Hola a todos nuevamente, como les había prometido en el capítulo pasado aquí esta después de dos días (¡todo un record para mi!). Este capítulo lo escribí en la madrugada en mi iPod, más que nada la idea principal, para más tarde darle forma en mi computador en un formato de Word.
Este capítulo está enfocado en la relación de Shifu hacia Tigresa, sinceramente pienso que ellos necesitaban una oportunidad de mostrar la relación de padre e hija y dejar a un lado el de maestro y estudiante. Me enfoque en cómo se pedirían perdón sin ser necesariamente directo.
En estos momentos por falta de tiempo no podré contestarles, prometo hacerlo en el próximo, espero que me disculpen pero la universidad no me da vacaciones así que estoy saturada de trabajo. Recuerden dejar su comentario en el recuadro de abajo para saber lo que les parecio; la siguiente letra será "I" y estaba pensado en "Impotencia" si tienen otra sugerencia déjenme su opinión.
Este capítulo es más que nada inspirado en la nueva película de Disney "Frozen" y la relación de los personajes principales: Elsa y Anna. Su música y la relación de estas dos personajes les darán el porqué del capítulo.
El capítulo está inspirado en " Do you want to build a Snowman?" – Frozen
Kung Fu Panda pertenece a la franquicia de Dreamworks y Jennifer Yuh
Historias
Se escuchaba la lluvia golpear el techo y los rayos alumbrando el cielo oscuro para más tarde ser acompañados de un trueno en el Palacio de Jade. Debido a que estaba en la cima de la montaña se escuchaban con más fuerza y la lluvia era aún más fuerte que en el pueblo si eso era posible.
Se escuchó un leve suspiro del Maestro Shifu. Hace una semana aproximadamente había adoptado a una pequeña cachorra de tigre que no pasaba de cuatro años de edad y había pasado por tanto. Se preguntaba una y otra vez la razón de su decisión en adoptarla y traerla al palacio, su hogar. ¿Esa pequeña le recordaba a Tai Lung? Si, debido a que eran felinos. ¿Cuál fue la verdadera razón en adoptarla? No lo sabía, por más que buscaba una respuesta para esa pregunta siempre terminando dando vueltas una y otra vez sin llegar a una respuesta.
Tal vez que esa pequeña le recordaba un poco a él cuando también llego al palacio con el Maestro Oogway; podía recordar su frustración al no poder realizar cosas simples para todos los demás debido a su tamaño demasiado pequeño para su edad, su impaciencia y más energía que los demás niños o simplemente porque no podía estar en un solo lugar. Pero gracias a la ayuda de la vieja tortuga que le brindo un hogar y la oportunidad de recibir un estudio y el amor de un padre pudo llegar a ser el hombre fuerte, amoroso y fuerte de espíritu que daba sin esperar nada a cambio antes de la furia del leopardo causando que quedaran solo los pedazos de lo que alguna vez fue.
Movió un poco la cabeza de un lado a otro tratando de despejar las viejas memorias tan hermosas pero al mismo tiempo tan dolorosas. 'No vale recordar el pasado'Se dijo así mismo mientras se dirigía hacia su habitación antes que unos pequeños ruidos le llamaron la atención.
Venían de la habitación de su nueva hija y alumna Tigresa. Acelerando un poco el paso con la ayuda de su bastón se dirigió hacia ella antes de tocar la puerta para un segundo más tarde entrar.
Podía observar a la pequeña envuelta en una de sus mantas en medio de la cama mientras se tapaba con ambas manos sus orejas para no escuchar los truenos lo menos posible aunque al ver al Maestro Shifu bajo las manos tan rápido como se lo permitían las mantas.
"¡Maestro Shifu!" Exclamó una pequeña Tigresa de cuatro años completamente sorprendida y eso se veía reflejado claramente en su cara. "¿Que hace aquí?"
"Bueno" Comento neutralmente mientras se apoyaba con su bastón mientras pasaba distraídamente la mirada por la habitación. "Escuche unos ruidos en tu habitación y veo que aún no puedes dormir. ¿Es por la tormenta no es así?"
"No es cierto Maestro…yo…yo solo…" Y para afirmar la pregunta del viejo panda rojo un trueno resonó por toda la habitación para que después la pequeña pegara un salto y un pequeño grito para cubrirse con la manta. "Si, tengo miedo Maestro Shifu."
