¡Hola!

Hoy no me voy a extender mucho con mis comentarios, como siempre, agradezco sus reviews y consejos acerca de cómo escribir esta historia, en los próximos días (mejor dicho, capítulos) las cosas van a empezar a "moverse" un poco más :P

Así que, los dejo con este capítulo y espero que les agrade

¡Que estén muy bien!


Sonrisas.

Una vez que estuvo en su habitación, Rei se lanzó a la cama y suspiró profundamente para dejar escapar su frustración. ¿Cómo era posible que su padre nunca le hubiera mencionado que Afrodita, la madre de Minako, era amiga de su madre? No sabía si sentirse decepcionada, furiosa, o simplemente resignada de no conocer ese tipo de detalles acerca de la vida de su madre. Ares siempre había sido exageradamente hermético cuando se trataba de su esposa, y Rei había aprendido a acostumbrarse a ese silencio. Ninguno de los dos hablaba demasiado acerca del tema, y las conversaciones acerca de su madre eran prácticamente inexistentes. La única ocasión en la que Rei recordaba haber hablado por más de quince minutos de ella, había sido aquella en la que su padre le había entregado el pequeño dije que ahora era su objeto más preciado. Rei se llevó una mano a la cintura para verificar que la bolsa que contenía el dije seguía ahí, y se tranquilizó cuando sintió el pequeño bulto, sin embargo eso no contribuyó mucho a aliviar el malestar que sentía.

Tenía un montón de cosas en que pensar, y la mayoría de ellas no eran agradables: el ataque que acababa de presentarse, la muerte de su madre, su visión acerca del futuro, su relación con el resto de las senshis. En ese momento no sabía qué era lo que le angustiaba más, así que decidió no pensar demasiado, o tratar de enfocarse en situaciones menos complicadas… sólo que no se le pudo ocurrir alguna. Soltó una risa amarga, preguntándose qué le esperaría de ahora en adelante, y teniendo únicamente la seguridad de que no sería nada fácil. De pronto, se le vino a la mente la mirada que le había dirigido Minako después de decirle que su madre había sido amiga de la suya: compasión. Odiaba que la observaran de esa manera, porque significaba que la consideraban débil, y eso significaba que creían que necesitaba ayuda, lo que a su vez quería decir que dependía de alguien más para estar bien… en fin, en resumen, no le agradaba en absoluto. ¿Y por que tenía que ser precisamente la madre de Minako quien había tenido esa relación con su madre? De todas las que serían sus compañeras de batalla, justo la más ruidosa y exasperante sería la que conocería la realidad acerca de la muerte de su madre. ¿Podía confiar en ella para que no dijera nada? Ahora que lo pensaba bien, Minako no había dicho una sola palabra acerca del supuesto "desmayo" que había sufrido Rei en los pasillos del Palacio, así que eso la tranquilizaba un poco. Quizá podía confiar en ella y sólo estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, pero por el momento sólo quería dormir, así que cerró los ojos y en pocos minutos se quedó dormida.


Al día siguiente, se respiraba un ambiente mucho más tranquilo y libre de tensión en el Palacio y entre los habitantes de la Luna en general. Ami había decidido madrugar para desayunar y tener tiempo de darse una vuelta por la biblioteca antes de la reunión con Artemis, y en su camino decidió pasar al invernadero, encontrándose con que alguien más había decidido realizar actividades desde el amanecer.

El invernadero era un lugar que ocupaba un gran espacio, de una estructura alta pintada de blanco y con una cubierta exterior translúcida de vidrio que permitía el paso de la luz. Había alrededor de la estructura unas especies de pasillos que permitían dar un paseo a quien lo deseara, para poder observar de mejor manera las diferentes especies que ahí se cultivaban, desde una perspectiva más alta.

"La mayoría de la gente no se levanta tan temprano para venir al invernadero." Dijo Ami, mientras abría la puerta del lugar en donde se albergaban diferentes plantas provenientes de todos los rincones de la Galaxia.

