ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.
6
Una triste navidad
La temporada de quidditch iba a dar comienzo en los últimos días del mes de noviembre y ya era hora (N/A: ¡Sí, ya era hora!) Se había postergado por que el tiempo se había vuelto muy frío en noviembre. Era de más decir que Hogwarts parecía un castillo de nieve porque a simple vista uno podía darse cuenta. Por más que se limpiara el estadio de quidditch, al día siguiente estaba cubierto de nieve y era imposible para los integrantes de los diversos equipos jugar así. Pero ahora que el tiempo se había calmado, el primer partido de la temporada estaba previsto para el penúltimo día del mes.
Nuestros amigos estaban emocionados y el más contento era Sirius Black, que había logrado convencer a McGonagall de ser el comentarista en los partidos pero con la condición de que iba a vigilarlo muy de cerca para evitar comentarios personales. Él decía que iba a ser imparcial al momento de dirigir, pero sus amigos sabían que lo que decía era muy lejano a lo que sucedería en realidad, ya que el primer partido que abriría la temporada seria: Gryffindor contra Slytherin. Y primero tendrían que ver a Selwyn bailar con McGonagall antes de ver a su amigo dirigir un partido sin insultar al equipo contrincante. Pero si lo hacia, no lo culparían. Todos los Grynffindor harían lo mismo. Ya que si Gryffindor ganaba, pasarían a ser segundos en el campeonato de las casas.
—¡Vaya! ¡Es una lastima que McGonagall no nos haya dejado entrar al equipo! —dijo James, un día antes del partido, haciendo la tarea de Historia de la Magia.
—Sí —corroboró su hermano chasqueando la lengua y poniendo la pluma entre su nariz y sus labios—. Pero, ya escuchaste a McGonagall —se paró en la mesa e imitó la voz de la profesora: — "¿Estuvieron a punto de matarse en una simple clase de vuelo y todavía quieren meterse al equipo?"
Sus amigos y los demás chicos que estaban haciendo sus tareas en la sala común se rieron.
—Aparte de la idea que somos muy pequeños para pertenecer al equipo —añadió James desalentado.
—Pero no se preocupen —los animó Thomas—.Ya será para el próximo año.
—Sí, ahora hay que dedicarnos a nuestras cosas —dijo Jimmy bajándose de la mesa.
Thomas volvió a concentrarse en su tarea pero era casi inútil. El pensamiento de que sus amigos estaban averiguando sobre la Cámara de los Secretos no se le quitaba de la cabeza. ¿Qué habían averiguado? ¿Sabrían ya que él era el heredero de Slytherin? Al parecer habían investigado mucho porque con lo que habían hablado el otro en la sala Común decía mucho. Además, parecía que la biblioteca se había convertido en su propia sala común, porque estaban allí todo el día y ya casi no hablaban de bromas ni de la manera de molestar a Filch. Tenia que descubrir lo que iban a hacer.
Al día siguiente, después del desayuno, Sirius se despidió de sus amigos y se fue al campo de quidditch para conducir el partido. Los jugadores estaban muy nerviosos pero eso era de esperarse. Cuando ya eran las once de la mañana, nuestros amigos decidieron dirigirse a buscar unas gradas libres para ver el esperado partido. Se sentaron en la grada más alta para visualizar todo el campo. Todo el colegio parecía estar reunido alrededor del campo de quidditch.
—Veamos si Sirius cumple su palabra de ser imparcial—propuso James a los demás.
En ese momento, se oyó la voz de Sirius Black amplificada.
—Y nos encontramos aquí. En el gran campo de quidditch de Hogwarts. Reunidos aquí para ver el primer partido de la temporada: Grynffindor contra Slytherin.
—Al parecer sí lo hará—comentó Remus a sus amigos, quienes estaban sorprendidos por lo que decía su amigo—. Pero, ¿ustedes creen que sea imparcial al momento de hablar de…?
—¡Sí, mis amigos! —lo interrumpió la voz de Sirius—. ¡Estamos aquí reunidos para ver el gran partido de Grynffindor, casa de valientes, audaces, fuertes e inteligentes jóvenes que entre ellos me encuentro yo, por supuesto; contra Slytherin! —lo ultimo sin mas detalle.
—Eso responde a tu pregunta —le contestó Thomas a Remus sonriendo débilmente.
—¡Y aquí llegan los de Gryffindor! —comentó Sirius—. ¡Con su capitán Prescott a la cabeza! No puedo opinar nada de cómo juegan puesto que es la primera vez que dirijo un partido; pero si es de Grynffindor entonces es el mejor equipo que ha visto Hogwarts desde hace años.
—¡BLACK!
—¡Ups, lo siento profesora! Ya no más comentarios personales—se disculpó Sirius—. ¡Y ahora entra en el terreno de juego el equipo de Slytherin! Seguido por madame Hooch, quien se pone en el centro del campo para iniciar el juego.
La señora Hooch hacía de árbitro. Ordenó a los capitanes de ambos equipos acercarse y que se dieran la mano. Los dos contrincantes lo hicieron pero por las miradas desafiantes que se dirigían parecía que se estaban insultando mentalmente. Se apretaban sus manos más de lo necesario.
—Bien, quiero un partido limpio y sin problemas —dijo la señora Hooch mirando especialmente al capitán de Slytherin—. Monten en sus escobas, por favor.
Los jugadores lo hicieron y madame Hooch se dirigió a un gran baúl que estaba en medio del campo. Lo abrió y cogió la quaffle, soltó los seguros que sujetaban a las bludgers y éstas salieron disparadas hacia el cielo.
