Hola queridos lectores :) gracias por su paciencia, aquí está el siguiente capítulo. Tuve que detenerme varias veces al escribirlo, pero al fin lo conseguí... ufff... ¡estamos cerca del final! Agradecería sus comentarios, no sé cuantas veces reescribí esto.


Destino.

Se suponía que tenía que ser sencillo. Minako observó con atención a los dos guardias apostados en una de las entradas al Palacio, y después dirigió la mirada a Rei, que se encontraba escondida detrás de un árbol al igual que ella. No había espacio para el error, así que cuando Rei asintió con la cabeza, Minako sujetó con firmeza la cadena en sus manos e hizo que se deslizara silenciosamente hacia los guardias. La cadena se movió alrededor de los pies de los soldados, casi como una serpiente, y Venus contuvo la respiración porque sabía que un mal cálculo desbarataría su plan para derribarlos. Mars, a un par de metros de ella, tenía los ojos encogidos y los labios apretados en una fina línea horizontal, daba la impresión de que ni siquiera estaba respirando. Cuando Minako consiguió rodear los pies de los guardias como lo quería, cerró momentáneamente los ojos y suspiró un poco aliviada, exhalando aire por la boca de manera silenciosa. Ahora solo era cuestión de un solo movimiento, rápido y eficaz.

Cuando la cadena se tensó y los guardias cayeron al suelo, Rei tuvo su oportunidad. Aprovechó el momento para salir de su escondite y disparó dos flechas de manera casi simultánea, a los dos soldados terrícolas que se ponían de pie, intentando averiguar qué era lo que estaba sucediendo. Las flechas fueron directo a sus piernas. Rei sabía que las puntas de las flechas tan solo penetrarían algunos centímetros en su piel (las había limado para conseguir ese efecto), pero lo suficiente como para que la sustancia que Ami les había entregado (de alguna planta cuyo nombre ella nunca había escuchado) surtiera su efecto en cuestión de segundos. Ambos hombres soltaron un grito de dolor cuando las flechas los alcanzaron, observando alrededor e intentando ponerse de pie, temiendo por sus vidas. Cuando se dieron cuenta de que nadie más los atacaría para terminar con su existencia, fue demasiado tarde. Uno de ellos terminó por desplomarse en el suelo, el otro gritó su nombre y enseguida cayó de rodillas, tambaleándose para finalmente caer de manera aparatosa al igual que su compañero.

Rei abrió un poco los ojos y asintió con la cabeza levemente.

"Tenía mis dudas de que funcionara." Confesó, observando otra flecha más con la sustancia tóxica que Ami les había asegurado dormiría a los guardias el tiempo suficiente como para que ellas pudieran escabullirse al interior del Palacio y hacer lo que tuvieran que hacer.

"No deberías subestimar a Ami, después de todo te salvó la vida." Le dijo Minako, retrayendo su cadena y desapareciéndola al instante.

Ambas se acercaron rápidamente hacia los guardias que ahora estaban inconscientes frente a ellas.

"Ponte esto." Le dijo Mars a Venus, despojando a uno de los guardias de su capa y entregándosela a la rubia. Después la heredera de Marte hizo lo propio con la capa del otro guardia. Una capa con capucha y con la insignia terrícola en la espalda les ayudaría a pasar desapercibidas en el interior del Palacio, o al menos eso esperaba Mars.

Hubo un momento de pánico cuando Venus se percató que la puerta estaba cerrada, preguntándose si realmente habían sido tan ingenuas como para pensar que se encontraría abierta, pero Rei intervino justo en el momento en el que Minako comenzaba a soltar maldiciones por la situación. Uno de los guardias llevaba las llaves consigo.

El interior del Palacio, para su sorpresa, se encontraba mucho más sereno de lo que lo esperaban.

"Estamos en el ala norte, tenemos que inspeccionar la mayor cantidad de salas y habitaciones que nos sea posible." Le dijo Venus a Mars, que caminaba a su lado.

Justo cuando estaban a punto de doblar en una de las esquinas, Minako se encontró frente a frente con otro soldado, al parecer de mayor rango y que le habló en tono imperativo.

"Hay un alboroto en la entrada principal, mantengan vigilada esa zona."

Minako agachó la cabeza para evitar que la observara de frente, y asintió una vez, esperando que no le demandaran hablar…

"Esa estúpida Princesa tuvo la insolencia de regresar…" murmuró el guardia, alejándose de ellas.

Minako volteó para observar a Rei, que al igual que ella, tenía una mirada sorprendida. Solo podía estar hablando de Usagi, y sólo ella hubiera podido pensar que presentarse en la entrada principal del Palacio podía ser una buena idea.

"¿A dónde crees que pudieron haberla llevado?" murmuró Venus, encontrando un pasillo oscuro y decidiendo que ese era un buen lugar para planear el siguiente movimiento.

"Deben tener algún tipo de mazmorras o prisiones… es nuestra primera opción." Le respondió Mars.

"Generalmente son subterráneas, pero deben ser el lugar más vigilado en este momento." Le dijo Venus, guardando silencio enseguida.

"Eventualmente tendremos que enfrentarnos a ellos."

La rubia suspiró, y un dolor en la parte baja del pecho le recordó sus costillas rotas. Rei debió haber notado su ceño fruncido a causa del dolor.

"¿No puedes utilizar esos poderes curativos en ti?" le preguntó, con un tono ligeramente preocupado.

"No… ya lo hubiera hecho si pudiera… pero no es tan grave. En cuanto salgamos de aquí estoy segura de que Ami podrá hacer algo."

"Me parece absurdo que tengas ese tipo de habilidad y que no puedas beneficiarte de ella."

Minako soltó el aire en una especie de carcajada, casi divertida.

"Lo dice alguien que nació con la habilidad de ver el futuro pero no puede entenderlo ni hacer algo para cambiarlo."

