Hoola
ACLARACION: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentacion de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
Disfruten la lectura...
-Te has levantando muy temprano. Supongo que anoche no te cansé lo suficiente.
Sakura se giró al oír la voz profunda y ronca del hombre que le había hecho pasar la noche más salvaje de toda su vida. Lo vio apoyado en la puerta de la cocina, sonriendo con malicia. Se había puesto unos pantalones de chándal, pero llevaba el pecho desnudo, y estaba muy sexy recién levantado, todo despeinado.
A Sakura se le hizo la boca agua y notó un nudo en el estómago.
No sabía cómo debía comportarse una al día siguiente. Era la primera vez que se acostaba con un hombre nada más conocerlo y no sabía qué debía decirle, después de que le hubiese dado más placer que nadie en toda su vida.
—Es por culpa del jet lag —contestó, tocando la caja de galletas que tenía delante—. Las he encontrado en el armario. ¿Quieres un café y algo dulce?
Él bostezó y estiró los brazos al tiempo que arqueaba la espalda. Sakura se fijó en los músculos de su pecho.
—Esas galletas son de Shin—le dijo—. Y se pondrá furioso si nos las terminamos.
Se acercó a ella sonriendo y Sakura vio un hoyuelo en su mejilla en el que no se había fijado la noche anterior.
Notó el calor de su cuerpo al acercarse a ella para quitarle la caja de la mano y dejarla en la encimera.
—Creo que podemos encontrar algo mejor —le dijo, apoyando las manos en sus caderas y acercándola a él, acariciando la tela suave de su vestido—. Puedo cocinar algo, o podemos llamar al servicio de habitaciones.
Se inclinó a darle un beso en el cuello y a ella se le endurecieron los pezones.
—Si te apetece algo dulce, preparan unos gofres deliciosos. A mí me apetecen.
Ella respiró varias veces, apoyó las manos en su pecho y lo apartó. Su cerebro estaba empezando a trabajar por primera vez desde que lo había visto en la puerta de la cocina.
—¿Quién es "Shin" —le preguntó.
¿Tendría un hijo? Dios santo, ¿estaría casado? No había visto nada que se lo hiciese pensar, pero podía estar casado, y le horrorizó darse cuenta de que no lo sabía.
Él se estiró y estudió su rostro.
—No te asustes —le dijo, apoyándose en la isla que había en el centro de la cocina—. Shin es mi ahijado de cinco años. A veces se queda a dormir, cuando Hinata y Naurto , sus padres, necesitan canguro. ¿Quién pensabas que era?
—No tenía ni idea —admitió ella, obligándose a sonreír—. No tienes pinta de canguro.
—No es una tarea demasiado complicada —respondió Sasuke sonriendo—. Shin hace lo que quiere conmigo —añadió en tono cariñoso.
Era evidente que adoraba al niño y a sus padres.
Aquélla era una faceta de él que Sakura jamás habría imaginado. Y, sin saber por qué, se le encogió el estómago al pensarlo.
—Entonces, ¿quieres que pida los gofres? —preguntó Sasuke arqueando una ceja—. Podemos entregarnos a los pecados mortales que nos dejamos anoche mientras esperamos a que los traigan.
—¿Es que nos dejamos alguno? —dijo Sakura , echándose a reír.
Él volvió a acercarse, envolviéndola con su olor a hombre, y le acarició la mejilla con los nudillos.
—Apuesto a que se me ocurre algo.
—Y a mí me encantaría aceptar la apuesta —contestó ella—, pero, por desgracia, he quedado dentro de quince minutos con tu gobernanta, la señora Senju .
Y pensar que iba a pasarse toda la mañana haciendo camas cuando podía pasársela deshaciendo la de Sasuke Uchiha . Había pasado una noche de ensueño, pero había llegado la hora de volver a la realidad.
Él frunció el ceño.
—¿Para qué has quedado con Tsunade ?
—Creo que es sólo un trámite —contestó Sakura , encogiéndose de hombros mientras se giraba para servirse una taza de café—. Rellené todos los papeles ayer por la tarde.
—¿Qué papeles?
Ella sacó una taza del armario y la dejó sobre la encimera. —No he encontrado leche…
—Te he preguntado qué papeles.- Sakura se giró de nuevo a mirarlo.
