ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

14

La muy distinguida familia Black

Grimmauld Place no era una de las mejores calles que uno pudiera encontrar en toda Inglaterra. Aunque el cielo anunciaba el inicio de la noche, el escenario parecía ser el mismo con o sin la luz del día. Las sucias fachadas de las casas circundantes, las ventanas rotas, la pintura se estaba cayendo de muchas de las puertas y los montones de basura que descansaban en varios de los peldaños delanteros eran lo que daban el toque desagradable a la vista de uno.

Pero eso no pareció impresionarle a ninguno de los cuatros niños que caminaban por la acera de esa calle.

—¿Dónde es Sirius?— preguntó James a su amigo.

Pero el muchacho no contestó. De hecho, no había casi nada desde que salieron de King Cross, durante el trayecto en el Autobús Noctámbulo -cuyo conductor era un loco vuelto en el volante- y desde el inicio de la calle. El niño con gafas no se limitó a preguntarle nada más. Ya sabia que su amigo no estaba muy contento de estar por allí y aunque todavía no comprobaba el porqué, se lo podía imaginar. Se dedicó a ver las casas contiguas como lo venían haciendo su mellizo y Thomas. Al llegar al numero once, Sirius se paró.

Estaban parados delante del número once; miró a la izquierda y vio el número diez, sin embargo a la derecha estaba el número trece.

—¿Dónde está el núme...? —empezó a preguntar Jimmy.

—Mi padre puso cada una de las medidas de seguridad conocidas por los magos. No ocupa sitio, así los muggles nunca podrían venir y llamar, incluso si quisieran hacerlo... —ladeo levemente la cabeza de un lado a otro—. Sería una pena para el pobre muggle. Vamos. Mi casa es el número doce.

Tan pronto habían alcanzado el lugar correspondiente al número doce de Grimmauld Place, una puerta surgió de ningún sitio entre los números once y trece, inmediatamente seguida por unas paredes y unas ventanas sombrías. Era como si una casa extra se hubiera inflado, desplazando de su camino a las que estaban a sus lados.

—¡Vaya!—exclamó Jimmy.

Los niños subieron los peldaños de piedra y se quedó de pie ante una puerta que acababa de materializarse. La aldaba plateada tenía la forma de una serpiente enroscada. No había cerradura ni buzón.

Sirius sacó su varita y golpeó una vez la puerta con ella. Se escuchó clicks metálicos y lo que parecía ser el estrépito de una cadena. La puerta se abrió y delante de ellos estaba un niño que parecía tener la misma edad que ellos.

—Al fin llegaste —dijo el niño a Sirius con una voz pedante—. Mamá está molesta contigo porque no viniste con nosotros en el tren.

—Regulus, déjame en paz ¿quieres? —dijo Sirius pasando por el umbral de la puerta junto con los demás. La casa estaba casi oscura y el vestíbulo solo era tenuemente iluminado por las tétricas luces de velas de un candelabro—. Generalmente disfruto más de la vida sin que me dirijas la palabra.

El niño lo fulminó con la mirada y miró a James, Jimmy y Thomas.

—¿Y éstos? —preguntó con desdén.

—¡Oye¡"Éstos" tienen nombre! —saltó James ofendido.

—Ni siquiera sabemos quién diablos eres tú para que nos hables de ese modo —añadió Jimmy.

—¿Acaso este idiota no les ha hablado de mí? —preguntó el muchacho mirando maliciosamente a Sirius—. ¡Qué mal, Sirius¿Qué dirá mamá cuando se entere?

—¿Quieres decírselo¡Anda, díselo! —lo incitó Sirius molesto—. ¡Ganas no te faltan¡Siempre has sido el sobón¿Por qué no vas en este instante, eh?

—Porque no es necesario —dijo una voz a sus espaldas.

Sirius palideció un poco pero la expresión molesta de su rostro no se alejó al ver a la mujer que estaba detrás de él. Tenia el cabello negro como el de Sirius y el niño pedante que los había recibido pero la expresión de su rostro era como si estuviera parada delante de un objeto insignificante. El niño sonrió con maldad y se alejó.

—Madre —musitó Sirius.

—Te he dicho varias veces que estas fechas sólo se reúne la familia —dijo la señora mirando con la misma mirada de desprecio que el niño a los mellizos y a Thomas.

—Chicos, les presento a mi "querida" madre y a mi "amable y estimado" hermano Regulus—dijo Sirius con sarcasmo.

—Te estoy hablando, Sirius... —dijo la señora Black con severidad.

—Como diga, madre —contestó Sirius sin darle importancia pasando delante de ella—. Vamos, muchachos...

—¡Mocoso del demonio! —masculló la mujer cogiendo a Sirius de las orejas y jalándolo hacia delante de ella—. ¡Siempre tienes que ser tan altanero con tu padre y conmigo¡Eres una desgracia!

—¡Ustedes son mi desgracia! —saltó el muchacho furioso alejándose de ella—. ¿Quién te has creído para tocarme de esa manera¡Ni aunque seas mi madre te lo permito!

—¿Qué estás diciendo...? —dijo la mujer alzando la mano para golpearlo, mientras los mellizos y Thomas miraban atónitos aquella escena; pero la muñeca fue retenida en el aire por un hombre—. ¡Suéltame, Orión¿No ves que estoy enseñándole a respetar a su madre a este chiquillo?

—Walburga, querida¿no estás viendo que tenemos invitados delante? —dijo Orión a la señora Black con una sonrisa fingida mirando a James, Jimmy y Thomas, mientras sostenía con fuerza la muñeca de la mujer.

—¿Esos mocosos¡Pero, si ni siquiera deberían estar aquí!

—No puedes ser más estúpida¿verdad? —musitó el hombre—. Ellos son de la familia Potter.

La señora Black miró sorprendida a su captor y relajó la expresión de su rostro mientras el hombre la soltaba.

—Disculpen a mi esposa y la hostil bienvenida de mi hijo menor—les dijo Orión con la misma sonrisa fingida—. Soy Orión Black y ellos son mi esposa Walburga y Regulus Black. Me da gusto que Sirius tenga amigos de nuestra clase y que vengan a visitarnos —miró a Thomas con desdén—... Me temo que no nos conocemos, muchacho. ¿Cómo te apellidas?

—¿Es necesario decirlo? —preguntó Thomas mirándolo fulminante.

—Sí —respondio Orion reteniendole la mirada.

—Soy Thomas Altair Ryddle —masculló el niño—. ¿Le suena el apellido?

—¿Ryddle? —exclamó Walburga con desprecio—. ¡Un sangre sucia!

—Yo creo que si conocieras a su padre no dirías lo mismo, madre—le espetó Sirius.

