ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro

-En brazos de la tentación de Heidi Raice

No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto

-ADVERTENCIA: *LEMMON*


Sakura se sentó en una roca y se quedó observando el océano Pacífico. El viento era frío y unas nubes grises auguraban tormenta. Ella se sentía igual.

Se abrazó las rodillas y se tragó las lágrimas que había estado conteniendo en la garganta desde que había decidido que su aventura con Sasuke tenía que terminar. Tenía que deshacerse de aquella estúpida melancolía antes de volver a verlo. Haría como si todo le diese igual. Seguro que a él le molestaba que no quisiese que se acostasen más, pero lo superaría. Les quedaba menos de una semana en California, tenía que aguantar.

El hecho de saber que los siguientes días serían una agonía sólo hizo que se sintiese todavía más decidida a salir de aquello con dignidad. No debía venirse abajo delante de él. Sasuke no debía saber cómo se sentía. Al fin y al cabo, lo único que le quedaba era su orgullo. Cerró los ojos, se puso el jersey sobre las rodillas y se abrazó con fuerza mientras la primera gota de lluvia le caía en la mejilla.

—¿Qué estás haciendo aquí? Va a llover.

Sakura se giró y vio a Sasuke corriendo hacia ella por la arena, devastadoramente sexy. ¿Por qué tenía que ser tan irresistible? No era justo.

Se obligó a sonreír y se bajó de la roca.

—Me apetecía dar un paseo.

Él arqueó una ceja y estudió su rostro.

—¿Qué te pasa? Parece como si estuvieses a punto de llorar.

Ella notó cómo se le hacía un nudo en la garganta.

—Será mejor que vayamos dentro, antes de que nos mojemos —le dijo, echando a andar, pero él la agarró del brazo.

—¿Dónde están tus cosas?

Ella tembló.

—He decidido llevarlas a la otra habitación.

—¿Para qué?

Sakura inclinó la cabeza, vio su pecho y supo que era adicta a él. Lo miró a la cara de nuevo.

—Creo que deberíamos dejar de acostarnos.

—¿Sí? —espetó él—. ¿Y si yo no estuviera de acuerdo?

—Por favor, vamos dentro —dijo ella, intentando mantener la calma—. Nos estamos mojando.

Sasuke se dispuso a discutir, pero entonces retumbó un trueno, como avisando del diluvio que iba a caer.

Corrieron escaleras arriba, pero Sasuke no la soltó hasta que no estuvieron dentro de la cabaña.

—Espera, iré a por las toallas —le dijo en tono tenso.

Ella se quedó donde estaba, hasta que notó que le caían gotas de agua del pelo y se puso en acción. Se quitó el jersey empapado y se abrazó con fuerza mientras Sasuke volvía a su lado.

Él también se había quitado la camisa y se estaba secando el pecho. Sakura tragó saliva al notar que se excitaba. Estupendo. ¿Cómo iba a defender su argumento estando los dos medio desnudos?

—Toma —le dijo Sasuke, tirándole una toalla y bajando la vista a sus pechos.

Sakura se la puso por encima de los hombros.

—He pensado que podríamos darnos una ducha juntos —sugirió él en tono frío, pero mirándola con deseo—. Luego hablaremos de cómo vamos a dormir.

—Prefiero ducharme sola, gracias. Y me gustaría hacer un par de llamadas. Quiero volver a Inglaterra a finales de semana y voy a necesitar encontrar otro trabajo.

Él se irguió y dejó de sonreír.

—No vas a volver a Inglaterra. Voy a hacerte un contrato fijo.

—Pero…

Sakura se dio cuenta de lo que Sasuke acababa de decirle. Se mordió el labio inferior e intentó no sentirse esperanzada. No podía quedarse con él, por mucho que lo desease. Al final, sólo haría que las cosas fuesen más difíciles.

—¿Por qué me lo ofreces ahora?

—¿No es obvio? —replicó Sasuke, agarrándola y acercándola a él—. Estás haciendo un trabajo fantástico. Y formamos un gran equipo.

—No… puedo aceptarlo —respondió ella con voz temblorosa.

