Esto quedó más extenso de lo que esperaba, espero que no les aburra jeje. Como dicen por ahí "me acaba de caer el veinte" y creo que irremediablemente voy a tener que incluir a Haruka y Michiru en esta historia. ¡Y Endymion! (personalmente no lo encuentro muy simpático, pero qué le vamos a hacer si es la pareja de nuestra Princesa xD). Ahora bien, con tantos personajes en el tintero esto amenaza con convertirse en uno de esos escritos kilométricos… y no quiero que eso suceda, así que tendré mucho cuidado con el manejo de la historia, después de todo, insisto, ¡esto es un Rei/Minako! Y lo defenderé hasta en contra de mí misma jajaja.

Les mando un saludo, espero que les guste el capítulo y me dejen sus valiosos comentarios al respecto :)


Advertencias.

"Si atacáramos ahora no tendrían ninguna posibilidad."

"Aún no."

"¡Pero son extremadamente débiles!"

Una figura escondida entre las sombras negó con la cabeza.

"He planeado esto una eternidad, y se hará exactamente como yo lo diga."

La mujer que mantenía la conversación decidió guardar silencio, después de todo no podía contradecir su decisión, aunque no pudo dejar de hacer una observación.

"Sigo pensando que es un error… en este momento no tienen ningún tipo de entrenamiento y-"

"¡Dije que no!" la interrumpió con un grito contundente. "Necesito encargarme de otras cosas antes del golpe decisivo." Agregó, en un susurro.

Ella optó nuevamente por el silencio, recordando que desde el principio tenía un pacto con él, sabiendo que a cambio de su paciencia obtendría eso por lo que había estado esperando tanto tiempo.

"Seguiremos con el plan entonces."

La figura entre las sombras asintió lentamente.

"Tienes las instrucciones, puedes divertirte un poco."

Ella hizo una mueca descompuesta y fría que asemejaba una sonrisa. Por supuesto que se divertiría, tanto o más como lo había hecho hace casi quince años con la muerte de Risa.


"Eso es trampa." Protestó Makoto.

"¿Cómo puede ser trampa?" le preguntó Rei, que sostenía en la mano derecha el arco y en la izquierda una flecha.

"¡No es posible que aciertes todos tus tiros!" se quejó la chica de Júpiter, que en los últimos cincuenta minutos había estado presenciando cómo disparo a disparo Rei daba justo en el centro del blanco, y ella había tenido que conformarse con varios fallos, que si no daban en un extremo de la diana, salían completamente de ella.

"Se supone que es el objetivo, dar en el centro." Le dijo Rei con naturalidad.

"Cuando lo dices así parece muy sencillo." Respondió Makoto, apuntando una vez más hacia la diana y disparando. Esta vez se quedó un poco más cerca del centro, pero no lo suficiente como para superar a Rei. Makoto encogió los ojos, observando con algo de disgusto su falla.

"Sólo necesitas practicar más, para depurar tu técnica." Le respondió Rei, dejando el arco a un lado y sentándose en una de las bancas de madera que se hallaban cerca.

Era un día nublado y parecía que la lluvia aparecería tarde o temprano, un ligero pero persistente viento húmedo y frío circulaba alrededor del campo de entrenamiento y se deslizaba por los pasillos del Palacio. Habían pasado varios días desde lo ocurrido en su primer entrenamiento, y se respiraba un ambiente de relativa calma. Sin embargo Ami, Makoto, Rei y Minako no se sentían precisamente tranquilas. Artemis se había encargado de mantenerlas ocupadas todos los días, de manera tal que cuando caía la noche todo lo que querían hacer era darse un baño y dormir: entrenamiento físico, estrategias militares, trabajar para dominar sus poderes, técnicas de defensa y ataque, manejo de armas, lectura de libros y tantas actividades juntas que en ocasiones Rei se preguntaba si al menos quedaría algo de tiempo para comer. Aún así, quienes parecían soportar mejor el desgaste físico eran Makoto y ella, y Rei lo atribuía al hecho de que eran precisamente ellas dos quienes durante su infancia habían tenido un entrenamiento mucho más físico, comparadas con Ami y Minako; que generalmente terminaban adoloridas y quejumbrosas. Minako tenía una especial debilidad cuando de leer libros se trataba, porque indefectiblemente terminaba durmiéndose sobre las páginas, para indignación de Ami. Rei había tenido que propinarle múltiples codazos para despertarla en varias ocasiones, y salvarla de las llamadas de atención de Artemis. Con excepción de eso, el entusiasmo de Minako no disminuía en el resto de las actividades.

"Tengo hambre." Le dijo Makoto, sentándose junto a ella, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás para relajarse un poco.

"Artemis dijo que teníamos que practicar por lo menos una hora con el arco."

"Eso es entendible en mi caso, pero no veo la razón por la que tú tendrías que hacerlo. Podrías acertar con los ojos cerrados."

"Si dejara de practicar, tarde o temprano empezaría a fallar." Le dijo Rei, ignorando el halago.

"Entonces continuemos."

Makoto se puso de pie y preparó su siguiente disparo, que en esta ocasión, quedó mucho más cerca del centro que el resto de los intentos anteriores.

"Eso estuvo mucho mejor." Le dijo Rei.

"¡Ya era hora!" exclamó Makoto.

