Estoy de vuelta con el siguiente capítulo! :)
Mil GRACIAS a cinthi68 y a miel-tonks por los reviews, me hacen inmensamente feliz con sus comentarios. De verdad gracias por esos dos minutos que me regalaron de su tiempo para escribirme sus opiniones. Gracias también a los que se pasan a leer, sé que esto no es la gran cosa, pero como ya les dije me ayudaría mucho que también me escribieran lo que piensan del fic. Sobre todo para alimentar mi autoestima de escritora, jeje. Gracias a los que dan fav y follow también. Espero que esta historia les siga gustando y que al final de cada capítulo sientan que ha valido la pena el tiempo gastado leyendo.
En cuanto a la historia, vamos poco a poco, paciencia mis queridos saltamontes. Pronto irá avanzando más esto. Este capítulo es un poquito más corto que los demás, de verdad espero que les guste. Mil saludos a todos! :) Y gracias de nuevo a cinthi68 y miel-tonks. :D
Le prometeré la luna
By Aurum Black
Todos son iguales
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Ginny despertó con un horrible y punzante dolor de cabeza, como si una aplanadora le hubiera pasado encima. Poco a poco fue recordando los sucesos de la noche anterior y no pudo evitar que la felicidad inundara su pecho. Era oficial: ya era una jugadora profesional de quidditch. Se levantó con la idea revoloteando su mente y para su desgracia con náuseas y acidez revoloteando su tracto digestivo. Recordó los diez mil shots que tomó la noche pasada y se odió a sí misma por haberlos ingerido.
Pensó en Harry y en que seguramente ya se había ido a su propia casa, pero aun así se asomó a la sala. La encontró vacía. Miró el reloj y se dio cuenta que ya iba a ser medio día. Había estado tan cansada y tan ebria que había dormido profundamente, por lo que tal vez Harry había intentado despertarla y ella ni siquiera lo había notado. Pensó en darse un baño o por lo menos arreglarse un poco, pero como su estómago le pedía comida de forma desesperada, sin esperarse a considerarlo más, se apareció en la cocina de Grimmauld Place.
Como si la hubiera estado esperando, Harry se encontraba allí parado, recargado en la mesa con una taza -de lo que imaginaba era café- entre las manos. Harry había desarrollado una extraña adicción al café con los años, colocando en su rutina por lo menos una taza al día. En cuanto él la vio, le dedicó una sonrisa divertida, casi de burla, pero no le dijo nada. Sólo le señaló la mesa con un gesto, en la que se encontraba el desayuno preparado y entonces ella se sentó a devorar todo a su paso.
-Gracias -le dijo con la boca llena de pan
-No me agradezcas a mí, sino a Hermione -Ginny alzó una ceja, interrogante –Vino aquí hace un rato, está un poco molesta contigo porque no le has dado la buena noticia…
-¿Cómo se enteró?
-Yo le dije –contestó él con voz cantarina haciéndola fruncir el ceño con molestia, pero no dijo nada y sólo se limitó a seguir comiendo. Sin embargo no podía pasar por alto que Harry no dejaba de verla con esa estúpida sonrisa en los labios. Una sonrisa pícara, como si supiera algo que ella no. Seguramente estaba recordando la tremenda borrachera que se había puesto la noche anterior y todo lo que esta había desencadenado. Ginny se dedicó a ignorarlo, hasta que se removió y sintió un dolor en el costado derecho, justo en el hueso de su cadera.
-Auch -se quejó al llevarse una mano a ese punto
-¿Qué pasa?
-Ayer me caí en la cocina y me pegué aquí -dijo con la cabeza baja, avergonzada -Creo que me saldrá un moretón...
Antes de que Harry pudiera contestarle algo, Hermione entró por la puerta de la cocina, pero no le dedicó ni siquiera una mirada, ya que lo primero que hizo fue servirse café en una taza. Ginny se temió que estuviera de verdad molesta.
-Ya me enteré de tus resultados –le dijo su cuñada aun dándole la espalda
-Sí, bueno… apenas me enteré ayer en la noche y todo fue muy inesperado, se suponía que lo sabríamos hasta mañana por eso no les dije nada…
Entonces se giró y se colocó a un costado de Harry. Cuando Hermione volteó a verla no pudo evitar una sonrisa que parecía querer reprimir con todas sus fuerzas.
