ACLARACIÓN: Esto es una adaptacion del libro
-En brazos de la tentación de Heidi Raice
No quiero que piensen que es un plagio ni mucho menos y como saben los personajes de Naruto no me pertenecen son propiedad de Masashi Kishimoto
-Nos veremos en veinte minutos. Sí, eso es, en el aeropuerto de San Francisco.
Sakura colgó el teléfono y oyó resoplar a Sasuke a sus espaldas.
Estaba en la puerta de su dormitorio, con el pelo todavía húmedo de la ducha, descalzo y con la misma camiseta y los pantalones vaqueros que se había puesto el día que habían ido a Monterey. El día que le había comprado el collar. El dolor de aquel recuerdo sería sólo uno de los mucho que tendría que soportar durante las siguientes semanas.
—No puedes seguir adelante con esto —le ordenó él.
—Claro que sí. He llamado a Naruto y me ha dicho que ya tengo mi sueldo en el banco. Sé que no he trabajado las dos semanas enteras —continuó ella—, así que te devolveré lo que te deba en cuanto llegue a casa.
Él juró.
—No se trata del dinero ni del maldito trabajo — insistió Sasuke, empezando a alterarse—. No vas a ir a ninguna parte.
—Por supuesto que sí.
Sasuke se acercó a ella, que no retrocedió.
—Acabamos de hacer el amor sin preservativo. ¿Y si te hubieses quedado embarazada?
—No lo creo —respondió ella, sintiendo calor en las mejillas, ni siquiera había considerado esa posibilidad.
—Estás olvidando que llevamos juntos toda la semana y sé que no has tenido el periodo, y que no te tomas la píldora.
—¿Y qué si me hubiese quedado embarazada? — replicó Sakura —. No cambiaría nada.
—No pienso dejar que te marches pudiendo estar embarazada.
—No has escuchado nada de lo que te he dicho, ¿verdad, Sasuke? Jamás traería al mundo un hijo dada nuestra relación.
—Espero que no estés hablando de abortar —le advirtió él.
—Todo son hipótesis —respondió ella, mirándose el reloj—. El taxi llegará en quince minutos y quiero despedirme antes de Kakashi, así que, si me perdonas.
Intentó pasar por su lado, pero él se interpuso en su camino.
—No puedes dejarme.
Le sorprendió oír ira en su voz, pero, todavía más, ver angustia en sus ojos.
—Por favor, Sasuke. No lo hagas todavía más difícil de lo que es.
—No quiero perder lo que tenemos.
—Sólo hemos tenido buen sexo. Seguro que podrás encontrar a otra que me reemplace en tu cama — argumentó Sakura, con ganas de llorar—. Seguro que hacen fila para ocupar mi lugar en cuanto me haya marchado.
Sasuke sacudió la cabeza muy despacio.
—Pero no serán como tú.
A Sakura le pareció ver dolor en su mirada, pero entonces Sasuke se dio la media vuelta y fue hacia la terraza, se detuvo ante las puertas de cristal, dándole la espalda. Se aferró al marco e inclinó la cabeza.
—Esto es demasiado duro —murmuró. Parecía tenso, a la defensiva. A Sakura le recordó a cómo lo había visto durante la reunión con Kakashi.
—¿Qué estás intentando decir? —le preguntó con voz temblorosa, poniéndose detrás de él.
—Cuando tenía ocho años, me prometí a mí mismo que esto no volvería a suceder —siguió murmurando él—, pero ha ocurrido y no puedo hacer nada para evitarlo.
Parecía frustrado y molesto.
—No lo entiendo —le dijo Sakura.
Él se giró y la miró fijamente.
—Estoy diciendo que estoy enamorado de ti y que es todo culpa tuya.
Se giró y la agarró de los brazos. A Sakura se le doblaron las rodillas, pero él la sujetó.
—Era más rico de lo que jamás había soñado —le dijo Sasuke en tono acusatorio—. No tenía que vivir de las cartas. Todo me iba bien. Y entonces tuviste que llegar tú, con tu sujetador y tu tanga, y estropearlo todo. Te necesito demasiado, y eso me da mucho miedo.
—Pues bienvenido al club —respondió ella en voz baja, conteniendo las lágrimas de alegría—. Da la casualidad de que eres el hombre más arrogante y dominante que he conocido. Y si hubiese podido elegir de quién enamorarme, jamás te habría elegido a ti.
Sasuke la abrazó con fuerza. Ella sintió los fuertes latidos de su corazón y se aferró a él.
—¿Qué vamos a hacer ahora? —le preguntó Sasuke, apoyando la frente en la suya, todavía más confundido que ella.
—Vamos a amarnos —respondió ella.
—Lo siento mucho, Sakura —dijo Sasuke.
—¿Por qué?
—Por ser tan cobarde. No quería amarte, no quería admitirlo, por todo lo que había sufrido antes.
—¿Antes?
—Eran muy buenas personas y él les hizo daño. Yo les hice daño.
—No fue culpa tuya. Nunca lo fue.
Él sacudió la cabeza.
—No lo entiendes. A Kakashi le puso el ojo morado, le reventó el labio. Y Anko estaba llorando. Durante años, no pude sacarme esa imagen de la cabeza. Después de aquello, odié a mi padre. Y me odié a mí mismo. Cuando murió, fui por el mal camino, lo mismo que él —suspiró—. Hasta que conseguí encauzar mi vida y pensé que por fin me había librado de él, pero no fue así.
—¿Por qué dices eso?
—Porque seguí viviendo con su filosofía de vida. No ser nunca tan tonto como para querer a nadie.
—Pero ya no vives con esa filosofía, ¿no? —le dijo Sakura.
—No, ya no. Y supongo que tengo que agradecérselo a cierta señorita que apareció en mi vida en sujetador y tanga.
—No te infravalores, Sasuke —le dijo ella, abrazándolo con fuerza—. Tienes que darte las gracias a ti mismo. Y, además, no llevaba tanga, sino unas recatadas braguitas.
Él le acarició el trasero.
—¿Qué haces?
—Comprobar qué llevas puesto —respondió él riendo.
Cerezoo
