¡Uff! Espero no estarme precipitando con la publicación de este capítulo, pero sospecho que algunas personas ya lo quieren leer xD. Debo decir que es de los que más trabajo me ha costado escribir (caí en un pequeño bloqueo y perdí mucho cabello en el proceso jajaja, pero ya está superado), y aunque lo disfruté bastante, de repente me empiezo a emocionar de más y me doy cuenta de que estos personajes dan para escribir, y escribir, y escribir ¡y seguir escribiendo! Jajaja. Y no hablo sólo de Rei y de Minako. En fin, como no quiero caer en ese círculo interminable, trato de contenerme jeje.

Así que aquí está el capítulo, espero que me digan que les pareció… ¡gracias por leer!


Contradicciones.

"Ami, ¿tienes que llevar todo eso?" preguntó Makoto, observando un conjunto de cajas apiladas alrededor de la muchacha de Mercurio.

"No puedo dejar todos estos libros aquí, quizá necesite consultarlos eventualmente." Le respondió Ami con ansiedad.

Makoto observó a Minako, pidiendo ayuda con la mirada.

"Ami-chan… en verdad no creo conveniente que los lleves todos, no sabemos cuánto tiempo estaremos en Venus, además si nos establecemos en un campamento, como dijo Artemis, definitivamente no podremos llevarlos."

Ami observó el conjunto de cajas con pesar, y aunque Minako se sintió un poco culpable, definitivamente pensó que llevar todo ese equipaje no resultaría para nada práctico. Encima de todo, Artemis y Luna se habían encargado de dejar bien claro que no era necesario llevar demasiados artículos personales, pues ellos se encargarían de adquirir todo lo que necesitaran en Venus. Así que Minako continuó persuadiendo a Ami para que pudiera desprenderse de sus libros.

"Ami, yo puedo encargarme de que te proporcionen libre acceso a la biblioteca del Palacio, incluso tenemos ejemplares que no podrías hallar en ningún otro lugar, puedes consultarlos también."

A Ami se le iluminó la mirada y sonrió tan ampliamente que la rubia no pudo dejar de sentirse satisfecha.

"¿Lo ves Ami? Asunto solucionado." Le dijo Makoto, que de inmediato, y visiblemente contenta a pesar del esfuerzo que implicaba levantarlas, se puso a acarrear las cajas que contenían los libros de regreso a la habitación de Ami.

"Gracias Mina." Le dijo Ami. "Siendo así, sólo me quedaré con esta caja y… ¡casi lo olvido!"

Ami salió corriendo con dirección a su habitación y Minako se quedó un poco confundida, pero finalmente se encogió de hombros y luego se dio media vuelta para darse cuenta de que Rei se acercaba por uno de los pasillos, como siempre, ligera de equipaje: únicamente llevaba una bolsa no muy grande de cuero, su arco y sus flechas.

"¿Eso es todo?" le preguntó.

Rei asintió, sentándose en la orilla de la fuente que se encontraba en el centro del jardín. Aquella imagen le recordó un poco a la primera vez que la había visto, con tan sólo una bolsa de cuero y su arco, despidiéndose de Ares en medio del desierto de Marte.

"¿Está listo tu equipaje?" preguntó Rei, observándola.

"Ya está en la nave… en realidad tampoco llevo demasiadas cosas."

"En Venus tienes todo lo necesario, después de todo vuelves a tu hogar."

Minako sonrió, asintiendo ligeramente.

"No es como si fuéramos a permanecer ahí para siempre. Eventualmente tendremos que salir."

"Supongo que extrañas a tus padres, será bueno para ti volver a verlos."

Ella hubiera querido sonreír sinceramente, pero supo que el gesto que articuló no fue del todo genuino, e incluso para Rei, no muy hábil identificando ese tipo de emociones, no pasó desapercibido.

"¿Por qué tengo la impresión de que no estás contenta con el hecho de volver a Venus?" preguntó la heredera de Marte.

Minako suspiró, caminó hacia Rei y se acercó para observar su reflejo en el agua cristalina de la fuente.

"Es un poco complicado." Le dijo, sumergiendo la punta de sus dedos en el agua.

"Con ustedes los de Venus siempre es complicado, ¿no?" le dijo Rei.

Algo parecido a una sonrisa adornó el rostro de Minako.

"Digamos que mi salida de Venus para asumir el cargo de protectora de la Princesa de la Luna, no fue en los mejores términos."

"No estoy segura de entender eso."

Minako se dio media vuelta, se sentó en el borde de la fuente y suspiró. Sabía que Rei no era el tipo de persona que presionaría a alguien para hablar, así que podía asegurar que si permanecía en silencio ella no haría más preguntas.

"¿Sabes que tengo un hermana mayor?" preguntó Minako.

Rei abrió un poco los ojos en señal de sorpresa, y negó con la cabeza.

"Su nombre es Tea." Continuó Minako, y Rei asintió levemente, como si estuviera pensando en algo.

"Y si es mayor que tú… ¿no debería estar en tu lugar? Me refiero a que-"

"Sí, claro. Tendría que estar en mi lugar, pero las cosas terminaron complicándose un poco."

"Un poco…" murmuró Rei. "¿Lo suficiente como para que no sea motivo de felicidad volver a tu planeta? No creo que haya sido sólo un poco."

Minako apretó los labios y guardó silencio cuando observó que Ami y Makoto regresaban. La chica de Mercurio llevaba en las manos una vasija pequeña que contenía una flor de color amarillo.

"Todo listo." Les dijo Ami, sonriendo.

"¿Eso era lo que olvidabas?" preguntó Rei, observando con curiosidad la flor.

"Sí, la he estado cuidando desde que Makoto me la regaló, así que no voy a abandonarla aquí."

Makoto sonrió y Minako resistió el impulso de poner los ojos en blanco. Ami estaba dispuesta a abandonar la mayoría de sus libros en la Luna, ¿pero no una simple flor? Decidió no hacer ningún tipo de comentario al respecto.

