ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
EL viento golpeó las mejillas de Sakura al pasar frente al rocoso esplendor de Big Sur. Por desgracia, la belleza elemental de la costa californiana no era lo único que le cortaba la respiración.
El rugido del motor del descapotable perdió fuerza y Sakura vio cómo Sasuke reducía la marcha para tomar otra curva cerrada. Al pasar por la legendaria Carretera 1, el sol primaveral se reflejó en la pintura roja del Ferrari, como envolviendo en un aura al hombre que lo conducía. Aunque se había quitado las gafas, Sakura se sentía más atraída que nunca por él.
Estudió su perfil, la pequeña hendidura de su barbilla, la barba de dos días y los pómulos marcados, las gafas de sol de Armani no conseguían ocultar las líneas de expresión de sus ojos. Sakura intentó contener el deseo que la había dejado paralizada en el avión y respiró hondo la brisa del mar.
El coche tomó otra traicionera curva y los arbustos que había a la derecha dieron paso a un prado lleno de altramuces, amapolas y lilas silvestres, que cubrían los arrecifes en alegres tonos azules y morados. A Sakura se le calmó el corazón. Qué vista tan maravillosa.
Cerró los ojos, giró la cara hacia el viento e intentó obligarse a pensar con sensatez. De acuerdo, aquél era posiblemente el lugar más romántico en el que había estado, y estaba con el hombre más sexy que había conocido. Se echó el pelo hacia atrás y volvió a respirar hondo. Tenía que dejar de soñar.
Había sabido desde el principio que Sasuke era un maestro de la seducción. De lo que no se había dado cuenta había sido de lo decidido que era, y de lo acostumbrado que estaba a salirse siempre con la suya. Nada parecía poder mellar aquella confianza en sí mismo. Y si su ego no era lo suficientemente grande, el hecho de que Sakura se sintiese tan atraída por él significaba que estaba intentando escalar el Everest con una mano atada a la espalda.
La carretera se acercó a los acantilados y Sakura miró hacia abajo. La caída era muy alta, pero no sintió sólo miedo, sino también emoción.
En realidad, era como si tuviese las dos manos atadas a la espalda.
Notó la mano de Sasuke en su muslo y se le aceleró el pulso.
—Increíble, ¿verdad? —gritó para que la oyese a pesar del ruido del motor del Ferrari y del viento.
—Sí —aunque las vistas no eran lo único increíble—. ¿Cuánto falta para llegar a The Grange?
—Unos quince Kilómetros —contestó él, acariciándole el muslo—. Ya verás. El sitio es para morirse. Luego volvió a poner la mano en la palanca de cambios.
—Relájate, no queda mucho.
Sakura apoyó la espalda en el sillón y dejó que el sol le calentase las mejillas, a pesar de saber que no lograría relajarse.
—Bienvenidos a The Grange —los recibió Hatake Kakashi, dándole a Sakura un elegante beso en la mano.
Luego, el anciano dueño del hotel se incorporó y le dio la mano a Sasuke.
—Me alegra tenerte por fin aquí, Uchiha. Estaba empezando a pensar que ibas a permitir que fuese Nara quien cerrase el trato sin tan siquiera venir a ver el lugar.
Sakura captó cierto reproche en el tono de voz de Kakashi. Era evidente que le había molestado que Sasuke no fuese antes por allí. La noticia sorprendió a Sakura. Según los archivos, llevaba más de dos años queriendo comprar The Grange. Y dada su reputación de empresario meticuloso, era extraño que no hubiese ido a inspeccionar su inversión en persona.
Tal vez ése fuese el motivo por el que parecía un poco nervioso. En cuanto habían tomado el camino que daba al complejo turístico, había estado silencioso y tenso.
Kakashi había estado esperándolos, dirigiendo a todo un ejército de botones para que se ocupasen de su equipaje. A Sakura le había resultado simpático desde el principio. Le recordaba a su abuelo Pete, el padre de su madre. Un anciano astuto que decía las cosas como las pensaba y que siempre había estado dispuesto a darle un abrazo de los de verdad. El hecho de que Kakashi no pareciese sentirse intimidado por Sasuke le gustó todavía más. Era agradable conocer a otra persona que no estuviese dispuesta a hacerle reverencias nada más verlo. Sakura pensó que tal vez había encontrado un aliado.
—Pensé que ibas a venir con Uzumaki la semana pasada —continuó Kakashi.
