ACLARACIÓN: Esto es una adaptación del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Rice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
Disfruten la lectura...
-Es una broma? —preguntó Sasuke , pasándose las manos por la cara—. Iba a venir a California conmigo. ¿De dónde voy a sacar otra secretaria en tan poco tiempo?
—Karin ha dicho que le has gritado esta tarde —le respondió Naruto , sentado al otro lado de la mesa.
—No le he gritado —replicó Sasuke con firmeza. Casi ni se acordaba de la conversación que había tenido con su secretaria. Se había pasado todo el día pensando en cierta pelirosa de ojos verdes—. El trabajo que le había pedido acerca de The Grange no estaba terminado y se lo he dicho, eso es todo.
—Pues la próxima vez hazlo en un tono más suave —replicó Naruto en tono amistoso, llevándose una botella de cerveza a los labios.
Sasuke observó a su socio.
—Vale —dijo, dando un trago a la suya y dejando que el líquido helado corriese por su garganta—. Entendido.
No merecía la pena seguir dándole vueltas a la dimisión de Karin . Sasuke esperaba que sus empleados estuviesen siempre al cien por cien y les pagaba bien por ello. Y Karin no había estado a la altura desde el principio.
Naruto se echó hacia delante y apoyó los brazos en la mesa.
—Por cierto, ¿qué estabas haciendo en tu despacho? Pensé que ibas a tomarte un par de días libres antes de irte a California.
Sasuke pensó que aquél había sido su plan original, hasta que una tal Sakura Haruno lo había dejado plantado esa mañana. Después de eso, no había tenido ganas de pasarse el día solo en su ático. Mirase adonde mirase, recordaba su sensual cuerpo y las cosas increíbles que habían hecho juntos durante la noche.
—Cambio de planes —respondió. No quería contarle a Naruto lo idiota que había sido. Todavía no estaba seguro de cómo había permitido que Sakura le calase tan hondo—. Deberías marcharte a casa con Hinata —añadió muy a su pesar—. Me va a mirar mal la próxima vez que me vea si te entretengo más.
Naruto había vuelto a Las Vegas esa tarde después de una semana de reuniones con Hatake Kakashi, el dueño del hotel que Sasuke iba a comprar en California. Había sido idea de este último quedar con Naruto en Ichikaru habían pasado la última hora repasando los detalles de la negociación.
—No te preocupes —dijo Naruto—. Hina comprenderá que quisieras que te pusiese al tanto de mis conversaciones con Hatake.
En realidad, podían haber esperado a verse al día siguiente, pero Sasuke no tenía prisa por meterse en la cama esa noche. Y Naruto siempre era una buena compañía. Eran amigos desde la adolescencia.
—Supongo que no tenemos nada más de qué hablar por hoy —comentó Sasuke —. ¿Por qué no te vas a casa? Saluda a Hinata de mi parte —añadió, sintiendo envidia sin saber por qué.
Era cierto que Naruto tenía una mujer muy guapa y un hijo estupendo, pero eso nunca había sido lo que él había querido en la vida.
—Vamos a tomarnos la última —dijo Naruto mirándose el reloj—. Quería comentarte otra cosa acerca de la compra de The Grange.
—¿El qué?
—¿Por qué no le dices a Hatake quién eres en realidad?- Sasuke dejó la botella encima de la mesa con más fuerza de la necesaria.
—Ya te he dicho que no quiero.
—Podríamos conseguir un acuerdo mejor.
—No lo creo.
Sasuke llevaba dos años detrás de aquel hotel.
—Hatake no se llevaba bien con mi padre. Y no quiero que nos arriesguemos…
—¿Cómo sabes que va a culparte a ti de lo que hizo F.U? —lo interrumpió Naruto
—Déjalo, Naruto
—Está bien, lo he intentado —dijo éste, levantando las manos—. Tú decides.
—Eso es. Yo decido. Ahora, ¿quieres otra cerveza o no?
—La última Sasuke .
Tomó un puñado de galletitas saladas del cuenco que tenía delante y se giró para llamar a la camarera. Entonces, algo llamó la atención al otro lado del local.
Una camarera pelirosa estaba sirviendo a un grupo de hombres que estaban cerca de las mesas de billar, su pelo rosa brillaba en la oscuridad. Sasuke entrecerró los ojos. No podía ser.
La vio andar hacia la barra con la bandeja vacía en una mano. Daba la sensación de que su voluptuosa figura iba a salirse del uniforme de camarera que llevaba puesto.
