ACLARACION: Esto es una adaptacion del libro

-En brazos de la tentacion de Heidi Rice

No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto

Disfruten la lectura...


Sakura se detuvo en la puerta de la cocina, envuelta en la bata de seda que había encontrado a los pies de la cama y observó a Sasuke , que estaba de espaldas. Parecía muy cómodo con aquella espátula en la mano. Olía a huevos, pero ese olor no fue lo único que provocó que a Sakura se le hiciese la boca agua. Sasuke estaba tan impresionante como siempre con aquellos vaqueros y una sudadera vieja remangada.

¿Por qué era tan sexy ver a un hombre cocinar? La imagen no la ayudó nada a tranquilizar sus nervios.

—Hola —dijo con un hilo de voz. Se aclaró la garganta y volvió a intentarlo—. Buenos días.- Él dejó lo que estaba haciendo y se giró sonriendo.

—Buenos días. Siéntate —dijo, señalando uno de los taburetes—. El desayuno está listo.- Ella no se movió de donde estaba.

—¿Por qué estoy en tu ático? —le preguntó, intentando no dejarse ablandar.

¿Y por qué le estaba preparando Sasuke el desayuno? ¿Y qué había pasado entre ellos la noche anterior? Sólo recordaba que se había desmayado. Y que se había despertado en su cama diez minutos antes, vestida sólo con la ropa interior.

La cosa no pintaba bien.

—Hablaremos después de desayunar —dijo él, sirviendo los huevos en dos platos en los que había beicon y unas magdalenas—. ¿Puedes llevar tú el café?

Sakura no quería café, ni desayunar. Tenía un nudo en el estómago. Sólo recordaba que la noche anterior había hecho el ridículo al desmayarse como una heroína de película mala, pero no tenía ni idea de lo que había ocurrido después.

¿Habían hecho el amor?

Y si no lo habían hecho, ¿por qué estaba Sasuke tan simpático? La noche anterior, en el bar, la había tratado con desprecio.

Si habían hecho el amor, su orgullo jamás se recuperaría.

Sasuke llevó los platos a la barra, en la que había cubiertos y unos vasos con zumo de naranja. La miró con el ceño fruncido.

—Venga, suéltalo, sea lo que sea —le dijo, exasperado—. Llevo veinte minutos haciendo el desayuno y no quiero comérmelo frío.

Dejó la cafetera y dos tazas al lado de los platos y esperó.

A Sakura siempre le había gustado ser directa, pero tuvo que obligarse a hablar.

—¿Nos hemos acostado juntos esta noche?

Él arqueó una ceja y luego dejó escapar una carcajada. Sakura se puso tensa. Él se sentó en uno de los taburetes y se sirvió una taza de café sin dejar de reír.

Sakura sintió calor en las mejillas. Se abrazó a sí misma.

—¿Qué es lo que te resulta tan gracioso?

Él la miró mientras bebía café, sin dejar de sonreír.

—Cariño, en los últimos días le has hecho mucho daño a mi ego.- Su tono de voz hizo que Sakura empezase a relajarse.

—¿Por qué? —le preguntó. Él dejó la taza de café y golpeó el taburete que tenía al lado.

—Siéntate y te lo contaré.

Ella dudó, luego se acercó y se sentó a su lado, metiendo la bata de seda entre sus piernas.

—Lo único que quiero decir es que, cuando le hago el amor a una mujer, ésta suele acordarse al día siguiente —dijo Sasuke , levantando una mano—. Y no me aprovecho de las que no están en condiciones de rechazarme —la miró a los ojos—. Anoche te desmayaste, así que yo he dormido en otra habitación.

—Ah, vale —contestó ella, sabiendo que debía sentirse aliviada, pero no lo consiguió—. Gracias.

—De nada —dijo él, tomando el tenedor—. Ahora, come.

Ella lo hizo. De repente, no sabía qué pensar. No habían dormido juntos, pero, entonces, ¿por qué estaba Sasuke siendo tan agradable con ella?

En cuanto probó el desayuno, el hambre hizo que todas sus dudas se disiparan. Disfrutó de los huevos revueltos, del crujiente beicon y de las magdalenas, saboreando cada bocado. Estaba terminándose la segunda taza de café cuando se dio cuenta de que Sasuke había acabado de desayunar y la estaba observando.