Mars abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio cuando seguramente se dio cuenta de que no tenía un argumento en contra. Minako sonrió y la besó en los labios, antes de salir nuevamente al pasillo iluminado y continuar con la caminata. La chica de cabello negro suspir


Pronto encontraron más movimiento que en el resto de los pasillos. Los guardias iban y venían de un lado a otro, murmurando algo acerca de la invasión de las habitantes de la Luna y cómo ahora que tenían prisionera a su Princesa, no tendrían otra opción más que rendirse.

Mientras tanto, Mars y Venus estaban seguras de que en cualquier momento serían descubiertas. Algunos soldados ni siquiera las observaban, mientras otros les dirigían miradas inquisidoras porque no era común observar a dos guardias con las capuchas sobre las cabezas, en el interior del Palacio. La rubia colocó su mano sobre la empuñadura de la espada, deseando no tener que utilizarla, pero sabiendo que con cada minuto que pasaba aquello se volvía cada vez más inevitable.

Al cabo de un par de minutos, encontraron unas escaleras que descendían y supieron que quizá eso las conduciría hacia las mazmorras. Como si hubiera sido obra de un milagro, nadie se encontraba cerca en ese momento.

"¡Guardias!" una voz resonó por el pasillo justo en el momento en que ambas se disponían a descender, y Minako dejó de creer en los milagros.

"Ve tú."

Minako observó casi horrorizada a Rei, que tenía esa mirada inexpresiva e impasible en el rostro. No podía estarle pidiendo que se separan en ese momento… ella no sabía lo que encontrarían abajo, ni siquiera estaba segura de que encontraría a Usagi… pero Mars le estaba pidiendo que continuara su camino, sin ella.

"Quizá podemos…"

"No." le dijo Mars en un susurro, conteniendo la voz.

"¿A dónde creen que se dirigen?" les preguntó el soldado que las había interceptado. Estaba a unos metros de distancia y el corazón de Minako latió rápidamente, lleno de ansiedad.

"Ve… yo me encargo."

"En cuanto termines aquí, te estaré esperando allá abajo." Le dijo Venus, y sabía que en ese momento su tono y su mirada eran suplicantes. 'Por favor, tienes que sobrevivir, porque te estaré esperando' pensó.

Rei le sonrió.

"Claro."

Minako se dio media vuelta y corrió, bajando las escaleras. Escuchó el grito del soldado terrícola, y para su desgracia escuchó las voces de otros más. Pudo imaginar a Rei aferrando su arco y disparando las primeras flechas, ¿pero cuántos soldados podía contener con un arco y unas cuantas flechas? En unos cuantos segundos serían cinco, después ocho… después una docena, y Rei empezaría a utilizar sus poderes. Los derrotaría, estaba segura. Quizá terminaría herida por alguna espada o daga, pero sobreviviría, se levantaría e iría tras ella, tal y como ella se lo había ordenado… suplicado.

Minako llegó al final de las escaleras para encontrarse con dos guardias que al principio se mostraron un poco conmocionados al verla entrar. La capucha ya no le cubría más el rostro y ella desenfundó enseguida la espada, sabiendo lo que estaba por venir.

"Nos dijeron que una de esas Princesas de otro planeta acabó con la vida del general Jadeite. Rubia y ojos azules, pero no la Princesa de la Luna… entonces debes ser tú."

Minako pasó saliva con dificultad, las miradas amenazantes de ambos hombres consiguieron intimidarla, pero se dijo que en ese momento, eran sus vidas o la de ella.

Cuando ambos hombres se le fueron encima, ella retrocedió varios pasos, evadiendo una estocada y bloqueando otra con la espada. Eran dos… nunca se creyó capaz de tener la habilidad para luchar contra dos oponentes, pero en ese momento se convenció a su misma de que así tenía que ser. Con una mano sostuvo la espada y con la otra su cadena, que probó ser más que efectiva para inmovilizar a uno de los guardias… hubiera deseado no hacerles daño, pero el otro guardia se abalanzó contra ella, que no tuvo más remedio que atravesarlo con la espada con un movimiento limpio. El hombre ahogó un gemido, arrojando sangre por la boca y desplomándose en el suelo, sin vida.

Minako no podía creer que en tan poco tiempo había acabado con las vidas de dos hombres, primero Jadeite, y ahora el guardia. Perdió la concentración por un instante y dejó escapar al otro hombre, que en la pelea había soltado la espada. El guardia aprovechó la oportunidad para dar algo parecido a un salto hacia ella, con una daga que extrajo de una de sus botas apuntándole directo a la garganta. Minako reaccionó al instante y enredó su cadena alrededor de los pies del hombre, que perdió el equilibrio pero de todos modos se fue de bruces contra ella. Al principio no sintió nada, pero casi enseguida un dolor indescriptible le atravesó un costado. Soltó un grito y el hombre volvió a levantar la daga, con toda la intención de dejarla caer nuevamente sobre Venus, sin embargo no lo pudo hacer cuando en ese instante una flecha le atravesó el pecho. El hombre cayó a su lado como un costal de harina, inherte y pesado.

Exhausta, Minako cerró los ojos y soltó un suspiro aliviado. Esa flecha sólo podía pertenecer a alguien.

"¿Estás bien?"

En un instante, Rei se hallaba arrodillada a su lado, con una mirada frenética y angustiada.

Minako solo atinó a asentir erráticamente con la cabeza. La herida en un costado, sin embargo, contradecía su afirmación. La realidad era que sentía dolor en tantas partes diferentes del cuerpo, que ahora el dolor en su costado izquierdo no parecía gran cosa. Sin duda estaba sangrando pero la herida no podía ser mortal. Se puso de pie, un poco para comprobar que no se encontraba en tan mal estado, y otro poco para demostrarle a Rei que aún podía valerse por sí misma.

