No sabía si poner la nota al final o al principio, ¡pero qué importa! :P
Aquí les dejo este capítulo, espero que lo disfruten, y como siempre, agradezco sus reviews y que sigan esta historia, después de todo no tendría razón de ser si nadie la leyera jeje.
¡Gracias!
Poderes
Minako había estado tratando en las últimas horas de no pensar demasiado en el ataque que habían sufrido, pero en ese momento, cuando el rostro de Artemis denotaba preocupación, no pudo evitar sentirse un tanto derrotada.
"Supongo que está de más decirles el motivo de esta reunión, así que no voy a enredarme demasiado en explicaciones innecesarias." Les dijo Artemis, mientras estaban todas reunidas en el Salón Plateado. "No fuimos capaces de encontrar al responsable de la explosión de ayer, la seguridad en el Palacio se ha reforzado y por supuesto los planes que teníamos para su entrenamiento tendrán que ser modificados en los próximos días."
"¿En verdad no tienen la más mínima idea de quién pudo haber ocasionado el ataque?" preguntó Rei, mostrándose un tanto incrédula acerca de la situación.
"Creemos que no fue una persona… sino una especie de youma, un demonio. Así que obviamente esto tuvo que ser orquestado por un ente mucho más peligroso."
Como en un acto reflejo, todas se movieron inquietas en su lugar. Sería fácil entrar en pánico, pero Minako decidió animarlas un poco.
"Bueno, no vamos a dejar que eso nos desanime, después de todo sabíamos que lo tendríamos que enfrentar tarde o temprano, así que Artemis, ¿qué es lo que vamos a hacer ahora?"
Al contrario de lo que Minako hubiera deseado, Artemis no sonrió.
"Escuchen chicas… son jóvenes y pueden ver esto como una aventura, pero no es un juego. Estamos hablando de situaciones de vida o muerte, puede sonar drástico, pero necesito que lo entiendan. El futuro de toda la galaxia puede estar sobre sus hombros."
Aquello fue como un balde de agua fría. Minako dejó de sonreír y observó al resto de sus compañeras. No había querido aceptar del todo la gravedad de la situación, pero sabía que Artemis tenía razón, ¿cómo podía asimilar una responsabilidad tan grande cuando apenas hace unos días lo más importante que tenía que hacer era sólo levantarse temprano para asistir a alguna reunión, o a una simple clase de estrategias militares? Ahora, de un momento a otro, le decían que miles de vidas dependían de ella. Mina observó una a una las reacciones de sus compañeras, que parecían estar pensando lo mismo. Ami lucía más seria que de costumbre, como cuando tenía enfrente uno de esos problemas matemáticos difíciles de resolver, mientras Makoto se veía preocupada pero sin que el brillo de sus ojos verdes se extinguiera, y Rei con ese gesto de determinación y fortaleza que parecía nunca abandonarla. Minako sonrió, porque supo que ninguna se daría por vencida tan fácilmente. Podía confiar en ellas.
"Creo que lo entendemos Artemis."
Por primera vez Artemis esbozó una ligera sonrisa, y asintió con la cabeza.
"Lo primero que necesitamos es que aprendan a controlar el poder que tiene cada una de ustedes, así que me gustaría saber qué experiencia tienen en eso… sé que todas han tenido cierto entrenamiento, siendo las herederas de cada uno de sus planetas, pero en algunos casos puede estar poco controlado, o incluso no desarrollado totalmente, así que vamos a empezar por ahí. Acompáñenme."
Artemis se levantó y salió del salón, con el resto de las chicas detrás de él. Sólo habían pasado un par de minutos cuando Minako entendió que se dirigían al ala oeste del Palacio, en donde se encontraban los campos de entrenamiento. Era temprano pero se veía bastante actividad, varios guardias hacían algún tipo de actividad física, o combatían a manera de entrenamiento. Artemis las condujo a un lugar a campo abierto que estaba vacío, rodeado de columnas blancas acomodadas en círculo. Minako sabía que ciertos espacios estaban reservados para ellas, después de todo, las Princesas y Herederas no podían compartir el mismo espacio que el resto de los guardias, pues su entrenamiento era mucho más especializado.
"Bien. Creo que este es un buen lugar."
Todas observaron que estaba completamente vacío, así que le dieron la razón a Artemis.
