ACLARACION: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentacion de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
Disfruten la lectura...
-Nos llevaremos el más corto con tirantes —dijo Sasuke a la dependienta de la boutique—. Ahora, veamos qué vestidos de noche tenéis.
—Sí, señor Uchiha —respondió la mujer—. Iré a por ellos ahora mismo.
Sakura se quedó mirándola. Se había puesto muy contenta al verlos llegar, diez minutos antes.
En cuanto estuvo a solas con Sasuke , se giró hacia él, decidida a hacerlo entrar en razón. Había aceptado trabajar para él una hora antes y ya estaba empezando a sentir pánico.
Después de darse una ducha en su ático, Sasuke la había llevado en limusina a la tienda más cara y lujosa de Las Vegas.
—Esto es ridículo —susurró furiosa—. No necesito todas estas cosas. Has debido de gastarte ya miles de dólares. Y, como jefe, no eres responsable de comprarme la ropa.
—Relájate.
Él parecía muy tranquilo. ¿Cómo podía estarlo, si se estaba gastando una fortuna?
—Es mi dinero y soy el jefe —añadió—. Tienes que ir bien vestida a California. Te sientan bien los vaqueros, pero no puedes ir así a The Grange.
—Pero podría comprarme algo por mucho menos dinero. ¿Recuerdas lo mucho que te gustó el vestido que me puse para la cena?
—Sí. Creo que no conseguiré olvidarlo jamás.
—Pues me lo compré de segunda mano por veinte dólares —le dijo en tono triunfante.
—Deja de discutir. Esto forma parte del trato, así que vas a tener que tragártelo, preciosa.
—Por Dios santo —replicó ella, dejándose caer en el sillón—. Sólo quiero ahorrarte dinero.
—Pues no lo hagas. Ése no es tu trabajo. De todos modos, me parece dinero bien gastado. Me está encantado imaginarte con algunos de estos vestidos puestos.
—Eres, eres…
Sakura no pudo resistirse, le sacó la lengua. Sasuke se estaba comportando como un niño en una tienda de golosinas, y estaba haciendo que ella se sintiese como una golosina más.
Sasuke sonrió.
—Pues espera a que empiecen a enseñarnos la ropa interior.
Sakura tiró la toalla. En realidad, siempre le había gustado la ropa bonita, así que decidió disfrutar del momento.
Si Sasuke quería renovarle el armario, lo mejor sería participar en la elección. Al fin y al cabo, la ropa era para ella, y si permitía que Sasuke lo escogiese todo, parecería su amante, no su secretaria. Él aceptó sus sugerencias y la animó a escoger lo que le gustase, sin preocuparse por el dinero.
Pero una hora después, al ver todos los paquetes, se sintió mal. ¿Por qué había permitido que Sasuke le comprase toda aquella ropa? ¿Adónde había ido a parar su independencia?
—¿Qué te pasa? —le preguntó Sasuke al ver que se estaba mordisqueando el labio inferior mientras miraba por la ventanilla de la limusina. Parecía aturdida.
Él había disfrutado mucho comprándole la ropa, y no sólo al imaginarse con ella puesta, sino también al verla emocionarse con las telas y los diseños. Era una pena no poder tenerla así todo el tiempo.
Se preguntó por qué le importaba tanto ganarse su propio dinero. Debía de haberle ocurrido algo que la había marcado en el pasado, algo mucho más importante que lo de Rocastle.
—Me pregunto cómo puedo justificar haber gastado tanto dinero cuando sólo voy a trabajar para ti dos semanas.
—Muy sencillo —contestó él, divertido con su confusión—. No lo justifiques. He sido yo quien se ha gastado el dinero, no tú.
Sakura frunció el ceño.
—Eso me hace sentir todavía peor.
—Vas a estar impresionante con tu ropa nueva. El dinero no importa.
-Olvídalo —dijo Sasuke , tomando su mano y llevándosela a los labios—. Ahora, ¿qué tal si volvemos al ático y comemos?
Ella se sentó muy recta y apartó la mano.
—Pensé que teníamos que trabajar esta tarde. Necesito familiarizarme con todo. ¿No nos vamos a California pasado mañana?
—Eso puede esperar —dijo él, sabiendo que su indiferencia iba a molestar a Sakura todavía más. Le encantaba verla enfadada. Y en esos momentos, lo último que le importaba era el trabajo.
—A mí me gustaría familiarizarme con otras cosas —dijo, inclinándose para tocar el botón que encendía el intercomunicador para hablar con el conductor—. Llévanos a The Phoenix, Henry.
Luego volvió a apoyar la espalda en el respaldo del asiento.
—Creo recordar que tenemos algún asunto pendiente, tú y yo —añadió, jugando con los mechones de pelo que se le habían escapado a Sakura de la coleta.
Ya podía imaginárselos acariciando su pecho.
Sakura sintió pánico. Era evidente lo que Sasuke tenía en mente para esa tarde, y no tenía nada que ver con comer juntos.
Tragó saliva. Por mucho que desease volver a estar en la intimidad con él, tenía que empezar a poner límites. Para ella, y para él. La limusina, la ropa de diseño, el modo en que la miraba, como si fuese suya, cómo la tocaba. Todo la estaba desestabilizando.
