N/A:

1. Strawberry Panic! pertenece a Sakurako Kimino.

2. El relato se encuentra narrado en primera persona, desde el punto de vista de Yaya Nanto.

3. Las personalidades pueden verse cambiadas un poco, pero en general se mantendrán lo más fiel posible a como se ven en el anime. También se mencionaran ciertos hechos que ocurren en el anime, con su explicación pertinente.

4. Si ven esta historia fuera de mi cuenta de FF o facebook por favor comuniquemelo, digamos No al plagio y apostemos siempre al original.

5. Cualquier sugerencia y/o crítica me la pueden hacer llegar por medio de un PM o un review.


Convivencia impuesta:

En un principio me incomodaba verla ocupando el lado que tiempo atrás le había correspondido a Hikari. Pero poco a poco ella fue transformando ese lugar y haciéndolo propio, por lo que verla allí se me hizo natural.

Por las mañanas se levantaba bien temprano, se alistaba en menos de diez minutos y suavemente me despertaba.

—Yaya - Sempai, ya es hora de levantarse —decía acercándose a mi cama y descorriendo un poco las sabanas.

—Tsubomi - chan, déjame cinco minutos más —pedía mientras me daba vuelta para la pared.

—Mira Yaya – Sempai, si no te levantas ahora tendré que usar medidas extremas para sacarte de la cama —Me advertía divertida mientras apoyaba sus manos en mis hombros.

No hacía falta que dijese nada más, a esta altura sabía perfectamente que su tercer llamado sería más bien un arrastre fuera de la cama y una pelea por colocarme ella misma el uniforme. Por lo que un poco obligada pero a la vez un tanto divertida, me terminaba por levantar, asear y dirigirme al salón de clase.

Durante el almuerzo siempre íbamos a ese lugar especial que ella había escogido y yo aprovechaba para hacerle preguntas.

—¿Por qué solo eres amiga de aquellas personas que conociste por medio de Hikari y mío? — inquirí antes de llevarme un onigiri a la boca.

—Quizás porque no me es fácil hacer amigos —respondió dejando de lado su almuerzo y llevando su mirada a algún punto distante—: No todos pueden soportar que les reprenda por no ser responsables o que les recuerde las reglas —suspiró como si recordara algún hecho en particular—: Además mis gustos tampoco me han facilitado las cosas.

—¿Tus gustos? —pregunté bastante intrigada y agregué—; ¿qué hay de raro en ellos?.

—Pus tienden a ser actividades que se disfrutan en solitario —comentó tranquilamente mientras se recostaba contra el árbol—: Escuchar música clásica, leer y escribir no son cosas que haces rodeada de muchas personas ¿no crees?.

—Entiendo, y ¿qué es lo que lees y escribes? —Curioseé mientras la observaba cerrar los ojos en un intento por llenarse de la paz del lugar.

—Leo novelas de aventura y romance, alguna que otra obra de teatro y poemas —anunció con una sonrisa y añadió—: En cuanto a lo que escribo, se trata más bien de pequeños relatos a modo de leyenda y una que otra poesía.

—Wow, eso es impresionante —proclamé emocionada y luego inquirí—: Y ¿le has mostrado a alguien tus producciones?.

—No, pues las chicas de mi curso están en otras cosas —contestó con un dejo de tristeza—; así que además de mis padres, nadie ha leído lo que escribo.

—Eso no es bueno —dije rápidamente—; debes mostrar lo que realizas a alguien más para que puedan darte una visión diferente y enriquezcan tu labor —La observé, sus ojos ahora abiertos miraban el cielo que se podía ver a través de las ramas del árbol—: Después de todo ¿no es algo a lo que te gustaría dedicarte en el futuro?.

—En verdad quisiera ser profesora de literatura —confesó mirándome con sus enormes ojos color topacio—; pero no puedo olvidar que como hija única heredé el negocio familiar.

—Ah, perdón no quise hacerte recordar cosas tristes —Me disculpé de inmediato.

