ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

5

¡A investigar!

—¡No cumpliré esa tarea porque no quiero ni seré el heredero de Slytherin.

Los muchachos se quedaron estáticos. ¡¿Qué era lo que Thomas, su amigo, había dicho?!

—¡Estoy cansado que salgas con ese comportamiento rebelde que tienes, mocoso! —exclamó furioso Tom—. ¡Harás lo que se te ordena o…!

—¿O qué? —se le enfrentó Thomas—. ¿Me mataras como mataste a esos muggles? ¡Hazlo! ¡Me harías un gran favor! ¡Prefiero estar muerto que tener que estar ligado más tiempo contigo!

—Mira, Thomas —dijo más calmado Tom—. Sé que mi relación contigo nunca ha sido buena, pero eso cambiar. Tú eres mi hijo, llevas mi sangre…

—¡Deja los sentimentalismos que no te queda, Tom! —le espetó el niño—. Nunca he sido tu hijo, aunque llevó sangre tuya en mis venas. No entiendo como mi madre pudo involucrarse con un tipo tan despreciable como tú que la abandonó con un hijo. Por ello, no tienes derecho de decirme hijo. Así que, si esto es todo lo que querías decirme. Pues entonces me retiro, pero antes solo te digo que ya no vengas a verme acá, al colegio, porque me da asco verte el rostro. Si lo haces, le diré a Dumbledore que es lo que planeas —el ceño de Tom se frunció más—. ¿Te disgusta, no? Ahora ya sabes lo que siento cuando habló contigo—se dio la media vuelta y se fue.

—¡Tienes que hacerlo! —gritó Tom—. ¡Te lo ordeno! ¡Esa es la tarea que Slytherin te legó!

—Una persona muy querida me enseñó algo hoy, Tom—contestó Thomas desde la puerta del despacho—: Tengo derecho a decidir lo que quiero hacer o no. y lo que no quiero hacer es matar muggles solo porque un hijo bastardo me lo manda.

El muchacho salió del despacho con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que era seguido por cuatro niños que habían escuchado cada palabra de dicha conversación.

Selwyn se inclinó hacia el fuego donde estaba su Señor.

—¿Qué piensa hacer ahora, mi señor?

—Este chiquillo está pasando el límite de mi paciencia —contestó molesto—. Buscaré la forma de obligarlo. Selwyn —el profesor su cabeza inclinó ante él—. Vigila a ese muchacho y dime que es lo que le interesa más. Con eso podríamos manipularlo.

Selwyn asintió y Tom desapareció.

La sala común de Gryffindor se caracterizaba por estar llena de estudiantes que se disponían a hacer sus tareas. Pero como el banquete de Halloween no había terminado y la sala estaba completamente desértica. No había absolutamente nadie en la sala común de la torre Gryffindor en esos momentos. Pero, de pronto, se abrió la entrada de la torre y se cerró al instante. No había nadie en dicho lugar, nadie hasta que James Potter decidió arrojar su capa invisible hacia el mueble más cercano, dejando al descubierto a sus demás amigos.

James no podía sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea. Analizando la conversación que hace unos instantes su amigo Thomas había tenido con el asesino ése. Estaba seguro de Thomas sería incapaz de matar a alguien. Sólo que la seguridad no recaía en su padre. Él podría obligar a Thomas para que hiciera todas esas cosas horribles, pero también estaba seguro que Thomas nunca tendría la intención de matar a nadie.

Mientras James pensaba en ello; los demás no se omitían sus opiniones:

—¡Nunca pensé que Thomas estaría involucrado de esa manera! —exclamó Sirius sentado en un sillón con los cos en las rodillas—. ¡Su padre es un completo maniático!

—Un maniático asesino —apuntó Jimmy sentado en la alfombra.

—Lo mejor será que le digamos a McGonagall lo que es Thomas ¿no creen? —sugirió Peter timorato al costado de Sirius.

Sirius empujó a Peter que hizo que se cayera a la alfombra.

—¿Estás loco? ¿Acaso quieres que lo expulsen?

—Pero piensa… —se justificó Peter mirando a Sirius con cierto temor—. ¡Thomas es muy peligroso! ¡Es el heredero de Slytherin y ya escuchaste lo que dijo ese... ese tipo! ¡Podría matarnos!…

—¡Él es nuestro amigo! ¡Él jamás haría algo así! —declaró Sirius— ¡Y más te vale, Pettigrew que no digas ni una sola palabra al respecto a nadie de lo que viste hoy y lo lamentaras muy caro!

Sirius hablaba con una seriedad que no era propia de él. Ante este gesto, Peter se limitó a asentir mirando a Sirius con temor. James seguía paseándose de un lado a otro pensativo. Jimmy le preguntó:

—¿Se te ocurre algo?

—Lo que pasa es que… estoy analizando lo ocurrido. —contestó James sin dejar de caminar—. ¿Cómo es posible que todas estas cosas le pasen a nuestro amigo? ¡Esta situación es muy crítica!

—Y muy peligrosa —añadió Peter con temor—. Imagínense si Thomas decidiera…

—¡Pettigrew! ¿Te lo tengo que estar advirtiendo? —saltó Sirius de nuevo al ver lo que iba decir Peter—. ¡Thomas es nuestro amigo! ¡Y ya hemos oído que él no quiere saber nada del loco de su padre! así que, cierra el pico o te lo cierro yo y…

—¡Ya vale, Sirius! —lo calló James—. Es suficiente. Peter no dirá nada. Ya está advertido. Lo que debemos hacer ahora es ver en que podemos ayudar a Thomas.

—Pero antes de eso, debemos averiguar otra cosa —dijo Jimmy de pronto.

—¿Cuál? —preguntó James.

—¿Qué es la Cámara de los Secretos?

—¡Si serás tonto! —exclamó James sentando, al fin, en un sillón que estaba a su lado—. ¿No oíste lo que era?

—Que yo recuerde, ese tipo no dijo nada al respecto. Sólo la mencionó. —aclaró Jimmy mirando a su mellizo con el ceño fruncido—.¿Acaso tú lo sabes?

—¡Pues claro que sí!

—¡Entonces dime, hermanito!

—Pues… pues…—titubeó James mirando de reojo a su hermano, quien le decía con la mirada "¡ya ves!" — ¡Está bien! ¡No lo se! Supongo que tendremos que averiguarlo.

—¿Se lo preguntaremos a Thomas? —preguntó Peter.

