Ok ok, sé que tardé bastante y que probablemente ya ni recuerdan de que va esto. Lo bueno es que tan sólo hay tres capítulos antes, así que pueden releerlo rápidamente jeje. Cualquier duda, comentario, sugerencia o lo que sea se recibe en los reviews. Recuerden que si les gusta esto la mejor forma de demostrarlo es haciéndomelo saber :)

Esto continuará, lo juro por mi colección de Harry Potter jeje, tal vez tarde entre publicaciones pero seguirá y les prometo que se irá poniendo bueno, ya que tal vez parezca lento por el momento, pero bueno, creo que es sólo mi percepción...

Eeeen fin, espero que les guste. Gracias a Kairi1196 y a Valeria por sus reviews! Muchos saludos para ustedes :) Espero que sigan por acá!


Le prometeré la luna

By Aurum Black

Las eliminatorias

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Harry se encontraba bastante tenso. Estaba a mitad de un caso político muy estresante que no sabía cómo resolver, tenía a funcionarios del Ministerio presionándolo por ese asunto y a ciertos reporteros del Profeta metiendo la nariz donde no les incumbía. Además claro, del habitual acoso del que era víctima por parte de Romilda Vane y sus columnas en los medios acerca de su vida. Detestaba a esa mujer como detestaba a pocas personas en el mundo, pero eso era porque verdaderamente se lo merecía. Ese día en particular la detestaba más que de costumbre ya que se había enterado por terceros de la nueva columna dedicada a él que había estrenado en la revista que acababa de lanzar al mercado como editora jefa: "Bruja Moderna", la cual era una copia bastante barata de "Corazón de Bruja".

Harry resopló indignado mientras revisaba unos archivos en su oficina del Cuartel de Aurores. Si de por sí la revista madre ya dejaba mucho que desear, no quería ni imaginarse lo que sería de la nueva creación a manos de su ex compañera de casa del colegio. Por la mañana, un par de secretarias del Ministerio le habían comentado de la columna "Las cinco de Potter", escrita por la mismísima Romilda y que estaría resumiendo las cinco noticias y/ o chismes más relevantes concernientes a él de forma semanal. Harry frunció los labios con molestia al pensar en esa maldita mujer, cuando de pronto el celular en su bolsillo comenzó a sonar. Reconoció el tono de timbre de forma inmediata y sin perder más tiempo se apresuró a contestar.

-Hola Señorito Potter –dijo la cantarina voz de Ginny a través de la bocina. El rostro de Harry se relajó con tan sólo escucharla -¿Cómo va el trabajo?

-Te extraño –confesó sin rodeos –El Ministerio es horrible sin ti

-Aww lo sé, yo también te extraño horrores. Pero estoy ocupada ganándome un lugar en los Falmouth Falcons.

-¿Y cómo va eso?

-Pues parece que bien –contestó cautelosa, lo que lo hizo fruncir el ceño -El entrenamiento de hoy acabó antes ¿estás libre como para ir a comer?

Harry curvó las comisuras de sus labios hacia abajo con angustia.

-Estoy muy ocupado –dijo con un suspiro cansado –Pero si quieres me escapo unos minutos para verte…

-No, no te preocupes. Tu sigue con tu caso, mientras más rápido lo saques mejor.

-Pero quiero verte… -dijo él con un puchero que hizo reír a Ginny

-Nos veremos en la cena ¿sí? Además creo que aprovecharé para salir con mis compañeras. Ya van varias invitaciones a comer que les rechazo y creo que ya tengo que integrarme.

-Bien. Entonces nos vemos en la noche en tu casa…

-La casa de mis padres –corrigió ella casi con orgullo –Recuerda que ya no vivo ahí.

-Dos semanas fuera de TU casa y ya te sientes doña independiente –se burló él haciéndola resoplar.

-No me molestes- se quejó, provocando su risa –Eres insoportable, Potter.

-Lo sé…

-Nos vemos en la noche entonces. Apúrate a terminar –concluyó ella haciéndolo regresar a la realidad y luego cortó la comunicación.

Harry suspiró con tristeza. Se sentía muy contento de que Ginny se encontrara intentando seguir su anhelo de jugar quidditch profesionalmente, pero era horrible no verla todos los días llegar a su oficina a la hora del almuerzo y en sus horas libres. Extrañaba su incesante revoloteo alrededor de su escritorio y sus tonterías diarias. En ese momento en específico la extrañaba más que nunca. Necesitaba de su buen humor para distraerlo de tanto estrés. Sin embargo no sólo no se encontraba allí para hacerlo sentir mejor, sino que por su impertinencia cargaba ahora con una preocupación más a cuestas, como si no tuviera suficientes ya.