Walburga miró extrañada a su hijo, mientras el señor Black miraba a Thomas pensativo.

—¡Estoy cansado! —dijo Sirius estirándose—. Si no les importa, quiero descansar y mis amigos también. ¿No les importa, verdad¡No, no les importa! —dijo antes que sus padres replicaran—. Nos vemos en la cena. Vamos, muchachos dormirán en mi habitación porque quien sabe que les pueden hacer estos locos. Háganme un favor¿quieren? —se dirigió a sus padres—: Encierren a Regulus con Kreacher porque no quiero que venga a molestarnos y si Bellatrix está aquí, también enciérrenla a ella ¿vale? —gritó mientras se alejaba.

—¡Ese muchacho no nos respeta, Orión! —refunfuñó la señora Black a su esposo pero éste no dijo nada—. ¿Qué te pasa?

—¿Eh? Nada, nada en especial. Ese chico Ryddle... Me recuerda a una persona.

—¿A quien puede recordarte ese sangre sucia? —preguntó su mujer.

Su esposo la miró por unos instantes y dijo:

—Nada en especial, mujer... Dentro de un rato vendrá toda la familia... y ese ocioso elfo domestico no ha hecho nada para la cena ¡Kreacher!

Se oyó un chasquido y un viejo elfo doméstico apareció delante de la pareja. Su piel semejaba ser varias veces más grande que él y aunque era calvo, tenía una cantidad de pelo blanco que crecía en sus largas orejas de murciélago. Sus ojos eran de un gris sanguinolento y acuoso y su nariz era larga y con forma de hocico. Excepto por el trapo asqueroso que llevaba atado alrededor de la cintura, estaba completamente desnudo. El elfo hizo una reverencia delante de ellos.

—¡Quiero que empieces preparar la comida y dejar todo listo para cuando lleguen los invitados¿Está claro?

—Sí, amo —dijo el elfo y miró los baúles.

—También llevaras esos baúles al dormitorio de Sirius.

—¿Al dormitorio del amo Sirius? —preguntó el elfo con desdén.

—¿Algún problema con eso? —preguntó Orión mirándolo severamente.

—Ninguno, amo —se apresuró el elfo—. Kreacher llevará los baúles al dormitorio del amo Sirius aunque éste sea un desagradecido y mal hijo que insulta a la noble familia Black.

Y de un chasquido, desapareció.

—Yo también me alistaré. No quiero que mi hermano y Druella me vean asi.

Y se alejó de ese lugar. Dejando a su esposo con sus pensamientos.

—Sylvia... —musitó el señor Black.


Después de subir por una lúgubremente iluminada por las velas de los candelabros antiguos que estaban en la pared, pasaron por delante de una hilera de cabezas de elfos domésticos, que estaban enmarcadas en placas en la pared.

—¿Qué...? —empezó a preguntar Thomas.

—No preguntes —contesto Sirius.

Llegaron a la puerta de una habitación cuya manija tenía forma de cabeza de serpiente. Sirius abrió la puerta y penetraron al dormitorio.

Incendio —susurró en medio de la penumbra, unas llamas azules salieron disparadas de la varita y fueron a parar en un par de velas que estaban en el candelabro del techo y que a diferencia de las que había por toda la casa iluminaban todo el dormitorio.

Los mellizos y Thomas entraron a la habitación miraron todo a su alrededor mientras que Sirius se recostaba perezosamente en la cama adoselada que estaba en un rincón del cuarto, al lado de la ventana. parecía que habían entrado al dormitorio de un noble del siglo XVII. Sirius se incorporó y sonrió:

—Supongo que nunca pensaron que yo dormía en un lugar como este¿verdad?.

—Bueno, a comparación con nuestra habitación, el tuyo es como ir un dormitorio antiguo y uno de nobles —contestó Jimmy.

—Esto no es más que el capricho de mis padres —dijo el muchacho con indiferencia—. Ellos creen que ser un Black es pertenecer a la nobleza, claro que nobleza es lo que menos tiene esta familia. Esperen un momento... —dijo de pronto sacando su varita y apuntándola hacia el enorme ropero que estaba al frente de la cama—. ¡Cistem Aperio!

Las puertas del ropero se abrieron estridentemente y un elfo domestico salio disparado por los aires, cayendo a los pies de su atacante. Sirius lo miro con frialdad y sin dejar de apuntarlo le dijo:

—¿Hasta cuando vas a aprender a no escuchar conversaciones ajenas, Kreacher?

El elfo le lanzó una mirada de desprecio mientras se levantaba lentamente.

—¿Asi que me estabas espiando detrás del ropero para después contarle a la arpía de tu ama todos los improperios que he dicho contra ella, eh? —lo acusó—. Supongo que eso te lo enseñó la estúpida de Bellatrix. ¿Acaso me crees tan estúpido para no darme cuenta que estabas aquí?

—El amo me pidió que trajera los baúles de los mocosos y el sangre sucia que habían llegado con usted.

—¡Mide tus palabras cuando te dirijas a ellos, en especial a Thomas, Kreacher! —rugió Sirius apuntando la varita al cuello del elfo—. Y ya que estás aquí... Quiero que hagas tres replicas de mi cama para mis amigos que se quedaran a dormir aquí.

El elfo entrecerró los ojos y chasqueó los dedos. Tres camas adoseladas aparecieron en cada rincón del enorme dormitorio

—¡Ahora vete de aquí y no entres cuando estemos aquí¡No es una advertencia sino una orden!

—Viene cuando quiere a la casa y quiere dar órdenes —murmuró entre dientes el elfo.

—¡Ya te oí, Kreacher! —vociferó el muchacho—. ¡Y te puedo dar las órdenes que a mí se me antoje porque aunque no lo quieras soy tu amo!

El elfo le lanzó una última mirada de rencor antes de chasquear los dedos y desaparecer.

—¡Vaya! —exclamó James mirando a Sirius—. Ese carácter no lo conocía, Sirius.

—Es el carácter que uno adquiere al venir a esta casa —contestó el muchacho echándose de nuevo a la cama—. Lo peor de todo es que todavía sé exactamente porque estoy aquí en ves de estar en Hogwarts disfrutando las vacaciones de fin de año.

—¡Ya veo porque no querías que viniéramos! —dijo Thomas echándose en su cama—. Tus padres son... —pero se calló antes de terminar.

—¡No te preocupes en reprimirlo¡Yo opino lo mismo que tú, amigo! —dijo Sirius sonriéndole a su amigo—. Mas bien, disculpa por el mal momento y por la sandez que te dijo Kreacher.

—No hay problema —dijo Thomas devolviéndole la sonrisa—. La recompensa llegará cuando veamos a tu prima Andrómeda.

