ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
ADVERTENCIA: *LEMMON"
Estoy llena —anunció Sakura, dejando el tenedor.
—¿Ya has terminado? —le preguntó Sasuke, viendo que todavía le quedaba pasta en el plato—. ¿No estabas muerta de hambre?.-
Sakura pilló el tono insinuante de sus palabras.
Era un milagro haber podido comer algo con Sasuke mirándola como un tiburón al acecho.
Tomó su copa de pinot noir, le dio un trago e intentó buscar un tema de conversación inocuo para calmar sus nervios.
—¿Es verdad que eras jugador de póker profesional antes de hacer construir The Phoenix?
—Pareces sorprendida —respondió él, dando también un trago a su copa.
—Lo estoy, un poco —admitió Sakura —. No pareces ser de los que lo arriesgan todo a la suerte.
—Si estás concentrado y juegas bien tus cartas, puedes engañar a la suerte. Le dijo aquello con tanta seguridad, que a ella le costó contradecirlo.
—No lo creo. Si no te dan buenas cartas, da igual cómo las juegues. Pierdes.
—¿Quieres que echemos una partida para que te demuestre lo contrario?
—No, gracias. No tengo dinero y no sé jugar, así que estaría en desventaja.
—No tenemos por qué jugar con dinero. Y yo puedo explicarte las reglas del juego —al ver que Sakura no respondía, él arqueó una ceja—. A no ser que tengas miedo.
—Por supuesto que no —replicó ella—, pero, entonces, ¿qué nos jugamos?
Él le dedicó una sensual sonrisa.
—Prendas de ropa.
—¿No estarás sugiriendo que juguemos al strip póker?
—Llevo casi una semana esperando a volver a desnudarte —respondió Sasuke —. Me estoy empezando a desesperar.
Aunque no lo parecía, parecía más bien un gato que quisiera devorarla.
Sakura se sonrojó y se le aceleró el pulso, pero no pudo sacarse la imagen de Sasuke desnudo de la cabeza. No podía perderse la oportunidad.
Se inclinó sobre la mesa y sopesó la situación.
Sasuke llevaba puestos unos chinos, camisa, cinturón y unos mocasines, sin calcetines. Dando por hecho que también llevase calzoncillos, seguían siendo seis prendas. Calculó mentalmente su ropa: incluidos los pendientes, contados de manera individual, por supuesto, llevaba un total de doce prendas.
—¿También cuentas las joyas? —preguntó.
Él se echó a reír.
—Por supuesto, podemos contar hasta los botones si quieres.
Sakura miró su vestido de algodón, que tenía unas veinticinco pequeñas perlas que hacían las veces de botones, la chaqueta que llevaba encima tenía otros seis. La camisa de Sasuke no podía tener más de diez y los dos más altos ya estaban desabrochados. Sasuke estaba muy seguro de sí mismo.
—Me parece justo —le dijo, saboreando la idea de que esa misma confianza era lo que iba a perderlo.
—De acuerdo — Sasuke se levantó, dejó la servilleta sobre la mesa y tomó la botella de pinot y las dos copas—. Entonces, ¿jugamos?
—Por supuesto.
Sasuke entró en el salón, encendió la chimenea y fue a por una baraja. Sakura se apoyó en el sillón y observó el fuego. No habían encendido las luces del techo, dejando que las llamas iluminasen el salón con un brillo dorado. Si a eso añadía la lujosa alfombra que había en el suelo, la botella de vino medio vacía encima de la mesita del café, y el olor a jazmín y lavanda que entraba de la terraza, el escenario no podía haber sido más perfecto.
La chispa de excitación que llevaba días burlándose de ella se encendió cuando Sasuke volvió a entrar en la habitación. Se quitó los zapatos y se sentó con las piernas cruzadas en la alfombra, con el fuego marcando la línea de su mandíbula. Ella miró sus pies descalzos y se preguntó si no se habría dado cuenta de que acababa de darle dos prendas de ventaja más.
Sasuke desplegó la baraja, sacó los comodines y luego barajó las cartas con una destreza que sugería años y años de práctica. Mientras lo observaba, a Sakura se le hizo un nudo en el estómago.
