N/A:
1. Strawberry Panic! pertenece a Sakurako Kimino.
2. El relato se encuentra narrado en primera persona, desde el punto de vista de Yaya Nanto.
3. Las personalidades pueden verse cambiadas un poco, pero en general se mantendrán lo más fiel posible a como se ven en el anime. También se mencionaran ciertos hechos que ocurren en el anime, con su explicación pertinente.
4. Advertencia: La segunda parte de este capitulo contiene una escena subida de tono, si son sensibles les recomiendo no leerla. Gracias.
5. Si ven esta historia fuera de mi cuenta de FF o facebook por favor comuniquemelo, digamos No al plagio y apostemos siempre al original.
6. Cualquier sugerencia y/o crítica me la pueden hacer llegar por medio de un PM o un review.
La luna sonríe al final del día:
La noche fue cayendo y yo terminé dando con el invernadero en donde divisé a Amane con Hikari, que abrazadas estaban regando las rosas.
Lejos de entristecerme más bien la escena me dio algo de envidia, pues ellas se tenían la una a la otra; en cambio ¿yo qué tenía?.
Y fue allí en donde caí en cuenta de que en mi vida tenía una peli rosa con ojos color topacio que había irrumpido mi cotidianidad como una brisa primaveral, e impuesto su presencia a tal grado que se sentía natural compartir mi tiempo con ella.
Sin embargo ahora temía que alguien me pudiese arrebatar su sonrisa, el lugar especial de nuestros almuerzos o el beso de las buenas noches. Incluso albergaba un miedo aún peor y eso era que ese alguien especial; su luna quizás; pudiese abrazarla, besarla o incluso tocarla.
Y el hecho de que todo aquello me disgustara y me doliera, sólo me indicaba que en el último tiempo me había enamorado de ella.
Con este nuevo descubrimiento y con el temor de estar nuevamente amando sin ser amada, me regresé a mi cuarto. A unos pocos pasos de llegar a la habitación, la puerta se abrió y una mano me arrastró hacia dentro.
En el interior una desconocida Tsubomi me empujaba hacia la cama y se colocaba sobre mí, con sus piernas a los costados de mi cintura.
—Me cansé de jugar al gato y el ratón —expuso sujetándome las manos por encima de la cabeza, y sobre mis labios murmuró—: Ahora entenderás porque no les pongo atención a Maya y a la presidente Tomori, más allá de la gratitud y un interés académico.
Al terminar de decir esas palabras, rozó suavemente mis labios y luego delicadamente mordió el inferior obligándome a abrir la boca y darle paso a su hábil lengua. El beso se sentía anhelante; como sí hacía tiempo hubiese querido concretarse; y terminó por despertar a mi lengua, que se unió al mismo saboreando y explorando la boca de Tsubomi con igual intensidad y presteza.
—Tú eres la luna que brilla más que el sol ante mis ojos —susurró en mi oído una vez hubo acabado de besarme, liberando de su agarre mis manos.
—¿Soy la que desconoce su poder interior? —inquirí acariciando su cabello.
—Sí Yaya - Sempai, eres la que no se percata del poder interior que tiene ni de lo que provoca en los otros —Volvió a susurrarme en el oído a la vez que me mordía el lóbulo provocando un sordo gemido en mí.
—Se siente bien que esta vez mis sentimientos sean correspondidos —dije levantándome un poco sobre mis brazos para verle el rostro a Tsubomi.
—¿Eso significa que también me quieres? —preguntó con cierta incertidumbre.
—Sí, baka* —afirme acariciándole una mejilla—: Te amo y eres también mi luna preciada —Volví a acortar la distancia entre nosotras y comencé otro beso más profundo y más hambriento que el anterior.
De aquella noche, en la que nos hemos confesado nuestros sentimientos y nos hemos entregado la una a la otra, ha pasado un año. Y en nuestro aniversario además de una improvisada cena en nuestro cuarto, le regalé este pequeño relato sobre nosotras dos, escrito por mi puño y letra.
—¿Qué haces? —preguntó Tsubomi abrazándome por la cintura.
—Termino de envolver tu regalo de aniversario —contesté al tiempo que colocaba un moño sobre el paquete de envoltorio.
—Y… se puede saber… ¿de qué se trata el regalo? —inquirió cerca de mi oído—; sabes que me ponen ansiosas las sorpresas.
—Lo sé —comenté girándome dentro del abrazo y añadiendo—: Es un cuaderno con nuestra historia, escrita por mí —Le di un corto beso en los labios—: Como sé que te encanta leer, pensé que sería un buen regalo. Feliz aniversario, espero te guste.
—Sin dudas me encantará, gracias —dijo con una sonrisa que iluminó todo y rompiendo el abrazo recogió algo de su cama—: Feliz aniversario para ti también, espero te agrade tu regalo.
