ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro

-En brazos de la tentación de Heidi Raice

No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto


-Voy a tener que hablar con tu jefe, jovencita. Uchiha te hace trabajar demasiado.

Sakura intentó disimular otro bostezo mientras

Hatake Kakashi la miraba con el ceño fruncido.

Llevaba un par de días sin despegarse de él para escribir un informe acerca del funcionamiento de The Grange. Habían conectado bien desde el principio, pero aquélla no había sido la primera vez que Kakashi comentaba que la notaba cansada.

—Estoy bien, de verdad —contestó ella, bostezando de nuevo.

—¿Trabajaste anoche hasta muy tarde? —le preguntó el anciano.

Sakura se ruborizó. Bueno, podía decirse que sí.

Desde la noche del strip-póker, Sasuke le había demostrado ser un jefe muy exigente y un amante, todavía más. Y ella había cumplido con todas sus exigencias con mucho entusiasmo, pero mientras que Sasuke parecía ser capaz de funcionar casi sin dormir, ella estaba empezando a decaer. Esa noche, le diría que necesitaba descansar. Su trabajo estaba empezando a verse afectado por la falta de sueño.

—No era tan tarde —le contestó a Kakashi.

Éste entrecerró los ojos. No la creía.

—Si mañana vuelves a aparecer por aquí bostezando, hablaré con Uchiha. Se lo puedes decir de mi parte.

Sakura asintió, conmovida por el hecho de que Kakashi quisiese protegerla, pero no era la primera vez que hacía un comentario mordaz acerca de Sasuke.

—¿Por qué no te cae bien Sasuke?

A Kakashi no pareció incomodarle la pregunta.

—Ni me gusta ni me disgusta. No lo conozco — respondió—. Y eso me molesta. No estoy seguro de poder confiar en él.

Sakura ya lo había sospechado nada más conocer a Kakashi. Y le preocupaba que Sasuke siguiese evitándolo y no hiciese nada para resolver la situación.

—¿Por qué no confías en él? —le preguntó en tono cauto—. Es un hombre de negocios muy respetado.

—Es posible, pero yo juzgo a las personas según las veo. Cuando se interesó por comprarme el complejo, hice algunas pesquisas. Y averigüé cosas acerca de tu jefe que no me gustaron.

—¿Como el qué?

—Que había sido jugador. No me gustan los jugadores. Conocí a uno hace más de veinte años. Un hombre egoísta, violento y despiadado como el que más —le contó Kakashi, sentándose—. Y no quería vender mi hotel a un hombre así.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —le preguntó Sakura.

—Fui a visitar el hotel que Uchiha tiene en Las Vegas. De incognito, por supuesto. Y me gustó lo que vi. Entonces me dije que tal vez Uchiha no fuese como el jugador al que yo había conocido, sino sólo un hombre al que le gustaba arriesgarse —dijo Kakashi sonriendo—. Además, la oferta final que me ha hecho no es nada desdeñable.

Sakura se echó a reír y se preguntó si Sasuke sería consciente de que había dado con la horma de su zapato con Hatake Kakashi. Entonces, le vino a la mente otra cosa que éste había dicho.

—¿Cómo conoció a ese otro jugador? —le preguntó.

¿Se trataría del padre de Sasuke?

Kakashi dejó de sonreír. Suspiró y se levantó de su sillón.

—Es una historia muy larga, y sin final feliz.

Se acercó a las puertas de cristal de la terraza y se quedó mirando a través de ellas.

—Si no quiere contármela, lo entenderé —le dijo ella en voz baja.

—No he vuelto a hablar del tema desde que Anko murió —le contestó Kakashi, girándose a mirarla, con los ojos llenos de dolor—, pero eres una chica directa y me caes bien. Tal vez necesite hablar de ello. No sé por qué, pero es un tema que me está carcomiendo últimamente.

Sakura se levantó y se acercó a él.

—Pues me encantaría escucharlo.

Se sentaron a la mesa de hierro forjado que había en la terraza de Kakashi y, con el pelo revuelto por la brisa del mar, Sakura bebió el té que éste había pedido que les llevaran y escuchó lo que tenía que contarle. Sólo necesito escuchar la primera frase para saber de quién estaba hablando.

—El hombre del que te he hablado tenía un hijo. Vinieron aquí un verano y Anko se dio cuenta nada más verlos de que algo no iba bien. El niño tenía ojeras, llevaba la ropa sucia y estaba muy delgado —dijo Kakashi, dejando su taza de té y sonriendo—. Anko no dejaba de darme la lata con él. ¿Por qué no habíamos vuelto a ver su padre desde que habían llegado? ¿Por qué no salía el niño nunca de la habitación? El servicio de habitaciones llevaba cuatro días sin entrar en ella porque el cartel de No molesten siempre estaba puesto. De todos modos, yo no le presté atención hasta que sorprendí al muchacho intentando robar de la caja registradora. El niño se puso frenético, así que lo encerré en mi despacho. Quería llamar a la policía, pero Anko me detuvo. Insistió en que fuésemos a la habitación. Y lo que encontramos…

Kakashi sacudió la cabeza y la expresión de su rostro hizo que a Sakura se le encogiese el corazón en el pecho.

—La cama del padre ni siquiera estaba deshecha. Se había marchado la primera noche y había dejado al pobre niño solo.

—¿Y qué ocurrió? —preguntó Sakura, sintiéndose mal porque quería contarle a Kakashi lo que sabía, pero no podía traicionar a Sasuke.