-Eres un grosero… -murmuró por lo bajo pero no dejó de sonreír
-¿Qué dices? –preguntó Ginny confundida
-Que estoy muy contenta por ti, felicidades.
Ella siguió sin comprender, y estaba a punto de preguntar algo más cuando de pronto tanto Hermione como Harry explotaron en risas. Él había escupido su café y se había manchado la playera pero parecía no importarle ya que estaba muy ocupado riendo.
-¿Qué demonios…? –musitó ella contrariada
Pero antes de que pudiera preguntarles algo más, Ron entró a la cocina y tras robarle un trocito de tocino del plato, le dijo:
-Felicidades hermana
-Gracias –musitó mientras él le revolvía el cabello y tanto Harry como Hermione recobraban la compostura lentamente.
-No olvides que el próximo viernes es mi fiesta de cumpleaños –dijo Ron captando su atención de nuevo –Celebraremos en grande
-Claro –afirmó ella sin mucho ánimo, ya que la resaca de esa mañana la dejaba con ganas de no asistir nunca más a una fiesta.
-Me voy -dijo Ron -Prometí ayudarle a Atkinson con su misión.
Todos asintieron en silencio, dedicándole sonrisas de ánimo. Después de la guerra, Ron había tenido el panorama muy diferente al de Harry. Si bien haber participado directamente en la lucha contra Voldemort, al final ni Hermione ni él contaron con todas las facilidades y privilegios que se le fueron brindados a Harry, como ese rápido ascenso en el cuartel de aurores. Hermione, sin embargo, había sabido desempeñar sus habilidades para labrar su camino en las leyes mágicas con paso firme. Pero Ron, al ser un poco vago la había tenido más difícil y aunque también logró convertirse en auror, a pesar de no haber terminado el colegio, desde entonces se quedó de cierta forma estancado. Aunque eso a él no parecía molestarle mucho. O como a veces pensaba Ginny, tal vez intentaba convencerse de que no le importaba. Así que mientras Harry lideraba misiones y participaba en casos importantes, Ron se limitaba a ser un auror más dentro del cuartel, lo que significaba que no tenía muchos privilegios a diferencia de su amigo, como por ejemplo los fines de semana libres.
-Te veo en la casa -le dijo a Hermione después de darle un beso corto en los labios. Y antes de desaparecer, se dirigió hacia Ginny y simplemente le dijo: -Bonito bigote -y entonces se fue.
Ella arrugó la frente contrariada, para luego darle paso a la comprensión seguida del enojo. Tomó su cuchara y la acercó a su cara. En la superficie plateada pudo ver el reflejo distorsionado de su cara, la cual tenía dibujado un bigote, partiendo desde la superficie superior de su labio hasta llegar en forma curvilínea por ambas mejillas. Como esos bigotes de chefs italianos. Pero el suyo estaba pulcramente pintado con plumón negro atravesando la mitad de su rostro.
-¡POTTER!
Las risas de Harry y Hermione resonaron nuevamente por toda la cocina mientras ella le hacía gestos obscenos a su mejor amigo, para luego terminar riendo también al lado de ellos.
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Los entrenamientos de Ginny como jugadora oficial de los Falmouth Falcons comenzaron inmediatamente después de ese fin de semana. Tanto Valerie como ella se habían integrado al resto del equipo para las prácticas, aunque iban a tardar un poco más en jugar algún partido oficial. Por el momento serían sólo suplentes esperando la oportunidad de jugar unos cuantos minutos y poco a poco con el tiempo podrían ganarse su lugar como titulares.
El ritmo del equipo oficial era infinitamente diferente del que habían llevado en las eliminatorias. Los entrenamientos eran más largos y más duros, y en general todas las exigencias eran mayores. Harry observó a Ginny aquellos días dando el cien por ciento o más. Se iba desde muy temprano y llegaba por la tarde completamente exhausta y adolorida, pero no la escuchó quejarse ni una sola vez, al contrario siempre regresaba con una sonrisa que a él le parecía más amplia con el paso de los días.
Harry sentía una calidez en el pecho indescriptible al verla cumplir uno de sus grandes sueños. Y eso que solamente iba comenzando. Ginny llegaría muy lejos, eso lo sentía completamente seguro. A él le hubiera gustado ir a alguno de sus entrenamientos, pero el equipo no tenía permitidas las visitas. Obviamente, al ser Harry Potter habría podido conseguir un permiso especial, pero ni siquiera lo había considerado como algo factible pues no quería incomodar a Ginny. Sobre todo después de que ella le había contado que todas sus nuevas compañeras se habían enterado de alguna forma que él era su mejor amigo y todas ellas a pesar de tener pareja, habían mostrado cierto interés por él.
