ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

9

Una nueva vida para Thomas

Cuando los ojos, las cabezas de sus cinco amigos fue lo primero que vio.

—Thomas¿estás bien?

—Sí —respondió incorporándose y tocándose la cabeza. Parecía como si le fuera a estallar.

—¡Eso fue fantástico! —exclamó Sirius muy emocionado a pesar de tener heridas profundas en su rostro y en el cuerpo—. ¡Fue genial cuando expulsaste a Voldemort de aquí!

Peter emitió un débil bufido al oír ese nombre.

—¡Sí¡Eso te hace muy poderoso! —dijo Jimmy de igual emoción que Sirius.

—Pues, yo no lo creo —contestó Thomas con voz muy débil—. Creo que eso fue todo el poder que tengo porque no creo volver a hacerlo de nuevo.

Las caras alegres de Sirius y Jimmy desaparecieron de pronto, para tornar una expresión de decepción. Thomas sonrió débilmente al ver de ese modo a sus amigos.

—Pero, muchas gracias amigos por ayudarme —agradeció Thomas —. Si no fuera por ustedes, yo seguiría siendo manipulado por Tom.

—¡Oh! —exclamó James algo apenado—. ¿Para que están los amigos?

—Thomas…

Thomas se volvió a Deborah. Su amiga estaba muy maltratada y golpeada a causa de la pelea pero le sonreía muy contenta. Sonrisa que contagió a Thomas e hizo que todos los niños miraran con diversión a su amigo.

—¡Que bueno que ya estés bien! —dijo antes de abrazarlo, haciendo que el niño se ruborizara notoriamente.

—¡Bien! —exclamó Jimmy sonriendo maliciosamente—. ¡Que guardadito te lo tenias, Thomas!

E iba a decir más cosas, pero Deborah, aún abrazada, susurró algo que solo Thomas pudo oír:

¡Silencius! —y la burlona voz de Jimmy Potter desapareció de repente asustando al muchacho haciendo que sus amigos se rieran.

—¡Ya era hora que alguien te quitara la voz! —dijo Remus riéndose a carcajadas ganándose una mirada asesina de su amigo.

—Muchas gracias, por salvarme —dijo Deborah con una sonrisa de oreja a oreja que hizo que Thomas se ruborizara más.

—¡No… no fue nada! —dijo apartando la mirada de la niña.

—Chicos…—dijo Peter jalando de la túnica a Thomas y mirando asustado a un costado—. ¿Qué haremos con esa cosa?

Thomas se acercó al basilisco que seguía inconsciente.

Nagini…—siseó.

El basilisco se movió un poco pero no abrió los ojos. Thomas dijo:

Quédate en este lugar y no salgas de aquí.

La serpiente asintió con la mirada y se metió por las cañerías, desapareciendo de la vista de todos. Thomas se volvió a sus amigos con una sonrisa en los labios.

—Ahora si, vámonos.

—Es irónico escucharte decir que cosas a ese monstruo con toda la seriedad del mundo y luego dirigirte a nosotros de lo más alegre —comentó Sirius mirándolo extrañado.

—Cambio de personalidad muy fácilmente —dijo Thomas sonriéndole—. Vámonos de aquí.

—¡Sí! —exclamaron los demás.

Y estaban caminando para salir de aquel lugar, cuando…

—¡Thomas! —exclamaron los mellizos Potter a la vez—. ¿Cómo es eso de que pasaste la navidad con Evans y McCainer! —Thomas sonrió débilmente.

Él salió disparado hacia la entrada del lavamanos. Cuando pudo tocar el suelo, notó que ya no estaba en las cañerías, sino en el piso del baño de niñas. Ese maldito mocoso lo había expulsado de la cámara. Iba a vengarse de él y cuando estuvo a punto de meterse de nuevo. Algo lo detuvo.

—¿De nuevo por aquí, Tom?

Se quedo inmóvil. Esa voz, la única a la cual había temido. La única voz que lo hacia estremecer. La voz de Albus Dumbledore. Se volvió a él y lo miró perplejo. Dumbledore estaba parado en la puerta mirándolo con un fénix posado en su hombro y su rostro, aunque expresaba tranquilidad, lo miraba con seriedad, a través de sus gafas de media luna.

