ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

3

El padre de Thomas

Después del paseo nocturno del sábado se había formado una extraña amistad entre Thomas Ryddle y los chicos del grupo de los Potter. Parecía raro pensar que el solitario y un malhumorado Thomas Ryddle se juntara con los niños más traviesos y tremendos de Grynffindor. Pero era cierto. El lunes fue como si fuese el primer día, ya que Thomas iba junto con ellos a todas las clases, comía con ellos, hacían las tareas juntos e inclusive juntos idearon la manera de poder divertirse un poco con la Señora Norris, la gata del conserje. Cuando lo hicieron, los alumnos los aplaudieron a los cinco por su proeza, puesto que para los alumnos, la gata de Flich no era un minino lindo. La travesura consistió en dar un gran susto a la gata. Jimmy llamó la atención de la Señora Norris, corriendo por los pasillos. Al verlo, la gata lo siguió antes de poder informar a Flich. Jimmy llegó a un salón oscuro y se escondió entre unas estatuas que estaban por el pasillo. La gata trató de localizarlo, pero en ese momento, una estatura en forma de perro cobró vida y empezó a perseguir a la gata. Sabiendo el peligro por su instinto de supervivencia, la gata corrió más rápido que una bala, mientras que cuatro muchachos se mataban de la risa.

—¡Bien hecho, Thomas! —aplaudió James a Thomas.

—¡No lo hubiera podido hacer si no fuera por los señores Black y Lupin!

—¿Y yo que? ¡Yo fui él que la puso petrificada!–dijo Jimmy acercándose a ellos con una sonrisa de oreja a oreja.

Filch estaba muy furioso buscando a su gata. Cuando la encontró (después de tres días), la pobre aún seguía muerta de miedo que, aunque no le gustará tanto la idea, tuvo que pedir a Hagrid que la curara. Trató de encontrar al culpable, pero los alumnos fueron tan solidarios con los "inocentes" niños que no abrieron la boca.

¡Oh, si! Thomas empezaba a disfrutar su nueva vida junto con sus nuevos amigos. Pero no solo los Grynffindors vieron aquel cambio sino también el profesor Selwyn. Aunque su amo le haya dicho que no tocara al niño, no podía dejar de mirarlo con furia cuando el muchacho hacia un comentario irónico en su clase respaldado por sus nuevos amigos. Además, porque también era consiente que era el hijo de su señor, así que podría haber heredado sus poderes.

Todo el mes de Setiembre hasta mediados de Octubre fue así, los recorridos por el bosque prohibido eran más frecuentes, pero hubo una ocasión en la cual Hagrid los descubrió a los cinco cuando estos estaban comiendo en la espesura del bosque. Esta visita al bosque, los llevó a la cabaña donde se hicieron amigos del guardabosque de Hogwarts. Aunque no les acusó con McGonagall, los hizo prometer que nunca entrarían allí, pero Hagrid no se había dado cuenta que los cinco cruzaban los dedos detrás de su espalda.

Thomas estaba muy feliz con sus nuevos amigos. Pero había una mancha en esa felicidad. Y esa mancha ocurrió el lunes en la mañana, el siguiente de ese sábado en la que Tom le había dicho que tenía que reunirse con él en el despacho de Selwyn para lo de su misión.

******************************Flash Back*******************************

El lunes por la mañana, Thomas Ryddle dormía en su cama no muy placidamente que digamos. Su rostro sudaba y en su mente se formaba un sueño que lo atormentaba:

¡Mamá! –decía Thomas—. ¡Mamá despierta! ¡Mamá!

Ella no despertara. Está muerta.

Un hombre de cabello negro y mirada fría apareció de repente. Thomas lo miró asustado.

¿Quién es usted?

¿Es que Sylvia no te habló de mi? Soy tu padre…

¡AAAAAHHHH! –gritó y los cuatro niños que estaban a su alrededor de asustaron por ello. Se incorporó de su cama y los miró asustado.

¿Qué estaban haciendo? –exclamó Thomas.

¡Eso es lo que deberíamos decirte! –respondió Jimmy asustado—, ¿Qué tratabas de hacer? ¿Matarnos de un ataque al corazón?

¿Por que estaban asomados en mi cama? –dijo Thomas.

Por dos razones, Thomas Ryddle –dijo James acomodándose las gafas —. Uno, tenias una pesadilla y dos, estábamos viendo la manera de despertarte porque ya es tarde.

Thomas miró su reloj y se dio cuenta de que James tenía razón. De un salto, se metió a la ducha y en menos de cinco minutos ya estuvo listo. Eso fue algo que impresionó a los muchachos.

¡Vaya! Yo me demoró en ponerme los calcetines en media hora y tú lo haces en un segundo–dijo Sirius.

Solo cuando es tarde –sonrió Thomas.

Era lunes en la mañana y las cuatro casas desayunaban para prepararse para la jornada escolar en el Colegio de Magia. Pero había un gesto peculiar. Algunos alumnos murmuraban entre ellos. Mientras que otros estaban de cabezas juntas leyendo el diario El Profeta, el diario del mundo mágico, muy atentos.

