¡Hola! Aquí está ya el otro capítulo.

Me dio gusto leer que los capítulos les parecen emocionantes y que no están resultando largos y tediosos :) Alguien por ahí (Hitohira) dijo que quizá era el mejor fic de Rei y Minako en español, pero eso no me corresponde a mi decidirlo, ¡lo que sí sé es que hay muy pocos en español! (créanme, creo que ya los leí todos jaja, y comparados con la cantidad que hay en inglés, ¡es nada!) Me cuesta trabajo entender eso, porque creo que a los personajes se les puede sacar mucho provecho… ¿no lo creen? Supongo que tiene que ver con el hecho de que, tal vez, el género yuri no es tan popular o está lleno de prejuicios… ¡que triste!. Pero dejando eso de lado, una vez más, gracias por seguir la historia, y por sus amables reviews :)


Encuentros.

Rei se desplomó sobre el piso de su habitación, intentando respirar profundamente para no perder el conocimiento. Una enorme cantidad de imágenes se agolpaban en su mente, y ella instintivamente cerró los ojos, aunque sabía que eso no ayudaría en absoluto para detenerlas. No había secuencias claras, sólo escenas que ella parecía presenciar desde un punto indeterminado y de las que no podía discernir principio o final, era un poco como observar los recuerdos de alguien más de manera aleatoria. Se esforzaba por entender pero le resultaba casi imposible, había destellos de luz que viajaban de un lado a otro y se encontraban en el aire con explosiones que hacían retumbar el piso, después podía observar a un grupo de guardias lunares combatiendo a otros que nunca había visto, y de un momento a otro la escena cambiaba para mostrar a dos chicas que ella no conocía, una de cabello rubio y otra de cabello de un curioso color azul aguamarina, luchando con un youma. Después, podía distinguir entre la confusión, a Ami y Makoto, combatiendo un ente oscuro sin forma definida, pero rápidamente la escena se desvanecía y de pronto ella se encontraba corriendo de manera frenética por un jardín, que extrañamente estaba intacto, y sentía la urgencia de llegar a algún lugar, sólo que no sabía cuál, y por qué. Finalmente, y mucho más rápido de lo que ella hubiera pensado, atravesó el jardín, para llegar a un salón y encontrarse entonces con que Minako estaba tendida en el suelo. Un suelo de mármol blanco teñido con su sangre. Y entonces en menos de un segundo se encontraba arrodillada a su lado, observando que Minako tenía una herida que bien podía ser mortal. "Es sólo un sueño… una pesadilla…" se dijo, cerrando los ojos, pero la imagen no desaparecía, parecía que aquello iba más allá del sentido de la vista. Acercó la mano al rostro de Minako, no podía estar… pero entonces no la quiso tocar, se obligó a despertar de esa pesadilla, porque de pronto ese fatídico y familiar sentimiento regresó, esa angustia y esa opresión en el pecho que había sentido por primera vez cuando la visión de la muerte de su madre la asaltó apenas siendo una niña.

Regresar al mundo real fue como una bocanada de aire fresco luego de permanecer durante largos y angustiosos segundos sumergida en aguas oscuras e impenetrables. Abrió los ojos y se intentó incorporar tan rápidamente que apenas fue consciente de empujar a alguien en el proceso, se quedó sentada sobre el piso y se llevó las manos a la cabeza, que le estaba doliendo como si le fuera a estallar, e intentó controlar el vértigo que experimentaba cerrando los ojos y respirando con dificultad. Parecía que había corrido alrededor del Palacio por lo menos unas diez veces, porque el sudor le escurría por la frente y le humedecía el rostro, el cuello y le mojaba el cabello negro, que se adhería a su piel en mechones largos y rebeldes.

"Rei, ¿qué pasa?"

El sonido de una voz preocupada le dejó saber que no se encontraba sola. Abrió los ojos y se encontró con Minako, que la veía confundida, alarmada e incluso temerosa. Era tan diferente a la Minako tendida en ese salón, desangrándose y agonizando. Esta Minako estaba llena de vida. Entonces había despertado de la pesadilla.

Quiso incorporarse pero todo lo que logró hacer fue gatear hasta donde se encontraba Minako, tomarla de la muñeca, y tirar de ella con la suficiente fuerza como para atraerla hacia sí misma y abrazarla. No hubiera podido decir quien estaba más sorprendida, si Minako o ella misma. Pero sin duda estaba exhausta y no quería concentrarse en otra cosa que no fuera Minako respirando entre sus brazos, Minako colocando las manos sobre su espalda, Minako acariciándole el cabello húmedo y preguntándole qué era lo que estaba sucediendo. 'No está muerta' se repitió una y otra vez, intentando calmarse.

"¿Qué sucede Rei?"

"Nada." Le respondió, alejándose finalmente de ella y poniéndose de pie, aunque le temblaron las piernas.

"¿Crees que soy estúpida?"

Le seguía doliendo la cabeza, el mareo persistía y al parecer se había vuelto a lastimar el brazo al caer, porque le estaba punzando dolorosamente. En esas condiciones, tampoco tenía muchas ganas de discutir.

"Sólo fue una visión… no lo pude controlar bien, llegó de repente… quizá la herida en el brazo y la sangre que perdí contribuyó a que no pudiera manejarlo adecuadamente."