—No es triste, es solo algo que eventualmente sucederá —replicó serenamente—: Además hacerme cargo del «Salón de té - Tienda de dulces»* de la familia, no es tan malo —Rió por alguna broma que recordó—: Y hacer eso no implica que no pueda lograr mi otro sueño, sino que significa que debo hacer un poco más de esfuerzo para llevar a cabo ambas cosas.

—Ahora entiendo porque eres tan madura para tu edad —anuncié con expresión de admiración—; ya tienes claro lo que deseas hacer una vez te gradúes.

—Y acaso ¿tú no? —inquirió evaluando con sus ojos la expresión de mi rostro.

—Bueno tengo alguna idea pero hay cosas que considerar aún —respondí apoyándome en árbol un poco más cerca de ella—: Por un lado está el «Complejo Turístico»* que pertenece a mi familia y que gestionaría junto a mi hermano —Hice una pausa para cerciorarme de que estuviese escuchando y continué—: Y por otro lado me gustaría ser directora vocal o profesora de canto, pero creo que antes debería volver al coro.

—Y no vuelves por Hikari ¿verdad? —preguntó con lo que me pareció un dejo de desilusión o dolor.

—Más bien porque Hikari siempre va al coro con Amane —repuse desviando mi mirada hacia un punto distante.

—Sabes que eso es una tontería ¿no? —Me regañó y sin esperar respuesta expresó—: Tienes un sueño y eso debe ser más importante que un amor no correspondido —Tomó mis manos entre las suyas—: No ocultes tu brillo tan solo por un eclipse.

Dicho eso se dirigió al coro con su andar tan característico, dejándome como encargada de juntar las cajitas de nuestro almuerzo y mil ideas agolpándose en mi mente.


Almuerzos con charlas como aquella se volvieron muy habituales y con el tiempo me convenció de acercarme nuevamente a donde practicaba el coro.

En un principio solo iba para escucharla cantar a ella, luego pasé a ser apoyo del coro en caso de que faltase algún miembro y después me volví nuevamente en un integrante estable. Eventualmente empecé a tener partes como solista en los actos escolares y al descubrir que esto maravillaba a Tsubomi me esmeré para que se llevara una buena impresión de mi actuación.

También mejoré en mis notas gracias a que me contagié del entusiasmo y dedicación que Okukawa invertía en su estudio. Numerosas noches la encontré dormida en el escritorio y la cubrí con un manta. Aunque sin darme cuenta pasé luego a levantarla con cuidado de la silla y dejarla en la cama bien arropada.

Aquella acción de mi parte me trajo como recompensa que Tsubomi, para que yo no rompiera a llorar, me saludara con un beso en la frente seguido de un «Oyasumi»* susurrado cerca de mi oído.

Al cabo de cinco meses me encontraba totalmente recuperada de mi depresión y comenzaba a sentirme ligeramente atraída por Tsubomi. Cosa que se notaba en las cosquillas que de vez en cuando le hacía, en quedarme dormida sobre su regazo durante los almuerzos, en mirarla más tiempo del debido o en ir juntas de la mano a las prácticas del coro.

Pero un evento no previsto me hizo pensar en esa persona especial que Okukawa tenía y un extraño malestar comenzó a hacerse presente en mí.

Aquel evento estaba relacionado con un par de «cartas de amor» que le fueron llegando durante un buen tiempo.

—¿Qué son estos sobres? —pregunté tomando uno de arriba del escritorio de Tsubomi.

—Cartas de algunas admiradoras —comentó estirándose en su silla.

—¿Admiradoras? —inquirí extrañada—; ¿desde cuándo tienes seguidoras Tsubomi-chan?.

—Ah, creo que se debe a que participé en un concurso literario y llegué a quedar entre los tres primeros lugares del certamen —expresó con una sonrisa.

—Ah, qué bueno —repuse sin demasiado entusiasmo por culpa de las cartas, inquiriendo luego—: Y… ¿piensas conservar las misivas?.

—Por supuesto, ya que no se vería bien que las bote por ahí ¿no crees? —replicó con cierta severidad en la voz.

—Creo que si te disgustan o te incomodan, no deberías guardarlas —proclamé algo enojada soltando en la mesa el sobre que antes había agarrado.