¿Por qué hoy están con ganas de informarse? –preguntó. Sirius.

No lo se –dijo Jimmy mirando a los demás—. Nuestro padre dijo que iba a suscribirnos en El Profeta para recibir las noticias aquí. Pero al parecer, aún no lo ha hecho

Oye Thomas –le dijo Remus al niño que andaba pensativo—. ¿Qué fue lo que soñaste?

Nada –evadió Thomas untando una tostada con mantequilla—. No fue nada.

¡Sí, claro! –contestó James con sorna—. ¡Y yo me chupo el dedo!

Pues no sabia que te chuparas el dedo, Potter –dijo una voz por detrás.

James se volteó y sonrió al ver de quien se trataba. Lily Evans que venia con su mochila llena de libros y el diario El Profeta en las manos.

Buenos días, Evans. Bonita mañana.

Bonita será para ti. Porque para mí se acaba de echar a perder con solo verte.

Oh, vamos Evans. Sonríe.

No voy perder mi tiempo para sonreírte. En estos tiempos nadie quiere sonreír. Todos estamos muy ocupados por enterarnos lo que sucedió el sábado en la noche.

Thomas dejó de comer su tostada. ¿Qué había pasado el sábado en la noche?

¿Por qué? ¿Qué pasó? –preguntó Jimmy.

Esto –contestó Lily mostrándoles a los cinco el diario.

NUEVO ATAQUE DE QUIEN-USTEDES-SABEN:

MATANZA MASIVA DE MUGGLES EN BRISTOL

La pasada noche del sábado, en Bristol, los miembros del Ministerio de Magia hallaron con horror los cadáveres de doscientos cincuenta muggles.

Demeter Lufkin, ministra de Magia, fue entrevistada en su despacho. La ministra estaba muy aturdida por el hecho y brindó sus declaraciones con voz profunda.

«Fue un horror ver esos cadáveres de muggles. Según las investigaciones de los sanadores muggles (creo que se hacen llamar forenses) dicen que las victimas no presentaban indicios de haber sido heridos por alguna arma muggle ni tampoco de un envenenamiento. Sólo poseían una expresión de horror en el rostro -característica principal de la maldición asesina-. El Primer Ministro muggle está tan aturdido como yo. Tenemos que afirman que fueron un grupo de hombres lo que asesinaron a esos muggles. Todos ellos encabezados por Quien-Ustedes-Saben. »

La única maldición que es la que podría haber matado a estos muggles es una de las llamadas maldiciones imperdonables: el Avada Kedavra, cuyo uso está penado con cadena perpetua en Azkaban. Mientras tanto, el Ministerio de Magia trata de lidiar con este grave problema pues Quien-Ustedes-Saben aparece y desaparece en cualquier parte, poniendo en alerta a la población mágica a cuidarse a partir de ahora.

¡¿Una matanza masiva?! –exclamó James—. Ese tipo está loco.

Quién-Ustedes-Saben —repitió Sirius—. Ahora lo llaman Quien-Ustedes-Saben.

¡Cobardes! —se quejó Jimmy—. Su nombre es Lord Voldemort.

Todos los presentes omitieron un grito al oír su nombre.

¡No digas su nombre! —replicó Tim Carter.

¡Oh, pero que cobardes! —se quejó Jimmy

El miedo a un nombre es estúpido —opinóRemus.

Tim iba a replicar pero se calló al comprobar que tenía razón.

James tiene razón—dijo Sirius leyendo de nuevo la noticia—. Ese sujeto está loco por limpiar lo que él y muchos llaman "asquerosos muggles".

Pues sí –dijo Lily molesta por el comentario—. Ahora, si ya terminaron de enterarse lo que sucede en el mundo con mi diario, les pediría que me lo dieran para leer tranquila.

Lily se los quitó y se fue a desayunar en otra parte de la mesa.

¡Que carácter! –dijo Jimmy mirándola—. ¿Qué opinas, Thomas? ¿Thomas?

Pero Thomas estaba muy callado y siguió desayunando.

******************************Flash End*******************************

Era la primera vez que Thomas leía una noticia de Lord Voldemort, a pesar de que éste ya era muy conocido entre la comunidad mágica. ¿La justificación? Mucho tiempo apartado de la civilización mágica, viviendo en el tranquilo campo con su madre, encerrado después en una vieja habitación perteneciente a una antigua mansión muggle en Pequeño Hangleton y las nuevas aventuras que pasaba con sus amigos en Hogwarts. Sin embargo, desde aquella primera vez que leyó sobre Lord Voldemort, dicho nombre no podía quitárselo de la cabeza. Ese nombre le sonaba a alguien y no sabia a quien.

Al acercarse Halloween, los cinco estaban entusiasmados, por lo menos Jimmy y James, el padre de los mellizos les había prometido un regalo muy especial para esa fecha puesto que en su cumpleaños pasado no había podido darles nada debido a un viaje que hizo que se ausentara en esas fechas. Thomas, que trataba de olvidarse del nombre de Lord Voldemort de la cabeza, se reía de los comentarios de Sirius y Remus acerca de ese extraordinario día.