Rei se sentó sobre la cama y hubiera querido desplomarse en el suave colchón para no despertar hasta dentro de muchos días, pero la presencia de Minako logró disuadirla de tal propósito. La rubia se acercó a ella y deslizó los dedos por su frente, apartando los mechones de cabello que tenía adheridos al rostro, y Rei, muy a su pesar, no pudo evitar cerrar los ojos al experimentar el contacto.

"Estás muy pálida." Murmuró Minako. "¿Siempre te afecta tanto?"

Rei negó con la cabeza. Era verdad, con el paso de los años había aprendido a controlar el impacto que esas visiones le causaban, pero cuando su salud estaba deteriorada era casi seguro que si se presentaba una visión, tendría que sufrir estas consecuencias.

"Te lastimaste el brazo otra vez." Le dijo Minako, observando el vendaje ligeramente manchado de sangre.

"No importa, no-"

"Ya sé, vas a decir que no te duele mucho." completó Minako. "Aquella vez que te desplomaste en el pasillo del Palacio, ¿también fue una visión?"

Rei asintió y suspiró, exhausta. En verdad sentía como si hubiera recorrido kilómetros y kilómetros de desierto a pie, sin tomar un solo trago de agua.

"Lo que tienes que hacer ahora es darte un baño, yo voy a buscarte algún alimento ligero para que puedas cenar, y luego tienes que tomarte el medicamento que te dieron y dormir."

"¿Desde cuándo eres mi niñera?" le preguntó Rei.

"Desde que tú eres incapaz de aceptar que te sientes como si te hubiera pasado por encima un ejército marciano."

Rei dejó caer los hombros, en verdad discutir con Minako era una batalla casi perdida. Por supuesto que no se lo diría.

"Voy a darme una ducha, pero no tengo hambre."

"No estamos negociando." Le respondió Minako.

Ella cerró los ojos cuando sintió una breve pero aguda punzada de dolor en la frente. Fue hasta ese momento que el hecho de que la descendiente de Afrodita se encontrara en su habitación le pareció extraño.

"Minako… ¿qué estás haciendo aquí?"

La muchacha venusina se sonrojó, y Rei tuvo que aceptar que aquello le pareció bastante encantador.

"Sólo… quería confirmar contigo la reunión de mañana y… bueno… quería asegurarme de que estabas bien, por lo de la herida en tu brazo." Comentó casualmente, alisando los pliegues de su vestido de manera despreocupada. Rei alzó las cejas brevemente, pero no hizo más preguntas. "¡Voy a conseguirte algo de comida!"

Rei la observó ponerse de pie rápidamente y salir de la habitación de manera tan veloz que se preguntó de dónde sacaba tanta energía. "Claro, ella no es la que resultó herida." Se dijo, y de inmediato intentó alejar las imágenes de su visión que parecían querer regresar para atormentarla. En verdad no quería pensar en eso, así que se puso de pie y se encaminó al cuarto de baño.


"¡Rei!"

Rei abrió los ojos mientras el dolor de cabeza todavía le perforaba lenta pero constantemente las sienes. Se había quedado dormida en la tina y no sabía cuánto tiempo había pasado, pero estaba segura de que no el suficiente como para sentirse completamente repuesta. El agua estaba tibia, pero las burbujas aún se conservaban. Había aprendido a utilizar esos curiosos polvos, sales y jabones con bastante éxito, si se consideraba que en Marte no existía nada que se le pareciera.

"Llevas una hora ahí dentro, tengo algo de comida allá…" le dijo Minako, señalando la puerta que conducía a su habitación.

La incomodidad de tener a Minako en el mismo lugar en donde ella se estaba dando un baño fue evidente. Rei se sumergió un poco más en el agua, ocultándose dentro de las burbujas.

"Dame unos minutos…" respondió, observando a Minako y haciendo un gesto discreto para que saliera y la esperara fuera.

Minako asintió y salió sin decir una palabra. Rei suspiró, ¿qué demonios le estaba sucediendo? En Marte había lugares en donde varias mujeres se bañaban al mismo tiempo, y ella nunca había demostrado sentirse ni siquiera un poco incómoda con ese hecho. Rei sumergió la cabeza en el agua, en un intento fallido por despejar su mente.

Salió después con rumbo a su habitación, vestida con ropa holgada y arrastrando los pies. Minako, fiel a su costumbre de hacer cosas sin autorización de Rei, se había sentado sobre el piso y estaba comiendo ávidamente una de esas frutas terrestres que Rei creía se llamaban manzanas. La rubia le sonrió y le señaló el otro extremo de la mesa para que se sentara.

"¿Té?" le preguntó.

Rei asintió y observó a Minako preparar el té con tanta parsimonia y delicadeza que le sorprendió un poco que fuera capaz de realizar ese tipo de tarea. Cuando terminó, le acercó la taza con ambas manos y le sonrió ligeramente.

"Te traje una de estas cosas." Le dijo Minako, mostrándole la raíz que Rei había estado comiendo justo antes de la batalla con el youma. "Sigo sin entender por qué la comes, pero supongo que te gusta."

"¿Cómo esperas entender por qué la como si nunca la has probado?"

Minako encogió los labios, observando el poco atractivo alimento. Rei soltó una risa discreta.

"Pruébala."