"Makoto, ¿te importaría ser la primera?"
La chica de Júpiter se mostró un poco sorprendida, pero enseguida sonrió y se llevó una mano a la nuca.
"Supongo que no… aunque no sé ni siquiera qué es lo que tengo que hacer."
Artemis sonrió de manera discreta, acercándose a ella y colocando una mano sobre el hombro de Makoto.
"Sólo necesito que me muestres un poco de tu habilidad. Quiero saber qué tanto puedes controlarla." Le dijo, alejándose de ella y haciendo un gesto con la mano a manera de imitación.
Makoto asintió, cerró los ojos y pasaron varios segundos, tras los cuales, el resto de los presentes empezaron a observarse unos a otros, un tanto confundidos.
"Makoto…" murmuró Artemis.
"Sólo un segundo más…" le dijo la chica de Júpiter, sin abrir los ojos.
Artemis se aclaró la garganta y se cruzó de brazos, dando pequeños golpes en el piso con el pie izquierdo, en señal de impaciencia. Minako se estaba mordiendo ligeramente el labio inferior y observaba a la heredera de Júpiter, esperando que ésta no se avergonzara a sí misma, pero de repente, la chica abrió los ojos, levantó las manos, se escuchó un trueno y todas volvieron la vista al cielo, imaginando que el clima les jugaría una mala pasada, después de todo apenas unos minutos atrás el día estaba completamente soleado. Pero lo que sucedió fue que un relámpago descendió directo a Makoto, y luego, justo un segundo antes de que Minako soltara un grito, la luz se dirigió a una de las columnas y literalmente, la hizo pedazos. Todas, incluso Rei que solía ser la menos expresiva, se quedaron con la boca abierta. Sin embargo, Artemis estaba observando el montón de piedras humeantes con un gesto que parecía gritar 'Esto es un desastre'.
"Creo que eso fue un poco excesivo." Le dijo el hombre que las estaría entrenando en los próximos días.
"Lo siento…" se disculpó Makoto, sonrojándose intensamente "Lo había hecho antes pero… bueno, eso es lo que puedo hacer… más o menos."
"Bien…" le dijo Artemis "Podrías sólo… esta vez, hacer algo un poco menos… ¿explosivo?"
"Claro, claro…" se apresuró a decir Makoto, y a Minako le dio la impresión de que estaba un poco ansiosa.
La chica de cabello castaño cerró nuevamente los ojos verdes, y esta vez, Minako se encogió un poco, esperando que no le cayera un rayo encima. Después de unos segundos, una ligera lluvia comenzó a caer sobre sus cabezas.
"¿Así está mejor?" les preguntó Makoto, abriendo los ojos y esperando su aprobación.
"¿Puedes controlar el clima?" le preguntó Ami, sorprendida.
"No precisamente… si hay una tormenta que se originó de manera natural… no puedo detenerla, pero sí puedo hacer que varíen ligeramente las condiciones climáticas alrededor de mí… por supuesto no puedo hacer que cambie el clima entero de un planeta, o incluso una ciudad."
"Ahora, ¿puedes hacer que se detenga?" le preguntó Artemis, y Minako lo agradeció porque de repente la lluvia empezaba a arreciar.
"Sí…"
Sin embargo no se detuvo, sino que pareció intensificarse, y entonces, dos minutos después todas estaban completamente empapadas observando a Makoto que parecía estar cada vez más avergonzada e incapaz de hacer que la lluvia cesara. Tras varios minutos en los que Makoto iba de la frustración a la vergüenza, finalmente la lluvia paró, dejando un saldo de cinco personas completamente empapadas.
"Bien Makoto… creo que tendrás que aprender a controlar eso un poco mejor." Le dijo Artemis, sacudiéndose el cabello. "Tienes demasiada fuerza."
Makoto asintió, y a Minako le pareció simpática la manera en que su compañera no dejaba de sonrojarse, era un poco contradictorio que alguien tan fuerte fuera tan delicado al mismo tiempo.
"Ami, tu turno… por favor no destruyas otra columna." Le dijo Artemis, un poco bromeando y otro poco hablando en serio.