"Por alguna razón, la mayoría de la gente considera a las plantas bastante aburridas." Respondió Makoto, regando una de las pequeñas plantas que había estado cuidando de manera religiosa durante las últimas tres semanas.

"Quizá porque son organismos bastante simples."

Makoto alzó las cejas, sin poder evitar sentirse un poco ofendida.

"¿Tú también Ami?"

"¿Yo también qué?"

"Consideras aburridas a las plantas."

"Bueno…" titubeó Ami "Tienes que aceptar que no hay demasiado que no se sepa acerca de algunas especies…"

Makoto encogió los ojos y se acercó a Ami, tomándola de la muñeca y tirando de ella hacia el fondo del pasillo.

"Déjame mostrarte algo."

Caminaron por uno de los pasillos, flanqueados de árboles y vegetación, que daban la impresión de estarse adentrando en una especie de selva. Finalmente llegaron a una especie de estante en donde los colores eran tantos que Ami tuvo que detenerse un poco a causa del asombro.

"Este es mi lugar favorito." Le dijo Makoto, extendiendo una mano y haciendo un gesto para señalar todo el estante, que aproximadamente medía unos cinco metros de largo y en donde se podían observar un sinnúmero de especies diferentes de flores. "Aquí al principio, tenemos estos que se llaman narcisos grand soleil, ¿no son hermosos?" le preguntó Makoto, extendiendo los brazos para tomar una pequeña vasija que contenía unas florecillas de seis pétalos redondeados de color amarillo y centro naranja. "Cuando los ves florecer así, es porque anuncian el final del invierno, estos amarillos son como el sol… Luego tenemos estas de acá…" continuó, dejando en su lugar a los narcisos amarillos y tomando otras flores de color lila. "Malvas silvestres… cuando les da la luz de sol parecen tener tonos plateados, son pequeñas y fáciles de cuidar, florecen a mediados de verano… si no tienes cuidado se pueden convertir en verdaderas plantas invasoras, pero aquí eso no va a suceder." Agregó Makoto, sonriendo y dejando la planta en su lugar. "¡Pero qué me dices de estas!" exclamó, corriendo a otro lugar, y Ami no pudo más que sonreír ante su emoción. "Orquídeas. Dicen que existen más de treinta mil especies de esta familia, ¡treinta mil! Podríamos llenar todos los jardines del Palacio con esa cantidad de especies, sin repetir una sola. Pero también tenemos la glandiflora, blanca y elegante…" continuó, señalando una flor de pétalos blancos y puntiagudos, rodeada por una corona de hojas verdes, que tan sólo conseguía resaltar su belleza.

Makoto continuó por varios minutos explicando la inmensa variedad de flores que se encontraban en el estante: rosas, orquídeas, tulipanes, lirios, amapolas… eran tantas que Ami no podía dejar de maravillarse con sus colores, aromas y formas tan variadas. De pronto entendió un poco mejor la pasión de Makoto: uno no podía aburrirse con tanta variedad de especies, con esa explosión de colores y formas que lo llenaba todo y daba la impresión de ser interminable. Imaginaba que Makoto sentía la misma emoción al entrar en un invernadero que la que ella percibía al entrar en una biblioteca, aunque la comparación le resultara simpática.

"Voy a regalarte esta." Le dijo Makoto, entregándole los narcisos grand soleil. "No necesitas regarla todos los días, bastará cada semana, déjala en un lugar donde reciba suficiente luz del sol."

Ami sonrió, agradeciendo el gesto de Makoto.

"Espero que ya no pienses que las flores y plantas son aburridas."

"¡Para nada!" exclamó Ami, acompañando a Makoto a la salida del invernadero y llevando felizmente entre sus manos las flores que acababa de recibir como regalo.

"Aún es temprano. ¿Has desayunado algo?" Le preguntó la chica de Júpiter.

"Todavía no. Pensaba ir a la biblioteca, pero supongo que tendré que posponerlo. No quiero llegar tarde a la reunión con Artemis."

"Hmm… me gustaría saber si Minako ya está despierta."