Aunque parecía que la venusina no tenía muchos deseos de hacerlo, la partió por la mitad y mordió uno de los trozos, sin embargo lo que comió fue tan insignificante que Rei puso los ojos en blanco.

"Así no vas a identificar el sabor."

Minako dejó ambos trozos sobre la mesa y suspiró, haciendo el mismo gesto de una niña que ha sido obligada a comer su platillo menos favorito. Finalmente, se llevó la mitad de la raíz a la boca y la comió completa. Rei la observó masticar el alimento, esperando que lo escupiera o que hiciera una mueca de desagrado, pero eso no sucedió.

"No sabe tan mal. Es… pastosa… dulce… sin embargo no desprende todo el sabor sino hasta el final… no se parece a nada que haya comido antes."

Rei asintió, tomando el primer sorbo de té que le había preparado Minako. Escondiendo una sonrisa detrás de la taza.

"Pero tienes que comer algo, no sólo té." Le dijo a Rei, acercándole entonces un trozo de pan recién horneado, frutas, una especie de budín color blanco, y otros alimentos que ella sólo se limitó a observar sin poder decidir qué tomar. El sólo hecho de pensar en comer le revolvía el estómago. Finalmente se decidió por la mitad de la raíz que Minako había dejado.

"¡Tienes que estar bromeando!" exclamó Minako, cruzándose de brazos y observándola acusadoramente.

"¿Por qué? Esto tiene muchas proteínas."

"No puedes comer sólo eso después de lo que te sucedió." Arguyó Minako.

"No tengo hambre."

Minako extrajo de la charola un tazón de tamaño mediano, cuyo contenido caliente despedía vapor.

"Le pedí a uno de los cocineros que te preparara esto. Cuando era niña, solían dármelo cuando me enfermaba. Es una sopa que tiene muchos vegetales y pequeños trozos de carne, y no voy a irme hasta que te lo termines."

Minako le acercó el tazón a Rei y luego volvió a cruzarse de brazos, observándola con decisión. Rei observó el contenido. No se veía mal, pero ella no tenía apetito, sin embargo se obligó a probarla. Contrario a lo que había pensado Rei, la primera cucharada no le revolvió el estómago, sino todo lo contrario. Siguió comiendo en silencio hasta que vació el tazón entero.

Minako la estaba observando como una madre orgullosa. En verdad que todo eso era una situación bastante ridícula, se dijo Rei.

"¿Contenta?" le preguntó.

"Claro." Respondió Minako, satisfecha.

Pasaron un par de minutos más en silencio, con Rei bebiendo más té y observando de manera melancólica su planeta, que brillaba apenas como una estrella, a través de la ventana. El dolor de cabeza se había atenuado ligeramente, aunque ocasionalmente pequeñas punzadas dolorosas le atravesaban el cráneo, pero el brazo le seguía doliendo y ahora empezaba a resentir los efectos de las caídas que había sufrido.

"Rei… ¿qué fue lo que viste?"

Rei apartó la mirada de la ventana para posarla sobre Minako. Luego posó sus oscuros ojos sobre la mesa.

"Supongo que escenas de las batallas que están por venir…"

"¿Y vamos a ganar?"

Rei no pudo evitar sonreír y regresó su mirada a Minako. Era una pregunta… increíblemente inocente.

"Ojalá pudiera saberlo." Le respondió.

"¿Algún detalle?"

"Había dos chicas que no conozco… una de cabello rubio y corto, otra de cabello largo, ondulado… color azul aguamarina."

"No sé quién pueda ser la primera… ¿pero azul aguamarina? Tiene que ser Michiru."

Rei alzó las cejas.

"Heredera de Neptuno." Respondió Minako. "Eso quiere decir que nos apoyarán."

En ese momento a Rei no le importaba demasiado quién las apoyaría y quién no. Había vuelto a su mente la imagen de Minako tendida en el suelo…

"¿Qué más Rei?" le preguntó Minako, mordiendo lo último que quedaba de su manzana.

Ella negó con la cabeza. No se lo podía decir… ni siquiera estaba segura de que eso significara que Minako iba a morir… no lo sabía con certeza, no se había atrevido a confirmarlo. Se había obligado a salir del trance antes de poder asegurarse.

"Sólo eso." Respondió, bebiendo lo último que quedaba del líquido caliente en su taza, y llevándose una mano a la cabeza porque el dolor parecía querer recobrar fuerza.

Satisfecha con la respuesta, Minako se puso de pie y se dirigió a Rei, sólo para sentarse a un lado de ella, con las piernas cruzadas.

"Voltéate para quedar frente a mí."

Rei la observó con confusión.

"Vamos, no voy a morderte."

Incómoda con la situación pero sabiendo que la rubia no se daría por vencida, Rei obedeció. Pero cuando observó que Minako levantaba las manos con toda la intención de colocarlas sobre su cabeza, se inclinó alejándose de ella.

"¿Qué haces?" le preguntó.

"Práctico mis habilidades contigo." Respondió Minako, sin bajar las manos.

"¿Cuáles habilidades?"

"¡Quédate quieta y no hables!"

"No hasta que me digas qué es lo que vas a hacer."

La heredera de Venus bufó, pero bajó las manos.

"Así como en Marte algunos habitantes pueden ver el futuro, o en Júpiter algunas personas predicen el clima o lo manipulan a pequeña escala, en Venus tenemos la habilidad de aliviar ciertos dolores o enfermedades con las manos."