Rei asintió ligeramente y extrajo otra flecha de su aljaba para preparar su siguiente disparo, que resultó dar nuevamente, justo en el blanco.

"Insisto, podrías hacerlo con los ojos cerrados. Siempre y cuando no tuvieras cerca a Minako."

Rei frunció el ceño, no muy segura de querer saber lo que eso significaba.

"¿A qué te refieres con eso?" preguntó.

"A que lo único que existe en este universo capaz de distraerte es mi amiga venusina."

"Eso no es verdad." se defendió Rei, preparando su última flecha, tirando de la cuerda y observando fijamente el objetivo.

"¡Rei-chan!"

El grito de Minako a la distancia la sobresaltó un poco, justo en el momento de soltar la cuerda del arco. Aunque no fue un mal disparo, el centro de la diana se le escapó apenas por unos centímetros, terminando entonces con su racha de perfección. Makoto soltó una sonora carcajada que resonó por todo el campo de entrenamiento.

"¿Todavía lo vas a negar?" murmuró Makoto, para que sólo la escuchara Rei.

Rei observó la flecha infame que no había dado en el centro, pero no quiso molestarse. Minako ya se hallaba a un par de metros de distancia de ellas, llevaba en las manos un par de libros y sonreía como de costumbre. Iba ataviada con una de esas indumentarias típicas de Venus que eran una combinación entre una toga y un vestido de color blanco, y llevaba colgando una pequeña bolsa de seda color naranja, atravesada de lado a lado con una delgada correa. Nada extremadamente elegante. Rei se preguntaba cómo era posible que Minako lograra verse bien con algo tan sencillo, pero de inmediato desechó el pensamiento, decidiendo que no era bueno estar tan pendiente de la manera en que lucía Minako, aunque le pasaba muy a menudo.

"¿De pronto decidiste que los libros son tus mejores amigos?" le preguntó Makoto, que acto seguido fue hacia la diana para recolectar todas las flechas que habían estado disparando.

"Tengo que escribir dos ensayos acerca de… algo de la historia de Venus y el arte y no sé que más…" respondió Minako, observando a Makoto y luego a Rei. "Decidí venir a buscarlas, porque tengo hambre y quería comer algo antes de esto." Le dijo a Rei, señalándole los libros.

"Makoto también estaba hablando de comida hace un par de minutos." Comentó Rei, observando a la distancia como Makoto quitaba la última flecha de la diana y emprendía el camino de regreso.

"Perfecto." Sonrió Minako.

Rei desvió la mirada, fingiendo que limpiaba polvo imaginario de su arco. Aunque hubieran transcurrido varios días, todavía tenía fresco en la memoria aquel incidente o juego que había hecho Minako para… ¡sólo los dioses sabían para que lo había hecho!, aunque estaba casi convencida de que el único objetivo había sido divertirse, ¿de qué otra manera podía explicarlo? A Rei no le gustaba dejarse llevar por los estereotipos, pero cada vez que observaba a Minako con su aire seductor y su sonrisa deslumbrante, no podía dejar de pensar en las muchas y variadas historias que se contaban acerca de los habitantes de Venus. Tanto las mujeres como los hombres de Venus tenían fama de ser los más atractivos en toda la galaxia, y aunque Rei hubiera considerado una exageración tal aseveración, no podía dejar de reconocer que Minako era una mujer hermosa… por supuesto que eso sólo significaba que sabía apreciar la belleza de manera objetiva, y no que estuviera pendiente de la apariencia física de su compañera.

"¿Cuándo vas a enseñarme a usar el arco?" le preguntó Minako a Rei, acercándose a ella de manera peligrosa, mientras la heredera de Marte rogaba que no se aproximara demasiado. Minako parecía no entender el concepto de espacio personal. Afortunadamente la rubia sólo se limitó a quitarle el arco y a examinarlo cuidadosamente.

"No tenemos mucho tiempo para clases extra." Argumentó Rei, observando que Makoto regresaba con las flechas de entrenamiento y las ponía a resguardo en una aljaba, entregándole a Rei las que le pertenecían.

"¡Listo! Podemos ir a comer." Comentó Makoto sonriendo, y luego de que Rei guardara sus flechas en su propia aljaba, el trío se dirigió hacia la cocina.

"Linda aljaba." Comentó Minako, examinando el accesorio que Rei llevaba colgado de la cintura. Era de piel y tenía grabados algunos signos en tonalidad rojiza que la chica marciana sabía que Minako no sabría identificar, porque era una lengua antigua de Marte. "¿Qué significan?" le preguntó a Rei, que la observó brevemente y luego se preguntó si en algún momento la curiosidad de Minako se agotaría.

"Justicia, valor, honor, sinceridad, deber y lealtad." Respondió.

"Vaya…" murmuró Minako, que esta vez sonrió, observando el arco de Rei que llevaba en sus manos.

"¡Rei-chan!"

¿En qué momento les había autorizado que la llamaran Rei-chan? Seguramente en ninguno, pero tratándose de Minako y Usagi uno podía esperarse casi cualquier cosa. La chica de cabello negro se dio media vuelta y tensó todos los músculos cuando Usagi se lanzó sobre ella en uno de esos abrazos que podían derribar casi a cualquiera si no se estaba preparado para recibirlos.

