ERASE UNA VEZ… UNA MÁGICA HISTORIA.

18

El rencor de Snape

Llegó el día. Las luces del sol se filtraban por los cristales rotos de la Casa de los Gritos en Hogsmade e iluminaba la habitación destrozada que en ese momento albergaba a seis muchachos dormidos en el suelo. Todos ellos alrededor de un pergamino en cuyo contenido estaba dibujado un mapa. Pero no cualquier mapa, era un mapa que mostraba cada detalle del colegio de magos Hogwarts y de sus terrenos.

Desde los alrededores del castillo hasta el despacho del director. Miles de pasillos inexplotables para muchos y conocidos por los muchachos. Las cuatro salas comunes, los salones de clases, la cabaña de Hagrid, los invernaderos, etc, etc y etc. Todo estaba allí, en ese pergamino. Pequeñas motas de tinta que se movían por él, cada una etiquetada con un nombre escrito con letra diminuta, representaban a las personas que estaban en esos momentos en Hogwarts. El fantástico mapa debía de haber sido producto de un duro trabajo, de hecho así lo era. Digamos que toda una noche sin descanso y sin ninguna taza con café que ayudara a alejar el cansancio, algo que cualquier muggle e incluso mago (con parientes muggles y que no tenga una poción para quedarse despierto a la mano) haría en una amanecida de arduo trabajo. Pero cuando uno está inspirado, el cansancio y la fatiga desaparecen y retornan cuando el trabajo ha concluido. Lo mismo les sucedió a nuestros amigos.

El primero en despertar, para sorpresa de todos y de la que narra esta historia, fue Jimmy. Al notar que estaba en el suelo, trató de levantarse. Pero todos sabemos que dormir en el suelo durante horas no es algo recomendable si no se quiere despertar con un buen dolor de espalda. Lo mismo sucedió con el merodeador (nombre que adoptaron hacerse llamar esa misma noche). Un quejido demostró la incomodidad de su descanso.

En ese momento, recordó todo lo acontecido en el día anterior. El mapa, la fiesta, la castaña…

—¡La castaña! —exclamó, levantándose de golpe sin importarle el dolor de su espalda—. ¡Ella dijo que McCainer me diría sobre ella!

Cogió el mapa del merodeador y empezó a buscar a McCainer por todo Hogwarts. Mientras trataba de localizarla, los demás empezaron a levantarse.

—Buenos días —murmuró Thomas mientras arqueaba su espalda.

—¿Quién fue el idiota que sugirió que durmiéramos aquí? —preguntó Sirius masajeando su nuca.

—¿Qué haces, Felino? —preguntó Remus.

—¡La encontré! —exclamó el muchacho—. ¡Está en el Gran Comedor! ¡Muy bien, McCainer! ¡Tú me tienes que decir muchas cosas!

Le dio el mapa a Remus y sin decir más, se hecho a correr dejando a sus amigos confundidos. James cogió el mapa. Una mota etiquetada con el nombre "Ann McCainer" estaba a lado de otra con el nombre de "Agnes Daniels" en el Gran Comedor.

—¿Qué se trae Jimmy con Dientes de Lata? —preguntó Sirius a James, quien se encogió de hombros.

—Yo creo que Jimmy se llevara una buena sorpresa al llegar al Gran Comedor —dijo Remus con una sonrisa.

Todos lo miraron pero él no dijo más porque un gruñido masivo de cinco estómagos interrumpió su comentario.

—Bueno, esto solo significa que debemos ir a buscar algo de comer —dijo James cogiendo la capa—. Canuto, por favor… —indicó el mapa.

Sirius sacó su varita. Apuntó con ella el mapa y dijo:

—Travesura realizada.


Jimmy no se había detenido desde que empezó a correr, evadiendo en su camino a cuanto profesor se le apareciera para que no le quite el tiempo con un castigo. Al llegar al Gran comedor, la vio. La muchacha estaba conversando con Agnes de lo más amenamente. Tomó un poco de aire, pues había perdido mucho en su trayecto hasta el gran Comedor y se acercó hacia las muchachas, decidido a que McCainer le dijera sobre la identidad de la hermosa castaña.

—McCainer, quiero hablar contigosolicitó imperiosamente.

Pero cuando Annie se volvió hacia él. La impresión que se llevó borró lo que iba a decir.

Al parecer, por estar tan metido en lo que le iba a decir no se había dado cuenta que la McCainer que conocía no llevaba la misma apariencia de siempre. No tenía las características gafas ovaladas ni los frenillos en sus dientes. No, frente a él estaba la otra muchacha que recién había conocido. Ante él estaba la hermosa castaña. No era el único que la miraba como si la muchacha tuviera un tercer ojo, había también un buen grupo de muchachos mirándola con asombro.

—Buenos días, Potter. ¿No sabes saludar? —dijo la muchacha agitando naturalmente su cabello cuyo aroma a jazmín reafirmaba las escuetas sospechas del muchacho—. No me extraña. Viniendo de ti…

—McCainer… Tú eres…—titubeó

—Bueno, yo me voy a mi casa para que puedan hablar a gusto —dijo Agnes levantándose.

Agnes dio una palmadita en el hombro del muchacho antes de irse. Jimmy no podía hablar. Esa chica era… La castaña era… ¡La hermosa castaña era McCainer! Pero... ¿Cómo? ¿Cuando? ¿Dónde? ¿Por qué?

—Sorprendido, ¿verdad? —dijo ella mirándolo de manera divertida—. Los frenillos solo eran temporales y las gafas eran de descanso. Pero como no tengo que darle explicaciones a nadie y mucho menos a ti, entonces dejemos la conversación hasta aquí.

—Yo…

Iba a tratar de decir algo, algún halago o cualquier cosa que borrara la expresión de idiota que tenía en esos momentos, si no fuera por Rose Tanner que lo abrazó por detrás.

—Hola, mi amor —dijo zalamería y miró a Annie—. McCainer, ¿eres tú? No te he reconocido sin las gafas y tus dientes de lata.

Annie le sonrió fingidamente.

—Pues, sí, soy. Ahora, si me disculpas, llévate a tu novio que me molesta el desayuno.

—McCainer, yo...

—Déjalo ya, Potter —lo cortó Annie dándole la espalda—. Recuerda que ahora soy yo la que no te mira.

—Vámonos, amor —dijo Rose jalándolo del brazo mientras Annie los despedía con la mano de forma burlona—. ¿Y porque tienes la misma ropa de ayer?

Jimmy se dejó llevar por Rose. Seguía mirándola sin poder dar crédito a sus ojos. ¿Cómo era posible que Ann McCainer fuera la castaña que vio en la fiesta de ayer? ¡Ann McCainer, una de las chicas menos agraciada de todo Hogwarts! ¿Magia? ¿Algún hechizo, una poción de belleza? Pero, en ese momento recordó algo había olvidado por la estúpida sensación que le hizo sentir. Los ojos cafés de la muchacha. Aquella vez en que se había chocado con ella, pudo notar por primera vez sus ojos cafés. Aquellos ojos cafés que lo habían atraído cuando los vio y que olvidó por no querer sentirse patético. Annie nunca había sido fea, solo que sus gafas, las rigurosas trenzas y los frenillos que usaba la escondían de todos. ¿Cómo no pudo darse cuenta antes?

"Pero no sirve llorar por la poción derramada" pensó sin escuchar nada de lo que Rose Tanner le venia diciendo desde que salieron del Gran Comedor. "Hay que recuperar el tiempo perdido"

—…Y como se veía peor que una banshee, le dije a Florencia que… ¿A dónde vas, Jimmy? ¡Jimmy! —pero el muchacho no se detuvo y volvió de nuevo al Gran Comedor justo en el mismo momento en que Annie salía de allí, chocándose con ella.

Pero el choque fue fuerte porque el muchacho, que había venido rápidamente, se cayeron juntos, él encima de ella. Por unos segundos, los dos se miraron y Jimmy empezó a sentir la misma sensación que tuvo su hermano con Lily Evans hace unos años atrás en Florish y Botts.