"Muy bien, entonces supongo que podemos decir que estamos listas. Haruka y Michiru están preparadas también, y nos están esperando, junto con Usagi."

Todas asintieron y tomaron las pocas pertenencias que habían empacado, dirigiéndose al lugar en donde la nave que las conduciría a Venus las aguardaba.

La noche estaba por caer, no hubo grandes ceremonias de despedida ni excesivos protocolos que seguir. La Reina Serenity las esperaba al pie de la nave, con semblante amable y tranquilo, y llevaba en las manos una pequeña caja de cristal que le entregó a su hija con una sonrisa. Sólo entonces Minako entendió que la Reina no estaba segura de que volvería a encontrarse con Usagi.

"Tendrás que cuidar de esto." Le dijo a Usagi luego de entregarle la pequeña caja. "Es el principal tesoro de nuestro reino, y estoy segura de que ellas te ayudarán a protegerlo. Algo nos dice que nuestro enemigo quiere apoderarse de él, y como entenderás, no podemos permitirlo." La reina la abrazó por un instante, y luego colocó una mano sobre su cabeza, como una madre que ha entendido que ya no le corresponde a ella protegerla.

Minako observó a Usagi asentir, y ella no estaba entendiendo demasiado, ¿tesoro del reino lunar? Hasta donde ella estaba enterada, sólo el Cristal Plateado podía clasificarse como tal, así que no podía tratarse de otro objeto que no fuera ese. Durante su infancia había escuchado las historias y leyendas acerca de esa joya y del infinito poder que poseía… ¿estaban confiando en ellas para resguardar ese poder? Por alguna razón, se le hizo un nudo en la garganta, un nerviosismo que sólo se acentuó cuando la reina se acercó a ella, luego de tomar una espada que descansaba en un pequeño almohadón que sostenía un sirviente. Aunque se mantuvo firme en su lugar, hubiera querido salir corriendo de ahí.

"Sé que harán un buen trabajo, Venus Minako. Confío en ustedes y confío en ti como líder de este grupo, así que te entrego esta espada, convencida de que harás buen uso de ella para cumplir con tu deber. Sé que nadie más lo hará tan bien como tú."

Minako sonrió, tomó el arma de manos de la reina y asintió levemente. Ojalá que sus padres pensaran lo mismo. No era tan pesada como parecía, pero lo que simbolizaba no era precisamente una carga física, y la heredera de Venus lo entendía bien. Una a una, la reina fue despidiéndose del resto de las senshis, abrazándolas y animándolas cariñosamente. Cuando fue el turno de Usagi, la Princesa era ya un mar incontenible de lágrimas y sollozos, y aunque a Minako le pareció conmovedor, tampoco pudo dejar de resultarle un poco gracioso el hecho de que Usagi ni siquiera fuera capaz de articular una palabra a causa del llanto.

Una vez que terminaron las despedidas, todas, junto con Artemis y Luna, abordaron la nave. Cuando Minako ingresó se dio cuenta de que era visiblemente más grande que la nave en la que Rei y ella habían hecho el viaje de Marte a la Luna. Además de tener lugares para máximo doce tripulantes, contaba con cinco habitaciones lo suficientemente amplias para dos personas cada una. Existía también un pequeño cuarto en donde podían preparar algún alimento sencillo si así lo deseaban. Artemis les explicó que ese tipo de naves se utilizaban para viajes medianamente largos, y que su recorrido duraría al menos treinta horas terrestres (debido a las diferencias en la medición del tiempo en los diferentes planetas, para el cálculo del tiempo en los viajes se había decidido utilizar un estándar terrestre para evitar confusiones). Artemis y Luna rápidamente asumieron el papel de piloto y copiloto respectivamente, ordenándoles que durante el despegue tenían que permanecer sentadas y que sólo cuando recibieran la indicación podían ponerse de pie.

Usagi se acomodó junto a Makoto y enseguida reanudó el llanto que tan sólo había interrumpido por un par de minutos.

"Vamos, Usagi… todo va a estar bien, seguramente regresaremos mucho antes de lo que piensas." Le dijo Makoto para tratar de tranquilizarla.

"¡Pero me está entregando el Cristal Plateado! No lo hubiera hecho si pensara que las cosas van a salir bien, ¿No lo entiendes? Quizá no vuelva a ver a mi madre."

"Es sólo una medida de seguridad." le dijo Ami, intentando apoyar a Makoto en el intento de consolar a Usagi.

"Eso sólo quiere decir que sabe que el Cristal no está seguro aquí." Respondió Usagi.

"La Reina sólo está extremando precauciones, y dadas las circunstancias, después de los ataques que han sufrido, creo que ha tomado una buena decisión al enviarnos a Venus." Intervino Haruka, que ya se había sentado junto a Michiru y estaba observando al exterior por una de las ventanas.

Ninguna de esas palabras parecieron tranquilizar a la Princesa, que continuó llorando angustiosamente durante varios minutos, incluso después de que la nave despegó y todo lo que se podía observar alrededor era una insondable oscuridad, y tan sólo unos pequeños puntos luminosos que representaban la Luna y la Tierra. Finalmente, y quizá más por cansancio que por cualquier otra razón, Usagi se quedó dormida sobre el hombro de Makoto, que conversaba eventualmente con Ami, quien por momentos leía y por momentos hablaba con su compañera de Júpiter. Cuando Luna les dijo que podían ponerse de pie, Haruka decidió merodear por el cuarto de la comida, argumentando que el viaje de su planeta a la Luna y ahora de la Luna a Venus, le había abierto el apetito. Rei, por otro lado, continuó sentada en su lugar, junto a Minako, y sólo el aburrimiento consiguió que se pusiera de pie y se dirigiera hacia Luna y Artemis para observar como operaban la nave.

Minako observaba el exterior, pensativa, y ocasionalmente dirigía la mirada a la espada que la reina le había entregado y que ahora se encontraba sobre sus piernas.

"Por tu expresión, creo que ahora entiendes realmente en lo que te has metido." Le dijo Michiru, que se hallaba en otro asiento junto a ella.