¿Por qué tenía la sensación de que acababa de ser engañada por un profesional?
Sasuke levantó la vista y la miró fijamente.
—Siéntate en la alfombra, será más fácil así.
Sakura se sentó frente a él, sobre sus pies, intentando ignorar la caricia del suave tejido en sus muslos y los fuertes latidos de su corazón.
¿Por qué se sentía como si ya estuviese desnuda?
Sasuke repartió cinco cartas a cada uno, boca abajo, luego rellenó las copas de vino mientras le explicaba las reglas del juego a Sakura.
Mientras tomaba sus cartas, Sakura ya no se sintió como un ratón a punto de ser atacado por un gato, sino como un ratón a la merced de un lobo grande, malo y que sabía jugar al póker.
—¡Pero si tengo dos ases! —exclamó Sakura.
Sasuke pensó que tenía que haberla dejado ganar. Ya había perdido los dos zapatos, todas las joyas y la chaqueta, y se estaba sujetando el vestido con una mano mientras jugaba con la otra. Sólo le quedaban por desabrochar cuatro botones.
—Y muy bonitos —le dijo, bajando la vista a su escote.
Ella levantó la mano para taparse el encaje rosa del sujetador y Sasuke volvió a mirarla a la cara.
—Pero dos ases no ganan a dos parejas.
—Pero si son sólo de doses y treses. Es ridículo — argumentó Sakura, que no podía perder el vestido. Se quedaría sólo con el sujetador y las braguitas.
Él se echó a reír.
—Si no me equivoco, te quedan tres prendas —le dijo—. ¿Quieres que te ayude a quitarte el vestido?
—No gracias —respondió ella. Tal y como estaban yendo las cosas, lo mismo habría dado que le hubiese hecho un striptease. Y el hecho de que aquello la excitase, todavía empeoraba más las cosas. Su plan de los últimos días había consistido en hacerle ver a Sasuke que no podía ser siempre él quien mandase, pero en esos momentos mandaba más que nunca, y ella misma le había dado las riendas de la situación.
Y, lo que era peor, Sasuke había estado todo el tiempo concentrado mientras que ella se había distraído con cada mirada que le había dedicado.
Notó que le acariciaba la pierna y se sobresaltó.
Y él seguía sonriendo.
—No irás a echarte atrás, ¿verdad?
—Por supuesto que no —respondió ella con orgullo, levantándose con piernas temblorosas.
Él se tomó su tiempo para recorrer su cuerpo con la mirada. Allí donde sus ojos la tocaban, a Sakura le quemaba la piel. Dejó caer el vestido a sus pies y él apretó la mandíbula y su mirada se volvió de un negro más intenso antes de que volviese a bajarla a las cartas.
Sakura se preguntó por qué no la estaba mirando a ella. Y por qué no había dicho nada.
Notó que los pezones se le endurecían y que se le ponía la piel de gallina a pesar del calor del fuego. ¿Cómo podía estar Sasuke tranquilo, si ella estaba a punto de explotar?
Pero entonces vio que se tensaba un músculo en su mejilla y que se colocaba los pantalones, y pensó que tal vez no estuviese tan cómodo, ni tan concentrado, como quería hacerle creer.
Sakura se maldijo en silencio por ser tan tonta. ¿Qué le pasaba? Se lo había puesto muy fácil. Debía utilizar su cuerpo para ganarle en vez de sentir vergüenza. Respiró hondo. Había llegado el momento de darle una lección.
Le dio una patada al vestido y se arrodilló en la alfombra. Se puso el brazo debajo del pecho para hacerlo subir de tal manera que estuvo a punto de salírsele del sujetador. Luego se aclaró la garganta. Sasuke la miró y sus pupilas se dilataron. Apretó la mandíbula todavía más.
—¿Por qué no reparto yo? —preguntó Sakura, imitando a Marilyn Monroe lo mejor que pudo.
Él arqueó una ceja, pero clavó la vista en su escote. Después, tosió.
—Como quieras —le contestó con voz tensa, tendiéndole la baraja.
Sakura pasó las uñas por el dorso de su mano y vio su reacción. Aquello estaba mejor. Sacó la punta de la lengua y se la pasó con los labios mientras barajaba. Y creyó oír un gemido ahogado.