"Usagi…" le dijo Minako, y a Rei le pareció escuchar cierto tono de molestia en su voz "¿No tenías el día de hoy una audiencia con tu madre y varios comerciantes del reino?"

"Si, pero afortunadamente terminó temprano. Y ahora iré a realizar algunas compras a la ciudad." Respondió Usagi, liberando a Rei.

"¿Eso es seguro?" preguntó Rei, observándola con un poco de sorpresa, pensando que era demasiado aventurado ir a la ciudad después del ataque sufrido hacía unos días.

"Claro, me acompañarán varios guardias… no nos llevará mucho tiempo." Respondió la Princesa despreocupadamente.

Rei se quedó en silencio, no muy convencida de que dejarla ir fuera una buena idea, pero finalmente se dijo que desafortunadamente ese tipo de decisiones no las tomaba ella, una simple senshi que todavía se encontraba en proceso de entrenamiento.

"¡Nos veremos luego! Les traeré un regalo."

Acto seguido, la Princesa desapareció dando vuelta en uno de los pasillos, de manera tan súbita como había aparecido. El trío continuó con su camino hacia la cocina, llegando finalmente a la puerta que resguardaba el acceso a su balcón secreto.

Minako apoyó el arco de Rei sobre la pared y dejó los libros sobre la mesa.

"Podrías al menos darme un par de lecciones con los principios básicos o algo así." Le dijo Minako a Rei, que había pensado de manera equivocada que la rubia ya se había olvidado del tema.

"¿Por qué no le pides a Artemis que te busque un instructor? Cualquier guardia del Palacio podría enseñarte los principios básicos." preguntó Rei, ansiosa por dejar el tema a un lado.

"No quiero que me enseñe cualquier guardia, ¡quiero que lo hagas tú!"

Rei no entendía la insistencia de Minako, ¿cuál podía ser la diferencia entre un guardia y ella?

"Rei, enséñale para que pueda dejar de molestarte." Intervino Makoto, sonriendo inocentemente.

"No tengo tiempo." Respondió de manera terminante. En cierto modo era verdad, prácticamente no tenía tiempo libre, y el poco que le quedaba no pensaba gastarlo con Minako enseñándole como sujetar de manera correcta un arco y una flecha. Tan sólo pensar en eso la ponía nerviosa.

"Vamos Rei, no pido demasiado. ¡Dos horas a la semana serán suficientes!"

Rei suspiró y se llevó una mano a la frente, ¿por qué Minako era tan insistente en algunas ocasiones? ¿Y por qué ella no podía simplemente ceder ante su petición?

"De acuerdo… pero será cuando yo te diga."

Minako dio un salto de emoción y Rei la observó indiferente, mientras Makoto observaba el despliegue de alegría de la rubia con diversión. Motoki llegó en ese momento con una charola de alimentos que les dejó sobre la mesa, y se alejó apenas dirigiéndole una mirada curiosa a Minako que estaba tomando unas frutas silvestres de color rojizo con una sonrisa en el rostro, que parecía no poder ser desafiada por ningún acontecimiento. Rei negó con la cabeza con aire de resignación y acercó una mano a la charola, tomando una raíz de color marrón que al menos para la vista, no lucía del todo agradable.

"En verdad Rei, ¿cómo puede gustarte eso?" le preguntó Makoto a Rei.

"En época de sequía en Marte es casi lo único que comemos." Les dijo Rei, mientras masticaba la raíz de centro blanco y observaba a sus compañeras.

Minako y Makoto fruncieron el ceño, recordando aquel día en el que Motoki había bromeado con ellas diciéndoles que podía conseguir cualquier alimento que le pidieran. Por supuesto que todas se esforzaron en hacer las peticiones más exóticas y disparatadas que se les pudieran ocurrir, y a los pocos días el chico las sorprendió llevándoles a la mesa todos sus alimentos. Rei, por supuesto, había solicitado esa raíz con el conocimiento previo de que únicamente crecía en Marte y en una época muy específica del año, pero Motoki tenía contactos en casi todos los planetas y conocía a muchos mercaderes, por lo que no le resultó complicado encontrarla, aunque sí un poco costoso. Sin embargo desde aquel momento, Rei había llegado a un acuerdo con él para que se la consiguiera de manera periódica.

"Sigo pensando que al menos podrías darle algún tipo de preparación…" le dijo Makoto.

Rei se encogió de hombros, poco interesada en investigar de qué manera podía preparar la raíz. Nunca se había preocupado de eso en Marte y no lo haría ahora en la Luna.

En ese momento algo llamó su atención en la ciudad: una leve columna de humo que quizá para alguien poco entrenado hubiera resultado imperceptible en primera instancia, pero que para ella, acostumbrada a identificar ciertas señales en el desierto de su planeta, no lo fue. Se puso de pie y caminó a la orilla del balcón.

"Creo que hay problemas." Les dijo.

De inmediato Minako y Makoto se pusieron de pie y se acercaron a Rei, dirigiendo su mirada hacia la columna de humo.

"Quizá es sólo una hoguera." Comentó Minako, encogiendo los ojos.

"¿En medio de la ciudad?" le dijo Rei de manera incrédula.

"¿No es ahí en donde están los principales comercios de la ciudad?" preguntó Makoto, frunciendo el ceño ligeramente.