—No me lo puedo creer —murmuró Sasuke . Habría reconocido el suave vaivén de aquellas caderas en cualquier lugar.
Sakura se sintió flotar. O eso intentó hacer mientras pasaba entre la gente que atestaba el bar. Le dolía mucho la cabeza y llevaba una hora sintiéndose agotada.
Dejó la bandeja en la barra y le gritó a Sai , el barman, lo que tenía que servirle. Sai le hizo un gesto con la mano, ni siquiera se molestó en intentar contestar, y se puso a trabajar.
Sakura se apartó un mechón de pelo de la cara y se agarró a la barra para no caerse. Luego, volvió a mirar el reloj que había al otro lado de la barra. Debía de estar estropeado, porque seguía siendo casi la misma hora que la última vez que lo había mirado. Todavía le quedaba una hora más para terminar su turno.
Gimió al pensar lo que le esperaba durante las próximas semanas: copas rebosantes, manos demasiado largas, baños sucios y camas deshechas.
Intentó no deprimirse. Sólo estaba cansada. E iba a seguir estándolo, teniendo en cuenta que había aceptado dos trabajos. Ya había trabajado así de duro antes, con diecisiete años. Podría volver a hacerlo. Sólo necesitaba una noche de sueño para reponerse.
Entre el vuelo dos noches antes, la noche anterior con el creativo Sasuke Uchiha , un día entero cambiando sábanas y limpiando baños y las últimas cuatro horas paseándose con unos zapatos de tacón que le quedaban dos números pequeños, Sakura sólo había conseguido dormir cuatro horas en las últimas cuarenta y ocho.
Volvió a mirar el reloj.
El cansancio era el único motivo por el que no lograba sacar la imagen de Sasuke y su insaciable cuerpo de su cabeza. No se arrepentía de haber rechazado su insultante invitación. Jamás sería la mantenida de nadie, por muy guapo que fuese el tipo o por estupendo que fuese el sexo con él. Su madre lo había hecho y así había terminado.
Se soltó de la barra y respiró hondo. Sólo le quedaba una hora para meterse en la cama. Y no se levantaría hasta diez minutos antes de tener que ponerse a hacer camas otra vez, a las seis de la mañana.
—Saku, Saku —la llamó Kurenai , la otra camarera, que se acercaba subida a unos vertiginosos tacones, con los ojos marrones brillando.
Sakura se preguntó cómo podría andar con aquellos zapatos sin dislocarse una rodilla.
—Cielo, te ha tocado el premio gordo —le dijo Kuenai, haciendo una pompa con el chicle.
—¿De verdad? —respondió ella, intentando sonar entusiasta.
Le caía bien Kurenai, pero en esos momentos no era capaz de tener una conversación con ella.
—Sí, de verdad —le dijo ésta, imitando su acento y sonriendo de oreja a oreja—. No puedes imaginarte a quién tengo en la mesa número cuatro, y me ha pedido que vayas a llevarle tú la cerveza.
—¿A quién tienes? —le preguntó Sakura, aunque le diese igual.
—Espera un momento —dijo Kurenai , guiñándole un ojo y gritándole a Sai que le pusiese dos cervezas de las mejores—. Es el jefe —añadió, señalando la mesa en cuestión—. Está allí, con Naruto Uzumaki, su director comercial. Es el señor Sasuke «Trasero Impresionante» Uchiha , ni más ni menos.
Al oír su nombre, Sakura notó que el dolor de cabeza se agudizaba. Luego se le hizo un nudo en el estómago y el dolor que tenía al final de la espalda subió hacia arriba.
—Cielo, le has gustado. Ha pedido que le atiendas tú especialmente —continuó Kurenai, hablando muy deprisa.
—Aquí tienes, guapa, tres margaritas —dijo Sai, dejándole a Sakura las tres copas en la bandeja.
Kurenai tomó su bandeja.
—Yo me encargaré de esto. Tú lleva las cervezas a la mesa de Uchiha—dijo Kurenai, arqueando las cejas de forma sugerente y sonriendo—. Ésta podría ser tu noche de suerte.
Antes de que a Sakura le diese tiempo a protestar, su compañera había desaparecido entre la gente con la bandeja de las margaritas en la mano. Sakura se quedó aturdida.
—Otro golpe de suerte más y me suicidaré —farfulló.
Sasuke estaba que trinaba, pero consiguió disimular.