—Al sonido del silbato, empezaran a lugar. Tres… dos… uno…
La señora Hooch dio un largo pitido con su silbato de plata que quedó ahogado por el bramido de la multitud, mientras lanzaba la quaffle hacia el aire. Los catorce jugadores se elevaron al cielo, dando así inicio al juego.
—¡Y han empezado a jugar! —decía Sirius—. Gryffindor tiene la pelota. ¡Claro, era de esperarse!
—¡Black!, ¿te importaría explicar lo que ocurre en el partido y dejar tus comentarios personales? —lo interrumpió la voz de la profesora McGonagall.
—Vale, vale —la calmó Sirius—. Y la quaffle es atrapada de inmediato por Sarah Spencer de Gryffindor... ¡Qué excelente cazadora es esta joven!
—¡Black! ¡Por favor!
—Lo siento, profesora. Seguiré… Spencer da un buen pase a Darius Spinnet… ¡Pero qué brillante es este muchacho al momento de…! ¡Sí, profesora, no lo diga que ya no lo haré!... Otra vez Spencer y... ¡No! ¡Slytherin ha cogido la quaffle! ¡Rink se va directo a la portería! ¡Vuela peor que un águila!... ¡¡DETENGANLO!! —gritó desesperado Sirius—. Pero… ¡Uff! ¡Lo detiene una excelente jugada del guardián Prescott de Gryffindor y Gryffindor tiene la quaffle a cargo de Henry McGuirre, que se la pasa a Spinnet, pero…! ¡Auch, eso debe doler! ¡Una bludger ha atacado a nuestro querido cazador… o el cretino del golpeador de Slytherin lo ha hecho, porque de ser así, es falta para…!
—¡Black! ¡El juego!
—¡Ya, ya! Slytherin tiene la quaffle pero Spinnet se la arrebata a Rink espectacularmente… ¡Ja, chúpense esa, Slytherins! ¡Vale, vale, profesora! ¡No me quite el micrófono!... Winston se acerca amenazador a Spinnet pero una bludger lanzada por Lorimer le obstruye el paso... ¡Buena jugada del golpeador de Gryffindor!... ¡Spinnet va mas rápido que una fecha hacia la portería, esquivando idiotas! ¡Perdón, profesora; quise decir, jugadores!... ¡Y va!... ¡Y va!... ¡Y va!... ¡Vamos, Darius que si se puede!... el guardián Jones se lanza... no llega... y… y… ¡GOL DE GRYFFINDOR!
Los gritos de los de Gryffindor ahogaron los silbidos y quejidos de Slytherin.
—¡¡SÍ!! —gritaba emocionado Sirius—. ¡Grande, Spinnet, la hiciste grande! ¡Todos te lo agradecemos! Ya, ya, profesora, me guardo mis comentarios... El capitán de Slytherin, Lucius Malfoy, se apodera de la quaffle y allá va...
—¡¿Qué?! —exclamó James escupiendo su bebida en la cara de su hermano—. ¿Ese abusivo está como capitán de su equipo?
—¿Lo conoces? —preguntó Remus.
—Lo conocemos —corrigió James señalando a Thomas—. Nos topamos con él el otro día cuando estaba molestando a Lily.
—Evans, Potter, soy Evans para ti.
James se volteó Lily Evans venia con Deborah, quien saludaba con la mano a Thomas, Samantha Armstrong, Ann McCainer y una niña de cabellos rubios que parecía ser de Ravenclaw. James se pasó la mano por el cabello tratando de peinarlo pero sólo logró desordenándoselo más de lo que estaba.
—¡Evans, viniste! —dijo James emocionado pero se dio cuenta que Thomas, Remus y su hermano, que se secaba la cara con la manga de su túnica, lo miraban con una sonrisa en los labios haciendo que niño con gafas se ruborizara ligeramente y cambiara la voz por una más altanera— ¿Qué haces aquí? Mira, que el camino a la biblioteca no es por aquí.
El cambio de voz sólo hizo que Lily se molestara más.
—Vine a ver el partido, idiota —le contestó—. ¿Y tú? ¿Has venido con tus amigos y tu hermanito a ver el partido o a escuchar a tu amiguito Black ser parcial?
—¡Hey, quítale el diminutivo! —se quejó Jimmy—. ¡Está bien que este enano sea mayor que yo por dos minutos pero no es para tanto!
—Las dos cosas —contestó James a Lily omitiendo el comentario de su hermano—. Pero, siéntate —le dijo arrimándose más hacia un lado, y dejándole un campo libre a la niña—. Aquí, hay un sitio vacío a mi costado, pero no te ilusiones.
—¿Quién se va ilusionar? —dijo una voz a las espaldas de Lily.
James, Jimmy y Thomas se levantaron al ver al recién llegado.
—¿Qué hace él aquí? —preguntó Jimmy mirando a Snape con desprecio—. Él es un Slytherin.
—¡Eso no te importa! —contestó Annie.
—¡Cállate!
—¡Cállate tú!
—¡SILENCIO! —exclamó Lily—. Vámonos Severus. John y Tim nos están esperando.
—No puedo —respondió Severus mirándola—. Los chicos de mi casa están viendo el partido. Recuerda que nos enfrentamos a tu casa.
Lily parpadeó extrañada antes de añadir.
—Entiendo. No quieres que tomen represalias contra ti.
Severus se ruborizó.
—No es eso...
—No importa, Severus —añadió Lily con una sonrisa—. No hay lío. Nos vemos después del partido.
Lily dio un beso en la mejilla a Severus antes de alejarse con sus amigas. Severus se la quedó mirando como se alejaba, tocando la parte de la mejilla que su amiga le había besado.
Sin embargo, ese gesto no le había gustado a James.