"¿Hablas en serio?" preguntó Rei, frunciendo el ceño.

"Sí… por supuesto que no es nada milagroso, utilizamos nuestra propia energía y la canalizamos al cuerpo de la otra persona. Claro que no podemos salvar a alguien de una herida mortal, o aliviar una enfermedad crónica de manera mágica, pero en algo podemos ayudar. La desventaja de todo esto es que nuestra energía no es infinita… sólo podemos transmitirla en pequeñas cantidades, porque el esfuerzo físico y mental que se tiene que hacer es demasiado. ¿Te ha estado doliendo la cabeza, cierto?" le preguntó, y Rei asintió. "Voy a ayudarte con eso, y quizá también pueda hacer algo con lo de tu brazo, pero no mucho porque me debilitaría demasiado… verás, todavía no perfecciono mucho mi técnica."

Rei se movió inquieta en su lugar. Eso sonaba como si algo pudiera salirse de control.

"No va a dolerte." Le aclaró Minako, pero Rei no se tranquilizó. "Bueno… tengo que advertirte algo… puede ser un poco intrusivo."

"¿A qué te refieres exactamente con intrusivo?" le preguntó, no muy segura de querer saberlo.

"Pues que… trabajamos con energía, y la energía de la otra persona puede llegar a crear una barrera para evitar que una fuerza ajena pudiera dominarla, es un reflejo natural. Entonces necesitamos superar esa barrera, y en el proceso las cosas pueden llegar a agitarse un poco."

"No entiendo." Le dijo Rei sinceramente.

"Que podemos llegar a percibir sentimientos de la otra persona, sin querer."

"Entonces vamos a dejarlo así, estoy bien con mi dolor de cabeza, hasta donde sé, nadie ha muerto de eso."

"Sólo te lo estoy diciendo porque hubiera sido irresponsable de mi parte hacerlo sin aclarar antes ese punto." Le dijo Minako, con cierto grado de frustración. "No es que me suceda siempre."

"Tú misma dijiste que no has perfeccionado tu técnica, no quiero ser tu experimento."

"¡Es precisamente por eso que no la he podido perfeccionar! Pocas personas acceden a ser objeto de esta habilidad."

"Pues eso es porque la mayoría de la gente no quiere que se pongan a "agitar" las cosas en sus cabezas."

"Vamos, Rei, haré mi mejor esfuerzo. Confía en mí."

Rei suspiró, maldiciendo la mirada de Minako que siempre hacía que su voluntad flaqueara en casos como este.

"De acuerdo… pero hazlo rápido ¡Y nada de agitar algo en mi cabeza!"

Minako sonrió y volvió a su posición inicial. Rei se acomodó pensando que era demasiado tarde para arrepentirse, y cerró los ojos.

"Sólo relájate. Ayuda no pensar en nada, es más seguro."

Rei intentó relajarse como cuando meditaba, controló su respiración y despejó su mente. En poco tiempo sintió las manos de Minako sobre su cabeza, cerca de sus sienes, eso la sobresaltó un poco, pero se obligó a permanecer tranquila. No pudo hacerlo, una pequeña parte de su mente se mantenía en constante alerta.

"Vamos Rei, no estás ayudando." Le dijo Minako.

Ella suspiró. Era una sensación extraña, como cuando te sabes observado por alguien más, alguien que está fuera de tu campo de visión. Como meditar frente al fuego y sentir el calor, pero no ser capaz de determinar la ubicación de la hoguera. Sin embargo era una sensación externa, todo estaba fuera… y parecía seguro que se mantuviera de esa manera.

"Relájate… ¿por qué no confías en mí?"

Con los ojos cerrados, Rei frunció el ceño y pasó saliva con dificultad. Y entonces confió en Minako. De inmediato una oleada de tibieza se deslizó no por su cuerpo, sino dentro de él. Fue reconfortante y desconocido, como sumergirse en agua cálida después de hallarse en una fría tormenta, y duró apenas unos segundos.

Cuando Rei abrió los ojos Minako la estaba observando con una seriedad inédita en ella.

"¿Qué pasa?" le preguntó.

"Nada… ¿ayudó en algo?"

Rei desvió la mirada y asintió.

"No me duele la cabeza. Pero el brazo sí."

La rubia sonrió ligeramente. "Después del esfuerzo que tuve que hacer, pensé que ni siquiera iba a poder manejar tu dolor de cabeza. Eso me costó mucho trabajo. Me estaba agotando incluso antes de comenzar."

Rei alzó una ceja.

"Tengo que irme, o mañana no me despertaré para la reunión con Artemis."

La chica marciana asintió con la cabeza, y casi se va de espaldas cuando Minako se despidió dándole un beso en la frente. 'En nombre de todos los dioses existentes en la galaxia, ¿por qué haces ese tipo de cosas sin al menos una pequeña advertencia?' pensó Rei. Dudaba que algún día pudiera acostumbrarse a esos gestos de cariño por parte de la rubia. En su planeta, estrechar la mano de alguien más era el único gesto de contacto físico que se consideraba correcto. Pero parecía que en Venus las cosas eran abismalmente diferentes.