-"¿Es igual de guapo en persona como en las revistas?"- había imitado Ginny a sus compañeras con voz chillona mientras él reía -"¿De verdad es así de mujeriego?" "¿Es cierto que tiene un hijo secreto?"
-¿Y están guapas? -Ella resopló con molestia mientras él dejaba de reír, para decir con voz seria:-Sí, tal vez, no.
-¿Qué?
-1. Sí, soy diez veces más guapo en persona, 2. Puede que sea un poco mujeriego, 3. ¿De dónde diablos sacan que tengo un hijo?
-De Romilda Vane, seguramente...
-¿Tu crees?
-¿Quién más puede inventar tanta mierda acerca de ti? Esa mujer está obsesionada contigo.
A Harry le dio un escalofrío tan sólo de recordar esa conversación. Se apuró a salir de su oficina y se fue directamente a su casa, aunque no tenía muchas ganas de estar ahí. Afortunadamente volvía a ser viernes y era el cumpleaños de Ron. En un par de horas más estarían festejando como era debido. Hermione había rentado un club nocturno y había invitado a todo aquel que conociera a Ron. Ella había puesto mucho esfuerzo en hacer la celebración excesiva puesto que era la última que él tendría siendo aún soltero. Harry suspiró, sus amigos de la infancia por fin darían el gran paso en poco menos de un año. Él sabía que aquello cambiaría muchas cosas en su vida, ya que sus dos amigos tomarían un camino diferente al de él, pero por el momento prefería no pensar mucho en ello y se dijo a si mismo que debía celebrar a lo grande al lado de Ron aquella noche. Además, pensó, que aunque Hermione y Ron se alejaran un poco para hacer sus vidas como casados, él seguiría teniendo a Ginny.
Pensó en ella de forma egoísta y agradeció a Merlín que ella no estuviera saliendo con nadie, así podía dedicarle a él todo el tiempo que tenía libre. Y esperaba que así fuera durante unas cuantos años más, unos diez por lo menos. Afortunadamente Ginny era una mujer con mucho carácter, independiente, que no creía necesitar de una pareja para sentirse bien. Sin embargo durante las últimas semanas se había percatado que la influencia de sus nuevas amigas, la hacía dudar de sus resoluciones.
-¿En qué piensas? -le había preguntado él la noche anterior, durante la cena en la madriguera, tras verla muy distraída.
-En tonterías...
-¿Qué tipo de tonterías?-Ella no había querido responder y simplemente hizo un mohín con su nariz mientras miraba su plato y jugaba con su comida- Calabaza...
-Es una estupidez, me siento tan tonta de tan solo pensarlo.
-Dime -le insistió él inclinando su rostro de lado para poder encontrar su mirada. Ella volteó a verlo pero fue sólo un segundo. De inmediato regresó la vista a su plato.
-Es tan sólo que... tengo envidia de mis compañeras, de las que tienen novio. -Harry vio sus mejillas sonrojarse -No quiero todo el paquete ¿sabes? la relación, los planes, las peleas, la seriedad y el asentamiento...No, yo sólo... ¿Es demasiado pedir algo bonito? ¿algo sencillo? Alguien que vaya por mí al terminar el entrenamiento, que me lleve flores, que vaya a ver mis partidos. Algo tranquilo, nada del otro mundo... -Ella suspiró mientras él simplemente la observaba -En fin... es sólo un anhelo momentáneo y tonto. Al final recuerdo que no quiero un novio y que además no tendría tiempo para tenerlo.
-Yo podría ir por ti al terminar tus entrenamientos... -sugirió él con voz suave y entonces ella soltó una risa.
-Tu lo que quieres es ir a ver a las demás chicas.
Ambos rieron al mismo tiempo.
-Me conoces demasiado bien.
-Lo sé... Es por eso que tienes prohibido aparecerte en mis entrenamientos.
Harry frunció el ceño al recordar esa plática de la noche anterior. Era cierto que tenía curiosidad acerca de sus compañeras de equipo, pero también tenía muchas ganas de estar con Ginny. Miró su reloj de pulsera, al momento en que una gran idea se le ocurría. Y entonces desapareció de Grimmauld Place.
