ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

17

El mapa del merodeador

Remus Lupin estaba sentado mirando el amanecer desde la ventana destrozada de la Casa de los Gritos. No podía salir de su encierro porque aun quedaba una noche. Sin embargo, por primera vez en esas mañanas posteriores a su transformación, sonreía. Realmente tenia que agradecer a la vida por haber puesto a esos locos en su camino. Locos que habían logrado lo que ningún alumno en Hogwarts habría podido hacer. Terminó en silencio su desayuno mientras su mente evocaba los sucesos habían pasado meses atrás.

Estaban en la oscuridad de la casa. La luna llena seria la próxima noche y debían darse prisa. Sin embargo, los constantes gritos de esos seis muchachos rompían el silencio de la noche y angustiaban al único espectador, un muchacho de tez pálida y cabello castaño que los motivaba a seguir.

¡Chicos¡Resistan, ya casi sale!

Un grito que poco a poco se fue convirtiendo en gruñido provocó que el muchacho castaño se volviera al muchacho que estaba pegado a la ventana. Sirius Black ya no era humano... Mas bien parecía...

¿Sirius? —preguntó temeroso el muchacho.

Un perro negro estaba parado al rincón de la habitación, jadeando con dificultad como si hubiera hecho un gran esfuerzo. El perro se desplomó al piso y se convirtió en un humano.

Sirius —musitó su amigo acercándose a él con una jarra con agua.

Estoy bien... —contestó Sirius jadeante—. Lo logre... Al fin lo logre...

Sí, lo lograste, amigo... —sonrió Remus dándole de beber.

Otro grito rompió la calma que Sirius había dejado. En la otra esquina, una pantera negra rugía con furia mientras trataba de controlar el instinto humano que luchaba por salir. Lo resistió por unos segundos pero, al igual que Sirius cayó desplomado al suelo convertido en hombre.

Jimmy —se acercó Remus dejando a Sirius—. ¿Estás bien?

Yo... también lo... logre —musitó Jimmy con una gran sonrisa en el rostro empapado de sudor—. ¡Al fin!

Se escucharon pasos y un ciervo entró galopando a la habitación con una bolsa en el hocico. Al instante, se convirtió en un hombre.

¡James¡Lo lograron! —le contó Remus muy contento—. Al fin, lo lograron.

¡Estupendo! —se alegró James dirigiéndose a ellos, quienes seguían en el suelo—. ¿Se siente horrible, no?

Sólo cuando aguantas para no dejar de convertirte en animal —contestó Sirius levantándose con languidez. Cogió la bolsa y sacó una cerveza de mantequilla del interior.

¡Ahora solo falta Peter y Thomas! —dijo Remus.

Por cierto¿dónde están? —preguntó James

Thomas todavía trata de convertirse en animal —respondió Remus—. Me dijo que lo dejara solo. Para concentrarse...

Un grito desgarró el silencio y los muchachos salieron de ese lugar para ir al cuarto contiguo. Thomas Ryddle gritaba desde el piso, con el cabello largo cayendo por su rostro mientras unas gotas de sudor formaban un pequeño charco en el suelo de madera.

Vamos, Thomas¡Tú puedes!

Esperen... ya lo... —musitó Thomas antes de volver a gritar.

Sin embargo, chirrido de un ave terminó el grito humano. Thomas se levantó estirando sus brazos antes que estos empezaran a salir plumas y su cuerpo encogerse. Los muchachos vieron atónitos como su amigo se convertía en un águila gris poco a poco. El ave pasó por la ventana y planeó unos cuantos metros antes de volver a entrar a la casa y caer al suelo totalmente exhausto y convertido en hombre. Sus amigos lo auxiliaron.

Al fin... —musitó Thomas sin poder levantarse—. ¡Lo logre!

¡Todos lo logramos! —dijeron los muchachos ayudándolo a cargarlo.

Pero, Thomas —empezó a decir Sirius—, ¿un águila?

¿Tiene algo de malo? —preguntó Thomas bebiendo a sorbos el agua que le alcanzaba Remus.

Es que pensamos que te transformarías en una serpiente por ser...

Era una buena opción —contestó Thomas interrumpiéndolo—, pero no me gustó del todo seguir relacionado con Tom. Ahora el único que falta es Peter. Tiene muchos problemas para convertirse en…

Peter entró al cuarto con estrépito y todos se volvieron a él. Se sostenía el rostro como si este hubiera sufrido una quemadura. Gritaba pero el sonido se confundía con el chillido de un ratón. Poco a poco, el muchacho se fue encogiendo más y más y más… Hasta que una pequeña y diminuta rata se paró delante de ellos.

¿Una rata? —preguntó James sonriendo débilmente.

Bueno, algo es algo —susurró Jimmy.

La rata volvió a encogerse y convertirse en un hombre. Sirius y Jimmy lo levantaron.

Lo logre… —musitó—. Sentí que iba a morir…

¡Oh, vamos, Peter¡No es para tanto! —le replicó Sirius—. A nosotros nos costó más porque nos convertimos en animales más grandes.

Con esto, ya no hay problema para que te acompañemos, Remus —dijo James—. Si no podemos ayudarte siendo humanos, como animales lo haremos bien.

Chicos…—empezó a decir Remus.

¡Oh, vamos, Remus! ¡No te pongas sentimental y ayúdame! —farfulló Sirius rascándose la espalda—. ¡No ha pasado ni segundo que me he convertido en perro y las pulgas ya me han visto como su nuevo hogar!

Sí, sus amigos lo habían hecho por él. Y eso era algo que debía agradecérselo siempre.

Se levantó. Cogió el vaso y la bolsa de comida que sus amigos le habían dejado y los puso en la mesita maltrecha que estaba frente a él. Por primera vez en muchos años, esperaría con ansia las noches de luna llena.


Se acercaba el alba y cinco figuras caminaban por el Bosque Prohibido. Había sido una noche muy intensa, pero si muy divertida. Los muchachos salieron del bosque y llegaron al lago. El sol se dejaba ver en el horizonte inundando sus luces a todo el colegio. Los muchachos, cansados se dejaron caer en el suave césped bajo la sombra de un árbol frente al lago.

—¡Uf! Si que ha sido cansado, no? —preguntó James Potter a sus amigos.

—Sí —aprobó Sirius—. Pero lo que más me gustó fue cuando le gané a Jim.

—¡Me tomaste por sorpresa! —replicó el muchacho—. La próxima vez no será igual.

—¿Ah, no?

Jimmy no respondió porque antes que se diera cuenta, un enorme perro negro se había lanzado sobre él. Sorprendido, lo arrojó hacia un costado. El perro cayó al césped pero ni bien toco suelo se convirtió en...

—¡Sirius, grandísimo animal! —gritó Jimmy en medio de las risas de sus amigos—. ¡Casi me matas de un susto!

Sirius medio adolorido por la caída, empezó a reír.

—¡Oh, vamos¿Acaso el pobre gatito ha perdido una de sus siete vidas? —dijo Sirius con sorna.

—¡Ahora veras!

Jimmy corrió hacia él y saltó pero en el aire se convirtió en una enorme pantera negra que Sirius esquivo saltando hacia atrás. La pantera cayó de pie y empezó a caminar alrededor de él, buscando el mejor momento para atacar. Sirius lo miró con diversión y cuando la pantera atacó, Sirius Black había vuelto a convertirse en el gran perro negro.

