ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
-Saca el segundo párrafo —le dijo Sasuke, señalando el documento por encima del hombro de Sakura—. Y reformúlalo según las instrucciones del abogado. Cuando esté terminado, le echaré otro vistazo.
—Sí, jefe —murmuró ella sin pensarlo.
—Y no hagas comentarios descarados —le dijo él, sentándose en la silla de enfrente.
—No, jefe —respondió Sakura, sonriendo de forma seductora.
Sasuke se bajó las gafas y la miró por encima de la montura.
—Ten cuidado —le advirtió—, o pensaré que quieres jugar.
Ella se contuvo para no responder a aquello y se puso a trabajar.
Tenía que dejar de provocarlo, pero ¿cómo iba a hacerlo, si la estaba volviendo loca?
Tal vez fuese porque se había pasado la noche sin dormir, incapaz de sentirse cómoda en una cama tan grande, o porque Sasuke llevaba veinticuatro horas sin dejar de darle órdenes.
El problema era que, cada vez que le daba una orden nueva, Sakura pensaba en la promesa que le había hecho el día anterior. Y el hecho de que él no dudase en tocarla, inclinarse sobre ella e invadir su espacio vital, tampoco estaba siendo de gran ayuda.
Aunque era aún más frustrante ver que Sasuke parecía mucho más cómodo con aquel juego que ella. No había vuelto a hablar de su relación personal desde la noche anterior.
Cuando habían cenado en el restaurante del hotel, él la había observado atentamente, pero sólo había hablado de trabajo. Al final de la noche, Sakura había pensado que le iba a dar un soponcio. Y, por si fuese poco, esa mañana había encontrado seis paquetes de preservativos en el armario del cuarto de baño. Llevaba todo el día pensando en ellos, y en él. Y para rematar, Sasuke se había vuelto a poner las malditas gafas. Sólo tenía que sacarlas de la funda y jugar con ellas para que Sakura se excitase. Era bochornoso.
La única cosa que hacía que Sakura no cediese a la tensión sexual que reinaba en el ambiente era su orgullo. No quería perder aquel juego del gato y el ratón, con Sasuke en el papel del gato y ella, en el del obediente ratón.
Estaba jugando con ella, esperando que se mostrase débil para atacar, y Sakura no quería ser atacada. Todavía no, en cualquier caso, no hasta que él le dejase ver alguna debilidad. Aunque Sakura estaba empezando a pensar que no tenía ninguna. Y la tensión estaba haciendo que se volviese loca. ¿Por qué si no tenía tantas ganas de volver a coquetear con él?
Golpeó las teclas del ordenador y se obligó a concentrarse en su trabajo. Al menos, estaba consiguiendo mantenerse a la altura en eso. Le dolían los dedos de tanto escribir en el ordenador, había hecho tantas llamadas de teléfono que temía quedarse sorda de un oído y había empezado a recitar la agenda de Sasuke en sueños. El trabajo era todo un reto y Sakura sabía que lo estaba impresionado con su eficiencia. Lo que no sabía Sasuke era toda la energía sexual que estaba canalizando en sus tareas para evitar saltarle encima.
Sasuke observó cómo se movían los dedos de Sakura sobre el teclado y admiró el esfuerzo titánico que estaba realizando por concentrarse. Le alegró saber que no era el único que tenía que contener su frustración sexual. La noche anterior, después de la cena, se había metido en la cama con la entrepierna dolorida. Se había pasado casi toda la noche mirando los labios de Sakura y había tenido que darse la segunda ducha fría del día nada más darle las buenas noches. Pero al meterse en el baño lo había asaltado el aroma a rosas del perfume de Sakura. ¿Lo habría echado por el baño para volverlo loco? Aun así, había controlado el deseo de ir a verla a su habitación.
Iba a ser ella la que fuese a buscarlo en esa ocasión.