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Ginny salió del vestidor, cargando una pequeña bolsa que contenía todas sus cosas. Estaba hecha polvo. Sentía sus piernas muy adoloridas y tenía mucha hambre. Lo único que quería hacer era llegar a su departamento y acostarse. Necesitaba descansar un poco pues en unas horas sería la fiesta de cumpleaños de Ron. Caminó en fila, detrás de algunas de sus compañeras y al salir del estadio, se llevó una gran sorpresa. Frunció el ceño con asombro, mezclado con cierta molestia. Allí se encontraba Harry, a lo lejos, cargando al pequeño Teddy que sostenía un ramo de flores. Ella sonrió sin poder evitarlo.
Sin embargo, no se encontraban solos, sino junto a dos compañeras suyas del equipo. Harry parecía platicarles algo, mientras ellas lo miraban atentamente y ambas le hacían cariños a Teddy. Ginny se quedó parada bajo el arco de la entrada, hasta que escuchó una voz a su lado.
-Tu amigo sí que sabe cómo llamar la atención. -Ginny volteó para encontrarse con Valerie Van der Vaart. Se quedó en silencio, muy sorprendida puesto que desde que ambas habían entrado al equipo, no se habían dirigido la palabra y prácticamente se habían ignorado por completo -Era seguro que alguna de las chicas se le acercaría, trayendo consigo a ese niño tan lindo -Ginny suavizó su expresión de desconcierto al escucharla decir eso -Te juro que es lo más adorable que he visto en mi vida... -Y entonces Valerie le sonrió y ella le respondió con otra sonrisa -¿por qué su cabello es azul?
-Su mamá era metamorfomaga...
Valerie no hizo más preguntas. No hizo más comentarios. No preguntó por ese "era", ni dijo el típico comentario "pobrecito niño huérfano". En lugar de eso, dijo:
-¿Puedo...?
Ginny tardó un par de segundos en comprender que Valerie le estaba pidiendo permiso para acercarse a Teddy.
-Ah... Sí, claro -dijo tartamudeando a causa del desconcierto, pero aún así ambas caminaron juntas hasta acercarse a Harry. De inmediato, las otras chicas se alejaron de él. Así como Harry era un imán de mujeres, Valerie era un repelente de ellas. Era una de esas chicas que intimidan a las demás con su sola presencia.
-Hola -saludó Valerie a Harry y él le respondió con un gesto de cabeza -Qué bonitas flores -le dijo a Teddy
-Son para Ginny -le respondió él, haciendo que ambas sonrieran
-Y tu eres todo un caballero. Me llamo Valerie
-Yo me llamo Teddy.
-Mucho gusto Teddy, sólo quise pasar a saludarte.
-Tu cabello es del mismo color que el de Ginny -interrumpió él volteando a ver a Ginny y luego a Valerie, haciéndolos reír.
-Eres muy observador -dijo Valerie sonriendo -Pero bueno, ya debo irme...
-Espera -dijo Teddy y entonces tomó una de las flores del ramo que tenía y se la ofreció a Valerie.
Enternecida, ella la aceptó ante las caras de asombro de Harry y de Ginny, y tras agradecerle y despedirse de ellos, se fue.
-¿Qué fue eso? -preguntó Ginny contrariada mientras subían al auto de Harry.
-Es lo que yo quisiera saber, ¿no eran enemigas a muerte?
-Pues parece que ya no... -respondió confundida-Creo que es buena persona ¿no? Y además Teddy le dio el visto bueno.
-Me gusta su cabello -respondió con una sonrisa, logrando que Ginny lo abrazara con fuerza.
-Bien, si tu la apruebas, yo la apruebo.
-¿También está aprobada para mí? -dijo Harry arrancando el motor
-No, acepta que ya te rechazó. Además... tenías prohibido venir.
-Yo sí, pero Teddy no -dijo con una sonrisa traviesa
-Tramposo -y entonces le enseño la lengua, para después subir el volumen de la música, sin dejar de sonreír.
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Horas más tarde, después de cenar y dejar a Teddy con Andrómeda, Harry y Ginny llegaron al club para la fiesta de Ron, quien los recibió con mucho entusiasmo.