"Usagi…" murmuró Minako, y salió corriendo del balcón, con Rei (que tomó su arco de manera apresurada) y Makoto detrás de ella. Recorrieron tan rápido como pudieron los pasillos para dirigirse a la salida del Palacio.

"¿En dónde está Ami?" preguntó Minako, jadeando mientras corría a la salida.

"¡En la enfermería! ¿Deberíamos ir a buscarla?" preguntó Makoto.

"¡No hay tiempo!"

Rei, que iba detrás de Minako, estuvo de acuerdo, aunque permaneció en silencio. Si Usagi se encontraba en peligro no podían perder un solo minuto. Finalmente llegaron a la salida, en donde un grupo de guardias tan sólo se limitó a observarlas con confusión cuando pasaron corriendo junto a ellos.

En tan sólo cinco minutos llegaron al centro de la ciudad, un tiempo récord si se consideraba que habían tenido que sortear desde carruajes tirados por caballos blancos, hasta grupos de personas que se amontonaban en los comercios. Conforme se acercaban a la zona principal no les fue difícil identificar el centro del caos, la gente corría alejándose del lugar, en medio de los gritos y el pánico, un olor a quemado invadía el lugar y se hacía más intenso conforme más se acercaban a la plaza principal. Rei sabía que la ciudad capital de la Luna era conocida por ser una de las más sofisticadas, con amplias calles de baldosas blancas, comercios y casas pintadas de colores claros, cuyas paredes lucían piedras preciosas con motivos de flores, o patrones geométricos multicolores, sin llegar al exceso, pero que ayudaban a darle un aspecto tan colorido y alegre a la ciudad que quizá por eso resultaba más difícil asimilar, en ese momento, que muchos hubieran quedado reducidos a escombros.

"¡Minako, Rei!" exclamó Makoto a la distancia, y las aludidas se dieron media vuelta para encontrarse con que Makoto intentaba levantar un enorme bloque de piedra por sí sola. "Hay un hombre aquí abajo, creo que está vivo."

Minako y Rei regresaron y se dieron a la tarea de ayudar a Makoto. Apenas pudieron levantar la piedra para revelar que efectivamente, un guardia mal herido se hallaba debajo. Rei lo observó y pensó que no le quedaba mucho tiempo de vida, tenía una herida que le atravesaba casi por completo el torso y de la que emanaba tanta sangre que sólo serían necesarios un par de minutos para que se desangrara y muriera. Esperaba que fuera rápido, para que dejara de sufrir.

"Tranquilo, vamos a ayudarte…" le dijo Minako, y Rei pensó que sería mejor no mentirle. Nadie podría salvarlo de esas heridas. Quizá el guardia lo sabía y por eso decidió aprovechar el tiempo que le quedaba.

"La Princesa estaba en la tienda de… las… de las cajas de… música… al final… de la calle…" murmuró, haciendo un esfuerzo por mantenerse consciente.

"¿Quién los atacó?" preguntó Makoto, que para entonces también se había dado cuenta de la gravedad del guardia.

"Un… youma…"

"¿En dónde está Usagi?" preguntó Minako.

"No lo sé… estaba en la tienda y luego, de un momento a otro… todo fue un caos… había tres guardias… en el interior, con ella… por favor, tengo un hijo pequeño…"

No fue capaz de decir nada más, porque en ese momento aferró la mano de Minako y soltó lo que sería su último suspiro.

"Hay que buscar la tienda…" les dijo Rei, poniéndose de pie y observando alrededor. "Por la magnitud de los daños tiene que estar cerca…" Rei bajó la mirada, y se dio cuenta de que Makoto la observaba, pero Minako seguía aferrando la mano del guardia como si no acabara de entender lo que había sucedido. "Está muerto Minako, tenemos que buscar a Usagi."

"¿Cómo puedes ser tan insensible?" le preguntó Minako, y Rei frunció el ceño, incapaz de comprenderla.

"¿Vas a quedarte ahí cuidando un cadáver? ¡Tenemos que hallar a Usagi!"

Minako se puso de pie rápidamente, y lo que fuera que tenía pensado responderle no lo supo Rei, porque en ese momento una explosión se escuchó detrás de ellas, destruyendo el muro de una tienda de utensilios de cocina y lanzando por el aire piedras, escombros y polvo. La fuerza de la explosión consiguió derribarlas, y Rei, cubierta de polvo y piedras, se puso de pie y observó a su alrededor. Casi de inmediato hubiera querido no hacerlo. Un demonio que era dos veces más alto que ella se encontraba justo enfrente, decidido a terminar con su existencia. Nunca había visto algo parecido, y sólo hubiera podido describirlo como una bestia de garras enormes, cuerpo de reptil y fauces similares a uno de esos animales prehistóricos originarios de la Tierra. Tuvo los suficientes reflejos como para hacerse a un lado y evitar el golpe final que el youma iba a propinarle, pero en el proceso perdió su arco, que cayó a un lado y entonces se sintió realmente indefensa. Hasta entonces pudo observar el panorama por completo: a unos diez metros de distancia se encontraba Usagi (hecho que la tranquilizó bastante en medio del caos que reinaba) y aparentemente protegiéndola con más valor que fuerza, estaban dos guardias ensangrentados y tambaleantes con cara de terror. Rei supo que habían llegado oportunamente, segura de que los guardias no hubieran resistido en esas condiciones durante mucho tiempo más. A su izquierda se encontraba Makoto, observando el espectáculo con asombro y más lejos estaba Minako, que apenas estaba consiguiendo quitarse de encima una roca bastante grande, pero que aparentemente no le había hecho mucho daño. El youma, para mala suerte de Rei, parecía haberse encaprichado con ella, y arremetió nuevamente hacia la heredera de Marte, que saltó de una roca a otra rogando no ser alcanzada. Sin embargo no tuvo mucha suerte, una de las garras de la bestia alcanzó a herirla en el brazo y ella gritó mientras caía al suelo. Un destello de luz naranja se interpuso entre el youma y ella, salvándola de una acometida que si no la hubiera matado, la hubiera dejado bastante mal herida. Era la cadena de Minako, que se enredó alrededor del cuerpo del monstruo y lo derribó con un movimiento certero. En ese momento Makoto entró en acción, lanzando uno de sus rayos que consiguió debilitar y confundir lo suficiente a la bestia, hecho que Minako aprovechó para acercarse a Rei.