¿Qué hacía Sakura sirviendo mesas en Ichikaru ? Justo cuando estaba intentando sacársela de la cabeza, la había visto con aquella minifalda, con la que se le veían las braguitas cada vez que se inclinaba, y una camiseta ajustada que le quedaba demasiado pequeña. Desnuda, habría enseñado casi la misma cantidad de carne a todo el bar. La vio acercarse a ellos, con la bandeja muy alta, la cabeza agachada y unos mechones de pelo cayéndole sobre las mejillas y tuvo que obligarse a fijar la mirada en su rostro. Pensó que debía de ser el único hombre del local que no le miraba el trasero.
—Guau, cómo está —murmuró Naruto , confirmando las sospechas de Sasuke .
—Como sigas mirándola —le advirtió Sasuke —, se lo contaré a Hinata .
—No la estaba mirando, sólo estaba haciendo un comentario obvio. ¿Qué tienes con ella?
Naruto no era tonto, ya le había hecho la pregunta dos veces desde que Sasuke le había dicho a la otra camarera que quería que Sakura los atendiese.
—Nada —contestó Sasuke con firmeza, aunque se le había secado la boca y estaba muy tenso.
Sakura llegó a su lado y dejó la bandeja sobre la mesa.
—Hola, Sakura —la saludó él en tono anodino.
—Hola —respondió ella, casi sin mirarlo, concentrada en poner las botellas encima de la mesa sin que se le cayesen.
Sasuke tenía aquel aura de poder incluso vestido con unos vaqueros desgastados y una camiseta y Sakura se sintió intimidada, pero lo peor fue el calor húmedo que se instaló entre sus muslos y el nudo que se le hizo en la garganta.
Sus miradas se encontraron y ella intentó mostrarse fuerte. Sasuke la estaba observando.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó, como si en realidad no le importase la respuesta—. Pensé que ibas a trabajar para Tsunade
—Y he trabajado para la señora Tsunade, pero esta noche estoy aquí.
Él apretó la mandíbula.
—Ya veo —continuó, en tono monótono—. Sabes que no quiero verte rondando por mi hotel.
Sakura sintió calor en las mejillas al oír aquellas palabras de desprecio dichas con tanta seguridad. Agarró la bandeja de plástico con fuerza, aunque nada le habría gustado más que tomar la botella de cerveza y echársela por la cabeza.
—Tú eres el jefe —le dijo, con voz temblorosa—. Me marcharé.
Se giró para irse, pero él la agarró de la muñeca.
—No tan rápido. Necesitamos más galletitas saladas.
Sakura se zafó y lo fulminó con la mirada. Quería decirle dónde podía meterse las galletitas.
Se imaginó diciéndoselo, pero, en su lugar, asintió.
—Iré a por ellas.
—Esto… —Naruto se aclaró la garganta—. ¿Vas a contarme de una vez qué demonios está pasando aquí? ¿Quién es esa chica?
—Nadie —respondió Sasuke sin dejar de mirar a Sakura . Algo no iba bien.
La idea había sido provocarla, por haberlo dejado esa mañana, pero no estaba sintiendo la satisfacción esperada. De hecho, se sentía como un cretino. Y no era normal que Sakura no hubiese reaccionado a su ataque.
—Si no hay nada entre vosotros, entonces yo soy Bugs Bunny —insistió Naruto, dándole un trago a su cerveza y fulminándolo con la mirada.
Sasuke suspiró. Conocía aquella mirada. Sabía que su amigo no iba a parar hasta que se lo contase.
—Está bien, me acosté con ella anoche —le confesó por fin, dándole un trago a su cerveza—. Y esta mañana me ha dicho que prefería limpiar váteres a salir conmigo. Eso es todo.
Naruto estudió la figura de Sakura un momento antes de volver a mirar a su amigo.
—¿Te ha dado calabazas? —preguntó riendo—. ¿Estás de broma?
—Me alegro de que te parezca divertido.
—Más que divertido, me parece un milagro —añadió sin dejar de reír—. Espera, que vuelve. A ver si te rechaza otra vez y soy testigo.
Sasuke levantó la vista y notó cómo reaccionaba su entrepierna al ver acercarse a Sakura .
Sakura se concentró en mantenerse erguida y orgullosa al acercarse a la mesa de Sasuke , con las galletitas saladas en la bandeja. Odiaba comportarse de manera sumisa, pero no tenía fuerzas para discutir y necesitaba quedarse hasta el final del turno para que le diesen las propinas que le correspondían.
—Sus galletitas —dijo, dejando el pequeño cuenco encima de la mesa sin levantar la vista.
—Gracias —dijo él en tono crispado.