—Estaba muy liado —respondió Sasuke, poniéndose a la defensiva, algo poco habitual en él.
—Bueno, lo importante es que ya estás aquí, jovencito.
Sakura tuvo que hacer un esfuerzo por no echarse a reír al oír aquello.
—Supongo que deberíamos ir a recepción a registraros —añadió el anciano, guiñándole un ojo a Sakura.
Hizo una señal a los botones y condujo a Sakura y a Sasuke hasta el vestíbulo del hotel. Una enorme chimenea acentuaba los altos techos, haciendo que el lugar pareciese amplio y acogedor al mismo tiempo. Todo estaba ordenado y limpio y las flores silvestres que colgaban de las paredes le daban un aspecto fresco y agradable. El hotel tenía una belleza dulce y sencilla, nada que ver con el lujo del hotel de Sasuke en Las Vegas, y Sakura se preguntó por qué estaría tan decidido a comprarlo.
Kakashi los presentó al personal de recepción utilizando sus nombres de pila y Sakura se preguntó si lo habría hecho para bajarle todavía más los humos a Sasuke. Si era así, éste no pareció darse cuenta.
—Entonces, la tal señora Yamanaka que hizo la reserva dijo que necesitaban una cabaña con dos camas para poder trabajar hasta tarde por las noches. Así que os he asignado Terra del Mar. Sólo tiene un baño, pero es muy bonita. Espero que os parezca bien.
Sakura notó calor en las mejillas, el monte Everest se hacía cada vez más alto. ¿Cómo iba a resistirse a las insinuaciones de Sasuke si estaban alojados en la misma cabaña, y con sólo un baño?
—Estupendo —contestó él, acariciando la espalda de Sakura. Luego, añadió en voz baja—: Espero que tengamos que trabajar muchas noches.
Si Kakashi lo oyó, no dijo nada.
—Arreglado, entonces. ¿Qué tal si tomamos algo en mi casa mientras llevan vuestro equipaje a la cabaña?
Sakura iba a aceptar la invitación cuando Sasuke se le adelantó:
— Sakura está cansada del viaje, será mejor que lo dejemos para otro momento.
—De acuerdo —dijo Kakashi sin enfadarse.
—No seas tonto —intervino Sakura, ignorando a Sasuke y apoyando una mano en el brazo de Westchester—. Estaré encantada de tomarme algo. No estoy nada cansada.
Y no tenía intención de quedarse a solas con Sasuke tan pronto. Necesitaba más tiempo para preparar su defensa.
—Me alegra oírlo, jovencita —dijo Kakashi, entrelazando el brazo con el de ella—. Preparo unos martinis deliciosos.
Pero cuando el anciano se giró a hablar con la recepcionista, Sasuke le dijo a Sakura, articulando para que le leyese los labios:
—Gallina.
—¿Quién yo? —respondió ella del mismo modo.
Sasuke le dedicó una provocadora sonrisa y arqueó las cejas. A Sakura se le aceleró el pulso.
—Espero que os guste el martini —comentó Kakashi guiándolos hasta su alojamiento.
—Me encanta —respondió Sakura, que no había probado el martini en toda su vida.
A pesar de los esfuerzos de Sakura por alargar las copas con Kakashi lo máximo posible, una hora después estaba a solas con Sasuke en la cabaña Terra del Mar.
Tal y como ella había sospechado, era un lugar muy romántico. Sasuke no habría podido escoger un nidito de amor mejor ni aunque lo hubiese intentado.
Mientras él le daba la propina a los botones, Sakura inspeccionó el lujoso bungalow de dos habitaciones. Kakashi lo había llamado cabaña, pero el término se quedaba un poco corto. El espacioso salón, con chimenea, daba a una terraza con vistas al acantilado. Echó un vistazo a la habitación principal y vio una enorme cama con dosel. No pudo evitar imaginarse en ella con Sasuke, así que cerró la puerta al instante.
—¿Prefieres la cama grande o la pequeña?
Sakura se giró al oír la voz de Sasuke. Parecía relajado y divertido, con el trasero apoyado en el respaldo de un sillón. Se había quitado la chaqueta y la había dejado en una silla, y la estaba estudiando con tal intensidad que Sakura volvió a preguntarse si no habría vuelto a leerle la mente.
Se aclaró la garganta.
—La pequeña, gracias.
