Me sentía como una mujer con una contradicción enorme, por un lado, me gustaba ser una chica libre que gozaba de una independencia enorme. Sin embargo, miraba a peeta y me confundía, su ser absolutamente bueno y su actitud piadosa ante la vida me hacía confundirme, pocas veces, de lo que quería en mi vida. Me acomodé a él y pensé las miles de veces que habíamos estado juntos, él me abrazó y me apretó los muslos.
Hey- mencionó medio ausente. Me acarició la cara por unos momentos y se acercó a darme un beso.
Ya es tarde.- murmuré rozando sus labios con los míos
Peeta me observó con algo de pena. Se levantó y se puso con ropa con algo de seriedad. Lo quedé mirando por unos momentos casi eternos, mientras recordaba cuantas veces había pasado por malas experiencias, por malas relaciones y el daño, eterno, que me habían hecho. No podía, no podía arriesgarme a eso, todo otra vez, todo a la vez. Me levanté de la cama y empecé a recoger las blusas del suelo.
Hay un poster tuyo afuera.- mencioné para quebrar la tensión.
Peeta se detuvo y se concentró en el ventanal polvoriento, le había puesto cortinas rojas porque podía ver casi toda la ciudad, lo cual me obligaba a observar las actividades de mis vecinos. Se abrochó la camisa y luego me quedó mirando. Divagó un poco, quizás concentrándose en qué decirme. No sabía cómo tratarme sin tener miedo a mi reacción.
Debe ser de la última promoción.- respondió finalmente.
Lo sé.- le respondí fríamente. Nos quedamos mirando por unos momentos casi interminables, no sabíamos qué decir.- ¿quieres comer algo?- mencioné de la nada.
Peeta sonrió.
No tienes que hacer esto, Katniss. Sé que odias que me quede.
Lo hacía, odiaba tener un contacto más sentimental con ese hombre. Lo quedé observando y me fijé en sus tatuajes. Tenía tatuado imágenes en todo su torso. Él se dio cuenta de que lo estaba mirando y me tiró una expresión coqueta. Una parte de mí quiso sonreírle pero no lo hice. Frialdad y miedo era lo que sentía en esos momentos.
Tocaron la puerta. Caminé unos pasos y la abrí, vi a Annie en todo su esplendor. Tenía una cara ansiosa y algo preocupada. Entró casi sin mirarme y se encontró directamente con Peeta. Se dio vuelta, me miró casi desesperada.
¿Qué pasa?.- le pregunté, fue un error porque Annie explotó. Gritó fuertemente y se fue directo a mi refigerador.
¿Peeta, qué se siente ser famoso?- Preguntó con algo de desesperación. Petta se veía confundido.
¿Normal?
¿Normal? – preguntó Annie.
¿No?- respondió retrocediendo
¿Normal?- repitió Annie, alzando su voz.
Me siento normal pero mi vida no es tan normal como antes ¿por qué la pregunta?
Nada, vi una entrevista tuya en la televisión- se giró para verme.- y el idiota de finnick está en la ciudad.
¿En la ciudad?- pregunté como una idiota.- ¿por qué?
No lo sé, ¡no lo sé! ¿qué voy a hacer? Se supone que estoy con Cato, se supone que soy feliz con él. ¿por qué tengo el desorden en mi vida amorosa?
Annie miró la cama, bastante desordenada, y luego cayó en cuenta de que peeta estaba casi desnudo, luego me observó a mí queriendo comprobar si estaba vestida. Al verme, se encogió de hombros y se fue a tirar al colchón. Peeta terminó de vestirse, caminó hacía a mí y me besó en el cuello, me aparté con brusquedad. Se terminó por ir en silencio.
¿ Estás idiota?- preguntó Annie observando la puerta.
Estás en una relación dependiente con Cato y ¿yo soy la idiota?
Cállate, ¡cállate por Dios! Solucionaré esto, lo haré.
¿Cómo te enteraste?
Fue a mi casa. Tranquila- acotó al ver mi expresión- yo no estaba me dejó una carta/mensaje.
Me pasó un papel arrugado, no entendí su letra pero sabía que esto venía para desordenarle la vida a Annie.
Así como vamos amiga, tendremos una vida completamente perfecta.- mencioné de forma irónica.