—¿Puedo saber yo también de qué se trata? —pregunté con mi mirada de cachorro, esa que lograba convencerla de cualquier cosa.
—Sí, claro —afirmó conteniendo la risa, y agregó—: Es un libro con las poesías que escribí desde que supe eras mi luna.
—Y… ¿hablas también de nuestros encuentros nocturnos? —inquirí pícaramente mientras la abrazaba por la cintura.
—¿Tú qué crees? —Devolvió la picardía, rodeando con sus brazos mi cuello.
—Que quizás deba ayudarte con la inspiración —susurré en tu oído antes de besar tu cuello.
Suavemente la llevé a la cama pero al momento de caer en ella, Tsubomi se las ingenió para quedar sobre mí. se acercó a mi oreja y mordió mi lóbulo, clara señal de que yo llevaba todas las de perder.
Rápidamente sentí su lengua en mi cuello y no pude más que susurrar su nombre mientras la apretaba más contra mi cuerpo. Volvió luego a mis labios para darme a entender con un beso que todo estaba bien, que aún me amaba tanto como en aquella noche de nuestra primera vez.
Pasó de mi boca al mentón recorriendo todo el camino con besos hasta el valle de mis pechos. Me quitó sin problemas la remera que usaba como pijama y sonrió complacida al descubrir que llevaba lencería de encaje en su color favorito, y pasó rápidamente a quitarme el short para apreciar mejor el conjunto.
—Sin dudas el purpura es tu color —articuló mirándome con deseo y picardía.
—Deja de jugar Tsubomi-chan —La regañé y atrayéndola hacia mí agregué—; o me quedaré con la partida.
—Me temo que eso será imposible, Yaya - Sempai —susurró cerca de mi oído al tiempo que mordía ligeramente mi cuello.
Sin prisas retomó el camino hacia mis pechos, besando y mordiendo sutilmente mi cuello. Detuvo su andar para besar nuevamente mis labios, mientras sus manos se colaban hábilmente por debajo del sostén y comenzaban a masajear mis senos, con movimientos circulares que me hacían suspirar dentro del beso.
Deslizó una de sus manos por mi espalda y desabrochó el brasier, quitándolo con tanta lentitud que aproveché para quitarle la camisa de su pijama y su sostén.
—Qué poca paciencia tienes —exclamó divertida mientras delineaba con sus manos el contorno de mi cintura.
—Es… que… a veces te… tardas mucho, Tsubomi —expresé entrecortadamente.
—Es que quiero que disfrutes plenamente, Yaya —musitó sobre mis labios antes de iniciar un juego con nuestras lenguas.
Sus manos siguieron masajeando mis senos a los que pronto unió su boca. Delicadamente los lamió y besó provocando en mí gemidos que no pude ahogar, mientras sentía como mis pezones se iban volviendo más duros y sensibles a sus caricias y mordidas.
Fue descendiendo con besos hasta mi abdomen y se entretuvo lamiendo y besando alrededor de mi ombligo. Entre tanto sus manos viajaron a mis muslos y con suaves, pero constantes, caricias estimulaban mi cuerpo aumentando mis gemidos y acelerándome la respiración.
Cerré los ojos cuando sentí que besaba la parte interna de mi muslo y se llegaba al culotte, en donde con sus dedos delineó el encaje antes de desprenderme de esa prenda. Al instante percibí como su lengua separaba los pliegues de mi intimidad, abriéndose paso hacia mi clítoris; y provocando que una oleada de placer recorriese todo mi ser obligándome aferrarme fuertemente de las sabanas.
—Tsubomi… no creo… poder aguantar… mucho más… ah —expresé jadeante al sentir como los movimientos circulares de su lengua iban aumentando su ritmo.
—(jajaja); espera que falta la mejor parte —alegó entre pícara y maliciosa; introduciendo casi sutilmente dos dedos en mí.
Ayudándose con la lengua, entró y salió con sus dedos una y otra vez haciendo que llegué al orgasmo en un gemido bastante audible. Luego fue deteniendo el vaivén de sus dedos y lentamente los retiró provocándome un suave espasmo que calmó con un beso.
Se separó de mí y se colocó a un costado atrayéndome hacia ella en un abrazo; que buscaba ayudarme a recuperar el aliento.
—¿Te encuentras bien, amor? —preguntó preocupada mientras depositaba un beso en mi frente.
—Nunca me he sentido mejor, mi luna —dije recuperando mi tono habitual de voz, y dedicándole una mirada cómplice añadí—: Pero ahora me toca jugar a mí.
Y comencé a besarla con deseo pero sin prisas; total teníamos toda la noche para disfrutarnos y la certeza de que la luna, sonríe al final del día.
Fin