—¿Qué les va a regalar sus padres?— le preguntó Remus a los dos.

—Papá nos prometió una escoba de carreras para los dos— dijo Jimmy alegre—, pero mamá está aterrada con la idea.

—¿Por qué?— preguntó Sirius.

—Explícale, James— dijo Jimmy cruzando los brazos y mirando a su hermano.

—Bueno, tal vez por mi culpa...— comenzó James.

—Nada de que "tal vez", hermanito— le interrumpió Jimmy—. Casi matas de nervios a nuestra progenitora cuando hiciste la jugada que viste en el mundial de quidditch del año pasado.

—¿Qué jugada hiciste, James?— le preguntó Remus.

—El Amago de Wronski.

—¡Oh! –exclamó Sirius impresionado—. Y supongo que la señora Potter casi se muere de un infarto cuando lo lograste...

—Querrás decir, cuando no lo lograste— corrigió Jimmy.

—¡¿QUÉ?!— dijeron los tres niños mirando a James

—¡¿Qué querían que hiciera?!— trató de justificarse—. ¡A mí me gusta bajar en picado! ¡Además, Jimmy no alardees que tú también hiciste lo mismo!

—¡Este.... yo...!

—¡Ambos hicimos la jugada y fue por eso que nos chocamos y...!

—¿Y qué?— preguntaron los tres anhelantes de saber esa historia.

—No lo recuerdo muy bien, pero lo que si se es que cuando despertamos, el que nos atendió las últimas semanas fue nuestro padre...

—Porque nuestra madre estaba en cama. Aun no se curaba de la impresión.

Los tres se reían del susto de la señora Potter.

—Me alegra que se estén divirtiendo, pero no deberían hacerlo en mi clase.

Los cinco se callaron. La profesora McGonagall lo miraba severamente desde su pupitre.

—Supongo que ya habrán terminado la práctica ¿no?

—Pues, supone mal, profesora –dijo Sirius sonriéndole débilmente.

—Silencio, Black. A ver, James Potter. Muéstranos lo que tenemos que hacer para convertir el libro de Black en un conejo.

James se paró y con un movimiento de la varita, convirtió el libro de Sirius en un conejo. Todos aplaudieron mientras que James hacía ademanes de agradecimientos. La profesora estaba impresionada.

—Bien hecho, Potter.

—No tanto –dijo James saliendo de su asiento—. ¡Que alguien coja al libro de Sirius de las orejas antes que se escape por la ventana!

Fue una osadía para los alumnos presentes tratar de atrapar al travieso conejo. Pero la profesora fue más práctica que sus alumnos.

Finite incantatem –y el conejo se convirtió de nuevo en un libro.

En ese momento, el profesor Selwyn entró al salón.

—Profesora, solicito permiso para llevarme a Ryddle a la sala de Profesores. Su padre lo espera.

Thomas frunció el ceño mientras que sus cuatro amigos lo miraban. Al parecer Thomas no se llevaba muy bien con su padre. El niño salió diciendo a sus amigos que los vería en la Sala Común y sin dirigirle ninguna palabra a Selwyn lo siguió. Al llegar, Tom ordenó al profesor que los dejara.

—Se ve que no me has extrañado ¿eh? –empezó Tom—. Selwyn me dijo que ahora te juntas con unos mocosos de tu casa.

—Son mis mejores amigos.

—Tus mejores amigos, ya veo –dijo Tom sin importarle tanto—. ¿Y a esos mejores amigos les has contado sobre mí?

—Ni una palabra.

—Bonita idea que les has dado de mí –dijo Tom sonriendo malignamente.

—¿Y ahora que es lo que quieres, Tom? – le respondió secamente Thomas.

Tom se acercó al muchacho, sacó su varita y lo apuntó a su cuello. Thomas se asustó pensando en lo que podía hacer con ella.

—Sólo quiero saber, ¿por qué no fuiste ese sábado como lo establecimos?— le dijo furiosamente.

—McGonagall casi me descubre –mintió—. No pude salir porque me estaba vigilando.

—No te creo— contestó Tom.

—No me… importa… si no me crees

Tom lo miró intensamente antes de retirar la varita.

—Finjamos que te creeré por esta vez. Ahora debemos ir a la cámara.

—No puedo, tengo clases de Transformaciones en este momento— dijo Thomas con rapidez.

—Selwyn te excusará con Minerva, ahora me seguirás— sentenció cogiéndolo del brazo. Pero al abrir la puerta, Tom se encontró con alguien a quien no quería ver.

—Dumbledore… ¡Pero que sorpresa!

Los ojos azules de Dumbledore miraron inquisitivamente a Tom, quien al notarlo se turbó un poco.

—Lo mismo digo yo, Tom Ryddle. Veo que has estado viendo a tu hijo sin pasar por mi despacho. ¿Por qué no has venido en todo este mes?