Todo había comenzado aquella tarde en que la había convencido de hablar con sus padres para plantearles sus planes de entrar a las eliminatorias de los Falmouth Falcons y de vivir sola. Tanto Molly como Arthur se habían mostrado en desacuerdo en ambas cosas, pero fue Harry quien intervino para convencerlos.

-Ginny va a estar bien –había dicho dos semanas atrás a los que fueran sus casi padres adoptivos durante tantos años –El departamento está en una zona muy tranquila y tiene todo tipo de protecciones mágicas, además que está a un precio muy razonable y el dueño es alguien de confianza…

Molly había protestado argumentando que cualquier psicópata podría encontrarse a la vuelta de la esquina, deseoso de descuartizar a su indefensa hija, hasta que Harry tuvo que usar su última carta. Tuvo que aceptar finalmente que él mismo era el dueño del departamento y de todo el edificio, y que había vivido allí durante los meses que estuvo lejos de ellos en su periodo de recuperación tras derrotar a Voldemort. Después de tantos años había olvidado que existía ese lugar y que estaba deshabitado, por lo que también le convenía que Ginny lo ocupara para que no siguiera estando descuidado. Era un trato en el que todos ganaban.

Finalmente los padres de Ginny comenzaron a ceder en el tema del departamento, agradeciéndole a Harry por prácticamente hacerse cargo de Ginny, cosa que a ella no le hizo mucha gracia pero acepto de buena gana. El problema se dio en el asunto del quidditch ya que los señores Weasley no estaban dispuestos a acceder de forma tan fácil con ello. Justo cuando Ginny comenzaba a perder la paciencia y Harry empezaba a considerar que tenían que tomarse un par de días más para convencerlos, fue cuando Ginny echó todo por la borda.

-Hagamos esto –había dicho con determinación –Ustedes me dejan entrar a esta eliminatoria sin poner objeciones y si no me seleccionan, me olvido del quidditch para siempre. Pero si me seleccionan no habrá más que discutir, nunca más.

Antes de que Harry pudiera persuadirla, ella ya había cerrado el trato con sus padres, totalmente convencida de que terminaría siendo elegida como nueva recluta de los Falmouth Falcons.

-Tú mismo me dijiste que soy muy buena, Harry. –le había dicho con una sonrisa –Ese lugar es mío, no tienes por qué preocuparte…

-Pero ¿y si sucede algo extraordinario y no te seleccionan? ¿Y si te encuentras con gente que juega mejor que tú?

-Pues entonces tendré que esforzarme para ser mejor que ellos –dijo zanjando el tema.

Así que ahora, aparte de todo lo que tenía que hacer en el Cuartel, también tenía que preocuparse por Ginny y por idear algo para que no tuviera que renunciar al quidditch en caso de que no fuera seleccionada. Había pasado ya una de las dos semanas de eliminatorias y a Harry lo único que se le había ocurrido como plan B era sobornar al entrenador o a los socios o al dueño del equipo. Y por más que en su cabeza le sonara exagerado, sabía en el fondo de su corazón que estaría dispuesto a hacer algo así con tal de ver a Ginny feliz. El problema ahí era que ella nunca se lo perdonaría si se llegaba a enterar, y era prácticamente seguro de que se enteraría puesto que entre ellos no existían los secretos. Así que oficialmente Harry había llegado a un punto muerto y lo único que le restaba hacer era confiar en Ginny, en su talento, en su determinación y en su esfuerzo. Aunque por si las dudas, aún tenía una semana entera para idear algún otro plan de acción.

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Ginny se apresuró a salir de los vestidores buscando a sus compañeras de entrenamiento, pensando que tal vez ya la habían dejado por haberse tardado tanto. Si así fuera, se iría directo al Ministerio de Magia para ver a Harry. Honestamente prefería pasar la tarde con él que con las chicas. En esos últimos días había visto a su mejor amigo muy agobiado a causa del trabajo, así que ella se había hecho cargo de relajarlo y desestresarlo cada que le fuera posible. Le compraría una hamburguesa gigante y muchos de sus dulces favoritos, tal vez hasta le compraría una de esas revistas de mujeres desnudas que tanto les gustan a los hombres. Sin embargo, antes de terminar de decidirse, sus compañeras la encontraron a ella al final del pasillo.

-¡Vamos Ginny!

-¡Se hace tarde!

-¡Morimos de hambre!

Y entonces una de ellas la tomó de la mano y la jaló hacia la salida, desvaneciendo sus planes de pasar la tarde con Harry.