—¡Vamos, Sirius¡Sácale la mugre a mi hermano! —animaba James.

—¡Vamos Jimmy¡Tú puedes ganarle a ese perro callejero! —animaba Thomas.

Nadie podría creer que unos chicos de 15 años podían transformarse en esos animales. Pero era verdad porque eso fue el producto de tres años de esfuerzo, sudor, investigación y constante practica. Los muchachos de segundo habían logrado algo que ningún alumno había podido ser: animagos. Poder convertirse en animales. Pero no había sido nada fácil. En primer lugar, porque transformarse en un animago era algo que el Ministerio de Magia debía supervisar y que sin ello, era ilegal y quizás penado por la ley mágica. Pero conociendo a nuestros amigos, ese obstáculo era lo de menos, porque el otro riesgo era que cualquier error era fatal para el que lo practicaba. En palabras más concretas: era una proeza lo que habían hecho.

Y allí estaban ellos. James, Jimmy, Sirius, Thomas y Peter. Los únicos animagos más jóvenes de la historia. Y como tales, solo lo habían hecho para acompañar a su amigo, Remus Lupin, en sus transformaciones de licántropo. Y es que todo lo habían hecho en nombre de la amistad. Lo que comprueba que no hay imposibles para ayudar a un amigo.

Sin embargo, ajenos de las consecuencias que pudieron traer ese acto de irresponsabilidad, el grupo se sentía feliz. No solo por haberlo logrado, sino porque habían descubierto una nueva forma de divertirse y qué mejor forma que en grupo. Todo en beneficio al más perjudicado, Remus. Si eso no era amistad¿entonces que era?

—¡Chicos¡Alguien se acerca! —dijo Peter de pronto.

Todos se callaron, incluso Sirius y Jimmy, quienes al oír la advertencia de Peter se convirtieron en humanos, en mitad de la pelea (Jimmy estaba sobre Sirius y estaba mordiendo la oreja de Sirius mientras iba a propinarle un arañazo con su garra ahora convertida en mano; y Sirius iba a morder el hombro de su atacante mientras uno de sus pies estaba en el estomago de Jimmy preparándose para arrojarlo hacia atrás) En ese momento se oyó un silbido que entonaba una canción y supusieron que era.

—¡Es Hagrid¡Escóndanse!

Todos se incorporaron y salieron corriendo. Si uno miraba la escena desde un punto en el cielo, podría haber visto a un perro, una pantera, una rata, un ciervo y un águila alejarse de ese lugar.

Al llegar a las puertas del castillo, los cinco animagos se transformaron en los cinco muchachos. Entraron a hurtadillas al castillo, recorrieron los pasillos que los llevaban a la Sala Común, entraron de puntillas por la sala común y antes de subir por la escalera de caracol.

—¿Se puede saber a donde se fueron?

Los cinco se quedaron estáticos, pensando en la excusa que le darían a McGonagall se voltearon a su emisor. Sin embargo soltaron un suspiro de alivio al saber quien era.

—¡Cielos, Lily! —dijo James limpiándose el sudor de su frente y alborotando se cabello disimuladamente—. Pensamos que eras McGonagall.

—¡No me llames Lily, Potter! —dijo Lily acercándose a ellos.

—¡Está bien ya no te llamaremos "Lily Potter"! —dijo Sirius, quitándole la coma de la frase y guiñándole el ojo con picardía a la pelirroja.

—¡Cállate, Black! —le espetó la pelirroja muy roja por la insinuación—. ¡Ustedes no deberían salir así¡Les pueden bajar puntos!

—Pensé que no te preocupabas por mi, Evans? —preguntó James sonriente.

—¡Por supuesto que no! —trató de defenderse Lily completamente roja—. ¡Tú no me importas¡Te aborrezco!

—Por allí se empieza —dijo Jimmy con diversión.

—¡Claro que no¡Ya dejen de insinuar tonterías! —chilló la pelirroja, cuyo rostro parecía combinar con su cabello.

—¿Ah, si? —dijo James acercándose hacia ella—. ¿Y que vas a hacerme, Evans¿Volver a convertirme el cabello de verde? —ladeó la cabeza, complacido al ver que la pelirroja retrocedía—. Eres más original, Evans.

—¡Eres un maldito patán, odioso y...!

Pero había chocado con la pared. James puso sus manos por encima de sus hombros obligándola a estar frente a él. James acercó su rostro a escasos centímetros de sus labios.

—¿Quieres salir conmigo, Evans?

La pelirroja estaba estática. No sabia que hacer. James por su parte estaba complacido. Siempre había querido ver a esa pelirroja en esa situación. Confundida y aturdida... Procediendo a terminar con la distancia que los separaba...

¡PLAT!

—¡Uhhh! —soltaron en coro los demás espectadores con una mueca de dolor ajeno.

—Eso debió doler —musitó Jimmy.

La pelirroja se había alejado rápidamente de allí con el rostro rojo; dejando en el suelo a James Potter que no podía hablar del dolor que le había producido la pierna de la pelirroja en cierta parte inferior de su cuerpo que era sensible a los golpes.

—¡Maldita Evans! —masculló adolorido en el piso—. ¡Así no tendremos hijos!


Pasaron los meses y al llegar diciembre, nuestros amigos ya conocían casi al dedillo todo Hogwarts. El ser animagos le abría muchas puertas. Podían salir a pasear por Hogsmeade como simples animales y nadie podía reprocharles nada. Divertirse bajo el manto de la noche jugando en el Bosque Prohibido, sin el temor que Hagrid los descubra. Cada noche, cada luna llena era una aventura para el grupo de animagos que había en Hogwarts. Empezaron a vivir miles de aventuras todas esas gloriosas noches de luna llena. Y no sólo era así en la noche, sino también en el día. Con la identidad de James, Jimmy, Sirius, Thomas, Remus y Peter, los muchachos eran conocidos como los que ponían de cabeza al colegio. Ídolos de muchos, amores platónicos de muchas y dolores de cabezas de profesores. No había nadie que no conociera a ese grupo de alborotadores. Siempre allí, sobresaliendo del resto porque también eran los mejores de su clase. Los niños de primero los adoraban y los de séptimo les tenían respeto. Nadie se metía con ellos si no quería salir perjudicados. Era imposible hacerle una broma a ese grupo sin que recibiera la venganza tres veces peor. Esta de sobra decir que eran blanco de envidia entre los chicos, especialmente uno... Un muchacho de nariz ganchuda que los miraba con absoluto rencor.

Severus Snape había odiado a James Potter desde que lo conoció. El hecho de que el muchacho fuera todo lo que él no fue era una razón enorme para odiarlo. Severus Snape no podía entender como un payaso odioso y bravucón podía tener el respeto y la admiración de muchos; mientras que él, que no permitía que ningún alma se acerque a entablar amistad, era el marginado del curso. Aunque no le importaba ser más solitario que un punto en un pergamino vacío, le daba cólera que haciendo estupideces, ciertas personas pudieran ser conocidas. Pero esa era una razón para odiar a James Potter, la otra razón era la humillación que el muchacho lo había hecho pasar cuando James Potter quiso ser el paladín de la impura de Evans. Eso jamás lo iba a perdonar.

