¡Perdón por la tardanza! Pero entre la escuela, el trabajo, y la vida en general, no había tenido mucho tiempo para dedicárselo a este escrito…

Espero que les guste este capítulo, y ahora si prometo ponerme a trabajar en el siguiente para publicarlo con menor demora.

Como "nota" o como se le llame, debo decirles que no soy muy buena describiendo ropa o vestimenta… así que si se quieren dar una idea mejor de lo que trae puesto Rei y que se menciona en este capítulo, busquen kendogi y hakama en Google :P

Muchas gracias por los reviews que me han dejado, espero que para este capítulo también tengan comentarios, se los agradecería mucho

Lazos.

Minako se sumergió en el agua caliente con olor a lavanda y dejó escapar un largo y profundo suspiro. Después de su pequeña aventura en Marte, nada le parecía mejor que un baño para relajar sus músculos. Cerró los ojos y aspiró profundamente el aroma que inundaba el cuarto de baño, no pudo evitar sonreír al recordar a la heredera del trono de Marte. Le resultaba una persona por demás interesante, agradable con todo y sus "peculiaridades". Artemis había pasado la semana previa al viaje a Marte, instruyéndola de manera incesante acerca de lo que debía y no debía hacer estando en presencia de los habitantes de Marte. En resumen, Minako había entendido una sola cosa: comportarse como era habitual en ella estaba terminantemente prohibido. No podía mostrarse amigable al primer momento, no debía hacer bromas innecesarias para relajar el ambiente, el contacto físico con un habitante de Marte que se conoce por primera vez estaba más que prohibido, y por supuesto llamarle "Mars" a Rei sin pedir autorización, había sido una desobediencia flagrante a las reglas establecidas por Artemis. Tampoco es que Minako se arrepintiera. Su intención era integrar a Rei lo más rápido posible al grupo, y si para ello tenía que forzar un poco las cosas, lo haría. Estaba segura de que no sería una tarea fácil, incluso que representaría un reto mayor que el que había sido Ami en su momento. Con la chica originaria de Mercurio sólo tuvo que romper ese halo de timidez que la separaba del resto, una labor que resultó complicada al principio, sobre todo porque la chica se pasaba más tiempo conviviendo con los libros que con las personas, algo que Minako consideraba alarmante. No es que creyera que la lectura era una pérdida de tiempo, como alguna vez se lo había reprochado Ami, sino que no consideraba sano aislarse del resto del mundo para perderse en un océano de páginas que tarde o temprano terminarían por devorar a cualquiera, incluso a alguien tan brillante como la mercuriana. Y es que esa chica era tan inteligente que Minako a veces tenía que esforzarse para no sentirse irremediablemente estúpida a su lado. Podía realizar cálculos numéricos tan complicados que Minako no podía más que observarla con la boca abierta y luego pedirle que le explicara cómo había llegado a ese resultado. Su memoria era admirable, y sus conocimientos en distintos temas tan vastos que Minako se sorprendía cada vez que Ami salía con alguna explicación acerca de casi cualquier fenómeno, acontecimiento histórico o adelanto tecnológico que se le presentara. Ami tenía un constante deseo de aprender, y aquello resultó ser el mayor temor de Minako: ¿de qué manera podía captar la atención de una chica que parecía saber todo acerca de todo? La respuesta la tuvo una noche en que una breve reunión protocolaria con autoridades lunares derivó en una plática nocturna de las tres senshis y su princesa. Usagi estaba pletórica (como casi siempre) por una carta recibida por parte de su enamorado terrícola, Endymion, iba y venía de un lado para otro hablando de las maravillas del amor y la nobleza del ser amado con tanta vehemencia, que incluso Minako, viniendo de un planeta en donde el amor era la virtud más apreciada, estaba encontrando aquel despliegue un tanto vergonzoso. Makoto y ella no dejaban de sonreír, e incluso, de vez en cuando se permitían una que otra broma para bajar a Usagi de aquella nube de ensueño en la que se encontraba. Sin embargo, Ami estaba tan silenciosa como de costumbre. Se notaba fuera de lugar, y Minako, siempre atenta a los sentimientos de sus compañeras, decidió hacer algo al respecto.