"De acuerdo…"
Minako esperaba que Ami no tuviera los mismos problemas que Makoto, pero inconscientemente dio un pequeño paso hacia atrás cuando observó que la chica de cabello azul cerró los ojos, preparándose para hacer su demostración. Casi enseguida notó que la temperatura descendió, hecho que resultó poco agradable para ella y seguramente para el resto de los presentes, porque después del torrente de agua que Makoto les había regalado, el frío se sentía de manera más intensa. En la mano derecha de Ami empezó a notarse, de manera casi imperceptible, un pequeño destello de luz azulada, que pronto fue aumentando su tamaño y finalmente se desprendió de su dueña, comenzó a dar vueltas alrededor de ellas, dando origen a diminutos y numerosos copos de nieve que obstruyeron su visión a tal grado que no era posible ver más allá de un metro de distancia, para terminar desapareciendo y desvaneciéndose de manera rápida. Un poco más rápida de lo que todos hubieran esperado.
"Eso estuvo bien Ami… sólo que fue un poco breve, tendremos que trabajar en ello para que aprendas a prolongarlo, sería muy útil para confundir al enemigo, pero necesitamos que perdure más."
Ami asintió tímidamente, quizá sintiéndose decepcionada de no haberlo hecho mejor, así que Minako, que se encontraba detrás de Artemis, le sonrió y levantó un pulgar para darle ánimo, gesto que Ami correspondió con una sonrisa amplia.
"De acuerdo…" dijo Artemis, dirigiendo su mirada hacia Rei y Minako, y decidiendo que la primera sería la siguiente. "Adelante Rei."
Rei asintió, caminó un par de pasos, alejándose alrededor de dos metros de sus compañeras y de Artemis, se sentó sobre el pasto que aún estaba húmedo y como sus dos compañeras anteriores, cerró los ojos. Minako la observó cuidadosamente, el rostro de Rei estaba ligeramente contraído, se podía notar la concentración en sus facciones. De pronto Minako abrió mucho los ojos cuando se percató de que una pequeña llama apareció en la mano derecha de Rei, una llama que comenzó a aumentar de tamaño y a cambiar de forma, para convertirse en una flecha, que salió disparada hacia una de las columnas, pero que no causó ningún daño aparente, evidentemente porque Rei lo había querido así. Después, por si no estaba lo suficientemente asombrada con esa demostración, las llamas comenzaron a extenderse alrededor del cuerpo de Rei, aunque era más bien como si surgieran de ella. Minako, presa de la curiosidad, se acercó y se puso en cuclillas frente a la chica de Marte para observarla mejor.
"Nunca había visto esto… ¿no es doloroso?" le preguntó a Rei, que se mantuvo en silencio y negó con la cabeza. "¿Cuánto tiempo puedes permanecer así?"
"Horas." Le respondió Rei, aún sin abrir los ojos.
"Minako, no te acerques tanto…" le aconsejó Makoto.
"Creo que no es peligroso Makoto, no se siente como el fuego… es decir, se ve como fuego, pero no está tan caliente… creo que incluso podría tocarla..."
La verdad era que después de la lluvia y la nieve, sentir ese ligero y confortable calor que Rei desprendía era como llegar a casa después de un día húmedo, frío y lluvioso. Minako levantó una mano y la acercó al rostro de Rei. Estaba realmente sorprendida, y como le había dicho a Makoto, si eso fuera fuego de verdad, a esas alturas ya hubiera sufrido de serias quemaduras, así que lo único en lo que podía pensar era en que Rei era capaz de controlar el daño que causaría a través de su elemento, el fuego. Ahora se hallaba a escasos veinte centímetros del rostro de Rei, y podía observar con detalle la manera en la que Rei se concentraba, a través de la casi imperceptible contracción de los músculos de su cara.
"Minako, a pesar de todo te recomendaría que no te acercaras demasiado." le dijo Artemis.
Pero Minako, como solía suceder con frecuencia, ignoró toda recomendación y finalmente tocó el rostro de Rei apenas con la yema de sus dedos. Rei abrió los ojos rápidamente al percatarse del contacto, y cuando se dio cuenta de que Minako la observaba a escasos centímetros, y de que sus dedos se encontraban sobre su mejilla, su sobresalto fue tal, que algo pareció salirse de control, ella se echó hacia atrás alejándose de Minako, que por un par de segundos se vio envuelta en las llamas que se habían expandido de manera incontrolable. La rubia cerró los ojos y soltó un grito, más como una reacción instintiva que por estar sintiendo cualquier tipo de dolor. De inmediato las llamas alrededor de Rei se extinguieron, pero la muchacha se levantó enseguida y corrió hacia Minako.
