Lamento haber tardado tanto para actualizar esta historia, pero aquí está el nuevo capítulo. No puedo más que agradecerles que continúen leyendo y la verdad la única y mejor manera que tengo para compensarlos es… ¡escribiendo más Rei/Minako! Espero que eso sea suficiente, porque últimamente se me han ocurrido un par de historias más que están esperando ser publicadas, sin embargo no quiero que pase lo mismo que ha pasado con esta, así que seguramente lo haré en un futuro cercano y no serán tan largas como esta. Creo que no sería justo empezar otras historias cuando no he terminado esta, a menos que sea un one-shot o algo así.

En fin, no los aburro más con mis comentarios y los dejo con el capítulo, que espero sea de su agrado

¡Gracias!


Guerra.

Minako se acomodó detrás de las rocas, y contuvo un bostezo. Después asomó la cabeza y observó con atención la oscuridad. Desde ese punto podía distinguir el Palacio Terrícola, pero ahí casi nada le interesaba.

"Deben faltar solo un par de horas para el amanecer. ¿Estás segura de que podremos verlos cuando lleguen?" le preguntó Makoto, asomando la cabeza por encima de la de ella, observando el cielo.

"Sí, y me preocupa lo que su llegada pueda desencadenar."

"Quizá ya fueron advertidos."

"Artemis es el único que puede tener contacto con ellos… al igual que con el resto de los ejércitos. Solo puedo confiar en que les haya advertido de la situación antes de que empiecen a arribar."

"¿Crees que estén bien? Quiero decir… Artemis, Luna, Haruka y Michiru…"

"Sí…" respondió Minako, casi en un susurro.

La realidad era que no podía estar segura, así que solo le quedaba tener la esperanza de que habían logrado escapar y ponerse a salvo.

"¿Qué es eso?" preguntó Makoto, señalando un punto luminoso en el manto oscuro de la noche, era una pequeña luz que bien podría haber sido confundida con una estrella, pero que se movía rápidamente acercándose al Palacio.

"Es sólo una nave…" le dijo Minako, pero en cuanto el artefacto se encontró más cerca de su campo de visión pudo distinguirla con claridad. La nave tenía el color plateado distintivo de aquellas provenientes de la Luna, y se acercaba sin duda hacia el Palacio.

"Tienen que estar bromeando… ¿sólo una?" le dijo Makoto, frunciendo el ceño.

"Es…" murmuró Minako, sin poder creer lo que veía. "Es la nave de la reina. ¿Ves esos grabados en un costado? ¡Es Serenity!"

"¿Qué es lo que pretende?"

"Quizá… quizá intenta arreglar la situación." Respondió Minako, aunque ella misma no se encontraba muy segura de que se tratara de eso.

"Intentaron matarnos, ¿crees que la situación pueda mejorar? Están convencidos de que queremos hacerles daño."

Minako permaneció en silencio, pero estaba de acuerdo con Makoto. No creía que la diplomacia fuera una solución dadas las circunstancias, sin embargo, en el fondo deseaba que la reina Serenity pudiera hacer algo al respecto... era una esperanza tonta, lo sabía.

La nave sobrevoló el Palacio un par de minutos, y finalmente desapareció detrás de las copas de algunos árboles, descendiendo gradualmente y aterrizando en lo que Minako sabía era un campo lo suficientemente amplio. Ella suspiró y recargó la espalda sobre la roca. Ahora solo quedaba esperar, aunque estaba casi segura del desenlace, e incluso nerviosa por la seguridad de la Reina... después de lo que había vivido un par de horas antes, pensar en que podían intentar hacerle daño dentro del Palacio no era una idea disparatada. Ella había tenido que matar a un hombre para mantenerse con vida.

"¿Qué pasa Minako?"

La voz serena de Makoto la sacó oportunamente de sus pensamientos, y levantó la mirada para observarla.

"Yo... nada." respondió.

"Sé que no soy Rei, pero puedes confiar en mí." le dijo la heredera de Júpiter, sonriendo cálidamente.

Minako no pudo evitar sonreír. A pesar de la apariencia dura y enérgica de Makoto, había algo en ella que provocaba un sentimiento de seguridad y protección. Era como tener una hermana mayor.

"Sólo espero que la Reina sepa manejar la situación."

"No te escuchas muy optimista." comentó la otra chica, observándola con atención. "De hecho, te he notado algo pensativa desde que escapamos del Palacio."

"Solo estoy un poco preocupada, pero es normal... ¿No?"

"¿Un poco?" preguntó Makoto, alzando las cejas.

"De acuerdo... demasiado."

Makoto sonrió satisfecha. Minako se preguntó cómo era posible que estuviera sonriendo, dadas las circunstancias ¿Acaso sólo ella era consciente del verdadero peligro que enfrentaban?

"En el Palacio, cuando estaba escapando…"

Minako no pudo terminar la frase. En ese momento una especie de destello proveniente del Palacio ocasionó que ambas chicas volvieran la mirada hacia el lugar. La Princesa de Venus contuvo la respiración, pensando que si las cosas se salían de control, iba a tener que pensar en un plan para mantenerse a salvo. Para mantenerlas a salvo a todas.

"¿Crees que la reina pueda estar en peligro?" preguntó Makoto, y Minako negó con la cabeza, sabiendo que Serenity era lo suficientemente poderosa como para mantenerse con vida. "Está a punto de amanecer." Le dijo Makoto, y Minako notó que así era. El cielo comenzaba a aclararse, la luz del sol se vislumbraba en el horizonte y lo matizaba con tonos naranjas.

De inmediato Minako notó que más naves provenientes de la Luna arribaban, y no pudo menos que sentir frustración cuando no fueron bien recibidos. Las naves ni siquiera pudieron aterrizar, porque fueron atacadas de inmediato por el ejército terrícola y un grupo de youmas que pronto demostró ser más que efectivo.