Esa pelirroja era un enigma. ¿Cómo era posible que prefiera juntarse con un Slytherin antes que con él? ¡Y más con ese tipo! ¡No era porque él le gustara esa niña! ¡Por favor! ¡Que ridiculez! Simplemente era porque esa niña no quería ser su amiga. De él, de el gran James Potter. Todo el mundo quería ser amigo de James Potter.
—¡Vaya, vaya! ¡Quejicus está enamorado! —canturreó Jimmy cuando el Slytherin pasó por su costado.
¡Oh, no! ¡Eso sí que no!
—¡¡EVANS!! —gritó James corriendo hacia la pelirroja, dejando muy extrañado a sus amigos.
—¿Se te olvidó algo, Potter? —preguntó Lily, mirándolo desdeñosa.
James no sabia que decir.
¡Di, algo! ¡Di algo! ¡Lo que sea, estúpido! ¿Qué te pasa? ¡Es solo una niña!
—No... No bromeaba cuando dije que te sentaras a mi lado...
¡¿¿EH??!
Lily lo miró muy confundida.
—¡Quiero decir!... ¡Que para que necesitas sentarte más adelante si nuestro lugar es el mejor! —Lily seguía confundida y miraba sus amigas—. ¡Oh, vamos! ¡Lo digo porque eres muy enana y no alcanzarías a ver algo desde allí!
Lily cambió su expresión. Annie, Deborah y Samantha se miraron pensando que ante el comentario Lily se molestaría. Sin embargo, la pelirroja solo sonrió pero no con la misma ternura que le había dedicado a Severus, sino una sonrisa más fingida.
—Lo siento pero John y Tim ya nos han guardado asientos. Será para otra ocasión (si es que existe). Adíos, Potter. Nos vemos después, Remus, Thomas, Peter.
Y pasó por su costado sin decir más, siendo seguida por las otras chicas quienes empezaron a preguntar.
—¿Y eso qué fue? —preguntó Jimmy acercándose a su hermano.
—Esa pelirroja es dura con el mármol —masculló James—. ¿Y se puede saber desde cuando los llama por su nombre a ustedes tres? —les preguntó molesto, a sus tres amigos.
—No lo sé —contestó Peter temeroso.
—Ni yo — repuso Remus—. Es la primera vez que me llama por mi nombre.
—Y a mí también —contestó Thomas—. Tal vez debe ser porque no le hemos hecho nada.
—Eso debe ser —opinó Jimmy— Porque a mí ni siquiera me habló.
—¡Pero si yo no le hecho nada! —dijo James. Thomas y Remus lo miraron levantando una ceja—. ¡No me miren así! Dígame, ¿Cuándo le he hecho algo a Evans? —preguntó a sus amigos—. ¡No me respondan! —añadió al ver que sus amigos abrían la boca.
—¿Y se puede saber porque te importa? —preguntó Jimmy.
—¡No me importa! —declaró James—. ¿Solo que cómo es posible que esa niña no quiera ser amiga mía como todos los demás de este colegio?
—Debe ser porque no eres el centro del universo, James —contestó Remus con ironía.
James fingió una risa de mala gana y miró hacia donde estaban sentados John y Tim, quienes hacían reír con la pelirroja y sus amigas
—Ésos me las pagaran— musitó fulminándolos con la mirada.
—¡Vaya, vaya, vaya! ¡Parece que James "el travieso" está celoso! —dijo Thomas mirándolo burlonamente.
—¿Yo? ¿Celoso? ¡Tonterías! —exclamó James molesto mirando mal a su amigo. Remus y Jimmy iban a añadir algo pero en ese momento, Sirius habló más fuerte.
—¿No es la snitch?... ¡Sí, sí es! ¡Vamos, Carmichael! ¡Cógela! ¡CÓGELA!... ¡Perdón, profesora pero es que estoy emocionado!... ¡Vamos, tú puedes, Carmichael! (N/A: ¡Sí, Carmichael! ¡Cógela! ¡Coge la maldita snitch de una maldita vez!!!!!... ¡No seas como el idiota de Pizarro que ya no puede ni meter un gol en la portería!.... ¡Ups! Lo siento pero es que recordé los partidos de la selección peruana) ¡Tú puedes! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede!...
—¡SÍ SE PUEDE! ¡SÍ SE PUEDE! ¡SÍ SE PUEDE! —gritaban también los Grynffindor al mismo tiempo. (N/A: ¡Caray! ¡Esto es peor que las barras de los desastrosos partidos de la selección peruana!) James se había levantado de su asiento con la mano en la boca mirando emocionado, al igual que Jimmy. Thomas no estaba tan alarmado como su dos amigos pero no se daba cuenta que su bebida se estaba derramando por estar mirando atento. Peter se estaba comiendo las uñas, mientras Remus miraba expectante lo que pasaba en el cielo.
—¡HAZLO, CARMICHAEL! —gritaron Jimmy y James desde las gradas, gritó que fue ahogado por los gritos eufóricos de la multitud que también miraba expectante como si su vida dependiera de eso.
—¡Carmichael, todo Gryffindor esta contigo! (N/A: ¡Yo estoy contigo!... ¡Sorry, ya no me meto!)… ¡Cógela antes que lo haga King! ¡Vamos! ¡¡¡VAMOS!!! ¡Y…!
Carmichael se estrelló en las gradas de Ravenclaw de una manera estrepitosa. La señora Hooch se acercó a él muy preocupada, mientras todos los Gryffindor se habian callado repentinamente. Pero Carmichael, antes de caer en la inconciencia, levantó el brazo sosteniendo con fuerza algo dorado que quería liberarse de su mano.