Él ya le había dejado claro cómo se sentía. Y sabía que Sakura lo deseaba tanto como él a ella. En cuanto lo admitiese, podrían dejar de jugar. A Sasuke no le había gustado que lo acusase de ser demasiado insistente. Nunca lo era con las mujeres. O tomaban lo que les ofrecía, o lo dejaban. Siempre eran ellas las que decidían. Aunque con Sakura las cosas no estaban tan claras. En cuanto decidiese acercarse a él, volverían a estarlo. Apartó la mirada de ella y miró hacia la terraza.
El maravilloso tiempo primaveral y el reconfortante olor a resina de pino y a sal del mar le hicieron recordar su niñez y lo animaron todavía más. Le gustaba haber vuelto. Y, a pesar de que Sakura estuviese revolucionando a su libido, también era una buena compañía, una adversaria digna y una gran trabajadora. Era la mejor asistente personal que había tenido. Y todo eso era una estupenda distracción, justo lo que necesitaba.
Había esperado sobresaltarse al volver a ver a Hatake Kakashi, pero no había imaginado que todas las emociones que tantos años había estado enterrando, volverían a emerger con tanta fuerza. La presencia de Sakura había hecho que no le diese tantas vueltas a los fantasmas de su pasado.
Repasó los correos electrónicos que tenía en el ordenador mientras se decía que, a largo plazo, ese par de días de tortura iban a merecer la pena. De hecho, tal vez fuese el momento adecuado para volver a calentar a Sakura, después de la coqueta sonrisa que ésta le había dedicado unos minutos antes.
—He terminado —anunció ella—. ¿Quieres echarle un vistazo antes de que lo imprima?
—Claro —contestó Sasuke. Se levantó y se colocó justo detrás de Sakura, con la mejilla casi acariciando su pelo. Qué bien olía.
—Tiene muy buena pinta —añadió, leyendo el documento y notando que Sakura se ponía tensa. Supo que no tardaría en doblegarse—. No creo que Hat oponga más resistencia —añadió, aspirando el olor de su pelo y pensando que el trato con Kakashi no era la única cosa que iba a conseguir.
—¿Quién es Hat? —le preguntó ella, girando la cabeza. —¿Hat Kakashi?, el viejo al que vamos a comprarle el hotel —respondió en tono ausente.
—Pensé que se llamaba Hatake
—Pero lo llaman Hat. Así lo llamaba yo cuando… —se interrumpió de repente y cerró la boca.
¿Qué le había pasado? Había estado a punto de soltar algo de lo que llevaba sin hablar más de veinte años.
Sakura se preguntó qué era lo que Sasuke había estado a punto de decir, pero lo había visto palidecer y se había apartado de ella con rigidez.
—¿Por qué no mandas por correo electrónico el…?
—No sabía que Hatake Kakashi y tú os conocieseis —lo interrumpió ella, intrigada.
—Ha pasado mucho tiempo —respondió él. —¿Y por qué habéis hecho los dos como si no os conocieseis?
— Kakashi no ha fingido —le dijo Sasuke, apartando la vista—. No se acuerda de mí.
Aquello la preocupó. ¿Qué estaba pasando realmente allí? ¿Por qué Sasuke no la miraba a los ojos? Le había parecido oír culpabilidad en su voz. ¿Tendría algún motivo oculto para querer comprar el complejo turístico de Kakashi? Karin había comentado que era un empresario despiadado, pero ¿cómo de despiadado?
—¿Por qué no le dices que ya os conocéis? —le preguntó.
Entonces pensó que, a pesar de haber pasado una inolvidable noche de pasión con aquel hombre, y de haber viajado hasta California con él, no sabía nada de su vida. Porque no se lo había preguntado. Y ya iba siendo hora de evitar que fuesen sus hormonas las que tomasen todas las decisiones en su lugar.
Él la miró a la cara.
—Deja de mirarme como si acabase de matar a un gato.
—Pues deja tú de evitar mi pregunta —replicó Sakura.
Sasuke entrecerró los ojos y se metió las manos en los bolsillos.
—No tengo por qué darte explicaciones.
A Sakura le dolió oír aquello.
—Ya lo sé, pero hemos sido amantes y… —dudó, respiró hondo, sabiendo que lo que iba a decir terminaría para siempre con el juego— vamos a volver a serlo.