Cuando Sasuke se inclinó a recoger sus cartas, Sakura miró disimuladamente su bragueta.
Entonces se sintió más segura de sí misma que en muchos días. Tal y como había sospechado, su oponente no estaba tan concentrado como parecía y ella tenía pruebas que lo demostraban.
Su suerte estaba a punto de cambiar.
Miró sus cartas y vio que tenía dos reinas.
Al garete la experiencia y la concentración. Iba a hacerle perder la camisa, y mucho más.
Sakura vio cómo Sasuke miraba sus cartas con el ceño fruncido y no pudo evitar sonreír. Otra mano mala para el rey del póker. Desde que, veinte minutos antes, había empezado a utilizar sus armas de seducción, Sasuke no había dado pie con bola.
Fingió que estudiaba su pareja de dieces y se pasó la mano por el borde del sujetador, suspirando.
Sasuke juró entre dientes.
—Pareja de doses y te quitas el sujetador —dijo Sasuke, dejando sus cartas sobre la alfombra.
—Pues yo creo que gana mi pareja de dieces —replicó ella, saboreando el triunfo.
A Sasuke sólo le quedaban puestos los calzoncillos de Calvin Klein. Sakura los señaló, excitándose todavía más.
—Dame los Calvin Klein, macho.
—No hasta que tú no me des el sujetador.
—Lo siento, pero no puedo hacer eso. Te he ganado.
Sasuke la sorprendió agarrándola con fuerza por la muñeca y tirando sus cartas al fuego.
—El juego ha terminado, cariño.
—¡No puedes hacer eso! —gritó ella.
-Cómo que no? —inquirió Sasuke, levantándose y haciendo que ella se pusiese en pie también.
Con un solo movimiento, le puso ambas manos detrás de la espalda, se las agarró con una mano y la besó.
Sakura forcejeó, consumida de deseo mientras él le metía la lengua en la boca y la apretaba contra su pecho. Sasuke sabía a vino y a frustración. Ella se apretó contra su erección.
El chasquido del broche de su sujetador hizo que volviese a la realidad. Se soltó las manos y se intentó tapar los pechos con las copas del sujetador. Él le bajó los tirantes de encaje y un segundo después, se lo había quitado y lo había tirado por los aires.
—Devuélvemelo —gritó Sakura, tapándose los pechos con los brazos.
—Has hecho trampa —anunció él—. Así que tienes que pagar por ello.
—No he hecho trampa —replicó ella indignada, retrocediendo.
—Me has distraído y provocado, y eso cuenta como trampa —le dijo él, acercándose.
—De eso nada, te lo acabas de inventar —contestó Sakura, poniéndole la mano en el pecho para que no se acercase más, pero entonces chocó contra el sofá y cayó en él.
Sasuke se tumbó encima.
—Éste va a ser tu castigo —murmuró, inclinando la cabeza para acariciarle el pecho henchido con la lengua.
Sakura se estremeció y gimió mientras Sasuke le chupaba el pecho con fuerza. Y toda su indignación se convirtió en un infierno de deseo. Él cambió su atención al otro pecho, acariciándolo antes de tomarlo con los dientes. Sakura gimió.
De repente, dejó de notar el peso del cuerpo de Sasuke y abrió los ojos. Él la levantó sin esfuerzo y se la puso sobre el hombro.
—¿Qué estás haciendo? —le preguntó Sakura aturdida, aferrándose a los fuertes músculos de su espalda mientras entraban en el baño.
Oyó cómo abría el armario en el que estaban los preservativos.
—Vamos a necesitar provisiones, va a ser una noche muy larga —respondió él.
Y un momento después estaban en el dormitorio. Sasuke la dejó sobre la enorme cama y tiró dos cajas a su lado. ¡Seis preservativos!
Luego, se arrodilló en la cama y la agarró por los tobillos para arrastrarla hacia él.
—Tenemos que recuperar el tiempo perdido —le dijo. Como si, en esa ocasión, fuese una promesa y una amenaza a la vez.
El tiempo de Sakura se había terminado.