"Oh pero no es malo temerle a las tormentas, todos alguna vez le tuvimos miedo." Comento Shifu con voz amable mientras se sentaba en la orilla de la cama. "Qué te parece si te cuento una historia sobre el origen de las tormentas, es una muy buena y ¿te cuento un secreto?" Comento con una voz baja, como si le contara algo valioso.
La pequeña asomo su cabeza entre las mantas, afirmando suavemente con la cabeza mientras lo veía con atención, ansiosa y feliz que alguien le contara un secreto a ella.
"Yo también le tenía miedo a las tormentas hasta hace poco, pero gracias a tu ayuda ya no le tengo miedo."
"¿Enserio?" Comento la pequeña de cuatro años sorprendida ¿Cómo ella había logrado ayudar a su padre adoptivo a no tener miedo? "¿Cómo?"
"Desde que me dejaste ayudarte con tu pequeño problema." Y como para afirmar su punto le sobo suavemente la cabeza para después prender una pequeña lámpara que se encontraba en la mesita de noche.
"Bien ¿por dónde empezar?" Comento suavemente mientras trataba de recordar lo mejor posible la historia para después aclararse la garganta." Hace mucho tiempo, tanto que ni siquiera las personas podían recordar…"
Mientras narraba la historia Tigresa se iba relajando poco a poco sin ser consiente hasta llegar estar acostada en su cama escuchando al Maestro Shifu sin perder detalle de la historia antes de que el sueño la venciera por más que luchara contra los brazos de Morfeo.
Cada vez que había tormenta habían tomado esa pequeña rutina donde sin ser consiente Shifu le mostraba a Tigresa el amor de un padre hacia su pequeña, hasta que poco a poco esa pequeña rutina se volvía de vez en cuando hasta llegar a desaparecer. Algo había cambiado con los años que esa rutina quedó simplemente en el olvido. Tal vez porque cada uno se alejó sin que se dieran cuenta, tal vez la llegada de los demás furiosos o simplemente porque era porque Tigresa creció y dejo atrás los cuentos infantiles.
Ahora se encontraba en la cocina mientras esperaba pacientemente a que el té estuviera listo para servir mientras sacaba unas pequeñas galletas de durazno para acompañar. No podría conciliar el sueño por la tormenta que se estaba desarrollando afuera, pareciera que afuera el cielo se rompía en pedazos por los truenos que se escuchaban y retumbaban en el palacio. Además el lugar se encontraba prácticamente solo: Los chicos se encontraban de viaje haciendo unas pocas negociaciones y reportes sobre el desempeño como maestros y los ataques que se llevaban durante estos meses, Víbora había ido a visitar a su padre ya que al parecer se encontraba enfermo y necesitaba que alguien cuidara del pueblo mientras él se recuperaba, la Adivina solo los dioses sabrían de ella y Tigresa…
Como si la hubiera invocado aparecía con el cabello ligeramente despeinado mientras tenía una manta sobre sus hombros para cubrirse del frio que hacía en el lugar. Se podían notar su cansancio y al mismo tiempo una pequeña sombra que se le hacía tan extraño pero al mismo tan familiar.
"¿Problemas de sueño?" Pregunto suavemente mientras sacaba dos tazas del armario para ponerlos en la mesa pero aun así prestándole atención a la felina. Una pequeña inclinación con la cabeza le confirmo su duda mientras entraba a la cocina con paso lento para tomar asiento en la silla más cercana.
"¿Pesadillas?" Pregunto suavemente mientras empezaba a servir el té y le ponía una taza con ese humeante y relajante líquido. Otra afirmación con la cabeza le dio la respuesta. "¿Quieres hablar sobre ello?"
Pudo observar como la felina dudaba, la conocía demasiado bien. Veinte años de convivencia le daban el conocimiento de saber cuándo ella tenía algo en la cabeza y no sabía si decirlo o no. Demasiado orgullosa. Tan parecida a mí.
No sabía si decirle o no, desde que llegaron de la misión de derrotar a Lord Shen y salvar el kung fu desarrollo un pequeño miedo a los truenos ya que le recordaban los cañones e inmediatamente aparecían esas imágenes donde pensó que todo estaba perdido, tantas emociones fuertes y tantos miedos que se repetían una y otra vez sin descanso. Se sentía como una niña asustada otra vez. Él único que conocía su nuevo miedo era Po, ya que la había escuchado llorar suavemente mientas todos estaban dormidos debido a que las pesadillas eran demasiado vividas y los truenos alimentaban sus temores. Él era el único que la reconfortaba y la acompañaba hasta que lograba recuperar el sueño.
