ACLARACION: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentacion de Heidi Rice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
Disfruten la lectura...
Sakura ya no se estaba riendo cuando entró en el ascensor esa noche. Mientras ascendía en silencio hasta la novena planta, supo que el vacío que sentía en el estómago tenía más que ver con los nervios que con la ley de la gravedad.
Estudió su reflejo en el espejo. Al menos no parecía una vagabunda. Después de una breve, pero fortalecedora siesta, había tomado uno de los billetes de cien dólares de Uchiha y había salido a comprarse algo de ropa, consciente de que no podía presentarse en el restaurante más lujoso del hotel vestida como si fuese una modelo.
No quería impresionar a Uchiha con su imagen, pero tampoco le apetecía hacer el ridículo. Por suerte, era experta en comprar ropa con poco dinero, y encontró un vestido de seda azul y dorado en una tienda de segunda mano por veinte dólares. Le quedaba un poco justo a la altura de los pechos, pero el resto parecía hecho para ella. El estilo años cincuenta parecía retro, no pasado de moda, sobre todo con las sandalias de tacón y el bolso que había encontrado en otra tienda que estaba de liquidación. Después había ido a un supermercado y se había hecho con todas las muestras gratuitas de cosméticos que había encontrado. Así que, en total, incluyendo el pañuelo que había comprado para recogerse el pelo, se había gastado menos de ochenta dólares.
Había reservado los veinte dólares restantes para alguna emergencia y los otros cuatrocientos los tenía dentro del bolso nuevo. Lo apretó contra su vientre y miró por encima de su hombro para ver cómo estaba por detrás. Se tranquilizó un poco. Estaba estupenda. Tal vez un poco rara, pero estupenda. Ojalá se hubiese sentido así también por dentro.
Desde que había empezado a prepararse, una hora antes, los nervios se habían instalado en su estómago.
¿Por qué querría Uchiha cenar con ella?
No habían conectado demasiado bien. Era evidente que lo que quería el dueño del hotel era una conquista fácil. A pesar de que el tanga la había hecho reír, Sakura sabía que, si bajaba la guardia con Uchiha, la cena podía terminar en desastre. No porque le escandalizase la idea de tener una aventura con él, le gustaba el sexo como a cualquiera, hacía mucho tiempo que no estaba con nadie y tenía la sensación de que Uchiha debía de ser muy buen amante, pero su confianza en sí misma se había llevado un buen golpe con Sasori y no quería volver a sentirse utilizada, ni siquiera aunque fuese algo mutuo.
Tenía planeada la estrategia. Sería educada y distante. No le daría pie a nada. Uchiha era un hombre peligroso, guapo y lleno de magnetismo, y lo sabía. Y a juzgar por lo que había visto de él, debía de ser todo un experto en el arte de la seducción. Por si fuera poco, nunca se había sentido tan atraída por un hombre. Lo mejor sería no morder el cebo, para no terminar seriamente dolida.
Las puertas del ascensor se abrieron y Sakura salió a un vestíbulo muy lujoso, pero casi ni lo vio, su vista se posó en el extremo opuesto del restaurante, en el ventanal desde el que se veía Las Vegas de noche. El hotel de Uchiha no era el más grande, pero estaba muy bien situado. La ciudad, vista desde aquel ángulo, irradiaba glamur.
Sakura respiró hondo antes de acercarse al maître y decirle su nombre. Había llegado puntual, pero pronto se dio cuenta de que Uchiha se le había adelantado, y se levantó al verla llegar.
Iba vestido con un traje gris muy conservador y una camisa blanca con el primer botón desabrochado, dejando al descubierto algo de vello. Sakura se fijó en que parecía relajado y cómodo en su propiedad. Era alto, moreno, guapo y devastadoramente sexy. A ella se le aceleró el pulso y volvió a sentir el cosquilleo del estómago. Se preguntó si habría sobreestimado su capacidad de resistencia a lo irresistible.
Sasuke llevaba diez minutos sentado a la mesa, con un whisky con soda, preguntándose si lo del tanga habría sido un error táctico a aquellas alturas del juego.
Lo había comprado sin pensarlo y le había escrito la nota con la intención de enfadarla, pero al llegar al restaurante había empezado a preguntarse si se habría pasado.
¿Tendría Sakura sentido del humor? No obstante, nada más verla andando hacia él, el deseo hizo que se olvidase de todas sus dudas.