Sakura recogió el cuenco vacío e intentó marcharse, pero entonces habló el hombre que había sentado enfrente de Sasuke. —Espera, guapa —le dijo con marcado acento inglés—. Te llamas Sakura , ¿verdad?
Su sonrisa era encantadora y pícara al mismo tiempo. Sakura le dio la mano y notó que se ponía más nerviosa.
—Sí, eso es, Sakura Haruno —respondió.
—Encantado de conocerte, Sakura . SoyNaruto Uzumaki . Me ha parecido que tenías acento inglés, ¿no?
Ella asintió.
—De Londres, ¿verdad?
—De Chelsea —dijo ella, contenta de poder hablar con alguien de su país.
—Pero no serás hincha del Chelsea, ¿no?
Sakura se echó a reír. —Por supuesto que sí. Es el mejor equipo de Londres. ¿Y tú no serás uno de esos sado…?- El ruido de una botella golpeando la mesa le hizo girar la cabeza.
Sasuke los estaba mirando fijamente.
—Necesito otra cerveza —le dijo con toda tranquilidad.
Sakura sintió que se le tensaba el músculo de la base del cuello. Estuvo a punto de contestarle, pero sintió un repentino agotamiento que hizo que se contuviese. Dio un paso atrás e intentó guardar el equilibrio.
—Eh, ¿estás bien? —le preguntó Naruto , pero ella casi ni lo oyó.
La bandeja cayó al suelo y ella intentó agarrase a la mesa para no desplomarse, pero Sasuke ya la estaba sujetando de los brazos.
—¿Qué te pasa? —le preguntó. Ella frunció el ceño, confundida por su tono de voz. ¿Qué había hecho para que le hablase así?
Su olor la asaltó, Sakura intentó apartarse, pero la estaba agarrando con fuerza. Sasuke la hizo girar y la luz de neón del bar la cegó.
Sasuke juró.
—Tienes muy mala cara.
Ella intentó zafarse, pero no pudo.
—Estoy bien —dijo con voz débil, pero sin poder dejar de temblar.
—De eso nada —le dijo él, en tono enfadado.
Sakura deseó poder llevarle la contraria. Deseó decirle que se perdiese, pero sólo le salió un patético gemido por la boca.
El mundo giró a su alrededor y, de repente, estaba flotando de verdad, con la mejilla apoyada en su suave camiseta.
—Naruto , dile a la otra camarera que Sakura va a tomarse el resto de la noche libre. Hasta mañana.
Ella oyó las palabras, pero no fue capaz de procesarlas. Sólo podía ver el fuerte cuello de Sasuke , su barba recién salida. Se sintió avergonzada al notar que la llevaba en volandas. Se dio cuenta de que salían del bar, intentó levantar la cabeza de su sólido pecho.
—Suéltame —balbució.
—De eso, nada —dijo él—. Si no sabes cuidar de ti misma, alguien tendrá que hacerlo en tu lugar.
Ella intentó mostrarse indignada, pero tenía frío y el cuerpo de Sasuke estaba caliente. Se sintió agotada, se puso a temblar.
—Relájate, Sakura —le dijo él en tono más cariñoso—. No pasa nada, estás conmigo.
—No me dejes caer —le rogó ella.
—No lo haré.
Y Sakura se relajó, cerró los ojos y dejó que la niebla la envolviese como una cálida y reconfortante manta.
Sasuke notó que Sakura dejaba de oponer resistencia y su corazón empezó a latir con normalidad. La agarró bien y luego llamó al ascensor.
Se había levantado sin pensarlo al verla tambalearse en el bar, pero en cuanto la había visto temblar y se había dado cuenta de que tenía ojeras, se había sentido culpable. Parecía agotada.
La noche anterior sólo habían dormido dos horas y mientras que él se había pasado casi toda la mañana tirado en la cama, ella había estado trabajando en su hotel para ganar algo de dinero. Tal vez estuviese loca, o lo volviese loco, pero era una mujer con agallas. El ascensor pitó y ella se movió.
—Shh —la tranquilizó, como si fuese una niña. Sakura volvió a relajarse contra su cuerpo. No era precisamente ligera, pero sí le parecía frágil. La agarró con más fuerza, entró en el ascensor y dio al botón que llevaba a su ático.
Debería haberla llevado a su suite, pero no podía hacerlo. Quería que estuviese con él para tenerla vigilada. Le sorprendió aquel deseo de protegerla, pero no se hizo preguntas. Alguien tenía que cuidar de ella, y ese alguien iba a ser él.
Cerezoo