—¡Quejicus! —exclamaba al verlo pasar. Severus Snape, ni corto ni perezoso, sacaba la varita para defenderse. Lo malo es que James, su mellizo y su compinche Sirius Black eran más rápido que él.

—¡Ya te he dicho que no se dice palabras feas delante de las personas, Quejicus! —dijo Jimmy en una ocasión—. ¡Fregotego!

—Parece que Quejicus está un poquito caliente —dijo Sirius mientras Severus trataba de liberarse del hechizo al cual tenia sometido James—. Yo creo que un baño de agua fría lo calmara¿verdad, mi estimado James?

—Es verdad, mi estimado Sirius— respondió James—. ¡Depulso! —gritó antes de arrojarlo al lago.

Todas las veces era así. Siempre que los muchachos estaban aburridos, la diversión era levantarle de los calzoncillos a Quejicus, meter de cabeza a los retretes de Myrtle La llorona a Quejicus, hacer comer estiércol de Doxy a Quejicus, etc., etc., y etc. Eran tantas las maldades que le hacían que aumentaba el odio hacia ese grupo. A todos en general, porque a veces participaba Thomas Ryddle y el tarado de Peter Pettigrew, el tonto perrito faldero de Potter. Y Lupin no hacia nada para detenerlos; al contrario, parecía disfrutar de su desgracia.

Y para colmo de sus desgracias, la única que lo defendía era la estúpida de Lily Evans. Nada podía ser tan humillante para él que una sangre sucia saliera en su defensa. Pero si algo era humillante también es que tenía que reconocer que si no fuera por ella, Potter y su gavilla de tarados no tendrían misericordia de él. En resumen, toda su existencia era una verdadera desgracia: ser molestado por un bravucón cuyo porcentaje de nivel de egocentrismo sobrepasaba al de habitantes de China, defendido por una asquerosa sangre sucia sabelotodo, ser un maldito impopular por ser un experto -sin pizca de soberbia- a la rama más sutil de la magia: las artes oscuras. Es por eso que el cretino de Potter le tenía tanta inquina. Porque él sabia de magia más poderosa que el "superhéroe" Potter no podía hacer. Tenia que ser eso, porque sino ¿Qué otra cosa podría ser¿Qué Potter odie las artes oscuras? Ja¡Eso tendría que ser una broma! El imbécil de Potter no ponía limitaciones cuando tenia que demostrar que él era el mejor en todo. Además, todos los magos y brujas desean obtener el máximo poder ya sea del bando bueno o el bando malo. Potter no podía ser la excepción. Conociéndolo, seria una broma que no lo fuera...

Pero, en esta ocasión, Severus Snape no tenía razón...

Sin embargo, ese detalle no le importaba. Potter lo envidiaba y eso era un hecho. Aunque a veces pensaba que era todo lo contrario y eso lo enfurecía también, porque pensar así es darle la razón a lo que el estúpido de Jimmy Potter dijo en voz alta: "Tiene envidia de que nosotros seamos atractivos, guapos y que tengamos el cabello limpio mientras él, no".

Si pudiera vengarse... Si pudiera devolverle todos y cada uno de las bromas que recibía de él... Si pudiera torturarlo hasta que pidiera perdón de rodillas, humillado como lo obligaba a él... Hasta que se arrastrara hacia él y le rogara que parara ese dolor infernal que le hacia a él...

Sabía la maldición... Pero no... Podía pronunciarla sin ningún problema pero no... Si lo hacia, será expulsado inmediatamente porque Dumbledore leía sus pensamientos... Pero, allí estaba la tentación... Perenne y que azuzaba a viva voz cada vez que los Potter y Black lo hacían comer lodo del lago... ¡Demonios! Si tan solo no hubiera reglas... no hubieras prohibiciones y tabúes para defenderse como se debe ser...

Pero no sabia que muy pronto, ese tabú no seria tan prohibido porque alguien, que lo veía desde lejos, podía darle todo lo que él deseara...


Al margen de eso, los pensamientos de Severus Snape no eran prioridad para nuestros amigos. Los mellizos tenían otros asuntos que atender llamados "chicas". Ese término no era problema para Jimmy Potter. El mellizo sin gafas se senita bien con su fama de Don Juan y no pensaba sentar cabeza jamás. Por el momento salía con una chica. La chica de turno llamada Rose Tanner. Era mejor salir con alguien que no le interesaba que la engañara con cinco con tal de no hacerle pasar la vergüenza de terminar con el chico más popular de Hogwarts; y no con una tonta sentimental que lo va a estar celando hasta con la que le pedía la hora. Por otra parte, James Potter aun no había conseguido su cita más grande y riesgosa: conseguir que Lily Evans saliera con él. Desde que la conocía esa muchacha había significado algo para él. No sabía con exactitud que era lo que lo había motivado a pedirle cita a la más energúmena de las alumnas del colegio y que no le producía ningún tipo de admiración; sin embargo, había algo en ella que había movido su ser para querer ser su novio, salir con ella y que nadie más lo haga.

Al parecer el momento le llegó una semana antes de navidad. Cuando Slughorm hizo un anuncio antes que tocara la campana.

—Chicos, antes que se vayan quiero decirles a todos los del Club Slug que voy a hacer una fiesta aquí. Ya saben que pueden llevar parejas y también aquellos que siempre he invitado también pueden venir si lo desean. Es este sábado. No falten.

Lo último dijo mirando directamente al grupo que disimularon mirando a cualquier lado. Sonó la campana y todos se levantaron de sus asientos.

—¿Club Slug? —preguntó Sirius—. Ese gordo cada día está más chiflado.

—No creo que sea mala idea —dijo Remus.

—No entiendo que de especial son esas reuniones que todos los que van lo comentan —comentó Sirius—. Seguramente Slughorn se para de cabeza porque eso si seria para comentar.

Los muchachos se rieron al pasar por un grupo que iba en sentido contrario. Una chica se chocó con Jimmy.

—¡Fíjate por donde vas, McCainer! —masculló Jimmy—. Deberías acomodarte esos lentes.

—¡No te importa, Potter! —le respondió la castaña muy molesta—. Yo... quería hablar con Remus —dijo lo ultimo mirando directamente a Remus.

—¿Para que quieres hablar con él? —preguntó Jimmy algo molesto.

—Nada que te incumba —le espetó ella—. Remus¿puedes? —preguntó ella mirándolo con timidez.

—Claro, Annie —dijo Remus y se alejó con ella hacia un rincón.

—¿Qué pasa, Jim? —dijo Sirius apoyando un brazo en el hombro del mellizo que miraba ceñudo como la muchacha hablaba con Remus—. ¿Acaso no te gusta que Remus hable con McCainer?

—¡McCainer puede hablar con el que le de la gana pero... No me gusta este cuchicheando con Remus!

—¿Y se puede saber por que? —preguntó James mirándolo con diversión.

Jimmy no respondió. Al rato llegó Remus.

—Se puede saber que te dijo Dientes de lata McCainer? —preguntó Jimmy dejar de fruncir el ceño.

—Que fuera su pareja para la fiesta de Slug y no le digas eso a Annie —contestó Remus a Jimmy. Jimmy se quedó helado.

—¡¿CÓMO ES LA COSA?! —exclamó escandalizado el mellizo.

—No entiendo porque te pones así —respondió Remus a su amigo—. Annie no tiene pareja para el baile y simplemente me pidió que la acompañara.