—El formulario de contratación, unos dos mil folios —dijo, tomando la taza de café con ambas manos—. La señora Senju me va a conseguir el número de la seguridad social. Menos mal que Sasori no se llevó mi pasaporte estadounidense. Si no, habría tenido muchos problemas —dio un sorbo. El café olía a café, pero sabía a agua—. No te ofendas, pero tenéis un café asqueroso.
—¿Para qué has rellenado esos papeles? –Sakura frunció el ceño. ¿Por qué se estaba comportando Sasuke como si no la entendiera?
—Porque voy a trabajar aquí, ¿por qué si no? — respondió ella—. Lo hablamos ayer, en tu despacho, ¿no te acuerdas? Me dijiste que ibas a llamarla para decírselo.
—Sí, pero no lo hice.
—Ya lo sé.
Se había sentido como una tonta al mencionar el nombre de Sasuke a la gobernanta. Era el dueño del hotel. Y se había sentido dolida cuando ésta le había asegurado que no había tenido noticias del señor Uchiha.
—No pasa nada —añadió Sakura —. La llamé yo. Da la casualidad de que la semana pasada se fueron dos camareras, así que la señora Senju se puso muy contenta cuando…
—No vas a trabajar aquí —la interrumpió Sasuke .
—¿Qué? —preguntó ella, sin saber si había oído bien.
—Sakura … —dijo él en tono más suave—. Nunca me acuesto con mis empleadas, es una norma que sigo a rajatabla.
—Ah —dijo ella, ruborizándose.
Acababa darse cuenta de lo mucho que deseaba seguir con aquella aventura. Intentó que no se le notase la decepción. Sasuke sólo había querido pasar una noche con ella.
—Lo comprendo —le dijo, sintiendo ganas de marcharse de allí—. Bueno, ha sido divertido —añadió, dejando la taza en la encimera—, pero tengo que marcharme, la señora Senju debe de estar esperándome. No quiero llegar tarde el primer día.
Intentó pasar por su lado, pero Sasuke la agarró del brazo.
—No me estás escuchando, Sakura . No vas a trabajar aquí.
—Por supuesto que sí —replicó ella
—No. Ya no lo necesitas.
—Claro que necesito el dinero.
—Tienes quinientos dólares. Si no es suficiente, dímelo.
—No seas ridículo —le dijo Sakura , cruzándose de brazos e intentando controlarse—. No quiero que me des más dinero. Cuanto más acepte, más tendré que devolverte. Te he dejado los cuatrocientos dólares que me han sobrado en el salón. La señora Senju me ha dicho que podrá darme un adelanto dentro de un par de días. Cuando haya…
—¿De qué estás hablando?- Sakura se quedó inmóvil. ¿Por qué estaba Sasuke tan enfadado?
—Me dijiste que necesitabas dinero y te lo he dado. ¿Por qué me lo devuelves? —le dijo, pasándose la mano por el pelo.
—Porque no es mío —replicó ella—. Es tuyo.
—¿Y qué? Sólo son quinientos dólares, no quiero que me los devuelvas.
—Pensé que era el adelanto del que habíamos hablado.
—¿Qué adelanto? —inquirió él, exasperado.
Sakura se dio cuenta de lo que ocurría. Y volvió a tener la sensación de indefensión contra la que había luchado durante toda su niñez. —Espera, quieres decir que me habías regalado quinientos dólares —le dijo—. ¿Por qué?
Había pensado que el dinero era un adelanto, pero si no lo era… Pensó en lo ocurrido la noche anterior. Y lo que había hecho cambió completamente de cariz.
¿En qué había estado pensando al tontear con él, al tirarse a sus brazos? Se llevó la mano a la boca, por miedo a vomitar.
—Tengo que marcharme —balbució, desesperada por salir de allí.
Sasuke la vio palidecer antes de salir corriendo de la habitación.
—¿Qué…?
Tardó un momento en alcanzarla en el pasillo.
—¿Qué te pasa?
Sakura lo miró con desprecio, estaba temblando. Parecía muy disgustada, pero Sasuke no sabía por qué. —Ya te dije ayer que no era una prostituta —le dijo ella, con lágrimas en los ojos.