Llegaron a un restaurant de comida italiana y mientras esperaba su orden se dedicaron a platicar acerca de sus familias. Eran cinco chicas aparte de Ginny, de las cuales ella no conocía más que su nombre de pila. Durante la semana anterior había preferido optar por dedicarse de lleno al entrenamiento y dejar lo social a un lado pues como le había dicho a Harry un par de veces: ella estaba en las eliminatorias para ganarse un puesto, no para hacer amigos. Harry por el contrario, la había alentado a integrarse con sus compañeros ya que seguramente quienes hicieran la selección no sólo tomarían en cuenta el deporte, sino también la personalidad y la forma en que se relacionaban con los demás en el equipo. Después de una hora de comida, de pláticas interminables, de risas y de un par de copas de vino, Ginny comenzó a sentirse en confianza con aquellas chicas y sintió un poco de tristeza al saber que no podrían permanecer todas juntas en el equipo.

Cuando Ginny se encontraba contando una historia divertidísima acerca de una travesura de los gemelos, hizo su aparición otra de sus compañeras: Valerie Van der Vaart. Una jugadora profesional holandesa, que estaba haciendo su lucha por triunfar en el quidditch inglés. A Ginny no le caía muy bien, pues era de carácter demasiado especial y hasta cierto punto engreída, pero era conocida de todas las demás chicas y amiga de varios años de Marie, la chica con la que mejor se llevaba Ginny. Así que no tenía modo ni derecho de protestar por su presencia, a pesar de que se sentía muy incómoda con ella y a decir verdad no sabía bien por qué era así. Tal vez era su perfecto cabello rizado, de idéntico tono rojizo-naranja al suyo. Tal vez se sentía rara en presencia de alguna pelirroja con la que no estuviera emparentada. Tal vez no le gustaba pensar en el hecho de que el apodo "Calabaza" que Harry le había puesto ya no sonaría único al lado de Valerie.

-Perdón por interrumpir. Aunque creo que no interrumpo nada importante ¿verdad?

O tal vez era ese tono despectivo con el cuál se dirigía a medio mundo y esa mirada molesta que acababa de dedicarle.

-Para nada, toma asiento querida -dijo Ginny con una sonrisa vehemente, dispuesta a no dejarse intimidar. Las demás chicas parecieron darse cuenta de la pequeña tensión entre ellas, por lo que se apresuraron a cambiar de tema y a sentar a Valerie lo más lejos posible de Ginny, aunque la holandesa no hacía más que hacerse odiar más. Mientras que Ginny había devorado un corte de carne de tamaño enorme, Valerie había ordenado un pequeño plato de ensalada que a ella la habría dejado hambrienta.

-Yo creo que como deportistas debemos cuidar lo que comemos -había recalcado la otra pelirroja al rechazar ordenar un postre mientras todas las demás pedían helados y pasteles de diversos sabores.

-Ay cállate, Valerie -dijo Marie haciendo un gesto con la mano -No sabes de lo que te pierdes, estos postres son una delicia...

Para fortuna de todas las demás, Valerie parecía mostrar cierto respeto hacia Marie, así que dejó de comportarse tan engreída y se dedicó a tomar traguitos de su copa de vino mientras seguían platicando de varios temas, hasta que llegaron a centrarse en sus novios.

-¿Y tú Ginny? -le preguntó la chica llamada Amy -¿Tienes novio?

-No -dijo sacudiendo la cabeza

-¿Algún chico especial que te haya dado esa pulsera?

-¿Qué? ¿Por qué lo dices? -preguntó completamente extrañada

-No lo sé -contestó Amy encogiéndose de hombros -No has dejado de juguetear con ella en toda la comida, y la tocas como si fuera algo muy especial...

-Lo es -dijo sonriendo levemente -Fue un regalo de mi mejor amigo...

-Uhhh -dijeron a coro todas las demás chicas

-¿Amigos? ¿O algo más que amigos?

-Sólo amigos -dijo ella con seguridad - Nos conocemos desde niños, crecimos juntos y es como mi hermano...

-Oh vaya, qué decepcionante. Creí que había una historia más interesante con esa pulsera.

-Lo siento -dijo ella riendo -pero sólo es eso.

-Y entonces no hay algún chico importante ¿algún pretendiente? ¿algún ex novio?

-No. La última relación que tuve me dejó con ganas de quedarme soltera por un buen rato -contestó pensando en André Manzotti.

-¿Por qué?

-No quisiera decirlo... es bastante humillante

-Vamos Ginny, dinos.

-No -repitió jugando con su copa de vino -Dejémoslo en que todos los hombres mienten. Son unos cerdos que sólo quieren abrirnos la piernas y ya. No les importamos nosotras como personas.