"¿Minako despierta a esta hora de la mañana? Eso es bastante improbable."

Makoto sonrió, divertida.

"Espero que no llegue tarde. Sería un mal ejemplo para Rei, que acaba de llegar."

"Dudo que Rei asuma esos malos ejemplos. No se ve precisamente como una persona en la que puedas influir fácilmente."

Makoto asintió y se quedó pensativa.

"¿No te parece que Rei es extremadamente seria?"

"¿Comparada con quién? ¿Con Minako? Cualquier persona comparada con Minako es seria."

"Estoy hablando en serio Ami."

"Tendremos que darle tiempo."

"¿Para qué?"

"Para que se adapte. No es fácil Makoto, no todos tenemos la misma capacidad de adaptación. Minako y Usagi pueden hacer amigos en tres minutos, tú en cinco, pero no tiene por qué ser igual en todos los casos."

Makoto se encogió de hombros, y ambas chicas dieron vuelta en uno de los pasillos que conducía al jardín principal del Palacio.

"Tal vez tengas razón… espero que no tarde demasiado, estoy ansiosa por comprobar eso que dicen acerca de las habilidades para el combate de los habitantes de Marte."

"¿Eso qué significa?" preguntó Ami, extrañada, mientras ambas caminaban por un corredor tapizado de flores color lila.

"¡Un duelo!" exclamó Makoto, alzando un puño en el aire.

"Mako-chan…"

"¿Si?"

"El entrenamiento no es un juego."

"Por supuesto que no… pero no tienes que tomarte todo tan en serio. Es un simple duelo de entrenamiento, nada de vida o muerte."

"Tienes que tomarte las cosas en serio, ¿o ya olvidaste lo que sucedió ayer? Pudo ser peor, afortunadamente nadie perdió la vida… ¿te imaginas lo que eso hubiera significado? Fue un ataque directo Makoto, estuve pensando toda la noche… no sabemos lo que nos espera."

La sonrisa de Makoto se tornó un poco sombría, pero el brillo en sus ojos verdes no disminuyó.

"Sé que es una situación grave Ami… sólo estoy diciendo que no tenemos por qué vivir angustiadas todo el tiempo."

Ami suspiró y durante unos segundos observó las flores que llevaba en las manos, tiempo que bastó para que no se diera cuenta de que una persona se aproximaba directo a ella, una persona que también iba distraída observando el suelo.

"¡Hey!" exclamó Makoto, y sostuvo a Ami para que esta no se fuera directo al suelo, con flores incluidas.

Rei, que hasta ese momento no se había percatado de su presencia, logró detenerse a tiempo y las observó un poco sorprendida.

"Lo siento…"

Makoto sonrió e hizo un gesto con la mano para restarle importancia al incidente.

"¿Despierta tan temprano?"

"Desde hace una hora en realidad." Respondió Rei, y luego observó a Ami, que todavía no salía del todo de la confusión y estaba observando las flores desde diferentes ángulos, como para comprobar que no habían perdido ni un solo pétalo. "Bonitas flores." Le dijo Rei.

"Son narcisos." Dijo Ami, contenta con el hecho de que estaban intactas.

"No me digas que has estado vagando durante la última hora por el Palacio." Agregó Makoto, continuando con su camino, mientras Ami y Rei la seguían.

"Quería conocer un poco el lugar…"

"Pues nosotras vamos a desayunar, ¿quieres acompañarnos?"

Rei asintió, y el trío se dirigió a la cocina. En el camino Makoto iba describiendo todos los lugares por los que pasaban, algo que Rei agradeció internamente. Ahora sabía que existían cinco salones importantes que eran utilizados para diversos propósitos, desde fiestas que involucraban a la realeza de toda la Galaxia, hasta consejos de políticos importantes o simples reuniones de protocolo.