"Nos da mucho gusto verla tan enamorada, milady." Le dijo Minako a Usagi en un tono de burla ligera que logró enfurruñar a la princesa de la Luna con gesto de niña enfadada.

"Cuando te enamores me comprenderás. ¡Siendo princesa de Venus me sorprende que no sepas lo que es el amor!"

Minako sonrió divertida.

"Por supuesto que sé lo que es el amor. Y también las hormonas."

Una risa ahogada de Makoto e incluso una leve curvatura en los labios de Ami, probó la osadía de aquel comentario. Minako conocía a Usagi desde que eran niñas y tenía una profunda amistad con ella, por lo que de vez en cuando solía permitirse ese tipo de cosas con la Princesa. Una Princesa, que haciendo gala en aquel momento de sus actitudes infantiles que tanto le reprochaba su madre, se le fue encima a Minako tirándole del cabello y dejándole bien claro que las hormonas no tenían nada que ver con aquello.

"No me malinterpretes Usagi, te entiendo." aclaró Minako, soltándose con dificultad de su captora. "Y repito, por supuesto que sé lo que es el amor. Hablando en serio, me da mucho gusto verte así… claro, siempre y cuando no te pongas demasiado melosa ¿cierto Ami?"

Ami abrió la boca y negó ligeramente con la cabeza, sin saber exactamente qué decir.

"No podría… opinar de algo que desconozco, nunca me he enamorado." Les dijo.

Minako sonrío para darle confianza.

"Esperemos que cuando te suceda no te conviertas en esto." Le dijo, señalando a Usagi, y en esta ocasión logró arrancar un par de carcajadas, seguidas de una persecución alrededor del jardín que afortunadamente para Minako no tuvo consecuencias graves.

A partir de aquel momento Ami se empezó a mostrar un poco más amigable y menos fría, algo que Minako catalogó como un logro. Se dio cuenta también de que entabló amistad con Makoto más fácilmente que con Usagi o ella. Suponía que se trataba de la naturaleza amigable y cálida de la joven de Júpiter, que al final había terminado de romper con esa timidez mercuriana. Ami simplemente necesitaba alguien en quien confiar y que no la forzara demasiado a mostrar una naturaleza extrovertida que no le correspondía.

Con esa experiencia, Minako sabía que Rei sería un reto. Si bien mostraba algunas similitudes con Ami, en otros aspectos era totalmente diferente. Rei era solitaria como Ami, pero no parecía estar buscando protección ni amistad. Su naturaleza desconfiada hacía que Minako se preguntara constantemente el origen de aquel recelo, y mientras que con Ami bastaba casi cualquier cosa para sonrojarla y sacarla de balance cuando de sentimientos se trataba, Rei era una máscara de frialdad en todo momento. Era muy difícil adivinar lo que se encontraba detrás de ese muro que la rodeaba.

Minako se movió un poco inquieta en la tina, pensando en la mejor manera de sacar a la verdadera Rei de su caparazón, pero casi enseguida sonrío. Había algo verdaderamente enigmático en esa muchacha, algo que había atrapado a Minako desde el primer momento, y que se reflejaba en los ojos oscuros de Rei que brillaban con una intensidad inquietante.

Rei observó su reflejo en la superficie del agua de la fuente, mientras escuchaba con atención el sonido del transparente líquido cayendo en infinitas gotas, algo que le resultó un tanto extraño, pues en Marte era impensable dar al agua un uso ornamental, siendo tan escasa.

"¡Lamento la tardanza!"

