Disclaimer: Los personajes pertenecen a Mizuki e Igarashi. Excepto Alexander, él es mío. El objetivo de este escrito es entretener y no persigue lucro alguno.
Comenzaron el fin de semana dando un paseo por el pueblo en el auto de Archie. Después se dirigieron a las afueras para hacer un día de campo; una vez ahí mientras estaban comiendo y riendo, recordando aquel día de campo en Escocia que parecía ahora tan lejano, Patty se armó de valor y logró confesar el secreto que había estado guardando, muy apenada bajó la vista. Annie sin dudar abrazó a su amiga y le ofreció todo su apoyo, la chica de anteojos derramaba lágrimas en silencio. Archie se había quedado sin habla, recordaba cuando Stear llegaba más tarde a casa, el par de veces que se había desaparecido junto con Patty de alguna reunión, pero a la vez una esperanza nació en su corazón, deseó fervientemente que el bebé se pareciera mucho a Stear, así volvería a verlo, volvería a tener un cómplice, ¡se sentía tan solo desde que su hermano se había ido a esa tonta guerra! Al fin se olvidó de toda propiedad y abrazó también a Patty sin poder evitar las lágrimas. Cuando se separaron, Archie fue el primero en hablar.
–Patty, quiero que sepas que no estarás sola, yo te ayudaré en lo que pueda, me haré cargo de los gastos de ustedes dos, es más –volteó a ver a Annie y la tomó de la mano–, sabes que Annie y yo nos casaremos en cuanto termine la universidad, entonces ¡adoptaremos a tu bebé y lo criaremos como si fuera nuestro! –Annie asintió emocionada.
–Oh no, es decir, gracias Archie agradezco tus buenas intenciones y tu ayuda será bienvenida, la tuya también Annie; pero no quiero separarme de mi hijo –dijo mientras tocaba con ternura su vientre–, es como un rayito de luz en toda la oscuridad en que nos dejó la muerte de Stear. No, yo siempre estaré a su lado. Claro que tú serás parte muy importante de su vida, tendrás que contarle como era su papá de niño, mostrarle fotos, sus primeros inventos y esas cosas.
–Claro Patty, para mí será un honor transmitir la memoria de mi hermano a su hijo.
–¡O hija, no lo sabemos! ¡En cuanto llegue a casa comenzaré a bordarle ropita! –exclamó Annie.
–No hagas la ropa tan pequeña, mamá y la tía abuela siempre comentan que Stear fue un bebé muy rollizo.
Los cuatro sonrieron y continuaron la tarde comentando felices los planes que cada uno tenía para el bebé. Esa noche cuando Archie llegó a Lakewood, se encontró con que sus padres habían llegado durante el día para pasar ahí el fin de semana. En el día de campo había hablado con Patty y ella había aceptado que él le dijera a su padres, pero había supuesto que tendría que hacerlo por carta, como los vio ahí decidió hablar con ellos de una vez. Los señores Cornwell quedaron muy sorprendidos, en su interior estaban felices de saberse abuelos, pero no les gustaba la idea de que su nieto naciera fuera de un matrimonio respetable. El señor Cornwell, tan ingenioso como Stear, pensó en varias soluciones, entre las que estaban falsificar un certificado de matrimonio para hacer pasar a Patty por viuda o adoptar ellos al pequeño y criarlo como a otro hijo. Archie les dejó claro que la joven no quería separarse de su bebé por nada, pero que gustosa los dejaría participar en la vida de la criatura.
Al otro día Archie fue por las chicas y las invitó a comer a la mansión, en el camino les comentó la conversación con sus padres y que la invitación venía de ellos, querían ver a Patty y hacerle saber que estarían ahí para ella y su nieto. Al terminar el fin de semana, los tres Cornwell y Annie volvieron a Chicago dejando a una Patricia más tranquila y segura.
Después de un tiempo Candy recibió una carta de Albert donde, entre otras cosas, le hacía patente el apoyo que él como patriarca del clan brindaría a Patty y a la criatura, además de la alegría que le causaría ese nacimiento, tanto como tristeza le habían causado las pérdidas de sus sobrinos. Como ella ya le había informado que Patty deseaba quedarse ahí para criar a su hijo, él había decidido aumentar el apoyo económico que la Fundación Ardley daba al orfanato, aunque esto no se lo dijo a Candy por carta. Ellos por su parte también tenían muchas cosas por decirse y sentimientos por expresar.
Fue una tarde que Patty caminaba por los alrededores del Hogar de Ponny cuando se encontró a Tom. Ya se conocían y se saludaban siempre que el joven visitaba su antiguo hogar, pero realmente no habían convivido solos. Patty había empezado a caminar un poco en las tardes por indicación del médico y Tom pasaba por ahí, en realidad se dirigía a su casa pero le extrañó ver sola a la chica inglesa. En cuanto la vio se apeó del caballo para saludarla, después de intercambiar las frases habituales de cortesía, el joven vaquero le preguntó a donde se dirigía.