"Lo supe desde el principio." Respondió Minako, sin observarla.

"¿No pensabas que sería sólo una pequeña aventura para salir de la monotonía?" le preguntó la heredera de Neptuno.

"Estaba consciente de las consecuencias cuando tomé mi decisión." Le respondió Minako.

"Esta vida es una opción que ni siquiera hubieras tenido si no hubiera sido por tu hermana."

Aquello consiguió que Minako volteara para observar a Michiru. Aunque parecía que la chica de Neptuno quería provocarla, su mirada y gesto no la hubieran delatado.

"Puedes tener razón. Pero eso ahora ya no importa."

"Minako, esto es grave."

Minako suspiró y observó el techo de la nave, armándose con toda la paciencia que pudo reunir en ese instante.

"Michiru, en verdad, no necesito que trates de convencerme de la gravedad de la situación. Sé que estamos arriesgando nuestras vidas, lo entiendo."

"Si es así, sólo espero que no te arrepientas de haber ayudado a tu hermana."

Aquella frase fue suficiente para Minako. Con una mano golpeó el costado de su asiento y se puso de pie de manera tan súbita que logró sobresaltar a Michiru, aunque enseguida recuperó la compostura y observó a Minako fijamente.

"No me arrepiento." Le dijo la rubia, inclinándose ligeramente hacia ella, sin la intención de levantar la voz. El hecho de que Michiru le sonriera sólo consiguió molestarla más. ¿Por qué ella no podía canalizar sus emociones de esa manera? ¿Por qué no podía disimular su molestia? "Y no sé qué es lo que te causa gracia." Continuó, sin poder contenerse.

"No me causa gracia Minako." Le respondió Michiru, sin dejar de sonreír. "Me agrada escucharte tan decidida, eso es todo."

Minako se enderezó y sólo entonces fue consciente de que Ami y Makoto estaban observando el incidente. Se aclaró la garganta y observó a todos lados menos hacia sus compañeras.

"Minako, ¿puedes creer que esta nave funciona con una especie de cristal derivado del Cristal Plateado?, una variedad 'impura' la llaman Luna y Artemis." Minako observó a Rei, que se acercaba a ella hablando acerca del combustible de la nave, y que evidentemente, era totalmente ajena a lo que estaba sucediendo. "Tan sólo con la energía generada por ese cristal impuro podríamos ir de la Luna a Neptuno y de regreso sin necesidad de hacer uso de otro cristal… no sólo una vez, ¡sino diez veces! Si un derivado impuro del Cristal Plateado tiene esa cantidad de energía, ahora entiendo por qué alguien quisiera apoderarse de ese tesoro que la Reina Serenity le entregó a la Princesa."

Minako hubiera querido responderle o hacer algún comentario inteligente al respecto, sin embargo Michiru se le adelantó.

"El Cristal Plateado siempre ha sido codiciado por infinidad de personajes en toda la galaxia, pero el pueblo de la Luna ha asumido la responsabilidad de resguardar ese poder para que no caiga en manos equivocadas. Y los gobernantes del resto de los planetas se adjudicaron el compromiso de proteger al pueblo de la Luna, y sobre todo a la Princesa, en una especie de retribución por asumir ese tipo de responsabilidad, y para garantizar la seguridad en toda la Galaxia… si la Princesa y el Cristal están seguros, se asegura la supervivencia de todos nuestros pueblos. A grandes rasgos, podemos decir que no sólo depende de nosotros la vida de la Princesa, sino el destino de la Galaxia entera, y quizá del Universo."

Rei observó a Michiru comprendiendo sus palabras a la perfección, y a Minako le dieron ganas de propinarle un codazo a la heredera de Marte para que dejara de observar de esa manera a la chica de cabello aguamarina. Se suponía que la conversación la estaba teniendo con ella, porque en primer lugar, Rei se había dirigido a ella y no a Michiru… claro que Minako no había sido capaz de articular palabra hasta ese momento.

"Ahora, si me disculpan, voy a averiguar si Haruka preparó algo de comida, muero de hambre."

La chica de Neptuno se puso de pie y se alejó con aire elegante hacia el cuarto en donde se encontraban los alimentos, y Minako no tuvo más opción que volver a sentarse sin decir una palabra. Podía sentir las miradas de Ami, Makoto y Rei posadas sobre ella, pero decidió ignorarlas.

"¿Tienes hambre?" le preguntó Rei.

Minako negó con la cabeza.

"¿Puedo verla?" le preguntó Rei, señalando la espada que Minako sostenía. La rubia se la entregó sin dudar. "¿Alguna vez has utilizado una espada?" volvió a preguntar Rei, examinando el arma, y Minako observó de reojo que Makoto se acercaba, no sin antes dejar a Ami como su suplente en el papel de almohada para Usagi.

"No en una batalla real." Respondió Minako. "Pero he tenido cierto entrenamiento."

"Puedo darte unas lecciones." Intervino Makoto. "¡Son mi especialidad!"

Minako sonrió. "Te lo agradecería Mako-chan, no como a otras personas a quienes tuve que obligar para que aceptaran darme algunas lecciones de arquería que por cierto nunca se concretaron."

Rei frunció el ceño y le pasó la espada a Makoto, que enseguida comenzó a hacer algunos movimientos para demostrar que conocía bien ese tipo de armas.

"Tan pronto como arribemos a Venus tendrás esas lecciones de arquería que tanto añoras, sólo para que dejes de molestarme."

Minako no pudo evitar un grito de emoción ante las palabras de Rei, que puso los ojos en blanco. Justo en ese momento Usagi despertó de su siesta improvisada, y observó alrededor con mirada confundida y ojos enrojecidos por el llanto y el sueño.

"¿Cuánto falta para llegar a Venus?" preguntó.

"Seguramente casi las mimas treinta horas, Princesa." Respondió Minako.

"Minako, no me llames Princesa… suena terriblemente impersonal, Usagi está bien para mí. Y eso va para todas ustedes también."