"Vamos…" la palabra le salió casi en un suspiro, y Rei la observó caminar por el pasillo, con una expresión que bien pudiera haber significado que esperaba que se derrumbara en cualquier momento. "¿No eres tú la que siempre me está diciendo que me quejo por cualquier rasguño?" le dijo Minako, dándose media vuelta y observándola con una media sonrisa. Mars no sonrió. Bajó la mirada hacia su herida, por un momento pensó que quería decirle algo pero finalmente se abstuvo, cerrando la boca y pasando saliva con un poco de dificultad. Minako la observó un par de segundos, asintió lentamente con la cabeza como si quisiera decirle que todo estaba en orden y continuó caminando por el pasillo de las mazmorras.

Todas las celdas estaban vacías. Era un laberinto interminable en el que pronto Minako perdió toda esperanza de encontrar a la Princesa. Habían terminado con dos vidas para nada.

"¿Y ahora qué?" preguntó Rei con tono desesperado, observando a su alrededor.

"Ahora seguimos buscando, Mars Rei." Le respondió Minako, tomándola de un brazo y regresando por donde habían entrado.

Una explosión hizo que retumbaran las paredes y el techo del pasillo, ocasionando que polvo y gravilla se desprendiera de las rocas que conformaban el corredor a su alrededor. Ambas Princesas tropezaron ligeramente, perdiendo el equilibrio.

"Supongo que saben que estamos aquí." Murmuró Venus.

"Después de lo que tuve que hacer allá arriba, puedes apostar que sí." Respondió Rei, bajando la mirada.

Venus no quiso preguntar.

Salieron del corredor y subieron nuevamente por las escaleras. Minako intentó por todos los medios ignorar los cuerpos de los guardias esparcidos por el pasillo, y corrió intentando alejarse de aquellos lugares en donde la conmoción era mayor, pero pronto se dio cuenta de lo difícil que se volvería esa tarea conforme más avanzaban. Bajo esas condiciones sería más difícil encontrar a la Princesa de la Luna, pero no dejó que la desesperación se apoderara de ella, continuó corriendo por el pasillo hasta que sus pasos la condujeron a un amplio salón en donde pudo observar a un grupo de soldados saliendo por una puerta, seguidos por uno de los generales: Kunzite, si mal no recordaba.

Minako se detuvo en seco, la presencia de Kunzite recordándole de pronto a Jadeite. Antes de que desapareciera por completo detrás de la puerta, el general dirigió una mirada fugaz al interior del salón, y con eso bastó para que se diera cuenta de su presencia. ¿Sería demasiado tarde para correr?

"¡Alto!" gritó Kunzite a sus hombres, y regresó al interior del salón.

"Si ellos van en esa dirección…" murmuró Rei, para que sólo Minako pudiera escucharla. "Tiene que ser por algo importante, tendríamos que dirigirnos hacía allá también. Sólo que la entrada está bloqueada."

El tono de voz de Rei, sereno y casi monótono, inquietó un poco a Minako. No le gustaba en absoluto que hablara con esa seriedad, y mucho menos cuando extraía cuidadosamente una flecha de su carcaj y la colocaba en su arco con una tranquilidad casi sobrenatural, como si no tuvieran a una docena de soldados y un general observándolas con cautela, decidiendo cómo atacar.

"Rei…" le dijo Venus, tirando de ella, en un intento desesperado por detener lo que fuera que estuviera a punto de hacer.

"Debe de haber otra manera de llegar, quizá si rodeas por alguno de los pasillos..."

"¿Por qué estás hablando en singular?"

"Porque alguien tiene que detenerlos, y alguien tiene que continuar."

Algo le decía que eso no era una buena idea… no, era una pésima idea.

"No podemos separarnos."

"Voy a conseguirte tiempo, Venus."

La rubia apretó la mandíbula, tensó todos los músculos, contuvo las lágrimas… pero no pudo contradecirla.

"¿Qué? ¿Regresé la vez anterior no es así?" le dijo Rei, que continuaba hablando como si estuvieran teniendo una conversación en alguno de los jardines del Palacio en un día soleado de primavera.

Un sentimiento muy profundo, un instinto quizá, la decía a Venus Minako que esta vez sería diferente, pero no sabía de qué manera. Tan sólo pudo asentir una sola vez y salir corriendo nuevamente, sin observar hacia atrás, no sin antes escuchar las palabras de Kunzite y Rei.

"Si no se rinden le costará la vida a su Princesa."

"No queremos hacerles daño."

"¡Mientes! ¡Esa mujer que acaba de salir corriendo asesinó a Jadeite!"

"Sólo se estaba defendiendo."

"¿Estás defendiéndola?"

"No vas a tocarla. No des un paso más."

No Rei. Corre. Por favor. Corre corre corre. Pensó Minako, cuando las voces se hicieron distantes y casi no podía escucharlas.

"¿Con una sola flecha?" escuchó el tono de burla e incredulidad de Kunzite.

"Te sorprenderías." Respondió Rei.

Minako corrió por un pasillo desierto, apretó los ojos para dejar correr las lágrimas que hacían que su visión se tornara borrosa, y soportó el doloroso nudo que se formó en su garganta cuando escuchó los gritos de Kunzite y sus soldados.