La voz de Minako sacó a Rei de su contemplación, y se dio media vuelta para encontrarse con la rubia heredera de Venus sonriéndole amigablemente, gesto que ella sólo atinó a corresponder con una leve inclinación de cabeza. Al observar el atuendo de Minako, de repente Rei sintió una especie de inadecuación por lo que llevaba puesto. La princesa venusina llevaba un vestido blanco, sencillo pero elegante, no tenía más que algunos adornos, una especie de cinturón dorado con joyas naranjas que lo ceñía a su cintura, y un par de prendedores con forma de flor que sostenían los tirantes del vestido. Además de eso, Minako sólo usaba un par de accesorios: un collar y una pulsera de oro. Ahora Rei entendía por qué los habitantes de Venus eran famosos por su belleza natural y aire seductor, y también por qué los marcianos tenían fama de bárbaros. Ella no le había dedicado un segundo pensamiento a su vestimenta, así que había terminado con el atuendo habitual que utilizaban en Marte cuando asistían a alguna reunión del Consejo Gubernamental: su kendogi y hakama. Parecía más bien que estaba a punto de ir a un entrenamiento en lugar de una reunión con la realeza planetaria. Sintió el impulso de regresar a su habitación y cambiarse de ropa, pero pronto recordó que ella no contaba con ningún vestido elegante, así que no le quedó más que resignarse. Incluso llevaba sandalias.

"¡Me encanta tu ropa!"

Rei sintió una mezcla de alivio y sorpresa al escuchar las palabras de Minako.

"Date prisa, tenemos menos de diez minutos para llegar al salón de reuniones."

Minako la apresuró hacia la salida, empujándola ligeramente por la espalda, y Rei estuvo a punto de echarle en cara que si estaban retrasadas era por su culpa.

"Espero que hayas dormido bien. Yo me quedé dormida en la tina y por eso me retrasé, ni siquiera pude comer algo…"

"Descansé lo suficiente."

Rei no quiso detallar demasiado sus actividades, aunque lo cierto era que no había dormido un solo minuto. Se había dado una ducha y enseguida se había dedicado a meditar, pero la realidad era que eso conseguía relajarla casi tanto como unas horas de sueño. Y respecto a ingerir alimentos, años de entrenamiento militar tenían sus ventajas, una de ellas era la resistencia al hambre.

Tras algunos minutos de recorrido, finalmente llegaron a un salón de mediana dimensión, donde ya se encontraban dos chicas que Rei supuso eran las princesas de Mercurio y Júpiter.

"Chicas, les presento a Rei, heredera al trono de Marte. Rei, ellas son Makoto de Jupiter y Ami de Mercurio."

Ambas chicas sonrieron amigablemente y le hicieron un saludo respetuoso, gesto que ella correspondió, una vez más, con una inclinación de cabeza, sin embargo, sonreír no estaba en la lista de sus habilidades, mucho menos si se trataba de recién conocidos. Minako, que venía detrás de ella, casi consiguió sobresaltarla cuando se acercó un poco y le susurró un "No estés tan tensa" en tono suave. Rei la observó pasar a su lado y sentarse en una de las sillas acomodadas alrededor de una mesa redonda color blanco, de un material parecido al mármol.

"Toma asiento Rei, sólo queda esperar a Usagi, deberá estar aquí en unos minutos. Después de todo estaba ansiosa por conocerte."

Rei obedeció y se sentó junto a Minako, quedando frente a Makoto y un poco más distanciada de Ami. Hubo unos segundos de silencio que fueron interrumpidos por la chica de Júpiter.

"¿Que tal el viaje de Marte a la Luna?" preguntó Makoto a Rei, en tono amigable.

"Sin contratiempos." Respondió Rei de manera austera, y Makoto esbozó una sonrisa incómoda cuando entendió que no obtendría los pormenores del viaje.

"Querrás decir sin contratiempos para ti." Intervino Minako "Algunos lobos salvajes casi me arrancan la cabeza, sin contar el hecho de que estuve a punto de caer en estado hipotérmico… Ami, esos trajes térmicos no sirven de mucho."

"¿Tan mal estuvo?" preguntó Ami, abriendo mucho los ojos en señal de sorpresa. "Pensé que tu visita había sido anunciada."

"Lo fue, pero llegó antes de lo planeado." Aclaró Rei, observando a la Princesa de Venus que todavía tenía en el rostro el recuerdo de sus malas experiencias. "El frío no era tan intenso, y los lobos nunca te hubieran atacado."

"Claro, creo recordar que quien se me fue encima fue alguien más."