—¿Quieres salir conmigo?

La castaña no contestó, lo miraba fijamente; tanto que el merodeador sentía una sensación de mariposas en el estomago pero…

¡RELASKIO!

El muchacho salió disparado hacia el techo ante las miradas asombradas y asustadas de los chicos que estaban allí. Menos mal que el techo era muy alto pero igual le dolió, porque como dice la ley de la gravedad: "Todo lo que sube tiene que bajar" ¡Aunque fuera una caída muy dolorosa!

—¡NO VUELVAS A HACERLO, ESTÚPIDO! —le gritó la castaña alejándose de ese lugar, dejando al muchacho tirado en el suelo.

—Me lo merecía… —masculló Jimmy muy adolorido tratando de levantarse pero luego cayó al suelo de nuevo—… ¡Es verdad! ¡Todavía no he desayunado!


En la Sala Común de Gryffindor, después tomar un suculento desayuno robado de las cocinas por James y descansar un par de horas, los merodeadores (N/A: ¡Que lindo suena!) estaban sentados al lado de la chimenea jugando con los naipes explosivos. Por lo menos, tres de ellos. James y Sirius estaban dándole una buena paliza al pobre Peter. recién había empezado el juego y ya le estaban ganando. Remus seguía descansando en el sofá más cercano a ellos y Thomas por su parte no podía dejar de pensar en las palabras de Deborah.

¡Búscate una novia y déjame en paz!

Una novia... Aunque se negara a reconocerlo, Deborah tenía razón. Nunca había tenido una novia. La razón no se debía a lo físico, pues en ese aspecto no había ningún problema. El muchacho era uno de los chicos más guapos del colegio. La verdadera razón de no tener novia es que nunca había sentido la necesidad que sienten los enamorados de querer ser novio de nadie. Dicho en otras palabras, no estaba enamorado de nadie. Era esa la razón por la que el merodeador de ojos oceánicos no tuviera novia y el hecho de aceptar a una por conveniencia o diversión (como lo hacían los mellizos) tampoco le agradaba mucho porque el rompimiento sería desastroso.

—¿En qué piensas? —preguntó Remus, interrumpiendo sus pensamientos.

—Pensé que estabas dormido —contestó.

—¿Dormir con estos bulliciosos y a estas horas del día? —dijo Remus señalando a James, Sirius y Peter—. No. Mejor dime en qué piensas.

—Sí, Thomas en qué piensas —preguntó James desde donde estaba sentado—. Es raro que no quieras ayudarnos a torturar a Colagusano.

—¡Oye! —exclamó ofendido el muchacho.

Thomas iba a contarles lo ocurrido pero en ese momento Jimmy entró a la Sala Común con una cara de muerto de hambre.

—Gracias por quitarme la capa de los bolsillos de la túnica, Cornamenta —reprochó—. He sufrido para venir hasta acá pues mi estomago no paraba de gruñir.

—No te quejes que te hemos guardado algo —contestó James mostrándole su parte—. Después de irte corriendo sin explicarnos nada, lo más lógico era que no te dejaremos nada —dijo mientras Jimmy devoraba su desayuno de prisa—. ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste corriendo?

—«No greedan lo gué ha sudedido» —dijo el muchacho con la boca llena de torta de melaza.

—Se entiende mejor cuando hablas después de comer—dijo Remus sarcástico.

Jimmy tragó lo que tenia en la boca.

—Dije que no creerán lo qué ha sucedido.

—¿Qué pasó? ¿McGonagall empezó a bailar desnuda en el Gran Comedor? —preguntó Sirius haciendo que los demás se rieran.

—McCainer es la castaña de la fiesta.

Todos a excepción de Remus se quedaron boquiabiertos.

—No puedes hablar en serio —dijo Sirius sorprendido, Jimmy asintió—. ¿Cómo vas a ser McCainer esa chica? ¿Y los dientes de lata?

—Temporales.

—¿Y las gafas?

—De descanso.

—¿Cómo lo descubriste?

—Fui a verla y la reconocí. Era sin duda ella. Los ojos cafés y ese olor a jazmín tan embriagante. Ella misma me lo corroboró pero —su expresión se tornó seria—. Ella no quiere saber nada de mí.

—No me extraña —dijo Remus—. Después que le dijiste insulsa el otro día y que siempre la paras molestando.

—¡Pero estoy arrepentido! —exclamó Jimmy apenado—. Eso debería tener en cuenta.

—Sentir solo arrepentimiento no cuenta. Tienes que demostrárselo.

—No puedo creer que Felino este arrepentido —dijo Sirius—. ¡Y de Dientes de Lata!

—Cállate, Canuto —dijo Remus.

—¿Y qué piensas hacer? —preguntó Thomas.

—Pues insistir —contestó Jimmy—. Insistir hasta el cansancio a que salga conmigo para demostrarle lo arrepentido que estoy.

—¡Buena idea! —aplaudió James.

—Felino, no creo que eso demues…

—No, Lunático, está bien —dijo James pasándole el brazo por los hombros a su mellizo—. ¡Así somos los Potter! ¡Insistentes!

—Yo diría que tercos… —corrigió Remus.

—No le hagas caso, hermano mío —añadió James, alejándolo de Remus—. Bienvenido al club de hombres odiados por las únicas mujeres que nos interesan. Pero, pasando a otro tema, ahora escucharemos el caso de nuestro hermano Plumífero.

—Muy gracioso, Cornamenta. —masculló Thomas y les contó lo ocurrido en la fiesta y lo que Deborah le dijo.

—¡Allí está la solución! —exclamó Sirius—. Búscate una novia y esa niña dejara de recriminarte nada.

Thomas suspiró. ¿Cómo si eso fuera la solución de todos sus problemas?

—¿Y donde crees que puedo conseguirme una novia, Canuto? —preguntó Thomas—. Una novia no se escoge como quien escoge la comida.

—Mi querido Plumífero —dijo Sirius sonriendo—. Tienes una cantidad considerable de candidatas en el colegio. (N/A: ¡Las candidatas entre los lectores para ser la novia de Thomas, manden sus hojas de vida a la autora!) Tú di cuando y podremos un anuncio en el panel solicitando una novia para ti.

—No seas estúpido, Canuto —masculló Thomas mientras los demás se mataban a carcajadas—. ¡No es broma! —les gritó a sus amigos—. ¡Lo que menos quiero es darles esperanzas a alguna de esas chicas que van detrás de mí!

—¿Y que tiene de malo? —preguntó Sirius.

—Plumífero no quiere dañar a nadie —dijo James más calmado y limpiando sus gafas—. Esas chicas llorarían peor que una magdalena cuando él les diga que no quiere seguir con la relación.

—Entonces —preguntó Peter—, ¿qué otra cosa puede hacer?

—Podría pedir que alguien se hiciera pasar su novia —opinó Jimmy—, solo para cerrarle la boca a Dawson.

—¿Qué parte de "ninguna chica toleraría que Thomas la dejara" no entendiste, Felino? —preguntó James con sorna.

—No precisamente tiene que ser chica…

Todos los merodeadores lo miraron sorprendidos especialmente el chico que era parte del tema de conversación.

—Me refiero a que podría ser un chico…

—¡AH, NO! ¡ESO SI QUE NO! —exclamó Thomas molesto—. ¡¿TÚ ESTÁS LOCO?! ¡No estoy tan desesperado!

—… que se haga pasar por chica.

—¡PEOR! —contestó indignado el muchacho—. ¡Por si no lo sabias, Felino! ¡Hay un par de cosas que se te olvida! —dijo tocándose el pecho con las dos manos.

—Algo que una poción multijugos podría solucionar —dijo el muchacho sin darle importancia—. Cogemos el pelo de una chica cualquiera, lo echamos en la poción, uno de nosotros se la toma y simplemente lo hacemos pasar como tu novia. ¡Así de fácil!

Los demás muchachos, que se habían reído desde que Jimmy expuso la idea, se callaron inmediatamente.

—¿Uno de nosotros? —parpadeó Sirius perplejo.