—¡Ah¿Así que por eso vinieron? —inquirió Sirius mirándolos con malicia mientras los tres asentían fervorosamente—. ¡Ya es dije que Andrómeda tiene novio!

—¡No importa! —dijo Jimmy recostado en su cama con las manos detrás de la nuca—. No somos celosos.

—Además, siempre queda la esperanza de que termine con él y se sucumba a mi carisma —dijo James sonriendo.

—¡Hey! —saltaron su hermano y Thomas. Sirius soltó una carcajada que fue interrumpida cuando se abrió la puerta sorprendiendo a todos.

Una muchacha de cabellos oscuros, tez pálida pero considerablemente hermosa iluminó más que la luz de las velas la habitación con su sonrisa, al ver su primo en ese lugar.

—¡Sirius! —exclamó antes de abrazarlo con fuerza haciendo que el aludido estaba a punto de quedarse sin aire—. ¡Me da tanto gusto que hayas llegado! —sonrió al soltarlo.

—A mí también... me da gusto de verte... Andrómeda —contestó Sirius tratando de recuperar el aire que le fue negado por unos minutos por Andrómeda y su efusivo abrazo—. No sé si recordaras a mis amigos —los señaló, quienes habían aprovechado la sorpresa para arreglarse rápidamente—. Los Potter y Thomas Ryddle.

—Me da tanto gusto volverlos a ver —sonrió la muchacha que derritió a los tres.

—Creamos que el gusto es más nuestro —contestó Jimmy embelezado.

—Ahora que estás aquí, Andrómeda —empezó a decir Sirius con un tono de voz preocupado—. ¿Qué era esa importante noticia que le tenías que dar a toda la familia y de la cual necesitabas mi apoyo?

La sonrisa de la muchacha desapareció de pronto, mientras las lágrimas empezaron a inundar sus parpados.

—¡Oh, primo! —abrazó de nuevo al muchacho mientras empezaba a sollozar. Los mellizos y Thomas miraron mal a su amigo que se estaba ganando los emotivos abrazos de aquella hermosa joven—. ¡No sabes lo que ha pasado¡Necesito que me apoyes¡Eres el único a quien puedo confiarle esto!

—¿Qué pasa Andrómeda? —preguntó Sirius separándola un poco ignorando las miradas celosas de sus amigos—. ¿Por qué lloras? —la muchacha no respondió—. ¡Vamos! No me dejes con esta incertidumbre¡dímelo!

La muchacha se alejó de la mirada de su primo y caminó hacia la ventana sin mirar nada.

—¿Recuerdas a mi novio Ted?

—¿El chico con el que salías durante tu ultimo curso en Hogwarts? Claro, si veían muy bien juntos. —contestó Sirius.

—Pues... él me ha pedido que me... case con él

Sirius miró inmediatamente a sus amigos que tenían la expresión de haber escuchado una terrible noticia.

—¿Y? —inquirió James sospechando la respuesta.

—Acepte...

Sirius trató de reprimir una carcajada al ver las caras de desilusión que adquirían los mellizos y Thomas, que parecían que el mundo se les había acabado.

—Yo no le veo lo malo —dijo Sirius sin importándole la mirada asesina de sus amigos—. Aún no entiendo porque lloras.

—¡Sirius! —exclamó la muchacha volviéndose a él—. ¿Cómo crees que lo tomara la familia al enterarse?

Sirius cambió de expresión inmediatamente.

—Te mataran —contestó el muchacho muy preocupado—. Tío Cygnus y tía Duella no aceptaran tu unión de él.

—Lo sé.

—¿y si lo sabias porque no le dijiste que no?

—¡Porque no puedo! —saltó la muchacha con lagrimas en los ojos.

—¿Por qué no? —le preguntó Thomas metiéndose en la conversación—. Es una simple frase. Mejor dicho, un monosílabo. No le dolerá si se lo dices y te vas corriendo.

—Es que en verdad no puedo, muchachos —dijo Andrómeda sentándose en una de las camas—. Estoy enamorada de él y no quiero hacerle eso. Lo mataría.

—Pero tus padres te mataran a ti si no lo haces —dijo Jimmy.

—Además, existen muchos chicos en el mundo para ti—dijo James—. Bueno, tres para ser exactos.

Andrómeda sonrió ligeramente mientras Sirius se acercaba a ella.

—Dime por qué no puedes decirle que no, Andrómeda. Debe haber otro motivo. Lo sospecho.

—Pues porque...

—¿Asi que ya estás aquí, mocoso?

Todos los presentes se volvieron a la puerta. Una rubia de mirada frívola los miraba con desprecio mientras jugueteaba con su cabello apoyada en la puerta.

—¿A ti no te enseñaron a tocar la puerta, Narcisa? — dijo fríamente Sirius—. Por si no lo sabias tengo visitas.

—Si puedes llamar visitas a un sangre sucia y a unos mocosos traidores a la sangre, entonces para mí estás solo.

Los aludidos le echaron unas miradas fulminantes.

—No me miren asi, Potter —dijo Narcisa—. Si no fueran tan condescendientes con los muggles, se ganarían mi respeto.

—¡Oh, eso nos encantaría! —exclamó Jimmy con sarcasmo y una voz chillona—. Estoy seguro que muchas chicas sangre puras quieren ser como tú, Narcisa.

—Pues sí, pero ninguna tiene la belleza ni la perfección que yo poseo aunque sean puras —contestó Narcisa con arrogancia—En fin. Eso no importa. Tía Walburga quiere que bajes con tus amigos, porque la familia ya llegó. Y lo digo también por ti, Andrómeda.

—Ya bajamos, Cissy —le respondió su hermana enjugando discretamente sus lagrimas mientras su hermana se alejaba de la habitación agitando se cabello.

—Ninguna tiene la belleza ni la perfección que yo poseo aunque sean puras —dijo Jimmy con voz chillona agitando un cabello largo imaginario—. ¡Claro¡La belleza y perfección que tiene un excremento de doxy!

Todos se rieron del comentario de Jimmy, incluso Andrómeda.

—Será mejor que bajemos. A tus padres no les gusta esperar.

—Pero Andrómeda —dijo Sirius—, aún no hemos terminado...

—No te preocupes por eso, Sirius —le tomó las manos—. ¡Por favor¡Prométeme que me apoyaras pase lo que pase!

El muchacho notó el tono desesperado de la voz de su prima y asintió. La joven sonrió y le besó en las mejillas.

—¡Nosotros también te apoyaremos! —dijeron los tres muchachos que los acompañaban esperanzados de recibir un premio igual.