—Profesor…

—¿Qué hace aquí, en un baño de niñas, Tom? —preguntó su ex-profesor de Transformaciones sin perturbar la expresión de su cara.

—Lo mismo debería... de preguntarle a usted —preguntó Tom alerta ante cualquier movimiento del director.

—Encontré a una fantasma llorando por aquí y le pregunte que pasaba —contestó Dumbledore— . Me dijo que unos niños que yo conozco la habían molestado y se habían metido en donde usted está sentado.

Tom tragó saliva.

—¿No ha visto a mis alumnos, Tom?

—¿Y por qué me pregunta eso? —preguntó el aludido muy nervioso levantándose.

Dumbledore cambió de expresión.

—Se lo que les hiciste Tom y solo espero que ellos estén bien, porque sino…

—¿Sino qué? —saltó Tom—. ¿Qué vas hacerme¿Matarme¡Por favor! —lo retó Tom con un tono burlón pero con cierta preocupación en sus voz—. ¡No me das miedo!

Dumbledore dijo unas cuantas palabras y Tom cayó al punto sin poder respirar.

—Es una buena opción, pero eso no me corresponde a mi —dijo Dumbledore chasqueando los dedos. Tom volvió a respirar fuertemente—. Pero podría llevarte al Ministerio. Ellos te están buscando por lo que le hiciste a todas esas personas, Voldemort.

Tom lo miró con furia.

—Te pido Tom —añadió Dumbledore—, que te alejes de mis alumnos y de entre ellos a Thomas. Nunca vuelvas a mortificarlo y mucho menos manipularlo.

—¿Y si no lo hago?

—Entonces me enfrentaré a ti—dijo el director de Hogwarts haciendo que Tom lo mirara preocupado. Lo miró por unos momentos, temblando de miedo y rabia; y se dirigió hacia la puerta para irse.

—Escúchame bien, Dumbledore —dijo antes de irse—. Algún día, te arrepentirás de humillarme una vez más y me suplicaras perdón de rodillas.

—Es posible, pero algún día alguien te detendrá y no precisamente seré yo —le contestó haciendo que Tom se alejara de ese lugar muy confundido.


Caminaron hasta llegar a la tubería. Era muy fácil bajar por ella, porque solo tenia que dejarse caer y deslizarse como un gran tobogán. Pero, ahora el problema era como subir.

—Chicos¿han pensado cómo vamos a subir? —preguntó Sirius mirando la larga y oscura tubería

Thomas se rascó la cabeza pensando como subirían; pero en ese momento, apareció un pájaro carmesí del tamaño de un cisne, que entonaba una rara música.

El pájaro llegó hacia ellos, y se posó en la cabeza de Peter, que al sentirlo se desmayó Tenía una cola dorada y brillante, tan larga como la de un pavo real, y brillantes garras doradas. Era un fénix. Todos lo miraban asombrados

—¡Que bonito! —exclamó Deborah mirándolo fascinada.

El fénix se dejó acariciar por Deborah antes de revolotear delante de Thomas. Los ojos del ave brillaban en la oscuridad mientras agitaba sus alas. Thomas estaba un poco confundido.

—Me parece o nos está diciendo que nos cojamos de sus patas —dijo James, perplejo. El pájaro revoloteó hacia él—. Amigo, pesamos demasiado para ti.

Pero el fénix seguía revoleteando a su alrededor.

—¡Está bien¡Está bien! —lo calmó James—. Pero no hagas eso que me mareas. Bien —se dirigió a los demás—. Vamos a darnos la mano. Jimmy, dame la mano y coge la de Sirius. Remus, coge la mano de Sirius y la de Thomas. Deborah coge la mano de Thomas y la de Peter. Pero reanímalo antes de subir.

Luego de reanimar a Peter, todos se cogieron de la mano. James tomó las plumas de la cola del fénix con la mano que estaba libre y en un segundo se encontraron subiendo por la tubería a toda velocidad. Al llegar, uno a uno fueron saltando al suelo mojado mientras el lavamanos volvió a su lugar cerrando la abertura.

El fénix revoleteó en el aire y se salió volando hacia una persona que los esperaba.

—¡Profesor Dumbledore! —exclamaron los niños.

—Hola, me da gusto que Fawkes los haya ayudado a subir —les dijo con una sonrisa.

—¿Es suyo? —le preguntó James.