Minako salió de la habitación de Rei un poco sobresaltada, y se quedó apoyada en la puerta durante algunos segundos. Al final no había resultado tan mal, excepto, claro está, por el incidente de la visión de Rei. Hubiera querido estar con ella en circunstancias diferentes, pero en el momento en el que ingresó a su habitación no había sido capaz de hacer otra cosa que no fuera tratar de ayudarla. La había encontrado tendida en el piso, y pensando primero que se trataba de alguna excentricidad marciana, se había acercado con cierta cautela, dándose cuenta en poco tiempo de que definitivamente algo estaba mal, y confirmándolo cuando intentó hacerla despertar, sacudiéndola ligeramente de los hombros sin obtener respuesta. Su preocupación aumentó cuando tocó la frente de Rei y se dio cuenta de que tenía fiebre ¿cómo podía ser posible si apenas hace unos minutos se encontraba en buenas condiciones? ¿acaso su herida era más grave de lo que parecía?. Estaba a punto de salir corriendo para pedir la ayuda de un médico, cuando Rei se incorporó súbitamente, empujándola en el proceso, y luego de unos segundos sucedió algo que la dejó mucho más confundida. El hecho de que Rei la hubiera abrazado de esa manera la sacó por completo de balance. Había sentido tanta desesperación en ese simple contacto que se sintió abrumada, y cuando intentó aliviar su dolor de cabeza sólo pudo percibir más angustia y desesperación, aunque no sabía las causas de esos sentimientos. Desearía que Rei lo compartiera con ella.

"¡Minako!"

La chica rubia levantó la cabeza y se enderezó al escuchar su nombre. Makoto la había llamado, e iba acompañada de Ami.

"¿Qué haces aquí?" le preguntó Makoto, observándola con suspicacia.

"Estaba…" Minako movió los ojos nerviosamente, pero decidió ser sincera. "Vine a ver si Rei se encontraba bien."

"Oh." Le dijo Makoto, y asintió con la cabeza. "¿Y está bien?"

"Sí… mejor."

Minako decidió no mencionar nada acerca de la visión de Rei, después de todo sentía que no le correspondía a ella hablar del tema.

"Me alegro."

Minako sonrió con suficiencia y entonces las tres cayeron en un silencio un tanto incómodo.

"Pues… las veré mañana en la reunión con Artemis, ¡descansen!"

La venusina se despidió, agitando la mano en el aire, y se fue rápidamente por el pasillo que la conduciría a su habitación.

"Se veía un poco extraña."

Makoto volteó para observar a Ami, pensando que si la chica de Mercurio lo notaba, era porque resultaba obvio. Sin embargo quiso asegurarse.

"¿Extraña?" preguntó.

"Si… bueno… ya sabes… extraña." Titubeó Ami.

Makoto sonrió divertida. "¿Eso qué significa?"

"Minako siempre está sonriendo, haciendo bromas. Parece que su energía nunca se agota, va de un lado a otro con entusiasmo y bromea con todo el mundo. Cuando digo que se veía extraña es porque… simplemente estaba seria y pensativa. Eso es algo que no ves muy a menudo en ella, ¿cierto?"

Makoto sonrió y asintió con la cabeza. Era un comportamiento propio de Ami el dar explicaciones tan largas.

"Sí, lo noté. Supongo que sólo está preocupada por Rei. Aunque no me atrevería a asegurar que Minako mostraría la misma preocupación por ti o por mí."

"Por supuesto que se preocuparía por cualquiera de nosotras." Intervino Ami, observando a Makoto con un gesto que parecía querer decirle que eso era algo obvio y no admitía discusión. Así que Makoto se apresuró a aclarar el punto.

"No estoy diciendo que no se preocuparía, sólo que con Rei parece ser diferente… ¡En fin! Creo que yo también me iré a descansar, ha sido un día bastante difícil."

"Me hubiera gustado estar con ustedes." Le dijo Ami.

"Estoy segura de que tu ayuda hubiera resultado bastante útil, pero la verdad es que no fue nada divertido. Tuvimos suerte, no como esos pobres guardias que murieron. Creo que Minako tiene razón, no iban con la intención de hacer mucho daño… es sólo el inicio."

"He estado pensando en eso…" le dijo Ami. "Makoto, siendo objetiva, creo que no tenemos el suficiente entrenamiento como para resistir un ataque de grandes magnitudes."

"¡No seas pesimista!" exclamó Makoto, reanudando el paso, dirigiéndose a su habitación con Ami como compañía.

"Sólo estoy diciendo la verdad, podemos asegurar que el youma no era excesivamente peligroso, sin embargo murieron dos guardias y Rei resultó herida ¿Qué podemos esperar si atacan con más fuerza?"

Makoto observó a Ami, mordiéndose el labio inferior. Sabía que hasta cierto punto tenía razón, pero no estaba dispuesta a dejarse vencer por ese argumento tan fácilmente.

"Entiendo lo que quieres decir, pero no son invencibles."

"Ni siquiera sabemos quiénes son."

"Es cuestión de tiempo averiguarlo."

"Tienen muchas cosas a su favor."

"¡Ami! Me estás poniendo muy nerviosa, ¿podrías dejar de hacer ese tipo de comentarios?"

"Lo siento…" le dijo la chica de cabello azul, inclinando la cabeza y sonrojándose ligeramente.