–Voy de regreso a la casa, ya caminé suficiente por hoy –contestó Patty.
–Bien, ¿quieres que te acompañe? –preguntó cortésmente.
–No es necesario, conozco el camino, pero muchas gracias por ofrecerte.
Tom pensó que no sería mala idea ir a cenar al Hogar de Ponny, su padre le había dicho que se vería con unos amigos en la taberna y ahí cenaría, así que decidió acompañarla de todos modos.
–Si no te importa igual te acompañaré, quiero saludar a la señorita Ponny, la última vez que fui ella no estaba. ¿Quieres montar tú en Brutus? Si llegaste aquí caminando tal vez estés cansada–dijo señalando al caballo.
–Oh no, no puedo –respondió ella sonrojándose.
–¿No sabes montar? Yo podría enseñarte, además Brutus es muy manso, ¿verdad amiguito? –dijo acariciando al animal.
–Sí sé montar –bajó la mirada–, es por indicación médica… por mi embarazo.
–No sabía que estuvieras casada, ¿tú esposo está en Inglaterra?, ¿o en la guerra?
–No estoy casada, pero el padre de mi bebé murió en la guerra. Tú lo conocías, Stear.
–¿El hermano de Archie? Cuanto lo siento, Candy me contó de su fallecimiento, algo muy triste. Discúlpame, no quise incomodarte.
–No te preocupes, supongo que es algo a lo que deberé acostumbrarme de ahora en adelante.
–Entonces ¿vas a dejarlo aquí en el Hogar de Ponny cuando nazca?
–¡No! –exclamó ella–, no lo dejaré, los dos nos quedaremos aquí y lo criaré con ayuda de la señorita Ponny y la hermana María.
Tom indicó su aprobación con una inclinación de cabeza y observó a la chica de anteojos bajo la luz del sol de primavera que empezaba a ponerse, haciendo que el cabello y los ojos le brillaran. "¿Brillaría así el cabello de todas las chicas?", se preguntó el joven, en realidad nunca había reparado en esas cosas, pero ahora no podía evitar apreciar las suaves formas del rostro de Patricia, la dulzura y placidez de su mirada, las curvas de su cuerpo, en el que el embarazo aún no se declaraba abiertamente. Comprendió la seriedad que había notado antes en ella no era sino tristeza por el amado que no volvería y el padre que su hijo no conocería. Así emprendieron el camino de regreso caminando los dos con el caballo caminando a su paso. Tom le hablaba de lo maravilloso que había sido crecer ahí en ese hermoso lugar, entre bellos paisajes y compañeros de juegos. Patty apreció que el muchacho no le hiciera más preguntas y que no le hubiera dirigido palabras hirientes, al contrario, le manifestaba apoyo al contarle todo eso.
Por alguna razón que ni el mismo Tom podía explicarse se encontró a sí mismo visitando el orfanato con más frecuencia, siempre listo para dar una mano o simplemente sentarse a tomar algo y platicar con las chicas. Conforme avanzó el embarazo de Patty, fue necesario hacer arreglos en la habitación que compartía con Candy, decidieron que una vez que naciera el bebé, la enfermera se iría a otra habitación, ya que necesitaba descansar bien por su trabajo en el hospital, así que Archie y Tom ayudaron a mover la cama de Candy a otra habitación. Sacaron una cuna de la bodega y los muchachos la repararon y la pintaron, Annie y Patty la decoraron con las sábanas y encajes que habían bordado y entre todos decoraron la habitación para que luciera adecuada para un recién nacido. Archie seguro que su sobrino sería niño, llevó un móvil de aviones para colgarlo sobre la cuna.
El tiempo siguió su curso, de repente el otoño ya estaba ahí y fue la mañana de un domingo de octubre cuando Patty sintió las primeras contracciones que le indicaban que el momento de dar a luz había llegado. Candy se aprestó a atender a su amiga y Tom, que estaba de visita, se dirigió a toda velocidad en busca del médico y a mandar un telegrama a Archie y Annie, quienes a su vez avisarían a Albert y a la abuela Martha. Pronto el médico llegó y junto con Candy atendieron el parto, este fue largo y difícil, pero al fin el llanto fuerte del pequeño Alexander O'Brien se escuchó por toda la casa. Su madre por fin pudo sostenerlo en sus brazos, como Archie había predicho era un bebé grande y afortunadamente estaba sano, Patty adivinó en él los rasgos de su amado y los besó con ternura. Al día siguiente el menor de los Cornwell y su novia llegaron a conocer al niño cargados de regalos y muy complacido, Archie instaló el móvil, no se lo habían permitido argumentando que podría ser una niña. Annie decidió quedarse unas semanas a ayudar a su amiga y en los días siguientes también llegaron los Cornwell y Albert. Así en medio de visitas y las miradas llenas de curiosidad de los demás niños del Hogar, comenzó la vida de Alexander.
Gracias por leer y gracias por comentar a Josie, CandyFan72, Lady Supernova, skarllet northman e