—¿Y quién ha dicho que lo seas?
—Uno no da quinientos dólares a cambio de nada. Así que era eso. El problema era el dinero.
—Estabas en un aprieto. Te ayudé. No pasa nada.
—Pues yo creo que sí —respondió ella muy seria. Intentó zafarse de él, pero Sasuke no se lo permitió.
No la dejaría marchar hasta que no aclarasen aquello.
—¿Me sueltas el brazo? Él abrió un poco la mano, para no hacerle daño, pero no la soltó.
—No hasta que no me digas cuál es el problema.
—Es muy sencillo. Que no acepto dinero de hombres a los que no conozco.
—Para empezar, me conoces —replicó él, acercándola más—. Después de lo que hicimos anoche, me conoces muy bien.
Sakura se puso colorada y eso le gustó.
—Para continuar, no te he dado los quinientos dólares para pagarte por tus favores sexuales —continuó, sintiéndose insultado—. Nunca he pagado ni pagaré por tener sexo.
—De acuerdo —dijo ella, todavía más colorada, pero relajándose un poco—. Siento haberte acusado de eso. Es sólo… que parecía… No sé, me parecía raro.
—Era un regalo, entre amigos.
—Está bien, pero no puedo aceptarlo —insistió Sakura.
—¿Por qué no?
—Porque no puedo —respondió ella, subiendo la voz al mismo nivel que él.
—Bueno, tranquilízate, ¿de acuerdo? Sasuke .- le acarició el brazo desnudo, para calmarla, a pesar de que él no estaba nada tranquilo. Intentó averiguar en qué se había equivocado. Cómo podía haberse torcido todo tan pronto.
Se había despertado muy relajado y había pensado que pasaría los siguientes días con ella, disfrutando el uno del otro.
Hasta que Sakura había empezado a hablar de Tsunade , de formularios y de dinero. No podía permitir que trabajase en el hotel. No quería que trabajase para él, quería que estuviese con él, dentro y fuera de la cama, durante los siguientes días, pero iba a tener que cambiar de táctica para convencerla.
—Sakura esto es una tontería —intentó razonar—. Anoche fue increíble. Y tengo un par de días antes de marcharme a California. Podríamos pasarlo muy bien juntos.
Ella no respondió, así que Sasuke continuó. Seguro que acababa dándose cuenta de que era lo más inteligente.
—Puedes quedarte aquí conmigo y, cuando me marche, te compraré un billete de avión para que vuelvas a Londres. ¿Qué te parece?
Sakura no se había sentido más humillada en toda su vida. Aquello era todavía peor que quedarse en ropa interior en el pasillo de un hotel. Se apartó de Sasuke , dolida, a pesar de que su cuerpo le rogaba que aceptase la propuesta.
—Yo me ganaré el dinero que necesite. Siempre lo he hecho y seguiré así —replicó—. Y lo siento, pero por muy bien que lo pasásemos anoche, no pienso ser tu juguete para los próximos días.
Él juró entre dientes.
—No quería decir eso y tú lo sabes.
—La señora Senju me ha ofrecido un trabajo y voy a aceptarlo —siguió diciéndole Sakura —. Si no quieres que trabaje en tu hotel, haz que me despida, supongo que puedes hacerlo. Y no te preocupes con lo de acostarte con tus empleadas, porque no volveremos a acostarnos. ¿Qué te parece?
Él volvió a jurar, estaba muy tenso, con los puños cerrados. Se sentía frustrado, pero no dijo nada. Sakura echó a andar por el pasillo en dirección al ascensor, con toda la dignidad posible, y tocó el botón.
—Haz lo que quieras,guapa —dijo Sasuke, antes de cerrar la puerta del ático.
Ella se sintió aliviada y arrepentida al mismo tiempo. El ascensor llegó y la campana retumbó en todo el pasillo.
Al entrar en él, vio sus sandalias doradas tiradas en el suelo y recordó cómo se había abrazado al cuerpo de Sasuke la noche anterior.
Se inclinó a recogerlas y una solitaria lágrima se escurrió por su mejilla y fue a dar contra las tiras de piel dorada.
Cerezoo