No quería analizar la situación, en ese momento tenía un objetivo y no se detendría hasta alcanzarlo, no le importaba lo que tuviera que hacer para terminar con esta situación que en cuestión de semanas o meses se había vuelto insostenible. Encontraría a Usagi, la llevaría de regreso a la Luna y ahí enfrentarían lo que tuvieran que enfrentar, juntas. ¿Por qué la Princesa había tenido que huir de esa manera? Minako se detuvo cuando un agudo dolor en su costado le impidió seguir corriendo, se llevó una mano hasta el lugar en donde una incesante punzada le perforaba la piel y las entrañas, y maldijo cuando se dio cuenta de que quizá, por el esfuerzo, su herida se había abierto un poco más. La simple acción de respirar ahora resultaba dolorosa… pero al menos tolerante. Aminoró el paso hasta detenerse, apoyó la espalda en la pared, levantó la cabeza y cerró los ojos con fuerza, y de repente, una sensación de malestar, ajena a la de las heridas que ya tenía, se hizo presente. Ella no tenía el mismo grado de percepción que Rei o Michiru, pero quizá por los poderes que poseía, también podía saber cuando los youmas estaban cerca. Le preocupaba el hecho de que la cantidad de energía negativa que se necesitaba para que pudiera percibirlos tendría que ser bastante grande para que lo notara. Movió la cabeza hacia su izquierda, observando el final del pasillo, y de alguna manera supo que esa era la dirección que tenía que tomar… aún cuando la energía negativa parecía surgir justo de ahí. Aferró la empuñadura de la espada que la Reina Serenity le había entregado.

"Supongo que es inevitable." Murmuró, retomando su camino.

El lugar estaba desierto, lejos había quedado el sonido de los gritos de los soldados, la voz de Rei, o incluso el eco de la lucha en el resto del Palacio. Esperaba que el resto de sus compañeras estuvieran bien, o al menos que hubieran corrido con mejor suerte que ella, que se estaba desangrando lenta pero constantemente. "Nada que Ami no pueda solucionar." pensó, dándose ánimo.

Finalmente llegó al final del pasillo, en donde una puerta cerrada de madera oscura, más o menos pequeña, la recibió. No esperaba que estuviera abierta, así que cuando la empujó y se abrió de par en par, no pudo menos que sorprenderse. Observó cuidadosamente el interior, vagamente iluminado por un par de antorchas que no habían sido atendidas en bastante tiempo y estaban por extinguirse. Algo la empujaba para que entrara y enfrentara lo que fuera que hubiera ahí, pero al mismo tiempo su instinto de supervivencia la obligaba a regresar por donde había venido. Dio un par de pasos al interior, encontrándose con un angosto corredor por el que caminó sin saber qué encontraría al final de su camino. Poco tiempo después halló una cámara amplia en forma redonda, en cuyo centro descansaba una piedra rectangular… pero nada más.

"Así que finalmente has venido."

Minako no pudo evitar dar un salto y un par de pasos hacia atrás cuando Beryl se materializó en medio del lugar, simplemente había surgido de la nada y la rubia se reprendió internamente por haberle mostrado ese rastro de debilidad e inseguridad al alejarse inconscientemente de ella.

"¿En dónde está la Princesa?" preguntó Venus, desenvainando la espada y adelantando uno de sus pies en señal de que estaba dispuesta a atacar si era necesario.

"No aquí."Respondió Beryl, sonriendo malévolamente.

"Vas a decirme en donde está." Insistió Minako, empezando a perder el control. Estaba cansada de todo, sólo quería que terminara. Quería volver a ver a Rei, a salvo.

"¿Y qué es lo que harás para obligarme?"

"No me importa lo que tenga que hacer."

Venus hablaba en serio, si tenía que acabar con la vida de Beryl no le importaba, siempre y cuando eso significara que ese infierno iba a terminar.

Sin un atisbo de advertencia Beryl extendió los brazos, convocando a varios youmas que salieron de su escondite, que se acercaron a ella surgiendo de las sombras y que no tenían otro objetivo que no fuera terminar con ella.

"¡Mátenla!"

El grito de Beryl resonó en la cámara como una sentencia de muerte, inapelable y contundente, pero Minako ya la esperaba. No iba a rendirse, ni en ese momento ni en ninguno.


El polvo y las cenizas se pegaban a su garganta y Rei tosió con fuerza, intentando respirar. Los ojos le ardían a causa del humo y se los talló con fuerza con el dorso de la mano. Luego de varios segundos finalmente pudo ponerse de pie, observando el caos a su alrededor. Las llamas ardían en un lugar y en otro, producto de la batalla que se acababa de librar. La mayoría de los soldados habían corrido despavoridos cuando fueron conscientes del poder y control que tenía sobre el fuego, así que casi nadie había muerto… casi. Al menos aquellos que habían tenido el suficiente sentido común habían salvado la vida, aún así en el piso yacían los cuerpos de un par de soldados y su general… Kunzite. Rei no se divertía matando a las personas, no le gustaba caer en batallas innecesarias… en situaciones justo como la que estaba viviendo. Pero eso no significaba que se quedaría cruzada de brazos si las circunstancias le exigían defenderse. Su padre alguna vez le había dicho que en la Guerra no podía existir piedad. Si la demostrabas terminarías lamentándolo. Rei no tenía mucha experiencia, así que suponía que era verdad. Dirigió la mirada hacia donde había visto a Minako la última vez, y corrió en la misma dirección, esperando alcanzarla. Una hora era el plazo que se había estipulado para encontrar a la Princesa, y estaba segura de que ese tiempo había transcurrido ya. De acuerdo al plan tendrían que salir del Palacio en ese momento, pero algo le decía que estaban cerca de encontrar algo. De avanzar. Así que justo eso fue lo que hizo.


Que todos los Dioses bendijeran a la Reina Serenity. Esa mujer realmente sabía lo que hacía. Minako se mordió el labio inferior cuando lanzó una estocada al grupo de youmas que se disponía a atacarla, y todos y cada uno de ellos se desvanecieron en una nube de vapor rojizo cuando un rayo de luz, una especie de ramificación de sus propios poderes, los alcanzó y terminó por liquidarlos con un solo movimiento. Incluso Minako se quedó ligeramente boquiabierta ante semejante despliegue, observando alternativamente su propia mano que sostenía la espada y los últimos vestigios de los demonios que se perdían en el ambiente como si se tratara de una nube de polvo siendo desbaratada por un fuerte viento.