—¡¡LA TIENE!! ¡LA TIENE! ¡TIENE LA SNITCH! —gritaba Sirius haciendo que todo Gryffindor estallara en gritos de jubilo—. ¡GRYFFINDOR GANA EL PARTIDO POR CIENTO SESENTA A CERO CON UNA MANIOBRA SUICIDA PERO HEROICA DE SU BUSCADOR! ¡BUENA CARMICHAEL! ¡LA HICISTE! Aunque creo que no me escucha porque está inconsciente… ¡pero el esfuerzo es lo que vale! ¡GANAMOS! ¡JA, CHÚPENSE ESA, SLYTHERINS! (N/A: ¡Sí! ¡Chúpense esa! Perdón… ¡me emocione!)
—¡¡¡SÍ!!! ¡BUENA, CARMICHAEL!—ovacionaban los Gryffindor. Thomas, Remus, Jimmy y James saltaban de alegría abrazando a Peter—. ¡Ganamos!
Pero la felicidad del momento se disipó para Thomas al ver a lo lejos, la silueta de un ser encapuchado que al parecer lo miraba atentamente y se dirigía hacia el bosque prohibido. Thomas quiso seguirlo, pero sus amigos se lo llevaron para celebrar en la sala común el triunfo de Carmichael.
Pasó un mes después del partido ganado por Gryffindor y el ambiente frío que se vivía en noviembre se calmó un poco al llegar diciembre por lo que era el mes navideño. Todos los alumnos estaban muy contentos porque ya se acercaban las vacaciones. Se podían escuchar murmullos de viajes a otros países o visitar a los abuelos. Otros, como nuestros amigos, no se preocupaban por ello. Mas bien, tenían otras cosas en que entretenerse. James, Jimmy y Sirius fueron castigados por una broma que les hicieron a John y Tim en la nieve. James quería "vengarse" con ellos por lo del partido, excusándose que lo hacia porque estaba aburrido. Sólo que no contó que Lily Evans pasaba por allí junto con McGonagall.
Pero no todo era diversión por esos días. Nuestros amigos habían vuelto a sus asuntos que se resumían en uno solo: investigar sobre la Cámara de los Secretos. Tenían muchas interrogantes: ¿Qué animal exactamente era el que habitaba en esa cámara? ¿Dónde estaría escondida esa dichosa cámara? Ellos sabían que preguntárselo a Thomas seria la respuesta a todas sus cuestiones pero con solo pensar en la idea ya sabían que la reacción de su amigo seria similar a la que había actuado cuando se enteraron que era el hijo de Lord Voldemort. Thomas iba a suponer por su propia cuenta que ellos le iban a tener miedo y se iban a alejar de él y antes que ellos dijeran que no, él se apartaría como lo hizo aquella vez. Era mejor que no lo involucraran en sus investigaciones a que él vuelva a alejarse de ellos otra vez. Pero los días pasaban y no tenían nada mas reciente que lo que había dicho Aragog a James, que estaban considerando la idea de preguntárselo a su amigo.
Claro, que ellos no sabían que su amigo ya sabía que lo estaban investigando, lo único que no sabía era para que. Él empezaba a suponer que era por si él llegaría a hacer algo contra los demás. Eso lo mortificaba mucho porque ser el heredero de Slytherin no significaba nada bueno y eso lo sabia muy bien. Y peor aun cuando sus amigos se reunían en secreto y lo excluían inconscientemente de las conversaciones que tenían con el consabido "Nada importante". El muchacho sentía que poco a poco lo estaban alejando del grupo ya que, hablaban más con Peter Pettigrew, que ni siquiera era exactamente su amigo, que con él, integrante de esa pandilla de revoltosos. Esto era algo que le causaba muchos celos. Le prestaban más atención a Pettigrew que a él.
Una semana antes de navidad, la profesora McGonagall pasó una lista de los alumnos que iban a quedarse allí para Navidad. Thomas no tuvo que pensar dos veces al momento de colocar su nombre. La sola idea de pasar la Navidad con Tom le repugnaba mucho, si es que estaba en casa para Pascuas. Además, no quería pasar solo la navidad con un tipo al que odiaba. Prefería pasarla con sus amigos a su alrededor. Pero, no contaba con un ligero problema.
—¿Se van? —preguntó Thomas perplejo al ver a sus amigos hacer sus maletas—. Pero… ¡Dijeron que iban a quedarse!
—Lo que pasa es que hubo un cambio de planes —dijo James cerrando su baúl y pidiéndole disculpas con la mirada—. Mamá decidió invitar a toda la familia y no podemos faltar. ¿Verdad, Jim?
—Sí —respondió Jimmy de la misma manera—. Nos gustaría quedarnos pero no podemos.
—Yo estaría encantado de quedarme —dijo Sirius molesto guardando su ropa en el baúl—. Pasar la navidad en mi casa es como pasarla en el infierno. Apuesto a lo que quieran que la desabrida de mi prima Bellatrix ya le dijo a la loca de mi madre que estoy en Gryffindor.
—¿Tu prima? —preguntó Remus cogiendo los libros—. ¿Estudia aquí?
—Sí, está en Slytherin —dijo Sirius botando sus libros dentro del baúl—. Mis padres esperaban que estuviera allí. Estoy seguro que cuando llegue a esa casa de locos me repudiaran por estar en Gryffindor. Haría lo que fuera por quedarme.
—Pero si no quieres ir, ¿por qué no te quedas? —preguntó Thomas esperanzado.
Sirius miró a Jimmy y a James, quienes le decían con gestos por detrás de Thomas que pensara en una excusa, antes de responder.