Dejó la taza. —Veo que has encontrado la bata —comentó él con naturalidad—. Te sienta bien.- Sakura miró la lujosa bata de seda azul con un dragón bordado a un lado.

—Es preciosa —murmuró—. ¿De quién es?

Deseó retirar la pregunta nada más haberla hecho. Sabía que no tenía ningún derecho a sentir celos.

—Me la regalaron en un viaje que hice a Kyoto — respondió él, sirviéndose otro café—. Allí los hombres se ponen estas cosas, pero no es mi estilo. Te sienta mejor a ti.

Sakura respiró por fin y luego se sintió molesta por su propia reacción. ¿Qué más le daba a ella de quién fuera la bata?

Se limpió la boca con la servilleta. —El desayuno estaba delicioso, Sasuke. Gracias, ha sido todo un detalle.

—No es verdad —respondió él—. Te debía unas disculpas.

—¿Y eso? ¿Por qué?

—Por haberme comportado como un cerdo ayer por la mañana, y anoche, en el bar.

A ella le sorprendió que lo admitiese. Había dado por hecho que no era de los que pedían perdón.

—Disculpas aceptadas.

Había llegado el momento de marcharse. Se levantó del taburete y fue a recoger el plato de Sasuke.

Él la agarró de la muñeca.

—¿Qué estás haciendo?

—Recoger antes de marcharme.

—No hace falta. Tengo servicio de habitaciones — le dijo él, acariciándole el brazo con el dedo pulgar. Luego se llevó la mano de Sakura a la boca y se la mordisqueó.

—No —dijo ella, cerrando el puño y apartando la mano.

Sasuke la miró a los ojos, haciendo que se sintiese atrapada y necesitada.

—¿Por qué no? —le dijo en tono suave, pero firme—. ¿A qué tienes miedo, Sakura ?

«A ti», pensó ella, sintiendo pánico. La mañana anterior ya le había costado mucho trabajo alejarse de él, y no había esperado que después la tratase con aquella consideración.

—Tengo que marcharme —le dijo—. Hoy tengo que dejar mi habitación, y luego, encontrar otro trabajo.

Él le soltó la mano y juró entre dientes.

—¿Por qué estás tan obcecada en eso?

—No estoy obcecada —dijo Sakura , que habría preferido morirse antes de contarle la verdad, era demasiado personal—. Es importante para mí, y punto.

—Ya me había dado cuenta —comentó él con frustración—. Fui yo quien evitó que te cayeses de bruces después de haber trabajado hasta el agotamiento, ¿recuerdas?

Lo dijo con más brusquedad de la deseada y se sintió mal al ver cómo reaccionaba Sakura . Quería convencerla de que se quedase con él y había vuelto a estropearlo todo.

—Sí, me acuerdo —le respondió ella—. Y también recuerdo que me dijiste que me marchase de tu hotel. Y eso es lo que pretendo hacer, para que no tengas que volver a recogerme del suelo.

—Sakura , no quiero volver a tener esa conversación.

—Ni yo tampoco.

Ella intentó marcharse, pero Sasuke se lo impidió.

Había desafío en la mirada de Sakura, pero también algo más. Algo que Sasuke ya había visto la noche anterior al sujetarla. Algo parecido a vulnerabilidad. Y eso le dio pie a decir lo que tenía que decir.

—Tengo que hacerte una propuesta.- A ella le brillaron los ojos y Sasuke tuvo que contener una sonrisa. —No ese tipo de propuesta. Te prometo que merece la pena, así que siéntate y escúchame.

Ella seguía sin ceder.

—Por favor —le dijo Sasuke

Se sintió incómodo teniendo que pedírselo así, pero al ver que ella obedecía, pensó que había merecido la pena.

—Está bien, te escucho —le dijo Sakura con la barbilla levantada.

Sasuke se preguntó cómo decirle lo que quería decirle sin volver a hacerla saltar.

Por suerte, se había pasado casi toda la noche dándole vueltas al tema y tenía un plan. Sólo tenía que ceñirse a él.

La noche anterior, al llegar al ático, lo primero que le había preocupado era desnudarla sin que se despertase.

Había sido una exquisita tortura, aspirar su aroma y recordar lo que habían hecho juntos la noche anterior, aunque se había tranquilizado al quitarle los zapatos y ver que tenía los pies destrozados.