Así que la espada podía conducir sus poderes.

Minako sonrió, apartándose algunos mechones rubios del rostro sudoroso, y regresando la mirada a Beryl. Quizá el gesto satisfecho de Minako, o el hecho de que no se esperaba que sus demonios fueran derrotados con tanta facilidad, o ambas cosas, fueron las que terminaron por desatar su furia.

"¡VAS A MORIR!" rugió Beryl, abalanzándose hacia ella.


"No es este camino…" murmuró Rei, sintiéndose frustrada.

En algún momento se había desviado, y lo que por un instante había pensado que sería solo una vuelta en un pasillo para encontrar a Minako, se había convertido en un ir y venir por los salones del Palacio que ahora parecía interminable.

"¡Minako!" gritó, un tanto desesperada, sin que nadie le respondiera.

Decidió volver por donde había venido, y se sorprendió cuando encontró a Endymion en uno de los pasillos… vivo y discutiendo con uno de sus generales, Nephrite, al parecer.

"¡Te ordeno que detengas esto!" gritó el Príncipe.

"¡Es muy tarde señor! ¡Es por el bien de nuestra gente!"

"Están locos."

Justo lo que Rei pensaba, y por un momento sintió simpatía por el joven Príncipe. Se quedó de pie en donde estaba observando el intercambio, decidiendo si intervenir era lo mejor.

"Se suponía que el encantamiento de Lady Beryl te sumiría en un profundo sueño, una vez que esto terminara…"

"Pues no estoy durmiendo, algo, no estoy seguro que, me despertó de ese sueño… por un momento creí que… Usagi…"

El Príncipe no terminó la oración, pero Rei supo, por la expresión y el brillo de los ojos en el rostro de Endymion que se refería a que la Princesa había estado involucrada en el hecho de que el joven hubiera despertado de ese hechizo que Beryl había puesto sobre él. Quizá el Cristal Plateado tenía algo que ver también.

"Usagi… ¡Usagi! ¡Usagi!" exclamó Nephrite, alzando los brazos. "¿No lo entiende señor? Lo está manipulando, para conquistar este planeta, ¡esa ha sido su intención desde el principio!"

Endymion negó con la cabeza.

"Creo que quienes están siendo manipulados son ustedes."

Cuando Nephrite se llevó una mano a la empuñadura de su espada, Rei supo que tenía que intervenir.

"¡Alto!"

Ambos hombres dirigieron la mirada hacia donde ella se encontraba, pero algo salió mal y Rei se dio cuenta en un instante fatídico. Mientras Endymion la observaba con un gesto un tanto confundido, Nephrite terminó por desenfundar su espada.

"¡Endymion!" gritó Rei adelantándose, intentando detener lo inevitable.

El joven Príncipe volteó hacia su general, justo en el momento en el que este levantaba la espada para propinarle una estocada certera y mortal. El por qué de sus acciones era algo que a Rei no le importaba en ese momento, pero de pronto entendió que podía hacer poco dada la distancia y la posición en la que se encontraba. Disparó una flecha intentando hacer algo, lo que fuera, y cuando Rei se dio cuenta de que Endymion iba desarmado supo que era inútil. El muchacho se movió hacia un lado, intentando evadir el golpe de la espada, pero estaba en total desventaja, y de un movimiento limpio, rápido, casi fugaz, Nephrite consiguió herirlo. Fue más rápido que la flecha de Rei, que terminó incrustándose en el hombro del general un segundo demasiado tarde.

"Lo siento, señor… pero esto tiene que terminar." Le dijo Nephrite en tono neutral, y Rei se sorprendió con el hecho de que no soltó un solo grito de dolor al ser herido por la flecha. El general volvió a levantar la espada y Rei supo que esta vez no podía fallar.

Extrajo otra saeta con rapidez inusual y la disparó, dando en el blanco. Nephrite se desplomó en el suelo, cayendo primero su espada con un sonido frío e imperturbable. Rei corrió hacia Endymion, que se hallaba tendido en el piso, apenas moviéndose.

"¿Estás bien?"

La pregunta era estúpida, Rei lo sabía. Nadie podía estar bien con ese tipo de herida atravesándole el abdomen, desangrándose de manera profusa e incesante. "Esto no está sucediendo." Pensó Rei, arrodillándose a un lado del Príncipe, colocando una mano en su hombro para calmarlo… para dejarle saber que no se encontraba sólo, ¿qué otra cosa podía hacer?

"Gracias…"

Rei negó con la cabeza. El corazón le latía apresuradamente, y no podía pensar muy claramente. Quizá si encontraba a Ami, ¿pero cuánto tiempo le llevaría encontrarla? Ella no sabía nada de medicina, solo algunas curaciones de emergencia pero sólo eso… en el lugar seguramente no había nadie con ese tipo de conocimiento, debido al caos que imperaba en el Palacio. Tendría que llevar a Endymion a un lugar seguro y después-

"Mars… ¿en dónde está Usagi? Quisiera verla…"

El rostro del Príncipe estaba pálido, su respiración agitada, irregular.

"Estamos buscándola, los habitantes de la Tierra han perdido la razón, creen que-"

"Esa historia la conozco…" la interrumpió Endymion, y de alguna manera fue capaz de sonreír lastimosamente.

"Necesito llevarte a un lugar seguro."

Endymion apretó los dientes cuando Rei colocó ambas manos sobre su herida. Una no era suficiente para detener la hemorragia.

"Lo que necesitas es encontrar a la Princesa."

Por un momento Rei quiso contrardecirlo, pero no fue así. Observó a Endymion con la mirada cargada de angustia.

"Vamos Mars, sabes que es tu deber."

Una vez más no fue capaz de decirle que no.