Rei mantuvo su expresión, observó a Minako por un segundo y luego desvió la mirada sin el menor atisbo de remordimiento. Makoto y Ami fueron mudos testigos del intercambio, detectando cierta tensión en el ambiente. En aquel momento las puertas del salón se abrieron, dejando pasar a la reina Serenity, seguida de Usagi, Luna y Artemis. Las cuatro senshis se pusieron de pie en señal de respeto, y posteriormente una a una fueron saludadas por la comitiva.

"¡Así que tú eres Rei!" exclamó Usagi, cuando le tocó el turno de estar frente a la chica marciana. "Estaba ansiosa por conocerte, ¡en verdad!"

Rei parecía estar a punto de echarse hacia atrás como quien evade la estocada de un enemigo, sin embargo se mantuvo firme en su lugar con mirada incrédula y aspecto incómodo. Afortunadamente para ella, Usagi no tuvo el impulso de lanzársele en uno de sus ya conocidos y efusivos abrazos, quizá también Artemis le había hablado de la poca disposición para el contacto físico de los habitantes de Marte.

"Tendrás que disculpar el entusiasmo poco contenido de mi hija." Le dijo la Reina Serenity, con tono tranquilo y sonrisa afable. "Bienvenida a la Luna, espero que tu estancia aquí sea placentera."

Rei agradeció el respiro.

"Gracias su Majestad, desde el primer momento me han tratado muy bien."

"Me alegro. Espero que el viaje no te haya resultado agotador, ¿ninguna novedad, Minako?"

Rei observó a Minako, esperando que una vez más se quejara del salvajismo marciano, del clima y de sus habitantes.

"Nada fuera de lo normal, si consideramos que es Marte."

"¿A qué te refieres?" preguntó Rei, alzando la voz un poco más de lo que hubiera querido. Entendía que alguien originario de Venus no se sintiera cómodo con su manera de comportarse, pero también estaba teniendo suficiente de la forma en que Minako se empeñaba en enfatizarlo.

"Seguramente habrá sido un intercambio interesante para ambas." Interrumpió Serenity. "Minako, espero que hayas conocido a Ares."

Minako asintió, recordando enseguida la impresión que se había llevado con aquel hombre. De pronto el incidente de los lobos y el ataque de Rei le parecieron insignificantes.

"Sí… no tuvimos oportunidad de platicar demasiado, pero sé que su pueblo lo considera un hombre honorable."

Esta vez le dirigió una mirada a Rei, que si bien en su semblante no reflejaba ningún sentimiento, al menos pareció que la furia que se había adivinado en el tono de su voz segundos antes, se había apaciguado.

"Honorable, así es. Un reflejo de su pueblo." Concluyó Serenity, observando una vez más a Rei, que por primera vez desde que estaba en la Luna, esbozó una sonrisa tímida.

"He leído mucho acerca de la cultura en otros planetas, sé que en Marte rinden especial culto a la guerra." Intervino Ami.

"Cuando lo dices así podría malinterpretarse, no es que nos agrade la Guerra." Respondió Rei "Somos un pueblo que ha tenido que defenderse continuamente, así que hemos aprendido a dominarla."

"Es precisamente eso lo que me resulta interesante Rei." Le dijo Serenity. "Creo que podríamos aprovechar tus conocimientos en el campo de batalla para complementar el entrenamiento que van a recibir. Todas tienen algo que aportar, estoy segura de que podemos hacer de ustedes un gran grupo."

Rei asintió. Su padre ya le había hablado acerca de lo que encontraría en el Reino Lunar. Desde que era pequeña, tenía esa extraña sensación de que su destino estaba escrito de manera irrevocable, como lo estaban esos símbolos milenarios en las piedras de las cuevas de los desiertos marcianos. Había crecido con el constante recordatorio de que tarde o temprano se convertiría en una senshi, protectora fiel de la Princesa de la Luna, dispuesta a morir en el cumplimiento de su deber. No es que se sintiera infeliz con ese rol. Respetaba al pueblo lunar, sabía que en innumerables ocasiones habían sido aliados en batallas, y que esa camaradería se extendía incluso transformándose en una sólida amistad entre su padre y la Reina Serenity. No tenía razones para dudar acerca de la tarea que le había sido encomendada.

