ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
-The Grange ya es tuyo, joven —dijo Kakashi dejando el bolígrafo sobre el escritorio y levantándose para darle la mano a Sasuke—. Qué sensación tan extraña, treinta años de mi vida que terminan sólo con una firma.
—Ha sido una negociación dura —comentó Sasuke, soltando la mano del anciano, sin mirarlo a los ojos—, pero el complejo queda en buenas manos. Continuaremos con la tradición de un buen servicio y una sincera hospitalidad.
Kakashi asintió.
—Lo sé. A pesar de tu pasado, sé que eres un hombre en el que puedo confiar.
Sasuke arqueó una ceja.
—¿Mi pasado?
—Tal y como le expliqué a Sakura, nunca me han gustado los jugadores —le dijo Kakashi suspirando y volviendo a sentarse—. Y siempre soñé con poder cederle este complejo a mi hijo algún día.
Sasuke tragó saliva.
—No sabía que tuviese hijos —comentó con cautela.
Sakura se dio cuenta de que lo estaba pasando mal, y sufrió por él. ¿Por qué no le contaba la verdad a Kakashi?
—En realidad no los tengo —contestó el anciano sonriendo—. Hubo un niño que fue como un hijo para Anko y para mí. No pudo quedarse con nosotros, pero siempre tuve la vana ilusión de que algún día volvería.
Sasuke se puso tenso. Sakura alargó la mano y tocó su puño cerrado. Él la miró.
«Díselo», pensó ella. Para su sorpresa, Sasuke giró la mano y agarró la suya. Luego, miró a Kakashi.
—Y ha vuelto —murmuró.
Kakashi fijó la vista en el rostro de Sasuke. Inclinó la cabeza.
—¿Qué has dicho?
—Que ha vuelto —repitió él en voz más alta, soltando la mano de Sakura—. Yo soy el niño del que estás hablando.
—Vaya —exclamó Kakashi sorprendido—. Sabía que había algo en ti que no me cuadraba, desde la primera vez que nos vimos. Eres tú. Eres mi Sonosuke.
Sasuke echó la silla hacia atrás y se levantó.
—Tengo que marcharme —dijo, y se dirigió hacia la puerta.
—No vuelvas a abandonarme, Sonosuke —gritó Kakashi, haciendo que Sasuke se detuviese.
Había agarrado el pomo de la puerta, pero no lo giró. Apoyó la frente en la madera y exhaló.
—No soy Sonosuke —susurró—. En realidad, nunca lo fui.
—Por supuesto que sí —lo contradijo Kakashi, sonriendo y acercándose a él—. Tenías que haberme dicho quién eras hace dos años, hijo. Te habría regalado el maldito complejo.
Kakashi apoyó la mano en la espalda de Sasuke. Sakura notó que una lágrima le corría por la mejilla al ver a éste ponerse tenso.
—No quiero que me lo regales —murmuró—. No me lo merezco.
Por fin se giró y Sakura vio remordimiento en sus ojos.
—Tenía que haberme puesto en contacto con vosotros hace años, para deciros que lo sentía, pero fui un cobarde. Y no soy tan distinto de mi padre como pensaba.
—Nunca fuiste como él —afirmó Kakashi l emocionado—. Y ¿qué era lo que sentías?
Sasuke sacudió la cabeza.
—Te hice daño. Y a Anko también. No fue mi intención.
—Eras sólo un niño y te queríamos. Lo que ocurrió no fue culpa tuya.
Y, dicho aquello, le dio un abrazo.
Sasuke relajó los hombros y lo aceptó, y Sakura sintió como otra lágrima corría por su mejilla. Se la limpió y se mordió el labio para evitar llorar más. No quiso analizar por qué le afectaba tanto todo lo relacionado con Sasuke. En realidad, ella no tenía nada que ver con aquella relación, ni con aquella reunión. ¿Por qué se sentía así?
Sasuke suspiró, tembloroso. Kakashi no lo odiaba y él se sentía tan aliviado que le temblaban un poco las rodillas.
El olor a menta y a sal del mar, tan distinto del olor a tabaco y whisky de su padre, hizo que volviese a aquellos meses de su niñez durante los cuales había sido realmente feliz y se había sentido seguro. Mientras Kakashi continuaba abrazándolo, dándole golpecitos en la espalda, aquel nudo de culpabilidad e ira que había tenido en su interior durante más de dos décadas empezó a aflojarse.
Kakashi retrocedió, volvió a darle una palmadita en el brazo y luego, lo soltó y lo miró de arriba abajo.
—Estás mucho más alto de lo que recordaba.
Sasuke se echó a reír.
—He crecido —dijo, notando que las palmas de sus manos, húmedas de sudor unos segundos antes, estaban secas.