"Tienes que memorizarlos." Le dijo Makoto. "Salón Real, Salón Azul, Salón del Consejo, Salón de Ceremonias y Salón Plateado. Eso es en orden de importancia, y de tamaño por supuesto. No es difícil distinguir uno de otro, quizá solo tendrás problemas con el Salón del Consejo y el Salón de Ceremonias, son casi iguales, sólo que el primero es más grande que el segundo. En el ala este del Palacio está casi todo lo que tiene que ver con los servicios del Palacio, la cocina, los cuartos de limpieza, los talleres, y las habitaciones de los empleados. Por supuesto no todos duermen aquí, sólo aquellos que tienen que supervisar actividades que se pueden requerir en cualquier momento del día, como las personas de la enfermería por ejemplo. En el ala oeste está todo lo que tiene que ver con el entrenamiento de los guardias, y del nuestro: campos de entrenamiento, cuartos de armas, dormitorios de los guardias del Palacio, la enfermería… aunque es casi como un hospital. Pregúntale a Ami, cuando no está en la biblioteca está en la enfermería ayudando a los médicos."

"¿Te gusta la medicina?" le preguntó Rei a la chica de cabello azulado, que al parecer se había sonrojado ligeramente.

"Me parece una ciencia bastante interesante."

"Los mejores médicos siempre han sido los mercurianos." Agregó Makoto, entrando finalmente a la cocina.

Ami volvió a sonrojarse, aunque esta vez de manera más intensa. A Rei le simpatizaba Ami. No hablaba demasiado, pero se notaba que era una chica inteligente y madura, y respecto a Makoto… no estaba muy segura. Podía compararla un poco con Minako: hablaba demasiado, pero al menos no era tan entrometida como la rubia, y hasta el momento no había dicho nada que la incomodara. Era alegre y parecía irradiar una especie de entusiasmo, de ese que lograba contagiar a los demás con tan sólo estar cerca de ella.

"¡Hola Motoki!" saludó Makoto.

Un muchacho asomó la cabeza por encima de un montón de vegetales crudos que estaban apilados sobre una mesa de madera, y les sonrió amigablemente. Finalmente habían llegado a la cocina.

"Buenos días." Les dijo. "¿Están aquí para desayunar verdad?"

"Correcto." Respondió Makoto. "¿Puedes darnos un poco de todo y llevarlo a la mesa de siempre?"

"A sus órdenes milady." Respondió, haciendo una reverencia exagerada.

"No intentes hacerte el gracioso, sabes que no me gusta que te dirijas a mí con tanta formalidad. ¡Por cierto!. No te he presentado a Mars Rei, llegó ayer."

Makoto hizo un gesto con la mano, señalando a Rei, y el muchacho hizo una inclinación para demostrar respeto, algo que Rei correspondió con una inclinación leve de la cabeza.

"Escuché los rumores." Les dijo Motoki.

"¿Rumores?" preguntó Ami.

"Sí. Todo el mundo sabía que la Princesa Minako acudiría a Marte por Rei. ¿Saben que incluso había apuestas de que no regresaría con vida?"

"¡Eso es horrible!" exclamó Ami.

Rei frunció el ceño, ¿acaso todo el mundo creía que la barbarie imperaba en Marte, y que andaban por ahí cortando cabezas de manera indiscriminada?

"Lo sé…" intervino Motoki "Yo aposté a que sólo regresaría con un brazo roto, ¡perdí una buena cantidad de plata!"

"Por todos los dioses Motoki…" le dijo Makoto, llevándose una mano a la frente y cerrando los ojos.

"Si lo que quieres es un brazo roto…" le dijo Rei, acercándose peligrosamente a Motoki y ocasionando que el muchacho abriera mucho los ojos, presa del miedo.

"¡No me malinterprete Princesa!" exclamó el muchacho. "Tengo algunos amigos en Marte… sé que no son unos salvajes, lo que sucede es que creí que Minako cometería alguna imprudencia que tarde o temprano la iba a meter en graves problemas."

Makoto soltó una carcajada, Ami sonrió, e incluso el enfado de Rei se desvaneció de inmediato para dar paso a la diversión.

"La verdad es que todos teníamos el mismo temor." Les dijo Makoto. "Bien Motoki… estaremos esperando el desayuno."