— Lo que pasa es he estado viajando y son pocas las veces en las que puedo ver a mi hijo–dijo Tom abrazando al niño.

Dumbledore le sonrió al niño y volvió su mirada a Tom.

—Sí, son muy pocas por lo que he notado –dijo Dumbledore con sencillez—. ¿Y qué has estado haciendo en todo este mes, Tom? Porque tengo entendido que ya no trabajas en Borgin y Burkes.

Tom se sintió turbado.

—He estado... investigando.

—Supongo, pero yo que tú me andaría con cuidado, Tom –contestó Dumbledore mirándolo fijamente—. Un asesino está suelto así que no conviene mucho salir, a menos que estén a favor de él.

Tom tragó saliva y asintió. Dumbledore ingresó a la sala de Profesores y susurró muy bajo, para que solo Thomas escuchara.

—Agrégale un "Soy" a la palabra que te suena a alguien.

Thomas se volvió, pero Dumbledore no se detuvo para mirarlo.

—¡Vamos! –exigió Tom jalando al niño.

Salieron de de la sala de profesores hasta llegar a un baño vacío. Thomas miró la puerta, había un pequeño letrero el cual lo leyó. Luego miro a Tom extrañado.

—Tom, éste es un baño de niñas.

—¡Cállate!— le contesto fríamente Tom—. ¡Entra!

Al entrar al baño, Tom lo tomó fuertemente del brazo, lo acerco a los lavamanos y luego se puso a examinarlo. Thomas lo miraba como si hubiera perdido el juicio. Y cuando se acercó a un retrete, algo o mejor dicho alguien apareció.

—¿Quiénes son?— dijo una voz chillona— ¿Qué quieren aquí?—. Thomas se asustó y se echó para atrás. Era el fantasma de una alumna y para juzgarla, era el espectro de la niña más fea que haya visto en su vida. Tom al notarlo, miró con frialdad al fantasma.

—Lárgate Myrtle. No tengo tiempo para tus tonterías.

—¿Por qué todos me tratan así?— dijo Myrtle sollozando— ¡Todos me discriminan, se burlan de mí, me tiran cosas y no se atreven a preguntar si me siento bien!

—¡No tenemos tiempo para oír tus lloriqueos, Myrtle!— le gritó con severidad, Tom. Tanto así que Myrtle se asustó—. ¡Vete de aquí!

—Ustedes son los que no deberían estar aquí, este es un baño de niñas— les espetó Myrtle.

Tom sacó su varita y apuntó con ella a Myrtle, la muchacha asustada retrocedió. Thomas miraba asombrado al fantasma y no sabia si sentir pena por ella o compasión.

—¡Ahora escúchame bien, Myrtle!— dijo con frialdad al fantasma— ¡O te largas de aquí o yo mismo haré que ni siquiera estés en este mundo como un fantasma!

Myrtle salió del baño llorando, atravesando las paredes del castillo y sin dejar de emitir aquel horrible sollozo. Thomas la miró ir y cuando pensaba en reclamarle a Tom, él le contesto.

—Es sólo una tonta fantasma— le dijo—. Pero eso no es importante.

Se acercó al lavamanos y siseo unas palabras que Thomas logró escuchar:

¡Ábrete!

El lavamanos se hundió y se vio una tubería grande. Tom le indicó que bajara por ahí, pero Thomas meneó la cabeza de un lado hacia el otro. Tom lo empujó hacia la tubería y el muchacho cayó. Era como deslizarse por un gran tobogán, que subía y bajaba, tomaba curvas, hasta que sintió que se deslizaba en forma horizontal hasta caer en un suelo frío.

Al incorporarse se volteo. Tom había llegado después de él y le indicó que lo siguiera. Sacó su varita y murmuró:

¡Lumos!

De la varita salió una luz brillante que iluminaba todo el camino de la tubería. Siguieron caminando hasta que Thomas ahogó una exclamación cuando chocó con algo suave. Al notarlo, Tom sonrió.

—Esto es...

—Es la muda de piel de un Basilisco— contestó Tom.

—¡Estás loco, Tom!— le dijo Thomas asustado—. ¿Sabes lo qué es un Basilisco? ¡Una serpiente gigantesca que mata con la mirada! ¿Cómo puedes criar un Basilisco en este colegio?

—Todavía no has visto nada aún— dijo Tom caminando de nuevo.

Thomas lo siguió hasta que llegaron a una pared en la que estaban talladas las figuras de unas dos serpientes entrelazadas, con grandes y brillantes esmeraldas en los ojos. Tom se acercó y Thomas volvió a escuchar como Tom siseaba de nuevo la orden de Abrir. Las serpientes se separaron al abrirse el muro. Tom y Thomas entraron, y Thomas tuvo que llevarse la mano a la boca para omitir una exclamación.

Una gigantesca serpiente dormía en el centro de la cámara. La cámara era grande y se veía un camino de piedra donde se veía a los costados unas cabezas de serpientes. Al medio de aquel lugar se veía la escultura de una cabeza, la cual parecía pertenecer a un hombre. Al frente de la escultura se veía una gran serpiente que al oír los pasos, se despertó.