—Así es —afirmó Jimmy—. Y yo estoy descartado porque no puedo perder mi tiempo en esas cosas cuando podría utilizarlo en insistir mi cita con McCainer.

—¡COBARDE! —le gritaron todos.

—No —dijo Thomas ladeando la cabeza—. No saldré con un chico que se hará pasar por chica.

—Míralo desde este punto —insistió Jimmy—. Dawson se impresionara cuando te vea con tu novia.

—¡Pero ella es solo una amiga!

—¡Igual le impactara! —argumentó Jimmy—. Eres su mejor amigo desde el primer año. La has protegido como un hermano a su hermana y ella a ti. Y ahora que ella tiene un novio que no le conviene, tú debes hacer que ella deje de pensar a en él. ¡Y que mejor con la noticia de una novia! ¡Es mejor que ocupe su tiempo en evaluar las miles de maneras que ideaste para conseguirte una novia a que pierda su vida al lado de ese idiota! ¡En otras palabras, cambiaran papeles! ¿A qué no es una brillante idea?

—¡CON UN DEMONIO, FELINO! ¡NO SALDRÉ CON UN CHICO QUE TENGA PECHOS! —se exasperó Thomas

—Bueno, si le pones tantos peros entonces, no te quejes —dijo Jimmy levantándose—. Y ahora si me voy. Es hora de insistirle a McCainer que salga conmigo. ¿Vienes, Cornamenta? Recuerda que McCainer es amiga de Evans.

—Voy —contestó James—. Evans también es una de las escasas chicas en el mundo que no caen fácilmente a los encantos de los Potter.

—¡Sí, claro! —les gritó Thomas molesto—. ¡Lárguense y déjenme con mi problema!

—Ya que insistes —contestaron los mellizos.

—¡Malditos! —farfulló Thomas dejándose caer en uno de los sillones—. ¿Y ahora qué hago?

—Bueno, tienes dos opciones —señaló Remus—: O aceptas a una de tus admiradoras para provocar los celos de Debbie o te conformas con una poción multijugos para lo mismo. Cualquiera de las dos opciones impactara mucho a Deborah.

Thomas gruñó.

—¿No hay una tercera opción?

—Sí —contestó—: Dejarte de tantas tonterías y aceptar el noviazgo de Deborah con Callahan, aunque no te agrade.

—¿Y vas a permitirlo? —preguntó Sirius—. ¿Vas a dejar que ese tipejo esté con Dawson?

Thomas no dijo nada y fijo su vista al fuego. Deborah se merecía a alguien mejor que Callahan. Alguien que fuera un buen muchacho; alguien que la quisiera, que la amara y que la respetara como lo más valioso en su vida; alguien como…

¿Cómo él?

—Busquemos la receta para hacer la poción multijugos —contestó con resignación.


Llegó navidad. La mayoría de los estudiantes optaron por volver a sus casas a pasar las fiestas. Sin embargo, los Potter y su grupo no figuraban en esa mayoría. Ellos preferían quedarse a pasar las navidades con su amigo Remus por la sencilla razón que la luna llena aparecería en pascuas. Y su razón se aumentaba más porque las chicas que habían acaparado la atención de los Potter se quedaban. Pero también se quedaba con ellas Severus Snape. ¡En fin! ¡No siempre se cumple todo en esta vida!

Por su parte, Thomas había comenzado con la poción multijugos porque a los chicos les fue imposible robarla del despacho de Slughorn. La noche destinada al robo cometieron el error de equivocarse de frasco y se llevaron la poción equivocada. Al darse cuenta del error quisieron volver pero el profesor había cerrado el armario. Al día siguiente, cuando estaban planeando volverlo a intentar, se enteraron que el profesor había optado por aprovechar las vacaciones para viajar, llevando consigo algunas pociones que, lamentablemente, la poción multijugos estaba entre ellas. A los muchachos no les quedó otra más que elaborar ellos mismos una poción. Sin embargo, para mala suerte de Thomas, tenia que esperar un mes para que estuviera lista. Sus amigos lo animaron diciéndole que tendría que aprovechar ese tiempo de ausencia en comenzar a insinuar a su dizque amiga que tenia algo escondido con alguien aunque en realidad lo único escondido fuera la poción.

—Tenemos suerte que Parker y Carter decidieran pasar las vacaciones con sus familias —comentó James una noche que estaban echando algunos ingredientes a la poción—. Eso nos permite hacer esta poción sin problemas.

—Sí, pero ¡esta poción demora siglos! —se quejó Jimmy—. Si esto sigue así, Deborah ya se habrá casado con Callahan.

—No nos queda de otra —contestó Remus fijándose en un libro mohoso que habían cogido de la parte prohibida de la biblioteca llamado Moste Potente Potions —.Ninguno de los seis somos buenos en Pociones. La primera de la clase es Lily y no creo que ella vaya aceptar ayudarnos con esto. Tenemos que hacerlo paso por paso y con cuidado, si no queremos que salga mal. Además, ustedes se equivocaron al robar la poción.

—¡Y yo que iba a saber que era una poción rejuvenecedora lo que nos robamos! —dijo Jimmy levantándose—. Bueno, no sé ustedes pero yo voy a darme un baño. El vapor que expide esta cosa hace que transpire mucho.

Cogió un pantalón y una camisa de su baúl y se metió al baño.

—Muy bien —dijo Remus añadiendo manojos de centinodia a la poción—. Según este libro, ahora solo nos esperar la luna llena, que será dentro de una semana ¡Lo sabré yo! Así que mientras yo estoy en la Casa de los Gritos ustedes echaran la Descurainia sophia a la poción.

—¿Por qué no la echamos ahora? —preguntó Thomas removiendo la poción.

—La Descurainia sophia debe echarse en luna llena —explicó James—. Después de eso tendremos que echarle la piel de serpiente arbó­rea africana y dejarla por veintiún días.

—Bueno —dijo Sirius levantándose—... Vamos al Comedor. Tengo hambre.

—Espera… creo que por aquí tengo algunas golosinas que robamos de Honkeydukes el otro día —dijo James rebuscando en su baúl—. Sí, aquí tienen —les arrojó un paquete de Grageas de Todos los Sabores a cada uno—. Estas grageas son deliciosas…—se metió una a la boca— si no fuera por… ¡Puaj! —escupió la gragea hacia la ventana abierta—… Si no fuera porque siempre hay una que sabe a leche.

—Chicos, han visto el frasco de la poción rejuvenecedora que le robamos a Slughorn? —preguntó Thomas—. La dejé en la mesita de noche.

—No —dijo Remus comiendo las grageas desde su cama—. ¿En dónde estaba?

—En la mesa de noche, junto a la lámpara—dijo Thomas extrañado—. La deje allí cuando me fui a cenar y ahora no está.

La puerta del baño se abrió y un niño de aproximadamente siete años salio. Estaba vestido con la ropa que Jimmy se había llevado al baño y le quedaba tan grande que lo arrastraba. Los cinco muchachos lo miraron asombrados mientras el niño los miraba ceñudo y con las mejillas sonrojadas.

—¿Qué les pasa? ¿Nunca han visto a un merodeador en tamaño pequeño?

Carcajada general.

—¡Ya cállense! —chilló Jimmy Potter con una voz muy infantil.

—¿O qué? —preguntó Sirius desternillándose de la risa—. ¿Nos vas a acusar con tu mamá?

—¡Eres un...! —dijo Jimmy lanzándose sobre él trasformándose. Pero en vez de convertirse en la enorme y acostumbrada pantera negra, se transformó un pequeño minino negro que se abalanzó a la cara de Sirius arañándolo.

—¡SUÉLTAME! ¡SUÉLTAME GATO DEL DEMONIO! —vociferó Sirius tratando de quitarse a Jimmy de la cara, pero era casi imposible. Jimmy se aferraba a él incrustando sus uñas en su cara mientras sus amigos estaban riéndose como locos.

Salieron del dormitorio y como sea, Sirius agarró al gato del lomo y lo aventó hacia la barandilla, que ésta a su vez daba acceso a la Sala Común. Los muchachos siguieron el vuelo de Jimmy con la mirada.