"Tengo que… ponerte a salvo, buscar a Usagi, a Minako… salir de aquí. Y si sigues hablando estás haciendo que pierda el tiempo."

Rei lo aferró de un brazo, y con un grito a causa del esfuerzo logró incorporarlo. Endymion también gritó, pero seguramente por el dolor. Rei no podía detenerse, no moverse en ese tipo de situaciones significaría la muerte. La sangre del príncipe dejaba un rastro carmesí por donde caminaban. Dadas las circunstancias sólo podía confiar en encontrar a alguna de sus compañeras para cuidar de Endymion, buscar a Usagi… y Minako.

A duras penas consiguió llegar a un amplio corredor en donde colgaban unos tapices cuidadosa y finamente bordados con motivos de batallas. En otras circunstancias quizá Rei los hubiera admirado, ahora sólo le importaba encontrar ayuda.

"Necesito… detenerme…" jadeó el Príncipe.

Rei observó el rostro de Endymion, sudoroso y lánguido, su mirada extenuada.

"No te rindas." Le dijo, acomodándolo para que apoyara la espalda sobre la pared.

"Lo intento…" murmuró Endymion, pero terminó por desplomarse en el suelo. "Debí… haber sido un poco más rápido para defenderme." Continuó, extrayendo de algun lugar por debajo de su capa una pequeña daga, afilada y puntiaguda. La sostuvo con una mano y la observó detenidamente, como si estuviera arrepintiéndose de no haberla usado cuando fue necesario.

"¡Endymion!"

Rei abrió mucho los ojos cuando escuchó esa voz pronunciar el nombre del Príncipe. Casi no lo pudo creer cuando se dio cuenta de que Usagi se acercaba corriendo hacia ambos, con un gesto de angustia tal que el solo hecho de observarla era casi doloroso. Mars hubiera querido reprocharle tantas cosas en ese momento que tuvo que apretar los puños para mantenerse en silencio.

"¿Qué te sucedió? ¡Estás herido!"

"¿En dónde diablos estabas?" le preguntó Rei, sin poder evitar el tono de recriminación en su voz.

"Logré escapar de los guardias que me habían capturado, al parecer hay un caos… los youmas están atacando a todo el mundo, incluyendo a los habitantes de este planeta."

Eso fue todo, ni siquiera una maldita disculpa, una explicación… el deseo de abofetearla era imperante, pero milagrosamente pudo contenerse, colocó las manos sobre el piso y apretó la mandíbula, conteniendo su cólera.

"Endymion, tenemos que sacarte de aquí, estás perdiendo demasiada sangre… Rei… ¿qué hacemos?"

Usagi observó a Rei al borde de las lágrimas. Y Rei observó a Endymion y después su herida. No estaba segura de que el Príncipe lo lograra, pero a pesar de todo, no iba a decirle eso a la Princesa. Una sensación repulsiva se alojó en su garganta, y por un instante casi entra en pánico pensando que quizá iba a tener alguna de sus visiones, aunque enseguida se dio cuenta de que no era así, sin embargo la causa de ese malestar no la dejó más tranquila.

"Youmas." Murmuró, observando el pasillo por el que había llegado Usagi.

"Por favor Endymion, despierta, tenemos que irnos, ¡ahora!"

El Príncipe había cerrado los ojos, parecía estar esforzándose por mantenerse consciente.

"Usagi, ve con Mars… estás más segura… con ella."

Su voz apenas era audible. Rei tragó saliva… Endymion estaba perdiendo la batalla.

"No voy a dejarte, ¡no voy a dejarte!"

La desesperación en la voz de Usagi consiguió, si es que era posible, poner más intranquila a Rei.

"Sí… lo harás…"

"¡Mars! ¡Haz algo!" gritó Usagi.

Primero, tenía que asegurarse de mantenerlos a salvo… pero su mente no dejaba de distraerse, de pensar en Minako. Los youmas se acercaban, estaba segura. Se puso de pie y camino por donde Usagi había venido. Se arrodilló y juntó las palmas de las manos, en señal de oración, se concentró y después abrió los ojos. Alguna vez había visto a los ancianos de algunas tribus nómadas en Marte hacerlo, se lo habían explicado y ella esperaba haber entendido el concepto. El fuego era protección, el fuego era una barrera para detener a los espíritus malignos que intentaran hacerles daño. Solo que no estaba segura que tan fuerte sería la barrera… no estaba segura de que funcionara, pero no tenía otro recurso. Suspiró una vez, separó las manos, las extendió y las llamas surgieron, altas e imponentes frente a ella. De esa manera los detendría… no sabía por cuanto tiempo…

"¡Endymion! Por favor, por favor…"

Rei observó a la pareja frente a ella, hubiera querido apartar la mirada de tal escena, pero le fue imposible. El príncipe aferraba la mano de Usagi y le sonreía.

"Vas a salir de aquí, vas a ponerte a salvo…"

"Por favor, no hagas esto, no me dejes… no ahora, por favor…"

"Sabes que vas a estar bien…"

"¡No! ¿Cómo voy a estarlo sin ti?"

"Eres fuerte, lo sé… prométeme que lo serás…"

"No, no…"

Rei bajó la mirada, hasta que algo llamó su atención, fue una voz distante pero familiar. La voz de Beryl.

No lo pensó demasiado.

Corrió hasta donde había escuchado a la mujer, atravesando sin ningún problema la barrera de fuego que ella misma había creado. Encontró una puerta de madera cerrada, pero supo que dentro se estaba llevando a cabo una batalla. Podía sentir los raudales de energía negativa deslizándose por debajo de la puerta, viajando por el pasillo, inundando el ambiente como un río nauseabundo que nadie podía ver pero ella podía sentir. Intentó abrir la puerta una, dos, tres veces sin éxito.