—Sí —contestó el director—. Fawkes es un fénix muy inteligente, ya que estaba un poco inquieto estos días. Siempre quise saber el porqué. Ahora lo se.

—Profesor Dumbledore¿no se ha encontrado con alguien antes que nosotros? —preguntó con timidez, Thomas.

—Si te refieres a Tom, sí. Estuve hablando un rato con él, pero ya se fue.

—¿Se fue? —se extrañó Thomas—. ¿A dónde?

—Me temo que no lo sé —respondió el director—. Bueno, ustedes han tenido un día agitado. Lo mejor será que vayan donde la señora Pomfrey para que los vea.

—Pero si estamos bien —dijo Sirius.

Dumbledore los miró de pies a cabeza.

—A ver: Labios partidos, sangre en la cara, ojos hinchados, túnicas llenas de polvo y sangre, cortadas en la cara, cabellos llenos de tierra. ¿Quieren que les siga convenciendo o prefieren oír más? —dijo Dumbledore dando por terminado su orden.

Los niños lo miraron arqueando las cejas, pero se limitaron a ir a la enfermería sin protestar. Thomas fue el único que se quedó.

—Tom no volverá a molestarte nunca más.

—¿por qué? —le preguntó.

—Veras, Thomas. Le advertí que no volviera a molestar a mis alumnos, porque sino, me enfrentaría a él. Tom sabe lo que le conviene y no le conviene molestarte porque sabe que cuentas con mi protección.

—Y el le tiene miedo a usted —concluyó Thomas. Dumbledore asintió—. Pero, si él entraba al castillo sin que usted se diera cuenta.

—Es posible, pero estoy seguro que no lo hará

—¿Por qué?

—Porque aparte de reforzar el hechizo que proteja la escuela, Tom me tiene un temor que no ha logrado superar. El temor que yo le frustre sus planes. En parte, si hago eso, pero creo que el miedo de Tom hacia mí es algo fóbico —contestó con una sonrisa—. Aunque lo está superando.

El niño también sonrió.

—Vamos, que esta noche nos espera un gran festín —dijo Dumbledore—. Estoy ansioso de probar una torta que le he pedido que hagan en la cocina para la cena.

—Profesor —dijo Thomas antes de irse con él—. ¿Usted sabia que Volde… quiero decir, Tom; era el heredero de Slytherin?

—Así es

—Entonces, sabe quien soy¿no?

El director lo miró comprensivo

—Te diré una cosa, Thomas: Los hijos no tienen que cargar con la culpa de los padres. Tu padre tal vez sea el mago mas terrible de todos los tiempos, pero tú no lo eres. Ya no tienes nada que te liga a él, excepto el apellido. Él es Tom Ryddle o Lord Voldemort, el mago más temible de este tiempo; pero tú no eres otro mago temible solo por ser su hijo. Tú eres Thomas Ryddle y lo que haces solo lo defines tú. No el nombre de tu padre o tus antepasados. Recuérdalo siempre.

Thomas asintió pero aún tenía otra pregunta en la mente.

—Una cosa más

—Dispara

—Él me dio un broche que me tuvo manipulado por unos momentos —explicó el niño—. ¿Por qué no me afectó al momento de ponérmelo?

—Mmm, no sabría responderte —respondió Dumbledore—. Recuerdas lo que estabas sintiendo en esos momentos?

—Cuando me lo puse, tenia mucha rabia, ya que Tom tenia como rehén a Debbie y yo no podía hacer nada; además, porque me hacia recordar que mis amigos me habían abandonado.

—¿Y cuando el broche empezó a funcionar?

—Fue cuando vi a mis amigos en la cámara llevándose a Deborah y ayudándome. Me sentí tan contento y en ese momento el broche empezó a funcionar.

—Entonces, eso lo explica todo —dijo el director ganándose una mirada confundida de su alumno—. Es posible que ese broche estuviera hecho para manipularte de alguna manera y funcionara con tus estados de ánimo. Sentías odio al momento de ponértelo y como ese broche contenía odio, no te afectó. Pero al momento de sentirte feliz, la magia de ese broche se activo y empezó a manipularte olvidando tus recuerdos felices. Es increíble lo que hace Tom con algunos objetos. Es asombroso.

—Aún no me explico como pude quitármelo.

