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Título: Ojos Pardos ..
.. Capítulo V ..
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Autora: Annie-chan Diethel ..
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Aquel invierno, Edward enfermó. No era nada realmente grave, pero el médico le había dicho que no podía levantarse de la cama en varios días.
Lo que más le molestaba no eran los dolores de garganta, la fiebre o el dolor de cabeza, sino no poder ir a jugar con Aru. Así que suplicó a Maes y luego a su madre que dejaran que su amigo se quedase en casa a dormir con él.
Al principio, sólo obtuvo negativas, pero no dejó de insistir hasta que Trisha cedió, y Maes se ofreció a ir al orfanato a buscarlo aquella noche.
- Sólo vas para ver a Glacier…- acusó Ed. Maes lo ignoró, pero sabía que tenía razón.
Glacier era la mujer que se encargaba de los niños del orfanato. Maes la había conocido en uno de sus tantos viajes allí a llevar o recoger a Aru, y el rubio Elric tenía la certeza de que se había enamorado de ella puesto que no le importaba tener que ir mil veces allí, y cuando lo hacía hablaba con ella sonrojado y nervioso, y volvía con una gran sonrisa.
No pasó mucho tiempo hasta que el niño de piel blanca apareció por la puerta de su cuarto con expresión preocupada y corrió hacia él para ponerle la mano en la frente.
- ¿Te encuentras bien?- preguntó con la inquietud reflejada en los ojos.
- ¡Claro! Sólo es un resfriado pero el médico no me deja salir a jugar… Pero está bien si estás conmigo, ¿verdad?
- ¡Sí!
Lo abrazó, y la calidez de los brazos de Aru no pudo compararse con nada. Sentía cómo todas sus dolencias se iban, como si jamás hubiesen existido. Charlaron animadamente sobre nada en especial hasta la hora de dormir. Aru se acomodó junto a Edo en la cama.
- Es muy blandita.- dijo con una sonrisa.
- ¿No tienes miedo de ponerte enfermo tú también?
- Para nada. Quiero estar aquí contigo, se está calentito.
- Pues claro, tengo un montón de fiebre.
- Con el frío que hace, serás como mi pequeña chimenea.
- Tonto…- rió.
Vio que Aru cerraba los ojos, tratando de dormir en mitad de la penumbra. La luna jugaba con su piel, con las hebras de cabello que le caían por la frente.
- ¿Por qué eres tan amable siempre?- Edo no pudo reprimir la pregunta, hacía tiempo que quería hacerlo. El otro pequeño abrió los ojos y lo miró extrañado.
- ¿Es malo?
- No, claro que no... Es sólo que... Se me hace raro... Siempre sonríes aunque tu vida no sea perfecta... ¿Qué les pasó a tus padres?
Aru se incorporó hasta quedar sentado en la cama, y Edo lo imitó, culpándose por el actual rostro sombrío que mostraba ahora su amigo.
- Murieron cuando yo era pequeño... No sé qué les pasó, pero los recuerdo un poco, tengo sus imágenes borrosas en mi cabeza. No teníamos nada, pero mamá siempre me sonreía y me pedía que lo hiciera. Un día me encontré en el orfanato con Glacier, y como era pequeño no supe nunca cómo murieron. Pero, aún así, sé que aún me quieren y me protegen desde el cielo.- una sonrisa melancólica asomó en los labios del pequeño de ojos pardos- ¿Quieres que te cuente un secreto?
- Sí...
- Muchas veces, por las noches, me siento al lado de la ventana y miro mucho rato las estrellas, porque sé que en dos de ellas están papá y mamá. Y cierro los ojos esperando que algún día vengan por mí.
- ¡No digas eso!
Cuando ambos quisieron darse cuenta, Edo se había aferrado con fuerza al cuello de Aru, llorando. El más pequeño no supo cómo reaccionar unos instantes, y luego respondió el abrazo con suavidad.
- No te vayas nunca, por favor... No me dejes solo, Aru, por favor...
- No me iré... No me iré...- repetía para calmarlo.
Y así, al cabo de un rato quedaron dormidos.
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Nos leemos en el siguiente capi!
Annie-chan Diethel