"Rei, permíteme presentarte a Luna y Artemis. Serán sus instructores personales."

Luna y Artemis hicieron una ligera inclinación de cabeza a manera de saludo. Eran un hombre y una mujer de mediana edad, o al menos eso era lo que aparentaban, siendo los habitantes de la Luna los de mayor longevidad en el Sistema Solar, bien podían tener algunos cientos de años. Sus ojos revelaban la sabiduría adquirida con los años.

"Hemos agendado una serie de actividades que conciernen a su entrenamiento, desde preparación física hasta cultural. El resto del tiempo que tengan libre pueden utilizarlo como deseen, siempre y cuando no incurran en conductas inapropiadas." Les dijo Artemis.

Rei encogió un poco los ojos, quizá preguntándose qué tipo de conductas serían consideradas inapropiadas. Ella había tenido una formación militar prácticamente desde su infancia, así que suponía que no tenía de que preocuparse en ese aspecto. Sin embargo, no estaba tan segura de las demás chicas, sobre todo de Venus, que en ese momento se mordía el labio de manera aprehensiva y parpadeaba más rápido de lo normal, seguramente haciendo un recuento de todas las actividades a las que tendría que renunciar.

"No pueden abandonar territorio lunar sin previa autorización, pero no se preocupen, no es como si fueran prisioneras. Solo queremos asegurarnos de que no abandonarán su puesto en algún momento en el que su presencia sea indispensable en este lugar."

Rei sólo podía imaginar que "presencia indispensable" significaba momentos de Guerra. Esperaba no tener que enfrentarse a eso, al menos no todavía.

"Muy bien chicas. Me gustaría quedarme más tiempo con ustedes, pero tengo que asistir a algunas reuniones diplomáticas, así que tendré que dejarlas en compañía de Luna y Artemis para que les detallen su agenda semanal. Cuando terminen pueden ir a comer algo o dar un paseo por los jardines, lo que gusten. Recuerden que están en su nuevo hogar."

La Reina se levantó, se despidió de cada una de ellas, y después salió de la sala con aire elegante. Lo que siguió fue la descripción de cada una de las actividades que estarían realizando durante los primeros meses. De pronto Rei empezó a preguntarse en donde cabía ese tiempo libre del que les habían hablado, en medio de la avalancha de entrenamientos, clases, y reuniones que tenían planeadas para el grupo.

"El resto del día de hoy y los siguientes dos días los tendrán libres." Comentó Artemis, acomodándose la manga izquierda de la chaqueta de color blanco que llevaba puesta. "Creímos conveniente que se conocieran mejor entre ustedes, por lo que estos días pueden dedicarlos a reunirse en algún lugar, con las debidas precauciones por supuesto."

Para Rei no pasó desapercibido el hecho de que Artemis observó de soslayo a Minako, y que ella, quizá deliberadamente, ignoró el gesto.

"Supongo que eso implica que no podemos salir del Palacio Lunar sin autorización. Sobre todo por los rumores que ha habido últimamente." Dijo Ami.

La mirada de Rei, que hasta ese momento había estado dirigida a Artemis, se desvió rápidamente hacia la chica de Mercurio… ¿Rumores?.

"Tú lo has dicho Ami, son sólo rumores." Dijo Luna en tono tranquilizador. "Sin embargo… preferiríamos que permanecieran en el interior del Palacio."

El comentario inquietó a todos en la mesa, sin embargo, Rei no estaba captando del todo lo que sucedía.

"Puedo preguntar… ¿a qué tipo de rumores se refiere Ami?" inquirió finalmente Rei.

A su lado, Minako suspiró, y mirando fijamente al frente comenzó a hablar.

"Hace aproximadamente una semana, llegó a nosotros información acerca de una conspiración… un ataque que se está gestando en contra del pueblo Lunar. Fue una simple carta que no sabemos quién escribió o de donde viene, y por supuesto tampoco tenemos ninguna prueba de que eso sea cierto. Todo ha estado en orden, y además de esa carta, no tenemos ninguna otra razón que nos haga sospechar."