"Es sólo una muestra de respeto." Le dijo Rei, que se había sentado nuevamente junto a Minako y observaba a Makoto practicar los movimientos con la espada.

"Para mí no es una falta de respeto que me llames por mi nombre, Rei-chan."

Rei frunció el entrecejo, y Minako supo que por alguna razón, la heredera de Marte todavía encontraba incómodo el hecho de que la llamaran "Rei-chan", sin embargo se dijo que algún día tendría que acostumbrarse.

"Si así lo quieres… entonces te llamaré Usagi." Le dijo Rei, que pronunció el nombre como una especie de palabra extranjera.

La Princesa sonrió complacida y Minako se sintió más tranquila con ese comportamiento por parte de Usagi. Verla triste y deprimida era una imagen bastante deplorable y que nada tenía que ver con la naturaleza ingenua y alegre de la heredera del reino lunar. Minako no sabía cuántos momentos les quedaban así, de manera que consideraba que había que aprovecharlos al máximo.

En ese momento Haruka y Michiru regresaron con un par de platos que contenían una especie de bocadillos. Cuando Usagi los vió, emitió un grito y se abalanzó sobre las portadoras de los platillos, sin darles la menor oportunidad de protestar cuando empezó a devorarlos uno tras otro.

"Se suponía que era para todas, pero dadas las circunstancias…" les dijo Haruka, que tan sólo se limitó a observar con una sonrisa a quien se suponía debía de proteger a costa de su propia vida, pero que en ese momento tan sólo se veía como una joven hambrienta y con pocos modales.

"Tendrás que preparar más." Le dijo Michiru a Haruka, sonriendo con gesto resignado.

Haruka encogió los ojos y regresó por donde había llegado.

"Sólo porque tú me lo estás pidiendo." Le respondió a Michiru en voz alta.

Michiru les entregó el resto de los bocadillos, que uno a uno fueron desapareciendo del plato.

"Michiru, ¿puedo hacerte una pregunta?" le dijo Ami a la heredera de Neptuno, que asintió sonriendo levemente. "¿Es verdad que los habitantes de Neptuno tienen cierta habilidad para ver el futuro?"

"Es verdad Ami." Respondió Michiru sin dar mayores rodeos. "Sin embargo es una habilidad bastante limitada, útil sólo para acontecimientos que pueden no ser muy relevantes, y las visiones se presentan de manera poco frecuente. No es nada si lo comparamos con la habilidad de la gente de Marte, por ejemplo."

Minako se mordió el labio inferior. ¡Lo que le faltaba! Que Michiru tuviera precisamente eso en común con Rei. La rubia se llevó una mano a la frente y se dijo que estaba siendo demasiado infantil, ¿por qué todo eso le estaba afectando tanto? Conocía bien la respuesta. Sus padres, cuando no estaban ocupados con asuntos del gobierno de Venus, estaban ocupados comparándola con su hermana Tea o con Michiru. Quizá no existían dos planetas en toda la Galaxia que dieran tanta importancia a los títulos de nobleza, a la realeza, a la elegancia, la belleza y la aristocracia como Venus y Neptuno, y por esa simple razón existían fuertes lazos entre ambos, nexos que en muchas ocasiones derivaban en relaciones familiares, de amistad, o matrimonios previamente pactados. Por ese tipo de razones, durante años, su familia y la de Michiru siempre habían mantenido relaciones muy cercanas. Desde el punto de vista de Minako, un hecho bastante desafortunado. Su madre no se cansaba de repetirle que tenía que ser tan refinada, sofisticada, inteligente y audaz como la Princesa de Neptuno… o tan elegante, educada y distinguida como su hermana. Después de todo, Tea estaba destinada a convertirse en parte del grupo que protegería a la Princesa de la Luna, y a Minako no le quedaba otra mejor opción que no fuera el eventual matrimonio con algún Príncipe Venusino para heredar el trono. Así que cuando Tea le había confesado a Minako que estaba perdidamente enamorada de uno de los miembros de su guardia personal, y que la sola idea de abandonarlo para ir a cumplir con su deber de senshi le destrozaba el corazón, Minako decidió ayudarle un poco… a escapar. De esa manera ambas ganarían: Tea estaría junto a la persona que amaba y Minako tendría la oportunidad de un destino diferente, y estaba segura de que sería uno mejor que el que sus padres tenían planeado para ella. Por supuesto que cuando el plan se puso en marcha y sus padres vieron derrumbarse todo aquello que habían estado preparando durante gran parte de su vida, Minako tuvo que soportar sola la furia de sus padres. Ante la huída de Tea, no habían tenido otra opción que enviarla a ella para suplirla. Adonis incluso había enviado una carta a la Reina Serenity disculpándose por tan vergonzoso hecho. Estaba avergonzado de tener que enviar a Minako, su propia hija, en lugar de Tea. Minako no creía que algún día podría olvidar las palabras que leyó en esa carta, escritas por su propio padre. Ni siquiera se habían despedido de ella, y definitivamente sus padres nunca la habían observado con orgullo, como lo había hecho Ares con Rei, el día que la chica de Marte había salido de su planeta.

"¿Minako?"

La rubia alzó la mirada y observó que todas tenían puesta su atención en ella.

"¿Si?"

"Estábamos hablando de las costumbres en Venus, ¿es verdad lo que dice Michiru?"

"Eh…" Minako observó a Michiru, sabiendo que no adivinaría el tema de conversación. "Lo siento… me distraje, ¿qué es lo que dice Michiru?"

"Que Venus es uno de los planetas en donde son más comunes los casos de matrimonios previamente pactados, no siempre con el consentimiento inicial de los contrayentes." Le dijo Ami.

"Oh… me temo que sí, es cierto."

"¿No es eso bastante contradictorio cuando los habitantes de Venus se jactan de apreciar tanto el amor?" le preguntó Rei, poniendo cara de desconcierto.