Lily y Annie estaban entrando por el agujero de la Señora Gorda cuando un pobre gatito negro se estrelló hacia la pared que estaba al lado de ellas.

—¡Oh, por Dios! —exclamó Annie acercándose al pequeño gato que estaba de cabeza apoyado en la pared. Menos mal que los gatos tenían siete vidas…

—¿Qué creen que están haciendo, salvajes? —gritó Lily a los muchachos, que bajaron hacia la Sala Común.

—¡Mejor pregunta qué me hizo ese hijo de...! —masculló Sirius con la cara completamente arañada.

—¡Sirius, cállate o meterás la pata! —dijo James tapándole la boca—. Ellas no saben que él es Jimmy...

—¡Dejen de ocultar su salvajismo, trogloditas! —continuo Lily mientras Annie se acercaba hacia ella con el adolorido gato en brazos—. Tratar así a un pobre gatito...

—¡No tienen corazón! ¡Pobrecito! —los reprendió Annie mientras acariciaba al gato, quien maullaba de forma tierna—. ¿De quien es?

—Pues... Pues...

—Ya que no es de nadie entonces me lo quedó —dijo Annie.

—¡No! —dijo James quitándole el gato—. ¡Es mío! —Jimmy empezó a arañar a James y éste lo soltó. El gato corrió hacia Annie sobando su cuerpo contra los tobillos de la castaña mientras ronroneaba.

—Pues se ve que te odia —dijo Lily—. Y no me extraña, después de ver como lo tratan... ¡Vamonos, Annie!

Annie cogió al gato y se fue junto con Lily, sin oir a las replicas de James.

—¡Perfecto! —exclamó James dirigiéndose a los chicos—. ¿Qué es lo que pretende Felino con esto?

—Pues por el momento estar con las chicas y después dormir en su cuarto—respondió Remus.

Todos asintieron hasta que...

—¡OH, NO! ¡EVANS! ¡EVANS! ¡DEVUÉLVEME ESE GATO! —gritó James corriendo detrás de las muchachas antes de que un destello rojo iluminara la entrada y un James Potter saliera disparado hacia la pared.

—¡Maldita! …—susurró James muy adolorido—. ¡Que manera tan brusca tiene para evadirme!


En el patio de la escuela, un grupo de Slytherin estaba conversando y en dicha tertulia se encontraba Severus. Había aprovechado que Lily y Annie estuvieran en su Sala Común para hablar con sus amigos. No le gustaba que su amiga lo mirara mal cada vez que él estaba con ellos y tampoco a él gustaba que sus amigos le preguntaran por qué se juntaba con una chica así. Y es que Severus se había creado un complejo, complejo que la mayoría de gente crea por tratar de sentirse superior. El complejo de no aceptar su condición, raza o credo.

Severus era el hijo de una bruja, pero la mancha en su línea sanguínea era que también era hijo de un muggle. De un repugnante muggle que no sabia que su esposa era una bruja hasta que se lo confesó. Tal razón por la cual la pagaba con duros maltratos, maltratos que él había visto durante toda su vida. Nunca pudo entender como su madre, una mujer pudo fijarse en un tipo como ese muggle. Nadie sabía eso, solamente Lily. Ni siquiera Annie lo sabía a pesar de que ella también era su amiga. Y eso era porque entre Lily y él existía un lazo más fuerte.

O por lo menos eso creía antes que Lily no le hablara por juntarse con aquellos chicos de su casa.

Se estaba dando cuenta que poco a poco su lazo de amistad con aquella pelirroja se estaba volviendo más débil día tras día. Y aunque odiara reconocerlo, la culpa la tenia él.

—Estoy aburrido —dijo uno de los muchachos—. Es una lastima que estemos en este colegio cuando afuera podríamos hacer cosas más trascendentales.

—¿A qué te refieres con eso, Avery?

—Digo que afuera el mundo está cambiando —dijo Avery—. Las calles ya no están tan infestadas de sangre sucias ni de muggles. Al fin podemos vivir sin tener la pestilencia al costado. Por lo menos, eso es afuera. Porque aquí… —miró a una niña que pasaba por el patio muy atenta a la lectura de un libro—. Aquí todavía vivimos con toda esta basura alrededor.

Todos murmuraron a favor.

—Sí, es una lastima que todavía estemos en este colegio—añadió Piers—. Podríamos ayudar a cambiar el mundo y sin embargo, estamos aquí.

—Bueno, al menos solo nos falta dos años —dijo otro muchacho.

—Sí, pero seguimos aquí, Mulciber—contestó Avery y sonrió al ver a la niña iba a pasar a lado de ellos—. Sin embargo, podemos hacer algo por este colegio, ¿no?

La niña, concentrada en su lectura, no se había dado cuenta que el grupo se había puesto en su camino. Se dio cuenta de ello cuando se chocó con ellos.

—Disculpa… —murmuró con timidez la niña pero se calló al ver quien era.

—¿Disculpa? —dijo Avery con una sonrisa despectiva en su rostro—. Disculpas debieron decir tus padres cuando naciste en este mundo, sangre sucia. Ensuciaste mi ropa.

La niña empezó a alejarse pero los demás muchachos se cerraron el camino.

—Esto tienes que pagarlo, sangre sucia —dijo Avery sacando su varita—. Muchachos, ¿ustedes creen que el Señor Tenebroso nos admita por torturar a una niña?

—Yo creo que nos admitiría si la matamos —dijo Piers—. Pero mientras estemos aquí Dumbledore nos matara a nosotros.

La niña los miró aterrorizada.

—¿Quieres saber lo que vamos a hacerte? —le preguntó Mucilber—. Observa —apuntó con su varita a una mariposa que revoleteaba por allí—. ¡Crucio!

Inmediatamente, la mariposa cayó al suelo retorciéndose. Al ver esto, la niña empezó a correr horrorizada pero ellos la agarraron y la pusieron delante de Avery.

—No creo que la maldición Cruciatus sea la indicada para esta sangre sucia —dijo Avery pisando la mariposa—. ¿Por qué no probamos el Sectumsempra que aquí nuestro amigo Snape nos estaba hablando?

—No creo que eso sea una buena idea… —dijo rápidamente Severus, pero al ver que todos lo miraron añadió—. Lo que pasa es que aquí hay mucha gente y podrían vernos…

—Sí, tienes razón —dijo Avery pensando en ello—. Además, nos echarían la culpa si esta sangre sucia se muere. Bueno, tendremos que conformarnos con la maldición Cruciatus.

La niña cerró los ojos muerta de miedo, esperando oír la maldición imperdonable de la boca de su agresor. Pero lo único que oyó fue el grito del muchacho y el maullido histérico de un gato. Abrió los ojos y vio como un gatito negro arañaba ferozmente la cara de Avery.

¡Filipendo! —dijo una voz detrás del grupo y los muchachos que estaban sosteniendo a la niña salieron disparados hacia atrás.

La niña aprovechó para correr. Avery cogió el gato y lo aventó hacia un lado pero el minino cayó de pie y corrió hacia Lily y Annie, quienes abrazaban a la aterrorizada niña.

—¡Malditas! —masculló Avery con la cara llena de heridas.

—Eres un abusivo, Avery —dijo Lily—. ¿Cómo te atreves a tratar de usar una maldición imperdonable a una niña? ¡Severus! ¿Cómo puedes juntarte con estos tipos?

—Bueno, yo…

—¿Vas a darle explicaciones a esta inmunda sangre sucia? —preguntó Avery a Severus sin importarle la cara de indignación de la chicas—. ¡Escuchen impuras! ¡Ese asqueroso gato y ustedes la pagaran!

Sin decir más, el grupo de Slytherin salió. Severus, avergonzado, miró a las muchachas antes seguir al grupo. Lily lo miró hasta que se fue. No podía creer que su mejor amigo estuviera en el grupo tan peligroso. Se volvió hacia Annie y la niña, que reía ante los mimos que el gatito (que todos sabemos quien es) hacia para animarla.

—¿Cómo se llama? —preguntó la niña en medio de risas.