Su madre le había contado acerca de los basiliscos, lo cuales eran animales feroces, parecidos a las boas que conocen los muggles, solo que estas poseían un veneno mortal en sus colmillos y mataban a cualquiera que los mirara directamente los ojos. Thomas se asustó y cerró los ojos, pero Tom le dijo:

—No tengas miedo— le dijo con voz suave—. Este basilisco no te hará daño ¿No es cierto?

El basilisco se incorporó ante ellos y estaba dispuesto a comerse a Thomas, quien temblaba pero sin verlo, cuando Thomas oyó un siseo proveniente de Tom.

Este niño es el último descendiente de Salazar Slytherin

¿Estáis seguro? La marca de su uniforme es la de Godric Grynffindor

Habla y entiende el pársel al igual que yo.

Thomas escuchó perfectamente lo que decían. Oyó como la serpiente hablaba con Tom. ¿Podía hablar pársel? ¡Eso era imposible!

—¿Hablo pársel?

—Sí y comprobaras que es parte de la tarea que realizaras— respondió Tom con una sonrisa que atemorizó a Thomas.

—¿De qué se trata?

Thomas miró al basilisco, quien se agachó ante él. Mientras le daba una palmadita en la cabeza del basilisco, Tom le dijo:

—Tu tarea será la de exterminar a todos los sangre sucia

Thomas lo miró impactado. ¿Exterminar a los hijos de los muggles? ¿Los sangre sucia? Eso era un horror. No podía hacerlo. La mayor parte del colegio provenía de hijos de muggles y no podía eliminarlos. Se puso a pensar que dirían sus amigos. Él sabía como actuarían ante esto y Deborah Dawson. ¡Un momento! ¡Deborah Dawson! Ella era una sangre sucia, si aceptaba la propuesta, Deborah Dawson pagaría las consecuencias. Pero ¿qué podría importarle a él esa niña? Talvez, porque ella había sido la primera persona que se había mostrado amable, antes de Jimmy, James, Sirius y Remus, con él cuando ingresó al colegio. No podía hacerle eso.

—No lo haré, Tom.

—¿Qué?— exclamó Tom pero trató de calmarse—. Repítelo porque creo que no te he oído bien.

—¡Entonces lee mis labios, Tom!— contestó ferozmente Thomas— ¡Yo no lo haré! No mataré a los hijos de los muggles. No quiero hacerlo.

—¡No has entendido, Thomas!— dijo Tom perdiendo la paciencia— ¡Esto no es que quieras o no, esto es lo que harás, lo que se te ordena o lo pagaras caro!

—Pues empieza a cobrarme, Tom, porque yo no lo haré.

—No quiero ser rudo contigo, mocoso malcriado— le dijo Tom—, pero haces unos meritos...— miró al basilisco que no se atrevía a mirar a Thomas—. Veo que Nagini te tiene afecto puesto que no se atreve a mirarte.

—No me importa ese chantaje, Tom— le dijo Thomas—. Nagini no tiene que hacer lo que tú le ordenes.

—¿Es que esos cuatro mocosos revoltosos te han hecho cambiar de opinión?— le espetó

—¡No metas a mis amigos en esto!

—O haces lo que se te ordena o yo mismo haré que Nagini coma cuatro bocadillos.

Thomas lo miró aterrado, mientras Tom se reía. ¡Cielos, en lo que se había metido! Si Jimmy, James, Sirius y Remus se enteraban de esto, jamás volverían a dirigirle la palabra.

Las clases de Transformaciones terminaron. La profesora McGonagall había dado a la casa Grynffindor veinte puntos por las transformaciones bien hechas de Lily Evans y Ann McCainer. Cuando estaban saliendo de las clases. Los Potter junto con Sirius y Remus buscaban a Thomas. Al no encontrarlo, fueron al dormitorio. Ahí lo encontraron mirando fijamente la ventana.

—¡Thomas!— dijo Jimmy— ¿En dónde habías estado?

—¡Muchachos!— exclamó Thomas sonriendo.

—¿Te ocurre algo, Thomas?— preguntó Sirius— Te veo angustiado.

—No me ocurre nada— mintió Thomas mirando al suelo.

—¿Y qué pasó con tu padre?— preguntó Sirius—. ¿Qué quería?

—Nada… —dijo Thomas desviando la mirada—. Nada importante…

—Bueno, será lo que tú digas en estos momentos— dijo Jimmy mirando a su amigo con suspicacia—. Vamos a comer que me muero de hambre

Los cinco salieron del dormitorio hacia la Sala Común. John y Tim conversaban animadamente sobre las clases de Vuelo que tendrían muy pronto. Lo que atrajo la atención de los muchachos y al instante se olvidaron que tenían hambre. Era lógico, para todos los magos; grandes o pequeños, el quidditch era el juego más popular en el mundo mágico. Juego que se necesitaba de siete jugadores: Tres cazadores que era los encargados de pasar una pelota llamada quaffle por unos aros; un cazador que era el encargado de cuidar que la quaffle no pase por los aros; dos golpeadores que eran los que se encargaban de que dos pelotas llamadas bludgers no tumbaron a los demás jugadores de las escobas, ya que aquellas pelotas estaban encargadas de hacer que l quidditch sea peligroso. Y por ultimo, el buscador, que era el encargado de atrapar una pequeña pelotita llamada la snitch dorada, la cual poseía alas y era del tamaño de una pelota de ping pong.