"¡¿Estás bien?!" le preguntó Rei, con un tono angustiado que nadie pudo dejar de notar.
Todavía en estado de shock, Minako asintió observando a su alrededor, pero enseguida soltó una risa que desconcertó a todos.
"¡Eso fue impresionante!"
La preocupación en el rostro de Rei se desvaneció para dar paso a la irritación.
"¡No vuelvas a hacer algo así!" le gritó.
"No tienes de que preocuparte." Le dijo Minako, poniéndose finalmente de pie y sacudiéndose un poco el pasto de la ropa.
"Puede ser peligroso…" agregó Rei, que ya estaba de pie y observaba a Minako con una mirada que era mezcla de preocupación y disgusto.
"Rei, eso estuvo muy bien, pero tienes que aprender a lidiar con ciertos distractores." Le dijo Artemis, observando a Minako, que sólo puso los ojos en blanco para mostrar su descontento con el calificativo que le acababa de asignar Artemis. "No puedes perder el control tan fácilmente."
Rei asintió, y Minako se sintió un poco ofendida cuando la chica heredera de Marte la observó como si ella hubiera sido la culpable del incidente… no era así, ¿O si?
"Minako, tu turno."
Tratando de olvidar lo sucedido, Minako suspiró y se alejó un poco de sus compañeras. Al contrario del resto de las senshis, ella no cerró los ojos, se limitó a observar un punto fijo en el suelo y un par de segundos después levantó un poco las manos, en donde lentamente comenzó a vislumbrarse una especie de cadena luminosa. Minako tomó uno de los extremos e hizo un movimiento con la mano para extender la cadena en toda su longitud. Un extenso haz de luz, aunque con la flexibilidad de una especie de listón, la envolvió por completo, y de alguna manera ella fue capaz de controlarlo para poder dirigirlo hacia una de las columnas, envolviéndola, sólo que en ese instante recordó que Artemis no quería más destrozos… se quedó un momento inmóvil y luego corrigió su objetivo, dirigiendo la cadena hacia el montón de rocas que habían quedado a un lado después de la demostración de Makoto, una a una fue levantando las rocas con ayuda de la cadena, golpeándolas de manera precisa para poder impactarlas en otra columna. Aquello estaba perfecto, pensó Minako, nada estaba fuera de control, hasta que desvió un poco la mirada y observó a Rei de reojo, que tenía toda su atención puesta en ella. Eso bastó para que perdiera la concentración, y entonces falló en su objetivo una vez, otra y otra más, y no habría sido tan malo si la última roca no hubiera sido atraída hacia ella en lugar de lejos de ella, provocando con eso que se le fuera directo a la cabeza. Ni siquiera fue capaz de moverse un poco para evadir el impacto, cerró los ojos y recibió el golpe en el costado izquierdo de la frente sin oponer la menor resistencia, se fue de espaldas y cayó como uno de esos costales de trigo que Motoki arrojaba sin piedad a la bodega de alimentos del Palacio.
"¡Minako!" escuchó que alguien le gritó, pero no supo identificar la voz porque todo parecía estar algo oscurecido y las voces parecían distantes, mientras innumerables puntitos luminosos blancos invadían su visión.
"Ooowww…" fue todo lo que pudo pronunciar.
"¿Estás bien? ¿Me escuchas?"
El rostro de Artemis, aunque un poco borroso, apareció en su campo de visión, y ella asintió mientras observaba uno a uno los semblantes de sus compañeras que se hallaban alrededor de ella.
"Tuviste suerte, no era una roca muy grande." Le dijo Rei, que la estaba observando como si esperara que perdiera el conocimiento en cualquier momento.
"¿Suerte?" le preguntó Minako, llevándose una mano a la frente y sintiendo que algo caliente y viscoso se deslizaba por su rostro. Era sangre. "¡Oooww!" volvió a exclamar.
"No es tan grave Minako." le dijo Artemis, ayudándola a incorporarse y sosteniéndola de los hombros cuando ella se balanceó sintiéndose ligeramente mareada.