—Muchas gracias —exclamó la joven agradecida regalándoles una sonrisa y saliendo del dormitorio.

Mientras los mellizos y Thomas suspiraban embelezados mirando a la puerta, Sirius todavía seguía presintiendo que algo malo iba a suceder ese día.


Cuando los chicos bajaron a cenar, se encontraron con todos los Black sentados en una enorme mesa iluminada por dos candelabros en forma de serpientes en la mesa, mirándolos con desdén, a excepción de Andrómeda y de un hombre de mirada calida, la cual contrastaba con las gélidas miradas de los demás presentes. Los mellizos y Thomas se sintieron incómodos al sentir las miradas frías sobre ellos pero Sirius no parecía apenado. Se sentó al lado de su padre y tres sillas vacías que los mellizos y Thomas no tardaron en ocupar.

—Bueno, después de esperar a Sirius y sus amigos —dijo Walburga—,ya podemos comer. ¡Kreacher! —el elfo apreció delante de ellos—. Sirve la comida por favor.

El elfo hizo una reverencia delante de su ama, chasqueó los dedos y desapareció. Al instante, los platos que había frente a los presentes estuvieron llenos de comida: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, papas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, salsa de carne, salsa de tomate y un enorme pavo al horno en medio del banquete.

—Disfruten de la cena —invitó Walburga a sus invitados con una gran sonrisa. Y un sonido de cubiertos se escuchó en ese momento.

—Tu cara me parece conocida de algún lado muchacho —dijo de pronto el anciano que estaba sentado en la cabecera de la mesa a Thomas.

Ni bien se dio cuenta de ello, Thomas adoptó una expresión de defensa ante una nueva afrenta que pudiera surgir.

—No creo que haya oído mi nombre, señor.

—Yo tampoco lo creo, Arcturus —intervino Walburga mirando con desprecio a Thomas—. Este muchacho tiene apellido muggle.

—No por tu nombre, muchacho— dijo el viejo ignorando el comentario de Walburga—. Sino por tus ojos, tu cabello... Dime muchacho¿conoces a la familia Smith?

Los mellizos y Sirius miraron a su amigo con extrañeza. Thomas respondió:

—Smith es mi apellido materno. Mi madre se llamaba Sylvia Smith.

Para sorpresa de los muchachos y la de Thomas. Arcturus sonrió mientras que los rostros de los padres de Sirius se ponían pálidos.

—¡Claro¡Esos ojos son reconocibles! El hijo de la hermosa Sylvia Smith.

—Señor, yo creo que está confundido —empezó a decir Thomas mirando al anciano sonreír—. Mi madre era hija de lo que ustedes llaman repugnantes muggles. No debieron conocerla.

El anciano soltó una carcajada mirando al padre de Sirius.

—¡Hija de muggles¿Así que Hepzibah cumplió con lo que le había amenazado a Sylvia, eh?

Thomas miró confundido al anciano. Vio a los padres de Sirius y notó algo raro. Al escuchar el nombre de Sylvia Smith, el rostro de la señora Black se tensionaba de la rabia mientras miraba a su esposo como miraba a Thomas como si fuera la primera vez que lo hubiera visto.

—Explíqueme que no entiendo.

—Tu madre era la hija de Jeroban Smith, tu abuelo. Jeroban y yo éramos amigos de colegio¿verdad Pollux? —le dijo al otro anciano que estaba al otro extremo de la mesa, quien escuchaba con una fría sonrisa en los labios lo que explicaba Arcturus.

—Completamente, Arcturus—corroboró Pollux—. Además, nunca hubo una hermosa deidad que la ya difunta Sylvia Smith.

—¡Papá, por favor! —masculló Walburga harta.

—No hay que ser celosa, Walburga, querida —dijo el hombre que estaba al frente de ella—. Sylvia era hermosa y eso tu marido lo sabia muy bien¿no, cuñado?

Orión Black no se atrevía a hablar. Seguía mirando a Thomas como la cosa más fascinante que había visto en su vida.

—Cómo que esto se está poniendo muy fuerte¿no? —susurró Jimmy a su hermano, quien asentía lentamente.

—Cygnus tiene razón —prosiguió Arcturus—. Pero era fue una lastima la muerte de Jeroban. Nadie lo lamento tanto como Pollux y yo. Fue como perder a un hermano.

—Y la pequeña Sylvia, a sus seis años, se quedó huérfana y al cuidado de Hepzibah, la hermana de Jeroban, quien la cuidó como su hija —continuó Pollux—; pero era una muchacha desobediente como cierto nieto que tenemos aquí —miró de reojo a Sirius, quien no se inmutó ante el comentario—. Tenía amigos muggles que denigraban la belleza que adquiría mientras crecía.

—Y cuando fue una diosa de diecisiete años tanto Hepzibah y yo sabíamos que tenía una edad adecuada para casarse y tener una familia respetable: Por ello, acordamos que se tenía que casar con un Black.

—¡Arcturus, por favor! —exclamó Walburga muerta de la rabia—. ¡No sigas!

—¿Qué pasó? —inquirió Thomas sin importarle el comentario la señora Black.

—La comprometí con mi hijo Orión —respondió Arcturus sin importarle el semblante de su nuera.

Thomas miró al señor Black que no dejaba de mirarlo. ¿Así que su madre había estado comprometida a ese hombre? No sabia que podía ser peor: ser el hijo de Tom Ryddle, el mago más tenebroso de los tiempos; o haber sido hijo de Orión Black. Ninguno de los pretendientes les gustaba.

—¡Vaya¡No sabia que mi padre había tenido un compromiso antes! —exclamó Sirius mirando con diversión a sus padres—. No me sorprendería, conociendo a mamá...

—¡Sirius, cállate! —exclamó Walburga furiosa—. ¡Y todo esto es ridículo¿Por qué recordar a esa mujer de nuevo¡Ella ya tiene una familia, Orión¡Y deja de ver a ese muchacho como si fuera esa mujer!

—Tranquilízate, hermana —dijo Cygnus divertido—. Sylvia tiene a su hijo y eso ya lo sabemos. Pero nunca es desagradable recordarla. Al contrario es muy placentero.

Thomas se comía las ganas de gritarle a toda esa familia que dejaran de hablar así de su madre, pero en vez de ello, dijo:

—¿Qué paso después?