Lily y Annie pasaron por su lado, pero antes que siguiera de largo, James le preguntó:

—¡Evans! ¿Qué opinas del quidditch?

—Nada, porque no sé – contestó Lily

—Pues yo podría enseñarte— se ofreció James.

—No me interesa— respondió Lily sin inmutarse—. Podría encontrarlo en los libros. Estoy segura que la señora Pince tendrá algún libro que hable de Quidditch.

—¿La señora Pince?— preguntó Jimmy.

—La bibliotecaria— dijo Annie con dulzura—. ¿Cómo? ¿Acaso no la conoces?

—Por supuesto que no la conoce— dijo Lily con desprecio—. Si Potter y su hermano no van a la biblioteca.

—Bueno, eso es cierto— dijo Sirius cruzando los brazos—. Yo tampoco voy, ni Remus y Thomas tampoco.

—Entonces ¿Cómo es que presentan sus tareas?— preguntó Annie.

—Bueno, hay dos métodos...— dijo Remus sonriendo a sus amigos.

—Una es inventando las respuestas...— dijo Thomas sin darse cuenta que las dos chicas, en especial Lily los miraban asombradas.

—Pero la más efectiva es...— dijo Jimmy.

—Copiarse la tarea, ese nunca falla— dijo James.

—Claro. Son dos métodos fantásticos— dijo Sirius.

—Sí, por cierto...— dijo Remus hablando como si fuera un presentador de televisión—. Un aplauso para el autor de esta idea, el señor Sirius Black.

Los cuatro niños aplaudieron, mientras Sirius hacia un gesto con la cabeza en señal de agradecimientos. Tim, John y Annie se rieron de esto, pero Lily estaba exasperada por semejante descaro de los cuatro chiquillos.

—¡Eso es trampa! ¿Quién es el pobre al que se copia la tarea? ¿Cómo saben que esta bien hecho?

—Bueno, Evans— dijo Sirius—. Nosotros no somos tan estúpidos para poner cualquier tontería en nuestra tarea y que cualquier profesor nos ponga un cuatro como nota...

—¡Ah! Entonces ¿que hacen para saber si está bien hecho?

—Simplemente nos copiamos de la alumna mas inteligente y con un pésimo sentido del humor...— dijo Remus.

—En otras palabras, tú— dijo Jimmy.

—¡¿QUÉ?!— gritó Lily—. ¿CÓMO SE ATREVEN? ¿Cómo es que...?

—¡Oh, es muy fácil!— dijo Thomas encantado de aquella idea y hablando como si estuviera enseñándoles a los demás como hacerlo—. Lo primero que hacemos es que Evans se quede hablando con cualquier profesor. Luego uno de nosotros coge la tarea, la copia y la pone en su sitio...

—Después se la pasa al otro...— dijo Sirius.

—De ahí al otro...— dijo Remus.

—Y así sucesivamente...— dijo Jimmy.

—Hasta el fin de nuestras tareas....— dijo James—... Es una cadena.

—...Que se repetirá por generación en generación— dijo Thomas.

—...Ya que esta dicho...— dijo Sirius con las manos juntas.

—Por el que es Dios...— dijo Remus

—...y que vive y reina...— dijo Jimmy.

—Por los siglos de los siglos...— dijo James

Amén— dijeron en conjunto los niños

Los niños se rieron por la "oración" de los cinco niños. Pero Lily no estaba tan contenta que digamos.

—Pero, volviendo al tema— dijo James—. ¿Sabes algo del quidditch para hablar, Evans?

—Sabes perfectamente que vengo de familia muggle, Potter— dijo Lily aun molesta. Al escuchar esto, Thomas hizo que se sobresaltara causando extrañeza a sus compañeros.

—¿Te ocurre algo, Ryddle?— le preguntó John.

—Nada... me duele un poco la cabeza— mintió Thomas—. Creo que iré a la enfermería.

Thomas salió por el retrato. Sus amigos lo miraron con extrañeza, pues aunque lo conocían desde hace poco sabían más o menos que Thomas Ryddle no era de comportarse así. Algo le pasaba, pero en ese momento, el comentario de John Parker los distrajo.

—Mi padre y yo fuimos el verano pasado a los Mundiales de Quidditch y he visto las técnicas del partido.

—¡Yo puedo hacerlas!— dijo James.

—¿Tú?— dijo Tim sin creerle—. Pero ellos son jugadores profesionales y tú un niño de once años.

—¿Acaso no me crees, Carter?— preguntó James con fingida indignación—. Yo podría hacerlo con los ojos cerrados.