Estaba impresionante. El dorado del vestido brillaba bajo la luz de las velas, haciendo resplandecer sus curvas y acentuando el modo en que la tela se pegaba a su cuerpo. Era más alta de lo que le había parecido al principio, llevaba la melena rosa recogida con un pañuelo de seda azul y sus piernas desnudas terminaban en un par de sandalias doradas. Tuviese o no sentido del humor, era evidente que sí tenía estilo. El conjunto parecía sacado de una película de Marilyn Monroe, pero a ella le sentaba bien. Sasuke bajó los ojos al escote y se le secó la boca.
Se dijo que tendría que subirles el sueldo a las dependientas de la boutique por haber aconsejado tan bien a Sakura . Ésta le sonrió con educación mientras el camarero dejaba las cartas encima de la mesa y se alejaba.
—Hola, señor Uchiha —lo saludó con voz ronca—. Espero no haberle hecho esperar.
—Llámame Sasuke —dijo él, tomando la mano que Sakura le ofrecía.
A ella le temblaron los dedos un poco y él aspiró el aroma de su perfume. Sensual, pero sutil. Contuvo las ganas de enterrar el rostro en su cuello y respirar hondo.
—Ha merecido la pena la espera —añadió, mirándola de arriba abajo—. Qué vestido.
—Gracias —respondió Sakura, pasando las manos por la tela—. Mejor que el albornoz, ¿no?
Él sonrió. Así que sí tenía sentido del humor. Aquélla prometía ser una noche divertida.
—Depende de lo que lleves debajo —le dijo, pensando que sólo los débiles se arrepentían.
Con los ojos negros de Sasuke clavados en los suyos y su impresionante rostro relajado y sonriente, Sakura sintió que todos sus buenos propósitos se iban a pique.
—Vaya, ¿ya estamos hablando de tu debilidad por las braguitas? —bromeó—. Pensé que al menos me dejarías tomarme algo antes.
Él dejó escapar una carcajada y los ojos le brillaron con satisfacción.
—De acuerdo, vamos a pedirte algo, aunque tengo que advertirte que mi debilidad está empezando a convertirse en una obsesión.
—¿De verdad, Sasuke? Pues no me parece muy sano.
El camarero se acercó y Sakura le pidió un kir, consciente de que Sasuke seguía estudiándola.
—Tienes razón, no es sano —admitió él cuando el camarero se hubo marchado—. ¿Crees que necesito terapia?
—O eso, o tal vez debas dejar de mandar tangas a mujeres a las que no conoces de nada.
El camarero le llevó la copa con vino blanco y casis, y Sakura le dio un trago.
—Tal vez eso funcione —le dijo Sasuke poco convencido—. O tal vez deba intentar conocerlas antes — alargó la mano y acarició la de ella—. ¿Qué te parece? Ella sintió que el calor le subía desde la mano por el brazo, hasta llegar al pecho.
Sakura se dio cuenta de que el señor Uchiha era muy peligroso, pero la tentación de jugar con fuego la superó. ¿Por qué no? Después del día que había tenido, le sentaría bien coquetear un poco.
—Siempre y cuando no te estés refiriendo a conocerla en el sentido bíblico —respondió, dando otro trago—, porque entonces vamos a tener que volver a tu problema con las braguitas.
Él arqueó una ceja. —El problema no duraría mucho, Sakura. Te lo garantizo.
Ella notó que la temperatura iba subiendo. Sasuke la estaba mirando como si ya estuviese desnuda. Así que tendría que enfriar la situación lo antes posible, antes de que los dos empezasen a arder. No estaba jugando con fuego, estaba jugando con el infierno. Y no tenía ni idea de qué hacer.
Sasuke supo al instante que había ido demasiado lejos. La vio ruborizarse y pensó que era una pena, pero que era normal. Nunca había estado tan caliente, nunca se había excitado en tan poco tiempo. Al ver a Sakura apoyar los labios en la copa, toda la sangre de su cuerpo había empezado a bajar, dejándolo aturdido.
Ella abrió la carta con manos un poco temblorosas y la leyó detenidamente, en silencio. Luego levantó la cabeza y sonrió con nerviosismo.
—¿Pedimos? Tengo mucha hambre.
Él también tenía hambre, más hambre que en mucho tiempo, pero no de comida. No obstante, asintió y tomó su carta.
