ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
-Naruto me ha dicho que ayer te pasaste el día trabajando en el acuerdo con The Grange — comentó Sasuke, desabrochándose el cinturón de seguridad.
—Es cierto —respondió Sakura, intentando ignorar el cosquilleo que tenía en el estómago. Debía de ser porque el jet privado de Sasuke acababa de alcanzar la velocidad de crucero.
Por suerte, éste se había comportado de manera muy profesional desde que se habían encontrado en el aeropuerto. Era una suerte, porque a Sakura le iba a ser muy difícil mantener su promesa de no coquetear con él. Lo había visto muy guapo, recién afeitado y con un traje azul marino de Hugo Boss y camisa blanca. A ella se le había acelerado el corazón desde que habían entrado en el avión.
Lo único que tenía que hacer era hablar sólo de trabajo con él.
Sacó el informe en el que había estado trabajando la noche anterior.
—He pasado a limpio mis notas acerca de la negociación —le dijo en tono anodino—. Naruto me comentó que te sería útil tenerlo todo por escrito. Está todo lo que ya has acordado con Hatake y lo que todavía hay que decidir antes de cerrar el trato.
Él arqueó una ceja y tomó la carpeta. Sakura se sobresaltó cuando sus manos se tocaron y tuvo la esperanza de que él no se hubiese dado cuenta de su reacción.
—Veo que has trabajado mucho —comentó Sasuke, después de haberle echado un vistazo al informe.
—Para eso me pagas —respondió ella, arrepintiéndose al instante.
Sasuke sonrió.
—¿Te dio Naruto mi nota?
—Sí, me dio tu nota —respondió ella, sonrojada—. Me pareció muy inapropiada —añadió, intentando mostrarse indignada.
Él dejó el informe encima de la mesa del café y cruzó las piernas.
—Creo recordar que los comportamientos apropiados no son tu fuerte.
—Ahora sí —lo contradijo Sakura, intentando convencerse a sí misma.
—No hace falta que cambies tu manera de actuar por mí. Me encanta cuando te comportas de manera inapropiada.
—Ya no tengo tiempo para eso —replicó Sakura —. Estoy demasiado ocupada trabajando.
Él sonrió de oreja a oreja.
—Vaya, Sakura, pensaba que las buenas asistentes personales eran polifacéticas.
—Y yo lo soy —le aseguró ella en tono seco y profesional—. Tanto mi taquigrafía como mi mecanografía son ejemplares, lo mismo que mi capacidad de comunicación.
—Ya sabes que lo que me interesa más de ti son otras aptitudes —contraatacó él.
Sakura sintió un escalofrío.
Sasuke no tenía vergüenza, pero ¿por qué no lograba sentirse indignada?
—Sí, pero no me pagas por ellas —le recordó.
—Lo sé —dijo él, alargando la mano para tocarle la mejilla—, pero estaba pensando en una asociación de libre comercio.
—No me parece adecuado —respondió Sakura, sintiendo calor.
Se desabrochó el cinturón, se levantó y fue hacia una ventanilla con la mayor elegancia posible. Mientras observaba las nubes, intentó calmar su respiración.
—Mírame, Sakura.
Se giró y vio que tenía a Sasuke justo detrás.
—¿Por qué te enfadas? —le preguntó, divertido y cariñoso.
—No me he enfadado —respondió ella.
—Claro que sí. Te pones muy sexy cuando haces pucheros, ¿lo sabes?
—Tampoco estoy haciendo pucheros. Estoy molesta.
—¿Sí? —le preguntó Sasuke acercándose más—.
-Entonces, voy a ver si puedo molestarte un poco más —murmuró, casi contra sus labios.
Sakura pensó que lo más inteligente sería empujarlo hacia atrás, pero cuando sus labios la tocaron, Sakura se dejó llevar y se agarró a la pechera de su camisa.
¿Por qué tenía que besar tan bien?
Sasuke se apretó contra ella, frotando la erección contra su vientre, y Sakura volvió a la realidad. Quería ganarse su respeto y así no iba a conseguirlo. Pensó en Karin y en todas las demás conquistas de Sasuke y lo apartó.
—¿Todavía estás enfadada? —le preguntó él con suavidad.
—No tengo intención en convertirme en una más de la manada.
—¿De qué manada?
—¿Qué tal si empezamos con Karin?
—¿Qué pasa con ella? —preguntó Sasuke sorprendido.
—Tengo entendido que era muy polifacética —le dijo Sakura.
Él se echó a reír.
—Me alegra que te resulte divertido —le soltó ella—, apuesto a que Karin no se rió.
—Qué mona, estás celosa.
—De eso nada.
—Claro que sí, y creo que me gusta, pero tengo que informarte de que nunca hubo nada entre Karin y yo.
—¿No? —inquirió Sakura.
—Ya te dije que no me acuesto con mis empleadas.
—¿Y yo?
—Eres la excepción que confirma la regla. La única excepción por el momento.