Entonces se había sentido culpable. Había intentado convencerse de que aquello no era culpa suya. Al fin y al cabo, él no era el cerdo que la había dejado sin ropa ni dinero en una ciudad extranjera. No obstante, no había conseguido convencerse del todo. La sensación de responsabilidad y las ganas de cuidarla eran tantas, sino más, que las que había sentido al sacarla del bar.

Nunca había conocido a una mujer tan independiente, tan autosuficiente ni tan decidida a demostrarlo. Ni tampoco había conocido nunca una mujer a la que quisiese cuidar. La idea era excitante y exasperante al mismo tiempo, una contradicción más que hacía que Sakura fuese única.

Sasuke había pasado el día anterior diciéndose que le daba igual lo que Sakura hiciese con su vida, pero al sentarse en el borde de la cama a observar cómo respiraba, había tenido que admitir que entre ellos había algo que no se había terminado. Ni mucho menos.

Entonces, había recordado parte de la conversación que habían tenido en su despacho. Sakura le había dicho que había ido allí como secretaria de Akasuna no Sasori . Para comprobarlo, había llamado a la empresa de Akasuna en Londres, donde una agradable señora le había confirmado que Sakura Haruno había sido la secretaria del señor Sasori hasta dos días antes, fecha en la que había ocurrido un «desafortunado incidente».

Así que Sasuke iba a ofrecerle un contrato de dos semanas. Si Sakura no estaba a la altura del trabajo, le daba igual. Si iba a contratarla, no era precisamente porque supiese mecanografía. Necesitaba sacarse a Sakura Haruno de la cabeza. Y seguro que lo conseguía teniéndola como secretaria.

Estaba decidido, sólo tenía que convencerla. La primera parte del plan había sido prepararle el desayuno. En esos momentos la tenía dispuesta a escucharlo, así que no podía cometer errores. «Mantén la calma», se dijo, «y tiéntala». Si eso no funcionaba, podría hacer que nadie le diese trabajo en Tokio , pero, por el momento, incentivarla era la mejor opción.

—Lo cierto es, Sakura , que estoy en un apuro y necesito tu ayuda.

—¿Qué tipo de apuro?

—Mi asistente personal se despidió ayer y necesito que alguien venga conmigo a California dos semanas. ¿Qué te parece?

—¿Quieres contratarme? ¿De secretaria? —inquirió Sakura sorprendida.

—Sí. Sólo puedo ofrecerte un contrato de dos semanas —respondió él, como si estuviese hablando del tiempo—, pero sacarás mucho más dinero que trabajando de camarera. Y te pagaré los gastos del viaje, por supuesto.

—No estás hablando en serio —dijo ella.

Pero Sasuke no respondió, sólo la miró y sonrió débilmente.

—Sí que estás hablando en serio —añadió Sakura con incredulidad.

—Necesito cerrar un trato en el que llevo trabajando más de dos años. Voy a vender mis propiedades en Las Vegas y a comprar un hotel en el sur llamado The Grange. Está muy bien situado, en la costa, tiene clientela fija, mucho potencial para una expansión y modernización. Necesito que alguien me lleve la agenda y haga el papeleo mientras yo concreto los últimos detalles de la negociación con el dueño.

—Ya veo —murmuró Sakura, con el pulso acelerado.

Aquélla podía ser la respuesta a sus oraciones. Un trabajo de verdad. Tal vez Sasori no le hubiese caído demasiado bien, pero le había encantado ser su secretaria y se le había dado bien el trabajo. Y sabía que la empresa de Sasuke era mucho más importante que la de Sasori . Sólo serían dos semanas, pero con el dinero que ganase podría pagar sus deudas, añadir algo de experiencia a su currículum y demostrarse a sí misma…

«Espera», se dijo de repente.

Sólo había un problema gigantesco, y lo tenía sentado enfrente, con una tentadora sonrisa en los labios.

—¿Qué me dices? ¿Quieres ser mi mano derecha? —le preguntó el diablo.

Sakura sacudió la cabeza, intentando aclararse.

El problema era que no trabajaría para Sasori , sino para Sasuke , que era guapo, irresistible y dominante, que insistía en salirse siempre con la suya y que podría hacerlo si se convertía en su jefe. Como secretaria, tendría que trabajar muy cerca de él, y eso sería muy peligroso. Tal vez debieran aclarar qué era exactamente lo que esperaba de ella.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Él sonrió y Sakura se ruborizó.

—Por supuesto, pregúntame lo que quieras.

Sakura se humedeció los labios.