Nix —respondió Annie riendo.

—¿Estás bien, Mary? —preguntó Lily—. ¿Esos abusivos te hicieron algo?

Mary negó con la cabeza con Jimmy en sus brazos.

—Muchas gracias, señorita Evans y usted también, señorita McCainer —Jimmy maulló—. ¡Y a ti también Nix!

Lily y Annie se sonrojaron un poco

—Llámanos Lily y Annie. Lo de señorita como que es muy formal —dijo Annie con una sonrisa tímida

—Bueno, te has ahorrado un viaje a la enfermería —comentó Lily sonriendo amistosamente—. Mejor te acompañamos a la Sala Común. ¿Quién sabe si esos malvados estén aun por allí?

La niña asintió mientras seguía jugando con Jimmy. En camino hacia la Sala Común.

—¡Esos idiotas son unos malditos! ¡Tratar así a una niña! —comentó Annie mirando a la niña que caminaba delante de ellas.

—Así empiezan los seguidores de Voldemort—respondió la pelirroja—. Y me molesta que Severus esté en ese grupo. Espero que recapacite y no se siga frecuentando con esos chicos.

Entre los brazos de la niña, Jimmy escuchaba atentamente.


En su dormitorio, antes de irse a dormir, los merodeadores decidieron echarse un juego de gobstones, un mágico muy parecido a las canicas, en el que las bolas de oro macizo lanzan un líquido de olor repugnante a la cara del jugador que pier­de un punto. habían pasado toda la tarde planeando la próxima luna llena y esperando que el mellizo sin gafas se dignara a aparecer. El que más lo esperaba era Sirius, quien tenia unas ganas inmensas de enseñarle lo que un perro le hace a un gato cuando esta furioso y se deja llevar por su instinto asesino, y todo esto por casi desfigurarle el rostro.

—¿Cuanto tiempo durara la poción? —preguntó James mientras apuntaba su canica hacia la ultima que había tirado Sirius.

—Depende a cuanta poción ha ingerido —contestó Remus—. Solo esperemos que no sea todo el mes.

En ese momento, un gatito negro entró a la habitación moviendo graciosamente la cola.

—¡Al fin te dignas en llegar, so pedazo de...! —increpó Sirius con la cara llena de venditas mientras que Jimmy se transformaba.

—¡Te lo merecías! —dijo Jimmy echándose en su cama.

—¿Me lo merecía? —saltó—. ¡Me desfiguraste el rostro! ¡Agradece que fueran arañazos porque sino...!

—Cálmate, ya cicatrizaran.

—¡Eres un…! —masculló antes de ser sujetado por Remus.

—¿Qué es lo que pretendes, Felino? —preguntó Thomas ignorando los improperios de Sirius—. ¿Qué ganas con ser la mascota de Annie?

—Muchas cosas —dijo Jimmy sonriendo traviesamente.

—¡Si te atreves a mirar a Evans en interiores o cuando se baña, te juro que te caparé! —amenazó James.

—Cálmate, hermano. No te pongas celoso.

—¡Eres un pervertido!

—En la guerra y en el amor todo se vale —respondió Jimmy con frescura—. Y si esta es la única forma de acercarme a McCainer pues es una buena idea. Además, ser un gato da ciertos privilegios —sonrió pervertidamente—, y más si eres un gatito bueno. Hoy salve a Mary Macdonald de unos abusivos de Slytherin.

—¿Mary Macdonald? ¿Esa niña de primer curso? —preguntó Remus y Jimmy asintió—. Es una niña muy solitaria, es por eso que siempre anda sola.

—Ya veo porque esos idiotas trataron de abusar de ella —dijo Jimmy—. Aunque esos canallas abusan de todos.

—¿Cómo lo hacen ustedes? —preguntó Remus mordazmente.

—Es distinto—se defendió James—, nosotros no usamos magia negra. Sin embargo, Mary Macdonald es la primera de su clase. ¿Por qué no se defendió?

—Estaba demasiado asustada para reaccionar así —dijo Jimmy—. Esos tipos eran de quinto y sexto y ella solo es de primer curso. Sin embargo, nada justifica que esos malditos quisieran lanzarle una maldición cruciatus.

—¡¿Están locos?! ¡Es solo una niña! —expresó Thomas.

—La verdad es que sí, pero esos chicos ya tienen planeado ser mortifagos cuando salgan de aquí —dijo Jimmy—. Si Evans, McCainer y yo no hubiésemos aparecido esos canallas la hubieran torturado.

—¡Bastardos! —exclamó James con furia—. ¡Malditos bastardos! ¡Abusar de una niña!

—Ya cálmate, Cornamenta —lo tranquilizó su hermano—. Menos mal que a la pequeña Mary no le pasó nada. Mi Annie sabe como defenderse.

—Aún no puedo creer que estés tan pendiente de Annie, cuando hace un mes atrás decías que era un esperpento humano —comentó dijo Remus.

—Hay cosas en la vida que cambian, Lunático —contestó el muchacho sonriendo—. Acepto que estaba equivocado con respecto a McCainer pero ahora estoy arrepentido. No entiendo porque McCainer no acepta eso.

—¿Será porque le hiciste mucho daño? —preguntó Remus con falsa curiosidad.

—¡Ya le dije que estoy arrepentido! —chilló Jimmy.

—Pues tienes que demostrarlo y no creo que perseguirla con la pregunta "¿quieres salir conmigo?" sea una buena muestra. —replicó Remus.

—Bueno, eso ya no importa—contestó el mellizo despreocupado—. Ahora estoy más cerca de mi Annie. Aunque me dé leche y me llame Nix lo bueno es que acaparo toda su atención y por ello también todo su cariño… Especialmente cuando me rasca —sonrió lujuriosamente—. Creo que si sigo así, podré conquistarla, ¿verdad, chicos?... ¿Chicos? ¿Qué les pasa? ¿Por qué me miran así? —preguntó muy extrañado mirando la cara de sus amigos.

El mellizo no se había dado cuenta que mientras estaba hablando el efecto de la poción se estaba terminando y empezaba a transformarse en el muchacho de quince años que todos conocemos.

—Mírate —dijo James mostrándole su reflejo con el espejo comunicador.

—¡AHHH! —gritó Jimmy cogiendo el espejo—. ¡Volví a ser yo!

—¿Cuánto bebiste de la poción? —preguntó Remus.

—Solo unas gotas. Como la encontré en el lavadero y no sabia que era, lamí un poco que eché en mi mano.

—¿Nix? ¡Nix! ¡Ven, gatito, ven!

Todos salieron del dormitorio hacia la barandilla de la Sala Común. Annie estaba buscando a Jimmy debajo de los sillones de la sala.

—¡Ella me está llamando!

—No, está llamando a Nix —apuntó James—. Ya déjalo hasta aquí, Felino. Ella nunca sabrá que tú eras su gato.

—Sí, supongo que sí —suspiró Jimmy mirando a Annie—. Me preguntó qué cosas más hubiera hecho si aún seguía como Nix

—¡Ven Nix! ¡Vamos a la cama!

—¡Tengo que ser Nix ahora!—resolvió Jimmy corriendo al baño.

—¡Ah, no! ¡Jimmy! ¡Ya no! —exclamó Remus corriendo tras de él—. ¡Suelta esa botella, Felino! ¡No vale la pena! —dijo forzando con Jimmy por la botella.

—¡Sí la vale!

—¡Annie jamás te va a perdonar que te hagas pasar por su gato!

—¡Prefiero arriesgarme! ¡Dámela!

Empujó a Remus hacia un lado y bebió un sorbo. Al cabo de unos pocos segundos, volvió a ser un niño.

—No me esperen a dormir —se despidió Jimmy con una sonrisa lujuriosa, sonrisa que era rara de ver en un niño de siete.

—Lo único que va a ganar este chico cuando Annie se entere es un buen puñetazo en la cara —dijo Thomas viendo a Annie abrazar a un cariñoso y sinvergüenza gatito negro en la Sala Común.