—Tal vez tus emociones le ganaron al odio artificial que emitía ese broche. Eso demuestra que tienes mucha fuerza de voluntad… Bueno, suficientes preguntas. Te sugiero que sigas a tus amigos porque tú también estas malherido. Además, porque conociendo a tus amigos y sabiendo que se han pasado casi gran parte del año investigando sobre la cámara de los secretos para ayudarte, estarán planeando las ultimas travesuras del año.

El niño sonrió y se alejó de ese lugar siendo acompañado por su profesor.

El profesor Mulciber presentó su renuncia al día siguiente, antes que Dumbledore se la pidiera. Dio la excusa a su alumnado que se iba para un trabajo de investigación pero ese pretexto no convenció a Thomas ni a los demás. Ellos sabían que se iba para seguir a Tom. Pero, algo extraño ocurrió a vísperas de su viaje. Mulcilber mandó a llamar a Thomas a su despacho y cuando el niño llegó, le entregó una llave.

—¿Y esto? —preguntó el niño muy extrañado.

—Es la llave de la cámara 354 en Gringotts —dijo el profesor cerrando su baúl.

—¿Cómo que Tom me dejó su cámara?

—Mi señor es muy benévolo contigo y de eso deberías agradecerle.

—Tu señor solo hace lo que le conviene —contestó Thomas con sequedad—. Dile a su Señor que no quiero volverlo a ver jamás y que ya no tiene hijo.

—No es necesario. El tiene otros planes —dijo Mulciber saliendo del despacho.

—Hasta nunca, Mulciber —le dijo mientras abría la puerta— y dile lo mismo a tu señor.

—No, Thomas Ryddle. Hasta que mi señor lo quiera.


El resto del último mes en el colegio transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Para Thomas, todo había vuelto a la normalidad, con algunas cosas que habían cambiado: Deborah y él se habían vuelto muy amigos, sin exceptuar a Annie, Samantha, Agnes Daniels (la chica de ravenclaw) y a Lily que estaba complacida de ayudarlo en sus deberes, aunque tuviera que aguantarse los comentarios de James, cuando el ultimo notaba que su amigo le pedía consulta a la pelirroja y se metía en la conversación. Los exámenes finales fueron un manojo de nervios para todos, pero para nuestro grupo, no. Para ellos resolver el examen fue tan sencillo como transcribir un libro, sólo que tuvieron que ayudar a Peter, a quien se habían incorporado al grupo, para los exámenes, ya que el niño era tan temeroso de meter la pata que sin querer hacerlo la metía. El profesor suplente de Pociones le tomó el examen de la asignatura; y aunque no era tan exigente como el profesor Mulciber, no era menos agradable que él.

Thomas y los demás no habían vuelto a ver a Tom desde la pelea en la Cámara de los Secretos. Sabían de él y lo que hacia pero todo era mediante los periódicos. Pero esta vez, había una diferencia. Thomas negaba la relación que tenia con su padre y se limitaba a decir:

—Él es Voldemort y yo soy Thomas Ryddle. Dos personas completamente distintas y sin ninguna relación.

Sus amigos sabían que tenía razón y no le tomaban tanta importancia al asunto. Y para olvidarse de él, volvieron a las andadas. En los últimos días, le habían declarado la guerra a Peeves de quien hacia las bromas más espectaculares. Peeves era muy bueno, pero había hallado unos rivales, en el grupo de los muchachos, en el arte de bromear y molestar. Fueron los días más divertidos para nuestros amigos, especialmente para Thomas, que con tantas risas, bromas y castigos; se había olvidado del fin de curso.

En la víspera de su partida para las vacaciones de verano, antes de la cena de fin de curso, los muchachos se encontraban echados en la orilla del lago mirando las nubes que habían adquirido un color anaranjado por la puesta del sol. En la mañana habían recibido los resultados de los exámenes finales que habían dado antes de la pelea con Tom. Todos pasaron con buenas notas hasta Peter, quien pasó a duras penas. Era de esperarse que Lily Evans fuera una de las mejores del año; pero lo que fue una sorpresa para todos excepto para el grupo es que James, Sirius, Jimmy, Thomas y Remus compartieran el primer puesto con la pelirroja. James no se cansó a alardearle a la pobre niña al enterarse su nota, quien tuvo que reprimirse las ganas de romperle la cara sino fuera porque Thomas le pedía perdón por parte de James.

