueno, si no quieres contarnos no importa— dijo Jimmy cogiendo un gran pedazo de pastel.

—En vez de eso, díganme. Porque Pettigrew no está aquí con ustedes.

—Ese niño es un miedoso —dijo Sirius antes de morder un gran pedazo—. Dice que vamos a acabar mal.

—¿Y de donde sacaron esos pasteles? —preguntó Thomas.

Todos miraron a James.

—¡Ya les dije que los elfos me lo dieron! ¡Porque no quieren creerme que no me los robe!

—Viniendo de ti, uno no lo creería —dijo Jimmy.

—¡Gracias por tu apoyo, hermano! —contestó secamente James—. ¡Pensé que el hecho de haber estado juntos desde nuestra concepción significaría para ti confiar en mi palabra!

—Hermano, desde que éramos unos bebes he aprendido a no fiarme de tu palabra.

La risa se oyó proveniente del medio del bosque.

—Bueno, desde hoy quedan instituidos los días de campos nocturnos—declaró James sacando unas botellas de cerveza de mantequilla.

—¿Dónde sacaste eso? ¡No me dirás que te lo dieron los elfos! —preguntó Jimmy mientras destapaban las botellas.

—¡Muy bien, no te lo diré! —contestó James—. ¡Un brindis porque muy pronto seremos una celebridad en este colegio y por nuestra amistad! ¡Salud!

Todos contestaron lo mismo excepto Thomas que se limitó a beber en silencio. ¿Amigos? Sonaba bonito esa palabra, pero el no era un amigo. Él solo estaba por error en esa reunión.

—Creo que tengo que irme...

—¡Alguien se acerca!

Se incorporaron y escucharon la voz de Hagrid que se acercaba. Los cinco se pusieron nerviosos, si Hagrid los descubría, capaz que los llevaba con McGonagall y se armaría un lío. Thomas dijo de pronto:

—¡Tengo una idea! Escuchen— los juntó —. Todos irán por un lado mientras que yo iré por otra parte para distraer a Hagrid.

—¿Y como sabemos que no nos traicionaras?— preguntó Sirius desconfiado.

—Porque yo también saldría perjudicado y porque tienen que confiar en mí— dijo Thomas algo ofendido—. Nos encontraremos en los matorrales dentro de cinco minutos, para ese tiempo ya deben tener la capa, ¿vale?

Los niños lo miraron extrañados, esa no era la actitud del Thomas Ryddle que habían conocido en el transcurso de la semana. ¿Y ahora?

—¿Vale? ¡No tenemos tiempo!— dijo Thomas.

—Vale— dijeron al final.

Hicieron lo que Thomas les dijo. Salieron del bosque en menos de cinco minutos, mientras que Thomas distraía a Hagrid con diversos ruidos. Luego salió del bosque. No encontró a nadie, Hagrid se acercaba, mientras estaba pensando si había sido tan idiota en haber ayudado a ese cuarteto, sintió una mano que le tapaba la boca y lo metía entre una capa.

Cuando Hagrid salió del bosque no vio a nadie. Extrañado, entró a su cabaña. Mientras tanto, los cinco caminaban por el vestíbulo, sonrientes por haberse salido con la suya. Cuando llegaron a la sala común de Grynffindor, Thomas recordó la cita en el despacho de Selwyn. Tom debía de estar furioso con él. Sin embargo, el niño sonrió. Sabia que le esperaba una reprenda por parte de Tom, pero lo bueno es que no lo había pasado tan mal. Al llegar al dormitorio, los cinco se echaron a sus camas sonrientes. Y cuando ya estaban a dentro de sus camas, James le preguntó a Thomas:

—Bueno, Ryddle, ¿qué te pareció esta noche?

—Fue mejor de lo que esperaba—contestó el niño sonriendo

—¿Sabes? No eres tan idiota como pensamos—comentó Sirius.

—Habla por ti, Black —dijo James lanzándole una almohada a Sirius.

—¡Por lo menos no eres un soplón!

—Bueno, ustedes tampoco son tan antipáticos como creí—contestó Thomas—. Creo que podríamos llevarnos bien.

—Ya lo creo—corroboró Jimmy sonriente—. Eres muy bueno cuando se trata de oír pasos.

