Jason

(Accidentalmente)

Jason golpeó su rostro con la almohada.

Era de noche y el balanceo del barco le hacía querer vomitar todo lo que había cenado apenas. Viajar por mar naturalmente le caía como una patada en la entrepierna: Sintiéndose inseguro y fuera de su elemento como un bebé al que dejaban inconsciente a cada segundo.

Dioses, Pensó, tratando de contener su estómago lo mejor que podía cerrando los ojos con fuerza. La cabeza le dolía a montones y la respiración se le hacía como la de un perro jadeando. Su pecho le dolía nuevamente de la misma manera.

Casi podía escuchar ese tipo de canciones cursis que ocurren cuando el protagonista despistado se daba cuenta de sus sentimientos, pero ya era demasiado tarde para poder hacer algo. Afrodita seguramente estaba en algún lado del Olimpo viéndolo retorcerse y riendo, sabiendo que su problema era una perfecta historia para ella.

En realidad, él no era tan tonto (tanto…) y por supuesto, estaba al tanto de sus sentimientos confusos, pero Jason no podía entender cómo su cabeza de piedra volvía a lo mismo una y otra vez aún después de las cosas que hacía para convencerse.

Por Hades que no era difícil, en serio. Besar a Piper, sostener a Piper, Preocuparse por Piper. Amar a Piper.

¿Sí? Cualquier chico que estuviera en sus zapatos se hubiese lanzado a los brazos de su novia y jamás la dejaría ir, pero Jason era lo contrario a un novio modelo y, por su puesto, tenía algo más clavado en mente.

La cabina de Annabeth estaba justo al frente de la suya.

Imaginar que solo dos puertas, un pasillo y una cabra conservadora los mantenían separados hacía que un cosquilleo le recorriera las piernas y aliviara un poco su malestar. El que Leo las hubiese construido al azar le daba una pequeña esperanza de que alguien, ahí arriba, deseaba que sucediera.

Era como un pequeño susurro, de una voz suave y encantadora, que le decía que se levantase. Jason no luchó cuando su cuerpo se movió como las ondas que mecían al barco y su mano se posó sobre la manija de la puerta, con el furor en la garganta y los pantaloncillos de superman que le quedaban algo grandes.

Caminó lento y silencioso en la penumbra del pasillo principal. El misterio y las ligeras luces lo sumieron en su ensoñación. ¿Quería hacerlo? La verdad, se moría por intentarlo, como un reto del cual solo tenía una oportunidad en su vida. ¿Estaba bien? Por su puesto que no, por muchísimas razones que involucraban su amistad con Percy.

Pero la puerta de Percy estaba bien cerrada a su derecha, y el, a unos centímetros de abrir la de su novia.

Tragó, mientras el remordimiento se volvía la razón. ¿Qué estaba haciendo? Eso no era correcto, ni por mucho que estuviera algo golpeado por Annabeth le daba la autoridad de interrumpir en su cuarto. ¿En qué pensabas, Jason Grace? Tratando de colarte en el cuarto de una chica, ¡Por el amor a los dioses! Eso no era para nada caballeroso, ni honorable.

El chirrido llegó a sus oídos y se dio cuenta de que ya estaba, por mucho, asomado por la puerta. Sus ojos azules recorrieron con vergüenza el lugar, como si estuviera profanando algo, sea lo que fuese. Se sorprendió de lo temerario (y estúpido) que era para llegar hasta ese punto, pero no se detuvo. Annabeth se removió en su cama y la escuchó suspirar.

Por los calzones de Hades, su cara comenzó a arder.

Las manos le temblaban como si fuese un Músico Mexicano y de nuevo, quiso acercarse.

¡No!, se reprendió. ¡Podría despertar!

El cabello rizado de Annabeth se esparcía sobre su rostro y murmuraba palabras, Jason quería recogerlo y acariciarle hasta verla dormir tranquila.

Dominó sus instintos, y con mucho cuidado volvió a colocar la puerta en su lugar no sin antes echarle un último vistazo a la chica, como castigo por molestarle. El barco crujió y a su izquierda, la puerta de Frank se abrió, dejando pasar a un muy somnoliento chico que le puso los cabellos de punta.

—…¿Jason?—murmuró con pereza mientras restregaba sus ojos. El Pretor se paralizó en su lugar y colocó las manos en el aire— ¿Por qué estás despierto a esta hora? Aun no es tiempo de desayunar…

—Y-y-yo…

—¿Ibas a decirle algo a Annabeth?—Jason no dijo nada—está bien, yo también he hablado solo con ella. Es muy buena escuchando, ¿Sabes? No tienes por qué sentirte avergonzado— Soltó un largo bostezo, como el de un Oso— Nada más ten cuidado con el entrenador, si no fueras novio de Piper cualquiera pensaría que estabas…Aaahh… tratando de entrar al camarote de…uhhh, Annabeth.

Frank retrocedió y se internó de nuevo en la cueva que tenía por habitación con un ligero "Buenas noches, abuela" despidiéndose de Jason.

Su corazón volvió a bombear sangre y corrió de nuevo a su cama, ocultándose entre las cobijas e intentando olvidar lo que había visto.

Quedando en él como un "Accidente" que jamás se volvería a repetir.

¿O sí?


Terminé.

Mi trabajo aquí está hecho y espero que les haya gustado de todo corazón.

Espero verlas más por aquí y terminaré de escribir "La bendición de Afrodita!" muy pronto.

gracias por leer y muchísimos besos para todos.

con amor infinito,

Kura.