—No seas tonta —insistió él, acariciándole los brazos—. Te estoy ofreciendo un buen sueldo. Además, tendrás tu independencia, si es eso lo que te preocupa.

Le quitó la toalla de los hombros y la tiró.

—Te quiero a mi lado —añadió.

Ella se puso a tiritar.

—Tienes frío —murmuró Sasuke.

Pero no era frío lo que Sakura sentía, sino debilidad. Él le dio la mano y la guió a través del salón.

—Ven a calentarte.

Pero de camino al cuarto de baño, Sakura se dio cuenta de que no tendría ninguna independencia, estaría como su madre. Habría sacrificado su identidad, su individualidad, por un amor que jamás había sido real.

Apartó la mano de la de él.

—No voy a hacerlo. No voy a aceptar el trabajo.

—¿Por qué? —le preguntó Sasuke, enfadado y confundido.

Ella respiró hondo e hizo acopio de valor.

—Porque no quieres sólo una asistente personal. Quieres a alguien que comparta tu cama y yo no quiero seguir haciéndolo, por práctico que sea para ti.

—Yo no diría que es precisamente práctico —replicó él—. Y me estás mintiendo. Sé que me deseas.

—Para ya, Sasuke.

Él volvió a apretarla contra su cuerpo.

—¿Sabes por qué lo sé? Porque los ojos se te ponen de color violeta cuando estás excitada. Y se te hinchan los labios —le mordió el inferior—. Se te acelera la respiración. Y se te endurecen los pezones.

Inclinó la cabeza y tomó su pecho con la boca. Sakura gimió y sintió calor por todo el cuerpo.

—No puedo hacerlo —consiguió decir, incapaz de dejar de temblar.

—Claro que puedes. Pon los brazos alrededor de mi cuello.

Sakura obedeció, se aferró a él, sintiendo la presión de su erección. Le temblaron las piernas y se derritió por dentro.

Él la besó mientras metía las manos por debajo de su falda y le acariciaba el trasero. Ella enterró las manos en su pelo a pesar de que su mente le gritaba que lo detuviese, pero su cuerpo no quería escucharla. Cerró los ojos y sus lenguas se entrelazaron con ansia, calor y deseo mutuo.

Sasuke metió los dedos por debajo de sus braguitas y, luego, en su interior. Ella gritó, a punto de llegar al clímax. Humillada por su incapacidad para resistirse a él, lo empujó.

—Por favor. No. No puedo.

Él retrocedió.

—Sí, claro que puedes. Estás muy húmeda.

Volvió a besarla con fuerza y Sakura no pudo contenerse más, tembló, gimió de deseo y cuando Sasuke le acarició el clítoris, explotó por dentro.

Aturdida por la potencia de su orgasmo, vio cómo Sasuke le levantaba el sujetador y le chupaba los pezones. Se apretó contra él y oyó cómo se bajaba la cremallera de los pantalones y se los quitaba.

—Abre los ojos —le ordenó Sasuke.

Ella obedeció y vio los de él llenos de deseo.

—Eres mía. ¿Me oyes, Sakura? Dime que me deseas.

Ella tenía las piernas alrededor de su cintura.

—Te deseo —susurró, sin poder pensar con sensatez, cegada con tenerlo dentro de una vez por todas.

Sasuke la penetró y empezó a moverse en su interior, a un ritmo torturador que Sakura sabía que volvería a provocarle un orgasmo. El placer la sacudió con fuerza, la hizo gritar y romperse en mil pedazos. El éxtasis y la agonía se fundieron en su cuerpo tembloroso. Sasuke gritó también y se vació en ella.

—¿Estás bien? —le preguntó en voz baja Sasuke, con la respiración entrecortada y el pene todavía erecto en su interior.

Ella lo empujó.

—Déjame marchar.

Tenía los ojos llenos de lágrimas y eso la humillaba todavía más. Había vuelto a consentírselo.

Él salió de su sexo en silencio. Sakura se bajó el sujetador con dedos temblorosos. Quería dejar de temblar. Lo oyó subirse los pantalones.