Makoto se dirigió al fondo de la cocina, con Rei y Ami detrás de ella. Atravesaron una puerta y llegaron a un pasillo más o menos largo, doblaron a la izquierda y llegaron a otra puerta.

"Está prohibido revelar este secreto." Le dijo Makoto a Rei, guiñándole un ojo y abriendo la puerta de par en par y revelando un balcón que tenía una vista impresionante. La ciudad capital de la Luna se extendía debajo de ellas, con sus torres, casas y comercios brillando con la luz del sol, con sus ríos de gente yendo y viniendo de un lado a otro, con sus carruajes tirados por caballos blancos, con sus fuentes en las intersecciones de las calles de baldosas blancas, y más allá con sus campos de cultivos y planicies.

"Vaya…" susurró Rei.

"Eso mismo pensé yo la primera vez que lo vi." Le dijo Makoto. "Sólo nosotras, Usagi y Minako conocemos este lugar. Y Motoki por supuesto, porque es el que tiene que traernos la comida. Siéntate."

En uno de los extremos se encontraba una mesa redonda y mediana, de aspecto simple y con cinco sillas alrededor. No había nada más.

"Los comedores en la Luna suelen ser bastante fastuosos, y los salones demasiado grandes… no sé tú, pero yo me siento empequeñecida comiendo en un lugar tan enorme y frío. Aquí tenemos una vista espectacular y sobre todo paz."

Rei asintió.

"Creo que tendré que estar de acuerdo." Les dijo.

Ami dejó las flores que había estado cargando todo el tiempo en el centro de la mesa, depositándolas con tanto cuidado que Rei no pudo más que observarla con un poco de diversión.

"En verdad Rei, estábamos un poco inquietas de lo que pudiera sucederle a Minako en ese viaje a Marte." Le dijo Makoto, sentándose frente a ella. "Y no precisamente por los habitantes de Marte. No puedo pensar en dos planetas que sean más diferentes en todos los aspectos, y sobre todo si hablamos de sus habitantes."

"No somos unos bárbaros." Les dijo Rei.

"Lo sabemos. ¡Pero Minako puede ser tan imprudente algunas veces! Artemis le tuvo que repetir en múltiples ocasiones lo que no tenía que hacer estando en presencia de Ares."

"La verdad es que no hizo nada fuera de lo normal. Claro que parece que todas esas indicaciones las olvidó tan pronto como llegamos a la Luna."

En ese momento Motoki entró con una charola cargada de alimentos: panecillos, frutas, leche y jugos.

"Todo suyo. Si la Princesa Usagi se aparece por aquí, tendré que traerles otra igual. ¡Que lo disfruten!" Acto seguido, Motoki se fue por donde había llegado.

"Supongo que tendrás que acostumbrarte." Le dijo Makoto a Rei, tomando un panecillo que parecía recién horneado. "¿Puedo preguntarte algo?"

Rei tomó uno de los panecillos y asintió, observando a Makoto con un poco de cautela. Al menos estaba pidiendo permiso para preguntar, no como otras personas llamadas Usagi y Minako.

"Todo el mundo conoce ese rumor… leyenda, o lo que sea, de la rivalidad que existe entre los pueblos de Marte y Venus, ¿qué tanto hay de cierto en eso?"

"Sé que hace varios cientos de años ambos planetas se vieron envueltos en una lucha bastante sangrienta." Observó Rei, saboreando el panecillo. Estaba delicioso. "Pero eso fue hace mucho tiempo, es parte de la historia de Marte como lo debe ser de Venus. No veo la razón por la que tendría que repetirse, además en la actualidad se mantienen muy buenas relaciones, diplomáticamente hablando."

"¡Pues espero que esas buenas relaciones se extiendan a Minako y a ti!"

Sin poderlo evitar, Rei sonrió de manera un tanto burlona.

"No podría prometerte nada… Minako es tan…"

"¿Tan qué? ¿Y qué es lo que no puedes prometer?"

Rei cerró los ojos al escuchar la voz de Minako, que casualmente acababa de llegar y había escuchado sólo una parte de toda la conversación.