Todas la chicas se quedaron en absoluto silencio, sopesando sus palabras, sin atreverse a insistirle más y evitando mirarla. Todas menos una. Por primera vez desde que la conocía, Valerie Van der Vaart le dedico una mirada curiosa, desprovista de su habitual desdén. Pero fue sólo durante unos segundos, porque enseguida Marie rompió el silencio.

-Pues yo no tengo inconveniente en que me quieran abrir las piernas

-¡Marie! -chillaron todas sorprendidas, soltando risitas

-¿Qué tiene? Yo creo que hay que aprovechar mientras seamos bellas y jóvenes, y no esperar a que tengamos hijos y estemos casadas para querer empezar a divertirnos.

Entonces se enfrascaron en una plática que parecía más una competencia por establecer quien era la que tenía las historias más locas y desenfrenadas, aunque obviamente era Marie quien se llevaba el premio. Las únicas que no participaron en la conversación y se dedicaron a escuchar, fueron Ginny y Valerie. La holandesa tal vez porque creía que el tema era muy estúpido y Ginny porque... no tenía mucho que decir. Hubiera querido cambiar la conversación, pero las demás chicas se encontraban muy entusiasmadas y atentas, así que lo único que pudo hacer fue pedir otro postre para no sentirse muy patética.

-¿Y qué hay de ti, Ginny? -dijo Marie con la voz un poco pastosa a causa del vino -¿Has tenido un poco de sexo salvaje en el parque?

-No...

-¿En algún otro lugar inusual?

-No quisiera hablar de eso -dijo ella intentando sonar despreocupada

-¿Por qué no?

-No me gusta hablar de mis intimidades...

-¡Patrañas! Cuéntanos los detalles morbosos, las cosas sucias... -Ginny negó incomoda con la cabeza -¿O me vas a decir qué aún no te han estrenado?

Las mejillas de Ginny ardieron de forma espontánea, sintiéndose muy avergonzada. Sin embargo antes de que Marie pudiera seguir hablando, fue Valerie quien intervino, para sorpresa de todas.

-No seas absurda Marie. El hecho de que no todas queramos demostrar lo promiscuas que somos, no nos hace inexpertas. Además, estas mujeres te conocen apenas de una semana, hacen bien en no contarte sus secretos... -Y dicho esto, se levantó y se fue, dejándolas atónitas. A todas menos a Marie que tomó con mucha indiferencia la salida de Valerie.

-Perdón si te hice sentir incómoda, Ginny. Es culpa de este delicioso vino.

-No te preocupes -contestó ella sintiendo como sus mejillas recuperaban su pálido color habitual.

-¿Eso significa que tengo razón? -preguntó riendo la chica, haciéndola reír a ella -¿No lo has hecho... con nadie? -Ginny no respondió y sólo bajó la vista -Vamos, no hay de qué apenarse, estamos entre mujeres y todas nosotras hemos estado donde tu estás, es lo más natural del mundo.

Las demás apoyaron ese argumento y comenzaron a platicar de la poca habilidad que tuvieron en sus primeros encuentros.

-Si no es mucha indiscreción, ¿se puede saber por qué no lo has hecho? -preguntó Amy con cautela

-Pues... no ha llegado el indicado.

-¡Patrañas! -vociferó Marie -Eso del indicado es un mito. Recordar tu primera vez no debería ser indispensable. Mi primera vez fue terrible y yo lo que quisiera es no recordarla.

-La mía tampoco fue muy agradable -dijo otra de las chicas

-¿Lo ves? Yo opino que dejes de perder el tiempo y te apresures a hacerlo. Mientras más pronto comiences, más rápido aprenderás a hacerlo mejor.

Ginny apuró otra copa de vino y tras una risa nerviosa supo que debía ser la última que tomara aquella tarde.

-No lo sé...

-¿Por qué no? Podrías conseguirte a cualquiera de los chicos de la eliminatoria...

-Yo he visto a Derek mirándote el trasero un par de veces -intervino Amy

-¿Quién es Derek? -preguntó Ginny frunciendo el ceño

-El rubio alto

-¿El que se ríe como tonto?

-Ese mismo, pero aunque sea medio tonto no puedes negarme que está guapísimo.

Ginny volvió a reír de forma divertida al pensar en el tal Derek, que para ser sincera no estaba nada mal. Sin embargo, había estado tan inmersa y decidida en la tarea de ganarse un lugar en el equipo, que no había prestado mucha atención a sus compañeros, que a fin de cuentas eran sus rivales.

-Pues estás de suerte, Ginny - dijo Marie- Estoy planeando organizar una fiesta al final de las eliminatorias para celebrar a los dos que hayan quedado en el equipo oficial. Es tu oportunidad perfecta para atrapar a Derek.

