N/a: Wa! Gracias por los reviews ^^. Y ahora... ¿Adivinen qué? ¡Éste es más gracioso que el anterior! Maldición... para que vean que ando en la luna ¬¬... Como sea, esta raro... y le agradezco a Ruby por betearlo ^^. ¡Gracias, 'manita linda! xD

Tema: Edad de Oro/Mito.

Ship: Taang.

Disclaimer: Para que vean que estaba todavía más lejos de la liuna... ¡Se me olvidó el disclaimer en la pasada! *Muere* En fin, como ya sabemos, pero se los repito... Ninguno de los personajes en esta historia me pertenece. Les pertenecen a Brian y a Michael... ¿ok? xD

*****

¿Será cierto que los monstruos existen?

Podría decirse que existieron... ¿no?

En fin, en un tiempo lo hicieron. Y punto.

Hablaré de uno de esos monstruos... esta historia es tan rara...

Comenzaba con un chico, un chico que se llamaba Aang. Aang era un chico muy relajado, tranquilo... monje, que siempre estaba en un estado no muy común... pero tranquilo. Siempre velaba porque las cosas estuvieran en equilibrio y que todo fuera sencillo. No era necesaria la violencia, o eso siempre decía.

Nos ubicamos en una remota comunidad en el Reino Tierra. Donde a unos niños los asustaban con la historia de un monstruo; un monstruo horrendo que podía hacerles mucho daño si mentían.

Había niños que no lo creían, pero poco tiempo después los encontraban en situaciones muy extrañas. Obviamente habían mentido antes. Por ejemplo, a un chico lo encontraron en la punta de un barranco, sujetado únicamente por una punta filosa (donde estaba colgado de los calzoncillos) hecha de piedra, que se enroscaba alrededor de el torso del niño... Sí, realmente aterrador.

Lo malo era que el chico había quedado tan traumatizado, que no podía hablar...

Desde el suceso con aquel niño, todos los niñitos tenían miedo, así que no mentían para nada en ese pueblo. Eran muy honestos... pero esa honestidad llegaba a un punto tan exageradamente insoportable...

Los niños ya estaban hartos del miedo, así que llamaron a Aang para que los salvara... ah, ¿no les dije que Aang también tiene complejo de héroe?

Pues bien, lo tiene.

Un día, Aang llegó al pueblo a buscar al monstruo. Lo buscó por todo el día, haciendo de todo para encontrarlo, pero no lo hizo. Pareciera como si hubiera sido tragado por la tierra... y así se lo comunicó a los pueblerinos.

—Es que es ahí donde vive. En la tierra —Contestó el chico traumatizado, saliendo por primera vez de su trama.

—¿Cómo lo sabes? —Preguntó Aang.

—Porque... porque... cuando salió... —entonces empezó a temblar y volvió al trauma en el cual no habla.

Así que vivía en la tierra... pero... ¿cómo buscar en la tierra?

—Necesito maestros tierra —Dijo Aang después de una noche entera de pensamiento profundo acerca del tema—. ¿Quién se ofrece?

Nadie se ofreció.

—¿Por qué no mejor dice una mentira? Así tal vez lo tome... —Dijo una voz femenina entre las personas.

—¿Mentir? ¿Pero en qué puedo mentir?

Pero la voz no le contestó.

—Mentir... —Repitió Aang—. ¡Ya sé! ¡Soy un maestro fuego!

Nada pasó.

—¿Soy maestro fuego? —Se preguntó a sí mismo Aang... sin conseguir respuesta.

Los pueblerinos lo miraron con miedo, así que Aang decidió decir sus mentiras a sí mismo, lejos de miradas curiosas.

—¡Vivo en un iceberg! —Dijo a la millonésima, pasando por mentiras tontas que no venían al caso... al no pasar nada volteó la cabeza hacia la pequeña casita donde estaba viviendo, y vio el título de ésta: Iceberg—. ¡Maldición! ¡No, no! ¡Yo nunca digo maldiciones, maldición!

Entonces se abrió la tierra...

—¿Eso era todo? —Preguntó Aang antes de ser noqueado por un pedazo de tierra que le dio en la cara por completo.

Cuando abrió los ojos sintió que las manos le pesaban. Fue entonces que supo por qué: Estaba cargando a... ¡una figura hecha de piedra! ¡Una persona! ¡No! ¡Un monstruo!

—¡Ah! —Gritó y lo tiró—. Digo... señor monstruo... yo... yo quería decirle que... —Era tan grande... y Aang se sentía como hormiguita a lado de un dinosaurio... aunque los dinosaurios ya se hubieran extinguido... ¡ah! ¡ese no era el tema!—, bueno... la... la gente... —Balbuceó.

—¡¿Por qué me tiraste?! —Preguntó con una voz más... femenina.

—Espera... ¿eres mujer?

—¿Qué? ¿Un monstruo aterrorizante tiene que ser hombre a fuerza? ¡Vaya injusticia! —dijo el monstruo de piedra en lo que se sentaba en el suelo, haciendo una casita. Aang estaba dentro también.

En un movimiento con la mano, cuatro pedazos de tierra salieron disparados hacia Aang, tomando sus manos y pies y fundiéndolos con la pared.

—Por cierto, me llamo Toph, gracias por el interés.

—¿Tienes... tienes nombre? —Dijo Aang, viendo con terror el ambiente en el que estaba.