"No se me puede ocurrir alguna palabra en este momento para describirte." Le dijo Rei, y estaba siendo sincera.

"Encantadora, hermosa, inteligente, valiente… tengo otras opciones…" respondió Minako, tomando un vaso con jugo de la mesa.

"Modesta sobre todo…" murmuró Rei, ante las miradas divertidas de Makoto y Ami.

"Insisto, ¿qué es lo que no puedes prometer Rei?" preguntó nuevamente Minako.

Al parecer ni Ami ni Makoto querían entrar en conflicto, así que no hicieron nada para sacar del predicamento a Rei.

"¿No están deliciosos estos panecillos?" preguntó Rei a nadie en particular, ansiosa por cambiar de tema aunque fuera de manera poco sutil.

"¡Mars Rei! Contesta mi pregunta ahora."

A Rei le dieron ganas de reír al observar el gesto de Minako. No le gustaba aceptarlo, pero en ese momento estaba disfrutando molestarla, sabiendo que tenía el control de la situación.

"¿Qué tanto conoces la historia de tu planeta Minako?" le preguntó Rei.

Minako frunció un poco el ceño, confundida.

"¿A qué viene esa pregunta?"

"Supongo que no debe ser un secreto para ti el hecho de que nuestros planetas no siempre han sido grandes aliados."

Minako volvió a poner cara de confusión.

"Lo sé." Le dijo, con tono de estar escuchando algo obvio. "¿Y? Sigo sin saber qué es lo que no puedes prometer."

Rei tuvo que reprimirse para no poner los ojos en blanco, dándose cuenta de que Minako no estaba ayudando demasiado.

"A menos que… ¿No estarás pensando que eso puede influir en nuestro trabajo en equipo verdad?" le dijo Minako, con un tono que sonaba peligrosamente indignado.

"Yo no dije eso… sólo dije que no podía prometer que nuestra relación fuera tan buena como lo ha sido la de los gobiernos de nuestros planetas durante los últimos años." argumentó Rei.

Ami observó a Minako y a Rei, y luego dirigió su mirada hacia Makoto, que no sabía con exactitud si aquel intercambio era algo divertido o peligroso, y que tan sólo se encogió de hombros sin saber qué hacer.

"¡Sólo eso me faltaba!" exclamó Minako, alzando los brazos en el aire, y luego los bajó, señalando a Rei con el dedo índice de su mano derecha. "Déjame dejar algo claro Rei: no me importa lo que haya sucedido hace cientos de años entre Venus y Marte, ¿a ti si?"

Rei negó con la cabeza. La realidad era que tampoco le importaba, ella sólo creía que el pasado era una herramienta para no cometer los mismos errores en el presente, pero no podía dejar de pensar en que algunas cosas simplemente no podían cambiarse.

"Entonces no veo cuál puede ser el problema." Concluyó Minako con aire satisfecho y acercándose a Rei, sentándose junto a ella, pasando un brazo por encima de sus hombros y extendiendo el otro para saludarla, en un gesto de camaradería. "Podemos ser amigas." Le dijo, aunque a Rei le hubiera agradado más que lo hubiera preguntado antes de afirmarlo.

La chica de Marte observó la mano de Minako, pero no se pudo obligar a estrecharla.

"Precisamente eso es lo que no puedo prometer."

Lejos de sentirse totalmente rechazada, Minako bajó el brazo y observó a Rei encogiendo ligeramente los ojos. Ya sabía que no sería tan sencillo. Se acomodó en la silla con los brazos cruzados y luego tomó un panecillo.

Ami y Makoto observaron a Minako, convencidas de que su líder no se daría por vencida tan fácilmente, sabían que Minako podía tener varios defectos, pero entre ellos no estaba el conformismo.

"Pues yo sí te lo prometo." Concluyó Minako, sonriendo y observando el paisaje que se extendía ante sus ojos.

Rei tan sólo la observó, pero al contrario de lo que hubiera creído, aquel comentario no le incomodó.