-¡Vamos a brindar!-les dijo llevándoles un trago a cada uno
-¿Qué es esto?-preguntó Ginny mirando con desconfianza el líquido azul
-No importa, tú tómatelo
Ella arrugó la nariz no muy convencida.
-Pero sólo un poco eh, aún no se me olvida la última vez que tomé.
-Querrás decir la semana pasada -musitó Harry en voz baja, pero ella lo escuchó y le dio un codazo.
Brindaron con Ron y luego este fue a buscar a Hermione, después de dejarlos sentados en una barra del bar para que pudieran pedir lo que quisieran. Mientras Harry pedía un whiskey en las rocas, Ginny pidió una piña colada sin alcohol.
-La verdad no tengo ganas de tomar alcohol.
-Perfecto. Entonces te toca cuidarme a mí hoy -y entonces dio un largo trago que dejó su vaso casi vacío.
-¿Hago explotar el lugar si alguien intenta robar tu virginidad?-le preguntó con esa sonrisa pícara especial que tenía.
-Debería darte vergüenza-dijo él negando con la cabeza y dando otro trago, mientras ella reía.
La noche transcurrió entre bailes, bebidas, música y mucha gente. Ginny se la pasó con Hermione, Harry y sus hermanos, Ron y George que eran los que habían asistido de su familia. George acompañaba a Harry, los dos iban y venían hacia donde ellos estaban, para luego ir tras una mujer diferente cada ciertos minutos. Ginny bailó un rato con cada uno de ellos pero luego regresó a la barra a sentarse de forma casi definitiva porque se encontraba muy cansada y sus zapatos de tacón alto ya no le permitirían moverse mucho más.
-Estos zapatos están matándome-le dijo a Harry cuando él se acercó a pedir otro trago
-¿Por qué te los pusiste si te lastiman?
-Porque combinan con mi blusa.
Harry rodó los ojos y tomando su vaso, se perdió entre la pista llena de gente, en acecho de alguna otra víctima, seguramente. Ella se quedó allí, tomando otra piña colada sin alcohol, observando el gentío ir y venir, cuando de pronto un tipo muy apuesto se acercó a ella, haciéndole la plática de forma coqueta. Y Ginny lo permitió, no tenía nada mejor que hacer, así que se estaba dejando cortejar por aquel sujeto que resultó ser un auror. Estaban en esa fase donde él la llenaba de cumplidos en los que resaltaba su belleza, cuando aparecieron como salidos de la nada, Harry, Ron y George. Los tres pidieron tragos, mientras ella los miraba con fastidio. Sabía lo que significaba esa incursión de sus hermanos y su hermano postizo. Había tenido que lidiar con ellos durante toda su vida, y aunque la mayoría del tiempo Harry no se comportaba como los demás, en ocasiones como esa se unía a ellos para arruinarle el momento.
-Hola John-saludó Ron al sujeto -veo que ya conoces a nuestra hermana.
-Sí, estamos platicando -intervino Ginny -Ahora largo de aquí.
-Oh tranquila, sólo venimos por bebidas -dijo Harry
-Pues ya se las sirvieron, ahora vayan a ver si aún queda alguna mujer a la que no le hayan metido mano
-Uf, qué carácter -dijo George de pronto mirando a John -Yo que tu, lo pienso dos veces y me decido por cualquier otra de las que hay por aquí.
El pobre de John se sonrojó de inmediato, pero no dijo nada.
-Sí, ya sabes lo que dicen de las pelirrojas -añadió Harry poniendo voz seria -No tienen alma y son sukubos devora hombres.
-¡VÁYANSE AL DEMONIO! -gritó ella enfurecida, pero eso sólo logró que John se disculpara y se fuera, huyendo atemorizado de ahí.
Minutos después una Ginny furiosa, bebía un vaso tras otro de piña colada con vodka, mientras Harry intentaba tranquilizarla.
-Lo hicimos simplemente porque John es un imbécil.
-Que pienses eso de él no significa que lo sea
-Lo es Gin. Se la pasa coquetéandole a toda la que se encuentra en el ministerio. Y ¿sabes qué es lo peor?
-¿Qué?
-Que es casado.
-Lo estás inventando.
-Claro que no, mira -entonces lo buscó con la mirada y al encontrarlo se lo señaló a Ginny -Es tan descarado que ni siquiera se preocupa por quitarse el anillo.