"¿Estás bien?"

Rei asintió y se puso rápidamente de pie, para alcanzar su arco y disparar una flecha de fuego que terminó por derrotar al youma, haciendo que se desvaneciera con un destello de luz y un remolino de polvo. Rei hubiera querido sentarse sobre el suelo para tolerar un poco mejor el dolor en la herida de su brazo, pero no lo quiso hacer para no preocupar a Minako innecesariamente. Después de todo aún tenían que asegurarse de que Usagi estaba a salvo. Minako pareció pensar lo mismo, y se alejó con dirección a Usagi, aunque observando a Rei con un poco de aprehensión. Rei se fue detrás de ella, sosteniendo la herida y haciendo un poco de presión para intentar detener la hemorragia. No era muy grave, de eso estaba segura, pero no por eso dejaba de dolerle.

"¡Mina-chan! ¡Fue espantoso!" Usagi se lanzó a los brazos de Minako, que le dio unas palmaditas en la espalda para tranquilizarla.

"Rei se dio cuenta, de lo contrario no hubiéramos llegado a tiempo." Le dijo Makoto, que se encontraba auxiliando a los guardias heridos que tras la desaparición del youma habían decidido desplomarse sobre el suelo, exhaustos y temblorosos.

"¡Estás herida!" exclamó Usagi, que observó con preocupación la sangre que se deslizaba por el brazo de Rei y que caía al suelo con un goteo constante.

"No es nada grave."

"¡Pero estás sangrando!" le dijo la Princesa, como si aquello fuera algo que nadie más hubiera notado.

"Rei, Usagi tiene razón, vamos de inmediato a la enfermería, tienen que atenderte." Le dijo Minako.

Rei sabía que tenía que ser atendida, sin embargo no quería que la trataran como si su herida fuera mortal, así que sólo se limitó a asentir ligeramente.

En ese momento un grupo de guardias llegó, encabezados por Artemis, que observaba a su alrededor sorprendido.

"¿Están todas bien?"

"¡Rei está herida!"

Rei observó a Artemis, y en ese instante hubiera querido reprocharle su presencia tardía, y el hecho de que le habían permitido a Usagi arriesgarse de esa manera, sin embargo no lo hizo porque Artemis la observó con preocupación cuando se dio cuenta del corte que tenía en el brazo. ¡Era una herida sin importancia!

"Es lo que veo. Minako, encárgate de llevarla a la enfermería junto con los otros dos guardias. También acompaña a Usagi a su dormitorio, cuando regrese tendré una plática con la reina. Yo me encargaré de todo aquí."

Minako asintió y Rei supo que "encargarse de todo" significaba también levantar los cuerpos de los guardias que habían muerto, e intentar poner un poco de orden en el caos ocasionado por el youma, aunque estaba segura de que la reconstrucción llevaría bastante tiempo.

Minako ayudó a que se pusieran de pie los dos guardias heridos, y comenzaron su trayectoria de regreso al Palacio. Rei caminaba con paso lento junto a Usagi y Makoto, que tenía un aire pensativo, poco habitual en ella.

"¿Segura que no es grave?" le preguntó Makoto a Rei, observándola de reojo.

"Segura."

Makoto asintió y observó al frente, donde Minako caminaba al lado de los guardias, conversando con ellos, quizá cerciorándose de que podían caminar por sí solos. Cuando al parecer Minako lo comprobó, asintió con la cabeza y luego disminuyó el paso para caminar junto a ellas, que iban detrás.

"No estábamos preparadas, pero no estuvo tan mal…" comentó la chica de Júpiter.

"La realidad es que no fue un ataque muy fuerte." Les dijo Minako. "¿No tienen la impresión de que fue demasiado fácil? Quien quiera que esté dirigiendo esto, parece que sólo está midiendo fuerzas, es sólo una advertencia de lo que son capaces de hacer. Aún así, varios guardias murieron… ¡y esa cosa estuvo a punto de matarte!" exclamó, dirigiéndose a Rei. Daba la impresión de que había estado tratando de contenerse para no pronunciar esas palabras.

"Bueno, no estoy muerta." Le dijo Rei, y por alguna razón no fue capaz de pronunciar 'Gracias a ti.'