—Y… ¿quien dijo que me disgustaban? —inquirió algo jocosa.

—Ah, ¿entonces te gustan? —Golpeé con el puño la mesa haciendo que los sobres saltaran.

—No todas, pero hay una de alguien que me dedicó unos versos y pues me parece interesante —respondió tranquilamente, mientras volvía a acomodar los sobres.

—Mmm… y ¿le respondiste la carta a la que te dedicó unos versos? —pregunté cerrando mis manos en dos fuertes puños.

—No, aún no —contestó levantándose del escritorio y dirigiéndose a su cama agregó—: Veré como se dan las cosas antes de contestarle.


Y las cosas empeoraron para mi gusto. Se supo que la chica de la carta se llamaba Maya; quien no conforme con las misivas, se animó a esperar a Tsubomi a la salida de clases o del coro y darle presentes como flores o chocolates.

A aquello se sumó la insistencia de la presidenta del Concejo Estudiantil por hacer que Okukawa se uniera al mismo como secretaria.

—¿Qué hacía la presidenta Tomori en nuestro cuarto? —pregunté en una ocasión, entrando a la habitación.

—Bienvenida Yaya - Sempai —Me saludó mientras tomaba mis libros y los dejaba en el escritorio—: Tomori ha venido a pedirme nuevamente que me una al Concejo Estudiantil.

—Es que acaso no tiene otras cosas que hacer que molestarte para que seas secretaria del Concejo —comenté fastidiada mientras me arrojaba a la cama.

—No entiendo porque te enojas, si es a mí a quien se lo está pidiendo —dijo mientras preparaba un poco de té.

—Pero es que… ¿no te molesta la insistencia? —inquirí girándome para verla mejor.

—No del todo —expresó pensativa y agregó—; creo que su propuesta puede darme créditos extras que se vería bien para el ingreso a la universidad.

—Creo que eres demasiado entusiasta e ingenua y ella se está aprovechando de eso, Tsubomi-chan —gruñí cada vez más exasperada.

—¿Por qué dices esos? —cuestionó mirándome atentamente.

—Porque nadie va al cuarto de una persona para ofrecerle un puesto en el Concejo solo con el fin de otorgar créditos extras —Solté evidentemente molesta y añadí—: Es lógico suponer que ella quiere algo más.

—¿Algo más? —susurró para sí y luego preguntó—; ¿a qué te refieres?.

—Que quizás intenté lo mismo que Maya —Esgrimí lo más entendible que pude.

—No sé a qué viene todo esto —articuló con el semblante serio—; pero una cosa es Maya y otra la presidente Tomori —Se levantó d la silla y se dirigió a la punta de mi cama—: Y en ambos casos la decisión sobre lo que ocurra corre por cuenta mía.

—Tienes razón —afirmé saltando fuera de la cama y añadí—; ni siquiera sé que hago preocupándome por ti. Mejor te quedas con ambas si es lo que deseas.

Una vez dicho esto salí corriendo de la habitación sin rumbo fijo pero con todas las fuerzas que pude reunir en ese momento.

En el fondo no podía comprender del todo por qué me encontraba tan alterada, pero sabía que no podía estar cerca de Tsubomi mientras estuviera en ese estado.


N/A:

1) Salón de té-Tienda de dulces: En el anime y en el manga no se habla mucho de sus familias pero se intuye que son adineradas. En el caso de Tsubomi pareciera que no lleva mucho tiempo de ser una persona rica por lo que creí bueno atribuirle un negocio familiar incipiente, que combinara las dos cosas que más le gusta a ella el té y los dulces.

2) Complejo Turístico: Siguiendo la misma temática que con Tsubomi pero con la diferencia de que parece que Yaya perteneciese a una familia que lleva tiempo siendo de clase alta creí mejor hacerla dueña de un complejo turístico (posada-termas-restaurante-juegos recreativos) que estuviese en auge. Además incluí un hermano para mostrar que el porque ella es fuerte en algunos aspectos.

3) Oyasumi: Significa «buenas noches» en japones.