Todo estaba muy tranquilo mientras miraban el cielo. James se encargó de romper el silencio.

—¡Vaya, no puedo creer que mañana se acabe el año! —suspiró.

—Sí —dijo su hermano de la misma manera—, pero que bueno que vengan las vacaciones porque tanto estudio mata a uno.

—Estoy de acuerdo contigo, mi estimado Jim —corroboró Sirius con una ramita de césped en la boca—. Lo malo es que yo prefiero quedarme aquí que ir a casa y estar aburrido con la vieja loca de mi madre.

—Se ve que no le tienes respeto a tu madre —comentó Remus mirando con seriedad a su amigo.

—Le tengo tanto respeto como Thomas le tiene a Voldemort —contestó Sirius.

—No digas su nombre —dijo Peter, en un aterrorizado susurro.

—¿Por qué? —preguntó Sirius.

—Creo que nuestro amigo se ha traumado con ese nombre cuando nos enfrentamos a él —comentó Jimmy sonriendo.

—Escuchar su nombre me da escalofríos —dijo Peter temblando.

—¡VOLDEMORT! —le gritó James en el oído, haciendo que Peter saltara del susto.

Los demás muchachos se rieron a carcajadas. Mientras Peter se llevaba la mano al pecho sintiendo con fuerza los latidos de su corazón.

—¡Que cosas que nos han pasado este año¿No? —comentó James dejando de reír.

—Pero¿qué haremos cuando alguien encuentre esa cámara? —preguntó Remus.

—Nada —contestó Thomas sonriente—. Nadie más puede entrar a la Cámara de los Secretos si no habla pársel. Y estoy seguro de que soy el único hablante en todo este colegio. Además, Tom o como quiera llamarse ese bastardo, no va a poder a regresar a Hogwarts ni siquiera para verme como hijo.

—¿Por qué dices eso? —preguntó Peter.

—Dumbledore y él tuvieron una grata conversación mientras estábamos en la tubería buscando la salida. Dumbledore le ha advertido que si vuelve a acercarse a Hogwarts para perturbar a sus alumnos, él mismo se encargaría de él. Y como Tom le teme a Dumbledore, va a cumplir su palabra.

—¡Vaya¡Así que ese tipo le tiene miedo a Dumbledore! No era tan temible como decía ser —dijo James sonriendo.

—Pero¿en donde vivirás ahora, Thomas? —preguntó Remus.

—No lo sé —contestó Thomas dejando de reír también—. Supongo que me quedaré aquí.

—¿Y cómo harás para comprar los nuevos libros en el callejón Diagon? —preguntó Sirius.

—Tom me dejó su cámara

—¡Qué! —exclamaron los niños—. ¿Cómo?

—Ni yo lo sé —contestó el niño—. Tom es un tipo muy raro a pesar de ser un loco asesino.

—¡Pues sí está loco! —comentó Jimmy pero se levantó al ocurrírsele una idea—. ¡Oye, Thomas¿Y si pasas el verano con nosotros?

—¿En serio? —preguntó Thomas incrédulo pero esbozando una sonrisa que iluminó toda su cara—. ¿Puedo¿Sus padres no dirán nada?

—Mamá es un poco severa con nosotros —explicó James sonriendo débilmente—, pero con los invitados es muy buena; y papá es el mejor. No tengas miedo. Ellos te aceptaran.

—¡Gracias!

—Es lo menos que podemos hacer por dejarte solo en Navidad —dijo James—. Aunque de seguro que te divertiste con Lily.

—Nuestro amiguito James está celoso —comentó Sirius mirando a James malicioso.

—¡Por favor! —se levantó James cogiendo una piedra y tirándola hacia el lago—. Es Evans la que se muere por mí.

—¿Eso crees, Potter? —dijo una voz a sus espaldas. James se sobresaltó, pero antes de voltearse, escuchó: —. ¡Depulso!

James fue expulsado hacia el lago cayendo en él. Al sacar su cabeza vio a Lily Evans mirándolo desde la orilla con los brazos cruzados y una sonrisa de satisfacción en los labios. Estaba con Deborah y Ann McCainer, quienes se reían junto con sus amigos.

