Estábamos en la salida del metro, la noche se veía fría y el viento pasaba con torpeza golpeándonos nuestras caras. Lo observé detenidamente teniendo en cuenta que no lo había visto desde hace más de tres meses, supuse que había sobrevivido bien sin mí, obviamente, no era alguien indispensable en su vida. Su silueta se veía tenuemente sobre el charco de agua que había a causa de la lluvia. Él me observó con algo de frialdad y desconfianza, lo podía notar por el brillo de unos ojos profundamente negros. Era la primera vez que nos veíamos y lo único que pasaba por mi mente era la torpe mujer que era. Le podía decir lo mucho que lo quería o lo mucho que lo extrañaba pero era mentira, no sabía, absolutamente, lo que sentía por él. Solo tenía certeza que estaba acá y él también. Él retrocedió un poco, haciendo notar su inestabilidad emocional. Le intenté decir algo, cualquier cosa pero ¿qué le podía decir? éramos distintos, como decía la canción de prehistóricos, distintos, éramos de países distintos, hablábamos idiomas distintos; y por más que él quisiese luchar en contra de eso, yo sabía que éramos casi irreconciliables. Me merecía su frialdad, me lo merecía por cobarde.

No sé qué decirte.- mencionó luego de un momento.- que la vida es distinta sin ti me parece una frase que encontrarías muy típica, pero sí es distinto sin ti.

¿Cómo va tú trabajo?- le pregunté interrumpiéndolo.

Va… va bien, tengo una gira promocional en unos días.

Él había insistido, incontables veces, que lo persiguiera en su carrera artística, me decía "¡ven de gira conmigo!" y lo decía con una convicción casi envidiable. Convicción que odiaba un poco. Cuando empezamos yo sabía que su carrera no conciliaba con una relación normal, sin embargo, estuve con él igual con el pensamiento, inevitable, de que algún día íbamos a terminar y estaría bien para mí. Terminamos pero para él no estuvo bien.

Se suponía que iba a pasar así.

Quiso increpar, vi rabia en sus ojos, también vi anhelo y una cuota de odio.

Nunca te prometí nada, Peeta. Nunca lo hice.

Mis palabras lo hirieron tanto como hace unos meses atrás. Me tomó de la mano y me la apretó con fuerza, luego me besó con una violencia que sentí mía. Lo aparté un poco, Peeta realmente no sabía lo que estaba haciendo, si supiese no estaría besándome de esta forma. Sino que estaría a miles de kilómetros lejos de mí. Me tomó de la mano y me miró con rabia, con odio, con algo de pena, con sentimientos demasiados intensos para comprenderlos completamente. Me tiró hacia él y me besó casi con fuerza. Lo aparté un poco, observándolo y preguntándome qué era lo que realmente pasaba por su cabeza ¿estaba en su sano juicio? Algunas veces creía que se había obsesionado estúpidamente de una mujer con una inestabilidad emocional del porte de un continente entero.

¿Vamos a mi casa? queda a unas pocas cuadras de acá, lo sabes Vamos a mi casa.- insistió de forma ridícula

No tiene sentido, Peeta nosotros terminamos hace mucho tiempo.

Terminamos porque tú lo quería, yo nunca dejé de quererte.

Deberías haberlo hecho. Tienes todo a tus pies, tienes dinero, un trabajo que cualquier persona mataría por tener, y lo más importante tienes el mundo a tus pies y ¿ qué quieres? Te obsesionaste de alguien que no puedes tener, eso es lo que te pasa.- al decir esas palabras lo único que vi en su cara fue miedo y pena.

Pasó un momento, casi eterno, de absoluto silencio. Peeta me miró con nostalgia, tomó mi cara entre sus manos y lentamente presionó mis mejillas. Se acercó a mí y me besó de nuevo pero no con la intensidad de un principio. Me besó con pena, me besó lentamente. Se apartó y me quedó mirando por segundos casi eternos. Le intenté sonreír hasta intenté abrazarlo pero no hice nada. Sentía una extraña frialdad que me alejaba de este momento y que me había alejado de mantener cualquier conexión hacia él.

Tú problema es que piensas que nadie te puede querer de verdad y eso te mata por dentro.

Sentí rabia. Lo tomé por los brazos y lo aparté fuerte, luego lo acerqué a mí, pasé mis manos por su cuello y le di un beso a éste.

Eres una cobarde.- susurró abrazándome.- una cobarde mi amor.

No me digas así.- lo miré, sus ojos estaban llenos de lágrimas. Me aparté y le tomé la mano con pereza.- yo tengo mis propios sueños y tengo mis propios proyectos por los cuales luchar ¿crees que sería justo apartarlos para seguirte?

Podrías hacerlos a la par.- insistió.

¿Por qué no te puedes posponer tú? ¿por qué tengo que ser yo?- esperé un momento pero no me respondió- exacto.

Me aparté y retrocedí unos pasos. Lo miré por un momento y memoricé sus facciones. Sabía que si nos volviésemos a ver él no sería el mismo y sabía que yo me arrepentiría de esta decisión. Pero también sabía que si lo seguía estaría traicionando a una de las personas más importantes de mi mundo: a mí misma. Lo abracé abrace con fuerza y le deseé toda la suerte del mundo con su carrera. Él se quedó allí, conmigo hasta que decidió que ya no había caso.