—¡Claro! Sería una pregunta muy cortés —dijo Sirius con sorna—. "Hola, Thomas, viejo amigo, dinos, ¿sabes algo de la Cámara de los Secretos? Pues necesitamos la información para averiguar si vas a matar a alguien o no"

Finalmente, decidieron averiguar sin decirle nada a Thomas. Seria molesto para su amigo, decirle que estaban averiguando sobre la Camara de los Secretos cuando él no quería saber nada. James les obligó a todos jurarlo poniendo su mano hacia delante y los demás cubrieron su mano para comprometerse. Peter no estaba muy seguro de hacer. Pero la mirada inquisitiva de Sirius y la amenaza de meterlo de cabeza a un retrete de Jimmy hicieron que él también jurara. Con el juramento hecho. Todos subieron satisfechos al dormitorio de los chicos. Sin embargo, ya dentro, mientras Peter se lavaba los dientes en el baño y esperaban a John Parker y Tim Carter, Sirius les susurró a los Potter:

—Las cosas que nos pasa antes de la clase de vuelo.

Thomas se despertó pronto al día siguiente. Miró a su costado y notó que sus amigos aún seguían durmiendo. Se extrañó, porque supuso que se habían ido a la cama temprano. Porque cuando llegó al dormitorio, ellos estaban dormidos. Se que­dó un rato en la cama pensando en la discusión de anoche con Tom. Era la primera vez que se había enfrentado a Tom y ganaba. Siempre que Tom quería que hiciese alguna cosa, lo tenia que hacer, aunque no lo quisiera.

Sonrió. Estaba contento. Por fin podía decidir lo que quería o no. Y todo gracias a sus amigos, quienes le devolvieron las ganas de vivir. Se volvió a su mesita de noche y vio un pañuelo. Era el pañuelo de Deborah…

Deborah. Ella es la principal responsable de este cambio. Sonriente, se dijo que cuando la viera, le daría las gracias de algún modo. Pero de pronto, se le vino a la mente la visión de Deborah. Sabía que podría ocurrir y tenía que hacer todo lo posible para que nunca se cumpliera. Él jamás les haría daño a los hijos de muggles y mucho menos a su nueva amiga. Él tendría que cuidarla. Sin importar lo que sea, no iba a dejar que Tom lo manipulara. Con ese pensamiento, se le­vantó. Se vistió y se acercó a la cama de Jimmy para despertarlo.

—¡Jim! ¡Despierta!— dijo alegremente, mientras jalaba la sabana de la cama. Pero su rostro cambió de expresión cuando notó que una almohada era la que suplantaba a su amigo en la cama. Eso si que era extraño. Jimmy Potter no era tan madrugador como para levantarse antes de las siete de la mañana. Más bien, lo contrario. El era el mellizo que le costaba levantarse y que casi nunca llegaba temprano a una clase.

Se volvió a las camas de los demás y pudo comparar que al igual que Jim, que todas estaban con una almohada sustituyente. En ese momento, John Parker se levantó, mostrando en su rostro el mal humor de las mañanas.

—¡Ryddle! ¡Deja de hacer ruido con las sabanas! ¡Hoy no hay clase! ¡Es día de los muertos o como dicen los muggles; los santos! Tengo… —emitió un gran bostezo—… sueño.

—¿Haz visto a Jimmy y a los demás? —preguntó Thomas.

—¿Quién? ¿Potter y su pandilla? Sí, hace una hora ellos también me despertaron. Se fueron con Pettigrew a no sé a donde. Creo que dijeron algo sobre la biblioteca. ¡Cómo si la señora Pince se levantara temprano a trabajar en los días de fiesta!

Thomas se fue hacia la biblioteca corriendo. ¿Qué demonios estarían haciendo, James y los demás en la biblioteca? Sonrió al imaginar que seria una broma, pero pronto descartó esa idea. Si era una broma, ¿por qué no le pasarían la voz? Llegó a la puerta de la biblioteca e iba a sacar la varita para abrirla, sino fuera por….

—Señor Ryddle, ¿qué está haciendo aquí?

A Thomas se le pararon los pelos del cuerpo y se volvió a la persona que estaba detrás de él, sonriendo débilmente. La profesora McGonagall lo miraba seriamente.

—Bueno… yo… Quería entrar a la biblioteca para buscar algo, profesora —dijo maldiciéndose por no inventar una excusa mejor, ya que la jefa de Gryffindor alzo una cena, no muy convencida de su respuesta.

—¿Ah, sí? ¿Y sus libros?

—¿Mis libros? —repitió la pregunta mientras hurgaba una excusa—… Mis libros… no los necesito, solo quiero hacer una consulta sobre Encantamientos.

—¿En pijama?

Thomas se miró. Por el apremió se había olvidado cambiarse de ropa.

—Es que era urgente... —dijo abochornado—... ¡usted sabe! ¡Nunca es bueno no saciar una duda teórica!

—Pues si quiere una consulta de un libro, será mejor que la busque más tarde; o se la pida al profesor Flitwich o a sus compañeros Potter, Black, Lupin, Dawson, Evans o McCainer —el muchacho asintió—. Por cierto, ¿en donde están sus amigos?

—Pues, no se en reali…

Pero no pudo concluir porque cuatro muchachos aparecieron con pijamas y hablando entre si tan concentrados en algo que no se dieron cuenta de que su jefa de casa estaba al lado de ellos.

—¡Te digo que tenemos que buscar en la sección prohibida!

—Sí, pero primero tenemos que buscar en parte accesible, porque si no nos meteremos en problemas…

—Como ya los tienen, alumnos —dijo la profesora McGonagall, haciendo que los muchachos se sobresaltaran.

—¡Profesora McGonagall! —exclamaron al mismo tiempo todos.

—Que bien que se acuerden de mí. ¿Qué hacen aquí?

—Pues.. —titubeó Jimmy.

—¡Vinimos a hacer una consulta! —dijo Sirius.

—Sí, una duda que nos carcome —añadió James.

—Pues veo que sus dudas son tan insoportables que no los deja cambiarse adecuadamente —dijo la profesora y los niños se vieron con las pijamas puestas—. Ahora, nada de biblioteca hasta más tarde, porque sino, cinco puntos menos por hacer desorden en la biblioteca. Ahora vayan a cambiarse y vayan a desayunar

—¡Sí! ¡Porque me muero de hambre! —exclamó eufórico Jimmy siguiendo a la profesora.

Los demás lo siguieron pero Thomas detuvo a James.

—¿Qué pasa?

—¿En donde estaban?

—¿Por qué me preguntas eso? —preguntó James tratando de disimular extrañeza.