"La verdad es que sí, es contradictorio. Sólo puedo decir que es mucho más frecuente entre círculos de la nobleza, para mantener estatus social y proteger intereses de la realeza…"

La mirada que le dirigieron las presentes (con excepción de Michiru, que comprendía un poco mejor ese tipo de situaciones) fue de total confusión. Minako sabía que al menos que se fuera habitante de Venus, o quizá de Neptuno, era poco probable entender ese tipo de acuerdos.

"Debe ser horrible tener que estar junto a alguien que no amas." Intervino Usagi, que había dado cuenta del último bocadillo.

"En realidad no es como parece… en muchos casos se da la oportunidad de elegir a la persona con la que quieres casarte, siempre y cuando pertenezca a un mismo círculo social."

Makoto negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

"¿Qué pasa si quieres estar con alguien que no tiene ninguna relación con la realeza?"

"Bueno… en ese caso las cosas pueden complicarse, es muy poco probable que ese tipo de matrimonios se aprueben, y en tal caso estarías renunciando a todos tus títulos de nobleza y a los derechos y obligaciones que eso te confiere."

"Yo renunciaría a cualquier cosa por estar junto a Endymion." Intervino nuevamente Usagi, y Minako sonrió.

"Estoy segura de que cualquier persona realmente enamorada tomaría ese tipo de decisión Usagi." Le dijo Michiru. "Seguramente Minako estaría de acuerdo, dada la situación con su hermana."

"¿Tienes una hermana?" preguntó Makoto, alzando las cejas.

Minako apretó el mango de la espada y se preguntó si darle un golpe a Michiru estaría entre las buenas opciones para evadir la pregunta. Sin embargo suspiró y se dijo que no tendría caso seguir omitiendo esa historia, después de todo en algunas horas estarían en Venus y el tema sería más difícil de evadir. Tomó aire, las observó, y se dispuso a explicarles todo, omitiendo aquellos detalles espinosos que involucraban la relación con sus padres.


"Rei, llegamos. Tienes que ponerte el atuendo que les entregó Artemis y prepararte para el descenso de la nave."

Rei abrió los ojos y observó a Luna. Durante las últimas dos horas había estado meditando en una de las habitaciones y también evitando tener que ponerse ese vestido rojo que le había dado Artemis.

"¿En verdad tengo que usarlo? Es un poco… venusino."

Luna sonrió y tomó el vestido que se encontraba sobre la cama, entregándoselo.

"No puedes usar esa ropa que tienes puesta, sé que estás acostumbrada a temperaturas extremas como las del desierto en Marte… bueno, en Venus el clima es muy caluroso y húmedo. Además es una muestra de respeto, tenemos que apegarnos a algunas de sus costumbres."

Rei suspiró… el vestido no era feo… pero no estaba segura de que en ella luciera del todo bien. Era más corto de lo que estaba acostumbrada a utilizar, de un material tan ligero como la seda y con varios pliegues que lo hacían lucir cómodo y fresco, además llevaba un hombro descubierto. Finalmente lo tomó de la mano de Luna y se dispuso a cambiarse, sabiendo que sería inútil oponerse.

"¿Y qué se supone que tengo que hacer cuando esté frente a un habitante de Venus?" preguntó Rei, mientras se ponía el vestido.

Luna se llevó un dedo pulgar a los labios y se quedó pensativa.

"Considerando tu carácter, sólo déjate llevar. Será mejor que intentar cualquier otra cosa."

"Pfff… ¿todos son como Minako?" preguntó Rei y Luna soltó una carcajada. De pronto se imaginó siendo abrazada por desconocidos, interrogada sin clemencia, arrastrada a situaciones de manera obligatoria…

"Si has logrado sobrellevar a Minako, estoy segura de que podrás tolerar esta situación."

"Eso quiere decir que sí." Respondió finalmente Rei, terminándose de poner el vestido y observándose en un espejo cercano. "¿Por qué los tienen que hacer tan cortos?" preguntó Rei, estirando el vestido para cubrirse las rodillas. Luna volvió a reír a carcajadas.

"Rei, ¡por todos los dioses!, apenas si está un poco arriba de las rodillas. Ahora date prisa, te estamos esperando. Está por anochecer en Venus."

Sin decir una palabra más, Luna salió de la habitación. Rei tomo el pequeño bolso de cuero que siempre la acompañaba, su arco junto con las flechas y salió detrás de Luna.

En el exterior y en sus respectivos lugares estaban el resto de sus compañeras, todas con vestidos de corte muy similar pero de diferentes colores. Verde para Makoto, azul para para Ami, aguamarina para Michiru, azul marino para Haruka, naranja para Minako y Usagi en blanco. Al menos de esa manera Rei no se sentía tan fuera de lugar. Rei caminó para ocupar su lugar al lado de Minako, que no la había dejado de observar desde que había aparecido.

"¿Por qué tardaste tanto?" le preguntó Minako.

"Me rehusaba a utilizar este atuendo venusino." Respondió Rei, señalando su vestido.

"No entiendo por qué, lo luces bastante bien. Además es algo bastante conservador."

Rei encogió los ojos sin dejar de sentirse sorprendida. ¿Conservador?. En el nombre de todos los dioses, ¿por qué había tenido que ser Venus, de todos los planetas?...

"Estamos descendiendo."

Rei observó que Minako posó su vista al frente y suspiró profundamente. Ella aún estaba un poco sorprendida por la historia de la hermana de Minako y como sus amoríos con uno de sus guardias personales habían derivado en que Minako hubiera tenido que ocupar el lugar de Tea, pero había algo que no terminaba de encajar en el rompecabezas, y era el hecho de que Minako, como se lo había dicho poco antes de que abandonaran la Luna, no estuviera contenta con el hecho de regresar a su planeta. Sin embargo no sería ella la que se lo preguntaría. Si Minako quería compartir con ella esa parte de la historia, estaba bien… de lo contrario ella no la presionaría. Aún así no podía dejar de sentirse un poco preocupada por la reciente actitud de Minako, a quien había visto seria, distraída y absorta en sus pensamientos desde el momento en el que les habían anunciado que viajarían a Venus.