Ginny sólo volvió a reír como respuesta ante el entusiasmo de aquellas chicas. Entonces sólo se dedicó a asentir tontamente y a seguir riendo de sus ocurrencias y de los consejos que le daban para coquetear con su compañero de equipo. Al final de la comida, salió del restaurant muy complacida por haber ido con ellas y se sintió contenta ante la perspectiva de poder tener unas cuantas amigas más, ya que por lo general sólo se la pasaba con Harry o con sus hermanos y cuñadas. No es que eso le molestara, pero se sentía bien ampliar su círculo de amistades.

Por la noche, Ginny se apareció en la madriguera lista para la habitual cena familiar, a pesar de que no tenía hambre ya que había quedado muy satisfecha por la comida con sus compañeras. Cuando entró a su casa se encontró a Harry sentado en un sillón, con la cabeza echada hacia atrás y con los ojos cerrados, víctima del cansancio. Ella no se pudo resistir, y tras acercarse pasó sus dedos entre el cabello azabache de su mejor amigo, desordenándolo aún más. Él sólo hizo un sonido, como una especie de ronroneo y luego abrió los ojos lentamente, al mismo tiempo que daba un gran bostezo.

-¿No prefieres irte a tu casa ya, Harry?

-¿Qué? No, para nada. Tenía ganas de venir.

Ginny se sentó a su lado y lo observó minuciosamente, deteniéndose en las enormes bolsas que se veían debajo de sus ojos, pero no insistió más.

-¿Qué tal el trabajo?

-La prensa cada vez se entromete más donde no debe... -se frotó las sienes -Pero no quiero hablar de eso, mejor cuéntame qué tal tu comida.

-Muy buena -dijo con una sonrisa -Las chicas son divertidísimas. ¿Recuerdas que te había hablado de Marie? Ella es como la líder, es muy amable aunque a veces demasiado ocurrente y las demás son- Harry bostezó sonoramente, interrumpiéndola.

-Lo siento -se disculpó apenado, haciéndole seña de que continuara hablando.

-Sí... pues en general todas son muy agradables. Hasta Valerie Van der Vaart.

-¿La holandesa que te caía mal?

-Creo que en el fondo es buena persona.

Harry estaba a punto de agregar algo pero no pudo porque volvió a bostezar.

-Deberías subir y dormir un rato.

-Estoy... -otro bostezo -bien

Ginny rió levemente y luego se levantó, jalándolo para que se parara él también.

-Vamos, te llevaré a Grimmauld Place.

Y sin más resistencia por parte de él, lo tomó con fuerza del brazo y desaparecieron juntos.

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Ginny llegó tarde al entrenamiento por primera vez. La noche anterior había llegado a su nuevo departamento muy tarde, después de dejar a Harry en su casa y batallar con él para que se pusiera una pijama y no se quedara dormido con la ropa que llevaba. Después de dejarlo durmiendo, regresó a la Madriguera y se quedó un par de horas con su hermano George quien le mostró todos los productos próximos a estar disponibles en Sortilegios Weasley.

Cuando llegó al campo de quidditch, sus compañeros y el entrenador ya se encontraban allí. Habían formado pequeños grupos para realizar ejercicios y por llegar al último, no tuvo más opción que integrarse al grupo que le faltaba una persona. En él se encontraba Valerie, así que Ginny se acercó a ellos con paso decidido, dedicándole una sonrisa amistosa que la chica le devolvió. Sin embargo, para su tremendo desconcierto, de forma repentina Valerie se dirigió al entrenador cuando se acercó a su grupo y le dijo:

-Disculpe, ¿podría repetirle a Ginevra el reglamento de juego? -Ante la cara de desconcierto de todos, agregó:- Se supone que no debemos entrenar ni jugar con joyería ni accesorios. Ella siempre trae esa pulsera.

Y entonces señaló la muñeca donde reposaba la pulsera que Harry le había regalado y que nunca de los nuncas bajo ninguna circunstancia se quitaba. Ginny frunció el ceño sorprendida de la petición de Valerie y luego se sintió muy molesta ante la insistencia del entrenador acerca de cumplir el reglamento. Y aunque ella insistió en que no era necesario, al final no pudo evitar contradecirlo, así que furiosa se dirigió al vestidor para dejar en su casillero la pulsera.

No entendía qué mierda le pasaba a Valerie y por qué de repente se entrometía con ella de esa forma. Pero no pudo hacer más que obedecer las órdenes que se le habían dado. Cuando regresó al campo, se sintió desnuda sin su pulsera. Nunca en todos esos años se la había quitado durante tanto tiempo. No sabía si exageraba pero lo único que le importó aquel día fue que el entrenamiento acabara lo más pronto posible para poder volver a ponérsela. Sin embargo cuando todos se encontraron en los vestidores, Ginny puso el grito en el cielo. Antes que cualquier otra cosa, se dirigió a su casillero y al buscar su pulsera, no la encontró. La buscó y la rebuscó, pero no había señales de ella.