—¡Pero... Pero! —balbució el mellizo—. ¡No tenia que pedírtelo a ti¡Podía... podía pedírselo a... a...¡A Parker! No a Parker no, capaz se aprovecha... ¡Pues...¡Ni siquiera debería ir a esa fiesta!

Todos lo miraron como si el muchacho empezara a hablar en pársel y eso que Thomas lo sabía muy bien.

—Jimmy —dijo Remus—. Medita lo que estás diciendo. Annie tiene todo el derecho de salir con quien quiera... Tú no eres nada para ella.

—¡Por favor¿Quién quisiera salir con Dientes de lata?

Remus frunció el ceño.

—Annie no es fea, Jimmy. Te pediría que no hables así de ella. Si tanto te molesta que vaya con ella, podrías llevarla tú.

El mellizo se puso rojo de repente.

—¿Yo?... ¡Por favor¡El gran Jimmy Potter no va a ese tipo de reuniones¡Y más con una chica que le brilla la sonrisa no por tenerla extremadamente blanca sino por sus frenillos y que tiene una derecha que es capaz de mandar a la misma Patagonia con un buen golpe!

—Bueno, si sigues con ese egocentrismo entonces no te interfieras en su vida.

Jimmy abrió la boca para contestar pero no dijo nada. James y Sirius sonrieron traviesamente.

—¡Oh, vamos Remus! —dijo Sirius—. ¡A Jim le gusta Dientes de Lata y por eso esta celosito!

—¡No me gusta McCainer¡Nunca me ha gustado!

—Jimmy... —empezó a decir Thomas mirando detrás de él.

—¡Admítelo¡Esa chica te gusta¡Admite que McCainer te robó el corazoncito!

—Nadie roba el corazón de Jimmy Potter y menos una chica insulsa como ella.

Alguien chocó contra él y pasó de largo sin pedir disculpas. Era Annie. Todos la vieron y notaron que estaba llorando. Remus lanzó a Jimmy una mirada de reproche antes de ir tras ella.

—Oyó todo lo que decías—dijo Thomas acercándose a Jim—. Estaba detrás de ti.

Jimmy estaba muy incomodo pero se encogió de hombros.

—¿Y qué? —tratando de parecer indiferente—. Ella sabe que eso es verdad.


—¡Annie¡Annie, espera!

Annie no paró hasta que llegó al lago. Allí se dejó caer en la orilla y se puso a llorar escondiendo su rostro en sus rodillas. Remus se acercó y se sentó junto con ella.

—No llores, Annie. Jimmy no sabía lo que decía.

—¡Es verdad, Remus! —gimió ella quitándose los lentes y limpiándose los ojos—. ¡Soy horrible!

—Jimmy no sabe ver la belleza del alma. Es un muchacho mundano pero es un buen chico.

—¡Buen chico! —dijo con sarcasmo Annie—. Un buen chico no dice esas cosas. Él era un buen chico cuando nos conocimos. Yo siempre quise ser amable con él pero siempre tiene que dejar que su lengua piense en ver que su cabeza.

—Sí, ese es su gran defecto —dijo Remus sonriendo débilmente—. Pero Jimmy no es así. Es un gran amigo a pesar de todo. Sólo que no comprende que ser bello viene de adentro.

Annie gimió y Remus le puso un brazo en los hombros. La muchacha se ruborizó y se dejó abrazar.

—No debes llorar, Annie. Una chica tan linda como tú no debe llorar por ese tipo de cosas. Tú eres especial. Eres una de las primeras del curso. Tienes unos bonitos ojos cafés y eres más inteligente que todas esas chicas que babean por los mellizos.

Annie sonrió tímidamente.

—Lily y tú son unas chicas muy especiales. Nunca debes avergonzarte por trivialidades como la belleza exterior.

—Pero los frenos...

—Los frenos son temporales, mi querida Annie —dijo Remus sonriendo algo que hizo sonrojar a la chica—. Vamos —se levantó y le extendió la mano—. No quiero verte así cuando vayamos a la fiesta de Slughorn. Quiero que ese día te veas como la chica bonita que eres y que todos me envidien.

—Eso es imposible... —contestó ella lacónicamente, bajando el rostro.

—No es imposible —dijo él levantando su rostro—. Eres bonita por dentro y por fuera. Nunca lo olvides. Vamos, ya no llores —dijo Remus secándole las lágrimas y Annie sonrió—. Así me gusta. Ya quiero que sea la fiesta. Así no te pondrás triste por trivialidades que dice Jim. ¿Dónde está Lily?

—Fue con John a la biblioteca —respondió la muchacha—Desde que le pidió a John llevarla a fiesta no ha dejado de estar a su lado.

—Ya veo —respondió algo serio—. Llegaremos tarde a Transformaciones. Vamos al castillo.


Los muchachos entraron a la Sala Común riendo. Habían hecho una broma a la Señora Norris presentándole a un nuevo amigo: Sirius Black convertido en perro. La pobre Señora Norris pasaría un muy buen tiempo en su canasta hasta que moviera a aparecer; porque con el susto que se había llevado, era posible que haya perdido dos de sus sietes vidas.

Tiraron los libros a un costado y despreocupados, se sentaron en los sillones al lado de la chimenea.

—¡Mañana es la fiesta del gordo Slug! —dijo Sirius sacándose los zapatos.

—Sirius¿quieres hacer eso en otro lado? —dijo Thomas con asco, sacando su pie de su cara pues el rubio estaba echado en la alfombra justo a lado del sillón donde estaba Sirius—. ¡Me intoxicas el aire!

—Supongo que vas a ir con McCainer¿no? —preguntó James a Remus mirando a su hermano toser incomodo. Siempre que sacaban el tema al aire, lo hacia.

—Sí —respondió Remus omitiendo los la tos de Jimmy—. Tengo que acompañarla. Ya que Deborah va ir con Casius Callahan.

Esta vez Thomas fue el que tosió algo incomodo.

—Yo pensé que Callahan no salía con él después de ponerle los calzoncillos en la cabeza en plena clase de Defensa —murmuró Thomas fingiendo serenidad.

—Pues no. Con eso sólo conseguiste que Debbie te dejara de hablar —respondió Remus poniendo rojo al rubio—. Debbie va a ir con Callahan y Lily va a ir con John.

—¿QUÉ? —preguntó James de pronto, levantándose de la alfombra—. ¡¿Cómo es eso que Evans va a ir?!

—Es la favorita de Slughorn. ¿Qué esperabas? —contestó Sirius.

—No sabia que Evans iba a esas fiestas —dijo James ceñudo y cruzado de brazos—. Sí es así, yo también iré.

—No seguirás con el capricho de querer invitar a salir a Lily¿verdad? —preguntó Remus frunciendo el ceño.

—Ya te dije que no es capricho, Remus —se defendió James—. Evans no es un capricho, es un reto.

—¡Es igual! —masculló Remus.

—No importa. Mañana iré a esa fiesta y conseguiré que Evans salga conmigo.

—Evans ira con John —le soltó Jimmy.

—A John siempre le puede dar algo —dijo James sonriendo maliciosamente. Jimmy, Peter y Sirius aplaudieron la idea del mellizo mientras Remus ladeaba cabeza de un lado a otro.