—Porque en sus camas habían puesto sus almohadas —dijo Thomas mirándolo seriamente.

—Lo que pasa es que nos levantamos temprano para ir a jugar con las Nimbus 1000 en la madrugada.

Thomas alzó una ceja.

—¿Seguro? —cruzó los brazos—. Porque John me dijo otra cosa relacionado con esta biblioteca y da la casualidad que cuando estoy discutiendo con McGonagall, aparecen mis amigos murmurando en voz alta algo sobre ir a la sección prohibida de la biblioteca. ¿A ver, explícame eso, James Potter?

¡Maldito Parker! maldijo James en su mente mientras hurgaba una excusa para dársela a su amigo. Pero era casi imposible, su amigo era muy astuto. Iba a decir algo, pero en ese momento se escucharon los quejidos de una niña.

—¡Suéltame!

—No hasta que aprendas a respetar a tus superiores, sangre sucia.

Se acercaron hacia el lugar donde la niña se quejaba. Un chico de cabellos rubios y ojos grises sostenía del cuello a una niña de cabellos rojos que a James le resultaba muy conocida.

—¡Suéltala! —gritó James.

Los dos se volvieron a James. El chico la soltó y sonrió, mientras que Lily Evans miraba a su defensor muy asombrada.

—¿Y se puede saber porque debo soltar a esa sangre sucia?—preguntó el chico burlonamente.

—¡Vuelves a insultarla y te rompo la cara! —saltó James muy molesto.

—¿Ah, si? ¿Tú y cuantos más?

—El y yo —dijo Thomas acercándose

—¡Vaya, nos volvemos a ver, Thomas Ryddle! —dijo Lucius burlonamente.

—Desgraciadamente, Malfoy.

—¿Lo conoces? —preguntó James a su amigo.

—Es el primo de Piers Carrey —contestó—. Lucius Malfoy.

—Malfoy, para ustedes —aclaró Lucius—. Claro, era lógico que el defensor de los sangre sucias, Thomas Ryddle, estuviera para rescatar a un insignificante impura.

—¡Ahora veras! —dijo James sacando su varita.

—Al parecer hay otro defensor —dijo Malfoy—. ¿Se puede saber el nombre de este nuevo defensor de la justicia?

—¡Eso no te importa! ¡Everti Static!

El chico salió disparado para atrás y cayó a unos metros lejos de la pelirroja. Lily se incorporó y se puso de frente de James.

—¡Potter, déjalo! ¡Si alguien nos ve, te bajara puntos!

—¿Y dejar que este te siga insultando?

—¡Deja de hacerte el héroe!

—¡Hazle caso a Evans, James! —dijo Thomas—. Vámonos.

James guardó la varita y siguió a sus amigos, pero el chico no estaba muy dispuesto a dejarlo ir por lo apuntó a James con su varita:

—¡Serpensortia!

Una serpiente negra salió de la varita de Malfoy y se dirigió rápidamente a atacar a James. Thomas se volvió a la serpiente y la miró fijamente a los ojos. James y Lily se habían vuelto extrañados del porque Thomas se había quedado. Thomas no sabia el porqué miraba a la serpiente de esa forma, tampoco supo como le dijo a la serpiente "No te acerques" como si realmente la serpiente pudiera oírlo. Pero, milagrosa e inexplicablemente, la serpiente se quedó quieta delante de Thomas. Al ver que no iba a hacer nada, sacó su varita y exclamó:

Vipera Evanesca —y la serpiente desapareció en una pequeña nube de humo negro. Se volvió a ver a Lucius Malfoy, quien lo miraba asustado. Se levantó y se fue corriendo del lugar.

Thomas se extrañó. ¿Qué demonios le había pasado a Malfoy? Se volvió a ver a James y notó que su amigo sostenía fuertemente a la pelirroja de los hombros y ambos lo miraban muy extrañados.

—¿Y a ustedes que les pasa?

—Hablaste Pársel —dijo Lily muy asombrada—. ¿Desde cuando puedes hablar con las serpientes?

—¿yo? ¡Nunca! —evadió Thomas. Pero estaba muy preocupado. Él nunca había hablado con una serpiente. Solo la había oído, aquella vez, cuando Tom lo llevó a la cámara para conocer al basilisco.

—¡Sí, James y yo te oímos! —dijo Lily—. ¿No es verdad, James?

—Pues, en realidad… —empezó a decir James, pero Thomas interrumpió.

—¿Y desde cuando llamas por su nombre a James, Evans? —dijo Thomas mirándola fijamente.

El rostro de la pelirroja se puso del color de su cabello y miró indignada a Thomas, quien sonreía divertido y a la vez aliviado por haber cambiado de tema. De pronto, la niña se dio cuenta que James la tenia sujetada por los hombros y se separó bruscamente de él.

—¡Jamás te atrevas a volver a agarrarme de esa forma, Potter!

—¿Qué, Lily?

—¡Para ti, soy Evans! —le espetó ella muy molesta pero a la vez muy apenada—. No vuelvas a tocarme así —y se fue con la nariz alzada.

—Menuda forma de dar las gracias —musitó James mirándola y acercándose donde Thomas, quien seguía riéndose.

—Mejor, vámonos. Es hora de desayunar y los chicos nos deben estar esperando.

James asintió. Pero mientras seguía a su amigo se ponía a pensar en lo que había pasado. Thomas hablaba pársel y según lo que sabia del libro Historia de Hogwarts, la única persona que hablaba pársel en el colegio fue Salazar Slytherin. Cada vez más se convencía que tenía que investigar más sobre el heredero de Slytherin y La Cámara de los Secretos. Tenía que hacerlo en caso de que algo malo llegara a pasar y no lo decía por Thomas, sino por su padre.

Pasaron tres días desde el incidente de la serpiente. Lucius Malfoy seguía siendo un altanero con todos menos con Thomas. Al parecer le tenía miedo a ese chiquillo y no quería provocarlo. Por su parte, Lily miraba a Thomas como si fuera un libro lleno de misterios, algo que incomodaba mucho a Thomas y a James. Al primero porque no le gustaba ser observado y al otro porque Evans le brindaba más atención a su amigo que a él.

Remus llegó ese mismo día antes del desayuno. El muchacho lucia algo cansado pero estaba muy contento. Al verlo llegar, todos se alegraron al verlo.

—¡Remus! ¡Que bueno que volviste! —exclamó Sirius dándole unas palmadas en la espalda. Remus emitió un quejido.

