Disclaimer: Los personajes pertenecen a Mizuki e Igarashi. Excepto Alexander, él es mío. El objetivo de este escrito es entretener y no persigue lucro alguno.
Patty recordaba todo esto y pensaba que fácilmente se había hecho añicos su felicidad, ¿por qué tenía su hijo que seguir los pasos de aquel a quien no había conocido? En realidad no debería extrañarle, se parecían tanto, en el físico y en la personalidad, vaya hasta su novia era una chica menudita y de temperamento apacible. "Pobre Alice", se dijo Patty, "¿será que lo ama y lo esperará?, ¿se olvidará de él y se casará con otro?, ¿estará embarazada también?, Dios mío, tengo que hablar con ella…" Con este último pensamiento Patty se quedó dormida y no se percató cuando Tom se acostó a su lado y le dio un beso en la frente justo antes de dormirse como tantas noches antes.
A la mañana siguiente, cuando se despertó Tom ya se había levantado, ella hizo lo mismo y bajó a desayunar. Vio que su hija ya había dejado el desayuno listo. En la cocina solo estaba Tom bebiendo café.
–Mi amor, buenos días, me alegra verte levantada –saludó Tom.
–Buenos días, perdón por ponerme así anoche, es que…
–No te disculpes cielo, tu reacción es muy normal –dijo mientras tomaba su mano y la besaba–. Ayer hablé con Alexander.
–¿Y qué pasó?, ¿lograste que desistiera? –preguntó esperanzada.
–No –respondió Tom con pesar–, él está decidido. Solamente le pedí que se despidiera de nosotros y de Alice, y que nos escribiera siempre. Creo que tú sabes mejor que nadie que nada lo detendrá.
Patty bajó la mirada con tristeza y contuvo las lágrimas.
–¿Cuándo se irá?
–Mañana, hoy en la noche vendrá Alice y cenaremos todos juntos, para despedirlo. Por la mañana viajará en tren a Chicago, comerá con Archie y Annie e irá a la oficina de reclutamiento allá. Ya hablé con Archie y lo estarán esperando.
–¿Qué dice él de esta locura?
–Como te imaginarás no está nada contento, pero respetará su decisión. Él le contará a Albert cuando lo vea hoy en la oficina. Patricia por favor, trata de que el recuerdo que se lleve tu hijo no sean solo lágrimas, trata de estar tranquila y prepárale ese pastel que tanto le gusta, ¿sí? Ah, y Alice se quedará aquí en la habitación de Martha.
Ella solo pudo asentir y se despidió de su esposo con un beso antes que él se fuera a trabajar. La mañana se le fue en los preparativos para la cena, a la hora de comer llegó su hija, quien le dijo que en la mañana Henry y Alexander se habían llevado algo de comida y no volverían hasta la cena. También hubo un par de llamadas telefónicas, una de Candy y otra de Annie, ambas muy preocupadas tanto por la decisión del muchacho como por ella; sabían lo afectada que estaría y prometieron visitarla en cuanto pudieran.
Por la tarde guardó de nuevo las marionetas que Stear había hecho en el frente, se sentía muy culpable y apenada con Tom por haberlas sacado. Cuando Alexander era pequeño las había puesto en su cuna y después el niño dormía y jugaba con ellas, en cuanto se hizo mayor las puso en una caja con otros recuerdos. Pero los eventos del día anterior habían abierto en ella heridas que creía cerradas desde hacía tiempo y había sentido la necesidad de aferrarse a algo. Ese algo usualmente eran Tom o Alexander, pero al hallarse sola, sintió que no tenía más remedio que buscar a sus viejas compañeras.
La cena transcurrió tranquilamente a pesar del aire de la tristeza que oprimía los corazones de los esposos Stevens. Henry y Martha hicieron muchas preguntas a su hermano y no se mostraban tan aprensivos como Patty. Alice parecía melancólica, pero a la vez miraba a su novio con admiración; justo antes de cenar habían salido a dar un paseo por los alrededores, Tom sabía que el muchacho le pediría a la chica que lo esperara para casarse y por la mirada de ambos, supo que la respuesta había sido afirmativa. Antes de retirarse a dormir, Alexander abrazó con fuerza a su madre, la besó, secó con su mano unas lágrimas que escapaban de los ojos de ella y le pidió:
–Mami no te preocupes por mí, papá Stear y el abuelo Stevens me cuidan desde el cielo.
Ella no pudo más que corresponder al abrazo y pedirle en silencio a su primer amor que en verdad velara por su hijo desde allá. Pensó en Janis Cornwell, quien no había tenido la oportunidad de tener a su hijo entre sus brazos antes de partir, justo como ella en ese momento. Aquella no había podido ver el apuesto muchacho en que Stear se había convertido, aunque a decir verdad sí lo había hecho, Alexander era tan parecido a él: alto, ancho de hombros, fuerte, rasgos aristocráticos, mirada dulce, sedoso cabello oscuro y, claro, un par de gruesas gafas. Nadie podía negar que Stear había vuelto a nacer en Alexander, ni la señora Elroy Andrew que se había atrevido a dudar que el hijo de Patty fuera de su sobrino. La anciana se había negado siquiera a conocerlo, pero cuando lo vio jugando con Archie en los jardines de la mansión cuando el niño tenía cinco años, casi sufre un infarto de la impresión. Tan parecidos eran.
A la mañana siguiente, todos fueron en el auto familiar a dejarlo a la estación de tren, el joven prometió escribirles y tomarse fotos con su uniforme en cuanto pudiera. Todos desviaron la vista entre abochornados y enternecidos cuando Alexander se despidió de Alice con un apasionado beso. En el camino de vuelta, Tom le pidió a Henry que le mostrara esa noche la información sobre la universidad que le había mencionado antes. Patty pasó el resto del día tejiendo y rezando en silencio, en la noche durmió con un sueño intranquilo y soñó con Stear como hacía mucho que no sucedía.
Fue hasta la tarde del día siguiente que hubo noticias, Tom había llegado más temprano que de costumbre, diciendo que había dejado a Henry a cargo para que se fuera acostumbrando, pero lo cierto era que quería dejar sola lo menos posible a su esposa. Así que ahí estaba cuando sonó el teléfono, lo atendió, habló por unos momentos y después de colgar, se sentó junto a Patty en el sillón de dos plazas que normalmente ocupaban en la sala de estar.
–Era Archie, ayer en la tarde él llevó a Alexander a la oficina de reclutamiento a registrarse y hoy tuvo el examen físico.
–¿Y qué pasó? –preguntó Patricia con resignación.
Tom lanzó un fuerte suspiro, se pasó una mano por el cabello y con la otra abrazó a su esposa.
–No lo aceptaron. Su miopía es demasiado severa –dijo él, Patty se cubrió la boca con una mano y echó a llorar, al tiempo que agradecía a Dios en silencio–. Se quedará un día más con sus abuelos y luego volverá.
FIN
Gracias por leer y llegar hasta aquí con esta historia. Hay un epílogo ;-)
Gracias por comentar a skarllet northman, Josie, Lady Supernova, Nadia M Andrew y CandyFan72