Sasuke le tocó la mejilla y sonrió con ternura, pero había triunfo en su mirada.

—Le diré a Naruto que prepare un contrato nuevo en cuanto volvamos a Las Vegas.

Aquello le sentó a Sakura como una bofetada. Su propio cuerpo la había traicionado.

—No lo firmaré. Y no pienso volver a Las Vegas contigo —le dijo, alejándose—. Me marcho. Me marcho ahora mismo.

Y fue hacia la habitación pequeña.

—Vuelve aquí —le gritó Sasuke sin éxito.

Ella cerró la puerta de un golpe. La vergüenza y el desengaño se tornaron en ira. De repente, estaba enfadada con él y consigo misma. La puerta se abrió violentamente.

—¿Puede saberse qué te pasa?

Ella abrió la maleta y sacó de ella una camisa limpia, sin mirarlo.

—¿A parte de tener que lidiar con tu insaciable pene? —inquirió, sintiendo que Sasuke había utilizado su deseo, su amor, contra ella, y en parte lo odiaba por ello.

—Para ya. Acabas de deshacerte entre mis brazos ahí afuera y ahora te comportas como si te hubiese violado. ¿Qué te pasa? —le preguntó él, agarrándola del brazo.

—Que me he enamorado de ti —confesó Sakura —. ¿Qué te parece?

—¿Qué? — Sasuke la soltó, sorprendido y confundido.

—Te quiero. Y eso significa que no puedo quedarme contigo. No quiero que me pase lo que le ocurrió a mi madre.

—Por Dios santo, Sakura —le dijo él, acariciándole el brazo—. No tiene sentido.

—Tú no lo entiendes porque no sabes cómo es. Amar a alguien y no ser correspondido.

—Tu padre no quería a tu madre, pero ¿qué tiene eso que ver con nosotros?

—Ella era sólo su amante, Sasuke. Él le pagaba la ropa, la comida, la casa. Mi madre le suplicó que se casase con ella, que me reconociese a mí, pero eso no le interesaba porque lo único que quería de ella era sexo. Jamás quiso su amor… ni el mío tampoco.

—Maldita sea, Sakura. Lo siento —le dijo Sasuke, apartándole el pelo de la cara—, pero sigo sin entender qué tiene eso que ver con…

Ella lo hizo callar poniéndole los dedos en la boca.

—Yo te amo, pero tú no me amas a mí. ¿No lo ves? Al fin y al cabo, es lo mismo.

—Pero yo no soy como él. Te estoy ofreciendo un buen trabajo. No quiero que te conviertas en mi amante.

—Respóndeme sólo a una pregunta. ¿Me necesitas, Sasuke? ¿De verdad me necesitas?

Él frunció el ceño, se pasó la mano por el pelo.

Sakura notó que se le rompía el corazón.

—Me importas —contestó él, con cautela—. Y quiero… que lo sepas.

—No es suficiente.

Sasuke intentó agarrarla, pero ella se apartó.

—Me quieres tener, pero no me necesitas —le dijo Sakura —. No me amas —se abrazó a sí misma para intentar dejar de temblar—. Cada vez que me tocas, cada vez que me abrazas, cada vez que hacemos el amor, me voy pareciendo más a ella, se va mermando mi seguridad, voy respetándome menos.

—Eso es una tontería. No puedes estropear todo lo que tenemos por un par de tontas palabras.

El corazón de Sakura se quebró del todo.

—Por favor, déjame, Sasuke. Quiero darme una ducha y cambiarme, y luego tengo que arreglarlo todo para poder marcharme.

Sasuke pensó que no iba a permitir que se marchase a ninguna parte, pero vio que se sentía muy mal y que tenía la piel de gallina. Estaba destrozada emocionalmente y estaba temblando. En esos momentos, no podía hacerla entrar en razón, y no quería que enfermase de neumonía.

—Yo también tengo que cambiarme de ropa —le dijo—. Dúchate. Hablaremos después.

—No hay nada más de qué hablar —respondió ella.

«Eso ya lo veremos», pensó Sasuke mientras salía de la habitación, sintiendo frustración y pánico al mismo tiempo.


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