"Así que no se van a rendir." Murmuró Makoto, con expresión seria. Fue como si de pronto la última esperanza que tenía de que las cosas se resolvieran, se desvaneciera. Minako pudo sentirlo también.

"Necesitamos reunirnos con ellos." Le dijo Minako, y comenzó el camino de regreso a su escondite.

"¿Cómo vamos a hacer eso?"

"No estoy segura. Pero no podemos mantener a Usagi aquí escondida, será más seguro que esté rodeada del ejército de la Luna."

Makoto no le respondió, y Minako saltó con agilidad de una roca hacia otra, pensando en un plan. Sabía que era arriesgado abandonar el refugio que les proporcionaba su improvisado escondite, pero tenían que hacerlo. Entró a la cueva corriendo rápidamente, escuchando los pasos de Makoto detrás de ella. El amanecer empezaba a iluminar un poco el ambiente, pero no lo suficiente como para que notara que alguien se aproximaba a ellas en dirección contraria, así que cuando se estrelló con un bulto y perdió el equilibro, no pudo hacer menos que sorprenderse.

"¿Se puede saber que está pasando?"

Minako reconoció la voz al instante, recuperó el equilibrio y a tientas buscó el brazo de Rei para conducirla al interior de la cueva.

"Necesitamos sacar a Usagi de aquí cuanto antes."


"Dicen que lograron escapar."

Artemis y Luna asintieron. Encontrarse con Serenity había sido definitivamente un golpe de suerte, y ahora se hallaban escondidos en el bosque, en el interior de una de las naves y bajo su protección. Serenity suspiró y se llevó una mano a la barbilla, ponderando la situación, mientras Haruka, Michiru, Luna y él la observaban con atención.

"Tenemos que encontrarlas, es solo cuestión de tiempo para que Beryl ataque con todo su poder."

"Podemos ir a inspeccionar los terrenos cercanos." Le dijo Haruka, adelantándose un paso y mostrando su disposición.

"Recuerden que es arriesgado formar grupos numerosos para salir en su búsqueda, como están las cosas ahora, estamos en territorio enemigo, al menos así es como nos perciben los habitantes de la Tierra. Así que será mejor realizar la búsqueda de manera que pasemos desapercibidos. ¿Estarán bien si solo las envío a Michiru y a ti, Haruka?"

Haruka asintió, al igual que Michiru, y después se despidieron haciendo una reverencia antes de salir de la nave.

"Tenemos que salir de este planeta lo antes posible Artemis."

"Los ejércitos de Marte están por arribar…"

"Si no detenemos esto ahora, será una catástrofe."

Artemis apretó los labios y desvió la mirada.

"Sé lo que estás pensando. Que las cosas ya están fuera de control. Tengo claro que no importan los movimientos que hagamos en adelante, tendremos que enfrentar a Beryl. Sólo me gustaría, de alguna manera, poder abrirle los ojos a los habitantes de la Tierra. Endymion hubiera sido de mucha ayuda en esta situación, pero desapareció. Tenemos que sacar a Usagi de aquí, ponerla a salvo junto con el Cristal Plateado. Permanecer en territorio enemigo no es una opción. Por favor prepara todo, en cuanto Haruka y Michiru encuentren al resto de las chicas, nos dirigimos a la Luna."

Artemis asintió, hizo una reverencia y se dispuso a seguir las órdenes de la Reina, antes de que ella los detuviera a él y a Luna.

"Hay algo más…" le dijo "No creo que Beryl sea capaz de convocar a tantos Youmas, tanta energía negativa es algo que ella no podría manejar."

"¿Está diciendo que alguien puede estar detrás de ella?"

Serenity asintió, y Artemis tuvo que aceptar que no había pensado en esa posibilidad, sin embargo no parecía ser algo improbable, y entre más analizaba esa opción, más se convencía de que era así.

"Resolveremos eso después, por ahora prepara todo Artemis."

Finalmente, Artemis y Luna salieron de la nave.


Rei caminó con cautela a través de los árboles, manteniendo la mirada atenta a cualquier señal de peligro. Un poco detrás de ella, Ami parecía hacer lo mismo.

"¿Por qué no podemos encender una antorcha?"

"¡Usagi!" siseó Rei, y enseguida apretó los labios y tensó todos los músculos.

"No hables, tenemos que permanecer en silencio." Le dijo Minako, que iba detrás de la Princesa de la Luna.

¿No se lo habían dicho ya? Se preguntó Rei, que por enésima vez maldijo la mala costumbre de la Princesa para comportarse de manera imprudente. Sabía que los youmas las podían encontrar fácilmente, aún cuando ellas intentaran pasar desapercibidas, pero el hecho de que Usagi anduviera por el bosque como si estuviera dando un paseo matinal, lograba exasperarla lo suficiente como para considerar amordazar a la heredera que estaban protegiendo.

"Lo siento." Respondió Usagi, y nadie más dijo nada.

A la izquierda de Usagi, Makoto inspeccionaba la oscuridad del bosque. Para ser sincera, en esta situación Rei confiaba más en los instintos de la heredera de Júpiter que en los de Minako o Ami, después de todo la castaña provenía de un lugar muy similar al que ahora se encontraban.

Makoto desvió la mirada y observó a Rei, haciendo un gesto con la mano para indicar que todo estaba en orden. La heredera de Marte dejó escapar un suspiro, pero eso no disminuyó la fuerza con la que aferraba el arco con la flecha preparada en su mano derecha.

El bosque no era precisamente silencioso, el sonido de los insectos nocturnos y algunos animales se combinaba y flotaba en el ambiente con un zumbido sordo que les recordaba que no eran las únicas en aquel lugar, y la oscuridad hubiera sido casi total de no ser por la luz de la luna que ocasionalmente lograba filtrarse entre las copas de los árboles. No había ningún youma cerca, Rei podía asegurarlo porque lo sentía, si bien esa sensación de repulsión se mantenía latente alrededor de ella.