—Cena familiar y si no voy, me matan. Eso puedo asegurarte —respondió y cerró su baúl con fuerza.
—Remus —dijo Thomas dirigiéndose a su amigo.
—Yo también tengo que irme —dijo Remus cerrando su baúl—. Sabes que mi madre está enferma. Debo ir a cuidarla junto con mi padre.
—Bueno, supongo que pasaré la navidad solo —dijo Thomas desalentado. Sus amigos lo miraron tristes e iban a añadir algo pero Peter entró al cuarto.
—¡Chicos! McGonagall dice que bajen porque el tren nos va a dejar
Todos abrazaron a Thomas, le desearon el consabido "Feliz navidad" y prometerles mandarle regalos, antes de salir por la puerta del dormitorio. Thomas suspiró. No contaba con que sus amigos se fueran a sus casas por navidad. Iba a salir a dar un paseo pero al acercarse a la barandilla del balcón que daba acceso a la sala común, pudo escuchar a sus amigos murmurar.
—Chicos, ¿y si nos quedamos? —preguntó Sirius a los demás—. En serio, yo no quiero ir a Grimmauld Place a pasar la navidad con los locos que tengo por familia.
—No podemos, Sirius y lo sabes bien —dijo James.
—Pero Thomas no va a hacer nada —dijo Sirius molesto—. Thomas no sabe que ya sabemos que es el maniático que tiene que matar a los hijos de muggles.
—Pero debemos hacerlo —dijo Jimmy—. Tenemos que ir a casa a averiguar más. Thomas no debe saber que es lo que estamos haciendo o se pondrá en nuestra contra.
—Sí, quien sabe lo que nos podrá hacer después —dijo Peter temeroso.
Thomas se sorprendió al oír eso. Sus amigos desconfiaban de él. Ahora entendía porque se iban a sus casas. Temían que él les hiciera algo. Mirándolos con furia entró al dormitorio, mientras ellos seguían hablando.
—¡No seas idiota, Peter! —exclamó furioso Jimmy—. ¡Él es nuestro amigo! ¿Por qué tendría que hacernos daño?
—¡No hables estupideces! —añadió Sirius—. Thomas no es un asesino. Además, debemos averiguar sobre la cámara para ayudarlo.
—Van a seguir buscando en sus casas—dijo James—. Buscar en su biblioteca, preguntar a sus padres, lo que sea. Si alguno encuentra algo, enviará una lechuza.
—¡Sí! —dijeron todos antes de salir por el retrato.
Al día siguiente comenzaron las vacaciones y Thomas se sentía más solo y miserable que el día anterior cuando oyó a sus amigos hablar de él como si fuera un monstruo. Cada día que pasaba, era así. Tenía el dormitorio para él solo, ya que era el único niño del curso que se quedaba por navidad; pero no salía de allí solo para ir a la biblioteca y a comer. La sala común estaba más vacía que de costumbre, y aunque podía sentarse en los mejores sillones frente al fuego recordaban con amargura y nostalgia a sus amigos. El día de navidad, al levantarse vio una cantidad de regalos, pero al saber de quienes eran, solo los escondió debajo de su cama. Desayunó y subió de nuevo al dormitorio. Se echó en la cama y se quedó dormido. Cuando despertó se dio cuenta que era hora de almorzar. Se puso su suéter y su bufanda y bajó al Gran Comedor sin ningún ánimo.
El Gran Comedor estaba espectacular. Habian una gran cantidad de guirnaldas de muérdago y acebo que colgaban de las paredes, y no menos de doce árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar. Flitwick y McGonagall habian un buen trabajo con la decoración. Un suculento banquete lo llamaba desde la mesa de los profesores. Un centenar de pavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras. Dumbledore, al ver que eran pocos, los invitó a sentarse en la esa con él y los profesores. Thomas forzó una sonrisa pero fulminó con la mirada a Selwyn, que al notarlo tosió incómodamente. Al sentarse, se dio cuenta que no era el único del curso que se había quedado. Deborah junto con Lily, Annie y Samantha estaban allí. Era raro ver a Lily sin Severus; sin embargo, eso asunto no era de su incumbencia. Miró a Deborah con envidia, ya que tenia a sus amigas para divertirse, pero se disipó cuando la niña lo miró sonriéndole calidamente.
Dumbledore notaba la actitud de Thomas con su profesor y se convencía más que su profesor de Pociones no era un tipo de fiar. Sabia que era aliado de Tom pero se mantendría al margen hasta que él se delatara por sí mismo.
Al terminar, salió a pasear por el patio donde había hablado con Deborah, la noche de Halloween, que ahora estaba cubierto de nieve. Se sentía deprimido y no era para menos. Para muy deprimente caminar solo el día de navidad. Se preguntó que estarían haciendo sus amigos en ese momento, pero al recordar la conversación de ellos empeoró las cosas. Se molestó por lo que pensaban sus amigos de él y se sentó en una banqueta escondiendo el rostro con sus manos y dejando escapar unas cuantas lágrimas por sus mejillas.
Él pensaba que iba a ser la mejor navidad de su vida. Que la iba a pasar genial al lado de sus amigos jugando en la nieve o planeando la próxima travesura. Pero no. Allí estaba él, sentado en una banqueta del patio, abandonado por sus amigos que lo creían un monstruo.
—Que raro que tus amigos te hayan abandonado por navidad—dijo una voz a sus espaldas—. ¿No que eran muy amigos?
"Lo que faltaba" pensó Thomas al reconocer la voz del chupa-medias de su padre.
—Lárgate, Selwyn —contestó Thomas secamente sin voltear atrás.