Llegó 24 de diciembre acompañado de un gran manto de nieve que cubría todo el castillo de Hogwarts. Los salones, pasillos y el Gran Comedor estaban llenos de adornos navideños así como las casas comunes y los despachos de los profesores. El alumnado que se había quedado a pasar las fiestas paseaba emocionado y a la vez apurado. La lechucería de Hogwarts estaba casi vacía debido a que las lechuzas eran las que más trabajaban por las fiestas. Los alumnos ya estaban planeando como pasar su navidad en Hogwarts. Los niños de primero y segundo jugando en los patios y los demás chicos de los otros cursos fabricando tarjetas, preparando sus regalos o encantando muérdagos, especialmente los que estaban de novios.

Todos se preparaban para la llegada de la navidad, pero, a pesar que todo el mundo (grandes y chicos) se duerme temprano para levantarse a la primera hora de la mañana del día siguiente y ver lo que el viejo San Nicolas, Santa Claus o Papa Noel dejó bajo el árbol de navidad, nuestros amigos eran los únicos que no estaban dispuestos a descansar. Esa noche la luna llena saldría y con ella la maldición de Remus Lupin. Los merodeadores tenían sus propios planes para pasar una navidad excitante: Calmar los instintos asesinos de un licántropo azuzado por la luz de luna llena. No se quejaban pues ellos lo consideraban era divertido (excepto Peter Pettigrew, quien lo consideraba suicida). Sin embargo, ellos no se imaginaban que dicha noche iba a resultar la noche más intensa de su vida escolar.

Por otra parte, había un alumno que tampoco participaba de las fiestas. Severus Snape no tenía el ánimo de hacer lo mismo que sus demás compañeros por estar más ocupado en otros asuntos, como probarle a Lily que Lupin escondía algo oscuro. ¿Cómo podía afirmarlo? Por el comportamiento tan extraño que tomaba el muchacho y sus retiros cada mes con la excusa de visitar a su madre enferma. Severus Snape estaba cansado, por no decir celoso, de que Lily siempre defendiera al amigo de los Potter y siempre le replicara por andar con Mucilber y Avery. ¿Cómo si ellos fueran peores que esos idiotas de los Potter? Los Potter y su pandilla de idiotas no eran unos santos ni tampoco eran tan estupendos como todo el colegio comentaba. Solo porque los Potter y Ryddle ganaron la última Copa de Quidditch para Gryffindor el año pasado no los hacían unos héroes. Los odiaba y el centro de todo ese rencor se centraba en James Potter. Ese cretino aún que se atrevía a perseguir a Lily y realmente era una suerte que Lily no fuera como las otras estúpidas sin cerebro con las que Potter acostumbra salir. Pero el ímbecil era muy insistente y lo que Severus más temía era que la pelirroja terminara cediendo ante tanta insistencia. Para evitar ello, tendría que demostrarle a Lily —y de paso al mundo entero— que Potter no era el héroe que todo el mundo alababa y que el secreto que Lupín escondía estaban implicados el primero y su pandilla de idiotas.

Ese día podía demostrarle a Lily su hipótesis. Los idiotas se quedaban en el castillo esas vacaciones y aprovecharían la ausencia de los demás estudiantes para hacer aquello que escondían. No sabía que era ello, pero lo que fuera debía de ser algo tan grave como para querer que todo el mundo lo supiese. Él lo descubriría esa noche y se lo mostraría a Lily para que viera que ni siquiera Remus Lupin era el santo que todos creían. Lo malo era que la muchacha no le hablaba desde el incidente con Mary Macdonalds. ¡Qué culpa tenía él de que sus amigos quisieran divertirse con esa mocosa! Cuando vio a la señora Pomfrey llevarse a Lupin hacia el Bosque Prohibido, la siguió y hubiera descubierto el escondite de Lupin si no fuera porque el profesor Dumbledore lo sorprendió merodeando por el bosque.

Al no poder lograrlo con Lupín, decidió espiar a los amigos de éste para ver cuando irían al encuentro de Lupin. Se pasó gran parte del día siguiendo a la banda de Potter y al llegar la tarde, cansado de estar siguiendo a sus enemigos, se sentó frente al lago congelado de la escuela. Estaba pensando en cuál era el escondite de Lupin aquellos días de luna llena que no se dio cuenta que alguien detrás de él sacaba su varita y...

¡Levicorpus!

Snape no pudo evitar la maldición. Miró de cabeza a su atacante y soltó una serie de palabrotas sin sentido. James Potter sostenía su varita mirándolo de manera burlona.

—¡Bájame, animal!

—Ya que insistes.

James bajó la varita y Snape cayó estrepitosamente al suelo.

—¡Oh! ¿Qué pasó? ¿Te dolió, Quejicus? —preguntó fingiendo una voz preocupada—. ¡Que pena! —su voz adquirió un tono más frío—. A ver si con eso dejas de estar espiando a mis amigos y a mí. La gente no querrá acercándosenos si piensan que tú estas con nosotros.

¡Everti Static!

¡Protego! —exclamó James y el hechizo de Snape rebotó—. ¡Petrificus Totalus! —Snape cayó al suelo completamente paralizado. James se acercó y se puso delante de él—. No me hagas enviarte de nuevo a comer excremento de las lechuzas, Quejicus.

—¡Eres un bastardo, Potter! —masculló el muchacho—. ¡Te crees el rey del colegio solo porque dominas el quidditch pero no eres nada, Potter! ¡Sé que escondes algo, Potter y yo lo voy a descubrir!

¡Silencius! —la voz de Snape se apagó inmediatamente. James se acercó a él con una sonrisa burlona—. ¿Qué si escondo algo? ¡Por favor!—pinchó su mejilla con la punta de su varita—. Debes tener mucho cuidado con las cosas que dices, Quejicus. Acusar a alguien tiene sus consecuencias y más cuando no tienes pruebas.

James se levantó y se alejó del lugar en dirección hacia el castillo, dejando al muchacho tirado en ese lugar.

"¡Eres un maldito, Potter!" pensó Severus mirando como James se alejaba. "¡Un día tú y tu banda de estúpidos la pagaran caro!"

Ahora tendría que esperar que el efecto del hechizo se termine o que alguien se acercara y lo desencantara. Pero todas las personas estaban en el castillo y casi nadie pasaba por allí a esa hora.

O por lo menos era lo que creía...

Finite incantantem

El hechizo se rompió y Severus pudo levantarse. Se volvió hacia su ayudante y al ver quien era, sacó inmediatamente su varita.

Era Black...

—¿Qué quieres, Black? —masculló apuntándolo con la varita—. ¿Vienes a seguir con la broma del estúpido de Potter?

Sirius sonrió mientras jugaba con su varita.

—¡Vaya que si eres malagradecido, Quejicus! —contestó el muchacho—. ¿Así me agradeces por liberarte?

—Primero muerto antes de agradecerte algo —respondió Severus sin bajar su varita—. Te advierto que no tendré piedad de ti si se te ocurre hacerme algo.

—No es lo que estoy pensando —contestó Sirius—. Quisiera comentarte sobre algo que te va a llamar la atención.

—No me interesa... ¡Confrin...!

¡Incárcero! —se adelantó Sirius y unas cuerdas delgadas se enroscaron alrededor del cuerpo de Snape, quien perdió el equilibrio y cayó al suelo, incapaz de moverse. Sirius sonrió y se acercó a él—. Quejicus, Quejicus, Quejicus. Eres patético, ¿lo sabias?

—¡Púdrete, Black! —masculló Severus.

—¿Así tratas a las personas que solo quieren ayudarte? —Severus sonrió incrédulo—. No es broma, Quejicus. Quiero ayudarte a dar solución a tus problemas.

—¡Por favor, no me hagas reír! Si de verdad quieres ayudarme con mis problemas, esos idiotas y tú tendrían que morir.

—¿Y tus problemas con Lily Evans?

Severus enrojeció. ¿Cómo se atreverá ese idiota a mencionar a Lily?

—No te metas con...