Él empezó a remangarse la camisa, dejando al descubierto sus brazos bronceados y musculosos, cubiertos de vello oscuro. A Sakura se le secó la boca.
—¿Estás segura? —le preguntó él, cruzándose de brazos—. Tal vez debiéramos ahorrar energía compartiendo la cama grande.
—Con eso lo más probable es que generásemos energía, más que ahorrarla —replicó ella.
Sasuke se echó a reír.
—Tienes razón.
Sakura notó que su rostro no era la única parte de su cuerpo que estaba empezando a calentarse y, a juzgar por la manera en que Sasuke la estaba mirando, también debía saber eso. Sakura apartó la vista de él y salió a la terraza.
—Guau, las vistas son increíbles —exclamó.
Se apoyó en la barandilla y observó el promontorio rocoso que tenía delante. El mar se arremolinaba debajo de ellos, las olas llegaban a una cala de arena fina a la que se accedía por una escalera de madera. Aislada y espectacular, la cabaña era casi tan cautivadora como el hombre con el que estaba. Sakura vio el jacuzzi que había al final de la terraza y le dio la espalda. Tal vez fuese mejor salir de allí también.
Oyó las pisadas de Sasuke en el suelo de madera, notó sus manos calientes en el vientre y que Sasuke la apoyaba contra su cuerpo.
—No puedes huir eternamente, y lo sabes.
Ella se estremeció. Se le entrecortó la respiración. Intentó contener la sensación de placer y se giró. Al verlo tan cerca, al oler su seductor aroma, a jabón, a hombre y a intimidad sexual, se dio cuenta de que Sasuke tenía razón.
—No estoy huyendo. Estoy manteniéndome firme —le respondió—. Resulta que no me gusta que me presionen. Y, hasta ahora, estás siendo demasiado insistente, Uchiha.
El la miró con pasión e intensidad.
—Te equivocas. No estoy siendo insistente, estoy siendo sincero —le dijo, enterrando los dedos en su pelo—. Al contrario que tú.
Luego la besó con avidez. Ella separó los labios sin querer y Sasuke le metió la lengua dentro, poniendo en alerta todas las terminaciones nerviosas de su cuerpo.
Sakura empezó a sentir tanto calor, que supo que pronto perdería el control. Se agarró a los hombros de Sasuke, sintiendo sus fuertes músculos debajo de la camisa, y apartó los labios de los de él.
—Te deseo —murmuró él, acariciándole la espalda—. Vamos a dejar de jugar.
—Eres tú el que está jugando.
—¿Por qué dices eso? —le preguntó Sasuke con voz ronca.
Ella pensó que tal vez no podía minar su confianza, su arrogancia, su convicción de que pronto volvería a tenerla en su cama. Al fin y al cabo, los pezones erguidos la delataban y se sentía tan preparada para recibirlo en su interior que tuvo que apretar los muslos para evitar que le temblasen las rodillas. Y su masculino olor estaba mareándola.
—No estoy preparada para saltar cada vez que tú chasquees los dedos, Sasuke. Quiero que pongamos unas normas.
—¿Qué normas? —preguntó él con incredulidad. Ya no parecía tan tranquilo.
—Regla número uno —anunció Sakura —. Que Sasuke sea el jefe en la sala de juntas no quiere decir que sea el jefe en el dormitorio.
Él la soltó.
—A estas alturas ya deberías saber que juego con mis propias reglas, no con las de los demás —juró entre dientes y se pasó la mano por el pelo—, pero supongo que puedo darte algo más de tiempo para que te des cuenta.
Ella deseó contradecirlo, sentirse ofendida por sus palabras, pero no consiguió articular palabra. Porque sabía que, si Sasuke hubiese insistido un poco, a esas alturas ya habrían estado incumpliendo todas las normas. Y su cuerpo no se habría resistido lo más mínimo.
Sasuke la dejó sola en la terraza y volvió al salón. Al llegar a la puerta, se detuvo, y Sakura se fijó en el bulto de su bragueta.
—Voy a darte algo de tiempo, Sakura, para que te acostumbres a la idea, pero después, pretendo volver a hacerte mía. Y cuando llegue ese momento, no quiero que me rechaces.
Ella se quedó estupefacta y Sasuke tomó su maleta y se metió en la habitación pequeña. ¿Por qué aquella declaración le había parecido más una promesa que una amenaza?
Cerezoo