—Pues, no lo haré —respondió Selwyn tajantemente acercándose al muchacho—. Tu padre me ha ordenado vigilarte.
—¿Quién? —preguntó Thomas sin mostrar algún interés—. ¿Voldemort?
Selwyn se sobresaltó al oír el hombre.
—¡No digas su nombre!
—¿Tienes miedo de tu propio amo? —preguntó Thomas al profesor mirándolo con una ceja alzada—. ¡Vaya, si que eres patético!
—No te atrevas a decir su nombre nuevamente —le advirtió Selwyn — ¡Tú menos que nadie! No eres nada para decir su nombre.
—¡Vaya, así que Tom no quiere que lo llamen así! —soltó Thomas—. Si no le gusta oír su nombre, entonces, ¿para qué miércoles se cambió de nombre?
—Se ve que no sabes lo que le sucede a aquel que pronuncia su nombre, ¿verdad?
—¿Qué tendría que saber? —peguntó el niño mirando a su profesor con seriedad e intriga.
—Sólo me limito a decirte que son cosas muy terribles —contestó sonriendo malignamente el profesor—. El Señor Tenebroso no permite oír su nombre en los labios de un mocoso anodino.
—¿El Señor Tenebroso? —preguntó Thomas riéndose ante el comentario de Selwyn—. ¡Vaya, Selwyn! ¿Dónde quedó tu dignidad de hombre que tanto dicen los adultos tener? —se burló—. ¡Por favor! ¡Ahora se cree un dios, ese hijo bastardo de muggle!
—¡Cállate! —le espetó Selwyn.
El niño se paró de inmediato cuando Selwyn lo silenció. Le dirigió una mirada que asustó completamente a su profesor ya que era la misma mirada que su amo le dirigía a los que iban a morir. Era la segunda vez que lo miraba así y que lograba desconcertarlo.
—No vuelvas a dirigirme la palabra en ese tono de voz, Selwyn —le contestó con furia—. Aquí, el único que no es nada eres tú. Yo, por lo menos, tengo el poder de ese bastardo al que sirves; así que, por tu bienestar, no me molestes.
El profesor retrocedió y le lanzó una mirada llena de ira antes de irse al castillo. Thomas lo vio hasta que desapareció de su vista. Se volvió a sentar en la banqueta pero luego notó que no estaba solo. Deborah junto con Lily, Samantha y Annie estaban jugando a tirarse bolas de nieve junto con la misma niña de Ravenclaw que las acompañaba el día del partido. Thomas las miró con envidia y deseó mucho ser él el que estuviera allí, tirándose bolas de nieve con sus amigos. Sonrió al imaginar cubrir de nieve a Sirius y Jimmy junto con Remus y James. Pero al recordar lo ocurrido, alejó ese pensamiento de la cabeza. Molesto, se fue de allí, sin saber que una de las muchachas lo seguía.
Llegó a las orillas del lago que estaba congelado. Se sentó en la nieve mientras miraba el ocaso. Escondió su rostro entre sus rodillas y, sabiendo que estaba solo, emitió un sollozo que hace tiempo quería dar.
Desde que murió su madre, él nunca había llorado por alguien. Talvez las lagrimas se le habían escapado por rabia e ira contenida pero nunca había dejado que alguien y ni el mismo Tom lo viera cariacontecido. Ahora, estaba allí, llorando peor que una Magdalena por la soledad que sentía. Era la segunda vez que la soledad se apoderaba de él. La primera experiencia fue durante el funeral de su madre. Parecía que su alma hubiera salido de su cuerpo para seguir la de su madre. Fueron días terribles para él porque aparte de soportar vivir con Tom, pensaba en la felicidad que le fue arrebatada. Esa felicidad que se resumía en una sola persona: su madre.
¿Cómo murió? ¿Por qué murió? Eso nunca lo supo. Sólo la vio inerte, en el piso al llegar a casa. Poco después llegó Tom diciendo que era su padre y que se lo iba a llevar muy lejos. Era muy confuso para su mente de niño, mente que maduró durante el tiempo vivido con Tom, saber que, de un momento para otro, toda la feliz vida llevada con su querida madre se rompiera y apareciera una vida miserable con su padre.
Se aisló de todos estando con Tom. No tenia amigos porque no hablaba con nadie y si hablaba era sólo con desconocidos que de un momento para otro desaprecian de su vida. Tom siempre le decía que las personas nacen solas y solas se quedaran.
"No existe amistad en este mundo, Thomas" —le dijo en una ocasión—. "Solo existe el poder, el poder que cada uno tiene. El poder que todos poseemos, algunos más que los demás… Algunos, como nosotros. La amistad es una estupidez porque no existen los verdaderos amigos… Sólo existes tú"
Era difícil aceptarlo pero ese mal nacido tenía razón. El estaba solo, solo en una vida que aunque estaba llena de gente, esa gente no lo admitiría en su vida por ser diferente. Empezó a sentir odio, odio hacía sus amigos, hacia todos. No estaba consciente de lo que hacia por tener la cabeza escondida en sus piernas pero a su alrededor, los hielos que cubrían el pasto que estaba en la orilla, se derretían rápidamente. Iba a desatar el poder que llevaba dentro de sí, iba a ser devastador. Todo iba a ser un caos sino fuera por una voz que lo cambió todo…
—¿Por qué lloras, Thomas?
Thomas se sobresaltó volviendo a la realidad. Se volvió hacia atrás. Deborah lo miraba con una sonrisa comprensiva. Sonrisa que hizo que el odio que llevaba por dentro desapareciera rápidamente y dejara de llorar.
—Por nada —contestó, enjugarse las lágrimas rápidamente—. Ya te dije que yo no lloró.