—Pues avisa cuando vas a hacerlo para verte...— dijo Lily mirando a James con unas de sus miradas discriminadoras que solía dar.

—Para verme— dijo James mirándola con complicidad.

—No, para tener un asiento de primera fila cuando te rompas el brazo— dijo molesta y se fue con Ann.

Los chicos se rieron del comentario. Peter Pettigrew se había acercado cuando Ann y Lily se fueron. Los muchachos siguieron comentando de lo emocionante que eran los partidos de Quidditch y de las diversas jugadas. James, Jimmy, John, Sirius, Remus y Tim discutían sobre las jugadas más famosas. Como la famosa jugada hecha por el buscador de los Tutshill Tornados: Roderick Plumpton; quien fue el buscador que superó la marca de atrapar la famosa snitch dorada en tres segundos y medio, llamada Plumptom Pass. James insistía en que podía hacerlo y les retó a los dos niños de que demostraría su talento en la Clase de Vuelo. Dicho esto se fue con sus amigos y Peter a la biblioteca.

—¿Para qué van a la biblioteca?— preguntó Peter.

—Para dos cosas— dijo Jimmy—. Una es para encontrar el libro de Quidditch a través de los Tiempos....

—Y otra para conocer a la señora Pince— dijo Sirius.

Thomas había estado caminando sin tener rumbo alguno. La respuesta de Lily lo había perturbado, los hijos de muggles la pagarían muy caro si él aceptaba terminar con ellos. Odiaba a Tom, lo odiaba por ser tan malvado. Todo un año tuvo que soportarlo, lo maltrataba, lo castigaba constantemente, era molesto. Thomas era para él como un muñeco que juega constantemente. Le daba tanta rabia que, para colmo de males, era hijo suyo.

Su hijo. Un hijo por él cual él nunca se ocupó. Abandono a su madre cuando lo tuvo a él y ella como estaba tan enamorada de él no dejaba de hablar de él con cariño. Cuando ella murió, apareció en su vida. ¡Tuvo el descaró de aparecerse en su vida cuando él mismo abandonó a su querida madre! Mientras cerraba los puños sin ver por donde caminaba, de pronto se chocó con alguien.

—¡Lo siento!— dijo después del choque, pero al mirarla bien, se dio cuenta de que era Deborah—. ¡Dawson! ¿Qué haces aquí?

—Es lo que yo debería preguntarte, Thomas— le preguntó Deborah—. No es educado que un niño este por aquí.

Thomas vio al su alrededor y se dio con la sorpresa de que estaba frente al baño de las niñas, el mismo donde Myrtle, la llorona venia a llorar y donde Tom le dijo que estaba la...

¡Entrada de la Cámara!

—¡Dawson! ¡No entres a ese baño!— le dijo Thomas

—¿Por qué?— le preguntó Deborah sorprendida.

—¡Porque....!— ¿qué excusa podía darle?—. ¡allí esta Myrtle, la llorona! Es bien molestosa y llora con una voz horrible.

—¿Cómo sabes que esta Myrtle allí?— le preguntó Deborah—. ¿No habrás entrado...?

—¡No!— dijo Thomas ruborizado—. Lo que pasa es que...

—Tú escondes algo, Thomas— le dijo Deborah—. Si no quieres decírmelo, no importa pero no me vengas a decir si puedo entrar o no a lugares que me corresponde entrar...

—¡Esto es el colmo! Thomas, ¿Es qué acaso esa junta con Potter y esos idiotas te ha hecho juntarte también con sangre sucias?

Deborah y Thomas voltearon. Piers Carrey junto con un chico estaba mirándolos, a Thomas con una miraba de asombro y a Deborah con la típica mirada de asco. Deborah se puso roja de la ira pero Thomas no le gustó el comentario de Piers junto con el chico. Tenía la cara pálida y puntiaguda, y los ojos de un frío color gris. Era más alto que Thomas, cosa que el propio Thomas notó.

—No la llames así, Piers. Ella y yo...

—No necesito que me defiendas, Thomas— le espetó Deborah mirando a Piers con una mirada fulminante—. ¿Quién te crees que eres para llamarme así, Carrey?

—No hables que intoxicas el aire puro, cosa de la cual tú no eres— le dijo el chico más alto sin importarle que la ofendía o no.

—Thomas, ¿Cómo has podido caer tan bajo? —dijo Piers— ¡Juntarte con sangre sucias es algo vergonzoso!

—No pongas palabras en mi boca, Carrey— le dijo Thomas.

—No te molestes, Thomas. Ven con nosotros queremos hablarte de algo—. Se acercó hacia donde estaba Thomas chocando con Deborah—. ¡Rayos, sangre sucia! ¿Querías quitarte? Me ensucias el uniforme.

Deborah se alejó molesta y Thomas se puso incomodo cuando ella se fue. Piers le puso un brazo al hombro y junto con el otro Slytherin se fueron.