"Sin embargo no podemos tomar nada a la ligera." Intervino Artemis, y Rei estaba de acuerdo.

"Lo que están haciendo en este momento es arruinar la celebración de bienvenida de Rei."

Rei dirigió su mirada hacia Usagi, que acababa de pronunciar tales palabras.

"¿Celebración?" preguntó, honestamente confundida.

"Por supuesto. ¿Cómo quieres que celebremos tu llegada?"

Rei pasó saliva con dificultad e intentó que nadie notara que quería salir corriendo de ese lugar. Si bien en Marte (como en la mayoría de los planetas) acostumbraban tener diversas festividades para celebrar un sinnúmero de acontecimientos, personalmente a ella no le gustaba participar. Hacer acto de presencia en alguna ceremonia festiva era más bien un asunto de protocolo para ella, para no decir que era obligada por su padre a asistir. Por lo tanto, el hecho de saber que celebrarían algo específicamente en su honor, era poco menos que una locura, desde su punto de vista.

"Yo… estoy cansada." Fue lo único que se le ocurrió decir esperando que funcionara como un pretexto, algo que Usagi decidió ignorar categóricamente.

"¡Yo me encargo de organizar todo!" le dijo la joven Princesa, observándola con ojos brillantes y una sonrisa deslumbrante.

Rei se acomodó en la silla y sin saber exactamente por qué, observó a Minako, que le sonrió de manera sincera (o al menos así le pareció).

"Tal vez Rei necesite descansar primero." Le dijo Minako a Usagi, ocasionando que el entusiasmo se extinguiera poco a poco en el rostro de la Heredera de la Luna. "Personalmente, a mi me gustaría comer algo ahora y dormir después."

"¿Otra vez?"

Aunque Rei no tenía la intención de sonar graciosa, su pregunta ocasionó las carcajadas del resto de los presentes, y entonces Minako frunció el ceño y se dirigió a Rei de manera resentida.

"Tuve que viajar durante horas hacia Marte y luego de regreso, no he comido nada desde hace más de veinticuatro horas, además permíteme mencionar el golpe 'no intencional' que recibí en la cabeza, el frío que tuve que soportar, los lobos que-"

"Entendido." La interrumpió Rei. "Definitivamente los habitantes de Venus son bastante delicados."

"No generalices Rei." Intervino Artemis. "Tal vez sólo es Mina."

Una vez más, y para descontento de Minako, las risas se dejaron escuchar por todo el salón. Incluso Rei se permitió sonreír, observando cómo, la que sería su futura líder, encogía los ojos en señal de disgusto.

"Supongo que tendremos que dejar la celebración para después." Dijo Ami, y Rei suspiró aliviada.

Artemis asintió y se puso de pie, diciendo algo acerca de que podían decidir lo que quisieran pero él tenía que retirarse porque tenía otras actividades que atender. Luna también se despidió y siguió a Artemis hacia la salida. Cuando ambos desaparecieron detrás de la puerta, Minako se puso de pie.

"En vista de que hemos decidido posponer la celebración de bienvenida de Rei, creo que sería justo al menos llevarla a comer algo."

Rei decidió no oponerse, después de todo ya se consideraba afortunada por haberse escapado de la celebración de bienvenida, y siendo sincera, tenía algo de hambre.