—La insensata no quería un matrimonio a la fuerza, según como lo llamaba ella —continuó Arcturus—. Quería casarse con alguien que realmente amara y se fue de la casa ese mismo día, dejando la palabra en la boca de tu tía abuela. Yo no iba a tolerar esa altanería, pero Orión sí parecía prendado de ella y no era de menos, siendo ella tan hermosa. Trató de ganarse su confianza y ser su amigo, pero ni con ello logró que ella lo amara. Hepzibah murió al año siguiente, todo parece que la mató su elfina Hokey; pero la ingrata de tu madre no quiso recibir la herencia ni casarse con Orión. Trabajó como pobre en un bar de mala muerte en la parte más oscura de Hogsmeade. Lo ultimo que supimos de ella es que se fugó con un tipo sin importarle la vida tranquila y venerable que le ofrecía mi hijo —el anciano ladeó la cabeza —. Orión se casó con mi sobrina Walburga al mes, para recuperar el tiempo desperdiciado en Sylvia. Tonta. Nunca supe que le pasó. Lo último que sé ahora de ella eres tú, su hijo.

Thomas fijó la mirada en su plato. No sabia que decir, solo que sentía mucha rabia por el tipo de personas con las cuales había conocido su madre en toda su joven vida. Su tía Hepzibah, los Black y el más odiado: Tom...

—¿Y como está ella? —preguntó por fin Orión sin importarle la mirada dolida que su esposa le ofrecía.

—Murió —musitó Thomas recordando el dolor que había sentido aquel día funesto y sin ver la mirada melancólica del señor Black —. La mataron una tarde en nuestra casa. Desde ese entonces, empecé a vivir con mi padre.

—Tu padre —repitió Arcturus sin importarle la expresión desvastada de su hijo y los ojos brillantes de la ira que tenia su nuera —. Ese hijo de muggles¿cómo se llamaba?

—Ryddle —soltó con rencor —. Tom Sorvolo Ryddle.

Los dos ancianos miraron con ojos muy abiertos al muchacho. James, Jimmy y Sirius sonrieron levemente. Los demás Black se extrañaron ante ese comportamiento pero no preguntaron.

—Ya veo —musitó Arcturus impresionado —. Asi que, después de todo, Sylvia no hizo una mala elección...

Thomas no quiso refutarle al abuelo Black acerca a lo que el consideraba "no hacer una mala elección". Estaba asimilando toda la historia acerca de su madre. Miró de reojo a la señora Walburga, quien lo miraba como si fuera su peor enemigo, pues desde que habían empezado hablar de su madre, la expresión de asesina en serie no se había alejado de su rostro al verlo a él. Notó como miraba con cólera a su esposo que empezó a comer con una expresión demolida. Parecía que había sufrido mucho al oír que su madre había muerto, pero por doloroso que eso pudiera causarle a cualquiera, no le importó en lo más mínimo.

—Supongo que no se casaron —dijo Cygnus sonriendo con malignidad—. Lo sabia. No dejaría que ninguna de mis hijas se fugara con un hombre antes de haberse casado y que no tuviera una dote que ofrecerle.

—Pero¿si una de ellas estuviera enamorada de ese hombre? —empezó a decir Andrómeda con expresión ofendida.

—¡Por favor! —bufó Cygnus —. ¡Ya oíste la historia de la madre de este chiquillo! La insensata rechazó a tu tío por irse con un hombre que ni siquiera se hizo cargo de ella y su hijo.

—¡Pero ella lo amaba! —saltó Andrómeda con las mejillas encendidas de la cólera —. ¡No le importó lo que dijeran los demás, ella lo amaba! Y si ese hombre que dices que no dejarías que tus hijas nos comprometamos la amara¿la dejarías casarse con él?

—¡Qué ridiculeces estás hablando? —saltó Cygnus —. ¡Por supuesto que no¡El amor no existe en este mundo, solamente en ese estúpido libro Cuentos de los Hermanos Grimm¡Mis hijas tienen que casarse con hombres de su misma clase y posición¡Yo primero las mataría antes de verlas casadas con un sangre sucia pobre!

—¡La cantidad de galeones y la pureza de sangre no tiene nada que ver en una relación de pareja, padre¡Si dos personas se aman, pueden casarse¡Es un derecho!

—No para los Black, niña tonta —intervino el abuelo Pollux —. ¿Acaso no recuerdas a la sucia traidora a la sangre de tu tía Isla Black¡Se casó con un repugnante muggle llamado Bob Hitchens, desprestigiando a nuestra honorable familia por su desfachatez¡La muy estúpida salió embarazada de un muggle! Ella fue la hermana de mi padre pero no era excusa. Mi abuelo Phineas la botó de la casa como lo que era: una asquerosa traidora a la sangre.

—¡La tía Isla estaba enamorada de ese hombre! —gritó Andrómeda.

—¿Y porque defiendes tanto a esa traidora? —preguntó su padre mirándola fijamente. La muchacha se calló inmediatamente pero eso no tranquilizó al padre —. ¿DIME POR QUÉ! —rugió.

—¡Porque estoy embarazada!

Todos los presentes soltaron los tenedores ocasionando un ruido estrepitoso en el comedor. Todos estaban atónitos, incluso los mellizos y Thomas, quienes habían había escuchado la discusión de padre e hija como algo normal (los tres ya se estaban acostumbrando al ambiente hostil de la familia Black) se quedaron boquiabiertos. Al darse cuenta de lo que había dicho, la muchacha se tapó la boca mirando a su primo Sirius suplicante, pero éste no podía decir nada.

Cygnus estaba atónito como si ella lo hubiera abofeteado y no solo ella sino la mujer que estaba a su costado se había puesto pálida como la nieve. Ella debía ser la esposa de Cygnus. Después de un incomodo silencio, Andrómeda se levantó sin decir nada e iba irse a su dormitorio pero Cygnus ya se había recuperado de la impresión.

—¿De quién es ese bebé?

La muchacha no respondió.

—¿DIME DE QUIÉN ES ESE MALDITO BEBÉ!

—Seguramente de ese sangre sucia de Tonks —dijo Narcisa mirando a su hermana con desprecio.

—¡Narcisa! —exclamó Andrómeda mirando a su hermana con estupor.

—¿Es cierto? —preguntó Cygnus con una voz mortal —. ¿ES CIERTO? —repitió, arrojando a un costado su silla y avanzando uno o dos pasos hacia la chica, quien estaba aterrorizada y retrocedía lentamente hasta que chocó contra la pared—. Mi hija, descendiente de la familia Black, la más notable familia de sangre pura que ha existido... ¿EMBARAZADA DE UN ASQUEROSO SANGRE SUCIA!

Andrómeda era incapaz de hablar, presionándose contra la pared.

—¡TÚ, DESAGRADABLE Y ASQUEROSA RAMERA¡SUCIA TRAIDORA DE LA SANGRE! —rugió su padre, perdiendo el control volteando la cara de su hija de un solo golpe y arrojándola al piso.