-No, no, no...- Susurró con angustia mientras tiraba al piso todo el contenido de su casillero -Accio pulsera -No hubo respuesta. Sin poder contenerse, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.

-¿Buscabas esto? -preguntó Valerie con una sonrisa, parándose junto a ella, sosteniendo entre los finos dedos su pulsera.

Ginny la observó por unos segundos antes de comprender todo. Fue entonces que se llenó de rabia y avanzó hacia ella, para luego empujarla por los hombros con rudeza, tomándola por sorpresa y haciendo que casi perdiera el equilibrio y cayera. La sonrisa de Valerie se esfumó de inmediato, mostrándose molesta.

-¿Qué te pasa?

-¿Qué diablos te pasa a ti? -rugió Ginny furiosa mientras más lágrimas caían por su rostro e intentaba arrebatarle la pulsera a Valerie, pero ella que era más alta y de brazos más largos no se lo permitió.

-¡Espera!

-¡No voy a esperar una mierda! ¡Devuélveme mi pulsera, maldita ladrona! -Y volvió a arremeter contra ella, logrando que chocara contra los casilleros, mientras las demás chicas comenzaban a congregarse alrededor de ellas.

Valerie lanzó la pulsera al piso y entonces empujó a Ginny quien sacó su varita dispuesta a darle su merecido, pero fue cuando las demás intervinieron, separándolas, antes de que algo más grave sucediera.

Entonces Marie levantó la pulsera del piso y se la acercó a Ginny, quien la apretó entre sus dedos con fuerza, como si fuera lo más valioso que tenía en la vida, y tal vez así era.

-Explícale todo, Marie. Antes de que la mate -dijo Valerie, logrando que Ginny le lanzara una mirada de odio. Se hubiera abalanzado sobre ella pero las demás chicas las tenían bien sujetas.

-Ginny... Lo sentimos, no creímos que esto se saldría de control. Queríamos hacerte una broma... Una novatada como iniciación en nuestro grupo... Y a Valerie se le ocurrió lo de la pulsera. Le dijimos que no, pero...

-Vete al demonio, Marie -escupió Valerie interrumpiéndola, zafándose de los brazos que la sujetaban -Todas ustedes pueden irse al jodido demonio- y dicho esto salió del vestidor hecha una furia.

-Perdón Ginny -dijeron todas las demás a coro

-No creímos que la pulsera fuera tan importante.

Ella no contestó y sólo volvió a ponérsela con un rápido movimiento, para luego limpiarse las lágrimas.

-Perdón- volvió a decir Marie -No debimos dejar que Valerie... En fin ¿Estás bien.?-Ginny asintió-Ven con nosotras, la comida de hoy corre por nuestra cuenta ¿si?

-Ya tengo planes... Pero gracias.

-De verdad lo sentimos -Y tras ayudarle a acomodar todas sus cosas de vuelta al casillero, Marie dijo:-Lo único bueno de todo esto es que ya podemos decir que eres parte del grupo.

Ginny no pudo evitar sonreír levemente y tras recibir calurosos abrazos de disculpa por parte de todas, se fue hacia Grimmauld Place.

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Era viernes y Harry tenía ganas de llorar de la felicidad. Estaba a tan sólo unas horas de finiquitar el terrible caso político que había tenido a cargo y ya podía vislumbrar sus días sin la presión y estrés al que había estado sometido. Era lo más difícil a lo que se había tenido que enfrentar en su carrera, y no porque fuera malo como auror, sino que no se le daba mucho eso de la burocracia y los casos administrativos. Era esa la razón por la que dudaba mucho que algún día llegaría a ser Jefe de Aurores del Cuartel, ya que dicho puesto trataba más de convenios, papeleo y demás cosas que él odiaba, y en cambio tendría que dejar a un lado las misiones de campo que eran lo que más disfrutaba de su trabajo. Realmente el caso político que había estado llevando esas semanas no había sido su elección, ni la de su jefe, sino había sido encomendada por el mismísimo Ministro de Magia, ya que Harry era uno de sus hombres de confianza. Después de aquello, Kingsley le debería una muy grande. Se dijo que cuando por fin llegara a su casa aquella noche, dormiría por lo menos dos días seguidos, feliz por estar completamente libre de preocupaciones... Aunque bueno, aún no podía dejar de estar completamente sin preocupaciones, ya que aún estaba pendiente lo de Ginny y los resultados de su eliminatoria los cuales serían revelados en un par de días más, a pesar de que ese mismo día terminaban sus sesiones de entrenamiento. Eso era muy adecuado, ya que le dejaba un poco de tiempo para usar sus contactos como salvador del mundo y poder enterarse de los resultados antes de tiempo y así, si era necesario, poder hacer algo más. Lo que más le preocupaba era la reacción que podría tener Ginny ante su intervención. Sin embargo no quería tener que pensar en ello y prefería confiar ciegamente en que iba a lograr entrar al equipo por méritos propios, y así él no tendría que mover ni un dedo, ya que no se le habían ocurrido más formas de poder ayudarla. Lo único que pudo hacer en aquellos días fue motivarla a entrenar más duro y con más ahínco, así como convencerla de lo buena jugadora que era y del gran futuro que tenía por delante. Y claro, también regañarla cuando era debido.