—¡Claro que tengo nombre! —se levantó y Aang cerró los ojos con fuerza, aprisionando sus párpados con terror—. No te voy a hacer nada, niño —le dijo, y cuando Aang abrió los ojos, el monstruo... o... eso, estaba sentado nuevamente.

—¿Por qué no me has hecho nada? Mentí...

—¿Quieres que te haga algo? —las rocas en su rostro se movieron de una forma que, Aang supuso, parecía ser una sonrisa burlona.

—¡No, no! —se apuró a contradecir—. Es sólo que... bueno, yo pensé que me harías algo... porque nunca platicas con tus... bueno... victimas... ¿o sí?

—No —admitió—. Pero tú eres especial. Tú querías verme, y vaya que te tardaste... —movió un pie y una mesita apareció frente a ella; subió los pies y los entrecruzó de una forma extraña... (Vamos, todo es extraño, ¡es un monstruo de piedra!) —. Hubo unas mentiras que dijiste que me dieron tanta risa... eres patético, ¿sabes?

—Gracias —Contestó él, aunque sin saber por qué.

—¿Entonces?

—¿Entonces qué?

—¡¿Para qué me querías ver?!

—Ya te lo estaba diciendo... los pueblerinos... bueno, ellos no quieren que... ya sabes, les hagas daño a los niños que mienten...

—Les hago un favor a los desagradecidos... nunca están contentos, antes darían cualquier cosa para que sus hijos no mintieran, ¿ahora quieren que mientan?

—No..., no..., no es eso. Ellos sólo quieren que tú dejes de lastimar a los niños...

—Pero no les hago nada... vaya, que sí, uno que otro rasguño... o como tú, les dejo un ojo morado... pero nada más... además, ¿cómo quieren que aprendan los niños? Hay veces que la violencia es la única manera...

—No, no lo es. La violencia nunca es la respuesta —Aang en su momento de inspiración.

—¿Ah, no? Dime, esos niños dejaron de mentir, ¿cierto?

—Sí, pero eso no prueba nada...

—¡Claro que sí! —Dijo Toph, enderezándose en su lugar—. Si no hubieran visto a aquel niño que dejé en el barranco, ahora estarían mintiendo.

—No...

—Sí...

—¡No!

—¡Sí!

—¡Ah, ya! —Dijo Aang, después de unas quince veces de lo mismo—. A todo esto... ¿cómo es que sabes si mienten o no?

—Tengo un don —Contestó simplemente.

—¿Qué clase de don?

—Amm... ¿Sé cuando las personas mienten? —Sarcasmo.

—Pero cómo lo haces, es lo que quiero saber...

—Confórmate con saber que soy la mejor maestra tierra que hay —Sonrió.

—¿Entonces... entonces no eres así?

—Oh, claro que no... Ésta era la única forma en la que no me reconocerían los demás niños... además, si me pongo la tierra encima, es más divertido —Sonrió otra vez.

—¿Puedo ver cómo eres? —Preguntó Aang, tímido.

—¿Para qué? —Contestó Toph secamente—. ¿Para que cuando me veas en el pueblo, me señales como el monstruo y así te tachen de héroe? No, no...

—No... —Negó con la cabeza—. Yo sólo quiero ver cómo eres...

Toph lo miró fijamente. O eso pareció, pues como tenía tanta roca encima... En fin, se levantó y, como si la tierra fuera agua, se le fue resbalando.

—Ahora que lo pienso —Dijo ella, mientras la tierra se resbalaba de su cuerpo– Si me llegaras a delatar, nadie te creería. ¿Tú podrías creer que la ciega del pueblo es el monstruo? —Terminó, quitándose el pelo de la cara y dando a ver sus ojos grises.

—¿Estás... ciega?

—Sí... orgullosamente ciega, niño —Lo soltó—. Ahora, si le llegas a decir a alguien que...

—No lo haré —Repitió por milésima vez—. Pero tú tienes que hacer algo por mí a cambio.

—Ya te dije que no me podrás amenazar, nadie te creerá...

—Sí lo harán, creeme —Sonrió, aunque se dio cuenta tarde de que ella no se daría cuenta.

—No sonrías —Lo regañó, y la sonrisa de Aang desapareció.

—¿Pero cómo...?

—Tu voz dice mucho de ti —Sonrió—. Sé que quieres que deje en paz a los niños... pero ese era mi pasatiempo, así que si me consigues otro, dejo a los niños en paz.

—¿Tenemos un trato, señorita? —Le tendió la mano, aunque no estuviera seguro de si lo veía o no.

—No me llames así —Lo regañó nuevamente, y le dio la mano—. ¿Cuál será mi nuevo pasatiempo?

—Ya lo verás...

Días después se fundaron las Luchas en el pueblo, donde muchos maestros tierra combatían entre ellos para ver quién era el mejor destruyendo al otro. Una niña ciega era la campeona invicta.

Del monstruo... nunca más se supo. Aang fue gratificado con muchas cosas, de las cuales tuvo que dar para hacer las luchas en el pueblo.

Y Aang y Toph... bien… digamos que son una pareja... extraña.

*****

N/a: Bien... eso fue todo por hoy. No sé que agregar... sólo espero que les haya gustado :) Bien, gracias por leer... nos vemos en el siguiente ^^.