Los muchachos saltaron de sus asientos. Sirius se puso delante de su prima, quien era auxiliada por Thomas y los mellizos. La joven tenia el labio partido y la sangre no dejaba de brotar de su boca.

—¡No la vuelvas a tocar de ese modo! —le gritó Sirius.

—¡Walburga, dile a tu hijo que no se meta en estos asuntos! —rugió Cygnus sin dejar de mirarla con ojos asesinos a su hija.

—¡Sirius! —exclamó Walburga furiosa, pues aún seguía resentida por la conversación anterior —. ¡Siéntate, nos estas avergonzando!

—¡No! —exclamó Sirius —. ¡Los únicos avergonzados somos Andrómeda y yo¡No voy a permitir que le vuelvas a poner un solo dedo encima, tío!

—¿Y que me vas a hacer, mocoso? — dijo el hombre avanzando hacia ellos.

Sirius sacó su varita y lo apuntó.

—¡Ni te atrevas! —lo amenazó.

Cygnus se quedó impresionado por lo que su sobrino estaba haciendo, al defender a su prima, quien sollozaba patéticamente siendo abrazada por los tres niños que estaban al costado de ella.

—¡Que puede importarte una ramera como ella! —exclamó Narcisa con asco.

—¡Narcisa! —exclamó Andrómeda mirando con asombro a su hermana.

—¡Tú ya no eres mi hermana! —le espetó ella mirándola como si fuera estiércol —. ¡Dejaste de serlo desde que te revolcaste con ese asqueroso muggle¡No tienes ni la más mínima decencia¡Pero claro¿qué se podía esperar de una ramera como tú!

—¡Cállate! —gritó Sirius—. ¡La única ramera en esta casa eres tú, Narcisa¡Y mira quien habla de revolcarse cuando tu misma bailas desnuda para ese fracasado de Lucius Malfoy!

—¡Cómo te atreves! — gritó ella con las mejillas encendidas, pero su padre la miró duramente.

—¡Ya hablaremos tú y yo más tarde —musitó con furia mirando a Narcisa —. ¡En cuanto a ti! —se dirigió a Andrómeda—. ¡TIENES DOS HORAS PARA RECOGER TUS COSAS Y LARGARTE DE ESTA CASA CON TU BASTARDO¡PUEDES OLVIDARTE DE MI, DE TU MADRE Y DE TODA TU FAMILIA PUES HAZ MUERTO!

Sacó su varita. Sirius y los demás sostuvieron la suya, listos para el ataque, pero el hombre apuntó hacia la puerta que daba acceso al Salón —. ¡Incendio! —y una llama de fuego salio dispara de la varita y se perdió en la oscuridad del Salón.

¡LARGATE DE MI PRESENCIA¡VETE!

—¡Pero papá...! —exclamó Andrómeda corriendo hacia él pero Cygnus la empujó hacia Virus, quien la sostuvo para que no cayera.

—¡YO NO SOY TU PADRE!

Y sin decir nada más salió del comedor. Andrómeda sollozaba en los brazos de Sirius. Poco a poco los Black se alejaron de ese lugar sin dejar de verla con desprecio. Pollux pasó delante de ella y Andrómeda trató de hablarle:

—¡Abuelo!

—¡Ya no eres mi nieta, Andrómeda¡Tu bastardo y tú pueden irse al diablo!

Y se fue dejándola llorando. Las dos hermanas se alejaron escupiéndola. Ante ello, Jimmy cogió dos copas de cristal que estaban en la mesa, sacó su varita y exclamó:

—¡Veraverto! —la copa se transformó en dos ratas enormes —. Wingardum Leviosa —las ratas empezaron a levitar y Jimmy se las puso en el cuello de las túnicas de las dos hermanas de desaparecer por la puerta.

—¡AAAAAHHHHH! —fue el grito que se oyó por toda la casa. Thomas, James y Sirius aplaudían la diablura del mellizo sin gafas.

Andrómeda se incorporó de del suelo, enjugando las lágrimas y limpiándose con el pañuelo que los mellizos le habían ofrecido el labio.

—Muchas gracias por apoyarme, Sirius. Pero creo que ahora debemos despedirnos. Ya suponía que esto iba a pasar. Por eso ya había alistado mi baúl. Cuando se lo comente a Ted, quiso venir a afrontarlo conmigo pero yo sospechaba que papá podría matarlo. Y por lo que ha pasado, no estaba equivocada. Lo hubiera matado. Me iré ahora mismo de esta casa.

—¡Andrómeda, no! —exclamó el muchacho —. ¿A dónde iras?

—Viviré con Ted. La casa es de su tía pero ella se la ha dejado porque ha viajado a América. Estaré bien.

—Pero¿estás segura que esto no tiene solución? —preguntó Thomas.

Andrómeda sonrió tristemente, cogió un candelabro de la mesa e hizo una seña para que la siguieran. Se dirigió al Salón e iluminó un enorme tapiz.

Era un tapiz inmensamente viejo. No obstante, el hilo dorado con el que había sido bordado todavía brillaba bastante como para mostrarles un árbol familiar fechado hacia años atrás desde la edad media. Y en enormes letras en lo alto del tapete se leía:

La noble y ancestral casa de los Black.

«Toujours pur»

—¿Toujours pur?—preguntó James mirando a Sirius.

—Significa "siempre puro" —explicó Sirius con rudeza—. Este árbol te nuestra toda la familia Black. Desde la Edad Media hasta la actualidad.

—Toda la familia aparece aquí —musitó Andrómeda —. ¿ven esos agujeros? Son de todos aquellos que han traicionado a nuestra familia.

Los niños miraron todo el tapiz y sus ojos se detuvieron en un agujero recién quemado que estaba entre los nombre de Narcisa y Bellatrix.

—Todo ellos ya no podrán volver a ser llamados parientes nuestros. Yo ya fui destruida asi que no hay solución a esta discusión —dijo Andrómeda tristemente.

Los muchachos la miraron con tristeza.

—No tienes que apenarte por eso, muchacha —dijo una voz a sus espaldas.

Todos se volvieron. El hombre de mirada calida que estaba en la mesa los miro con una sonrisa en los labios.

—¡Oh, tío Alphard¡Tú eres el único que me comprende! —musitó la muchacha abrazando a su tío.

—No te preocupes. Me dio impresionó la forma de como te enfrentaste a tu padre. Por eso quiero ayudarte.

—No, tío —rechazó la muchacha —. Muchas gracias pero no puedo aceptar su ayuda. La familia lo repudiará si lo hace y yo no quiero hacerle eso, tío. Estaré bien tío, Sirius. Les escribiré a menudo.

El tío Alphard y Sirius se miraron algo preocupados. Andrómeda sólo sonrió y con un último abrazo salió del salón llevándose el candelabro.