"¡Pero es sangre!" refutó Minako, que ya tenía un dolor punzante y ardor en la herida.
"Está de más decirte que tampoco tienes que distraerte tan fácilmente cuando estás haciendo uso de tus poderes, curiosamente te sucedió lo mismo que a Rei." Le dijo Artemis, y a Minako le pareció verlo sonreír como si él supiera algo que ella no.
"Bueno, al menos ella no está sangrando."
Artemis negó con la cabeza, dando la impresión de que se estaba divirtiendo con la situación. Eso sólo consiguió molestar más a Minako.
"¡No es gracioso!" se quejó Minako, arrepintiéndose de inmediato porque el dolor parecía aumentar si alzaba el tono de voz. La sangre no dejaba de correr del costado de su frente y por su mejilla. Quizá estaba exagerando, pero en realidad le estaba doliendo demasiado.
"Chicas, vamos a tener que continuar el día de mañana," les dijo Artemis "Minako, ve a la enfermería. ¿Te importaría acompañarla Rei? No quiero que se desvanezca a medio camino por ese rasguño."
"¡Artemis! Oww…"
Artemis volvió a sonreírle, le dio una ligera palmada en la espalda y se alejó deseándoles un buen día.
"Supongo que las veré mañana…" Les dijo Minako.
Makoto y Ami asintieron levemente, observando con algo de preocupación la herida de Minako.
"Si te duele demasiado, hay algunas plantas medicinales en el invernadero que te pueden servir… seguramente Ami podría elaborar alguna clase de ungüento." Le dijo Makoto, y Ami se apresuró a asentir.
"Gracias chicas, pero iré a la enfermería… " respondió sonriendo, mientras se encaminaba al lugar mencionado, sin prestar demasiada atención a Rei que iba detrás de ella.
"Es muy interesante lo que logras hacer con esa cadena." le dijo Rei, y Minako se sorprendió un poco, porque si no recordaba mal, era la primera vez que la otra chica iniciaba una conversación. De no ser porque su herida punzaba de manera dolorosa, su sonrisa hubiera sido más profunda.
"Yo no calificaría como interesante la piedra en mi cabeza." Le dijo Minako, burlándose un poco de su propia situación.
"Ciertamente no." Agregó Rei. "Déjame ver eso."
Minako se detuvo y se dio media vuelta para observar a Rei, que se acercó a ella y tomó su cabeza entre sus manos, ladeándola ligeramente para obtener una mejor visión de su herida. Fue en ese momento cuando Minako se percató de que Rei era un poco más alta que ella.
"Es pequeña, pero profunda, por eso estás sangrando tanto…" le dijo Rei. "Ni siquiera creo que requiera algún tipo de sutura."
"Así que tú también crees que estoy exagerando." Le dijo Minako.
"Pues…"
"¡Me duele mucho!"
Por primera vez, Minako observó y escuchó a Rei sonreír de manera amplia y despreocupada, un gesto nuevo que a Minako le pareció simplemente encantador.
"A veces pareces una niña." Le dijo Rei, soltando su cabeza y sacando de uno de sus bolsillos un pañuelo blanco con el que limpió un poco la sangre que manchaba el rostro de Minako. "Mantén el pañuelo presionado, para detener un poco la hemorragia."
Minako, que todavía estaba un poco aturdida por esa sonrisa, levantó la mano para sostener el pañuelo en su lugar, y el contacto con la mano de Rei tan sólo consiguió aturdirla un poco más.
"Vamos." Rei le señaló el camino y se adelantó un par de pasos, y Minako, sintiéndose un poco tonta por quedarse ahí de pie más tiempo del necesario, caminó rápido y de manera un poco torpe para alcanzarla.
Finalmente llegaron a la enfermería, en donde un médico vestido de blanco las recibió con una sonrisa. Rei se sentó en una de las sillas que se encontraban en el cuarto, observando a su alrededor, y Minako se dirigió hasta una camilla, sentándose y preparándose para recibir atención.
"¿Accidentes en el entrenamiento?" les preguntó el médico, observando el pañuelo ensangrentado y que Minako sostenía sobre su cabeza.