"Rei…" Ami, que cubría el lado derecho, le habló en voz baja. "Alguien nos sigue…"

No podía ser un demonio, estaba segura.

"Si son demasiados tendrás que adelantarte con Ami y Usagi."

La instrucción de Minako consiguió sorprenderla solo momentáneamente. Era lógico, si las superaban en número no podían arriesgarse, pero el hecho de tener que dejarlas atrás le ocasionaba una sensación incómoda. Rei observó a Minako fijamente y asintió, la rubia le sonrió y regresó a cubrir su posición detrás de la Princesa. Fue entonces cuando Rei escuchó el sonido inconfundible de pisadas detrás de ellas, alguien corría con velocidad, pero alejándose.

La heredera de Marte no lo pensó demasiado, abandonó su posición y corrió tan rápido como pudo hacia el origen del sonido, ignorando por completo el llamado de Minako y las miradas sorprendidas del resto de sus compañeras. Si no lo atrapaba ese hombre iba a develar su paradero, y solo sería cuestión de tiempo para que un ejército de soldados terrícolas o de youmas les cayera encima. Podía distinguir una silueta frente a ella, así que tomó su arco y disparó una flecha… sin éxito. Maldijo por lo bajo y apretó el paso, pero para su mala suerte la raíz de un árbol se cruzó en su camino y cayó al suelo perdiendo valiosos segundos. Casi enseguida supo que lo había perdido, las pisadas eran casi imperceptibles y aunque ella siguió corriendo varios metros más, no podía verlo por ningún lado. Se detuvo cuando dejó de escuchar el sonido de sus pasos, y presa de la frustración pateó el primer árbol que estaba a su alcance, haciéndole más daño a su pie que al árbol. Se tomó un par de segundos para recuperar el aliento y luego se dio media vuelta para correr de regreso con sus compañeras. No había tiempo que perder.

"¿Se puede saber en qué estás pensando?" le dijo Minako, más que molesta, cuando Rei estuvo de regreso. "¡No vuelvas a irte de esa manera!"

"Tenía que alcanzarlo, no lo logré, ahora seguramente solo es cuestión de tiempo para que nos encuentren." Le respondió Rei, sin la menor intención de disculparse.

"Eso ya lo sé. ¡Pero pudo haber sido una trampa! ¿Qué pasa si había más hombres esperándote? ¿Qué pasa si estaban esperando que abandonaras tu posición para atacarnos?"

Rei abrió la boca para responder, pero no pudo emitir ningún sonido. En realidad no había pensado en eso.

"No vuelvas a hacer algo parecido." Le dijo Minako, pasando a un costado de ella. "Iré al frente, quédate atrás. Tenemos que apresurarnos, si notan algo extraño díganlo enseguida y no hagan nada por su cuenta."

Rei apretó los labios. No iba a disculparse. Era cierto que había actuado impulsivamente, pero en ese momento sólo había hecho lo que creía era correcto. Aunque también debía aceptar que Minako tenía razón… si eso hubiera resultado ser una trampa y algo se hubiera salido de control, ella habría sido la principal responsable. Intentó no pensar en eso demasiado, y apresuró el paso para alcanzar al resto de sus compañeras. La sensación de malestar se había intensificado… ¿era posible que las hubieran encontrado tan rápido? Intentó sacudirse ese sentimiento y sujetó el dije que alguna vez había pertenecido a su madre, un poco para asegurarse de que seguía en su lugar y otro poco para reconfortarse. La cabeza estaba empezando a dolerle intensamente, se mordió el labio inferior para controlarse un poco, y observó al frente la figura de Usagi caminando con seguridad. Más adelante, la cabellera rubia de Minako brillaba ocasionalmente con el reflejo de la luz de la Luna. Una punzada dolorosa y una leve sensación de vértigo la invadieron al instante, y tuvo que cerrar los ojos para apaciguar el pinchazo agudo que le perforó las sienes. Conocía esa sensación, pero no podían detenerse, tenía que seguir caminando… si las retrasaba estarían en peligro… cuando los colores se difuminaron y el entorno se oscureció más de lo normal, supo que ya no podía hacer nada para evitarlo.


No lo pensó demasiado, como solía sucederle a menudo cuando se sentía amenazada, se le fue encima para derribarla y quizá había esperado encontrar un poco más de resistencia, porque el golpe fue más fuerte de lo previsto y la rubia se golpeó la cabeza al caer. Estaba sobre ella, y aunque al principio temió que hubiera perdido el conocimiento, cuando la muchacha abrió los ojos un poco conmocionada, Rei la observó con recelo, pero no pudo apartar la mirada porque en aquel momento todo lo que podía pensar era que a pesar de la oscuridad, sabía que nunca había visto ese brillo en los ojos de nadie más.

"Rei." La voz de su padre la sacó del trance y se puso de pie para liberar a la recién conocida, heredera de Venus.


Realmente no terminaba de entender lo que estaba sucediendo. Su padre la tomaba de la mano mientras caminaban detrás del ataúd en el que se suponía, estaba su madre. No entendía por qué su padre le había dicho que no la volvería a ver, tenía que ser mentira… la gente no podía irse de esa manera, para siempre, y mucho menos su madre, que siempre le había prometido que estaría a su lado. Más tarde seguramente la encontraría en su habitación si es que ella tenía alguna pesadilla que la hiciera despertarse en medio de la noche.

La realidad fue que a partir de ese día, sólo pudo verla en sus sueños.


"Te prometo que no vas a perderme." Le dijo suavemente.

"¿Cómo vas a prometerme eso si hace unas horas estabas a punto de morir?"

"Supongamos que muero."

"¡No digas eso!" exclamó la rubia, angustiada.

"Dije supongamos… y ahora supongamos que encuentro una manera de regresar."