Lumus —susurró el tío Alphard y una luz proveniente de la varita iluminó tenuemente el Salón—. Ha sido un día de navidad muy agitado, muchachos. Les sugiero que se vayan a dormir ya.

—¿Y pasar la noche escuchando las discusiones de mis padres y el recuerdo de la madre de Thomas; y del tío Cygnus con la tía Druella acerca que quién tiene la culpa de que Andrómeda haya salido encinta? —preguntó Sirius con una sonrisa en los labios—. No, gracias. Yo creo que mejor me regreso a Hogwarts pasar las vacaciones más tranquilo con los muchachos.

—¡Claro! —dijo James sonriente—. Siempre podemos jugar a una batalla de bolas de nieve o patinar sobre el calamar gigante¿verdad, chicos?

—¡Sí! —exclamaron Jimmy y Thomas al mismo tiempo.

El tío Alphard sonrió ante la ocurrencia de los muchachos. Pero una persona apareció detrás de ellos. Alphard se volvió y vio a su hermano Orión detrás de él. La sonrisa de Sirius desapareció al ver a su padre y adoptó una expresión más seria.

—¿Qué ocurre, padre? —preguntó hoscamente—. ¿Viene a recriminarme por defender a Andrómeda? Pues si es así, déjeme decirle que...

—No vengo a hablar contigo, Sirius —contestó Orión de inmediato—. Quiero hablar con tu amigo Thomas.

Sirius y los mellizos miraron a su amigo, quien asintió en señal de aprobación. Antes de irse, Sirius le preguntó a su padre:

—¿Puedo irme a Hogwarts con los demás? Yo sólo vine por Andrómeda ya ahora que ella ya no está quiero regresar al colegio.

—Está bien, pero mañana en la mañana —contestó Orión estoicamente—. Tu madre no estará con un muy buen humor en la mañana.

Sirius asintió mientras se alejaba del Salón con los muchachos, dejando a Thomas y a su padre en aquel Salón. El tío Alphard rompió el silencio entre ellos.

—Bueno, yo también me iré a dormir. Los dejo para que conversen a gusto.

Ni bien se fue Alphard, una oscuridad inundó la habitación. Orión sacó la varita y murmuró el hechizo iluminador, que los alumbró tenuemente.

—Sólo quiero decirte mi versión de la historia de tu madre...

—Tengo suficiente con lo que me contó su padre como para saber que mi madre estuvo rodeada de personajes desagradables desde su corta edad —respondió el muchacho.

—Es verdad —admitió el hombre—. Pero lo que dijo mi padre acerca de que tuve enamorado de tu madre es verdad.

Thomas lo miró. Al parecer al señor Black le dolía bastante recordar aquellos sucesos.

—Yo la conocí cuando nos presentaron para casarnos. Desde que la vi me enamoré de ella por su belleza y después de conocerla, por su carisma y su bondad.

—Ella siempre fue muy buena —susurró Thomas recordándola.

—Y tú heredaste sus grandes rasgos. El cabello rubio y los ojos celestes como los tenia ella, a excepción de la forma de mirar, supongo que es de tu padre —lo ultimo lo dijo con cierto toque de rencor.

—Del mal nacido de mi padre —le corrigió con furia.

—Yo siempre la ame. Por eso cuando dijo que no quería casarse a la fuerza, trate de hacerme su amigo y ganarme su confianza. Si ella hubiera sido una muggle o una sangre sucia, no me hubiera importado. Yo la amaba que no me hubiera importado desaparecer del tapiz familiar por amarla como lo hacia. Sin embargo, ella nunca me vio con la misma mirada que yo le tenía. Siempre fui un amigo para ella a pesar de manifestarle mi amor. Me dolió bastante cuando vino una noche a la casa con una enorme sonrisa en los labios diciéndome que había conocido a un hombre maravilloso y que se iría con él. Es imposible describir toda la rabia, celos y dolor que sentí en esos instantes.

Thomas notó como cerraba los puños con fuerza.

—Le replique e incluso le suplique que no se vaya, pero ella me dijo que le había entregado su virtud y su amor esa noche, así que con el corazón destrozado deje que se fuera. A la semana siguiente, mi padre y mi tío Pollux acordaron mi boda con Walburga y yo no puse reparos. No me importaba nada. Tal vez por eso que Walburga me repudió por haberla tomado como premio de consolación y que todavía siguiera pensando en Sylvia. Con el tiempo, me volvi como mi familia. Primando la pureza de sangre ante cualquier sentimiento.

Lo miró y sonrió débilmente.

—Dime¿cómo era ella contigo y con ese hombre?

—Tom la dejó antes de que yo naciera porque nunca lo conocí hasta ella murió.

El señor Black lanzó una maldición.

—Pero sé que mi madre lo amó siempre y a su vez ella siempre me quiso. Siempre decía que el único hombre en su vida era yo —sonrió al recordar esas palabras—. Ella fue mi amiga durante toda mi infancia y mi niñez, porque yo no tenía ningún amigo. Todos me veían como un bicho raro por ser un mago. Pero no me importaba, yo tenia a mi madre y ella me amaba como lo que era —fijo su mirada en las manos de su receptor—. Murió sin saber cómo ni porqué y al instante apareció Tom y arruinó mi vida.

—¿Lo odias? —preguntó Orión.

—Odiarlo es poco —respondió Thomas—. Es el ser más despreciable sobre la tierra. Y aún no entiendo como mi madre pudo fijarse en un hombre como él.

Thomas se enjugó las lágrimas con rapidez.

—Debo irme. Mañana iré con los chicos a Hogwarts porque yo tampoco quiero quedarme aquí. Su esposa me miraba como si fuera una asesina y no quiero que esa calificación se cumpla mañana, ahora que sabe que soy el hijo de la mujer que odia.

Thomas se alejó del Salón sin decir una sola palabra, pero antes que desapareciera por la puerta, Orión le dijo:

—Me hubiera gustado que estuvieras en este tapiz, muchacho; junto con tu madre.

Thomas no dijo nada y salió del Salón.


La noche del día siguiente, habían llegado al colegio gracias al Autobús Noctámbulo que lo manejaba un conductor muy loco. Al llegar se pusieron a jugar en la nieve y patinar en el lago, como James había sugerido en la casa de los Black. Thomas les comentó sobre la conversación con el padre de Sirius y todos estuvieron de acuerdo en decir que eso pertenecía al pasado y que fue lío de sus padres. Después de divertirse todo el día y de haber digerido la suculenta cena de Pascua en el Gran Comedor, decidieron echarse una partida de naipes explosivos al lado del crepitar del fuego de la chimenea en la Sala Común de la torre Gryffindor. Los regalos aún no habían sido abiertos, pero eso no parecía interesarle tanto en esos momentos. Después de ganar todas las partidas, James Potter soltó un gran bostezo.