"Algo así." Respondió Minako, esperando que no le preguntaran los detalles, porque relatarlo resultaría bastante vergonzoso.
"Permíteme ver eso." Le dijo, sosteniendo la mano de Minako para retirar el pañuelo. La rubia no pudo dejar de notar la diferencia entre las manos del médico y las de Rei. Las de Rei eran mucho más cálidas y suaves… pero decidió no pensar demasiado en eso, porque para empezar ni siquiera estaba segura de lo que significaba estar enfocando sus pensamientos en las manos de su compañera. "Es profunda… por eso sangra demasiado, las heridas en la cabeza suelen ser bastante aparatosas, aún cuando no sean del todo graves."
La próxima vez que alguien le dijera que su herida no era grave, Minako le iba a lanzar una piedra a la cabeza a esa persona, sólo para que se dieran cuenta de cuánto dolía.
El médico se puso de pie y caminó hacia un estante en donde descansaban múltiples recipientes con líquidos que Minako no conocía. Quizá Ami sabía los nombres de memoria, pero a ella sólo le interesaba saber si alguno podía ser aplicado a su herida para que dejara de dolerle tanto. El médico tomó un recipiente con un líquido transparente, lo destapó y aplicó sobre un paño limpio, para luego dirigirse nuevamente a Minako.
"Puede ser que esto arda un poco, pero será sólo un momento."
Rei, que hasta ese momento había estado distraída observando los ventanales a través de los cuales se podían dilucidar los coloridos jardines del Palacio, desvió su mirada y observó a Minako, que apenas pudo encoger un poco los ojos antes de que el paño húmedo hiciera contacto con la herida en su piel.
"¡HEY! ¡Ayyyy!"
A Minako le hubiera gustado no gritar, pero el ardor fue todavía peor que el dolor que hasta entonces estaba sintiendo, y muy a su pesar, se le escaparon un par de lágrimas en señal de sufrimiento. Rei la observó con resignación y negó con la cabeza y Minako supo con toda seguridad, que seguía pensando que a veces se comportaba como una niña. ¡La verdad era que no le importaba! No iba a intentar hacerse la fuerte cuando evidentemente no era así.
"Bueno…" titubeó el médico, tal vez un tanto sorprendido por el escándalo que Minako había armado "Creo que con eso será suficiente. Ahora que limpié la herida veo que no necesitas sutura, voy a poner una gasa y un ungüento que te ayudará a prevenir una infección, y voy a darte este ungüento para que lo apliques durante los próximos tres días sobre la herida, de preferencia por las noches y en las mañanas. Te recomiendo que cambies la gasa cada doce horas… y creo que eso sería todo."
El médico terminó de curar la herida de Minako y luego sonrió complacido, observando la curación que había realizado de la misma manera que Makoto observaba que una planta había crecido un centímetro desde la última vez que la había medido. Minako se puso de pie y dio las gracias, para después tomar el pañuelo manchado de sangre de Rei y salir de la enfermería, con Rei detrás de ella.
"Lo lavaré y te lo devolveré." Le dijo Minako a Rei, mostrándole el pañuelo ensangrentado.
Rei asintió y luego bajó la mirada, sonriendo ligeramente. Minako no sabía si contemplar con admiración esa sonrisa, o simplemente indignarse por el hecho de que se estuviera burlando de ella… aunque si ella era el motivo de ese gesto, no tendría por qué sentirse indignada, ¿o si? La cabeza estaba empezando a dolerle, y no sabía si era por el golpe o por la confusión que esa chica a su lado estaba empezando a provocarle de manera involuntaria.
"Va a seguir doliéndote un buen rato." Le dijo Rei, dando la vuelta en un pasillo, dirigiéndose hacia los dormitorios.
"Al menos ya dejó de sangrar." Le respondió Minako, percatándose hasta ese momento, que en su ropa también había manchas de sangre.
Rei se quedó en silencio, y su mirada de pronto se tornó seria y pensativa.
"¿No vas a seguir burlándote de mi debilidad?" le preguntó Minako. La prefería sonriendo.
"Sólo estaba pensando, en lo que dijo Artemis. Acerca del futuro de esta Galaxia."
"A Artemis le gusta ponerse así de dramático." Bromeó Minako, para liberar un poco la tensión.
"Minako… sabes que hablaba en serio."