"Rei… tenemos algunos poderes, pero la inmortalidad no está en la lista. Lo que estás diciendo es una tontería, ni siquiera quiero pensar en esa posibilidad, así que no lo vuelvas a mencionar."

Rei sonrió.


"Sólo promételo." Le dijo, aferrándola con fuerza.

"Por supuesto… no es como si pudieras vengarte si no lo cumplo." Le respondió suavemente.

"Te juro que sí. Voy a encontrarte y me las vas a pagar."

"Bien, ahora tienes un juramento pendiente conmigo."

Ella solo podía sentir angustia.


Aferró la empuñadura de la espada con fuerza, por alguna razón desconocida el arma parecía pesada, pero eso no le impidió dar una estocada limpia al primer soldado terrícola que se interpuso en su camino. Ni siquiera pudo sentir algo cercano al remordimiento cuando el cuerpo del hombre se desplomó en medio de un grito de dolor y un charco de sangre. Continuó avanzando por el pasillo sin saber exactamente a donde dirigirse, hasta que llegó a una intersección y se encontró con Ami.

"Son demasiados."

Lo sabía, podía sentirlo. Esa repulsión estaba ahí, pero el dolor era más fuerte que cualquier otra sensación.

"Rei, ¿podrías soltarme?"

La Princesa de Marte parpadeó un par de veces y observó el rostro de Minako que de pronto había aparecido frente a ella.

"¿Pasa algo?"

Rei observó su propia mano, que sostenía el brazo de la Princesa de Venus con fuerza, y luego la soltó como si el contacto fuera doloroso, estaba temblando ligeramente, y esperaba que la rubia no lo hubiera notado. La cabeza le daba vueltas y una sensación nauseabunda se alojaba en su garganta. Hubiera querido encogerse en el suelo, pero no supo que fuerza la obligó a mantenerse de pie. Pasó saliva con dificultad y dio un par de pasos hacia atrás, colocándose detrás de Usagi, en el lugar que le había asignado su líder.

"¿Sucede algo?" le preguntó nuevamente Minako, y Rei negó con la cabeza.

"Creí escuchar algo… debió ser mi imaginación."

La rubia asintió ligeramente, aunque la observó de una manera que consiguió que Rei desviara la mirada. Estaba casi segura de que no la había engañado, pero en ese momento estaba más preocupada por recuperar el aliento y controlar los latidos acelerados de su corazón. No quería analizar demasiado sus visiones, había algunos recuerdos y otras situaciones que no lo eran… necesitaba con tanta desesperación algo que le ayudara a cambiar la manera en que los hechos se desarrollaban, que hubiera querido gritar.

"Rei…"

La muchacha levantó la mirada y observó a Makoto, que se veía un poco preocupada.

"Estás un poco pálida, ¿estás segura de que te encuentras bien?"

Ella solo pudo asentir. Si Makoto lo había notado, Minako también.

"Caminemos un poco más rápido. Alguien se acerca." Dijo en voz alta.

Lo había sentido de repente, era todavía difícil desenredar la maraña de sensaciones que se agolpaban en su mente, pero estaba segura de no equivocarse. Un grupo de youmas se acercaba rápidamente.

"Rei, tienes que irte con Ami y Usagi."

Rei parpadeó un par de veces ante la instrucción de Minako.

"No es posible. Son demasiados, no podrán contenerlos… y están por todos lados."

El titubeo momentáneo de Minako solo duró dos segundos.

"De acuerdo." Musitó la rubia. "Solo… no se separen, continúen caminando."

Todas asintieron. Rei observó el movimiento nervioso de los dedos de Minako sobre la empuñadura de su espada, y de alguna manera consiguió moverse para cambiar posición con Ami y colocarse a un lado de la heredera de Venus.

"Tuviste otra visión." Le dijo Minako con voz lo suficientemente baja como para que solo ella la escuchara.

Rei no respondió, sino que se limitó a observar a su alrededor en busca de alguna señal de peligro.

"Estoy bien." Respondió finalmente, y Minako dejó escapar algo parecido a una risa. No parecía estar burlándose de ella, era más un gesto de escepticismo.

"¿Qué fue lo que viste?" le preguntó la rubia, y Rei no tuvo más remedio que responderle.

"No estoy segura."

"Eso no es de mucha ayuda." Agregó Minako.

Rei suspiró. No podía deducir nada de su visión, algo que pudiera ayudarles en esta batalla… sólo podía pensar en Minako y en el inexplicable rastro de angustia que esas visiones le habían dejado.

"Sólo mantente cerca." Murmuró, y la rubia la observó fijamente durante un par de segundos, para terminar desviando la mirada cuando una sombra se movió entre los árboles. Rei, al igual que Minako, supo de inmediato que estaban en problemas.

"¡Usagi!" gritó la rubia, aferrándola de un brazo y prácticamente arrastrándola entre la maleza, fuera del alcance de los youmas.

Rei disparó una flecha que dio en el blanco, haciendo que uno de los demonios que se aproximaba se desvaneciera al instante. Pero había más, y Jupiter y Mercurio se encontraban luchando contra ellos. Todo había sido tan rápido que Rei se encontraba más ocupada disparando una flecha tras otra que en pensar en una estrategia para escapar. Pronto notó que el arco no era suficiente, lo soltó y comenzó a lanzar fuego de un lado a otro. Makoto hacía lo propio con descargas eléctricas, y cuando Rei tuvo tres segundos para respirar, examinó a su alrededor tan rápido como le fue posible. No veía a Venus ni a la Princesa por ningún lado. Un youma se aproximó a ella velozmente, Rei se movió hacia atrás y tropezó con la raíz de un árbol, cayó pero fue capaz de contener al demonio milagrosamente, justo antes de que se le fuera encima, una llama salió de la palma de su mano e impactó al youma de manera exitosa. Apenas tuvo tiempo de suspirar aliviadamente cuando otro más apareció de entre la maleza y ella tuvo que rodar para quedar fuera de su alcance. Un destello y un sonido de descarga eléctrica le dejaron saber que había sido Makoto quien la había salvado esta vez. De algún lugar salió Ami y la ayudo a ponerse de pie.