Él la miró con deseo. Se sacó la mano del bolsillo y le acarició la mejilla.
—Me alegra saber que por fin hayas aceptado lo inevitable.
Sakura se apartó.
—¿De qué conoces a Hatake Kakashi?
Él volvió a meterse la mano en el bolsillo.
—Eso forma parte del pasado y no tiene nada que ver contigo y conmigo.
—Por supuesto que sí. No pienso meterme en la cama con un hombre que podría estar haciendo algo inmoral.
—¡Inmoral! —exclamó Sasuke indignado—. ¿De qué estás hablando? No hay nada de inmoral en este acuerdo. Kakashi va a conseguir un buen precio por el complejo. Jamás lo engañaría, significa…
Volvió a callarse de repente, se giró y se agarró a la barandilla de la terraza con fuerza. Sakura pensó que era la primera vez que lo veía perder así el control.
Él se recompuso y volvió a mirarla, fingiendo indiferencia.
—Mira, Sakura, no es nada importante.
—Si no es nada importante, ¿por qué te asusta contármelo?
—No me asusta contártelo, maldita sea.
—Entonces, cuéntamelo.
—Está bien —dijo Sasuke, levantando las manos con frustración—. Cuando yo tenía ocho años, mi padre me trajo aquí y luego se marchó. No volvió a buscarme hasta seis meses después. Eso es todo.
Sakura no había sabido qué esperar, pero, en cualquier caso, no había esperado sentirse cegada de ira.
—¿Me estás diciendo que tu padre te abandonó aquí?
—No, no exactamente —respondió él, dejando escapar una carcajada—. Fugaku no era un mal tipo, pero no estaba hecho para ser padre. Era un jugador. Cuando estaba de buena racha, se olvidaba de todo lo demás. No es un secreto. Ahora, ¿te importa si dejamos el tema?
«De eso nada», pensó Sakura. Acababa de vislumbrar al hombre que había detrás de la máscara. Eso la sorprendió y la fascinó.
—¿Dónde estaba tu madre? —le preguntó en voz baja.
Él volvió a sentarse frente a ella, suspiró.
—¿Tenemos que hablar de esto?
—Sí.
Sasuke se encogió de hombros y miró hacia el horizonte. La noche estaba empezando a caer y unas nubes moradas se cernían sobre el azul del mar.
—Mi madre falleció cuando yo era un bebé. No me acuerdo de ella —le contó Sasuke, volviendo a mirarla—. Me quedé con mi padre y las cosas fueron bien, casi siempre.
—¿Casi siempre? —repitió ella—. Entonces, ¿se olvidó de ti más de una vez?
—Normalmente, sólo me dejaba solo un par de días, hasta que llegamos aquí.
—Pero eso es horrible.
Sakura pensó en lo vulnerable y solo que debía de haberse sentido Sasuke. Un niño pequeño abandonado por la persona que debía haberlo cuidado. Por eso le importaba tanto ser él quien tuviese el control en esos momentos.
—Mi padre nos registró aquí con nombres falsos y luego desapareció. Cuando llevaba cinco días sin volver, me entró pánico.
—¿Y qué hiciste?
Él sonrió de medio lado.
—Intenté robar dinero de la caja registradora. Kakashi me pilló y se enteró de lo que pasaba —suspiró—. Yo sentí miedo, lo insulté, le pegué, intenté escaparme. Era un granujilla.
—Estabas asustado.
—Tal vez —dijo él, como si sus sentimientos no importasen—. Pensé que me llevarían a la policía, pero no lo hicieron. Kakashi me recogió. Su salón sigue estando exactamente igual que entonces.
Por eso se había puesto tan tenso al entrar en él.
—¿Y qué ocurrió cuando tu padre regresó?
Él se pasó la mano por la cara. Aquél parecía ser el recuerdo más duro.
—No fue nada agradable —se limitó a responder.
—Deberías decirle a Kakashi quién eres.
—No —dijo Sasuke, poniéndose tenso.
—¿Por qué no?