"Pero tal vez tienes razón." Aceptó Makoto, deteniéndose cuando llegaron a una fuente y contemplándola. "Entiendes que esto que hacemos es muy peligroso, ¿verdad? cualquiera de nosotras podría terminar mal herida, o peor aún, muerta." Le dijo, y Ami asintió ligeramente. "Creo que no lo había entendido hasta el día de hoy, con la muerte de esos guardias."

"De cualquier manera creo que el hecho de que lo hayan podido derrotar con relativamente poco esfuerzo, es una buena señal."

"Bueno, ¡eso me anima un poco! La verdad es que no me estabas motivando demasiado Ami."

Ami sonrió, sentándose en el borde de la fuente, balanceando los pies.

"No es que crea que somos un caso perdido, quizá sólo… estoy algo asustada."

Makoto la observó, comprendiendo el sentimiento.

"Tendrías que dejar de analizar tanto las cosas y confiar en mí… en Minako y en Rei. Y claro, en ti misma."

Ami le sonrió y Makoto le devolvió el gesto. Entendía los temores de la chica de Mercurio, incluso los compartía.

"Ahora Ami, si me lo permites tengo que ir a dormir… nos veremos mañana, ¿de acuerdo?"

"De acuerdo, yo también iré a descansar."

Ami se bajó de la fuente y ambas se despidieron, dirigiéndose a sus respectivas habitaciones.


Al día siguiente, Rei entró en el salón donde se llevaría a cabo la reunión con Artemis. Era la primera en llegar, cosa que no le extrañaba demasiado, pero sólo era cuestión de minutos para que el resto de sus compañeras arribaran. Decidió sentarse a la mesa que se encontraba en el centro del salón, así que se acomodó en una de las sillas y se puso a observar a su alrededor, esperando que las demás no tardaran demasiado. Afortunadamente había descansado suficiente, la cabeza había dejado de dolerle y su brazo, aunque algo adolorido, ya no representaba una molestia muy grande.

"Buenos días Rei."

Justo como lo hubiera esperado, Ami había llegado después de ella y la saludaba con una sonrisa cálida, como siempre.

"Buenos días Ami."

"¿Cómo sigue tu brazo?"

"Mucho mejor."

"Me alegro. ¿Por qué no le pides a Makoto que te prepare algún tipo de ungüento con las plantas medicinales que tiene en el invernadero? Pueden ayudar un poco para que sanes más rápido."

La idea le agradó a Rei. La verdad era que no había hecho caso del consejo de Minako acerca de tomar la medicina que le habían entregado en la enfermería, pero eso del ungüento sonaba un poco más atractivo como tratamiento.

"Se lo diré, gracias."

"Rei, ¿puedo hacerte una pregunta?"

Rei asintió, observando a Ami.

"La verdad es que no he leído mucho acerca de estrategias militares, conozco los métodos de entrenamiento en Mercurio, pero sólo sé generalidades acerca de lo que se lleva a cabo en otros planetas. Sin embargo he escuchado que Marte es particularmente fuerte en ese sentido, ¿de qué manera entrenan a sus tropas?"

"Bueno Ami, podría llevarme el día entero hablándote de los entrenamientos de los guardias marcianos, y aún así no terminaría."

"Entiendo que es un tema muy extenso, pero por ejemplo, ¿es verdad que los entrenan desde que son muy pequeños?"

"Es relativamente cierto. Pero si lo que quieres saber es si obligamos a niños pequeños a que sean parte de las tropas, eso es una exageración. Sólo se reclutan adolescentes, no forzamos a nadie a hacer algo que no desea. Creemos que es importante que los niños pequeños permanezcan con sus familias durante sus primeros años de vida, pero cuando son lo suficientemente maduros para asumir responsabilidades tenemos una especie de convocatoria para que todos aquellos que lo deseen, puedan presentarse para formar parte de las tropas. Entonces comienza todo un proceso para identificar las habilidades de cada uno, para poder ubicarlo en un zoku determinado."

"¿Zoku?" preguntó Ami, que se veía sumamente interesada.

"Es… una especie de división que existe en las tropas de Marte, los arqueros o los jinetes, por mencionar algunas."

"Ya veo… suena bastante lógico y efectivo separarlos de acuerdo a sus habilidades, pero ¿qué pasa después de eso?"

"¿Interrumpo algo?"

Rei levantó la mirada, Makoto acababa de entrar en el salón y se sentó junto a Ami.

"Sólo estamos hablando acerca del entrenamiento militar en Marte."

"¡Qué interesante!" Makoto sonrió ampliamente, y se quedó observando a Rei, esperando que continuara.

"Después vienen horas enteras de preparación física, durante meses. Clases especializadas de armas, combate cuerpo a cuerpo… es todo un conjunto de cosas que en realidad no serviría de mucho si no fuera por nuestras pruebas periódicas."

"Eso suena todavía más interesante, ¿de qué se tratan esas pruebas?" intervino Makoto.

"De dejarlos solos en el desierto durante dos semanas, con el mínimo de agua y alimentos, después se les envía a las montañas en donde deben permanecer otra semana, y luego tienen que volver a casa con sus propios medios."

"¡Estás bromeando!" exclamó Makoto, abriendo mucho los ojos. "¿Pasan casi un mes en el desierto?"

Rei asintió, para ella era algo tan común que no veía lo asombroso.

"¿Una semana en las montañas? Esas montañas están infestadas de bestias peligrosas, sin mencionar los grupos de rebeldes que suelen aprovechar ese tipo de terrenos para esconderse." Le dijo Ami, y a Rei le llamó un poco la atención que conociera ese tipo de detalles acerca de su planeta.