—¡A mí también me da gusto de verlos! —respondió Remus haciendo una mueca de dolor y pasándose una mano por la espalda mientras dejaba su maleta en la cama.

Todos lo miraron extrañados ante el quejido de su amigo.

—¿Estás bien, amigo? —preguntó Jimmy.

—¿Eh? … ¡Sí, claro! Porque tendría que estar mal? —dijo Remus tratando de disimular despreocupación.

—¿ah, si? —dijo Sirius desconfiado de su respuesta—. Entonces, ¿qué tienes en la espalda?

—Nada… ¡No es nada! Lo que pasa es que me caí de las escaleras en la casa de mis padres y me golpee la espalda con las gradas —explicó Remus sin tomarle tanta importancia.

—¿Nada? ¡Pero si esa caída es muy fuerte! —exclamó James.

—Sí, pero ya estoy bien. ¡En serio! —los tranquilizó Remus—. No se preocupen.

Pero a Thomas esa excusa no le sonaba muy convincente. Pero trato de olvidarse de eso con los comentarios de la próxima clase de vuelo.

El primer viernes del mes de noviembre, fue la tan esperada clase de vuelo. Clase que se había atrasado por problemas con la antigua profesora de vuelo que había decidido presentar su renuncia al notar que los jugadores de todas las casas, especialmente los de Slytherin, siempre se dejaban llevar por sus rencores hasta los extremos. Ahora, en el lugar de dicha profesora se encontraba Madame Hooch, una mujer de pelo canoso y ojos amarillos como los de un halcón. Muchos rumoraban que madame Hooch escogía a los mejores alumnos de cada casa para ponerlos en el equipo, pero eso fue algo que desmintió la profesora el primer día de clase.

—No quiero que se hagan ilusiones con lo que han oído por ahí —dijo la profesora caminando por lado y poniéndose al frente de ellos, en el parque—. Yo no soy la que escojo a los jugadores de las casas. Son los capitanes de cada equipo. Ellos se fijan por las cualidades que el estudiante deba tener en el quidditch —Jimmy y James se miraron con complicidad—Bueno, hora sin nada mas que aclarar. Extiendan la mano derecha sobre la escoba —les indicó— y digan "arriba".

—¡ARRIBA! —gritaron todos.

Las escobas de los mellizos saltaron de inmediato en sus manos. Los niños sonrieron complacidos mientras que los demás tenían algunas dificultades para obedecer a sus amos. La de Lily Evans trataba de levantarse del suelo, pero sin ningún éxito y la de John Parker solo rodaba. La de Ann McCainer tardó unos segundos para obedecer a su ama. En cambio, la de Thomas, saltó a su mano tan pronto como dijo "arriba"

Madame Hooch les enseñó cómo montarse en la escoba, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla. Cuando dijo que estaban listos para volar, los mellizos se miraron entre si, como si tuvieran un plan entre manos.

—Cuando haga sonar mi silbato, dan una fuerte patada —indicó dijo la señora Hooch—. Mantengan las escobas firmes, elévense un metro o dos y luego bajen inclinándose suavemente. ¿Preparados?... tres... dos...uno…

Y se oyó el silbato. Los alumnos se elevaron de sus escobas. Se sentía tan bien volar en una escoba según Thomas. Pero al volverse a los mellizos, pudo notar que ellos empezaron a hacer piruetas en el aire.

—¡Bajen! —todos los alumnos bajaron pero James y Jimmy no parecían escucharla—. ¡Ustedes dos! ¡Bajen!

Pero ninguno no le hizo caso. Los dos hacían un verdadero espectáculo en el aire. James voló hasta un árbol de manzanas, cogió una y se la arrojó a su hermano, quien estaba distraído, pero al notarlo, hizo una vuelta espectacular con la escoba que arrancó un "¡Oh" de todos los presentes.

—¡Así que esas tenemos! —dijo Jimmy cogiendo otra manzana—, veamos que tan bueno eres para atrapar ésa.

La arrojó con fuerza hacia el lado opuesto del parque. James se inclinó hacia delante y salió disparado hacia la manzana. Jimmy sonrió y sacó su varita. Pronunció unas palabras y justo cuando su mellizo iba a coger la manzana, ésta salió disparada hacia arriba. El niño no desistió en su intento por atraparla. Apuntó el mango de la escoba hacia arriba y salió disparado como un cohete. Todos abajo miraban asombros, entre ellos Lily Evans. La manzana no quería dejarse atrapar y cambió de dirección bruscamente, haciendo el mellizo de gafas viera una maniobra espectacular con la escoba y empezara a caer en picado. Desde el lugar donde la manzana fue hechizada, Jimmy la vio venir disparada hacia abajo. Salió a su captura sin saber que era seguido por su hermano. James alcanzó a su hermano y estaban a misma posición. Uno debía que coger la manzana y no quería que fuera el otro. Extendieron la mano para cogerla. Pero la manzana encantada, más ágil que una snitch, a unos metros del suelo, decidió irse para arriba de nuevo. Haciendo que los Potter se estrellaran estrepitosamente al suelo. Todos los alumnos se acercaron a ellos, muchos emocionados y otros muy preocupados por saber si habían sobrevivido a la caída. La profesora Hooch separó a la multitud de curiosos acercándose a los afectados.

—¡Háganse a un lado! —dijo para abrir campo. Los mellizos estaban inconscientes. La profesora Hooch les dio una palmadita en los rostros para despertarlos—. ¡Muy bonito ¿no? ¡Casi se matan!

—¡Auch, no me agarré el brazo! —exclamó Jimmy, pero la profesora Hooch no le hizo caso.

—¡Black, Lupin, Ryddle! —dijo de pronto la profesora—. Llévense a sus amigos a donde la señora Pomfrey. Ella sabrá como curarlos. En cuanto a ustedes, pequeños suicidas. —se dirigió a los mellizos—. La profesora McGonagall seria informada de esto para su castigo correspondiente.

Sirius, Remus y Thomas los llevaron a los dos adoloridos Potter mientras comentaban de su jugada.

—¡Fue una jugada fantástica, pero muy riesgosa! —dijo Sirius emocionado—. Le pediré a la profesora McGonagall que me deje dirigir los partidos. ¡Con lo de hoy, he visto mi vocación!

—Sí, pero lo malo es que casi los lleva a la tumba —comentó Remus.

—Lo malo no es eso —dijo James cojeando.

—¿entonces? —preguntó Thomas.

—Lo malo será cuando nuestra madre se entere —dijo Jimmy riéndose pero emitiendo un quejido de dolor.