"No vas… a… salirte con… la tuya…"

Era la voz de Minako, jadeante, furiosa. Desesperada, Rei lanzó fuego hacia la puerta, que se quemó pero no del todo. Desesperada, Rei comenzó a patear la puerta.

"¡Abre!" gritó, sintiéndose cada vez más intranquila por el hecho de no saber bajo qué condiciones Minako estaba peleando. La puerta comenzó a ceder, lentamente.

Los gritos dentro de la cámara ahora no eran más que los de una batalla cruenta y brutal. Incluso podía sentir como si las paredes retumbaran a causa de la misma. Después, silencio.

Sólo un poco… un poco más… pensó Rei, cuando comenzó a golpear con el hombro la puerta de madera. Con un crujido definitivo, la puerta terminó por desprenderse de su lugar, cayendo del otro lado de la habitación. Rei perdió el equilibrio y se fue bruces, cayendo sobre el piso.

Había en el ambiente una especie de neblina, fría y desafiante, una neblina que al principio no la dejó ver más allá de un metro de distancia, mientras se ponía de pie.

"¿¡Minako!?" exclamó, observando alrededor, pero nadie respondió. "¡Venus!"

"Marte."

Era una voz desconocida. No era Beryl, tampoco Minako… era una especie de eco que inundaba el lugar con un aire maligno.

"¿Quién eres?" preguntó Rei. No tenía miedo, solo le interesaba rescatar a Venus, pero la bruma no se disipaba y estaba empezando a preocuparse porque Minako no le respondía.

"Puedes llamarme Kaos."

Rei pasó saliva con dificultad.

"Será mejor que te prepares… mis compañeras y yo-"

Una risa enfermiza la interrumpió, el eco estaba repleto de burla.

"¿Tus compañeras?" le preguntó la voz.

"No tengo tiempo para esto…" murmuró Rei, llevándose una mano a la frente. "¡MINA!"

Quizá había sido la adrenalina del momento, pero poco a poco empezó a percatarse de un malestar a causa de la energía negativa que reinaba en el lugar.

"Tus compañeras… van a terminar muertas, como Venus."

Está mintiendo.

"¿Qué se necesita para que la heredera de Marte se arrodille frente a mi?" le preguntó la voz, y Rei pudo notar la bruma disolviéndose poco a poco.

No podía ver a Kaos. Solo podía sentirlo, pero si hubiera tenido que dirigir un ataque… habría apuntado a todos lados. El corazón le latía apresuradamente, pero no era agradable, era un ritmo desbocado que amenazaba con dejarla sin aire en los pulmones.

"Dime, Mars Rei… ¿esto es suficiente para que te rindas?"

La bruma se disipó, pero el mal permaneció… finalmente pudo ver más allá. No volvió a escuchar a Kaos, parecía haber salido de ese lugar… pero tenía la certeza de que se encontraba cerca, acechando como un depredador despiadado que tan sólo se divierte con su presa.

Rei observó al frente, y en ese momento su corazón y el tiempo se detuvieron.

Tendida, en el piso, estaba Minako, apenas tocando la espada con la yema de sus dedos. A un costado yacía Beryl, con una herida en el pecho… sin vida. Corrió el par de metros que la separaban del horror de esa escena.

"Mina…" murmuró, arrodillándose a su lado.

Venus se movió, Rei hubiera querido sonreír… pero no pudo hacerlo. El alivio nunca llegó cuando se dio cuenta de la cantidad de sangre que estaba perdiendo Minako a causa de sus heridas.

"Rei.." le dijo Minako, y le sonrió… por sobre todas las cosas… le sonrío.

"Voy a sacarte de aquí…" le dijo, apartándole del rostro los mechones rubios adheridos a su piel por la sangre y el sudor.

"¿Para qué?" le preguntó la chica, observándola… había en sus ojos una especie de cansancio que Rei nunca había visto antes.

"¡Porque alguien tiene que atenderte!" exclamó Rei, apretando la herida en el costado izquierdo de Minako. Pero había tantas lesiones, que parecía no hacer ninguna diferencia. "Porque tienes que sobrevivir." Murmuró, bajando la mirada.

"Lo lamento… cometí… algunos errores." Le dijo Minako, Rei negó con la cabeza. La muchacha rubia colocó una de sus manos sobre la de Rei. "Está bien… sabes que no tiene mucho caso." Murmuró, tranquilizándola, obligándola a que apartara la mano de su herida.

"No… por favor… por favor no hagas esto… me lo prometiste…"

"¿Prometer?"

"Sí… que siempre estarías conmigo, que no ibas a dejarme…"

"Rei, voy a estar contigo..." Minako apretó los ojos, conteniendo un gemido de dolor.

"No te vayas…"

"Mars Reiko…" jadeó. "Lo siento… por favor, encárgate de encontrar a Usagi… de sacarla… de este lugar…"

Rei cerró los ojos y negó con la cabeza.

"La encontré, o ella me encontró… pero Endymion está muriendo, todo se está cayendo a pedazos, esto no puede terminar así… las cosas no deben ser así…" le dijo Rei, aferrando con fuerza la mano de Minako.

La rubia cerró los ojos. Hubiera querido decirle muchas cosas, pero de pronto se sintió agotada, las palabras que tenía preparadas repentinamente se desvancieron, y exhaló de manera temblorosa.

"¿Rei?"

"Aquí estoy."

"Tengo frío."

"Sólo resiste un poco… voy a sacarte de aquí…"

"No Rei…"

Minako abrió los ojos y levantó una mano, posándola sobre la mejilla de Rei, dejando una mancha de sangre sobre la piel de la heredera de Marte, que ya de por sí era un desastre. Tenía los ojos enrojecidos por el humo, el rostro lleno de suciedad y sudor, las manos impregnadas de la sangre de Endymion y ahora la de Minako. Pero aún así pudo sentir ese rastro de calidez que los dedos de Minako dejaban sobre su piel siempre que la tocaba. La rubia le sonrió y Rei no pudo contener más las lágrimas, empezó a sollozar, un sonido sofocado por la desesperación y un dolor que iba más allá de lo físico.