Llegaron a la oficina de Slughorn, y el ruido de las risas, música y conversaciones en voz alta, se iban haciendo más fuertes a cada paso que daban. Al llegar se sorprendieron al ver que la oficina parecía ser mucho más grande que las oficinas de los demás maestros. El techo y las paredes habían sido cubiertos con adornos colgantes color esmeralda, carmesí y oro; el lugar estaba repleto y sofocante, bañado en una luz roja que salía de una lámpara adornada en oro que colgaba del centro del techo, en el cual auténticas hadas estaban revoloteando, cada una brillaba como una partícula de luz. Un fuerte canto acompañado de un sonido como de mandolinas venía de una esquina lejana. Una bruma de humo de pipa estaba suspendida sobre varios ancianos brujos metidos en la conversación, y un buen número de elfos domésticos a chillidos trataban de abrirse paso por entre una selva de rodillas, ocultos por los pesados platones de plata que sostenían con comida, de modo que parecían como pequeñas mesas ambulantes.

—¡Jimmy! —chilló una voz por detrás.

Una chica de cabello negro largo que le llegaba hasta la cintura se había acercado al aludido sonriéndole descaradamente. Jimmy le devolvió la sonrisa. James ladeó la cabeza con resignación. Su hermano siempre hacia eso con la novia de turno y esta vez había recaído en una de Ravenclaw, una chica llamada Rose Tanner.

—¿Por qué no me dijiste que ibas a venir? —se quejó la muchacha con voz melosa al mellizo sin gafas—. Bien pudimos venir juntos.

—James fue el que se animó a venir a esta fiesta —contestó Jimmy mirando a su hermano. El muchacho estaba buscando con la mirada a una cabellera roja en particular. Sabía que había venido sola porque en esos momentos John Parker debía estar bien dormidito escondido en los baños de los prefectos.

—¡Aquí están mis chicos! —retumbó la voz de Slughorn al verlos—. Pasen, pasen¡Hay mucha gente que quiero que conozcan!

Slughorn estaba usando un sombrero con borla de terciopelo que combinaba con su chaqueta. Slughorn los llevó decididamente dentro de la fiesta.

—Chicos, quiero que conozcan a mi querida amiga Catriona McCormack, la jugadora estrella de los Prides of Portree, y a sus hijos Meaghan y Kirley.

Una mujer de unos cuarenta años, de cuerpo atlético y rostro alegre, los sonrió junto a los muchachos. Sirius, James y Jimmy se quedaron boquiabiertos, Thomas se las cerró inmediatamente pero también muy sorprendido. ¿Cómo era posible que Slughorn conociera a la mejor cazadora de toda la liga de las islas?

—¡Madre de todos los santos! —murmuró Jimmy sorprendido junto con Rose Tanner.

—Un gusto conocerla, señora McCormack —saludó James muy impresionado—. ¡Es increíble conocer a la mejor jugadora de todos los tiempos!

—Exageran, chicos —dijo la señora McCormack, halagada. Su hija Meaghan resopló aburrida mientras Kirley miraba a su alrededor.

Los muchachos se comían las ganas de pedirle un autógrafo. Slughorn al notarlo, se rió.

—Catriona fue mi alumna cuando ella estuvo aquí en Hogwarts. Más deportista que alumna.

—Mi vida es el quidditch, Horace —respondió Catriona sonriente—. Pero también lo son mi esposo y mis hijos.

Abrazó a la muchacha que estaba a su lado. Al parecer la chica quería estar en cualquier otro lugar que no fuera ése.

—Ahora eres toda una madre de familia

James se volvió alrededor. Había un buen grupo que miraban a Catriona con emoción.

—Ellos son los chicos más populares de la escuela, Catriona —dijo Slughorn. Las mejillas de todos se pusieron rojas—. En primer lugar están los Potter. Jimmy y James, les sigue el señor Sirius Black —Catriona le sonrió a Sirius lo cual hizo que el muchacho se ruborizara notoriamente—, nuestro estimado Thomas Ryddle —Thomas le dio la mano muy apenado— y el pequeño Peter Pettigrew —Peter le estrechó la mano muy nervioso.

—Es realmente un placer conocer a los chicos que le ponen el toque de humor al colegio—dijo Catriona mirándolos—. Tanto el profesor Slughorn como mis hijos me han hablado mucho sobre ustedes.

—Esto... ¿De veras? —dijo Jimmy mirando a la muchacha. Esta vez fue ella la que se ruborizó.

—Sí, Meaghan no hace otra cosa que hablar de ustedes y de lo buenos que son en el Quidditch. Ella es la guardiana de su casa, Hufflepuff.

—¡Mamá! —se quejó la muchacha muy apenada.

—¡Ah, ya recuerdo! —se acordó James mirándola—. Tú eres McCormack. La chica que hizo esa maniobra mortal en el partido que tuvimos en noviembre. ¡Fue estupendo! Paraste mi lanzamiento.

La muchacha lo miró ruborizada pero sonrió.

—Tú tampoco lo hiciste tan mal, Potter. Esa finta que hiciste fue impresionante.

—¿Dónde está el señor Lupin? —preguntó Slughorn al grupo—. Es extraño verlo sin ustedes.

—Está acompañando a McCainer —respondió James mientras Jimmy volvía a toser incomodo.

—¡Ah, sí, ya recuerdo¡A la señorita McCainer! —exclamó Slughorn—. Es la chica que te presente, Catriona.

—Ah, si. La hermosa señorita que me saludó con amabilidad.

Jimmy estuvo a punto de refutarle lo de "hermosa señorita" cuando vio a la compañera de Remus. Éste conversaba con Lily Evans —la muchacha de vestido rojo y ojos verdes que estaba a su lado era in duda Lily Evans—, pero a su lado estaba una hermosa muchacha que nadie conocía. Por primera vez en su vida. Jimmy Potter estaba tan perplejo que no podía articular palabra alguna¿era eso posible?

—¡Es... es preciosa!–murmuró Jimmy, cerrando la boca abierta con un asombro imposible de describir. Rose hizo mohín al escuchar eso—. ¿Quién rayos es ella¡no la conozco! No se suponía que Remus iba a salir con McCainer.

—Yo creo que ella es McCainer, mi amigo —respondió Thomas muy sorprendido.

—¡No! —dijo Jimmy mirando a la muchacha que se reía sin ningún freno en sus dientes—. No puede ser McCainer... Esta chica es... es... es la chica más linda que he visto en mi vida...

—Pues si vas a estar mirándola, lo mejor será que me vaya —dijo Rose muy molesta algo que Jimmy ni siquiera notó. Por el contrario, el chico se había acercado hacia Remus y solicitó un baile con ella.

James también se había sorprendido al ver a la muchacha que acompañaba Remus, pero su sorpresa fue cambiada por indignación cuando el hijo de Catriona McCormack se acercó a Lily que conversaba junto con Remus.

—¿Me permite esta pieza? —preguntó cortésmente. Lily lo miró sorprendida pero sonrió con lo cual solo hizo que el ceño de James se frunciera más.

El muchacho la llevó al centro y empezó a bailar con ella, lo que causó unos raros pero intensos celos en James. Detrás de él, Slughorn comentaba con Catriona McCormack.

—Al parecer tu hijo le ha echado el ojo a mi mejor alumna, Catriona.