Cuando la nave descendió por completo y Artemis les indicó que podían salir, todas se pusieron de pie y caminaron hacia la escotilla principal.

Rei entendió de inmediato por qué Luna le había dicho que no podía utilizar el atuendo al que estaba acostumbrada. Luego de haber estado durante treinta horas con una temperatura controlada dentro de la nave, la humedad y el calor de Venus la golpeó con tanta fuerza que hasta tuvo que respirar profundamente en un par de ocasiones para habituarse al cambio tan brusco. Ahora entendía por qué Minako había sentido tanto frío aquella noche en el desierto marciano, estando habituada a este tipo de temperatura en Venus. La segunda cosa que capturó su atención fue la cantidad de vegetación que se encontraba alrededor del claro en donde habían descendido. Había tal cantidad de plantas, árboles y flores, que una combinación de olores indescriptibles inundó su sentido del olfato. El suelo estaba húmedo y se desprendía de él una especie de bruma que, sin embargo, permitía el paso de los rayos del sol que se asomaba entre el follaje de los árboles y que parecía estar a punto de ocultarse. A veces, en Marte le gustaba sentarse en un lugar alejado en el desierto, para disfrutar del silencio nocturno, perturbado únicamente por algún animal salvaje y solitario que a través de un aullido o gruñido buscaba advertir de su presencia. Aquí en Venus, el silencio parecía sencillamente imposible, se escuchaba el canto incesante de varias aves, el aullido agudo de alguna especie de animal, el ruido de los insectos, todo combinado en una especie de zumbido incesante que sin embargo, no aturdía. En realidad era un lugar hermoso.

"Bienvenidas, Princesas."

Rei volteó para observar al hombre que las estaba recibiendo. Seguramente era el padre de Minako, pues sus ojos de un color azul claro, pero intenso, lo delataban. A su lado se encontraba una mujer que tenía que ser Afrodita, la madre de Minako. Ambos eran tan atractivos que ahora Rei podía entender por qué Minako era tan hermosa.

"Princesa Usagi, es un honor tenerla en Venus." Dijo Adonis, y besó la mano de Usagi con tanta delicadeza que consiguió sonrojar a la heredera del Imperio Lunar. Rei sonrió disimuladamente, pensando entonces que esas cuestiones de seducción y galantería eran simplemente una especie de característica natural en un habitante de Venus.

"Minako." Dijo Afrodita, y abrazó a su hija sin siquiera esbozar una sonrisa. Rei hubiera esperado que después de varios meses de no haber visto a su hija, una madre al menos sonreiría expresando felicidad, pero no fue así. Adonis ni siquiera tuvo la delicadeza de abrazarla, sino que sólo se limitó a acariciarle el rostro de manera rápida y sonreírle parcamente. Ahora Rei estaba realmente confundida, ¿en dónde había quedado esa manía venusina de excederse en el contacto físico? En realidad que esa gente estaba llena de contradicciones.

Cuando terminaron los saludos y las bienvenidas, fueron conducidas al Palacio de Venus. Tuvieron que internarse un poco en la selva, por un sendero que estaba bordeado por vegetación que parecía haber sido moldeada a propósito para formar una especie de túnel, amplio e iluminado por los rayos del sol. Fue necesario detenerse en varias ocasiones porque Makoto estaba maravillada con una especie sí y otra también, de las muchas plantas que se encontraron en el camino.

El Palacio de Venus estaba colmado de enredaderas y especies de flores aromáticas, jardines colgantes y fuentes con abundante agua. Era visiblemente más pequeño que el Palacio Lunar, pero no por eso menos hermoso. Las paredes y columnas del Palacio tenían un bello tono rojizo arenoso, que de alguna manera conseguía un contraste atrayente con la vegetación del lugar.

"Sé que el viaje fue largo, deben estar cansadas y hambrientas." Les dijo Adonis. "Ordené que les prepararan algunos alimentos, pero si prefieren descansar les mostraré sus habitaciones. Artemis, me informaste que no era prudente hacer una gran recepción, de hecho muy pocas personas saben que se encuentran en Venus."

Artemis, que caminaba junto a Adonis, asintió con la cabeza.

"Es nuestra intención pasar desapercibidos, entiendo que será algo complicado pero entre menos personas sepan que estamos aquí, será mejor."

"Entiendo." Respondió Adonis.

Adonis y Afrodita las condujeron por un pasillo que desembocaba en un corredor con varias puertas ubicadas en un costado y en otro.

"La habitación de la Princesa Usagi está al fondo." Les dijo Adonis, señalando una puerta al final del corredor. "Sé que no son tan lujosas como lo que deben de tener en la Luna, pero nos esforzamos para hacerlas lo más confortables posibles. Pueden tomar la habitación que gusten."

"Estoy seguro de que será más que suficiente Adonis." Aclaró Artemis, y el gobernante de Venus asintió complacido y luego habló como si acabara de recordar algo.

"Minako, puedes quedarte en una de estas habitaciones o tomar la tuya, como lo desees."

"Gracias… creo que lo mejor será tomar una de estas."

Su padre asintió y luego se volvió hacia su esposa.

"Quien quiera comer algo puede acompañarme." Les dijo Afrodita, que hizo un gesto con la mano para que la siguieran.

Como era de esperarse, Usagi fue la que mostró más entusiasmo. Rei se puso a pensar cómo era posible que Usagi almacenara tal cantidad de comida en un cuerpo tan pequeño.

"¿Después de que acaparaste todos los bocadillos que preparó Haruka piensas comer más?" le preguntó Minako a Usagi, y todas comenzaron a reír.

"¡Minako!" exclamó Afrodita. "¿Cómo te atreves a hablarle así a la Princesa? ¡Discúlpate enseguida!"

"No hay ningún problema, en verdad, Minako y yo-" comenzó a decir Usagi, pero fue interrumpida por la madre de Minako.