Valoró sus opciones: pelear, huir o rendirse, durante unos dos segundos. Y luego aceptó lo inevitable.
—Lo que tú digas, mi señor y dueño —respondió, parpadeando exageradamente.
Él la miró sorprendido y Sakura se echó a reír, pero dejó de hacerlo cuando Sasuke le quitó las braguitas. La agarró por el trasero y ella levantó las caderas de manera instintiva.
—Me alegro de que por fin te hayas dado cuenta de quién manda aquí —dijo él riendo.
Pasó la mano por su sexo húmedo y le acarició el clítoris. Sakura notó un escalofrío. Se mordió el labio e intentó contener el orgasmo. Se apartó de las expertas manos de Sasuke y se puso de rodillas, buscando con la mano el borde de sus calzoncillos.
Él le agarró los pechos con las palmas de las manos calientes y le acarició los pezones. Sakura gimió, y dejó de saber lo que estaba haciendo.
Sasuke le mordisqueó el cuello.
—Sigue así, cielo, no has hecho más que empezar —le dijo.
Ella no pudo contestar porque tenía la respiración entrecortada, y tiró de los calzoncillos para dejar libre la poderosa erección. Luego la envolvió con su mano y tocó la gota de humedad que había en la punta. Sasuke respondió con un gemido.
—Todavía me debes los calzoncillos —susurró Sakura. Él la miró y le dedicó una sonrisa muy sexy. Bajó de la cama, se los quitó y se los dio.
—Ya iba siendo hora —le dijo ella, tirándolos por encima de su hombro y alargando la mano para volver a tomar su pene.
—No —dijo él.
La agarró por la muñeca y le puso el brazo encima de la cabeza, obligándola a tumbarse boca arriba en la cama antes de tenderse a su lado. Sakura intentó tocarlo con la mano que tenía libre, pero Sasuke le agarró la otra muñeca y se la colocó por encima de la cabeza también.
—Recuerda quién es el jefe —le dijo, acariciando la curva de su cadera.
Ella intentó resistirse, pero Sasuke se echó a reír.
—Suéltame, quiero tocarte yo también —le gritó Sakura.
Él le mordisqueó el labio inferior.
—Todavía no.
Sakura notó su erección contra el muslo.
—¿Por qué no? —le preguntó, desesperada.
—Porque quiero saborearte.
«¿Y qué pasa con lo que quiero yo?», pensó ella, y estuvo a punto de decírselo, pero entonces Sasuke bajó la mano hasta su sexo y se lo acarició. Sakura se sacudió al llegar al clímax. Gritó y se apretó contra él, dejando que aquel orgasmo que tanto tiempo llevaba negándose recorriese todo su cuerpo con la fuerza y la cólera de un huracán.
Sasuke le soltó las muñecas y se perdió en la belleza del rostro de Sakura, suave y sereno después de la explosión. Todavía le temblaba el cuerpo y Sasuke deseó hacerla suya. Era la imagen más increíble que había visto en toda su vida.
Había pretendido demostrarle a Sakura que podía tomárselo con calma y que podía dominarla como había dominado a todas las mujeres que habían pasado por su vida. De niño, había sido víctima de sus emociones. Y no quería volver a sentirse así. Jamás había pensado que aquellos sentimientos resurgirían al regresar a The Grange, pero había sido así. La apasionada respuesta de Sakura hacía que se sintiese todavía más expuesto, más necesitado. Así que se obligó a retroceder, a demostrar que era él quien llevaba las riendas de aquella relación. No obstante, la necesidad de controlarla y de controlarse a sí mismo, se había vuelto contra él.
La deseaba más que nunca.
¿No se cansaba de ella jamás?
Intentó apartar aquella idea de su mente, la agarró por las caderas y se tumbó en la cama boca arriba, haciendo que Sakura se sentase encima. El pelo rizado de Sakura cayó sobre el rostro de Sasuke cuando ésta puso las manos a ambos lados de su cabeza. Le sonrió, y su tentadora boca lo volvió loco. Luego se colocó con el sexo justo encima de su pene y Sasuke pensó que corría el riesgo de llegar al clímax incluso antes de penetrarla.