Ella dirigió su mirada hacia él y en efecto vio en su mano el anillo que indicaba que John era casado, pero lo peor era que aquel tipo ahora se encontraba platicando muy de cerca con una joven y atractiva chica, que se encontraba sonrojada por lo que él parecía decirle. Seguramente los mismos cumplidos que le había dicho a ella. Ginny resopló, haciendo una expresión de fastidio mientras seguía enfurecida bebiendo sin control.
-Dijiste que no ibas a tomar -le recordó Harry junto a ella
-¿Por qué sigues aquí? -le espetó -Ve a engañar a alguna mujer con tus mentiras y déjame en paz.
-Hey tranquila... Yo no tengo la culpa de que-
-Claro que sí, tu eres el culpable de que no encuentre a alguien decente. Tu eres el que me hace ver que todos los hombres son la misma mierda.
-No todos-
-Ni se te ocurra decir que no todos son mierda. ¡Todos son iguales! Son unos malditos mentirosos cerdos hipócritas -El chico de la barra la miró con cierto tipo de miedo y entonces Harry comenzó a reír -Cierra el pico Potter. Y tú -le dijo al chico -Sírveme otra
Harry se recargó de lado sobre la barra para darse cuenta que Ginny comenzaba a entrar a su estado de ebriedad. Suspiró cansado, sabiendo que no podría ir contra su testaruda amiga y sabiendo que tendría que volver a cuidarla, esperando que no se pusiera tan mal esta vez.
-Odio a los hombres -dijo hipando repentinamente -Me volveré lesbiana...
-¿Puedo ver? -preguntó él con voz divertida
-Ugh, Potter. En verdad eres despreciable. Deja ya de ver porno. -Volvió a dirigirse al chico de la barra y le dijo - Quiero un hechizo de refill automático en este vaso. Si en algún momento se llega a quedar vacío, vendré a colgarte de las pelotas ¿entendido?
Y entonces tomó su vaso y se levantó con dirección a la pista de baile, sin siquiera voltear a ver a Harry. Él le hizo un gesto de lástima al chico de la barra y se recargó en ella, observando a Ginny que había comenzado a bailar entre la gente. Primero lento, como entrando en ambiente, luego poco a poco soltándose ante la música, sin dejar de beber tragos de su piña colada. De pronto un tipo se acercó y comenzó a bailar junto a ella, al principio manteniendo cierta distancia y luego pegando su cuerpo al de ella de forma muy inapropiada. Harry se enderezó en modo de alerta, pero esperó unos momentos. En ellos, Ginny se deshizo del tipo, primero alejándose casualmente, luego tras la insistencia del sujeto, lo pisó con uno de sus afilados tacones, para luego con un rápido movimiento sacar su varita y apuntarle en el estómago con fiereza. No podía escuchar lo que ella le decía, pero seguramente era una amenaza bastante desagradable, por lo que el tipo dio un paso atrás y luego se alejó de allí. Ginny guardó su varita y volvió a su labor de bailar, pero esta vez cada que veía a alguien acercarse comenzaba a realizar pasos de baile ridículos y exagerados, logrando que la gente a su alrededor volteara a verla, algunos contrariados y otros burlándose.
Fue entonces cuando Harry decidió intervenir. Se acercó hasta donde ella estaba y la tomó del brazo.
-¿Vienes a bailar conmigo?-le preguntó ella con voz pastosa
-Ya sabes que yo no bailo.
-Qué aguafiestas -resopló ella -"Mírenme, soy Harry Potter y no bailo" -Y entonces comenzó a hacer unos movimientos muy rígidos con los brazos.
-Eso parece un robot.
-Pues es tu paso. "Mírenme, soy Harry Potter el robot" -dijo haciendo el característico baile que imitaba a un robot -"Biiip, biiip, biiip"
Harry rió inesperadamente, pensando que Ginny era imposible.
-Ya fue suficiente baile por hoy, vámonos -y entonces intentó quitarle el vaso, pero ella lo esquivó y tomó un sorbo muy grande.
-Señor, no, señor -dijo comenzando a marchar en su lugar como un soldado.
-De verdad, calabaza. Estás haciendo el ridículo.
-Genial, porque yo amo hacer el ridículo. -Y entonces siguió bailando efusivamente, estirando los brazos mientras se dejaba llevar por la música. Harry suspiró cansado -Baila conmigo
-Ya sabes que yo no bailo
-Por favor -le dijo con ojos suplicantes -Si bailas un minuto, hago lo que me pidas.