"Princesa, le ofrezco una disculpa. No importa que usted y Minako se conozcan desde que eran pequeñas, no me cansaré de repetirle que tiene que respetarla…"

"Mamá…" intervino Minako.

"Tu hermana jamás se habría comportado de esa manera."

Rei supo que aquello había sido un golpe bajo cuando observó el gesto herido de Minako. Y también porque Artemis observaba de un lado a otro bastante nervioso, mientras Luna mantenía la mirada en el suelo, como si con ignorar el acontecimiento, fuera a desaparecer.

"Claro que no." Respondió Minako, y Rei supo que aquello no iba a tener un buen desenlace. "Lamento avergonzarte madre, pero tendrás que acostumbrarte al hecho de que soy yo, y no Tea, la que ocupa el cargo que durante años planeaste para ella."

"¿Qué les parece si vamos a comer algo?" la pregunta de Artemis se escuchó ridícula en medio de aquella situación, y sobra decir que fue totalmente ignorada.

"Desgraciadamente así es." Respondió Afrodita.

Minako inclinó la cabeza, se dio media vuelta y desapareció detrás de una de las puertas del corredor. Rei no fue consciente de estarla siguiendo hasta que Haruka la sostuvo de un brazo para detenerla.

"Ahora no Rei." Le dijo la chica de cabello rubio.

"Lamento que hayan tenido que presenciar eso… en verdad… por favor, si quieren acompañarme al salón…"

Afrodita se dio media vuelta y caminó sin esperar a comprobar que realmente alguien la seguía. Adonis se mostraba serio pero no dijo una palabra, y terminó por irse detrás de su esposa con dirección al salón.

"Vamos chicas." Les dijo Artemis, que junto con Luna emprendió el mismo camino que Afrodita y Adonis.

Las chicas se observaron unas a otras un poco contrariadas, sabiendo que había mucho y nada que decir acerca de lo que acababan de presenciar, pero finalmente, una a una, se fueron dirigiendo al salón, mientras Rei todavía estaba ahí de pie siendo sostenida por Haruka.

"En verdad Rei, no es el momento. Vamos." Le dijo Michiru, y la tomó del otro brazo para, prácticamente, obligarla a ir al salón.

Cuando todos se encontraron en el salón y sentados a la mesa, comenzaron a comer sin decir una palabra. El incesante zumbido de la selva venusina era prácticamente todo lo que se escuchaba.

"¿Cuánto tiempo tienen pensado permanecer en el Palacio Artemis?" preguntó Adonis después de varios minutos.

De alguna manera, Rei agradeció que alguien hablara cuando la mayor parte del tiempo habían permanecido en un silencio incómodo.

"Creo que sólo un par de días, quizá pasado mañana establezcamos el campamento del que les había hablado."

"Tenemos todo listo para cuando nos des la indicación." Finalizó Adonis, dejando a un lado el plato y haciendo una seña a dos de los sirvientes que se encontraban en los extremos del salón para que lo recogieran.

Después de eso todos se volvieron a quedar en silencio, y a Rei le empezó a parecer un tanto ridícula la situación. Además estaba molesta, y bastante. Quizá en otras circunstancias hubiera dado rienda suelta a su enojo, pero en ese caso, por mucho que lo hubiera deseado, creía que confrontar a la persona responsable de su molestia no hubiera sido para nada prudente, es decir, la madre de Minako. Así que estaba evitando por todos los medios dirigir su mirada hacia ella. De manera que se había pasado los últimos minutos pensando en eso, y cuando todos se pusieron de pie para retirase, Rei fue la primera en despedirse y en salir del salón.

"¡Oye Princesita del desierto! ¿Cuál es la prisa?"

Rei volteó ligeramente la cabeza para observar que Haruka iba detrás de ella, trotando ligeramente. ¿Y de dónde había salido eso de Princesita del desierto?

"Ninguna." Respondió Rei, y aminoró un poco el paso, intentando no mostrarse demasiado ansiosa.

"Voy a hablar con Minako." Le dijo Haruka, y Rei encogió los ojos. "Yo no, por supuesto… quiero decir que esa tendría que haber sido tu respuesta. Seguramente quieres ver a Minako."

Rei abrió la boca para negarlo, pero no pudo hacerlo, así que ante el silencio, Haruka continuó hablando.

"Michiru me había comentado algo acerca de la relación de Minako con sus padres, y la historia de Tea… en fin, parece que la Princesita de la selva tiene la situación un poco complicada ¿no?"

"Venus." Le dijo Rei, y Haruka la observó sin entender. "Princesita no, Princesa… de Venus." Aclaró Rei, y Haruka sonrió.

"Como quieras." Respondió la heredera de Urano.

"¿Cómo es que Michiru sabe acerca de la relación de Minako con sus padres?" preguntó Rei.

"Sus familias tienen fuertes lazos de amistad… o en este caso, creo que valdría más decir conveniencia. El punto es que Michiru dice que todo el tiempo Minako ha tenido que soportar una avalancha de comparaciones con su hermana, o incluso con la misma Michiru. Así que esa es la razón de que exista cierta tensión entre tu Princesita y Michiru."

"¿Mi Princesita?" le dijo Rei, a punto de sonar escandalizada.

"Me refiero a Minako."

"¡Por supuesto que sé que hablas de Minako!"

"¿Entonces cuál es el problema?"

Rei se llevó una mano a la frente. Por alguna razón le dieron ganas de reír.

"Olvídalo." Concluyó, y entonces se dio cuenta de que habían llegado al corredor de sus habitaciones.

La noche había caído en Venus, y se habían dejado de escuchar el sonido de las aves y varios animales, pero ahora el ambiente parecía invadido por el zumbido de insectos y animales nocturnos.

"Adiós Rei, te veré mañana."