—Que nos quedamos con él —respondió Kakashi —. Al principio, tenía unas pesadillas horribles por la noche, y cuando Anko consiguió que se bañase, vio que tenía moratones por todas partes. También era un chico muy listo, pero no sabía leer. Tardó, pero Sonosuke empezó a confiar en nosotros —añadió sonriendo—. Se llamaba Sonosuke y, después de un tiempo, fue como si hubiese sido nuestro. Nosotros no habíamos tenido hijos y Sonosuke necesitaba una familia, decía Anko. Yo sabía que no era buena idea. Teníamos que haber llamado a la policía, pero Anko era muy feliz y yo, también. Al ver cómo iba engordando, cómo se le quitaban las ojeras, pensamos que merecía la pena correr el riesgo.

Kakashi hizo una pausa para servir más té en ambas tazas.

—Después de tres meses con nosotros, leyó su primera frase. Yo le dije lo orgulloso que estaba de él y Sonosuke se subió a mi regazo y me permitió que lo abrazase por primera vez.

Sakura se dio cuenta de que Kakashi tenía los ojos húmedos.

—Bueno… no me avergüenza decir que yo ya era un hombre hecho y derecho, pero que me caló muy hondo. Y todavía me afecta. Aquel día, me sentí como un padre.

—Probablemente, porque lo era —comentó Sakura.

—Pero no duró. El jugador volvió —continuó Kakashi, enfadado—. Había llamado una vez, poco después de marcharse, y yo le había dicho lo que opinaba de él. Él se había reído entonces y nos había dicho que podíamos quedarnos con el niño. Yo pensé que no volveríamos a verlo, pero, seis meses después, apareció y dijo que quería que le devolviésemos a su hijo. ¿Quieres saber por qué?

—¿Por qué? —preguntó Sakura, a pesar de no querer oír la respuesta. —Porque al tipo le había cambiado la suerte y pensaba que era su hijo el que hacía que ganase.

—Qué asco —dijo Sakura.

La imagen que Sasuke le había dado de su padre había sido la de un hombre feliz y encantador, aunque incapaz de asumir sus responsabilidades, mientras que el hombre al que había descrito Kakashi era casi un monstruo.

—Yo no quise que se llevara a Sonosuke —añadió Kakashi con furia—, pero el tipo era más joven y fuerte que yo, me pegó, y a Anko también. El niño estaba llorando, histérico, y su padre le dio tal bofetada que le giró la cara. Yo intenté levantarme, pero Anko me detuvo, llorando. Sabía que no podíamos hacer nada, y cuanto más lo intentásemos, más sufriría Sonosuke.

Sakura tenía un nudo en la garganta. ¿Cómo había podido soportar Sasuke tanta brutalidad?

—Jamás volvimos a ver al niño. Anko y yo nos quedamos destrozados. Temimos que hubiese podido pasarle algo y llamamos a la policía, pero no encontraron rastro de ellos. Al final, tuvimos que continuar con nuestras vidas, pero yo sigo sintiéndome culpable.

—¿Culpable, por qué? —le preguntó Sakura, limpiándose una lágrima de la mejilla.

—Porque si hubiésemos llamado a la policía al principio, podríamos habernos quedado con él. Sonosuke habría estado a salvo. Pero fuimos egoístas y Sonosuke pagó por ello.

Sakura alargó la mano y tomó la de Kakashi.

—Te equivocas, Kakashi. Le disteis a ese niño algo que no había tenido hasta entonces. Le disteis un hogar. No fuisteis egoístas. Hicisteis lo correcto.

—Pero…

—Nada de peros, Kakashi. No puedes culparte por los crímenes de otro hombre. El único malo en esta historia es el padre de Sonosuke.

—¿De verdad lo piensas?

—Lo sé —contestó ella, soltándole la mano y sonriendo. Ojalá hubiese podido contarle lo que sabía. A Kakashi se le alegró el rostro.

—Vaya —dijo, casi riendo, pasándose las manos por la cara—. Gracias. Me has hecho sentir… mejor.

—Me alegro mucho.

—Se te da muy bien escuchar —añadió él—. Supongo que es uno de los requisitos para ser una buena asistente personal.

—Supongo —respondió ella, apreciando el cariño con el que Kakashi la estaba mirando.

No era de extrañar que Sasuke se hubiese enamorado de aquel hombre tan bueno, fuerte y cariñoso. No se le ocurría un modelo mejor, ni un padre mejor. Y que Sasuke y Kakashi hubiesen pasado tan poco tiempo juntos, era una tragedia. No obstante, ella creía que esos seis meses le habían cambiado la vida a Sasuke, que podía haberse convertido en un hombre como su padre, pero, en su lugar, era como Kakashi.

Si éste supiese todo lo que había hecho realmente por el chico…

Sakura tenía que conseguir que Sasuke le contase a Kakashi la verdad.

Después de despedirse de Kakashi con un abrazo, Sakura atravesó los jardines del hotel y se preguntó cómo y dónde debía abordar a Sasuke. ¿Cómo podía conseguir que hablase con Kakashi y le contase quién era?

Ignoró la vocecilla en su interior que le advertía que no se metiese en la vida personal de Sasuke, que le decía que sólo eran amantes y que aquello no era asunto suyo.

No podía preocuparse por eso en aquellos momentos, tenía una misión.


Cerezoo