"Si regresan con vida podemos asegurar que son lo suficientemente fuertes para formar parte de las tropas."

Ami suspiró, y se recargó en el respaldo de su silla, pensativa.

"Buenos días."

La última en llegar había sido Minako, que sonriente como siempre, tomó un lugar al lado de Rei. Iba comiendo una manzana y las observó con una media sonrisa.

"¿Desayunaron?" les preguntó, y todas negaron con la cabeza. "Sólo pasé por un pastelillo y un poco de té a la cocina, y esto" les dijo, señalando la manzana. "Rei, ¿cómo te sientes el día de hoy?" preguntó la rubia, volviéndose hacia la chica marciana.

"Mejor…"

"Genial, ¿ayudé a erradicar tu dolor de cabeza?"

Rei se aclaró la garganta cuando se dio cuenta de que Ami y Makoto levantaron las cejas, sin entender del todo el comentario.

"Si… gracias." Contestó Rei en voz baja.

"Si te sigue doliendo puedo ayudarte otra vez."

"No creo que sea necesario…" murmuró.

Rei tenía la vista fija sobre la mesa, y no tenía intención alguna de apartarla de ahí. Era extraño, pero por alguna razón se sentía un tanto avergonzada, como si el hecho de que Minako estuviera hablando de eso frente a Makoto y Ami no fuera adecuado… ¿por qué? No lo sabía con exactitud, pero de pronto sentía el rostro caliente y estaba segura de que se estaba sonrojando. ¡Imposible! Ella no se sonrojaba así como así, siempre había considerado eso como un gesto infantil… pero parecía que en ese instante no lo podía evitar. El sonido de pasos acercándose hizo que levantara la mirada y observara que la reina Serenity acababa de entrar, seguida de Usagi, Luna, Artemis y otras dos personas que de inmediato pudo reconocer como las chicas de su visión.

"Buenos días." Saludó la reina, y todas se pusieron de pie en señal de respeto. "Me da gusto que estén todas presentes, así podemos empezar enseguida."

El resto de los acompañantes y la reina tomaron asiento en las sillas que quedaban libres, y fue entonces que Rei observó con discreción a ambas chicas. Una era alta y delgada, de cabello rubio y corto que parecía ajustarse a la perfección con sus facciones delicadas… la realidad era que se veía más como un muchacho extremadamente apuesto y joven, y Rei tuvo que esforzarse un poco para decidir si era hombre y mujer. Al final las delicadas aunque casi imperceptibles curvas de su cuerpo terminaron por delatar su naturaleza femenina. Minako le propinó una pequeña y discreta patada por debajo de la mesa para que dejara de observar a la chica.

"¿Qué?" susurró Rei.

"No seas tan obvia." Murmuró Minako, frunciendo el ceño y mordiendo la manzana.

"Y tú deja de comer, estamos en una reunión con la reina." Agregó Rei en voz baja, sonriendo con satisfacción cuando Minako dejó sobre la mesa la manzana y se cruzó de brazos con ese familiar gesto de niña que ha sido reprendida.

Rei regresó su mirada al frente, en donde se hallaba la otra joven mujer… si mal no recordaba, Minako había mencionado que el nombre de esa chica era Michiru. Un poco más baja en estatura que la otra, de cabello ondulado azul aguamarina y ojos de un azul profundo, desprendía elegancia y feminidad por donde quiera que se le observara… le resultó imposible no compararla un poco en ese sentido con Minako, sin embargo algo en la mirada de esa joven era definitivamente diferente y misterioso. Michiru observó a Rei y le sonrió ligeramente, y la heredera de Marte, más por no hacer el ridículo que por otra cosa, sostuvo su mirada y se atrevió a sonreírle de vuelta. Minako le propinó una patada mucho más fuerte que la anterior, y aunque a Rei no le dolió demasiado, se volvió para observarla con molestia, ¿qué demonios estaba sucediendo?

"Antes que nada permítanme presentarles a Michiru, Heredera de Neptuno y Haruka, Heredera de Urano." Les dijo la reina Serenity, y Rei observó nuevamente a las recién llegadas. "Michiru, Haruka, les presentó a Minako, Rei, Ami y Makoto. Herederas de Venus, Marte, Mercurio y Júpiter respectivamente. Creo recordar que Minako y Michiru ya se conocían, ¿o me equivoco?"

Minako negó con la cabeza.

"No, efectivamente nos habíamos visto con anterioridad…" comentó Minako "Cuestiones de aristocracia y nobleza planetaria."

Michiru volvió a sonreír mientras observaba a Minako, y aunque Minako devolvió el gesto, a Rei le pareció sentir cierta tensión en el ambiente. O quizá era sólo su imaginación. Haruka estaba sonriendo también, pero con un gesto que más bien parecía indicar diversión. Y Rei definitivamente no estaba entendiendo nada de lo que estaba ocurriendo con todo ese intercambio.

"Muy bien, desde ahora se estarán integrando al equipo. No es secreto que a raíz de lo que sucedió el día de ayer, estamos en un momento bastante crítico… incluso hemos decidido, y cuando hablo en plural me refiero también a Luna y Artemis, que su entrenamiento va a tener que sufrir un cambio bastante drástico desde este momento."