Los amigos se rieron mientras caminaban a la enfermería.

Tal como había dicho Hooch, la profesora McGonagall al enterarse castigo a los Potter cuando éstos salieron de la enfermería en la noche. La señora Pomfrey era una excelente enfermera y conocía al dedillo todos los remedios y curas a las peores heridas y males pero eso no había evitado que la enfermera se impactara de al saber como se habían roto el brazo y la pierna los mellizos. Cuando estuvieron recuperados, McGonagall les dio como castigo ayudar a Hagrid al bosque prohibido la próxima semana. Ellos trataron de no sonreír. Ya habían visitado el bosque prohibido con sus amigos, así que con Hagrid no seria diferente.

Pero antes de ello, los mellizos y sus amigos se fueron a la biblioteca a averiguar lo que el Día de Todos los Santos no hicieron. Los que habían escuchado a Tom la otra noche, le contaron a Remus sobre lo que habían oído y lo que estaban haciendo a espadas de su amigo. Remus estuvo de acuerdo en ayudarlos a investigar.

Los libros de la biblioteca constantemente contenían la respuesta a toda pregunta, pero la respuesta a la pregunta que ellos tenían era muy difícil. Sólo habían descubierto la leyenda de Salazar Slytherin, en el libro Historia de Hogwarts que los mellizos habían leído antes de venir a Hogwarts.

La leyenda decía sobre Salazar Slytherin, fundador de la casa que lleva su apellido, hizo una cámara que los demás fundadores desconocían y que la selló para que solamente pudiera acceder a ella su autentico heredero y desencadenar el horror que contiene para usarlo en contra de los que no deben estudiar en el colegio: los hijos de muggles.

Pero ellos querían saber más. ¿Qué clase de horror contenía esa cámara? ¿Cómo la selló? ¿Por qué sólo el heredero podía cumplir con esa tarea horrenda? Usando la capa de James se dirigieron a la sección prohibida. Ya en ese lugar, se quitaron la capa invisible; y sin hacer el menor ruido para la señora Pince no los oyera, empezaron a buscar.

Pasó media hora desde que llegaron y no encontraban nada.

—¡Son muchas cuestiones las que nos faltan resolver! —dijo Sirius aburrido.

—Sí, pero ya han oído al padre de Tom:—dijo James—. "El heredero de Slytherin deberá limpiar a toda la escoria que hay en este colegio. Y así, poder convertirlo en un lugar donde sólo la sangre limpia estudie aquí". Si Thomas es el heredero se dan cuenta que es lo que tiene que hacer…

Los muchachos se quedaron callados mirando a James muy asustados.

—Pero, ya has oído a Thomas —replicó Jimmy—. Él no quiere cumplir con esa tarea. A Thomas nunca le simpatizó su padre, ¿cómo crees que va a poder matar a esos hijos de muggles si no lo quiere?

—Tienes razón, pero recuerda quien es su padre —dijo James preocupado—. No estamos hablando de un simple maniático ¡Estamos hablando del mago más terrible de todos los tiempos! ¡Un sujeto que ha matado a una gran cantidad de muggles y magos!

—Sin contar con las extrañas muertes y las constantes torturas que han pasado alrededor del mundo —añadió Remus.

—¿Cómo? —preguntaron los niños.

—Lo que pasa es que en Bélgica, un muggle encontró un grupo de diez personas muertas en una casa; y en Irlanda, se encontraron cincuenta muertos, entre ellos magos y muggles. Todas realizadas por los seguidores de Lord Voldemort. Y con respecto a las torturas, todas las victimas dijeron muy asustadas que fueron brutalmente agredidas con un hechizo imperdonable solo por pronunciar su nombre.

Los niños lo miraban impactados

—¿Y tú como sabes eso? —preguntó James.

—Bueno… —titubeó Remus tratando de pensar en una excusa—… ¡Lo leí cuando estaba con mis padres! —les preguntó mirándolos extrañado—. ¿Es que no reciben El Profeta? ¿No lo han leído?

—La verdad es que no hemos leído El Profeta desde que Evans nos prestó su periódico —respondió Jimmy y se dirigió a su mellizo—. Creo que es hora que le exijamos a papá que nos suscriba ya para recibir a diario ese periódico.

—¡Es increíble nadie pueda hacer algo! —exclamó Jimmy.

—Es por ello debemos ayudar a nuestro amigo —dijo James con determinación—. Debemos evitar que él se convierta en uno de ellos. Debemos investigar y ver en que podemos ayudarlo.

—¿Y si el padre de Thomas nos descubre? —preguntó Peter temblando.

—No seas tonto! —le contestó Sirius—. Su padre debe estar en una gira por todo el mundo matando a inocentes y nosotros sólo estamos aquí.

—¡Dejémonos de tonterías y sigamos buscando!

Los demás asintieron mientras que Peter seguía temblando. James sacó un libro y pasó las hojas rápidamente pero se detuvo en un párrafo.

—¡Chicos! ¡Miren! —los llamó. Todos los niños se acercaron a James quien empezó a leer en voz alta: —. "Existe un heredero capaz de limpiar al mundo y al colegio de la sangre impura infectada por todo el mundo. El será capaz de dominar a la bestia que espera sus órdenes en la Cámara de los Secretos. Cuando el heredero llegue a Hogwarts, los impuros tendrán que temer y triunfara la sangre limpia" ¿Lo ven? —cerró el libro en su mano y miró a sus amigos—. Hay una bestia en esa cámara y Thomas es el único que puede dominarla.

—Pero, ¿qué clase de bestia es? —preguntó Remus.

—¿De que bestia están hablando?

Todos dieron un respingo y se volvieron hacia la persona que estaba detrás de ellos. Thomas Ryddle los miraba extrañado. Sus amigos estaban mirándolo asustados y el mas aterrorizado era Peter Pettigrew, que estaba con ellos.

—¡Thomas! —exclamó James sonriendo débilmente con el libro en mano—. ¡Que susto nos diste!

—¿Qué hacen aquí? —les preguntó—. Esta es la sección prohibida.

—Lo que pasa es que estamos buscando sobre la Cama… —dijo Peter pero los cuatro le taparon la boca rápidamente.

—¿Sobre qué?

—Sobre una poción que Selwyn mencionó —dijo Sirius mientras los demás asentían.

—Pero, ¿para que quieren saber eso? —les preguntó extrañándose mas por el comportamiento de sus amigos.

— Bueno, ya sabes… siempre es bueno investigar mas… —contestó Jimmy tratando de parecer convincente.