Minako soltó un suspiro de molestia e introdujo la mano en la pequeña bolsa de seda que llevaba colgada con una correa. Extrajo un pañuelo que le resultó familiar a Rei, lo extendió, se detuvo, tomó a Rei del brazo que no tenía lastimado para obligarla a que ella hiciera lo mismo y luego procedió a atar el pañuelo alrededor de su herida, apretándolo con fuerza y ocasionando que Rei siseara, al sentir dolor.

"Lo siento." Se disculpó Minako. "Pero hay que atarlo fuerte. Iba a devolvértelo hace unos días… pero… lo había olvidado, ahora voy a tener que lavarlo otra vez."

Rei no dijo nada, sólo se limitó a observar el pañuelo enredado alrededor de su brazo herido. Luego levantó la mirada y se encontró con que Ami caminaba, o mejor dicho, corría con dirección a ellas.

"¿Qué fue lo que sucedió?" les preguntó cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellas, visiblemente exaltada.

"Un Youma atacó en el centro de la ciudad." Le dijo Minako.

Ami se llevó una mano a la boca y las observó con preocupación.

"¿Por qué no me llamaron? Estaba en la enfermería, de repente empecé a escuchar un alboroto en los pasillos, al parecer Artemis se dio cuenta y fue cuando salió junto con los guardias en busca de Usagi."

"Pues llegó muy tarde." Le explicó Makoto. "Todo había terminado cuando los guardias arribaron, no te buscamos porque todo sucedió demasiado rápido, no quisimos perder tiempo, y creo que fue una buena decisión."

"¿Estás bien Rei?" preguntó Ami, observando el pañuelo blanco que comenzaba a mancharse de sangre.

"Estoy bien, y la próxima vez que alguien me lo pregunte voy a-"

"Sólo estamos preocupadas por ti, no tienes por qué estar a la defensiva." La interrumpió Makoto.

"Pues no se preocupen, es una herida menor." Respondió Rei.

"Al menos podrías agradecerlo." Le dijo Minako, y Rei identificó de inmediato el tono de molestia en la voz de Minako.

"Pues gracias, pero no me estoy muriendo."

Minako la observó con un poco de desdén, como si estuviera tratando de entender su actitud pero fuera incapaz de eso. Luego negó con la cabeza, al tiempo de que entraban nuevamente al Palacio y se dirigían a la enfermería.

"¡Princesa! ¡Princesa Minako!" una mujer relativamente joven se acercó a ellas, con aire ansioso. "Discúlpeme, pero… ¿es verdad que hubo un ataque en el centro de la ciudad?" Minako asintió. "Mi esposo es guardia del Palacio, quisiera preguntarle, ¿están todos los guardias bien?"

Minako abrió la boca y Rei supo que no sabía de qué manera responder, ¿cómo decirle que los dos heridos que las acompañaban eran los únicos sobrevivientes?

"Lo siento, los dos hombres que nos acompañan son los únicos que sobrevivieron al ataque." Les dijo Minako, y Rei se sorprendió un poco por el hecho de que hubiera sido tan directa, aunque en ese caso no tenía otra opción.

La mujer dio un pequeño paso hacia atrás y se quedó con la mirada perdida, asimilando la información. Makoto y Ami observaron el piso, como si de pronto lo encontraran muy interesante, pero Minako tenía la mirada fija en la mujer.

"En verdad lo lamento." Le dijo Minako, aunque la mujer parecía no estar escuchando nada más.

Rei empujó ligeramente a Minako, para que continuaran con su camino. Finalmente reanudaron el paso, dejando atrás a la ahora viuda, derramando lágrimas.

"¿Crees que su esposo era el guardia que encontramos?" le preguntó Minako a Rei.

"Es posible." Respondió ella.

"En verdad, Rei, ¿no sientes al menos un poco de pena por él? ¿Por su familia?"

Rei no dijo nada. En el momento en el que llegaron a una intersección de pasillos, Makoto y Ami se desviaron, la primera comentando que si alguien la necesitaba estaría en el invernadero, y la segunda diciendo que la acompañaría. Minako escoltaría a Usagi hasta su habitación y después regresaría a la enfermería para informarse acerca del estado de los heridos.

Rei se dirigió, junto con los otros dos hombres, a la enfermería. Un médico los recibió a los tres y luego les indicó a cada uno con quién se tenían que dirigir, de manera que Rei terminó siendo atendida por una mujer de mediana edad y aspecto serio, que de inmediato se dio a la tarea de examinar su herida.

"Por favor deja tu arco a un lado, no creo que nadie intente atacarte aquí." Le dijo la enfermera, y esa frase le recordó ligeramente a Minako, cuando le había dicho que nadie le saltaría encima en un lugar como ese.

Rei tan sólo se limitó a dejarlo sobre la camilla en donde se encontraba sentada, y aunque la enfermera no se mostró muy conforme, tampoco la instó a que lo dejara en otro lugar. 'Ventajas de ser una Princesa, después de todo.' Pensó Rei con satisfacción.