—¿...tu Lily? —terminó Sirius con una sonrisa burlona—. A pesar de ese carácter tan temperamental, hay que aceptar que Evans es una de las chicas más guapas de Hogwarts. Tanto que hasta tiene a James coladito por ella...

—¡MENTIRA!

—¡Verdad! —contestó Sirius—. Hasta tú estas coladito por ella... Bueno, eso no me importa. No vine a torturarte con ello sino a ayudarte con tus problemas con ella.

—No te creo el cuento que quieres ayudarme, Black—contestó Snape.

Sirius le quitó el encantamiento petrificador y Snape se levantó de inmediato, tomando una postura de defensa.

—Bueno, si crees que tú solito podrás descubrir el misterio que esconde Remus entonces adelante. Yo iba a darte una mano con ello pero ya veo que tú sabes más que yo sobre el oscuro y aterrador secreto de Remus —guardó su varita—. ¡Suerte en tu búsqueda! ¡Sí que la necesitaras!

Sirius se alejó sonriendo. Sabía que sus palabras habían dado el efecto deseado. Sólo bastaría de algunos segundos para que Severus procesara la información y...

—¿De qué manera puedes ayudarme, Black?

Sirius sonrió malignamente y se volvió.

—Puedo hacer que el héroe del día seas tú.

—Pero, ¿qué demonios...?

—¡Piensa, Quejicus! —dijo Sirius pasándole un brazo por los hombros, algo Severus rechazó en el acto—. ¡Está bien! ¡Ya entendí! Escucha... Tú encuentras a Remus, descubres su secreto, se lo cuentas a Dumbledore y éste lo expulsa...

—¿Por qué Dumbledore expulsaría a Lupin? ¿Es tan grave lo que esconde?

—Digamos que lo suficientemente grave para que Dumbledore lo expulse —contestó Sirius y continúo—. Como Dumbledore no le gusta ocultarle nada a sus alumnos, anunciará lo que ocurrió y que fuiste tú el que contribuyó a que se descubriera todo. Todos se asombraran de ti y ya no te verán como el idiota que eres...

Snape iba a replicar pero Sirius no lo dejó.

—En medio de la algarabía estará Evans quien estará impresionada por tu gran hazaña y... ¡No sé! Te mirará con otros ojos y quizás conseguirás... que James deje de perseguirla.

Sirius miró a Severus. La semilla de la duda se había sembrado en él.

—¿Y por qué debería creerte? ¿Qué ganas con ello?

—Tienes razón en preguntar. No deberías creerme —contestó Sirius—. Siendo amigo de James y de Remus no deberías creerme, pero... ¿Qué persona que dice ser amigo de alguien sería capaz de contarle al peor enemigo de éste los secretos que él oculta? Créeme, Quejicus, tú me caes mal, lo reconozco; pero a James y a Remus los odio. Siempre alardeando de su buena suerte, de sus éxitos, de sus conquistas. ¡Son insoportables! Al principio, no me importaba pero luego empezaron a excluirme y eso no me gustó. Toda la banda empezó a dejarme a un lado, ¡incluso le daban más interés a Peter! Si sigo con ellos es porque estoy buscando la manera de vengarme. Uno puede desconfiar de sus enemigos pero nunca de sus amigos. ¿Por qué mataron a Cristo? Porque consideraba a Judas como un amigo; ¿por qué fue asesinado Julio Cesar? Porque no desconfió de Bruto, a quien trataba como un hijo. La historia misma nos enseña que la peor traición es la de un amigo y por ende, la que más duele.

—Eres un sucio traidor, Black.

—Le hago honor al apellido —contestó Sirius sonriendo con satisfacción—. Y al igual que Judas cobró treinta monedas de plata por entregar a Cristo, yo te cobraré treinta sickles de plata por entregarte a la pandilla de imbeciles. ¿Qué dices? Es un buen trato.

—Eres una basura —sonrió Snape con malignidad.

—No tanto como tus amiguitos Avery, Mulciber y toda esa pandilla de idiotas de Slytherin —contestó Black.

Jugando con los treinta sickles de plata, Sirius Black se adentró al castillo con una sonrisa maligna. Si de algo Sirius tenía que alardear era de su poder de convencimiento. Tan potente y eficaz que pudo persuadir al incrédulo Severus Snape. Aunque no se podría asegurar que esto haya sido lo que convenció a Severus o el imaginario rostro sonriente y admirado de una pelirroja que se formó en su mente en el muchacho de Slytherin al escuchar el plan.

Sin embargo, la supuesta traición que le había hecho creer a Snape no era el motivo de su sonrisa sino un malvado plan que lo divertiría esa noche de navidad. Sabía que si Santa Claus existiera le dejaría enormes pedazos de carbón por no haber sido un "chico bueno" pero, al menos valdría la pena divertirse un poco con el pequeño Quejicus.

Porque, ¿qué se puede hacer con la idea macabra de merodeador? Nada. Porque aunque el merodeador sea castigado, torturado o amenazado por ella, ésta se realiza pese a cualquier obstáculo y no hay poder sobre la tierra que se impide llevarla a cabo. Y peor cuando esa idea es exclusiva de la cabeza de Sirius Black.


Más tarde, en la torre de Gryffindor, cinco muchachos esperaban a un pícaro gatito negro. Thomas, aprovechando la espera, fue a echar los últimos ingredientes a la poción que se hervía en el dormitorio de los chicos. James esperaba impaciente al descarado de su hermano. Más le valía a ese gato roñoso volver a ser la acostumbrada pantera que los acompañaba todas las noches de luna llena. Peter acostado en el sofá dormitando. Sirius estaba sentado al lado de la ventana observando el patio que daba acceso al Bosque Prohibido con una sonrisa contrahecha en el rostro.

James detectó esa sonrisa en su amigo y justo cuando iba a preguntar, un gatito negro hizo su aparición.

—¡Al fin llegas, descarado! —dijo James al gato que se convertía en niño—. ¿Por qué te demoraste?

—Mi Annie se demoró mucho en quedarse dormida —contestó el niño recostándose en unos de los sofás—. Le gusta quedarse dormida a mi lado.

—¡Gato descarado!

—¿Por qué? —preguntó Jimmy con falsa inocencia—. Si soy un gatito bien lindo. Todas las chicas dicen que soy así. Hasta Evans... —miró a su mellizo El aludido empezó a idear mil maneras de torturar a su mellizo—. Y ahora que lo pienso, no se ve tan mal. ¡Tiene unas piernas que...!

—¡¡Ahora si te llegó la hora!! —gritó su hermano lanzándose hacia él pero el "niño" fue más rápido (quizás por sus reflejos felinos) y se transformó en el gatito negro, escondiéndose entre los pies de Sirius—. ¡Vuelve aquí, maldito cobarde!

—¿Hasta cuándo te durara la poción?

El gato saltó al lado de la ventana donde estaba apoyado Sirius.

—No creo que tarde mucho en pasar el efecto —contestó convirtiéndose en niño.

—¡Mas te vale que sea rápido!

—Oye, Canuto ¿me haces un favor? —pidió Jimmy rascándose la oreja.

—¿Qué quieres? —preguntó Sirius con sequedad.

—¿Me rascas? Es que creo que he cogido pulgas –explicó el niño y se transformó de nuevo en gato para rascarse la oreja con su pata trasera.

Sirius lo pateó, haciéndolo maullar como un histérico, hacía James.

—¡No me contagies tus pulgas! Suficiente tengo con las mías.

—¡Envidioso! —chilló Jimmy levantándose ya transformado—. ¡Solo porque soy más lindo que tú!

—No eches más leña al fuego, Felino —le advirtió Thomas divertido y entrando a la Sala Común—. Ya bastante es con Cornamenta que está planeando como asesinarte sin que nadie lo llame Caín o fraticida

Jimmy miró a su mellizo divertido.

—Cornamenta está molesto porque soy el único que puede ver a Evans en camisón.

—¿Sabes algo, Felino? Tengo una idea —contestó James con sequedad—. Qué te parece si le regalo a tu novia un perro enorme para ver que tal te lo pasas.

—Yo me ofrezco como candidato —contestó Sirius levantando la mano.