James sólo pudo pensar en tres cosas: Una, que Kirley McCormack acabaría encerrado en los baños de Myrtle La Llorona. Dos, que Slughorn era un grandísimo idiota y tres, que tenia que hacer algo en esos momentos o el idiota seria él por haber quitado del camino a Parker para que otro ocupara su lugar. Por lo que se acercó hacia la pareja.

— Disculpa —interrumpió en ese mismo instante—. ¿Puedo bailar con la señorita?

Kirley no dijo nada por lo que James se aprovechó y tomó a la muchacha del brazo y la arrastró de nuevo hacia el centro de la pista de baile. Lily lo mitraba como si le hubiera salido un brazo por la frente y no pudo replicar porque ya estaba bailando con él.

—¿Con qué derecho vienes a sacarme a bailar, Potter? —masculló la pelirroja con los dientes apretados—. No te basta con haberte deshecho de mi pareja de esta fiesta.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó James incrédulo.

—¡Por favor! —bufó Lily—. ¡Es lógico! John desapareció misteriosamente después de hablar contigo, Potter. No entiendo porque me haces estas cosas si yo no me meto contigo.

—Pero a mí me gustaría que te metieras conmigo, Evans —le respondió suavemente, algo que hizo toser de incomodidad a la pelirroja.

—No sé qué haces aquí, Potter —preguntó la pelirroja rehuyendo de su mirada—. ¡A ti no te gustan estas fiestas!

—¿No lo imaginas? —contestó James sonriéndole de una manera seductora—. Vine porque me dijeron que una pelirroja venia a estas fiestas y pensé: "¿Por qué no? Así podría aprovechar para invitarla a salir"

—¿Salir? —la pelirroja lo miró con las cejas arqueadas—. ¿No pensaras que me creo el cuento de que quieres salir conmigo?

—Te lo vengo pidiendo desde que comenzó el curso, Cabeza de Zanahoria —respondió James. La melodía terminó y antes que Kirley se acercara a ellos, James se la llevó hacia fuera de la oficina de Slughorn.

—¿Por qué me sacaste de la fiesta?

—Quería hablar contigo sin interrupciones—contestó James—. No te miento cuando digo que quiero salir contigo, Evans. ¡Anda! Podríamos ir en la próxima visita a Hogsmeade. Iríamos a Honeydukes, a Las Tres Escobas, Zonko...

—No —le cortó la pelirroja con voz fría—. No saldré contigo ni a Hogsmeade y ni a ningún lado.

James la miró fijamente cuando oyó a Lily decir esas cosas.

—Lily, vamos. ¿No puedes decirlo en serio?

—¿No lo crees, Potter? —preguntó Lily muy molesta—. Seguramente piensas que porque eres el más popular todos te adoran. ¡Pues déjame pinchar tu burbuja de cristal¡Yo nunca saldría con un chico que siempre para divirtiéndose a costa de los demás!

—Yo no hago eso...

—¿Ah, no¿Y qué me dices de Severus Snape? —le espetó la pelirroja y James se quedó frío—. Siempre buscas el motivo para molestarlo, para ponerlo en ridículo delante de todo el colegio. Tanto tú como Black y tu hermano lo molestan tanto que todos los estúpidos que los siguen también hacen lo mismo.

—¡Oh, vamos, Evans! —dijo James algo exasperado pero muy incomodo por el comentario—. ¡No se puede sentir pena por Quejicus!

Lily lo miró furibunda.

—No me equivoco al rechazarte, James Potter. Eres la persona más despreciable que he conocido en mi vida. No saldré contigo ni ahora ni nunca.

Se dio la vuelta y regresó al salón, agitando su cabello rojo.

—¡Lily¡Espera!

—¡No me sigas! —dijo la pelirroja imperativamente—. Odio que me sigas y veas con quien salgo para hechizarlo. Yo no soy ninguna de tus novias para que estés haciendo esas cosas. Pero... —se rió amargamente—¿a quien le hablo? Seguramente tendrás un mapa de todo Hogwarts en donde las ves a cada de una en donde está ¿verdad? No me sorprendería. Viniendo de ti, no me sorprendería.

Dicho esto, siguió su camino hacia la oficina de Slughorn.

James la vio irse, impresionado por sus palabras. Nunca, en su vida adolescente, ninguna chica lo había rechazado. ¿Quién podía rechazar a uno de los chicos más populares de la escuela? Es decir, todo el mundo lo adoraba. Hasta ese momento, James no sabía lo que significaba el dolor de un rechazo. Era algo mortificante que le haya pasado eso a él. Sin embargo, hizo que James se pusiera a pensar en la fría muchacha de cabellos rojos. Aunque le haya dado calabazas esa chica tenia algo especial y eso hacia que su deseo de salir con ella aumentara. No, ya no era un capricho, ni un reto como le había dicho a Remus. Era una obligación, una obligación con su alma, con esa extraña y fastidiosa cosa que sentía cada vez que veía a la pelirroja.

Si algo debía rescatar de lo que había dicho Evans era acerca del supuesto mapa. No era tan mala idea hacer un mapa para ver donde estaba ella, con quien estaba, porque la pelirroja tenia razón. Era algo odioso seguirla para ver con quien estaba -aunque tuviera la capa puesta-. En ese momento, la idea inundó su cabeza y se amplió. ¡Eso era lo que necesitaba¡Un mapa! Con el rostro iluminado empezó a correr por el pasillo.


— Nunca te había visto antes¿de que casa eres? —preguntaba Jimmy en la fiesta, mientras bailaba con la enigmática muchacha—. ¿Por qué no me quieres decir nada¿Estás enfadada porque te alejé de Remus?

—... No...

—Bue... bueno...–Jimmy no supo por qué, pero sentía que se estaba sonrojando—. Me alegra saber eso —se calló por unos segundos esperando a que ella le diga algo pero no dijo nada—. Sin embargo, no me dices nada... ¡Creo que me estoy portando como un idiota...

—No

Jimmy controló a duras penas sus ganas de sonreír estúpidamente. ¿Qué le estaba pasando¡se estaba quedando sin palabras!.. ¡EL¡que siempre tenía mucho que decir!..

—¿Cómo te llamas?

—¿Para qué? Mejor que no lo sepas.

—Me gustaría salir contigo después —contestó Jim.

La muchacha bufó.

—Tú solo sales con chicas lindas.

—Por eso, tú eres linda —contestó Jimmy—. La chica más linda de todo Hogwarts.

—¡Por favor! No soy linda. Todo el mundo lo sabe. Tú eres el que me lo repite cuando me ve.

—Te juro que es la primera vez que te veo —respondió Jimmy confundido. ¿Quién era esa chica¿Cómo es posible que nunca la haya visto¡Por favor! Esos ojos cafés, su cara avalada, el cabello castaño que caía como una cascada por sus hombros, esos delgados mechones delante de sus orejas, nariz y labios perfectos... y ese embriagador perfume de jazmín que desprendía de su cabello... Una chica así nunca podría sacársela de la cabeza.

—Tienes razón —contestó la muchacha extrañamente molesta—. Es la primera vez durante todos los años que me conoces, Jimmy Potter que me ves. Siempre he sido para ti la anodina chiquilla. A la que molestaba a cada rato sin saber el porqué y cuando te hiciste popular, la única que no babeaba por ti. Sí, Jimmy. Es la primera vez que me ves por encima de todas tus novias y ya que lo has hecho, te aseguró que será la ultima —dicho esto se volvió.