—Me parece bien. Permitió que Sakura dirigiese la conversación hacia temas banales.
Había notado cómo le temblaba la voz unos minutos antes y eso había hecho saltar la señal de alarma. Sasuke sabía que no debía precipitarse. Había aprendido hacía tiempo que la paciencia era mucho más que una virtud. Era un placer. Uno obtenía lo que quería, pero lo saboreaba antes.
Y tenía la sensación de que iba a merecer la pena saborear a Sakura Haruno, con su labia, su cuerpo exuberante y su fresco sentido del humor.
La comida era exquisita y Sakura estaba muerta de hambre, pero cuando le pusieron delante la delicada tarta de chocolate, casi no había probado bocado. No podía dejar de parlotear. Tal vez fuese por la intensidad con la que Sasuke absorbía todo lo que ella decía. O por las preguntas que le hacía, como si de verdad le importase lo que le estaba contando.
Sasuke conocía bien Japon, había vivido allí varios años durante su adolescencia, y charlaron de la ciudad durante casi toda la cena. Debería haber sido una conversación relajante e inocua, pero cada vez que Sasuke bajaba la mirada a sus labios, cada vez que ella se fijaba en su sensual sonrisa, la tensión aumentaba un poco más.
Se metió una cucharada del rico postre de chocolate en la boca. Tenía un sabor oscuro, sensual y delicioso, a pesar de los estragos que los nervios y la emoción estaban causando en su estómago.
—¿Cómo está tu tarta? —le preguntó él, volviendo a mirar su boca.
—Deliciosa —contestó Sakura con el pulso acelerado, relamiéndose—. El chocolate debería ser uno de los siete pecados capitales, ¿no crees?
—Pensé que lo era —respondió Sasuke, en tono tan rico y pecaminoso como el chocolate.
—¿Quieres probarlo? —le preguntó Sakura, tomando otra cucharada.
—Pensé que no ibas a ofrecérmelo nunca —dijo él, convenciéndola con la intensidad de su mirada de que no estaban hablando del postre.
Ella levantó la cuchara. Sasuke tomó su mano con dedos firmes y la guió hasta sus labios. Al ver desaparecer el chocolate entre ellos, el deseo que Sakura estaba conteniendo en su interior entró en erupción. Los pezones se le endurecieron contra la suave tela del vestido y sintió un calor húmedo entre los muslos. La sensual batalla que había estado librando contra su cuerpo durante toda la noche estaba perdida.
—Gracias. Está delicioso —le dijo él, acariciándole los dedos antes de soltarle la mano.
Sakura vio un brillo de triunfo en su mirada y se dio cuenta de que Sasuke había ganado.
No tardó en reclamar el botín.
—Sakura —le dijo, con la espalda apoyada en la silla y un brazo encima de la mesa—. Eres preciosa, me tienes intrigado y me siento muy atraído por ti. Me gustaría hacerte el amor esta noche. ¿Qué te parece?
Bueno, que era muy directo, pensó ella, con el corazón a punto de estallar.
Tenía que haberle dicho que la atracción no era mutua, que no quería acostarse con él. Era una locura ser tan insensata, tan impulsiva, pero no consiguió mentirle. Era como si una devastadora reacción química hubiese tomado el control de su cuerpo y no le permitiese decirle aquello.
Tal vez fuese una locura, pero no quería decírselo. Sasuke Uchiha habría sido el sueño de cualquier mujer. Y tal y como la estaba mirando en esos momentos, a Sakura iba a darle un ataque al corazón. Nunca había estado tan excitada en toda su vida. Aquel hombre podría hacerle olvidar el lío en el que estaba metida, aunque fuese sólo por una noche. ¿Acaso no se merecía la oportunidad de poder escapar?
Sakura se concentró en su rostro y le dijo:
—La verdad es que me gusta bastante la idea.
Él abrió mucho los ojos, sorprendido, y ella se preguntó si había sido demasiado directa, pero entonces vio cómo sus ojos verdes brillaban de pasión. Sasuke dejó la servilleta encima de la mesa y se levantó.
—Vamos a mi ático, entonces —dijo en tono ronco—. Antes de que mi problema con las braguitas absorba lo mejor de mí.
Ella se echó a reír, aturdida de deseo, mientras él la agarraba por la cintura y la llevaba fuera del restaurante.
Cerezoo