—Y también en comer—añadió Remus.

Todos se rieron, James se levantó de su cama y con la varita, sacó una botella que sobró de la mochila de Remus.

—Remus, haz los honores.

Remus sacó su varita y de un movimiento hizo aparecer cinco copas. James vació el contenido de la botella en cada uno de los vasos y se los entregó a todos.

—Chicos, demos la bienvenida al grupo a Thomas Ryddle.

—¿En su grupo?— preguntó Thomas incrédulo.

—¿Qué opinas?— le preguntó Remus—. ¿Entras?

Thomas los miró. A pesar que hacían bromas y no tenían consideración de las cosas, eran muy divertidos (Él tampoco era muy tranquilo). Su madre siempre le había dicho que cuando le ofrecieran amistad no lo rechazara.

—Entro— dijo sonriendo

—Muy bien— dijo James—. Yo soy James y ellos son Jimmy, Remus y Sirius y tú eres...—lo dijo por sus nombres para que los llamara como tales.

—Yo soy Thomas.

—¡Un brindis por Thomas Ryddle, el nuevo integrante de nuestro grupo!

—¡Sí, que viva Thomas!

—¡Y que viva yo que todo el mundo me adora!

—¡Sí, que viva Jimmy que todo el mundo lo odia!

—¡Oye!

—¡Perdón! —todos rieron.

Y desde esa noche, después haber pasado unas horas en el bosque prohibido sin haberlo planeado, Thomas Ryddle había ganado los amigos que serian los más entrañables y con quienes compartiría los mejores momentos de su vida.

—Al parecer el muchacho no vendrá, mi señor.

—¡Demonios! –maldijo Tom sacando un reloj de su bolsillo y mirando la hora—. Ya no hay tiempo. Los demás deben estar esperándonos. Ya saldaré cuentas con ese mocoso.

—¿Quiere que yo lo haga? –preguntó Selwyn deseoso de hacerlo.

—No, Selwyn –dijo Tom—. No te atrevas a tocar a ese niño.

—Pero, mi señor…

—¡Ya dije que no! –exclamó Tom furioso—. Si le haces algo a ese niño, lo pagaras con tu vida, Selwyn. Recuerda que no me gusta que me desobedezcan.

El profesor, temeroso, asintió con la cabeza.

—¿Creen que sospechen, Mi Señor?

—No, Selwyn. Esos idiotas del ministerio no saben quien es en realidad Lord Voldemort —el profesor se estremeció al oír su nombre—. Es por ello que puedo venir aquí a Hogwarts con el asqueroso nombre muggle de mi padre. Los únicos que me han visto el rostro han sido ustedes y los que están muertos. Ni siquiera Dumbledore, el mago más poderoso, sospecha de mi verdadera identidad.

—¿Usted cree?

—¿Acaso crees que ese viejo me dejaría entrar al castillo si sospechara de mí?

—Sí, tiene razón... Pero amo, ¿y el niño?

—Déjalo tranquilo por un tiempo. Yo mismo me encargaré de él. Quiera o no, ese mocoso tendrá que obedecerme. Pero por el momento, dejemos que disfrute sus días sin verme. Me iré después del juego de esta noche.

—¿Cuándo regresa, amo?

—Tú sabrás cuando lo haré –cogió el brazo de Selwyn y levantó la manga de su túnica. Una marca de una calavera que estaba compuesta de lo que parecían estrellas de color esmeralda y con una lengua en forma de serpiente que le salía de la boca—. Tu marca arderá cuando yo este de regreso, al igual que la de los demás. Y ahora vamos, es hora de jugar un poco con los muggles.

Avances del próximo capitulo: 03 El padre de Thomas

Buenos días, Evans. Bonita mañana.

Bonita será para ti. Porque para mí se acaba de echar a perder con solo verte.

Oh, vamos Evans. Sonríe. Sabias que las niñas que sonríen serán lindas en el futuro.

No voy perder mi tiempo para sonreírte. Todos estamos muy ocupados por enterarnos lo que sucedió el sábado en la noche.

Thomas dejo de comer su tostada. ¿Qué había pasado el sábado en la noche?

Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.