—¡Espera! —dijo Jimmy muy confundido—. ¡Espera¿Cómo te llamas?

—¿No me reconoces? —preguntó la muchacha sarcástica—. Pregúntale mañana a Dientes de Lata McCainer. Ella seguramente te dirá como me llamo.

Dicho esto se fue hacia donde estaba Remus.

Jimmy se quedó perplejo. ¿Quién era esa chica? Iba a seguirla si no fuera porque oyó algo desde su bolsillo.

—¡Jim, Jimmy!...

Salió de la oficina de Slughorn y sacó un espejo de su bolsillo. Cualquiera que lo hubiera visto pensaría que se estaba mirando a un espejo común. Cualquiera que no viera el reflejo que proyectaba el espejo, porque no era su rostro el que aparecía allí sino el rostro de su mellizo James.

—¿Qué pasa?

—Busca a todos y diles que nos encontramos en la Casa de los Gritos en diez minutos. ¿Se me ha ocurrido algo estupendo!

—Espero que no sea una broma relacionada a cierto hijo de Catriona McCormack.

—Aunque es un buen tema no lo será en esta ocasión —respondió James—. ¡Anda! Avísales a todos. Sirius no me contesta porque de seguro debe estar tratando que Catriona McCormack le regale entradas gratis para el próximo partido.

Jimmy asintió, guardó el espejo en su bolsillo y entro a la oficina de Slughorn.

Tal como había dicho James. Sirius, junto con Peter, estaba hablando con Catriona McCormack de lo más animado. Discretamente, Jimmy le pasó el recado de James y le dijo que le avisara a Remus.

—¿Y por qué no le avisas tú? —preguntó Sirius. Jimmy tosió algo incomodo señalando discretamente a la muchacha que Remus acompañaba—. Vale, entiendo. Está bien. Ve a buscar a Thomas.

Se adentro entre la gente que estaba bailando. Podía haber jurado ver al antiguo capitán de los Maggies, Hamish MacFarlan; pero se pudo quedarse a comprobar porque tenía que buscar a su amigo. Cuando lo encontró deseó haber quedado a pedirle un autógrafo a Hamish MacFarlan, porque su amigo estaba en plena discusión con su "hermanita" Deborah.

—No te debe importar con quien salga, Thomas —chilló Deborah—. Léelo de mis labios: No-Te-Importa.

—¡Sí¡Sí me importa!— dijo Thomas igual de enojado—. ¿Crees que quiero que salgas con un tipo que no te conviene?

—¡Tengo derecho a salir con el chico que quiera!

—¡No con tipos como él, Deborah!

—¿Sabes lo que yo creo? — dijo ella con los ojos centellantes—. ¡Creo que deberías buscarte una novia, Thomas Ryddle¡Así me dejarías en paz y tendrías mejores cosas que hacer que estar hechizando a novios ajenos y cuidar a hermanas que no son de sangre!

Thomas se puso pálido.

—Cálla...

—¡No, no me voy a callar!— chilló Deborah —¡Es eso lo que te falta, Thomas¡Una novia¡Realmente es patético que me celes cuando no tienes nada conmigo¡Si tú tuvieras a alguien a quien celar, entonces no te importaría que los demás lo hicieran!

—¡No sabes de lo que estás hablando!— vociferó Thomas—. Deborah...

—¿En serio? —preguntó Deborah—. ¡Entonces dime por qué nunca has salido con alguien! —el muchacho se puso pálido—. Golpe bajo¿verdad¡Todos tus amigos han tenido novias! — gritó Deborah, que parecía estar a punto de llorar. — ¡Jimmy con Rose Tanner¡Sirius y James con una gran cantidad de chicas que ya perdieron la cuenta¡Tú eres el único que piensa que es malo¡Te repito lo mismo, Thomas¡Búscate una novia y déjame en paz!

Y con eso, se alejó enojada. Jimmy se acercó a Thomas, quien seguía perplejo.

—Vámonos— dijo Jimmy mirando a su alrededor. Las personas que los observaban decidieron volver a sus conversaciones.

Salieron de la fiesta y cuando estuvieron por un pasillo vacío. Jimmy no le dijo nada porque sabía como se sentía su amigo. Thomas se sentía desorientado, mareado, ser alcanzado por un rayo debía ser algo así. Debía pensar, debía salir a volar un rato.

Diagon — dijo sobriamente a la Dama Gorda y treparon por el hoyo del retrato hacia la sala común. .

Cuando entraron al dormitorio éste estaba vacío. Jimmy se dejó caer en su cama, mientras veía a su amigo dirigirse a la ventana.

— ¿Qué vas a hacer? —preguntó preocupado al ver al muchacho abrir la ventana.

—Necesito pensar —respondió Thomas.

—Espera —dijo Jimmy deteniéndolo—. James quiere que vayamos a la Casa de los gritos. Dice que es algo importante.

—Pasare por allí, no te preocupes. Nos vemos allí.

Dicho eso, retrocedió hasta la puerta y corrió hacia la ventana. Se dejó caer sintiendo como el aire golpeaba suavemente su rostro. Abrió sus brazos mientras la gravedad atraía su cuerpo hacia el duro piso de piedra. Cuerpo que nunca cayó porque un águila gris planeaba por el cielo azulino de Hogwarts.

¿Por qué¿Por qué le dolió? Es sólo porque ella era como su hermana. No te gustó verla besando a Casius porque es su hermana... Sin embargo, eso no era del todo cierto. Esa imagen dolía más que el simple hecho de estar celoso como un hermano mayor. Pero... ¿Qué demonios sentía por Deborah?

Ladeó con la cabeza y pasó un largo rato sobrevolando Hogwarts antes de ir hacia la Casa de los Gritos. El sauce boxeador estaba tranquilo y antes que éste pudiera darse cuenta que Thomas estaba allí, el animago pasó como una flecha por el hueco de las raíces.

Cuando llegó al salón de aquel maltratado lugar, sus amigos estaban sentados en el piso esperándolo. Se posó en el piso y se trasformó.

—Bien, ahora que ya estamos completos puedo contarles—dijo James levantándose del piso y acercándose a la mesa—. Tengo un nuevo proyecto que mostrarles.

Todos los demás se acercaron hacia el muchacho.

—¿De qué se trata?

—Señores—dijo James a sus amigos extendiendo un pergamino en la mesa—. Es hora de plasmar todo lo que hemos descubierto en esto.

—¿Quieres que encantemos este pedazo de pergamino? —preguntó Sirius escéptico.

—No, quiero que hagamos una guía para magos traviesos que vendrán después —contestó James con solemnidad—. Generaciones a las cuales tenemos que enseñar como debe ser un buen merodeador. Y esto, será nuestra huella... —señaló el pergamino con la varita—: "Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas"

Todos apoyaron sus cabezas en el pergamino. Había aparecido, a partir del punto en que había tocado la varita, unas finas lí­neas de tinta, como filamentos de telaraña. Se unieron unas con otras, se cruzaron y se abrieron en abanico en cada una de las esquinas del pergamino. Luego empezaron a aparecer palabras en la parte superior. Palabras en caracteres gran­des, verdes y floreados que proclamaban:

EL MAPA DEL MERODEADOR

—¿Un mapa? —preguntó Sirius mirando a James—. ¿Para qué un mapa si esto es el mejor mapa? —terminó señalando su cabeza.