"Hay que salir de aquí." Le dijo, jadeante, y ella asintió. "Makoto intentará contener a tantos como sea posible." Continuó.

"Yo iré al frente." Respondió Rei, y enseguida echó a correr en la misma dirección en la que suponía habían huído Minako y Usagi.

No creía que hubiera corrido con tanta rapidez en su vida. Podía escuchar las descargas eléctricas de Makoto a la distancia, pero jamás alejándose de ella lo suficiente como para no percibirlas. Ocasionalmente tenía que deshacerse de algún demonio que se interponía en su camino, ¿de dónde salían tantos? ¿dónde demonios estaban Venus y la Princesa? Una enorme explosión hizo que perdiera el equilibrio y por poco se va al suelo, escuchó a Ami gritar y supo que eso había sido un ataque de Makoto, de pronto le pareció inmenso el poder que podía tener la heredera de Jupiter. Escuchó un rugido y tardó un poco en identificar el sonido… era un enorme árbol cayendo detrás de ella, pero estaba demasiado oscuro y ella corría velozmente, así que solo giró la cabeza por un segundo para intentar averiguar si Ami y Makoto se hallaban detrás de ella.

"¡Corre!" gritó la heredera de Jupiter, que pasó a un lado de ella junto con Ami.

Por un momento no entendió la dimensión del desastre, hasta que varias ramas le cayeron sobre la cabeza y el sonido de la madera rompiéndose se intensificó. Apretó el paso. Si antes había creído que había corrido con rapidez, estaba equivocada. Esquivó todos los obstáculos que se le presentaron, desde arbustos, árboles, ramas, rocas, raíces, hasta que un youma salió a su encuentro y la derribó, lanzándola por el aire varios metros. Rodó por una pendiente, incapaz de controlar su caída, hasta que el mundo dejó de dar vueltas y la dejó cubierta de lodo, hojas secas, rasguños y heridas por todos lados. Cerró los ojos y apretó los dientes, conteniendo un gemido de dolor. A la distancia pudo escuchar el sonido final del enorme árbol derrumbándose por completo, un estruendo que se desvaneció en la oscuridad del bosque paulatinamente. Al menos había logrado escapar de ese desastre, pero una sensación helada la puso alerta. Era el youma que la había atacado anteriormente, que se acercaba hacia ella desde atrás. Se volteó rápidamente y con una llamarada lo destruyó al instante. Finalmente pudo respirar.

Se puso de pie y observó a su alrededor. No había rastro de ninguna de sus compañeras, y todo se encontraba en silencio. Gracias a la luz de la luna pudo identificar la pendiente por la que había caído, así que decidió ascenderla para intentar retomar el camino que había perdido. La tarea le resultó bastante dolorosa, con el cuerpo adolorido y las manos ensangrentadas (ni siquiera sabía como se había hecho esas heridas) pudo llegar a la cima. Observó con atención el suelo del bosque. En Marte le habían enseñado a identificar las huellas de los animales en la arena del desierto, pero aquí todo parecía tan diferente…

"Tiene que ser lo mismo." Murmuró, intentando encontrar algun rastro que le indicara la dirección que habían tomado Ami y Makoto.

El árbol caído había ocasionado un verdadero desastre alrededor, así que se alejó un poco del lugar hasta llegar a una zona menos afectada. En una pequeña parte del suelo desprovista de vegetación, pudo apreciar lo que parecía ser una huella sobre la tierra humeda. No tenía otra pista, así que caminó tan rápido como le fue posible en esa dirección.

Pasaron varios minutos sin que encontrara otra señal del paso de sus compañeras, y comenzó a desesperarse. ¿Qué haría si no las encontraba? No podía pensar en esa posibilidad. Debía mantenerse tranquila y elaborar un plan. Observo nuevamente el piso y encontró otra huella. Sonrió levemente. Iba en la dirección correcta. Continuó caminando, pero la vegetación se hizo más espesa y ahí ya era prácticamente imposible encontrar rastros de lo que fuera.

Justo cuando empezaba a dudar que fuera en la dirección correcta, un par de manos tiraron de ella, que por instinto opuso resistencia y soltó un golpe con uno de sus codos. Su atacante gritó su nombre.

"¡Mars!"

No supo como, pero Minako estaba debajo de ella siendo parcialmente estrangulada con uno de sus antebrazos.

"Venus…" suspiró la heredera de Marte, relajando tanto los músculos que se desplomó a un lado de ella, cerrando los ojos momentáneamente. "¿Y Makoto?" preguntó, incorporándose.

"¡Se puede saber por qué te separaste de nosotras!" le dijo la heredera de Jupiter, que de pronto apareció en su campo de visión, junto con Ami y la Princesa.

Estaba tan aliviada de verlas a todas juntas que ni siquiera tuvo el ánimo de discutir.

"Un youma me derribó." Confesó, sintiéndose avergonzada por alguna razón.

"¿Estás bien?" le preguntó Minako, poniéndose de pie y ayudándola para que ella hiciera lo mismo.

La heredera de Marte asintió, y se incomodó cuando Minako la observó de arriba a abajo, examinando su estado. "Bien" no era la palabra adecuada para describirla, pero Minako pareció entender que no debía hacer más preguntas, así que se quedó en silencio, algo que Rei agradeció.

Al cabo de unos minutos se hallaban nuevamente caminando en la oscuridad del bosque. Rei observaba a su alrededor, con la sensación de que en cualquier momento serían atacadas por algo o alguien, así que quizá esa fue la principal razón por la que pudo percibir un sonido extraño a un costado de ellas. De inmediato buscó a Minako para informarle, pensando en tan solo unos segundos lo que tendría que hacer si algo las atacaba de manera inesperada.