La enfermera retiró el pañuelo, limpió la herida, que requirió de una pequeña sutura y luego aplicó una especie de ungüento, parecido al que habían utilizado con Minako, pero de color marrón, luego colocó un vendaje para ayudar a la cicatrización. Le dijeron que acudiera al día siguiente para una revisión, y le entregaron un frasco de vidrio transparente que contenía unas pequeñas cápsulas redondas de color azul translúcido, que sólo debía tomar en caso de que el dolor fuera intenso. Por alguna razón, quizá llamada costumbre, Rei no confiaba mucho en ese tipo de remedios lunares. En su planeta este tipo de heridas se trataban con raíces, plantas y a veces incluso el veneno de algún animal, así que se dijo que no tomaría las dichosas cápsulas a menos que el dolor fuera realmente insoportable. Por supuesto que no compartió esa decisión con la enfermera que la atendió. Se levantó de la camilla en donde se encontraba sentada, tomó su arco, su pañuelo ensangrentado, y fue a preguntar por el estado de los guardias heridos. Al parecer tendrían que permanecer en observación durante un par de horas más, pero las heridas que tenían no ponían en riesgo su vida, así que seguramente saldrían ese mismo día por la noche.

Sin más indicaciones, Rei salió de la enfermería, encontrándose con Minako en el pasillo. Comenzaba a llover y la temperatura había descendido considerablemente.

"¿Todo bien?" le preguntó.

Rei asintió, acercándose a ella.

"Los guardias están bien, muy probablemente saldrán esta misma noche." Le dijo Rei, y Minako asintió.

"Me alegra escuchar eso… dámelo, puedo lavarlo." Le dijo Minako, señalando el pañuelo que Rei llevaba en la mano. Rei negó con la cabeza.

"Yo lo haré. Gracias."

"¡Vaya! Una muestra de gratitud de tu parte, déjame guardar este momento en mi memoria para siempre."

Aquello le causó gracia a Rei, que sonrió ligeramente. Minako bajó la mirada y comenzó a hablar con tristeza.

"Trajeron los cuerpos de los tres guardias que murieron en el ataque. El hombre que encontramos, era el esposo de la mujer que nos interceptó a la entrada del Palacio. Tiene un hijo pequeño."

Rei asintió ligeramente. Estaba tratando de entender un poco a Minako, pero resultaba complicado, así que optó por tratar de explicarle la manera en la que ella veía la situación.

"En mi planeta las cosas son complicadas. Aunque mi padre es gobernante de Marte siempre han existido grupos opositores que todo el tiempo están luchando por el poder, a esos grupos sólo les interesa desestabilizar el gobierno de mi padre, y esperan que con un golpe de suerte logren gobernar a Marte para apoderarse de sus tesoros, del agua… no les importa la gente." Rei jugueteó con el pañuelo ensangrentado en su mano, tomó aire y continuó hablando. "Uno de esos grupos asesinó a mi madre, he visto morir a mucha gente… supongo que en Venus las cosas son diferentes. Por supuesto que siento pena por ellos, pero no deberías dejar que te afecte tanto, o va a resultar insoportable en algún momento Minako. Todavía no lo sabemos, pero esto se puede convertir en una masacre. A veces lo único que te queda es dar gracias porque tú no fuiste la siguiente, y rogar para que no te quiten lo poco que te queda. No espero que lo comprendas, ni siquiera quisiera que lo tuvieras que experimentar pero-"

"Entiendo." La interrumpió Minako, y Rei agradeció que lo hubiera hecho porque estaba empezando a enredarse en una red de palabras que ella misma había tejido. "Entiendo Rei. Gracias."

De la nada se acercó a ella y la abrazó suavemente, y Rei apenas empezaba a sorprenderse con ese gesto, cuando Minako terminó por confundirla todavía más depositando un beso en su mejilla. Hubiera querido hacerle algunas preguntas, ¿por qué había hecho eso? ¿Qué era lo que le estaba agradeciendo? ¿En realidad había entendido? Sin embargo sólo pudo quedarse de pie en el pasillo y observar cómo se alejaba, maldiciendo el hecho de que ella no hubiera sido capaz de agradecerle que le hubiera salvado la vida ese día. Quizá era por eso, por su molestia, y no por otra cosa, que el corazón le estaba latiendo tan rápidamente.


Minako se acomodó en la orilla del alfeizar de la ventana de su habitación, observando en el exterior como caía la lluvia y mojaba los jardines del Palacio. Mucho más alejada y fuera de los límites del Palacio, apenas podía distinguir la ciudad. Intentó no pensar demasiado en lo que había sucedido ahí, después de todo Rei tenía cierto grado de razón… no podía estar atormentándose con cosas que no podía controlar, como la muerte de esos guardias.

Acomodarse en la orilla de la ventana era una costumbre que había surgido en ella cuando apenas era una niña. Era una actividad que escandalizaba y asustaba a su madre, por muchos motivos. Uno de ellos era que podía resbalar y abrirse la cabeza como un melón, otro (y Minako no sabía cuál era el más importante para su madre) era que definitivamente una Princesa en Venus no podía comportarse de una manera tan poco decorosa, ¿qué diría la gente si la veían ahí sentada como una niña sin modales? Definitivamente perdería ese aire de elegancia y distinción del que tanto se jactaba la familia real en Venus. Afortunadamente no estaba en Venus y su madre tampoco se encontraba cerca.

"Minako, ¿te importaría bajar de la ventana?"

Pero por supuesto, estaba Artemis, que había sido su tutor desde que ella tenía memoria.