"Tengo miedo Maestro." Contesto con una voz tan baja que si no fuera porque Shifu vio sus labios moverse podría jurar que lo había imaginado. "Me da miedo los truenos. Desde que volvimos de la misión de Lord Shen, cuando escucho los truenos… se me viene a la cabeza las imágenes de sus cañones, repitiéndose contantemente una y otra vez y eso no me deja en paz."
"Tigresa ¿quieres volver a dejar de sentir miedo?" Pregunto Shifu con calma mientras la felina afirmaba con la cabeza al querer saber la solución de su problema. "Entonces ve a tu habitación, yo te alcanzo."
Ahora se encontraba en su habitación sentada, aun con la manta sobre los hombros cubriéndola y como única compañía estaba la pequeña lámpara que estaba encima de su mesita de noche que alumbraba levemente la habitación. Se preguntaba como el Maestro Shifu le ayudaría con sus problemas, tan sumida estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando el panda rojo entro en la habitación. Traía en sus manos una charola con las dos tazas de té y un plato con algunas galletas de durazno que había sacado con anterioridad para ponerlas en la mesita de noche y tomaba asiento en la cama, a un lado de la felina.
"Un poco de té relajara tus nervios." Le ofreció una taza con el humeante líquido. "Te servirá para poder dormir." Acepto un poco dudosa aunque por dentro se sentía feliz por las atenciones de su maestro y padre adoptivo. "Que mejor que tomar una taza de té que con una galleta ¿no lo crees?" Le ofreció el plato con galletas, Tigresa tomo una antes de morderla y enfocarse en su té. Shifu decidió que era hora de enfocarse en su té mientras observaba a su hija y alumna beberlo con calma hasta terminar todo el contenido de la taza.
Dejando su taza a un lado, le indico a Tigresa con un movimiento que era hora de acostarse. Indecisa decidió obedecerlo. ¿Cómo podría eso ayudarla? Bueno estaba a punto de descubrirlo.
"¿Sabes Tigresa? No es malo temerle a las tormentas, todos alguna vez le tuvimos miedo." Comenzó Shifu con voz suave y pausada, dejando que las palabras hicieran su efecto. Tigresa abrió levemente los ojos con sorpresa. Recordaba esa frase, era imposible de olvidarla. "¿Quieres saber porque deje de temerle miedo a las tormentas Tigresa?"
"Porque usted ya es un adulto, alguna vez tenía que dejar ese miedo atrás. " Contesto automáticamente pensando que esa era la respuesta. Una negación con la cabeza del viejo panda rojo la desconcertó. ¿Esa no era la verdadera razón? Entonces ¿Cuál era?
"Tigresa, déjame contarte una pequeña historia." Y sin esperar la respuesta empezó a hablar.
"Hace mucho tiempo existió un pequeño panda rojo que nadie quería estar a su lado porque era demasiado despierto e impaciente para su edad, aunque el pequeño solamente quería ser aceptado por los demás y hacer amigos aunque no sabía cómo. Un día una vieja tortuga le ofreció entrenarlo para que pudiera ser una mejor persona y pudiera hacer amigos. Emocionado el pequeño panda acepto, aunque al principio no fue fácil pero con el tiempo pudo controlarse y ser un hombre fuerte, amoroso y fuerte de espíritu que daba sin esperar nada a cambio. Su vida cambio cuando de la noche a la mañana se convirtió en padre al adoptar a un pequeño leopardo abandonado frente a su casa. Cegado por ese amor que lo caracterizaba crio a ese niño como si fuera suyo aunque era tanto su amor y orgullo que no dejaba ver en lo que lo convertía. Cuando el niño creció y se revelo contra su padre quedo tan destrozado que jamás volvió a ser el mismo, ese panda rojo quedo tan roto que no sabía cómo juntar las piezas. Ese panda podría haber seguido igual de roto de no ser porque lo llamaron para que ayudara con un problema con una pequeña. Al ver a la pequeña tigresa a la defensiva sabía que había sufrido mucho así que sin pensarlo decidió ayudarla para más tarde adoptarla. Aunque lo que no contaba es que la pequeña poco a poco empezaba a adueñarse de un pedacito de su corazón y sin que ella lo supiera empezó a curar poco a poco su roto corazón. Conforme pasaban los años aunque él jamás lo demostró."
Una pequeña y traicionera lágrima recorrió la mejilla de la felina, esa historia la conocía tan bien y al mismo tiempo era tan nueva para ella.