—¿Qué es exactamente lo que esperas de mí?

—¿Que qué es lo que espero? Umm, veamos.

Mientras lo pensaba, Sakura sintió todavía más calor.

—Aparte de que mecanografíes, tomes notas y esas cosas, espero que estés disponible las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Si te soy sincero… no siempre es fácil trabajar conmigo —dijo, bajando la mirada un instante a su escote—. A veces soy muy exigente —volvió a mirarla a los ojos y sonrió—, pero eso ya lo sabes.

Sakura notó calor entre los muslos y los apretó. Le enfadaba no ser capaz de controlar las reacciones de su cuerpo cuando Sasuke la provocaba deliberadamente.

—Deja de burlarte de mí —le pidió—. No es gracioso.

Sakura quería el trabajo y tal vez no fuese sólo por la oportunidad laboral que representaba, pero no sabía si debía ponérselo tan fácil.

Él se echó a reír.

—Está bien, Sakura , lo siento. Pero es que no he podido resistirme

—¿Por qué me estás ofreciendo este trabajo?- Él se frotó la barbilla, le brillaron los ojos.

—Porque hicimos una gran pareja la primera noche que pasamos juntos. Eres inteligente, guapa y no he podido olvidarte después de que me dieses calabazas ayer por la mañana. Así que tengo que admitir que uno de los motivos por los que quiero que vengas a California es que podamos tener algo más.

Justo lo que ella había sospechado. Sakura suspiró.

Sólo le estaba ofreciendo el trabajo para volver a acostarse con ella.

—En ese caso, no puedo aceptar y lo sabes.

—Escucha una cosa —dijo él, sin la más mínima señal de decepción—. No puedo negar que quiera volver a acostarme contigo. Me gustó mucho, pero nunca pago por sexo. En California, tendrás que trabajar muy duro como secretaria y seré yo quien mande, porque soy el jefe, pero lo que ocurra después, en las habitaciones, es privado y es sólo entre nosotros. No forma parte del trabajo.

Ella respiró entrecortadamente. Al menos, Sasuke había sido sincero. —¿Y si te digo que no volveré a acostarme contigo?

Él se encogió de hombros.

—Eso no afectaría al trabajo —le dijo sonriendo—, pero tengo que advertirte que haré todo lo posible para que cambies de opinión.

«Estupendo», pensó Salura. Sabía que no podía rechazar la oferta, pero tenía la desagradable sensación de que lo más tentador no iba a ser pasarse el día haciendo un trabajo que le gustase, o pasar la noche divirtiéndose con él. Lo que más le tentaba de todo era el sencillo placer de pasar tiempo a su lado, trabajando, conociéndolo mejor. Si bajaba la guardia, si dejaba que Sasuke llegase a su corazón, podría sufrir mucho.

Pero no era capaz de decirle que no.

Si tenía cuidado, si sabía a lo que se arriesgaba, podría aceptar lo que Sasuke le ofrecía, disfrutarlo y sobrevivir con su corazón intacto. Los hombres lo hacían todo el tiempo. ¿Por qué no iba a poder hacerlo ella también? La clave era ser independiente. No necesitar a nadie que no la necesitase ni sacrificar nada que no pudiese arriesgarse a perder. Su padre le había enseñado esa lección de niña y no podía olvidarla.

La decisión estaba tomada.

—Acepto.

Sasuke abrió mucho los ojos. Lo había sorprendido. Aunque más sorprendida estaba ella.

—Estupendo. Es fantástico. Le diré a Naruto que prepare el contrato y luego hablaremos de tu sueldo, pero te garantizo que será suficiente para que puedas volver a Londres al mes que viene con algo de dinero en el bolsillo.

—De acuerdo.

—Entonces, ¿trato hecho?

—Supongo que sí.

Sakura sólo tenía que mantener los pies en el suelo. Ése había sido siempre el error de su madre y ella no quería repetirlo.

Le tendió la mano, pero él negó con la cabeza.

—No va a ser suficiente —dijo.

Luego se pasó la mano por el pelo y se inclinó hacia ella.

El beso fue tan rápido, tan ardiente, que Sakura no lo vio llegar.

Cuando Sasuke se apartó por fin, ella se sintió como si acabasen de marcarla con un hierro candente.

—Ahora sí que es trato hecho —dijo él.

Sakura sintió alegría y miedo al mismo tiempo. ¿Qué había hecho?


Cerezoo