—Celosos —comentó Jimmy. De pronto empezó a sentir que su cuerpo empezaba a cambiar—. ¡Vaya, el efecto de la poción ya terminó!

—A buena hora porque ya tenemos que irnos al bosque oscuro —dijo Thomas bajando de las escaleras del dormitorio—. Les eché la Descurainia sophia y la piel de serpiente arbórea a la poción. Ahora tenemos que esperar veintiún días para que esté lista.

—Y después de eso, podrás poner celosa a Dawson con tu "novia" —se burló James.

—Muy gracioso, Cornamenta —contestó Thomas con sequedad—. ¿Por qué sonríes tanto, Canuto? —le preguntó a Sirius, quien había adquirido una sonrisa sospechosa de pronto.

—Porque esta noche va a ser muy divertida, chicos.

—¿Por qué lo dices, Canuto? —preguntó Jimmy.

—Porque vamos a tener un invitado especial —contestó el merodeador.

Jimmy y Thomas se miraron extrañados. James se acercó a su amigo con una mirada intrigante.

—¿A que te refieres con ello, Canuto? —preguntó.

—¡Quita esa cara, Cornamenta! —contestó Sirius—. ¡No es tan grave! Lo que pasa es que esta noche Quejicus aprenderá que la curiosidad mató al gato, aunque esa frase le iría bien a tu hermano.

James palideció. Una temible sospecha empezó a crecer en su cabeza.

—Sirius —preguntó empezando a asustarse—... ¿qué le dijiste a Quejicus?...

—Nada...

—¡Dime qué le dijiste a Quejicus, Sirius! —gritó James muy alterado, cogiéndolo del cuello de la camisa.

—¿Qué te pasa, Cornamenta? —respondió Sirius perplejo ante la actitud de su amigo—. ¿Desde cuando te importa Quejicus?

Thomas y Jimmy no sabían que decir. Era la primera vez que veían a James tan alterado.

—¡Contéstame, Sirius! —exigió James.

—Le dije a Quejicus como pasar por el agujero que está en las ramas del Sauce Boxeador —contestó Sirius—. ¡Ese ímbecil ya me tenia harto de estar espiándonos y que mejor que darle lo que busca!

James lo miró incrédulo y lo soltó mientras que Thomas y Jimmy se acercaron a él, perplejos.

—Pero... ¡¿Acaso te has vuelto loco?! —preguntó Thomas molesto—. ¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer?

—¡Lunático lo matará! —dijo Jimmy asustado—. A estas horas, Remus se está convirtiendo en un salvaje licántropo y no vacilará en atacarlo cuando lo vea.

—Bueno, así aprenderá a no meter sus narices en asuntos que no son de su incumbencia— respondió Sirius con algo de indiferencia—. Si él quiere saber a donde vamos tendrá que asumir los riesgos que esto trae. Quejicus solo se llevará un susto.... Un susto de muerte.

—Sirius, si ve a Remus —preguntó Thomas—. ¡Se lo dirá a todo el mundo!

—No, verá a un licántropo enfurecido, no a Remus —argumentó Sirius a su favor—. Lo que uno busca, lo encuentra y si Quejicus busca la manera de expulsarnos la encontrara pero es poco probable que pueda hablar al respecto —miró las caras asustadas de sus amigos—. ¡Oh, vamos, chicos! ¡No se preocupen! Estoy seguro que Filch lo habrá encontrado merodeando por los pasillos y lo habrá mandado a su...

—¡Miren! —dijo Jimmy de pronto.

Una sombra se escabullía por el patio, cuidándose de ser visto. La luna llena iluminó más y los merodeadores pudieron notar que era Severus Snape..

—¡Caray! Al parecer si sabe como eludir a Filch—dijo Sirius empezando asustarse.

—¿Qué vamos a hacer, James? —preguntó Jimmy a su hermano.

James por su parte estaba en medio de una pelea interna. Odiaba a Snape tanto o más que el propio Severus por ser el mejor amigo de Lily Evans. Sin embargo, nunca se rebajaría a matarlo ni a ser participe de ello. No era igual que él. La muerte de una persona sería algo que lo marcaría para siempre y no quería tener el peso de su muerto sobre él.

—¿James?

Por una parte, si Snape moría él ya no tendría impedimentos para estar con Evans. Pero esa felicidad implicaba que Sirius fuera expulsado, un terrible cargo de consciencia en él y la tristeza y el odio por siempre de la pelirroja. A pesar de que Snape era un imbécil era el mejor amigo de la pelirroja y, aunque odiara reconocerlo, si algo malo le pasara a ese chico, ella se sentiría muy mal y lo odiaría de por vida si se enteraba que él tuvo algo que ver.

—Mierda... —masculló antes de salir corriendo hacía el Bosque Prohibido.


Notas de Autora:

¡Hola a todos! Después de un buen tiempo hago mi reaparición. Discúlpenme por mantenerme tanto tiempo fuera pero es que después del capítulo 17 tuve que dedicarme a mis estudios. Logré ingresar a la universidad que postulaba y empecé mis estudios universitarios en el 2008. Ahora estoy de vacaciones, aunque ni tanto porque hay algunas cosas que uno no puede dejar de repasar para el próximo ciclo y para no sufrirla como este año que pasó.

Ahora sí puedo dedicarme a hacer la historia con la tranquilidad de que Rowling no me malogre la trama debido a que ya se terminó la historia de Harry. Debido a los acontecimientos narrados en el último libro de la saga (Harry Potter and the Deathly Hallows o traducido al español como Harry Potter y las Reliquias de la Muerte) relacionados a los personajes del fic Érase una vez... una mágica historia; he hecho una modificación total de toda la historia. Los que habrán leído el libro saben a lo que me refiero. Por mi parte yo ya lo lei y puedo decir que estoy satisfecha con el final.

En este último libro, Rowling ha añadido cosas y relaciones que yo no esperaba y que cambian muchos hechos ya narrados en el fic. Yo siempre me he basado en lo que ella escribe o diga para elaborar el argumento del fiction. Por ello, tengo que adaptar la historia de acuerdo a lo narrado por la autora. Lamento mucho el haberlos hecho esperar tanto tiempo por este capítulo y por no publicar el oneshot que les prometí, pero, como ya comenté en líneas arriba, me fue difícil hacerlo por mis estudios y los nuevos acontecimientos que Rowling añadió en el libro siete. Solo me queda reiterarles mis disculpas y entregarles la historia modificada y los nuevos capítulos que he podido redactar.

Bueno, me despido. Como siempre, para críticas, insultos, (esto ultimo por el enorme tiempo que los deje en ascuas por saber que pasó con los chicos), opiniones, amenazas de muerte o declaraciones de amor (aunque en ese aspecto paso porque sigo estando muy enamorada del chico que es mi enamorado –valga la redundancia-, jaja...), mándeme un review.


Avances del próximo capitulo 19: La broma de Sirius.

(...) No te acerques a esa puerta...

¿Por qué, Potter? —preguntó Snape con voz triunfante—. ¿Por qué no debería entrar? ¿Por qué encontraré a tus amigos? ¿Por qué descubriré lo que realmente esconde tu amiguito Lupin?

Remus no esconde nada, Snape... No abras la puerta...

¿Y por qué debería hacerte caso, Potter? —contestó Severus—. Algo escondes que no quieres que abra esa puerta y yo estoy ansioso por saber que es...

¡No seas imbécil, Snape! —contestó James con impaciencia—. ¡Por tu propio bien, no entres por esa puerta!

Sabes que no voy a hacerte caso... —dijo Severus volviéndose hacia la puerta.

¡Snape, no!

Severus empujó la puerta y se quedó mudo ante lo que vio.

Nota: El contenido de este avance puede variar o aumentar a medida que se me vengan las ideas. ¡Para no prometer en vano!


Advertencia: Los personajes que aparecen en los libros de Harry Potter son propiedad exclusiva de la señora J.K. Rowling. Los demás personas son invención mía. A las nuevas autoras, les pido que no toquen los apellidos de mis personajes. Háganlo por cuestión de ética profesional.