"Hay algo cerca." Le dijo a Minako cuando la tuvo lo suficientemente cerca, que tan solo se limitó a observarla con los ojos encogidos y una mezcla de sorpresa y preocupación.

Justo cuando la rubia abrió la boca para responderle, el motivo de su inquietud se abrió paso entre la maleza. Era Haruka, junto con Michiru, y aunque al principio Rei se sorprendió al verlas, también sintió un gran alivio de que estuvieran ahí.

"No pregunten como las encontramos, pero tenemos que irnos ahora." Les dijo Haruka tan pronto como estuvo lo suficientemente cerca.

"¿Ir a dónde?" preguntó Rei.

"Con la Reina Serenity, a la Luna."

"¡Pero tenemos que encontrar a Endymion!"

Lo que Usagi acababa de decir las inquietó a todas.

"Usagi, no sabemos en donde está… no podemos perder más tiempo, tenemos que salir de aquí." Le dijo Venus.

"No voy a salir de este planeta si no es con él."

"Tienes que estar bromeando." Le dijo Rei, molesta.

"¡No es una broma! Tenemos que encontrarlo, ¿cómo pueden estar pensando en dejarlo en este planeta?"

Rei tuvo que morderse los labios para no decirle que ni siquiera estaban seguras de que Endymion estuviera con vida, el hecho de considerar la posibilidad de regresar al Palacio (suponiendo al menos que estuviera ahí) para buscarlo, era simplemente impensable. Era ir directo al desastre.

"Usagi, escúchame." Le dijo Minako, armándose de paciencia. "No sabemos en donde puede estar, volver al Palacio para averiguarlo sería arriesgarnos demasiado, a ti, al Cristal Plateado… esto no se trata tan sólo de Endymion y tú, lo lamento… te prometo que haremos lo posible para enviar un escuadrón a buscarlo, pero nosotras tenemos que-"

"¡No!" gritó la Princesa, dando un paso al frente para enfrentar a Minako. "Voy a volver, tengo que encontrarlo."

"Usagi…" le advirtió Minako, que la sostuvo de un brazo para evitar que la rubia siguiera caminando.

La Princesa de la Luna se deshizo de la mano de Minako con un movimiento brusco, y Rei no tuvo más remedio que intervenir.

"Vámonos de aquí." Le dijo en tono cortante a Usagi, tomándola con firmeza de ambos brazos y empujándola con fuerza para que caminara.

"¡Rei!" exclamó la Princesa, que a pesar del forcejeo no pudo liberarse de la heredera de Marte. "¡Suéltame!"

"No voy a dejarte ir hasta que estemos con la Reina Serenity, así que será mejor que guardes silencio, ¿entendiste?"

"¡Tú eres la que no entiende! ¿Me puedes decir que harías si Minako se hubiera quedado atrás?"

Mars apretó la mandíbula, sin dejar de caminar.

"Hubiera seguido adelante porque ella me lo ordenó."

"Estás mintiendo. Regresarías por ella."

Rei se quedó en silencio. No. No lo haría, Minako nunca la perdonaría si hiciera eso.

"Déjame regresar, sé que lo entiendes."

"Entiendo que estés desesperada, pero no podemos volver, lo siento. Eso no lo voy a permitir."

La heredera de Marte pudo sentir la tensión de Usagi mientras caminaban entre la oscuridad del bosque, intentó por todos los medios ignorarla, y se sorprendió a si misma rogando para que la Princesa no cometiera alguna locura que las metiera en problemas a todas.

Pronto esa preocupación se desvaneció cuando la ahora ya familiar sensación de frío y malestar volvió a hacerse presente. Al frente, Haruka y Michiru caminaban para guiarlas, atrás, podía escuchar los pasos del resto de sus compañeras. En un instante, Michiru levantó una mano para impedir que Haruka continuara con su camino, y Rei supo que eso significaba que también lo había percibido.

"Creo que son demasiados." Les dijo la heredera de Neptuno, y Rei asintió comprendiendo.

"Sólo manténganse cerca, y todas estén atentas si alguno se quiere acercar a Usagi." Les dijo Minako.

La rabia que hasta entonces había estado sintiendo la Princesa de la Luna al parecer ya había desaparecido, porque Rei pudo observar su semblante preocupado y asustadizo incluso en la casi total oscuridad.


Estaba exhausta pero no podía rendirse. No sabía cuanto tiempo se había mantenido ahí, luchando contra los youmas, destruyendo uno tras otro y sin saber en que momento terminaría todo. Le dolía cada uno de los músculos y estaba segura de que tenía heridas en más de un lugar, pero continuaba porque detenerse significaría el fin de su existencia. En realidad nadie le había enseñado a luchar de esa manera. Venus no era un planeta que le diera prioridad a las batallas y la guerra, pero desde el momento en el que se había decidido que formaría parte de las senshis que protegerían a la Princesa de la Luna, ciertas lecciones fueron necesarias. Luchar con espadas de madera y soldados indulgentes no se parecía en nada a esto. Un movimiento equivocado y todo terminaría, así que la mayoría de las veces todos sus movimientos eran dictados por el instinto de supervivencia. Ella no tenía la fuerza de Makoto, la habilidad de Rei o la inteligencia de Ami para enfrentarse a este tipo de situaciones, pero al menos quería pensar que lo que en algun momento le había dicho uno de los generales del Ejército de Venus era verdad: Que muy pocas veces se había topado con alguien tan persistente como ella, y que incluso no sabiendo nada acerca de una lucha cuerpo a cuerpo, tenía tanta confianza en sí misma que aquello podía pasar desapercibido al punto de convencer a su contrincante de que era una batalla de igual a igual.

Minako dudaba que ahora fuera el caso, después de todo, a sus contrincantes no los tenía que convencer de nada. Eran simples demonios que existían para un solo propósito, que era asesinarlas.