—¿Y la encontraron? —preguntó interesado en su respuesta.

—Este… sí… ¡Nos vemos Thomas!

—¡Esperen! ¡Amigos! —pero los cinco muchachos se alejaron corriendo. Thomas seguía mirándolos extrañado—. ¿Desde cuando empezaron a parar con Pettigrew?

Algo muy raro estaba pasando con sus amigos y él tenía que averiguarlo.

Pero nuestros amigos no encontraron nada que les pudiera ayudar aparte de ese libro. Pasó una semana y mientras hurgaban en otra posibilidad de volver a ir a la sección prohibida sin que se enterara la señora Pince, McGonagall sacó a James y Jimmy del dormitorio y les anunció sobre su castigo. Los mellizos se habían olvidado que tenían castigo y trataron de excusarse pero McGonagall no era una mujer de escuchar excusas y los llevó con Filch. Mientras seguían al conserje, quien los iba a llevar donde Hagrid, Jimmy le susurró a su hermano:

—¿Por qué presiento que esta no va a hacer la única vez que nos van a castigar?

—Ya dejen de estar murmurando. De seguro que deben lamentándose de lo que han hecho, ¿verdad? —dijo Flich, mirándolos con aire burlón, sin darse cuenta que los mellizos estaban mirándose con complicidad—. Agradezcan que solamente tengan que ir al bosque prohibido. ¡Ah, Dios! Era mejor esos días en que a los estudiantes los castigaban de otras formas… Es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... Bien, allá vamos, y no piensen en escapar, porque será peor para ustedes si lo hacen.

—¡Sí, claro! —dijo James disimulando miedo.

La luna, en cuarto menguante, los iluminaba pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Cuando llegaron a la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.

—¿Eres tú, Filch? Date prisa.

—Sí, Filch, date prisa —le dijo Jimmy al conserje pero una mirada de Filch hizo que se callara.

Hagrid se acercó hacia ellos, con su perro Fang pegado a los talones. Llevaba una gran vaca muerta en sus hombros y que emitía un desagradable olor.

—Menos mal —dijo—. Estoy esperando hace media hora. ¿No me digas que son estos niños los que tengo que llevar?

—¡Pues, sí! —contestó james sonriente.

—¡Vaya, ustedes no dejan de meterse en problemas! —les dijo sonriente.

—Pues al parecer ya los conoces—dijo con frialdad Filch

—Claro que sí —respondió Hagrid—. Y porque los conozco, no creo que esto sea un castigo para ellos. Bueno, a partir de ahora, yo me encargo

—Adiós y veré si puedo volver para recoger lo que quede se ellos—añadió con malignidad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad, sin darse cuenta que los mellizos se reían entre sí.

—Ahora, escúchenme bien —empezó a advertirles Hagrid—.Lo que vamos a hacer esta noche es peligroso para ustedes y no quiero que ninguno de los dos se arriesgue.

—¡Por favor, Hagrid! ¿Por quien nos tomas? —exclamó indignado Jimmy—. ¡El peligro es nuestro segundo nombre!

—Pues les creo, porque eso de haberse estrellado al suelo después de haber estado unos diez metros del suelo y salir ilesos dice mucho de ustedes —dijo Hagrid— ¡Vamos y no se separen!

Los mellizos dieron un suspiro de resignación y lo siguieron.

Caminaban por el bosque por cerca de diez minutos hasta que llegaron a un lugar donde los árboles estaban tan unidos haciendo el lugar más oscuro. Hagrid depositó la media res en el suelo y retrocedió. Pero al voltear a mirar a los niños, sólo vio a Jimmy Potter que pasaba de árbol en árbol hacia él.

—¿Dónde está tu hermano? —preguntó preocupado.

Jimmy se volteó. James Potter ya no estaba.

—¡Por Merlín! —exclamó el niño—. ¡Se fue sin mí!

—¡Diablos! ¡Les dije que no se separaran! —exclamó molesto Hagrid —. Y para su mala suerte, se llevó a Fang, que es un cobarde. Tendremos que buscarlo, pero primero debemos darle de comer a los thestrals.

—¿A los qué? —preguntó el niño intrigado.

—A ellos —señaló Hagrid hacia los árboles.

Un par de ojos blancos y relucientes salio de la penumbra, poco después la cara y el cuerpo esquelético. Era un enorme caballo alado de color negro. Jimmy lo miró asustado porque pensó que estaba a punto de atacarlo. Pero el caballo debió su vista hacia la carne.

—¿Los ves? —preguntó Hagrid.

—Sí —respondió el niño—. Si está allí… comiéndose esa vaca…

—Réspondeme algo. ¿Haz visto a alguien morir?

Jimmy se quedó callado por unos momentos para luego responder.

—Sí… mi abuelo… cuando estaba agonizando.

Hagrid lo miró comprensivo.

—Pero, ¿por qué me lo pregunta?

—Porque solamente pueden verlos los que han visto la muerte.

Jimmy se asustó al oír la respuesta y miro como el caballo seguía comiendo la carne. Escuchó un grito que le sonó conocido.

—¡Vamos, que tu hermano está a punto de pasar a mejor vida! —dijo Hagrid cogiendo a Jimmy del brazo y llevándolo como si fuera un trapo.

El bosque estaba oscuro y silencioso. James sacó su varita y pronunció: ¡Lumos! y de la punta, una luz blanca brillante empezó a iluminarle el caminó. Pero se extrañó que su hermano no hiciera lo mismo con su varita. Al volverse, se dio cuenta que estaba sólo.

—Bueno, de todas maneras, alguien se tenía perder —se dijo mientras se internaba más.

Un aullido lo hizo voltearse rápidamente pero al apuntar con la varita se dio cuenta que no estaba solo.

—¡Fang! Tú también te perdiste ¿no? —el perro se acercó al niño muy asustado—. ¡Vamos! Busquemos a Hagrid y Jim.

Pero miró al suelo y pudo notar, por la luz de la varita, como una hilera de arañas caminaba hacia lo más profundo del bosque. Las siguió sin saber el porqué, cogiendo a Fang de la correa. Más adelante, el bosque se volvió tan espeso que ya no se veían las estrellas del cielo y la única luz provenía de su varita.

—¡Diablos! Si antes estábamos perdidos; ahora, peor —le dijo a Fang.

Miró hacia donde se dirigían las arañas, pero la luz de su varita mostraba una oscuridad impenetrable. Era la primera vez que se había internado muy profundo en él bosque. Aunque trataba de olvidar, las palabras de Hagrid resonaban en su mente: "¡No se separen!" Y ahora estaba pagando los efectos de su desobediencia.