"Por favor Rei, ¿podrías sonreír?" le preguntó Minako débilmente, acariciándola con delicadeza. "Recuerdas… ¿recuerdas esa vez en el campo de entrenamiento, con el fuego?"

Al principio, Rei no lo recordó, pero casi de inmediato la imagen vino a su memoria. Como olvidarlo, Minako la había tocado mientras el fuego la envolvía, ocasionando una reacción un tanto explosiva en ella. Asintió con la cabeza, y una leve, casi imperceptible sonrisa adornó sus labios.

"Así está mejor…" murmuró Minako, deslizando su pulgar por la frente de Rei, quizá intentando borrar las líneas de expresión que formaba el ceño fruncido de la otra chica. "Podrías hacerlo otra vez… hace… frío…"

Rei levantó a Minako lentamente, y la abrazó. Hubiera querido estrujarla con toda la fuerza que tenía, rogarle a todos los espíritus, dioses, o a quien fuera necesario, que las cosas no estuvieran pasando de esa manera. Estaba asustada, furiosa, destrozada… algo en su interior se negaba a aceptar que Minako estaba entre sus brazos, muriendo lentamente, algo le decía que la chica lo superaría, que dentro de un par de días incluso podrían reírse del asunto… quería aferrarse a eso, era lo único que la mantenía mentalmente sana en ese momento. Acomodó a Minako con delicadeza en su regazo, no quería ocasionarle más dolor, así que la movió con la misma cautela de alguien llevando una rosa de un lugar a otro y no queriendo que sus pétalos se desprendieran. Pero había sangre por todos lados, el olor acre le perforaba la nariz y le recordaba que aquello era una pesadilla, que quizá ya lo había soñado, lo había visto en alguna de sus visiones acerca del futuro… y sin embargo, una vez más, el destino probaba su incapacidad para cambiar las cosas. Minako respiraba con dificultad, un sonido doloroso que le atravesaba el corazón. La muchacha rubia acomodó la cabeza en el espacio que formaba el cuello de Rei, y aspiró tan profundamente como fue capaz.

"Este habría sido un buen lugar…" murmuró, Rei sintió sus labios húmedos tocando la piel de su cuello. "¿Has visto los paisajes de este lugar? No ha habido mucho… tiempo… pero los he visto."

El corazón de Minako latía. Rei cerró los ojos y se concentró en las palpitaciones. Por favor no te detengas, pensó desesperadamente.

"Los árboles son hermosos…" continuó Minako. "Me hubiera gustado dar un paseo, contigo… mientras los pétalos se deslizan de las copas hasta el suelo…"

Rei se concentró, convocando a los espíritus del fuego. Lo que había hecho aquella vez en el campo de entrenamiento era bastante sencillo, pero en ese momento estaba resultando ser más difícil de lo esperado. No podía concentrarse, solo podía pensar en el horror de lo que estaba sucediendo. Minako se movió entre sus brazos y atrajo su atención, colocando una de sus manos sobre la mejilla de Rei, se incorporó un poco y Rei se inclinó hacia ella. Sus labios se rozaron y fue lo que Rei necesitó para convocar el fuego que Minako le había pedido. La rubia sonrió.

"Vas… a estar bien…" le dijo en voz baja. "Voy a estar contigo…. ¿qué fue lo que dijiste aquella vez? Si encuentro una manera de regresar…"

"Cállate." Le ordenó Rei con un tono suplicante en donde ella hubiera querido sonar exigente.

No quería escucharla. El tono de su voz sonaba a despedida, y ella no quería decir adiós. El fuego se hizo más intenso, ya fuera por ese ímpetu de no querer dejarla ir, o por la simple furia de saber que se le estaba escapando. 'Tengo que hacer algo, lo que sea… ¿pero qué?' Pensó Rei. Era otra vez la niña de cinco años que no entendía por qué las personas se marchaban de maneras misteriosas, injustas, e inmensamente dolorosas. Era, una vez más, ese ser humano confundido y solitario que ni siquiera sabía en donde buscar explicaciones.

"¿Qué tengo que hacer?…" preguntó, entre jadeos y lágrimas… "¿Qué tengo que hacer para que te quedes conmigo? Dime, Mina…"

Sintió los labios húmedos de Minako sobre su cuello, pero algo estaba ausente: esa calidez que la arrullaba y la conducía a un sueño placentero.

"Por favor no llores… quiero estar aquí, quiero… estar contigo…" murmuró Minako, Rei tenía que esforzarse para escucharla. Había un tono desesperado y roto en su voz. "Quiero… tantas cosas… pero es… tarde… no hay tiempo…"

Rei intentó entenderlo, que era inevitable, que tendría que continuar sin ella.

"No te rindas, ¿De acuerdo?"

Rei asintió.

Minako le sonrió, un gesto auténtico y libre de inquietudes, y ella sólo fue capaz de sonreírle de vuelta, porque ¿qué otra cosa iba a hacer cuando los ojos azules de Minako brillaban con esa chispa que le aseguraba que las cosas iban a resultar bien, a pesar de que la galaxia entera parecía estar implosionando?

Pero Minako cerró los ojos y Rei, que se había estado concentrando en las palpitaciones irregulares del corazón de la rubia, paulatinamente, dejó de sentirlo y escucharlo. Algo terminó de romperse en su interior y lo entendió. Rei la aferró con fuerza hacia su pecho, sin poder ahogar el grito angustiado que salió de su garganta, un eco sombrío que estremeció los pasillos del Palacio; mientras Kaos, escondido en todas y cada una de las sombras, sonreía satisfecho.