Capitulo 5: Lucha por Nami.
Apenas atrancamos el ataque inicio, derrotábamos a los subordinados de Arlong con completa facilidad liberando a los prisioneros uno por uno, revisando cada rincón, de casa viendo si Nami se encontraba en alguna de ellas, pero no. Dirigí mi vista hacia la enorme mansión con la insignia de Arlong, sino estaba en la villa, entonces estaría allí adentro, y sin pensármelo dos veces derribe la puerta.
Gritaba con desesperación y rabia el nombre del desgraciado hasta que lo tuve en frente mío, solo vestido con unos pantalones y nada en los pies. Al verme, me reconoció en seguida y sonrió, me temí lo peor.
—Vaya vaya, uno de los tantos mocosos que logró escapar de mi—rio Arlong.
— ¡Arlong!—vocifere— ¡¿Dónde está ella maldito?!
— ¿Te refieres a mi futura esposa?—inquirió dejándome helado— Estuvimos a punto de tener nuestra luna de miel adelantada pero alguien nos interrumpió.
Senti como mi sangre comenzaba a hervir y una gran cantidad de ira acumulada toso estos años se liberaba, solamente di la orden a mis hermanos de buscar a Nami mientras que yo me encargaba de aquel desgraciado. Comenzamos una pelea, todos sus subordinados fueron derrotados fácilmente por Zoro, Sanji y Usopp, mas los dos primeros que este ultimo.
La pelea continuaba y ninguno de los dos caia, Arlong reia, no estaba lastimado en lo absoluto, yo en cambio, apenas podía esquivar sus ataques. En cuanto me disponía nuevamente a atacar llegaron Ace y Sabo cargando co una chica, la cual reconoci de inmediato.
—¡Luffy, la encontramos!—aviso Ace—¡Date prisa y acaba con ese desgraciado!
—¡Manda a ese desgraciado al infierno! ¡Mira!—chillo Sabo mostrando el cuerpo de Nami—No solo intento abusar de ella, tiene cicatrices de latigazos por todo el cuerpo.
—Eso es lo que se ganó por intentar escapar—sonrió Arlong.
—¡Maldito! ¡No te lo perdonare!—exclame.
Sentia como de repente, mis fuerzas y energías volvían a mi, acabando con aquel idiota de una buena vez por todas, liberando asi a nuestra querida villa. Llevaron a Nami al barco en donde comenzaron a curar sus heridas y en donde partimos de regreso a nuestro nuevo hogar, no sin antes, rezar ante las tumbas de los padres de Nojiko y Nami.
—Prometi que volveria por ti Nami…—musite viéndola una vez que terminaron de vendar su cuerpo—Ahora eres libre.