Suspiró. Si ya habían llegado hasta aquí, tenían que seguir, era mejor eso a que esperar que algo te atacara. De forma que siguió junto con Fang a las arañas que se internaban en la espesura. Avanzaba despacio debido a los tocones y raíces de árboles apenas visibles en la oscuridad.

No supo por cuanto tiempo estaban caminando. De repente, Hagrid ya se había dado cuenta que él no estaba y había ido por ayuda. Sonrió al pensar en lo que su hermano estaba refunfuñando por no haberlo llevado, pero él no lo había hecho a propósito.

Pero de pronto. Se oyó un fuerte chasquido, y de repente sintió que algo largo y peludo lo agarraba por la cintura y lo levantaba en el aire, de cara al suelo. Sea cual sea la cosa que lo había agarrado, no iba a dejarse llevar. Comenzó a forcejear, pero era en vano. Aterrorizado, oyó más chasquidos, oyó a Fang aullar. Sintió que lo arrastraban por entre los negros árboles.

Pero, tan pronto como lo habían agarrado, cayó al suelo. Las gafas se le cayeron y su vista estaba opaca. Empezó a tantear con la mano para recoger las gafas y cuando las tomó, sintió un hormigueo en sus manos. Asustado, empezó a sacudirse la mano. Se puso las gafas y pudo ver con claridad que el piso estaba infestado de arañas. Fang se acercó a él, aterrorizado. Estaban en el borde de una vasta hondonada en la que los árboles habían sido talados y las estrellas brillaban iluminando el paisaje más terrorífico que se pueda imaginar.

En frente de él, había arañas. No arañas diminutas como aquellas a las que habían seguido por el camino, sino arañas del doble de su tamaño, con ocho ojos y ocho patas negras, peludas y gigantescas.

James abrió la boca, listo para gritar con todas sus fuerzas y lo hizo. Pero se calló al toque cuando las arañas empezaron a chasquear sus pinzas en señal de silencio. La araña que lo había traído se dirigió hacia una telaraña nebulosa en forma de cúpula que había en el centro de la hondonada. La araña empezó a hablar:

—¡Aragog! —llamaba—, ¡Aragog!

James no tenia idea quien podía ser Aragog, pero no iba a quedarse a averiguarlo. Empezó a retroceder pero al volverse hacia atrás, se dio cuenta que mas de un centenar de arañas le cerraban el paso.

Del medio de la gran tela de araña salió, muy despacio, una araña del tamaño de un elefante pequeño. Sus ocho ojos eran de un blanco lechoso. Era ciega, pero eso no le aliviaba a James.

—¿Qué pasa? —preguntó, chascando muy deprisa sus pinzas.

—Un humano—contestó la araña.

—¿Hagrid? —Aragog se acercó, moviendo vagamente sus múltiples ojos lechosos.

—Desconocido —respondió la araña.

—¡Ah, entonces cómanselo!—ordenó Aragog con fastidio. Las arañas empezaron a chasquear sus pinzas más deprisa.

—¡No, por favor! —gritó James pero las arañas no hacían caso—. ¡Yo conozco a Hagrid!

Aragog se detuvo.

—¿Y eso qué?—dijo despacio—. ¿Acaso te ha mandado?

—No, claro que no —dijo James, pero deseó no haberlo dicho, porque las arañas se acercaron más—. Quiero decir, no exactamente me ha mandado… yo… me perdí…

—Pues, entonces es problema tuyo —contestó Aragog indiferente.

—Sí… pero yo me perdí porque… —"¡piensa, James, piensa o estás muerto!" —… ¡Porque pensé que iba a averiguar algo sobre la Cámara de los Secretos!

Aragog se quedó callado por unos segundos para luego decir:

—¿Qué quieres saber? —preguntó.

James suspiró con alivió.

—Quiero saber que eso lo que esconde esa Cámara.

—Lo que habita en el castillo —dijo Aragog— es una antigua criatura a la que las arañas tememos más que a ninguna otra cosa. Es el único animal que nos puede hacer daño.

—Pero, ¿qué es? —insistió James.

Las pinzas chascaron más fuerte. Parecía que las arañas se acercaban.

—¡No hablamos de eso! —dijo con furia Aragog—. ¡No lo nombramos! Es muy horroroso decirlo…

Las pinzas de las arañas chascaron más fuerte. Al parecer estaban muy furiosas.

—¡Está bien! ¡Está bien! Entonces, ¿Es algo más monstruoso que uste…? ¡Quiero decir! ¿Qué cualquier animal?

—Así es —dijo Aragog con fastidio—. Es algo que las arañas tememos mas que cualquier cosa.

—Bueno, eso no me ayuda mucho… pero ¡gracias de todas formas! —agradeció James sonriendo débilmente —. En ese caso, ya me voy... Fue un gran placer... conocerlo...

—¿Ah, si? Yo creo que no… Mis hijos lo ven delicioso.

—Mire, yo sé que soy un niño guapo pero… ¡créanme! ¡No resultara! ¡Tengo una pelirroja que suspira por mí! —dijo James temblando —, aunque no sé porque digo esto—susurró para sí mismo molesto—... y un grupo de niños que no harían nada… ¡Soy elemental!

—Pero no puedo negarles a mis hijos un poco de carne fresca cuando se nos pone delante voluntariamente —dijo Aragog —. Así que… Adiós, amigo de Hagrid.

James tragó saliva y cuando empezó a encomendarse a Dios. Una voz conocida lo hizo suponer que había encontrado la salvación.

—¡No lo hagas, Aragog!

Las arañas se detuvieron y abrieron pasó a Hagrid, quien sostenía a Jimmy del brazo. El muchacho estaba jadeando a pesar que no sus pies no habían tocado el piso.

—El muchacho es mi amigo, ¿te lo ibas a comer? —preguntó Hagrid.

—Él se presentó delante de mí, ¿qué querías que hiciera? —contestó la araña ciega.

—Ya no importa —dijo Hagrid —. Me lo llevare.

—Pero Hagrid…

—Si este niño no aparece con vida, tendré problemas —dijo Hagrid.

La araña pareció comprender por lo que chasqueó las pinzas y todas las arañas que rodeaban a James se alejaron chasqueando sus pinzas muy molestas.

—Pero, mira que no vuelva aparecerse por aquí.

—¡Ya ve! ¡Le dije que era elemental! —le gritó James mientras Hagrid lo llevaba de ese lugar.