—¡Estoy cansado de ganar! Jueguen ustedes, perdedores. Este feliz ganador se va a dormir.

Sirius, Jimmy y Thomas le arrojaron sus pantuflas mientras se el mellizo con gafas se iba al dormitorio de chicos.

—¡Envidiosos! —les gritó desde la puerta del dormitorio con una sonrisa en los labios.

Se acercó a su cama adoselada y descendió las sabanas para meterse en ellas. Pero cuando dejó caer su cabeza en la almohada...

—¡Auch! —se quejó adolorido, mirando sobre donde había puesto la cabeza. Sacó la almohada y de la funda cayó el libro de Animales fantásticos y donde encontrarlos cuyapasta era muy dura—. ¿Quién fue el que puso esto aquí?

Cogió el libro y vio una nota que estaba adherida en la primera hoja del libro.

El trabajo de Defensa Contra las Artes Oscuras es para la segunda semana después de las vacaciones, Potter. ¡Deja de pensar en juegos y ponte a hacer las tareas de una buena vez!

L. Evans.

—Pues para odiarme, se preocupa mucho por mí —sonrió el muchacho con un raro sentimiento de felicidad en el pecho al pensar que la pelirroja pensaba en él—. Bueno, sólo porque es navidad, echémosle una leída.

Abrió el libro y leyó la parte de los Hombre Lobos.

HOMBRES LOBOS

Clasificación: XXXXX

Los hombres lobos viven por todo el mundo, aunque se cree que surgieron en el norte de Europa. Las personas se transforman en hombres lobos sólo cuando les muerde uno de ellos. El único rasgo humano que estas criaturas poseen son las pupilas de los ojos. Por lo demás, es completamente un animal irracional de caza indiscriminada. No se conoce ninguna cura. Una vez al mes, cuando hay luna llena, el mago o muggle afectado se transforma en una bestia asesina, no importa lo normal u cuerdo que sea en otras circunstancias. Cuando no tiene victima, se muerde a si mismo generando horribles heridas en el ser humano cuando se transforma. Es prácticamente la única criatura fantástica que se dedica de manera activa a cazar seres humanos, pues los prefiere a cualquier otra presa.

Obviamente, esta clasificación se aplica cuando el hombre lobo sufre la metamorfosis. Cuando no hay luna llena, el hombre lobo es tan inofensivo como cualquier otra persona.

James bostezó pensando en lo que había leído. Hombres lobos¿cómo si no hubiera tenido bastante con el hombre lobo que estaba en el bosque prohibido aquella noche que fue a seguir a Remus?

En ese momento una luz que desaparecía toda la oscuridad surgió en su mente; y volvió a leer el texto. A medida que leía su rostro adquiría una palidez impresionante.

—«Cuando no tiene victima, se muerde a si mismo generando horribles heridas en el ser humano cuando se transforma».

Recordólas heridas de la espalda de Remus dizques provocados por una mala caída de las escaleras.

—«El único rasgo humano que estas criaturas poseen son las pupilas de los ojos»

¡Esos ojos¡Claro que le recordaban a alguien!

—«Por lo demás, es completamente un animal irracional de caza indiscriminada...».

Miró la ventana, la luna lleva iluminaba todo el castillo y penetraba por las ventanas empañadas de frío al dormitorio.

"¿También iras con nosotros a la casa de Sirius?

No puedo. Mi madre ha estado muy delicada y debo ir a verla. Creo que para las fiestas se pondrá mal"

—¡Era por eso¡Por eso no pudo venir!... ¡Oh, no! —musitó en medio ese recuerdo y saltó de su cama corriendo hacia la Sala Común.

Los muchachos seguían jugando a los naipes explosivos y desde que se había ido James, Jimmy tenía la ventaja. El muchacho sonreía maliciosamente, muy concentrado en su jugada y estaba a punto de ganar cuando…

—¡Chicos!

Las cartas saltaron de las mano de su mellizo explotando en el aire.

—¡James! —le recriminó su hermano —. ¿Se puede saber que te pasa¡Estuve a punto de ganar…!

—¡Remus es un licántropo! —soltó el mellizo sin gafas.

—¡… a este par de perdedores…¿QUÉ! —exclamó Jimmy atónito y al mismo tiempo con Thomas y Sirius.


Notas de Autora:

¡Al fin! Como lo prometido es deuda¡aquí está el capitulo 14¡Esta es la primera vez que termino un capitulo en menos de un mes¡No saben como las ideas que se me ocurrían mientras estaba escribiendo este capitulo! Primero, la relación entre Hepzibah Smith con Sylvia, la relación entre Orión y la madre de Thomas, la discusión de Andrómeda con su padre... ¡Ah, no saben como me gusta cuando se me ocurre todas las ideas sucesivamente mientras redacto!

Ahora sí, me temo que por un tiempo no me van a volver a ver (Los merodeadores¡Yeeeee!) porque tengo que estudiar para mi examen de admisión que cada día que pasa está muy próximo. Así que no me podré dedicar a escribir tan seguido. Sí, sé que esto es una maldad porque hasta donde lo he dejado, todo el mundo que lee este fic querrá saber que le pasara a Remus; pero como expone Pierre Corneille, dramaturgo francés del Neoclasicismo, en sus obras: El deber y el honor ante todo. ¡Me lo dirá a mí! Que termine con mi enamorado por eso. ¡Pero bueno! La recompensa será grande... Espero...

Ya saben, para críticas, comentarios, chiste, amenazas de muerte menos declaraciones de amor, mandadme un review.


Reviews:

Dany Elric-Ryddle: Gracias por tu review. Yo tambien opinó lo mismo que tú acerca de Sirius. Sigue escribiendome.


Avances del próximo capitulo 15: La Historia de un Licántropo.

¡Chicos, ya llegue! —dijo Remus entrando a la habitación sonriente.

Pero esa sonrisa desapareció de su rostro al ver los ojos de sus amigos en él. Estaban los cinco parados frente a él con los brazos cruzados mirándolo como si hubiera cometido un enorme delito.

¿Que les pasa? —preguntó el muchacho nervioso.

Queremos hablar contigo, Remus —dijo Thomas con los brazos cruzados.

¿Hablar?... No entiendo... ¿De qué?

De tus extrañas desapariciones cada mes —respondió James sacando la varita — , durante las noches de Luna Llena.

Nota: El contenido de este avance puede variar o aumentar a medida que se me vengan las ideas. ¡Para no prometer en vano!


Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personajes son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.