—Otra vez haciéndote el orgulloso —dijo Deborah sentándose a su lado sin dejar de sonreír—. No es malo llorar, siempre es bueno para desahogar todo lo que llevamos dentro.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó cambiando de tema—. Tus amigas deben estar buscándote.
—No, dejamos de jugar cuando te fuiste del patio —le respondió la niña—. A Lily le pareció muy extraño y me dijo que te preguntara que es lo que te pasaba.
—¿Lily? —preguntó Thomas sorprendido—. ¿Desde cuando Evans se preocupa por mí?
—La verdad es que no lo sé —contestó la niña extrañada—. Desde hace un mes que ya no se dirige a ti como Ryddle.
—Yo creí que me odiaba por estar con James.
—Lily no es una chica que guarda rencores ni tampoco una gruñona como la suponen ustedes. Al contrario, es muy simpática y alegre; sólo que James la saca de sus casillas.
Thomas sonrió.
—Pero, aún no me has respondido. ¿Por qué llorabas?
—¿No se supone que eso debes saberlo tú, gran vidente?
—¡Otra vez me vas a molestar con eso? —saltó la niña molesta.
—¡Claro que no! ¡No te sulfures! —le contestó Thomas riéndose haciendo que la niña se riera también.
—¿Sabes? —le dijo Thomas dejando de reír después de un momento—. Gracias por subirme el ánimo.
—No es nada. Además nunca supe el porqué de tu llanto.
Deborah sonrió haciendo que el muchacho se ruborizara pálidamente.
—Mejor me voy —dijo levantándose—. Gracias por hacerme sentir mejor.
—¿Por qué no pasas la navidad con nosotras? —le propuso Deborah. Thomas se volteó—. Está bien que no seamos niños pero es mejor eso a que lo pases solo.
Thomas pareció meditarlo por unos segundos.
—Vale.
Deborah dio un saltito de felicidad y cogió su mano, llevándolo hacia el castillo. Sin saber que un encapuchado los miraba alejarse desde los árboles del bosque prohibido.
—Ahora entiendo muy cosas...—sonrió malignamente—. Esa mocosa impura me será de mucha ayuda.
Pasar la navidad con las niñas no había sido tan mala idea. Ellas eran muy simpáticas pero se sentía un poco incomodo estar a su lado ya que un niño nunca se va a sentir bien jugando con niñas, pero eso no lo molestaba tanto. Les retó jugar ajedrez mágico a ver que tanto podían y después de media hora, le estaba pidiendo la revancha a Ann McCainer por no saber perder.
Deborah tenía razón, Lily Evans no era tan gruñona como James, Jimmy y Sirius suponían. Al contrario, era una niña muy simpática y bonita, pero alejó de su mente esa idea, al recordar como se había puesto de celoso James en el partido de quidditch con John y Tim. Cuando las niñas decidieron irse a dormir, él se sentía mejor de lo que había estado en casi todo él día. Talvez no había empezado muy bien el día pero había terminado siendo divertido, gracias a sus nuevas amigas. Iba a irse a dormir, sino fuera por una voz que lo llamó desde la penumbra de un sillón aislado del fuego.
—Thomas.
Era Lily. ¿Qué pasaba? ¿Había hecho algo malo?
—¿Qué sucede, Evans?
Thomas sospechaba que podía ser esas "algunas cosas" y no quería decirle a su nueva amiga que estaba relacionado a la Cámara de los Secretos.
—Bueno… yo estoy un poco cansado—evadió él caminando hacia la escalera caracol que daba acceso a los dormitorios—, ya sabes, con lo estábamos jugando, así que…
—Dime, ¿desde cuando hablas pársel?
Thomas se quedó inmóvil ante esa pregunta.
—¿Por qué quieres saberlo?
—Si crees que es para que cuidarme de ti y esas cosas, estás muy equivocado —dijo la niña—. Ya sé que el único hablante de pársel en este colegio fue Salazar Slytherin, pero no. No es para tener cuidado de ti.
—Pero, ¿tú sabes qué significa lo que estás diciendo? —preguntó Thomas mirándola asustado.
—No del todo —contestó Lily—. Eso es algo que tú tienes que decirme…
—No puedo.
—¿Por qué?
—Porque es algo… terrible —contestó angustiado.
—¿Tan terrible como para qué estés distante con Potter y los demás?
—¿Cómo sabes eso?
—Thomas, tus expresiones son tan obvias —contestó Lily con una sonrisa—. Eres el único del grupito que se quedó para las vacaciones. Te encierras en tu dormitorio y ni sales si no es para comer. Pasas la navidad solo y si no fuera por Debbie, la hubieras pasado amargado.
—Ellos son los que no quieren verme…
—¿Por qué? —preguntó ella extrañada—. Potter es insoportable pero al parecer no es lo suficiente como excluir amigos.
—Si tus amigos no fueran monstruos.
—¿Acaso eres un monstruo? porque de ser así, tu disfraz es increíble.
—No, no es eso. Lo que pasa es que…
La miró por unos momentos titubeando en decirle toda la verdad, pero no pudo.
—No puedo decirlo. Es algo… algo espantoso.
—Espantoso es soportar a Potter —dijo ella con ironía.
—No esa clase de espanto, según tú —corrigió Thomas tratando de no sonreír—. Sino… maligno.
—Tú no eres malo —dijo la niña.
—¿Y cómo lo sabes? —preguntó él sonriendo con amargura.