Haruka le dio una leve palmada en la espalda a Rei, y se introdujo en una de las habitaciones del corredor. Rei respiró profundamente y se quedó de pie pensando en lo que haría. La verdad era que si entraba a la habitación de Minako no tendría idea de lo que le diría. Tras unos segundos de indecisión, vio pasar una a una a sus compañeras, que se despidieron de ella de manera breve y la observaron como si supieran lo que estaba a punto de hacer. La última en pasar fue Michiru, que le sonrió y levantó una mano agitando los dedos en señal de despedida, para luego entrar en la misma habitación en la que había entrado Haruka. Rei se quedó un poco confundida, pero se dijo que después de todo, parecían tener una relación bastante cercana. Así que Rei se encogió de hombros, abrió la puerta de la habitación de Minako… para encontrarla vacía. La heredera de Marte se llevó una mano a la nuca, observando alrededor. ¿Quizá había decidido comer algo? Poco probable, la hubieran encontrado camino al salón. O quizá había decidido deambular por el Castillo después de haber estado tanto tiempo fuera de su hogar. En ese caso, Rei no tenía idea de donde buscarla. Sintiéndose un poco derrotada, Rei cerró la puerta de la habitación y se fue a la suya, decidiendo que esperaría un poco y regresaría después.

El problema fue que pasaron más de tres horas y Minako no regresó, situación que comenzó a preocuparla un poco. Ahora estaba en un dilema… si le decía a Artemis o alertaba a los padres de Minako seguramente las cosas se iban a complicar todavía más, ¿pero a quién podía pedirle ayuda sin correr el riesgo de enredar más las cosas? Rei observó la puerta de la habitación en donde habían entrado Haruka y Michiru, y sintió una especie de alivio. Se acercó a la habitación y tocó la puerta tres veces. Nadie abrió, así que insistió. Estaba a punto de darse por vencida pensando que quizá se habían quedado dormidas, cuando el rostro de Haruka se asomó por el dintel de la puerta. Estaba un poco despeinada y sonrojada.

"¿Tu?" preguntó Haruka, y a Rei le pareció detectar un poco de molestia en su voz.

"Lo siento… Haruka… ¿está Michiru contigo?"

Haruka puso los ojos en blanco y dirigió su mirada al suelo. Daba la impresión de quería echarla de ahí en ese instante, sin embargo la muchacha suspiró y habló entre dientes.

"Sí… ¿por qué?"

Rei se apretó ambas manos (que tenía ocultas detrás de la espalda), sintiéndose un poco avergonzada pero intentando por todos los medios no demostrarlo.

"Es que… bueno… Minako no está en su habitación y desconozco a dónde pudo haber ido. Me estaba preguntando si Michiru, que quizá conoce mejor que yo el Palacio podría darme una pista…"

En ese momento Michiru se asomó a un lado de Haruka y Rei, muy a su pesar, no pudo dejar de notar que definitivamente ya no llevaba puesto el vestido de hacía un momento, pues sólo iba cubierta con lo que parecía ser una sábana. 'Minako, me las vas a pagar por haberme metido en esta situación.' Pensó Rei.

"Hoy es el primer día de la primavera de Venus." Dijo Michiru y Rei las observó a ambas como queriéndoles decir que no estaba ahí para saber cuándo comenzaban las estaciones de ese planeta. "Puedes buscarla en el Palacio, no es tan grande como el de la Luna así que no te llevaría mucho tiempo. Pero si me preguntas, es más probable que esté en la ciudad."

"¿A esta hora? Es más de medianoche."

"¿Nunca has estado en Venus verdad Rei?" le dijo Michiru, observádola casi con compasión y Rei no tuvo más remedio que negar con la cabeza, así que Michiru continuó hablando. "Hay fiestas casi todos los días, y una de las principales celebraciones en Venus es la que conmemora la llegada de la primavera, precisamente hoy. Y la plaza principal es el centro de esa celebración, así que es muy probable que Minako esté ahí, ¿No lo crees?"

Rei lo meditó por un segundo y asintió con la cabeza. La hipótesis de Michiru era bastante creíble.

"Rei, yo no me preocuparía demasiado por tu Princesa. ¿Por qué no vas a dormir?"

Rei ignoró el hecho de que Haruka se hubiera referido nuevamente a Minako como su princesa, y aunque aquello sonaba más bien como si quisiera deshacerse de su presencia lo antes posible, Rei tenía otra pregunta.

"¿Cómo llego a esa plaza?"

Haruka bufó molesta y se escabulló al interior de la habitación, y Michiru sonrió de manera un tanto juguetona observando a Rei, parecía querer seguir a Haruka, pero su amabilidad ganó la batalla.

"Es sencillo, ¿puedes llegar al lugar en donde aterrizamos?" le preguntó, y Rei asintió. "Encontrarás otro sendero similar al que nos condujo al Palacio, pero más adelante está bordeado por algunas casas, aún más adelante la vegetación se abre un poco, continúa caminando hasta que entres a un claro en la selva, atraviesa un puente formado de manera natural por las raíces de unos árboles enormes y esa es la entrada a la ciudad, vas a identificar una calzada bastante ancha, sólo sigue en línea recta y llegarás a la plaza principal… Rei, ¿por qué te preocupas tanto por ella?"

"Yo no me preocupo…" se apresuró a decir, y enseguida se retractó. "Quiero decir… sí, pero… en realidad no lo sé."

Michiru sonrió.

"Ten cuidado. Si te descubren puedes meterte en problemas, ya conoces a Artemis. Y si Minako está ahí, no quiero ni imaginar lo que dirían sus padres. Minako no es una niña, y aunque a veces se comporte como tal, creo que ha tomado decisiones que demuestran su madurez. Sé que sus padres se darán cuenta de eso tarde o temprano. Ahora, Rei… ¿Puedo irme verdad?" le preguntó Michiru, sonriéndole delicadamente.

Rei asintió.

"Gracias."

Sin decir nada más, Michiru cerró la puerta y Rei decidió tomar su arco y sus flechas antes de salir. Quizá Haruka tenía razón y lo más prudente sería irse a dormir, pero Rei sentía la inmensa necesidad de comprobar que Minako se encontraba bien. La chica de Marte se encaminó al lugar que Michiru le había indicado, sin saber lo que encontraría, pero dispuesta a averiguarlo.