Como cuando se apareció en su casa unos días atrás, casi llorando de coraje y tras contarle que se había peleado con su compañera holandesa, él la reprendió fuertemente.

-¿Cómo pudiste hacer eso?

-¡No me dejó otra opción! -había gritado ella desconcertada por la falta de apoyo de su amigo -¡Me quitó mi pulsera! ¿Qué habrías hecho tu si alguien te quitara la tuya?

Buen punto- había pensado Harry en ese momento, pero no quiso aceptarlo frente a ella.

-Mantener la calma. Debes aprender que a veces no es bueno llevarnos por los impulsos. Te expusiste a que te sancionaran o te expulsaran de las eliminatorias.

-No fue para tanto...

-¡Claro que sí! ¡Lo que hiciste fue una agresión física dentro de las instalaciones del equipo! Tienes suerte de que el entrenador no te haya visto... Y reza para que la tal Valerie no vaya de llorona a acusarte, porque de esa forma hoy pudo haber sido tu último día. Bravo, Ginny.

Ella se había quedado helada ante sus palabras y no dijo nada más. Sólo se sentó y bajó la cabeza con tristeza, sin saber qué más decir. Harry pudo haberla seguido reprendiendo, pero se sintió mal de verla así, por lo que se detuvo y prefirió sentarse junto a ella y pasarle el brazo por los hombros.

-Tranquila -dijo suavizando su tono -No creo que te acuse. Si lo hace tu puedes acusarla a ella de robo -Ginny no contestó nada -Lo importante aquí es que debes entender que en la profesión hay que guardarse las ganas de estrangular a la gente que nos cae mal... -Ella sonrió

-Yo le hubiera sacado los ojos con mis propias manos...

-¡Ginny!

-Es broma... -dijo ella riendo, pero no convenciéndolo del todo. Su mejor amiga era de armas tomar.

-Bueno, el caso es que mañana te presentarás como si nada y la ignorarás. No le des el gusto de verte mal.

-Maldita perra -susurró Ginny con desdén haciéndolo reír -Me las pagará...

-Ginny...

-Le quitaré su lugar en el equipo. Yo entraré y ella no. Esa será la mejor venganza.

Él sonrió.

-Esa es la actitud.

-Llorará sangre. Aprenderá que nadie se mete con una Weasley.

-Ok, oficialmente me das miedo.

-Oh, cállate -dijo riendo

Harry no pudo evitar sonreír al recordar aquella plática y lo maravillosamente loca que era Ginny. A pesar de que tenía razón por haberla reprendido, había sentido una gran calidez en su pecho al oír la razón por la que se había peleado con Valerie. Para cualquier otra persona aquellas pulseras eran tan sólo un objeto más, pero para ellos dos significaban demasiado. Eran la representación simbólica de su unión. Eran ellos mismos llevándose consigo siempre. Casi de forma inconsciente, acarició su pulsera y estaba a punto de llamar por teléfono a Ginny tan sólo para poder escucharla cuando Kinglsey Shacklebolt entró a su oficina.

-¿Listo para la reunión final?

-Más que listo

-Vámonos a la sala de juntas, ya están todos esperando.

Y entonces se dirigieron juntos al lugar donde Harry le diría adiós al papeleo y al estrés.

Cuando salieron de la sala, tres horas después, Harry casi se pone a bailar de la felicidad. Ya que no sólo había hecho las cosas, sino que las había hecho muy bien. Todos lo felicitaron por su gran liderazgo y manejo del caso, y él lo único que pidió a cambio fue que nunca más lo volvieran a poner al frente de algo así. Se apresuró a llegar a su oficina, ya que había dejado el celular allí y tenía muchas ganas de informarle a Ginny cómo le había ido en su reunión, sin embargó cuando vio aquella pequeña pantalla encontró algo que lo preocupó por completo.