—Porque no quiero —insistió él, con una vehemencia que la sorprendió—. Ya no soy el granujilla de entonces. Hace muchos años que lo dejé atrás.
Ella deseó preguntarle por qué odiaba tanto a aquel niño desesperado, pero supo que Sasuke no respondería a su pregunta, así que decidió intentarlo de otro modo.
—¿Por qué deseas tanto comprar The Grange?
—¿Sinceramente? No tengo ni idea. Hace tiempo que decidí que quería vender mi hotel de Las Vegas, pero no sé por qué elegí este lugar —le dijo, poniéndose en pie—. Fue un impulso que no pude resistir.
Se paseó por la terraza y luego se apoyó en la barandilla, todo su cuerpo estaba en tensión.
—Cuando Naruto empezó con las negociaciones, le dije que no quería que Kakashi se enterase de quién era yo.
—No puedo creer que Kakashi se haya olvidado de ti.
— Kakashi y Anko nunca supieron mi nombre real.
—¿No se lo dijiste nunca, en todo el tiempo que estuviste viviendo con ellos?
—No, nunca —dijo él, haciendo una pausa, como preguntándose si debía contarle más—. Pensaron que me llamaba Sonosuke. Al principio no les dije mi nombre real por miedo, pero después… No sé. Era como si me hubiese convertido en una persona distinta.
—Eras un niño asustado —le dijo Sakura en tono cariñoso—. Créeme, si Kakashi es el hombre que tú me has descrito, no se enfadará si se lo cuentas.
—¿Cómo puedes saber eso? —preguntó él con la voz quebrada.
Y Sakura se dio cuenta de que, dentro de aquel hombre duro y autoritario seguía habiendo una parte del niño abandonado. Se le encogió el corazón al pensarlo.
—Tienes que decirle quién eres —susurró—. Tienes que contarle el verdadero motivo por el que quieres comprar The Grange.
—¿Qué quieres decir?
—Que quieres un hogar —respondió Sakura —. Y éste es el único que podrías tener.
Sasuke estaba atónito. Era como si Sakura hubiese llegado a su alma y hubiese sacado de ella algo de lo que ni siquiera él era consciente. Un secreto que jamás le había confesado a nadie, ni siquiera a sí mismo. Se alejó de ella, miró hacia el mar, los contradictorios sentimientos de culpabilidad, remordimiento y anhelo hacían que su estómago estuviese tan revuelto como las olas.
Sakura le apoyó una mano en la espalda.
— Kakashi es el verdadero motivo por el que has vuelto.
Él inclinó la cabeza y se aferró con fuerza a la barandilla. El suelo acababa de moverse bajo sus pies. Se sintió expuesto y necesitado, como cuando era niño. Como había jurado que no volvería a sentirse jamás.
Se dio la vuelta y ella bajó la mano.
—Te equivocas. No necesito un hogar ni necesito a Hatake Kakashi
«Ni tampoco te necesito a ti», se dijo desesperadamente. No podía ser. Sakura le hacía sentir cosas, pensar cosas en las que no quería pensar. Y había llegado el momento de dejarse de tonterías y tomar lo que quería de verdad. Su cuerpo.
Apartó el pánico de su mente y la agarró.
—¿Por qué no pedimos algo de cenar? —le acarició un brazo—. Esta puesta de sol es demasiado bonita como para estropearla trabajando.
Sakura sintió un escalofrío.
Lo que le había dicho, había afectado a Sasuke, que estaba intentando cambiar de tema de conversación. Ella no entendía por qué, pero aquel breve momento de vulnerabilidad hacía que lo desease más que nunca. Lo deseaba tanto que le daba miedo, pero por fin estaba dispuesta a admitir que la excitaba todavía más.
—Me parece estupendo. Tengo hambre —le dijo, tirando la cautela por la borda.
Le gustó sentir deseo por él al verlo entrar en el salón para llamar al servicio de habitaciones. Su imaginación voló mientras apagaba los ordenadores y los recogía.
Sasuke le había ganado la mano, pero de la recompensa iban a disfrutar los dos.
Cerezoo