Una fuerte explosión la lanzó a varios metros de distancia, se golpeó la cabeza con un árbol, o quizá una roca, pero no perdió el conocimiento aunque un agudo zumbido le perforó los oídos y sintió como si el cráneo estuviera a punto de partírsele en dos. Sin embargo eso no sucedió, se quedó tendida en el piso, intentando recuperarse. Ahora sería un buen momento para que un demonio la atacara y terminara con su vida. "Ahora no ahora no ahora no…" se puso a repetir una y otra vez mentalmente, mientras se sostenía la cabeza para evitar que le siguiera dando vueltas. Cuando el mareo disminuyó un poco e intentó ponerse de pie, se dio cuenta de lo difícil que sería. Las piernas no le respondieron como hubiera querido, así que solo pudo arrastrarse entre el montón de escombros formados por madera, hojas secas, tierra y lodo. No podía rendirse, las demás la necesitaban, ¿en dónde estaba Rei? La última vez que la había visto se encontraba disparando una de sus flechas y lanzando fuego como si la existencia de la galaxia entera dependiera de eso, y la verdad era que considerando la situación en la que se encontraban aquel pensamiento no podía estar muy alejado de la realidad.

Alguien le pasó una mano por la espalda y por debajo de uno de sus brazos, intentando incorporarla. Cuando la levantaron soltó un gemido de dolor. Al parecer tenía un par de huesos rotos, costillas para ser más específica.

"¿Vas a quejarte por un par de huesos rotos?"

La voz de Rei consiguió hacerla sonreír, en medio de aquella destrucción. Rei pudo incorporarla y ayudarla para que apoyara la espalda en el tronco de un árbol. Minako respiró con dificultad y observó a su alrededor. Todo era oscuridad excepto por algunas zonas encendidas por el fuego, el humo le irritaba los ojos y le llenaba los pulmones de un aire viciado por las cenizas de la batalla.

"Las demás… ¿la Princesa?"

Rei desvió la mirada, frunciendo el ceño.

"No estoy segura."

Minako dejó caer la cabeza. Tenía que estar en algun lugar, pero en determinado momento fueron tantos youmas que simplemente fue imposible… protegerla. Era su deber. Para eso estaban ahí, no podían fallar.

"Tranquila, yo nunca la perdí de vista… hasta que la vi correr alejándose de nosotras."

Minako levantó la cabeza y observó a Rei con incredulidad. La heredera de Marte tenía casi la mitad del rostro cubierto de sangre, y la otra mitad estaba cubierta de tierra. Aún así Minako hubiera podido decir que era bonita, ¿que clase de sentimiento era este que la hacía pensar en ese tipo de cosas cuando le acababan de decir que la Princesa había, prácticamente, huído?

"¿Correr? ¿Alejándose?" preguntó la rubia, jadeando ligeramente porque por poco se le escapa una risa histérica.

"Sí… estoy segura."

"Dime que es una broma Rei." Murmuró Minako, apoyando la cabeza para observar la luna que parecía estar ahí para recordarle que la heredera de ese reino había emprendido la huída para encontrar a su príncipe, dejándolas a ellas en medio de una batalla luchando por sus vidas.

"No lo creo." Respondió Rei.

En ese momento el resto de las chicas se reunieron alrededor de ella, y Rei les contó la historia nuevamente hasta que todas se quedaron con una expresión de incredulidad tal, que ninguna pudo hablar durante varios minutos.

"Tenemos que encontrarla…" dijo finalmente Makoto.

"Por supuesto." Respondió Minako, dando un par de pasos en la dirección que Rei les había indicado. "No me importa si tengo que atarla y amordazarla para traerla de vuelta." Continuó, apretando los dientes, sin importarle que cada paso que daba le provocaba cierta punzada de dolor en todo el cuerpo.

Rei, que caminaba a su lado, le dirigió una mirada enigmática.

"¿Qué?" le preguntó Minako, más bruscamente de lo que hubiera querido, pero Rei no dio señales de ofenderse.

"Pocas veces había conocido a alguien tan persistente. Aún con esa apariencia pareces dispuesta a acabar con cualquier cosa que se interponga en tu camino, llámese youma o Beryl."

"Estoy aquí por una razón Rei." Le dijo Minako, adelantándose un poco más que el resto de las senshis. "Proteger a la Princesa, al Cristal Plateado. Protegerlas a ustedes."

Rei caminó en silencio durante un par de minutos.

"¿Qué hay de ti?" le dijo finalmente Mars. Su voz era suave y se escuchaba genuinamente interesada en concocer la respuesta a esa pregunta.

"¿De mi?"

"Sí, de ti."

Venus la observó confundida, sin saber exactamente qué responder o a qué se refería.

"Yo…"

"Yo lo haré."

Minako parpadeó un par de veces, observándola.

"Protegerte."

"No necesitas-"

"Detente, Minako. Es mi última palabra."

"Rei, no debes olvidar que proteger a la Princesa es nuestra prioridad y-"

"¿La Princesa?" le dijo Rei, y Minako pudo escuchar cierto tono de desdén en su voz. "La misma Princesa que no piensa en las consecuencias de sus actos y que nos abandona sin importarle que la Galaxia entera se vuelva polvo, simplemente porque quiere estar al lado de Endymion."

"Sé que no es muy inteligente de su parte pero-"

"¿Estás defendiéndola?"

"No, yo-" Minako tartamudeó. No la estaba defendiendo, estaba intentando defender su punto de vista… porque no ganar ese argumento significaría dejar que se derrumbaran un par de creencias que hasta ese momento, la habían mantenido en el campo de batalla.

"Venus, todas abandonamos a nuestras familias y nuestros hogares para protegerla. Todas hemos puesto los intereses de la Luna y de Serenity antes que los nuestros, ¿no me digas que al menos no sientes un poco de resentimiento acerca de todo esto?"