Intentó cambiarla de postura y luego tomó la caja de preservativos:
—No tengas prisa, Sasuke —murmuró ella, besándolo por el pecho—, porque da la casualidad de que… —acarició su pecho con la lengua— ahora soy yo la que quiere saborearte.
Él juró entre dientes mientras Sakura descendía por su abdomen, torturándolo, haciendo que se le entrecortase la respiración, que no pudiese pensar, que sólo pudiese sentir los deliciosos lametones.
—Para —le dijo, agarrándole la cabeza con ambas manos, luchando con todo su cuerpo por controlarse—. Así no. Esta vez, no.
Sakura intentó protestar, pero él la agarró por los hombros, y se volvió a girar en la cama para colocarse encima de ella. La besó apasionadamente mientras se colocaba el preservativo.
Entonces se puso entre sus muslos y, agarrándola por el trasero, la penetró profundamente. Sakura estaba tan tensa, tan caliente, que Sasuke pudo sentir los latidos de su corazón rodeándolo. Apretó los dientes e intentó controlarse un poco más. Se movió dentro de ella con fuerza hasta que consiguió que llegase al orgasmo y entonces fue cuando perdió el control y la violencia de su propio clímax lo golpeó por fin.
Sakura se sintió como si estuviese en la guerra. Le costaba respirar y el corazón se le iba a salir del pecho.
Sasuke se dejó caer sobre la cama y se tapó los ojos con el antebrazo. Ella lo observó, sorprendida, con recelo. ¿Qué era lo que acababa de ocurrir?
Cuando su respiración se normalizó por fin, se apoyó en un codo y lo miró. Sasuke tenía el pelo corto y moreno pegado a la frente por el sudor. Sakura se lo apartó, le pasó un dedo por la mejilla y luego le apoyó la palma de la mano en el pecho, sintiendo cómo subía y bajaba éste con su respiración. Sasuke había perdido el control. Ella había hecho que lo perdiese y eso la había excitado de manera increíble, pero, en esos momentos, también la asustaba.
La primera noche que se habían acostado juntos, el sexo había sido divertido, desenfadado. En esa ocasión había habido una urgencia, una intimidad, que la aterraban.
—A esto llamo yo una partida al strip-póker — murmuró, intentando aliviar la tensión del momento. Sasuke bajó el brazo y la miró. Sonrió, pero no consiguió engañar a Sakura, que seguía notando su corazón acelerado.
—¿Estás bien? —le preguntó él, agarrándola del trasero de forma posesiva—. He sido un poco brusco al final.
—No seas tonto. Estoy estupendamente —respondió ella, intentando convencerse a sí misma de que era verdad.
La ternura, el anhelo que estaba sintiendo la superaban.
Se tapó con la sábana, decidida a ignorar la emoción que se agolpaba en su pecho. Sabía que no debía sentirse tan contenta, tan llena. Sólo habían compartido una sesión de buen sexo. De un sexo extraordinario. Volvió a tumbarse, apartada de Sasuke, sintiéndose desorientada.
Él tomó la colcha de satén para taparlos a ambos, luego le acarició el abdomen y la abrazó.
—Ven aquí —le susurró, envolviéndola con su cuerpo grande.
Había apoyado el pecho en su espalda, el vello de sus piernas le estaba haciendo cosquillas en los muslos y Sakura podía notar su pene, todavía un poco duro, apretado contra su trasero.
Intentó apartarse, pero él la sujetó. Normalmente, Sakura no se ponía cariñosa después del sexo. No le gustaba. Le parecía un comportamiento demasiado íntimo. Pensó en decírselo, pero entonces se dio cuenta de que la respiración de Sasuke se había hecho más profunda y lenta, y de que la mano que había apoyado en su pecho se había relajado. Estaba dormido.
Sakura bostezó y se le cerraron los ojos. Se acurrucó contra Sasuke y sintió que le pesaban mucho las piernas. Tal vez le viniese bien dormir un poco.
Esa noche, Sasuke la despertó en dos ocasiones para hacerle sentir el mayor de los placeres sexuales, y cuando Sakura se despertó por la mañana, seguía entre sus brazos.
Cerezoo