Aquello obtuvo como resultado miradas inquietas por parte de todo el grupo.

"¿Qué clase de cambio?" preguntó Minako.

"He hablado con sus padres, los gobernantes de los planetas, acerca de la situación. Creemos que hay una serie de conocimientos que sólo van a poder adquirir… digamos, en la práctica."

Rei observó a la reina sin querer escuchar lo que estaba a punto de decir.

"Creemos que no es seguro que Usagi permanezca en la Luna, dadas las circunstancias… así que por el momento van a tener que viajar a Venus, todas ustedes…"

Usagi observó a su madre con sorpresa.

"¡Pero mamá!" protestó la Princesa.

"Lo siento Usagi, la decisión está tomada. Hablamos con Afrodita y Adonis, todo está preparado para que puedan salir hoy mismo, antes del anochecer."

Rei volteó hacia Minako, que estaba observando el acontecimiento con sorpresa. Quizá para ella no era tan malo volver a Venus, después de todo era su hogar, así que por esa razón no podía entender que Minako no estuviera contenta. Ella, por el otro lado… ¿Venus? Apenas empezaba a entender un poco acerca de la Luna y ya se tenía que ir a otro planeta. Suspiró. Había otra situación que le preocupaba y no iba a dejar de mencionarla.

"No entiendo qué tiene que ver eso con nuestro entrenamiento. Majestad… discúlpeme pero me parece bastante irresponsable enviarnos de esa manera tan apresurada a Venus, ni siquiera hemos terminado con el entrenamiento aquí, que en mi opinión ha sido bastante relajado. Y nada garantiza que estaremos más seguros en Venus que aquí."

"Es como pasar un mes en el desierto, Rei."

Rei desvió la mirada hacia Ami.

"Tú misma lo dijiste." Continuó Ami. "Si sobrevivimos a esto sólo estaremos probando que somos lo suficientemente fuertes para proteger a Usagi."

Rei apretó la mandíbula… por supuesto que no, ¡era muy diferente!

"Todo lo que hemos hecho ha sido tomar unas cuantas clases de armería, aprender a dominar nuestros poderes, si me lo preguntas, ¡no serías capaz de sobrevivir una sola semana en las montañas de Marte!"

"¿Y tú sí?" le preguntó Makoto, poniéndose de pie. "Estuvieron a punto de matarte el día de ayer."

"Basta." La voz de Serenity interrumpió la discusión que estaban teniendo, Makoto se volvió a sentar y Rei se quedó en silencio. "Lo lamento Rei. Tienes razón."

Rei no supo que responder, ¿la reina se estaba disculpando con ella?

"Es verdad que no han tenido suficiente entrenamiento. Apenas hemos empezado a indagar quién es el enemigo… y por ahora sólo puedo pensar en su seguridad, e intentar darles la mayor cantidad de tiempo para que se preparen lo suficiente. Es por ello que las estoy enviando a Venus, después, quizá, tengan que moverse a Marte, a Júpiter… a algún otro planeta. Sé que tienen un potencial enorme, así que confío en ustedes. Luna y Artemis las acompañarán, y continuarán con su entrenamiento en Venus… sin embargo, como se darán cuenta una vez que lo reanuden, será mucho más práctico e intensivo."

"Venus cuenta con regiones selváticas que son ideales para establecer un campamento." Comentó Artemis.

Rei se dio cuenta de que Minako frunció el ceño.

"¿Estás bromeando Artemis? Hay insectos que con una sola picadura pueden matarte."

"Creo que no has entendido que vamos a tener que correr algunos riesgos Minako." Respondió Artemis, y aquello consiguió que Minako se quedara en silencio. "Queremos protegerlas, y aunque probablemente pasemos algunos días en el Palacio Venusino, es mejor opción mantener un perfil bajo para minimizar cualquier tipo de peligro."

Rei, mientras tanto, estaba pensando en esas regiones selváticas… toda su vida había vivido en un desierto, y lo más que había llegado a conocer acerca de las selvas de Venus era lo que se podía observar en los dibujos de los libros de la biblioteca de su padre.

"Bueno, sin duda esto va a ser interesante." Comentó Haruka, sonriendo. "Minako, ¿vas a llevarnos a uno de esos famosos festivales venusinos en donde hay tanta variedad de vinos que se dice que es imposible salir sobrio?"

"No vamos de vacaciones, Haruka." Intervino Minako, con voz seria.

"Es una pena." Respondió, con gesto resignado.

Michiru le dio un golpe leve en el brazo a Haruka, que le sonrió cálidamente. La heredera de Neptuno desvió la mirada, observando nuevamente a Minako, que tan sólo permaneció con una expresión neutral.

"Disculpa a Haruka, siempre está haciendo ese tipo de bromas… pero por supuesto que entiende la gravedad de la situación."

Minako asintió levemente. Rei no recordaba haberla visto tan seria, porque cuando se trataba de socializar, Minako siempre se mostraba extremadamente amigable. Michiru sonrió discretamente y observó a Rei, Haruka había decidido pasear su mirada por todos los presentes, Minako seguía observando a Michiru, y la heredera de Marte, que nuevamente estaba perdida en ese festival de gestos, miradas y sonrisas, tan sólo se limitó a suspirar con conformismo, sin la esperanza de entender qué era lo que estaba sucediendo.