La mirada de Rei logró ponerla incómoda, no quería discutir eso ahora, no era el momento para cuestionar el propósito de esta misión. No quería poner en duda la validez de todo lo que habían hecho hasta ahora, no quería pensar que todo su esfuerzo había sido en vano y que sus acciones para proteger a la Princesa eran poco menos que inútiles. Su padre había muerto, ella había estado a punto de morir en más de una ocasión, eñ futuro de todas era incierto, todas estaban sufriendo… tenía que mantenerse firme, pero Rei tenía razón, porque tampoco podía evitar sentirse traicionada.

"Sé que las cosas no están saliendo bien…"

Rei suspiró y se detuvo, obligando a Minako a hacer lo mismo, colocando ambas manos sobre los hombros de la rubia.

"Esto no es tu culpa." Le dijo, en un susurro. "Si las cosas han tomado este camino… no es tu culpa. No puedes controlar todo. Te lo dice alguien que ha tenido que soñar con el futuro y conformarse una y otra vez con el papel de expectadora."

"Rei, qué pasa si…"

"Shh…"

Estaba asustada, si había algo que valía la pena cada segundo de sufrimiento en todo esto, había sido conocer a la heredera de Marte. Rei, que estaba dispuesta a protegerla por encima de cualquier otra cosa. Pero ella había sido educada como líder, escuchando todo el tiempo que jamás debería perderse de vista el objetivo, que nunca tendría que dejar que sus propios intereses eclipsaran la meta. La maldita misión que le habían encomendado y que en más de una ocasión había querido dejar de lado para poder, solo por una vez, pensar en su felicidad. Estaba asustada porque no podía responder la pregunta que se formaba una y otra vez en su mente, ¿qué haría si tuviera que escoger entre la seguridad de Usagi y la de Rei? Rei lo tenía bien claro… al parecer ella también y eso le aterrorizaba. No quería tener que tomar esa decisión.

"Sólo concéntrate. Haz lo que tengas que hacer, cuando lo tengas que hacer." Le dijo Rei finalmente, sonriéndole para tranquilizarla.

Minako agachó la cabeza, y luego asintió ligeramente.

"Toma esto."

Rei extendió una mano y con la otra tomó la mano derecha de Minako, depositando sobre su palma el dije que en algún momento había pertenecido a su madre. La primera reacción de Minako fue negar con la cabeza vigorosamente.

"No… es tuyo."

"Es un regalo. Me hace sentir mejor cuando estoy intranquila."

"Rei…"

"En Marte, es una grave ofensa rechazar este tipo de presentes tan personales. Así que lo aceptas o vas a tener que sorportar un puñetazo en la cara, por decir lo menos."

Minako sonrió levemente.

"En ese caso, lo acepto gustosamente, Mars Rei."

Rei apretó los labios sonriendo extrañamente y asintió con la cabeza en señal de aprobación.

"Eso está mejor." Concluyó, cerrando la palma de la mano de Minako con sus dedos y acercándose para besarla fugazmente en los labios.

La rubia dejó escapar un suspiro, porque parecía haber pasado una eternidad desde la última vez que Rei la había besado, extendió los brazos para atraerla hacía sí, y la heredera de Marte no opuso resistencia cuando presionó su cuerpo contra el de ella, apretando su cintura.

"Eso está mucho mejor." Murmuró Rei, rozando los labios de Minako con los suyos, cuando se separaron centímetros que parecieron eternos.

Venus dejó escapar una sonrisa traviesa.

"Ejem." El sonido que salió de la garganta de Haruka las interrumpió a ambas, que dieron un paso para alejarse una de la otra, observando todo menos a ellas mismas. "Disculpen la interrupción… ¿pero cuál es el plan?"

Minako tomó aire e intentó adoptar el aire más digno del que fue capaz, el corazón le latía irregularmente pero intentó que aquello no se notara demasiado.

"Estoy segura de que Usagi se dirigió al Palacio, sin embargo no quiero imaginarme como podría ser capaz de entrar y pasar desapercibida. Si la capturan estamos en problemas, porque tendríamos que recuperar el Cristal Plateado de las manos de Beryl, y liberar a Usagi al mismo tiempo. Así que tenemos que entrar al Palacio sin ser descubiertas, e investigar que sucedió con ella. Nos dividiremos en parejas, y si en una hora no tenemos un avance, debemos abandonar el Palacio para buscarla en otro lugar y con más gente."

Todas asintieron, el plan parecía sencillo, pero por supuesto era peligroso. Para empezar, ¿cómo iban a lograr entrar sin ser descubiertas? Eso era algo en lo que Minako no quería pensar, pero algo se les ocurriría.

"Yo iré con Michiru." Les dijo Haruka, y todas asintieron porque eso era algo obvio.

"¿Jupiter? Me gustaría que acompañaras a Ami."

"¿Porque quieres estar con Mars?" le preguntó Makoto, sonriendo.

"¡No dije eso!" se defendió Venus.

"Como si no fuera algo obvio." Agregó Haruka, poniendo los ojos en blanco.

Minako decidió no ahondar más en el tema. Rei tenía una expresión impasible, como si ni siquiera hubiera sido mencionada, pero su puño derecho cerrado con fuerza le dejaba saber otra cosa.

"Vamos."

Minako tomó la delantera y Rei se fue detrás de ella.

La heredera de Venus encogió el rostro cuando una vez más, sus adoloridas costillas le recordaron que había sido lanzada varios metros para estrellarse contra una roca, pero decidió ignorar el dolor. Apretó con fuerza el dije que Rei le había regalado y se repitió una y otra vez que todo estaría bien. Que tomaría la decisión correcta cuando llegara el momento, y que a pesar de que estaba segura de que tenía que proteger a Usagi, ahora también estaba convencida de que el motivo para luchar se encontraba justo detrás de ella, protegiéndola.