Caminaron por una serie de pasillos que a Rei le parecieron infinitos, ¿qué tan grande era el Palacio Lunar? Quizá era sólo el hecho de tener apenas unas cuantas horas en ese lugar, pero le daba la impresión de que se podía perder fácilmente entre los recovecos del Palacio que bien podían ser un laberinto. En su camino se encontró con sirvientes del Palacio, soldados y otras personas de las que no pudo descifrar una función específica. Todos les dirigían miradas curiosas, y a Rei, que no le gustaba ser el centro de atención, eso la puso un poco nerviosa. Ami parecía haberse acostumbrado a ese tipo de atención, quizá porque llevaba más tiempo en aquel lugar o porque simplemente no le resultaba incómodo ser observada, el hecho era que las miradas que se posaban sobre ella parecían pasar desapercibidas para la chica de Mercurio. Makoto caminaba con seguridad y le sonreía amigablemente a la mayor cantidad de personas que le era posible, quizá esa era la razón por la que los habitantes de Jupiter tenían fama de ser amigables y joviales. Usagi, que iba el frente y junto a Minako, y en su papel de Princesa de la Luna, casi no observaba a nadie por estar absorta en una conversación con Minako, que también parecía ser ajena a las miradas que le dirigían, miradas que denotaban algo entre respeto y admiración. Rei no pudo pasar por alto el hecho de que era Minako quien más miradas atraía por parte de los hombres, incluso pudo observar a un par de jóvenes sirvientes que tropezaron con sus propios pies al verla pasar, lo que hizo que pusiera los ojos en blanco. Los soldados, que se encontraban en algún puesto de guardia e imposibilitados para moverse de ese lugar, se mantenían inmóviles, pero sus ojos los delataban. Cuando Rei interceptó la mirada de uno de ellos que había sido particularmente indiscreto (o al menos lo suficientemente indiscreto como para que sólo Rei lo notara), el hombre la observó directo a los ojos por una fracción de segundo, tan sólo para apartarla bruscamente y fijarla en un punto indeterminado del vacío, tratando de aparentar con poco éxito que nada raro había sucedido, pero sonrojándose intensamente indicando lo contrario.

Rei sonrió burlonamente y negó con la cabeza.

"He escuchado que algunos habitantes de Marte tienen el don de la clarividencia."

Ami se había colocado a un lado de Rei para iniciar una conversación.

"Algunos, sí."

"¿Es hereditario?"

"No lo creo. Quizá es aleatorio."

"¿Tienen estudios que lo comprueben?"

Rei alzó las cejas y se rascó la cabeza, observó a Ami, abrió la boca para responder pero no pudo emitir ningún sonido.

"Me parece interesante que sean el único pueblo que presenta este tipo de habilidad. Como hipótesis, podría decir que ese don es algo que se encuentra únicamente en se genética, en su naturaleza."

La realidad es que a Rei nunca se le había ocurrido pensar en algo así, después de todo, si bien no era una habilidad común entre la gente de Marte, no era visto precisamente como una rareza.

"Sólo puedo decirte que al menos en mi caso, no es hereditario, mi madre no contaba con esa habilidad, y mi padre ciertamente no la tiene."

"¡Así que puedes ver el futuro!"

Lo dijo tan fuerte que atrajo la mirada de un grupo de personas, incluyendo al resto de las senshis. A Rei le dieron ganas de encogerse.

"¿Es verdad eso?" le preguntó Makoto, que se había detenido para acercarse a ella.

"Si… pero no es lo que ustedes imaginan-" intentó aclarar Rei, pero enseguida se vio interrumpida por Usagi.

"¿Me voy a casar con Endymion?"

"No lo sé…"

"¡Pero puedes ver el futuro!" intervino Makoto.

"Pero-"

"¿Por qué no lo habías dicho antes?" le preguntó Minako.

"¡Esperen!" exclamó Rei, y todas guardaron silencio. "Es verdad que tengo esa habilidad… pero no es tan precisa como ustedes creen, no puedo saber con exactitud cuándo, dónde, y de qué manera ocurrirán las cosas… no funciona así…"

"Vas a tener que explicar eso a detalle…"

Minako la tomó de un brazo y la condujo (por no decir que la arrastró) hasta uno de los comedores del Palacio, uno que se encontraba en un salón amplio y con vista a uno de los jardines. Dio algunas instrucciones a un par de mujeres que se encontraban ahí, que aparecieron minutos después con algunas charolas y jarras de plata conteniendo alimentos y bebidas.

Para entonces todas se hallaban sentadas alrededor de la mesa y observando a Rei con atención, que empezaba a preguntarse si la reunión de bienvenida no hubiera sido mejor que lo que se avecinaba.