-¿Dejarías de bailar y de tomar?
-En cuanto pase ese minuto.
Harry resopló. Odiaba cuando Ginny lo retaba de esa forma, pero prefería bailar durante un pequeño minuto y no tener que seguir soportando sus impertinencias.
-Qué demonios, está bien... -Y tras mirar su reloj de pulsera para cronometrar los sesenta segundos de agonía, movió sus pies de un lado a otro.
-Por Dios, Harry... estás bailando, no matando cucarachas. No pises el suelo tan fuerte.
-Así piso yo...
-Y mueve más el cuerpo -lo tomó por los brazos, para indicarle cómo -Así... relaja los músculos, no estés tan rígido. Ahora alza los brazos...
-No quiero
-¡Que los alces! -Él obedeció pero seguía estando muy rígido. Parecía que sostenía algo sobre su cabeza mientras se balanceaba. -Suéltalos, como si hicieras figuras en el aire con ellos.
-¿Para qué quiero hacer figuras en el aire?
Ella se detuvo, rindiéndose. Él bajó los brazos con fastidio.
-Eres un idiota, el único baile que sabes hacer es este.
Y entonces comenzó a hacer un movimiento pélvico que intentaba sugerir algo sexual, muy enérgico pero erróneo, lo que hizo que Harry bajara la guardia y se riera de ella, creyéndola increíblemente adorable.
-Te equivocas -le dijo interrumpiéndola -Es así -Y entonces comenzó a hacer el movimiento pélvico de adelante hacia atrás, apoyándose del movimiento de sus brazos mientras Ginny reía a carcajadas.
Sin darse cuenta el minuto había pasado, pero ellos habían comenzado a realizar una serie de pasos cada vez más extraños y ridículos, asignando algunos a las personas que conocían e inventando otros como "el paso del parabrisas", "el paso de la escoba" o "el paso del ninja". Después de un larguísimo rato en que ambos se divirtieron como un par de niños, salieron de la pista de baile y fueron a despedirse de los demás. Caminaron hacia la salida y cuando iban bajando los escalones que daban hacia la calle, Ginny se detuvo, recargándose en un muro.
-Mis pies están matándome...
-No debiste ponerte esos zapatos tan altos.
-Ya lo sé, no me molestes.
Él le hizo un gesto para que se apurara, pero ella parecía querer sentarse.
-¿Qué haces?
-No puedo caminar ni un paso más.
-No me jodas, Gin. Es hora de irnos...
-Cárgame...
-No -dijo él frunciendo el ceño. Entonces ella molesta, puso las manos en jarra y justo al dar el primer paso hacia él, apoyó mal el pie y se tambaleó, logrando sostenerse del muro pero muy forzadamente -Vamos, Calabaza. Hay que descansar, mañana peleamos ¿si?
-Ok -dijo tranquilizándose, pero al volver intentar caminar fue cuando se dio cuenta de que en verdad estaba muy ebria, ya que volvió a tambalearse pero esta vez no tuvo de donde sostenerse por lo que se fue de lado y cayó contra el piso, quedándose tirada en el camino de piedra hacia la calle.
-Por Merlín, Ginny. Voy a tener que internarte en Alcohólicos Anónimos -se acercó hasta ella y la levantó. Y aunque la idea inicial era que cada quien se fuera a su respectivo hogar, él la tomó con fuerza de la cintura y se fue directo al departamento de Ginny. Se quedó ahí un rato más, mientras a ella se le iba pasando el estado de ebriedad, platicando de todo y de nada al mismo tiempo, cuando de pronto entró por la ventana una nutria de luz, el patronus de Hermione, avisando con voz preocupada:
"Harry ¿dónde estás? Hubo un ataque a Grimmauld Place, todo está deshecho. Ven cuanto antes."
Y entonces el patronus desapareció. Ginny y Harry se miraron contrariados, completamente llenos de consternación. Ginny se sintió muy lúcida de pronto, mientras Harry tomaba su chaqueta y se la colocaba.
-Voy contigo -le dijo ella casi sin pensarlo
-No, quédate aquí.
Y sin decir nada más, simplemente desapareció.
¿Qué opinan?
ESCRIBAN o les mando un crucio (jajaja no, no soy tan malvada).