"No pasa nada Artemis. Mi madre no está aquí para reclamarte mi falta de modales." Respondió Minako, sin voltear.

"Me pone muy nervioso verte ahí, además tengo que hablar contigo."

Minako bufó, ligeramente molesta, pero se bajó de la ventana y se acercó al hombre que la conocía desde que era una niña.

"Ese gesto tuyo está empezando a incomodarme." Le dijo Artemis.

"¿Cuál gesto?" preguntó Minako, un poco confundida.

"Ese. Esa media sonrisa y la mirada de que has hecho algo de lo que prefiero no enterarme para no perder mi tranquilidad mental."

"Estás loco." Respondió Minako con una sonrisa. La realidad era que ni siquiera era consciente del gesto al que Artemis se refería.

"No te metas en problemas Minako. Y mucho menos con Rei." Le dijo Artemis.

Un momento. ¿De dónde demonios había salido ese comentario acerca de Rei?

"¿De qué hablas?"

"Te conozco desde que eras una niña que ni siquiera podía caminar. He visto cómo la observas, cómo la tratas."

"No pasa nada Artemis, creo que estás imaginando cosas."

"No juegues con ningún habitante de Marte, eso es definitivamente jugar con fuego. No es una más de tus conquistas."

"¿De qué diablos estás hablando? Jamás he pensado en Rei de esa manera… es decir… ¡Por Dios Artemis! Es Rei, no podría hacerle ningún daño. Es necia, solitaria, malhumorada, grosera… pero increíblemente noble, valiente, leal…" Minako se sentó en una silla cercana, o mejor dicho se desplomó sobre ella y se llevó ambas manos a la cabeza, suspirando con aire derrotado. "Además… ¿no crees que tiene una mirada hermosa cuando te observa con intensidad? Por supuesto que no es que esté pensando en conquistarla."

"¿Vas a decirme qué es más serio que eso? ¿Cuántos pretendientes dejaste en Venus?"

"Sabes que ninguno, ni siquiera sé por qué lo preguntas." Le respondió ella, con hartazgo. "Aunque no por falta de esfuerzo de mi madre."

"Minako, por favor, sólo estoy tratando de decir que… pues… no es que crea todo lo que dicen de los habitantes de Venus pero…"

Minako alzó las cejas, observando a Artemis que se sentaba a un lado de ella, en otra silla, y peleaba consigo mismo para encontrar las palabras adecuadas. Minako decidió ahorrarle el esfuerzo.

"Crees que simplemente me estoy divirtiendo con Rei porque en Venus tenemos fama de libertinos, lujuriosos, vanidosos y seductores."

Artemis la observó avergonzado, pero no lo negó.

"¡Debería sentirme ofendida! Pero la verdad es que no me importa, sé que no soy así. De acuerdo… la verdad es que sí me siento ofendida, ¿cómo puedes pensar eso de mí Artemis?"

"¡Porque en Venus dejaste una legión de muchachos embobados contigo! Y mujeres también. Y aquí en la Luna todos los días tengo que reprender a más de un guardia porque te observan como si fueras el amor de su vida."

"Estás exagerando, además eso no es mi culpa."

Artemis sonrió. "Eso suena bastante presuntuoso." Le dijo.

Minako suspiró, se le estaba terminando la paciencia.

"Basta Artemis. Esperaba que me conocieras mejor que eso."

Su tutor la observó con compasión y suspiró, preparándose para hablar.

"Nunca había visto que perdieras la concentración por culpa de alguien, como lo hiciste con ella en el primer entrenamiento que tuvimos. No quiero que te distraigas de lo que es importante. Estás aquí para proteger a alguien, y no se llama Rei."

Minako levantó la mirada y observó a Artemis con tristeza y hasta cierto reproche.

"Eso es… bastante cruel de tu parte."

"Lo siento." Respondió sinceramente.

"Sabes algo Artemis, la importancia de las cosas es relativa para todos." Le dijo.

"Otra vez ese gesto tuyo. En verdad todo esto me preocupa demasiado. Prefiero no preguntar qué es lo que origina esa sonrisa."

Minako recordó la manera en la que había abrazado a Rei, el beso en la mejilla, y por supuesto, la mirada de confusión de la Princesa de Marte por todo eso. Definitivamente, decidió no contárselo a Artemis.

"¿Es eso lo que venias a decirme?" preguntó Minako.

"En realidad no. Venía a decirte que mañana tendremos una reunión temprano en el campo de entrenamiento, ya se lo comuniqué a las demás… lo de Rei fue algo que se me ocurrió de repente."

Minako encogió los ojos y le dio un codazo, y Artemis se puso de pie y salió de la habitación, dejando sola a la heredera de Venus, que se levantó de la silla y volvió a acomodarse sobre el alfeizar de la ventana, observando la lluvia y pensando en todo y en nada al mismo tiempo.

Hubiera querido seguir las recomendaciones de Artemis, sin embargo, esto era algo definitivamente más fuerte que ella. Suspiró observando el cielo nublado y se dijo que quizá se iba a arrepentir después…

"Sólo quieres verla otra vez… eso no le hace daño a nadie." murmuró para sí misma.

Se puso de pie, tomó una capa para cubrirse de la lluvia y salió de su habitación, sin poder borrar la sonrisa de su rostro.