—Porque no lo demuestras —contestó ella simplemente—. Y no digas que cualquiera puede guardar su apariencia a los demás, porque no es verdad. No existe la persona capaz de guardar su apariencia ante los demás, sólo existe personas que están cegadas. Las que no quieren ver como es la persona porque están tan ciegas por lo buena o amable que es. Y sé que tú, Thomas, no eres así. Talvez eres rebelde y un poquito aventado al hacer las cosas; pero malo, no
—¿Cómo puedes saberlo?
—Porque tu comportamiento no es de un malvado como Malfoy o... como algunos Slytherin.
La pausa hizo que Thomas meditara en algo.
—No hay maldad en ti y si la hay —retomó Lily—, es algo que se forja dentro de ti, pero que no has nacido con ella. Sólo depende de ti, para hacerla desaparecer.
—Es imposible…
—¿Por qué?
—Porque... Porque…
—Es algo terrible —repitió Lily sonriendo haciendo que Thomas sonriera—. Está bien —dijo la niña vencida—. No puedes decirlo. De seguro es lo suficientemente grave como para no ser revelado —Thomas esbozo una ligera sonrisa—. Pero no creo que ese "algo" sea tan terrible como la soledad. Nada ni nadie puede estar solo. Siempre necesita a alguien para que se sienta acompañado, alentado.
—Eso es muy bonito, pero no sirve. Mi destino ya está escrito y es estar solo.
—¿Escrito por quien? —sonrió la muchacha—. No existe el destino, eso lo forjas tú. Nadie tiene el derecho de decir lo que tienes que hacer o decir, eso lo decides tú.
la niña se levantó y se fue hacia la escalera que daba acceso a los dormitorios, pero antes de subir...
—¡Evans!
La niña se volteó.
—Gracias.
—Agrádeselo más a Deborah. Ella fue la que estaba más preocupada por ti.
El asintió un poco ruborizado pero muy contento, sin saber porqué, de que Deborah estuviera preocupado por él.
—Si con todo lo que te he dicho sigues sintiendo la soledad en ti, entonces no olvides que puedes contar conmigo o con Deborah o con nosotras. Estoy segura que tal vez te sientas mejor con ello—le dijo Lily sin dejar de sonreír, haciendo que Thomas asintiera—. Una cosa más: Puedes llamarme Lily, si gustas… ¡Pero dile a Potter que él no tiene derecho a llamarme así!
Thomas sólo sonrió.
—Puedo preguntarte algo?
—Dime.
—¿Por qué Severus Snape no está con ustedes? Es raro que no lo haya visto a tu lado.
Lily desvió la mirada algo molesta.
—Severus es mi amigo pero hay algunas cosas en las que no coincidimos.
Thomas no dijo nada. Lily parecía algo incomoda al mencionar a Severus.
—Dijo que tenia que ir a la casa de sus padres. No entiendo porqué si se pelean mucho. En fin... A veces pienso que no le agrada mis amigas. l
Sin nada más que decir, la niña se fue su dormitorio.
En lo mas profundo del bosque prohibido, se deslumbraba una luz verde que era tapada por los árboles y arbustos que estaban a su alrededor y que revelaba a dos personas. Un encapuchado era el que la emitía. Su mano, pálida y delgada, proyectaba una luz verde brillante que caía en un objeto pequeño.
Un broche.
Sonreía. Su fantástico plan resultaría y esta vez, su hijo no podría negarse.
—Mi señor —dijo la otra persona—. ¿Qué planea hacer?
—Ese mocoso aceptará su tarea —contestó el encapuchado—. No es necesario el imperius para obligarlo —sonrió malignamente—. De hecho este objeto despertará cierto sentimiento que vive dentro de él. De eso estoy seguro, pero para ello necesito tu ayuda.
—Estoy a sus órdenes.
—Tu tarea consistirá en traerme a ese mocoso a la cámara. Como sea pero lo traerás sin importar su opinión.
—¿Cuándo?
—Cuando todo sea el momento adecuado, ya lo veras.
Alejó la mano para contemplar el broche. Ya estaba listo, lo único que faltaba era el momento indicado para llevar a cabo su plan.
Reviews:
Mikodani: muchas gracias por tu rewiew. Leí tu historia Cold Cold Herat y me gustó. ¿así que quieres entrevistar a Voldemort o Tom? Bueno, manadme tus preguntas y con gusto le "haré llegar" a Tom, pero las preguntas tienen que ser referidas al contexto de esta historia; o sea que no pueden ser como por ejemplo: ¿Por qué mató a James y Lily? o ese tipo de cosas porque son cosas que según el contexto de esta historia aun no suceden. Puedes preguntar cosas como: ¿Si amaba a Silvia Smith? u otras ¿Vale? Sígueme mandando más reviews, ¿vale?
Avances del próximo capitulo: 07 El secuestro y los recuerdos de Tom
—Es peligroso andar sola en los pasillos, pequeña.
Tez lívida, ojos negros, mirada fría y un porte que le recordaba mucho a Thomas. ¡Oh, si! Ya sabia quien era, porque además, ya lo había visto antes, en una visión.
—Usted es… es…
—¿El padre de Thomas? —terminó Tom con una sonrisa contrahecha—. Sí, y tú debes ser Deborah Dawson ¿no? Que bien, porque quería verla, señorita Dawson.
—¿Qué quiere… de mí? —preguntó la niña mirándolo asustada.
—Que vengas conmigo.
—¡Jamás! —exclamó ella y empezó a correr. Pero Tom alzó su mano y de pronto, la muchacha se quedo inmóvil botando todos sus libros al suelo.
—Yo que tú no escaparía—le advirtió. La niña lo miraba asustada—. No temas, no te haré nada… aún. Solo te necesito para que me ayudes a que mi hijo me obedezca.
Abrió la puerta de los baños y entró llevándose a la muchacha con él.
Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.