Mientras iban de caminó a la torre. Jimmy seguía insistiendo a James que le dijera sobre su conversación con la araña de Hagrid, pero su mellizo no quiso decir nada hasta llegar a la torre de Grynffindor. Al llegar a la sala común, el fuego se había convertido en cenizas y unas pocas brasas. Sus amigos se habían dormido en los sillones cercanos en la chimenea. Menos mal que Thomas no estaba porque hubiera sido imposible decir a todos lo que había averiguado. Los sacudieron para despertarlos, murmurando incoherencias y maldiciones solo por haberlos despertados. Pero en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras James les contaba lo que le había sucedido en el bosque.

James había cambiado los hechos. Lo que empezó con un simple descuido al momento de caminar terminó con una batalla a muerte con un millón de arañas, en donde él, les ganaba a todas.

—¡Por Merlín! ¿Eso te pasó, James? —preguntó Peter impresionado.

—¡Para que veas! —dijo James disimulando valentía.

—¡Sí, claro! —dijo su hermano—. Entonces, ¿de quien fue el grito que nos alarmó a Hagrid y a mí?

—¡Oh, vamos Jim! ¡Ya tenias que malograr mi narración heroica!

—Mejor cuéntanos que te dijo Aragog —dijo Jimmy.

Cuando James terminó de hablar, sus amigos lo miraban con la boca abierta.

—¿Y dices que es un animal tan monstruoso que hasta las arañas le temen? —preguntó Sirius.

—Así es —confirmó James.

—Lo que significa... —comentó Remus.

—Que tenemos que averiguar más —terminó Jimmy.

—¡Sí! —exclamaron los chicos.

Pero lo que ninguno se había dado cuenta es que en el balcón que daba acceso a la sala común, su amigo, el muchacho de cabellos rubios y ojos claro, había escuchado todo.

¿Qué era lo mucho que sus amigos sabían de la Cámara de los Secretos?

Extra: Escenario: Cuarto de la autora (horas: 21: 58 pm.)

Autora: (Suspirando cansada) ¡Pucha, hasta que por fin pude acabar este mendigo capitulo! ¡Ya era hora! Ahora a dejar el teclado y publicar mañana porque esta chica tiene que estudiar historia, lenguaje y filosofía.

(Se levanta de la silla, pero la puerta del cuarto se abre estrepitosamente. Un muchacho de cabello negro muy alborotado y ojos de avellana entra muy molesto)

James: ¿Se puede saber por que diablos casi me matas con esa araña?!

Autora: (Sentándose en la orilla de su cama) ¡Oh, vamos, James Potter! ¡Era necesario! De no ser así… ¿Cómo hubieras descubierto que era lo que clase de animal es el que habita en la Cámara de los Secretos?

James: ¡Me importa un...!

Autora: ¡Oye! (Levantándose de la cama) ¡Lisuras a otro lado, que mi madre, si te escucha, te lava la boca con jabón y lejía!

James: ¡Casi muero!

Autora: (sarcástica y murmurando para sí)¿Cómo si perdiéramos algo?

James: ¡¿Qué dijiste?!

Autora: ¡Que dejes de estarte quejando! ¡Mira, que yo no soy Rowling pero puedo hacer que Lily se ligue con el primer idiota que se me ocurra o que se ligue a tu hermano y eso no te va a gustar!

James: ¡Ni te atrevas! ¡Ni se te ocurra ligar a Evans con Jimmy!

Autora: ¿Por qué no? (cruzando los brazos y mirándolo con diversión) ¿A ti no te gusta Lily o me equivoco?

James: (ruborizado) ¡Por supuesto que no me gusta la gritona de Evans! Pero no es bueno que le hagas eso a la pobre.

Autora: (meditando la idea y hablando mas para sí misma que con él) Sí, tienes razón. Sino como nace Harry. Además, si la ligo con Jimmy, ¿quien se queda con Annie y lo que es peor?, ¿como nazco yo?, Jasmine McCainer.

James:(Confundido) ¿Jasmine McCainer? ¿Harry? ¿Quién es Harry? ¿De quienes estás hablando? ¡No entiendo nada!

Autora: ¡Créeme que a medida que pase los capítulos entenderás! Ahora, con toda la cortesía del mundo, te digo (toma aire y grita tan fuerte haciendo que James casi cayera al suelo por la fuerza de la voz): ¡¡¡¡LÁRGATE DE MI CUARTO, YA!!!

(Una voz se escucha desde el suelo)

Voz: ¿Qué esta pasando arriba?

Autora: ¡Nada mamá! (a James). Vete porque tengo que estudiar.

James: (pensando) Esta chica esta cada día más loca.

Autora: (pensando) Este chico cada día esta más lindo… ¡Ya, contrólate que ya estas ocupada para pensar en otro chico que no sea el tuyo! Además, este crío mas adelante va a ser tu tío.

¿Qué les pareció el extra? Loco, ¿verdad? Bueno, es un extra. No se preocupen, no volveré hacer este extra hasta que ustedes decidan… Además, porque he adelantado hechos que saldrán más pero mucho más adelante. Para preguntas, críticas, chiste, comentarios, opiniones, amenazas de muerte menos declaración de amor porque ya les ganaron u otra cosa, mándeme un review.

Y también, desearles a los chicos peruanos que leen esta historia: ¡Feliz 28!

Reviews:

karipotter: ¡Discúlpame por tardarme! Pero como dice el dicho: Es mejor tarde que nunca. Gracias por tu opinión, se sirvió mucho para el próximo capitulo. No te preocupes, voy a hacer que Thomas use su poder para salvar a Deborah. Con respecto a la otra pregunta, aquí te va la respuesta y una aclaración. No se realmente si Jimmy y James se van a fijar a en la misma chica o no, eso aun no lo decido. Depende como sean los hechos que ponga en esta historia. También, Jimmy y James son mellizos pero eso no quiere decir que sean gemelos. James tiene muchas cualidades tanto externas como internas que lo diferencian de Jimmy. La más evidente: El primero usa gafas el otro, no; y sus rostros no son idénticos (aunque tengan los mismos ojos y el cabello alborotado, pero el cabello es algo heredativo en la familia Potter. J.K Rowling lo dejó claro en: El espejo de Oesed, la Piedra Filosofal) Por eso es que sus amigos no se confunden, podría ser por los nombres iguales cuando están a distancia, pero no de cerca. Aclarado esto, solo te digo: Mandame más reviews, ¿vale?

Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.