—Un mapa, Sirius. Piensa... —contestó James acercándose a él—. Nos ha costado años¡muchos años! de incansable búsqueda por este castillo. Sabemos todo o más que muchos alumnos de este castillo. Pero¿por qué dejar que ese secreto muera con nosotros¿Por qué privar a nuestras generaciones los misterios de Hogwarts¿Por qué...?

—¡Vale, vale¡Ya entendí! —exclamó Sirius cansado—. Tienes razón. Es un pecado dejar que el secreto muera con nosotros. Por lo tanto —levantó la mano—, apoyo la moción.

James miró a los demás. Peter levantó la mano; pero Thomas, Jimmy y Remus parecían meditarlo.

—¿Qué dicen?

—Pues es una buena idea, hermano. Mis vástagos te lo agradecerán. —dijo Jimmy.

—Un mapa... —murmuró Thomas pensando en ello—. ¿No pondremos el camino hacia la Cámara de los Secretos, no?

—Obviamente —contestó James.

—Entonces, apoyo la moción.

—¿Y tú, Remus? —preguntó James.

—Será muy divertido —contestó al fin.

—pues bien! Tenemos que empezar...

Y así transcurrió la noche y cuando el sol empezaba a salir por el Oriente. El pergamino mostraba cada detalle del castillo de Hogwarts y de sus terrenos. Era extraordinario ver un mini Hogwarts en ese papel. Pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta. El mapa mostraba una serie de pasadizos jamás vistos. Muchos parecían conducir a Hogsmeade, el pueblo mágico cercano a Hogwarts.

—Pues, bien muchachos. Falta la firma...

—No podemos firmarlo con nuestros nombres—dijo Thomas—. Si esto cae en manos Filch o McGonagall, sabrán que fuimos nosotros.

—O bien podemos firmar con otro nombre —opinó Remus.

—Exactamente, Remus —dijo James y colocó su varita arriba del titulo—. ¿Cómo nos llamaremos?

—Tiene que ser de acuerdo a nuestras transformaciones —dijo Jimmy.

—Bueno, entonces yo seré... —dijo James, pensando en ello—... ¡Ya sé¡Cornamenta!

—¡Oh, vamos, "Cornamenta"! —dijo Sirius riéndose mientras James colocaba su nombre en la parte superior—. ¿No puedes ser más original?

—¿Y cómo te llamaras tu, señor Nombre—Original? —preguntó James.

—Yo seré... Canuto— respondió Sirius.

—¿Canuto? —preguntó Jimmy—. ¿Qué relación tiene con tu transformación?

—Siempre quise tener un perro y llamarlo así, pero Walpurga nunca quiso que tuviera uno.

—¡Vale, vale¿Alguien más va a poner su firma en relación a su infancia reprimida? —preguntó James antes que un golpe de Sirius le cayera en la cabeza.

—Yo quiero ser Felino —dijo Jimmy.

—¿Por qué no "Minino"? —preguntó Sirius con sorna—. Porque peleas peor que un gatito.

—¿Quieres que te lo demuestre? —contestó Jimmy mostrándole un puño.

—¡Ya cálmense! —dijo James ent5re los dos—. ¡No es momento para jugar al perro y al gato!

—Yo seré Plumífero —dijo Thomas.

—Yo, Colagusano —dijo Peter.

—¡Al fin un nombre original! —exclamó James apuntaba los nombres en el pergamino—. ¿Remus?

—Mmmm... Pues... No hay nada de mi transformación que me guste, muchachos —respondió Remus.

—¿Qué tal: "Lunático"? —propuso Sirius y Remus sonrió ligeramente.

—Podría ser... —respondió algo dubitativo.

—¡Entonces, ya está! —dijo James mostrándoles el mapa—. Miren...

Tocó la punta de su varita en el pergamino y el mapa quedo así.

Los señores Lunático, Colagusano, Canuto, Cornamenta, Felino y Plumífero

proveedores de artículos para magos traviesos

están orgullosos de presentar

EL MAPA DEL MERODEADOR

—¡Perfecto! —aprobaron todos.

—Siento que voy a llorar —dijo Sirius fingiendo emoción—. Estamos echando las semillas para las nuevas generaciones.

—Aquellas generaciones de quebrantadores de la ley que seguirá las sagradas pautas que les estamos dejando —añadió James con solemnidad.

—Siempre y cuando sean dignos de ellas —dijo Thomas sonriente.

—Y esperemos que sean dignos de ellas —completó Jimmy—. Por ejemplo: Hacer estallar un retrete o crear nuevas bromas es un buen principio.


Notas de autora:

Hola a todos! Por fin regrese... aunque sea por un breve tiempo. Mi agonía no acaba y tengo que esforzarme si quiero lograr mis metas. Por el momento estoy de vacaciones y trataré de publicar más capítulos durante ese tiempo de ocio. Espero que la espera sea fructífera porque no he vuelto a recibir reviews desde el capitulo 15. Pero bueno espero que este capi les guste. Espero que me disculpen por no poder publicar el Oneshot porque aun no lo termino. Hasta el momento sólo puedo decirles que va a estar muy divertido y darles el titulo: La Copa del Mundo.

Ahora si que las cosas están bien criticas para los chicos. Esta bien que ahora sean unos animagos y que tengan un club de admiradores en Hogwarts -y no va ser! Con chicos tan cuerazos! (explicación de "cuerazo": jerga peruana aludida a un chico muy atractivo) -. Pero veo que nadie se animó a descubrir el reto¡que mal¡así me van a hacer pensar que nadie lee mi fic! buaaaa!!!...) Bueno, me despido porque estoy algo cansadita. Acabo de venir de un recital de danzas del hermano de mi enamorado que queda en un lugar muy lejos de mi casa y como que estar sentada durante una hora y media en el carro que me lleva a casa como que da sueño y cansa. Aunque valió la pena ir porque fue un buen espectáculo.

Ya saben: Para preguntas, críticas, insultos, comentarios, opiniones, amenazas de muerte, mentadas de madre o declaraciones de amor, mándeme un review.


Reviews:

Caroblack: Muchas gracias por leer mi fic. Espero que el cap. 16 te haya gustado como este.


Avances del próximo capitulo 18: El rencor de Snape.

¿Todo bien, Quejicus?— preguntó James en voz alta.

¡Expelliarmus!

Snape yacía jadeando en el piso. Los mellizos y Sirius avanzaron hacia él, con las varitas levantadas. Peter también se había levantado, observando ávidamente, rodeando a Remus para tener una mejor vista. Thomas miraba la escena desde su lugar con una hojita de césped en sus labios. ...

Espérate —.jadeó, clavando sus ojos en James con una expresión de odio puro—. ¡Espérate!

¿Esperar a qué?— preguntó Sirius fríamente—.¿Qué vas a hacer ahora, Quejicus, frotar tu nariz en nosotros?

Por favor, Canuto. No le des ideas —dijo Jimmy con sorna—. Capaz que lo hace y no podremos quitarnos toda la grasa que nos echara encima. ...

¡Déjalo EN PAZ!

James, Jimmy y Sirius voltearon a ver. La mano libre de James fue directamente a su pelo una vez más.

Nota: El contenido de este avance puede variar o aumentar a medida que se me vengan las ideas. Al igual que el titulo... ¡Para no prometer en vano!


Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.