"Ese viejo panda rojo siempre quería lo mejor para la pequeña tigresa aunque su orgullo era tan grande que nunca lo demostraba. Siempre deseándole lo mejor para su pequeña, aunque llego a un punto que por culpa de su orgullo y terquedad los volvió en dos completos desconocidos. Cundo se dio cuenta, esa pequeña niña se había convertido en una hermosa mujer y él nunca se había dado cuenta."
Decidió tomar un poco de aire para tragarse el nudo en la garganta que se le estaba formando, levanto la mirada que había bajado sin darse cuenta para ver a Tigresa acostada sobre su costado con los ojos crispado de las lágrimas que luchaban por salir.
"¿Quieres que te cuento un secreto?" Comento con una voz baja, como si le contara algo sumamente importante, demasiado valioso.
Con miedo a romper ese pequeño pedacito de paz que se había formado entre ellos asistió con la cabeza. Como si una palabra suya pudiera romper tan hermoso hechizo que habían formado solamente ellos dos, nadie más.
"Yo también le tenía miedo a las tormentas, pero gracias a tu ayuda ya no le tengo miedo."
"¿Cómo pude ayudarlo a que ya no tuviera miedo?" Pregunto en un susurro mientras hacía esfuerzos para tragarse el nudo en la garganta que le impedía hablar.
"Porque desde el primer momento en que te conocí te ganaste mi cariño sin saberlo. Y por eso te doy las gracias. Gracias por ayudar a unir poco a poco las piezas de mi roto corazón sin ni siquiera saberlo." Contesto con tal convencimiento en su voz que demostraba un pedazo de lo que verdad sentía. Acaricio suavemente la cabeza de la felina mientras la veía hacer un esfuerzo sobre humano para no soltarse a llorar ahí mismo. "Vamos, ven aquí." Y para reforzar sus palabras palmeo suavemente sus piernas.
Levantándose levemente se movió hasta que su cabeza estaba en las piernas de Shifu, (usándolos como almohada) tenía tantas ganas de decirle algo, lo que sea. Su respiración se volvió más acelerada, las lágrimas amenazaban con salir. Sintió como las manos se posaban en su cabeza, acariciándola suavemente pero al mismo tiempo firme.
"Suelta todo lo que tienes dentro, suelta todo lo que te has guardado tantos años; no te preocupes que yo estaré aquí."
Y como si fuera esa su señal, dejo que las lágrimas cayeran libremente. Al principio fue solo las lágrimas caer aunque poco después esas lágrimas se convirtieron en sollozos sofocados hasta que tuvo que abrazar la figura menuda de su padre mientras su cuerpo temblaba por todas las lágrimas que tenía guardadas hasta que su respiración volvió más o menos a la normalidad. Las manos de Shifu jamás dejaron de sobarle la cabeza ni siquiera cuando Tigresa se restregó la cara con las manos para quitarse el resto de las lágrimas.
"¿Qué te parece si te cuento una historia sobre el origen de las tormentas? Es una muy buena si quiere mis opinión y si me memoria no me falla había una pequeña que le gustaba esa historia"
Con una sonrisa sincera asistió con la cabeza. "Si, me gustaría escucharla."
"Bien ¿por dónde empezar?" Comento suavemente mientras a su mente venia la primera vez que le conto esa historia y pudieron ser por un momento padre e hija; mientras los recuerdos lo invadían decidió aclararse la garganta." Hace mucho tiempo, tanto que ni siquiera las personas podían recordar…"
Mientras le contaba la historia solamente eran ellos dos.
No eran un maestro y su alumna.
No eran dos guerreros del kung fu.
Solamente era un padre y su hija, solamente eran ellos dos demostrándose el cariño que se tenían y había mantenido oculto por culpa del orgullo, miedos e incluso terquedad de ambos.
No había pesadillas, miedos, truenos ni cañones. Solamente eran ellos dos, solo ellos y una hermosa historia que los alejaba de la realidad y los transportaba a un mundo de fantasía y criaturas fantásticas.
La vieja adivina sonrió levemente antes de llevarse su te a los labios. Se encontraba en su habitación mientras observaba sus instrumentos de predicción que solo ella podría saber su verdadera utilidad.
Observo por su ventana, la tormenta aún seguía afuera. Suspiro suavemente mientras ponía la taza a un lado antes de levantar la vista hacia el techo. Le alegraban este tipo de predicciones: sin tragedias, dolor ni sufrimiento; solo felicidad, cariño y con mucho futuro por delante.
Y no era necesario ser una adivina para saberlo.