—Creo que debería dejaros solos —comentó Sakura en voz baja.
Sasuke la miró, tenía lágrimas en los ojos. Cuando pasó por su lado, la agarró de la mano.
—No hace falta —le dijo.
Ella había hecho aquello posible. Si no hubiese viajado a California con él, jamás habría tenido las agallas necesarias para contárselo a Kakashi.
—Tenéis que poneros al día —insistió Sakura, sonriendo—. Estaré en la cabaña si me necesitas.
Luego, miró a Kakashi.
—Siento no haber podido decirte antes quién era Sasuke, pero no podía traicionarlo. Espero que puedas perdonarme.
—No hay nada que perdonar —contestó Kakashi sonriendo.
Sasuke la vio salir de la habitación. Estaría en la cabaña si la necesitaba. Le dio mucho miedo pensar en lo que significaba para él.
—Es una mujer muy bella, por dentro y por fuera —dijo Kakashi después de que Sakura se hubiese marchado—. Me recuerda a Anko. Algún día, hará muy feliz al hombre con el que se case.
Sasuke no podía imaginarse a Sakura casada con otro.
—Vamos a sentarnos, hijo. Mis viejos huesos ya no están tan fuertes como antes —dijo Kakashi, dejándose caer con cuidado en uno de los sillones.
Sasuke ocupó el otro.
Kakashi se echó a reír.
—Cómo me alegra verte. Te has convertido en alguien importante. Estoy orgulloso de ti. Y Sakura es un tesoro.
Aquellas palabras gustaron mucho a Sasuke, pero no quería hablar de Sakura.
—Me sorprende que un chico tan guapo como tú no la haya conquistado. Si yo tuviese treinta años menos… —continuó Kakashi.
—No es sólo mi asistente personal —le dijo Sasuke.
—¿Salís juntos? —preguntó Kakashi, dejando de sonreír.
—Supongo que sí —contestó él, aunque no fuese exactamente la verdad.
—Pero si trabaja para ti —dijo Kakashi sacudiendo la cabeza—. Me decepcionas. Tengo la sensación de que, más bien, te estás aprovechando de ella.
—No —respondió él incómodo.
Recordó el día anterior, la expresión de Sakura: de vulnerabilidad y miedo, cuando había querido regalarle el collar. ¿Por qué le volvían a sudar las manos? Se las secó en los pantalones.
—La atracción es mutua —añadió.
—Eres su jefe, hijo. Si estás acostándote con ella, te estás aprovechando de ella. Por muy mutua que sea la atracción.
—No es cierto. No es sólo sexo —contestó él, sin saber por qué intentaba justificarse.
—¿Me estás diciendo que estás enamorado?
—Yo… no he dicho eso.
Kakashi frunció el ceño.
—O estás enamorado, o es sólo sexo, Sono, no hay otra opción.
—Me llamo Sasuke —replicó él, sintiéndose acorralado.
—Perdona a este viejo. Para mí, siempre serás Sonosuke. Entonces, ¿qué?
—¿El qué?
—¿Estás enamorado de ella o no?
Sasuke se levantó de un salto y salió a la terraza. De repente, se sentía como un animal enjaulado. Estaba tenso. Cerró los ojos y el olor a lavanda y a agua de mar lo sofocó.
Vio el rostro de Sakura, reconfortante y compasivo cuando le había dado la mano unos minutos antes. Desafiante y fiero cuando discutían. Tan sensual que hacía que se le detuviese el corazón cuando hacían el amor. La deseaba, por supuesto. Pero ¿estaba enamorándose de ella?
Era la mujer más complicada que había conocido. Utilizaba su independencia como un escudo y nunca dejaba que él se saliese con la suya. Y el hecho de que su testarudez le gustase y le enfureciese por igual tal vez significase que se estaba volviendo loco.
—¿Has encontrado ya la respuesta? —le preguntó Kakashi, tocándole el hombro.
Él se giró a mirarlo.
—No estamos enamorados —le dijo con frustración—. Somos amigos, nada más.
Y así iban a continuar. Él no iba a dejar que nadie le rompiese el corazón. Ya se lo habían roto con ocho años. Y si había aprendido algo de su padre era que el amor era sólo para los tontos.
—Si tú lo dices —le respondió Kakashi —, pero Sakura se ha convertido también en mi amiga, así que voy a pedirte un favor.
—¿Cuál?
—Que cuando se os acabe la pasión y decidas dejarla marchar, no le hagas daño.
Sasuke asintió.
De lo que sí estaba seguro era de que todavía no se les había acabado la pasión, así que aún no iba a dejarla marchar.
Cerezoo