Su celular tenía como veinte llamadas perdidas provenientes todas de Ginny, más varios mensajes más que sólo decían :"Por favor, márcame." "Es urgente". Entonces encontró también un par de mensajes de voz por parte de ella. No quiso esperar a escucharlos y simplemente marcó a su celular, pero ella no contestó. Marcó un par de veces más con el mismo resultado. Así que entonces se dispuso a escuchar los mensajes de voz, con el corazón latiendo a mil por hora ¿Qué habría pasado?.

"Hola Calabazo, sé que debes estar ocupado pero acaba de suceder algo... Adelantaron los resultados de la eliminatoria para hoy... Y bueno... lo sabremos en una hora. Sé que tendrás tu junta importante hoy, pero si puedes me gustaría hablar un minuto contigo, sólo para ...no lo sé jaja, para escucharte o algo... Bueno, te quiero mucho. Deséame suerte."

No. No, no, no. Maldita sea. Los resultados habían sido entregados hacía unos escasos veinte minutos. Iba a matar al maldito que se le había ocurrido adelantarlos. Tomó su abrigo y sin pensarlo más corrió a la salida, para desaparecer e irse de inmediato al estadio de los Falmouth Falcons. Haría lo que fuera para ver a Ginny feliz, sobornaría al entrenador o al dueño. Compraría al maldito equipo de ser necesario. Pero cuando llegó ya no había nadie allí. Entonces recordó que existía un segundo mensaje de voz:

"Por Merlín, Harry, estoy tan nerviosa. Están a punto de decirnos quienes quedaron..."-Su voz sonaba angustiada "No voy a conseguirlo... hay demasiada competencia. Casi todos ellos son mejores a mí y tienen más experiencia... llevan buen tiempo audicionando para muchos equipos... no hay forma en que lo logre..." Entonces hubo un silencio enorme "O tal vez sí tenga posibilidad... " dijo meditándolo "Pero no lo sé, Harry, no lo sé... Ya no sé nada... Quisiera que estuvieras aquí... " Entonces suspiró profundamente "Gracias por todo tu apoyo... pase lo que pase, el simple hecho de llegar aquí me deja satisfecha y si ya no llego más lejos por lo menos me queda la satisfacción de haberlo intentado ¿no? No importa si no quedo en el equipo... Sé lo que dirás, que aún podré seguirlo intentando en otros equipos, pero no... ya no lo haré. Le hice una promesa a mis padres y si no quedo ahora entonces tal vez significa que esto no es para mí... Después de todo no es tan malo el trabajo en el ministerio... Además, podremos volver a vernos todos los días ¿no te parece genial?... En fin, ya es hora. Espero que te haya ido bien en tu reunión. "

Harry se quedó con el corazón hecho un nudo. Se pasó la mano por el cabello, desesperado. Volvió a marcarle a Ginny y esta vez sí contestó.

-Ginny ¿Qué pasó? ¿Cómo te fue? ¿Dónde estás? ¿Cómo te sientes? Te quiero.

-¿Harry? ¿Hola?

-Sí, ¿dónde estás?

-¿Hola?

Parecía que Ginny no lo podía oír. Se escuchaba mucho ruido a su alrededor. La llamada se cortó y entonces Harry lanzó una maldición. Maldita tecnología muggle, debería confiar sólo en los medios mágicos. Una lechuza encontraría a Ginny en el lugar que fuera, aunque claro, no tenía una lechuza a la mano en esos momentos. Sin saber a qué otro lugar ir, se apareció fuera del departamento de Ginny. Al instante supo que era donde ella estaba, ya que el ruido que había escuchado por teléfono era idéntico al ruido que provenía de allí. Desconcertado, abrió la puerta y lo recibió un tumulto de gente. Por un segundo tuvo un déja vù y recordó aquella tarde en que llegó a la sala común de Gryffindor después del castigo con Snape, cuando su casa había ganado la copa de quidditch y al entrar al lugar lleno de gente festejando, Ginny corrió hacia él y entonces él la besó. Sintió un remolino en el estómago al sentir el recuerdo tan vívido, pero enseguida sacudió sus pensamientos, casi horrorizado. Sin embargo, esta vez ella no había estado esperando su llegada y era más que imposible que algo así entre ambos volviera a ocurrir. La buscó con la mirada entre los grupos de gente hasta que la encontró, parada sobre la mesita de centro de su sala, rodeada por un grupo de personas que le aplaudían y la animaban a seguir bebiendo de un enorme tarro, lo que parecía Whiskey de Fuego.

-¿Qué demonios...? -murmuró Harry sin saber si aquella fiesta era para celebrar o para lidiar con la decepción.


:O :O :O

¿Qué opinan? ¿Quedó en el equipo o no?

Si llegaron hasta aquí, gracias por leer. Espero regresar muy pronto con el siguiente :)

Saludos!