—¿De verdad? —insistió ella, sabiendo que no debía sentirse especial.
—Sí, de verdad —le aseguró él, tomándola de la mano y haciendo que se sentase de nuevo—, aunque tienes razón en algo.
—¿Sí? -Sasuke esperó a que se sentase y luego, tomó asiento también.
—Teníamos que haber hablado de esto antes, pero me he distraído —le dijo, sonriendo—. Me ocurre siempre que estoy contigo.
Y Sakura se dijo que no debía dejarse engatusar.
—¿De qué teníamos que haber hablado? —le preguntó.
—De nuestras historias sexuales. Estamos en el siglo XXI, y es lo más sensato.
—Ah —exclamó Sakura, sin saber qué decir. Aquella conversación amenazaba con ser todavía más peligrosa que la anterior.
—Para que te quedes tranquila —continuó Sasuke —. Siempre utilizo preservativos y no soy tan prolífico como piensas. Hace más de tres meses que no salgo con ninguna mujer y, con la última, sólo estuve una noche. No era tan entretenida como tú.
—Ah, qué bien —comentó Sakura, ruborizándose otra vez.
Sasuke apoyó los codos en las rodillas.
—¿Y Akazuna y tú? ¿Os acostabais juntos? —le preguntó con naturalidad.
—No, por supuesto que no.
—Bien —dijo Sasuke, echándose hacia atrás—. Un hombre que trata así a una mujer, sea su empleada o no, es un cerdo.
—Tienes razón —admitió Sakura, agradecida por su apoyo—. Aunque tengo que decir en su favor que no se esforzó tanto en seducirme como te estás esforzando tú.
—Él se lo perdió —respondió Sasuke —. Entonces, ¿cuánto tiempo hace que no sales con nadie?
Sakura se ruborizó todavía más. No iba a decirle que la última relación sexual que había tenido antes de acostarse con él había sido dos años atrás.
—No quiero contestar a esa pregunta.
—¿Tanto tiempo?
¿También era capaz de leerle la mente?
—¿Te importaría cambiar de tema de conversación?
—Por supuesto —contestó Sasuke, al parecer, todavía más satisfecho. Tomó el informe que tenía delante—. ¿Por qué no le pides a la azafata que nos prepare la comida mientras yo leo esto?
Y, así, sin más, volvieron a ser el jefe y su asistente personal. Sakura debía haberse alegrado por ello, pero no fue así. El brusco cambio le demostró que era él quien tenía la sartén por el mango. Él decidía el ritmo de su relación y, al parecer, Sakura no podía hacer nada al respecto.
Abrió la boca para hablar, para protestar por su actitud prepotente, y lo vio sacar un par de gafas del bolsillo y ponérselas antes de levantar la vista hacia ella.
—¿Qué ocurre?
—¿Llevas… gafas?
Anteriormente, nunca se había sentido atraída por un hombre con gafas, pero los ojos negros de Sasuke eran todavía más irresistibles con ellas. Le daban un aire vulnerable. Lo que era una ilusión, por supuesto, pero una ilusión muy sexy.
—Soy miope —le contó él—. No me pongo las lentillas en el avión porque el ambiente está muy seco.
—Ya veo —dijo Sakura, cruzando las piernas y estirándose la falda hacia abajo. «Date un respiro y deja de imaginarte desnudándolo y devorándolo sólo con las gafas puestas», pensó.
Apretó el botón del intercomunicador y le pidió a la azafata que les llevase algo de comer mientras Sasuke leía el informe.
¿Adónde habían ido a parar sus planes de tener aquella situación bajo control? Estaba más fuera de control que nunca. Menos mal que Sasuke no se había dado cuenta del efecto que habían tenido sus gafas en ella. Habría sido como enseñarle un pañuelo rojo a un toro.
Sasuke no pudo evitar sonreír mientras leía el minucioso informe de Sakura. Sus gafas la habían puesto caliente. Era bueno saberlo. Así como también era bueno saber que no se había acostado con Akazuna, ni con nadie en mucho tiempo. Él no solía ser un hombre posesivo, pero con Sakura era diferente.
Había hecho lo correcto ofreciéndole el trabajo. Y a pesar de que le había resultado duro mantenerse alejado de ella el día anterior, también había sido inteligente darle algo de espacio. No quería asustarla. No solía ser tan insistente, pero la ingenua sensualidad de Sakura le había calado hondo. Hasta él necesitaba algo de espacio.
Pasó la página y sonrió todavía más. Después de aquel beso, era evidente que Sakura tenía más miedo de sí misma que de él. Sólo tendría que seguir avivando aquel fuego y ella sola iría a buscarlo.
No le importaba tener que esperar. La espera formaba parte de la diversión.
Por primera vez se daba cuenta de que era cierto aquello de que lo importante no era ganar, sino participar. Además, Sasuke estaba seguro de que en ningún caso iba a perder.
Cerezoo