Era algo molesto, no era lo mismo que estar con Jimmy, James y los muchachos. Piers le presentó a su primo Lucius Malfoy que estaba en sexto curso y era el capitán del equipo de Slytherin. Ellos hablaban más de los mil maleficios que habían aprendido y estaba empezando a aburrirle. Era más divertido cuando James comentaba que su próxima victima del encantamiento levitatorio que les estaba enseñando Fliwitch seria Evans. Se estaban acercando a las orillas de lago de Hogwarts, cuando Piers le preguntó a Thomas.

—¿Por qué ahora te juntas con esos idiotas de Grynffindor? Sé que por una rara razón te pusieron ahí pero no tienes que juntarte con ellos por obligación.

—Yo no me junto con ellos por obligación— se defendió Thomas.

—Bueno, Thomas— dijo Piers—. No puedes mentirnos— Thomas iba a reclamarle pero Piers añadió—. ¿Sabes? Un alumno de mi curso, Severus Snape, me ha enseñado uno de los maleficios imperdonables. Ya sabes, por lo que paso ese sábado. Observa.

Piers sacó su varita y apuntó con ella a un pequeño escarabajo que pasaba por ahí. Thomas miraba extrañado, compadeciéndose del pobre escarabajo, puesto que en el poco tiempo que había conocido a Piers Carrey, sabía que aquel niño tenía una maléfica aflicción por las torturas.

Crucio— murmuró y el escarabajo se retorció como si estuviera atravesando una fogata o como si le estuvieran pinchando con una aguja. Los dos Slytherin se reían, Lucius Malfoy añadió:

—Imagínense como sería si lo probáramos con sangres sucias, ¿por qué no con esa chica? Dawson.

—¡No te atrevas a hacerle algo a Dawson! –saltó Thomas.

Piers lo miró extrañado, Lucius se acercó a él mirándolo desafiante:

—¿O sino qué?

—No dejaré que le hagas daño.

—¿Y por qué defiendes a Dawson? —preguntó Piers—. ¿Qué pasa? ¡Ah, no! No me digas que te gusta la sangre sucia ¿no?

—No es eso –dijo Thomas—. Sólo que ya me he aburrido de andar con idiotas que lo único que le gusta es hacer sufrir a las personas. ¿Acaso quieres parecerte como ese asesino llamado Lord Voldemor…?

Pero se calló, por su mente pasó la frase de Dumbledore: Agrégale un Soy a la palabra que te suena a alguien. ¿Un "soy"?... Soy Lord Voldemort. ¿Qué diablos significaba eso? ¿Un juego de palabras? ¡Sí, un juego de palabras!

—¿Qué te ocurre? –dijo Piers .

—¿Sabes una cosa, Piers? ¡Vete al diablo con tu tortura imperdonable! –dijo Thomas y se alejó corriendo de la orilla dejando a los dos Slytherin muy confundidos.

Su mente trabajaba rápidamente. Esa pequeña palabra resonaba en su cabeza junto con el nombre del asesino de los doscientos cincuenta muggles. ¿Qué significaba? ¿Qué? Sin saber como, llegó a la biblioteca y fue justo a la mesa donde estaba Jimmy, James, Remus y Sirius.

—¡Denme un papel y pluma! –dijo de frente.

—¿Por qué? –preguntó James. Pero Thomas no respondió, cogió el papel y la pluma y escribió:

Soy Lord Voldemort

—¿Ese no es el nombre del asesino que dice en el ministerio de magia? –preguntó Sirius.

—Es un juego de palabras –dijo Thomas

Miró fijamente lo que había escrito. Aún no podía saber quien era.

—¡Esperen un momento! –exclamó James sacando su varita—. Miren esto…

Agitó su varita y las tres palabras de desintegraron en letras que empezaron a jugar formando una palabra.

tom SorVolo ryddLe

—¿Ryddle? –dijo Remus y todos miraron a Thomas. Este no los miraba sino que miraba la nueva oración que se había formado con una expresión de asombro.

—Thomas –dijo Jimmy mirándolo asustado—. Tom Ryddle es el nombre de tu padre ¿verdad?

—Entonces –dijo Sirius—, eso significa que tú eres…

—…soy el hijo de Lord Voldemort, el asesino de los doscientos cincuenta muggles –terminó Thomas.

Avances del próximo capitulo: 04 Sorpresas en Halloween

James los hizo cubrir a todos con su capa. Peter estaba muy emocionado y eso era algo que a Sirius le hastiaba. Pero cuando estaban llegando a la sala Común de Gryffindor, el profesor Selwyn, llevaba a Thomas cargado y tapándole la boca.

¡Allí esta Thomas! —exclamaron al mismo tiempo.

Pero, ¿por qué el profesor Selwyn lo lleva cargado y tapándole la boca? —preguntó Peter.

Porque talvez le va a hacer algo —dijo James preocupado—. ¡Vamos!

Reviews:

karipotter: ¡Muchas gracias por tu review! me da gusto que te haya gustado esta historia. Solo te pido que vuelvas a leerla, ya que he puesto algunas modificaciones

Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.