Si volvía a acostarse con él, todo sería más difícil. Tenía que empezar a demostrarle que era capaz de ser su secretaria antes de nada. Tal vez fuese sólo orgullo, pero quería que Sasuke viese que no había cometido un error al contratarla, aunque lo hubiese hecho por los motivos equivocados.
—Si hay algo que te molesta, ¿por qué no me lo dices? —le sugirió él, apoyando la mano en su rodilla.
Ella puso la espalda todavía más recta. Tenía que darle un buen golpe a su ego, por mucho que le costase.
Se mordió el labio inferior e intentó encontrar el mejor modo para decírselo.
—Uno no puede salirse siempre con la suya —empezó por fin, muy seria—. En ocasiones, es mejor así.
Él se echó a reír.
—Me has contratado para hacer un trabajo. Y quiero tener la oportunidad de hacerlo antes de… quiero decir, que si decidimos… —cerró la boca, se estaba comportando como una tonta.
Él seguía sonriendo, como si todo le pareciese muy divertido.
—¿Si decidimos hacer el qué? —le preguntó, arqueando una ceja.
Luego le puso la mano en la cintura y le acarició la piel por debajo de la camiseta.
—¿Te referías a esto? —añadió.
Sakura se estremeció. Le agarró la mano y se la apartó.
—Estoy intentando tener una conversación seria contigo —le dijo.
—¿Y te estás esforzando mucho? —le preguntó él—. Porque sólo estás consiguiendo que me ponga caliente.
Sakura apoyó las manos en su pecho y lo empujó hacia atrás.
—Te estoy diciendo que no quiero hacer el amor contigo esta tarde —le dijo con voz temblorosa, pero segura.
Y él comprendió el mensaje, porque frunció el ceño. Apoyó la espalda en el asiento de cuero y bajó la vista a sus pezones.
—Pues tu cuerpo no opina lo mismo —comentó tan tranquilo, alargando la mano y tocando uno de ellos.
Sakura dio un grito ahogado y él bajó la mano, sin dejar de sonreír.
—¿Por qué no dejamos de jugar? —le preguntó—. Ambos sabemos que me deseas tanto como yo a ti. Los dos somos adultos y da la casualidad de que conectamos muy bien en la cama. No hay motivos para que no podamos mezclar el trabajo con el placer durante las dos próximas semanas.
Ella respiró hondo e intentó ser sincera.
—Es que… —dudó—. No creo que sea buena idea volver a meterme en la cama contigo.
—Pues yo no estoy de acuerdo. A mí me parece una idea genial.
Sakura se ruborizó.
—Tú mismo dijiste que, por norma, no te acostabas con tus empleadas —le recordó.
—Pero las normas están hechas para incumplirlas —contraatacó Sasuke
—Vas a ser mi jefe, si me acuesto contigo, nuestra relación profesional se complicará.
—No —la contradijo él con firmeza.
¿Cómo era posible que pensase así?
Sakura no supo qué más decir y un segundo después el conductor le estaba abriendo la puerta para que saliese de la limusina.
—Ya hemos llegado, señora.
Salió y esperó a que Sasuke diese la vuelta y llegase a su lado.
—Vamos a mi ático a terminar esta conversación —sugirió Sasuke, poniendo la mano en su espalda y guiándola hacia la puerta del hotel.
Era evidente que no lo había convencido.
Sakura se giró hacia él.
—No voy a subir contigo —le dijo.
—¿Estás segura?
Sakura lo vio tan seguro de sí mismo, que se dijo que tenía que ser ella quien ganase aquella batalla si quería mantener cierto control sobre la relación. Tal vez se estuviese engañando al pensar que podría resistirse a él durante dos semanas, pero necesitaba demostrarle que no era una presa fácil. A Sasuke le gustaba dominar. Ella tenía que hacerle ver que no podría dominarla.
—Sí, estoy segura —le respondió.
Él metió el puño cerrado en el bolsillo de su pantalón.
—Está bien. Dejaremos esta discusión para otro momento.
—Y, hasta que nos marchemos a California — anunció Sakura—, me gustaría tener mi propia habitación, por favor.
Él arqueó una ceja, pero no dijo nada, si aquello le había molestado, no se lo demostró.
—Supongo que podemos arreglarlo —contestó en tono tranquilo.
—Gracias —murmuró Sakura, sintiéndose extrañamente desanimada.
Pero entonces, al ir a entrar en The Phoenix delante de Sasuke, éste la agarró por la muñeca, haciéndola retroceder. Se inclinó sobre ella y le acarició la oreja con su aliento.
—Por ahora, dejaré que te salgas con la tuya — murmuró, poniendo la mano en su espalda para acercarla a él—. Puedo esperar. Se me da muy bien esperar a tener las cartas que quiero.
Y luego le dio un beso en los labios.
Sakura abrió la boca y Sasuke le metió la lengua dentro, devorándola mientras su cuerpo se adaptaba al de él.
Justo cuando Sakura pensó que iba a perder el control, él se apartó, dejándola con la respiración entrecortada. Luego le tomó la mano y le dio un beso en la cabeza.
—Pero no voy a esperar eternamente —añadió en voz baja.
Había sido un beso rápido, casi fugaz, pero también devastador, que hizo que Sakura atravesase el vestíbulo temblando
.
¡Acababan de volver a marcarla con un hierro candente!
Cerezoo