Minako suspiró audiblemente, por supuesto que lo sabía.
"Lo sé." Respondió.
"Y cuando pienso en lo que sucedió hoy en el entrenamiento… ¿no crees que fue un desastre?, y para cerrar con broche de oro, nuestra líder termina llorando porque se hizo un rasguño en la frente."
"¡Oye!" exclamó la rubia indignada. ¿Acaso ese incidente la iba perseguir como una especie de estigma vergonzoso que tendría que soportar por el resto de su vida? ¡Esperaba que no fuera así!
"Es la verdad… Minako… provengo de un pueblo que se ha visto envuelto en múltiples enfrentamientos armados, y aunque personalmente no he vivido ninguno de consideración, sé de las atrocidades que se pueden cometer en una guerra. Lo tengo muy claro, una persona puede asesinar a alguien más sin sentirse mínimamente culpable, sin pensar en que no sólo está terminando con una vida sino destruyendo la de muchas más, de sus seres queridos. Lo peor de todo esto es que es precisamente eso lo que desean, y si alguien está pensando en dañar a Usagi, a la reina, o al pueblo de la Luna, no se van a detener ante nada. ¿Qué podemos hacer nosotras?"
Minako observó a Rei un tanto sorprendida, al parecer era la primera vez que la escuchaba hablar tanto, pero no era eso lo que más llamaba su atención. Había algo en su mirada que le decía a Minako que estaba siendo completamente sincera, algo que le dejaba saber que sin duda, Rei conocía bien la crueldad y la desesperanza, porque nadie podía hablar de algo así y guardar tanto dolor en tan sólo unas palabras. Al menos para Minako, era evidente que detrás de ese semblante frío e inexpresivo, se escondía una niña asustada y solitaria a la que habían dejado huérfana a los cinco años, completamente huérfana porque quizá ni siquiera su padre había sido capaz de reponerse a ese golpe y tan sólo se había limitado a ser una mera figura ornamental en la vida de Rei. No dudaba que Ares fuera un buen hombre, pero si dudaba que hubiera sido un buen padre en aquel momento tan difícil.
"Sabes Rei, creo que si fuimos un desastre." Le respondió Minako, resignada, y Rei la observó con un gesto que parecía decir 'Eso ya lo sabía'. "Pero eso no significa que no podamos aprender. Confío en Ami, en Mako-chan y en ti, sé que lo pueden hacer mil veces mejor… y prometo no ponerme a llorar la próxima vez que me 'rasguñe' la frente."
"Me gustaría ver eso." Le dijo Rei, con una sonrisa incrédula.
"A mí me gustaría ver que no pierdas la concentración si me acerco a ti, como sucedió hace un momento. ¡Casi me prendes fuego!" Agregó Minako, jugando un poco con su naturaleza venusina y acortando la distancia entre Rei y ella, de manera tal que el espacio que las separaba era incluso menor que el de hacía unos minutos durante el entrenamiento.
"Eso… eso fue… porque no estaba preparada." Titubeó Rei.
"¿En serio?" preguntó Minako, dando un paso casi milimétrico pero que tan sólo consiguió reducir más la distancia entre ella y Rei. "Tampoco te veo muy preparada en este momento."
Minako le sonrió, no estaba segura de las razones, pero estaba disfrutando del juego. Recordaba haber hecho lo mismo con un chico, hijo de un amigo de su padre, años atrás… aquella vez sólo la impulsó la curiosidad y diversión, y los constantes cotilleos de sus amigas que no dejaban de preguntarle si existía en Venus algún muchacho que le gustara. El muchacho en cuestión no era mal parecido, muchacho del que por cierto ni siquiera recordaba el nombre… pero si hubiera tenido que comparar aquel momento con este, encontraría diferencias abismales: para empezar ella no recordaba que su corazón hubiera latido tan fuerte como ahora, estando frente a Rei.
"Deja de jugar." Le dijo Rei, y de alguna manera logró escabullirse, empujándola ligeramente pero de manera decidida para continuar con su camino.
Minako sonrió y se fue detrás de ella. En aquel momento no le importó darle la razón a Rei, y poco le faltó para irse dando pequeños saltos para alcanzarla, como una niña que de pronto había olvidado la herida en su frente porque le habían regalado un caramelo.