—¿Qué pasa, Potter? —le preguntó Lily divertida—. ¿El agua está fresca?

—¡Muy fresca! —contestó James sonriente borrándole la sonrisa a Lily—. De hecho¿por qué no me acompañas?

—¿Eh? —pero Lily fue atraída hacia el lago y cayó estrepitosamente en él.

James empezó a reírse a carcajadas; pero Lily, furiosa, trató de ahogar a James empujando su cabeza al agua. Thomas y los demás que estaban en la orilla se reían, mientras que James se liberaba de la energúmena pelirroja y trataba de ahogarla pero sin mucho éxito. Nadie se dio cuenta que dos personas los miraban desde un árbol que estaba al comienzo del camino del bosque prohibido.

—Mi señor —era Mulciber—. ¿Qué es lo que hará ahora con el muchacho?

—Le daré su gusto —contestó Tom encapuchado—. Nunca me volverá a ver; por lo menos por un tiempo.

—Pero, entonces ya no…

—No te preocupes, Mulciber. Ese muchacho aún me sirve.

—Pero si usted ya no podrá acercarse a él —le dijo el ex profesor, dudoso—. No podrá usar su poder.

—Es verdad, no usaré su poder… Pero de sus hijos, sí.

—¿Qué?

—Él crecerá, saldrá del colegio y se casará. Puede que no sea con la mujer adecuada —respondió Tom mirando a Deborah, quien seguía riéndose junto con Thomas—, pero sí me dará descendencia. Y aunque no lo quiera, sus hijos serán los herederos de Slytherin y serán los que continúen esta tarea. Aunque tenga unos hijos testarudos como él, habrá uno que la cumplirá. Ya lo veras.

—Pero, él no va entregar a su hijo —dijo Mulciber.

—Lo hará —aseguró Tom—. Lo hará como lo hizo su madre: muerta. Si no me entrega a su hijo, lo mataré y me quedaré con él.

Tom esbozó una sonrisa maligna mientras miraba a su hijo junto con la sangre sucia a la que había salvado sacar a sus dos amigos del agua mientras seguían discutiendo. Miró a la pelirroja, que estaba totalmente mojada y maldiciendo al otro chico mojado.

—Algún día vendré por ti, Sylvia.

—¿Dijo algo, mi señor? —preguntó Mulciber.

—Nada. Vamos

Y dándole una ultima mirada a su hijo, se fue de ese lugar acompañado por su fiel sirviente. Prometiéndose a sí mismo volver por su nieto y por la pelirroja de ojos verdes.

Notas de Autora:

¡Al fin¡Termine con Thomas! Discúlpenme por haberlos mareado con este niño, pero estoy segura que a los que han leído esta historia hasta ahora, les cautivó este muchacho. Ahora, me voy a dar unas vacaciones en esto porque tengo que estudiar. No les digo cuando volveré pero es posible que sea muy pronto. El próximo capitulo empieza con el segundo año y al igual que nuestros amigos empezar un nuevo curso y yo también. Lo que pasa es que me inscribí en mi PRE para un ciclo de estudio para el día "D"; el día del examen de admisión. Discúlpenme si se aburrieron un poco con estos capis.

No se cuando me publicaré el próximo capitulo, es por eso que he dividido el capitulo 6 en tres. No voy a prometer nada porque es posible que no llegue a cumplirla, pero trataré de publicar lo mas ponto posible, pero ahora, lo que debo hacer es dedicarme a estudiar.


Avances del próximo capitulo: 10 Nuevo curso, nuevos problemas

¿Qué tal el verano, Remus?

Podríamos decir que no me fue tan mal —contestó Remus sonriendo débilmente ...

Todos comentaban de lo que habían hecho el verano, Remus se puso la camisa y James pudo notar unas heridas profundas y hechas por un animal. Algunas estaban cicatrizadas; otras, recién se estaban curando en su espalda. Eso lo alarmó. Remus se puso por completo la camisa y se dirigió a sus amigos.

Voy a la biblioteca, los veo en el desayuno.

Todos asintieron y Remus salió del dormitorio. James llamó a sus amigos mirándolos muy preocupado, algo que los desconcertó.

Chicos, algo raro le pasa a Remus.

Nota: El contenido de este avance puede variar o aumentar a medida que se me vengan las ideas. ¡Para no prometer en vano!


Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.